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Territorios andinos: reto y memoria

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221 pages

A finales del siglo XX, los Andes continúan siendo la gran cadena de montañas más poblada del mundo. En ninguna otra parte se encuentra, como en Perú y Bolivia, a millones de hombres establecidos a más de 3,500 m.s.n.m. En los Andes, a diferencia de los Alpes -que perdieron sus campesinos durante los siglos XIX y XX- hay siempre campesinos y probablemente nunca ha habido tantos, pero éstos son ahora minoría en las sociedades nacionales; lo son tanto en número, en países en los que la mayoría está formada por población urbana, como por sus recursos bastante inferiores en términos de ingresos. ¿En qué medida está ligada a la naturaleza andina esta situación tan triste? ¿Las virtudes de la naturaleza andina se habrían transformado en defectos? y, en caso afirmativo, ¿de cuándo data este vuelco? Virtudes y defectos aparecen entonces como singularmente relativos a una época y a una población determinada. ¿Virtudes antaño, defectos hoy?


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Territorios andinos: reto y memoria

Olivier Dollfus
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 1991
  • Publicación en OpenEdition Books: 27 junio 2014
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845084

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9788489302006
  • Número de páginas: 221
 
Referencia electrónica

DOLLFUS, Olivier. Territorios andinos: reto y memoria. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1991 (generado el 07 octubre 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/1836>. ISBN: 9782821845084.

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© Institut français d’études andines, 1991

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

A finales del siglo XX, los Andes continúan siendo la gran cadena de montañas más poblada del mundo. En ninguna otra parte se encuentra, como en Perú y Bolivia, a millones de hombres establecidos a más de 3,500 m.s.n.m.

En los Andes, a diferencia de los Alpes -que perdieron sus campesinos durante los siglos XIX y XX- hay siempre campesinos y probablemente nunca ha habido tantos, pero éstos son ahora minoría en las sociedades nacionales; lo son tanto en número, en países en los que la mayoría está formada por población urbana, como por sus recursos bastante inferiores en términos de ingresos.

¿En qué medida está ligada a la naturaleza andina esta situación tan triste? ¿Las virtudes de la naturaleza andina se habrían transformado en defectos? y, en caso afirmativo, ¿de cuándo data este vuelco? Virtudes y defectos aparecen entonces como singularmente relativos a una época y a una población determinada. ¿Virtudes antaño, defectos hoy?

Índice
  1. Capitulo 1. Del reto del espacio andino a los Andes como lugares de memoria

    1. El reto cuestionado
    2. Montañas tropicales favorables a los peatones
    3. Dificultades contemporáneas en las montañas campesinas
    4. Los Andes: montañas pobladas en países pobres y urbanizados
    5. Los procesos técnicos acentúan las dificultades de las montañas: la modernidad contra la montaña
    6. No causalidades convergentes sino situaciones interactivas; el “determinismo geográfico” cuestionado; la naturaleza no explica, es
    7. Memorias y sistemas en geografía
    8. A cada uno sus informaciones: los lugares están cargados de información
    9. Los Andes como varios “espacios producidos”
  2. Capitulo 2. Naturaleza de los “Andes tropicales”

    1. Sus límites
    2. La arquitectura de la cadena
    3. El dispositivo estructural
    4. El dispositivo climático
    5. El Niño o la oscilación austral: un sistema alternativo
    6. Climas y paleoclimas
    7. El clima, sus efectos y la toma de conciencia de las sociedades sobre estos aspectos
  3. Capitulo 3. Los medios naturales como soporte de las actividades humanas

    1. Algunas combinaciones de variables que intervienen en la definición de los medios naturales
    2. El papel mayor de la gradiente térmica en la cordillera y por consiguiente del escalonamiento
    3. Adaptación y adaptabilidad de los organismos vivientes a la altura
    4. Clasificación de los medios naturales andinos
    5. Ejemplos de clasificaciones de los medios naturales
    6. La localización y la determinación de los límites
  4. Capitulo 4. Los medios naturales en su escalonamiento

  5. Capitulo 5. Riesgos naturales y limitaciones físicas

    1. Riesgos, condiciones generales y planteamiento de los problemas
    2. Previsiones y prevenciones de los riesgos
    3. El riesgo volcánico
    4. El riesgo sísmico
    5. Deslizamientos de terreno, derrumbes, lavas torrenciales
  6. Capitulo 6. Riesgos naturales y agricultura

    1. Riesgos de erosión de las tierras agrícolas
    2. Andenes, erosión e irrigación
    3. Localización de las regiones sensibles a la erosión
    4. Riesgos climáticos: de las heladas a las sequías en los altos Andes tropicales
    5. Estrategias campesinas frente a los riesgos
    6. Algunas limitaciones naturales
    7. Limitaciones superadas
    8. Observaciones a manera de conclusión
  7. Capitulo 7. Distribución y localización de las poblaciones andinas

    1. Montañas pobladas, sobre todo en “manchas”
    2. Relieves, climas y densidades poblacionales
    3. Vacíos y extensiones poco pobladas
    4. Historia y estructuras de producción, factores que explican las densidades poblacionales
    5. Migraciones y urbanizaciones contemporáneas
  8. Capitulo 8. Espacios andinos

    1. Espacios “producidos”
    2. Campesinos andinos e historia
    3. Tipos de espacios rurales campesinos
  1. Capitulo 9. Mercados y espacios

    1. Espacios campesinos y mercados
    2. Mercadomundialy espacios andinos
    3. Los archipiélagos mineros
  2. Capitulo 10. Los Andes en los estados andinos

    1. Antecedentes
    2. Pesos que cambian
    3. Fronteras de los estados andinos
    4. Las cargas de soberanía
    5. Una red administrativa sin rol decisivo y que no tiene sino parcialmente en cuenta a los Andes
    6. Lugar y posición de los Andes en los estados
    7. Los Andes en el Perú y Bolivia de hoy
    8. Los Andes en Ecuador y Colombia
    9. Esquemas de organización en los estados andinos en la época contemporánea
  3. Capitulo 11. Inseguridad, disturbios y violencia en los Andes

    1. La violencia en la historia
    2. Motines, conflictos sociales, batallas políticas
    3. Desprecio y violencia: historia de un racismo latente
    4. La violencia y la política
    5. Violencia y conflictos en los estados andinos en la actualidad
    6. Situaciones de “caos limitado”
  4. Conclusion

    1. Imágenes y perspectivas
  5. Bibliografia

Capitulo 1. Del reto del espacio andino a los Andes como lugares de memoria

El reto cuestionado

1En 1980 publiqué un libro, El reto del espacio andino. Este título me plantea ahora una serie de interrogantes, algunas de las cuales eran ya evocadas en la primera frase del texto: “¿cuál reto y para quién; cuándo aparece? Este título no es paradójico ni equívoco...”

21 escribía en ese entonces. ¿Puede un espacio geográfico plantear un reto?

3Al mirar los Andes un observador del siglo xv notaría la alta densidad de la ocupación humana, quizás una docena de millones de habitantes o más. El Estado incaico, en los Andes tropicales al sur del Ecuador, enmarcaba vastos territorios, de varias centenas de millares de kilómetros cuadrados. En un mapa de América del Sur habrían resaltado las zonas densamente pobladas, más intensa en la zona andina, propiamente dicha, que en la selva y las sabanas de las llanuras del este o que en las cuencas del Amazonas y el Orinoco. Este observador no habría tenido que interrogarse para saber si el dominio del espacio de esas grandes montañas intertropicales presentaba aquí mayores dificultades que en otros sitios. Si le hubieran hecho la pregunta, probablemente habría respondido de manera negativa; en esc momento el reto no había sido lanzado por el espacio andino. Lo que aparecía en ese entonces era la concurrencia de un conjunto de condiciones favorables a poblaciones que trabajaban con herramientas y que caminaban a pie.

Montañas tropicales favorables a los peatones

4En distancias cortas el escalonamiento geoecológico multiplica las posibilidades de diferentes producciones agrícolas, lo que es importante cuando el transporte se hace a “lomo de hombre”; pasar en algunas decenas de kilómetros de cálidas zonas tropicales a frías zonas de altura es siempre algo excepcional en el mundo. En los Andes tropicales del sur del Ecuador, las grandes extensiones planas y descubiertas de las punas, entre 3,600 y 4,500 m.s.n.m., facilitan la circulación durante todo el año: son los recorridos de pastoreo de las llamas —los únicos grandes mamíferos domesticados del continente, que sirven como animales de carga, y de los que se aprovecha su carne y lana, pero que no se ensillan ni proporcionan leche—. Por otro lado, los cultivos de tubérculos son siempre posibles a más de 4,000 m.s.n.m. En las cuencas y valles ensanchados, situados a lo largo de las sierras que van de la actual Bolivia a Colombia, entre los 2,500 y 3,000 m.s.n.m., se cultiva sobre todo el maíz. En los Andes del norte, cubiertos en su mayor parte por selva, los claros pueden ser desbrozados por agricultores que sepan practicar la chamicera.

5En los Andes tropicales no existe el problema de la nieve y el frío del invierno de las sierras de las latitudes medias. Nieve y frío bloquean las actividades agrícolas, obligan a ensilar el forraje para alimentar a los animales domésticos, a menos que se les haga transhumar fuera de la sierra; la nieve, además, dificulta el tránsito. La gente de la sierra debe encontrar soluciones como la emigración temporal hacia las regiones bajas; tiene que hacer grandes construcciones para almacenar el forraje, el combustible y alojar hombres y animales. Es el verano la época de máximo trabajo en la sierra, cuando largas jornadas se dedican a la búsqueda de ocupaciones y mantenimiento. Contrariamente, durante las largas noches de invierno, hay que buscar el modo de ocupar el tiempo.

6La limitación de una estación seca, aunque acentuada por heladas nocturnas y matinales en los altos Andes tropicales del sur del Ecuador, es menos temible que la de la nieve; los animales pueden permanecer fuera durante todo el año, sin que sea necesario prever establos ni graneros para el forraje. La irrigación permite prolongar la estación agrícola y paliar, en parte, la variabilidad de las precipitaciones. En distancias cortas se puede sacar partido a producciones de climas cálidos, templados, o de fríos, sin olvidar los recursos de las riberas del Pacífico o de los lagos. La presencia de yacimientos metalíferos de cobre, plata y oro —escaso este último, pero a la vez bien repartido en toda la cadena —, permite extraer minerales, tratarlos para producir metales y, claro está, fabricar objetos.

7Los campesinos andinos tenían condiciones de vida probablemente mejores y seguramente menos difíciles que las de los campesinos de los Alpes o de las de los pastores tibetanos de la misma época. Si en el siglo xv, incluso hasta la primera mitad del siglo xix, algunos geógrafos andinos hubieran ido a estudiar los modos de vida de la gente de la sierra en Europa occidental, se habrían sorprendido muchísimo de ver que pudieran subsistir en número tan elevado, aunque miserable, en sierras con un clima invernal tan riguroso.

Dificultades contemporáneas en las montañas campesinas

8A fines del siglo xx, ya casi no hay campesinos en los Alpes, y los que subsisten practican generalmente varias actividades; las producciones y prácticas agrícolas están, de una u otra forma, bastante bien subvencionadas y sostenidas por los distintos estados. Las comunidades rurales en las que el relevo de las actividades agrícolas, pastoriles o artesanales no ha sido tomada por el turismo o la industria han perdido 3/4, incluso los 4/5 de sus habitantes, y los que quedan son generalmente ancianos. Ahí, a falta de combatientes, no existe ya el reto del espacio alpino, planteado a una agricultura débilmente productiva e incierta. En otros lugares hubo una mutación de actividades y a veces inversión o transformación de los problemas; la cobertura nevada, en su duración, extensión y continuidad, incluso su espesor, se transformó en fuente de ganancias con la práctica de los deportes de invierno. Es el “oro blanco” de los promotores de las estaciones de esquí, los que para valorizarlos recurren a capitales venidos de la ciudad y que están destinados a clientelas urbanas. Por otro lado, la montaña nevada es una extensión de la ciudad; como podemos ver, todo esto difiere mucho de la situación andina.

Los Andes: montañas pobladas en países pobres y urbanizados

9A finales del siglo xx, los Andes continúan siendo aún la gran cadena de montañas más poblada del mundo. En ninguna otra parte se encuentra como en Perú y Bolivia a millones de hombres establecidos a más de 3,500 m.s.n.m. La baja densidad de la población de las mesetas y valles del Tibet no es comparable a la que se encuentra en el altiplano, o al borde del Titicaca, donde pueden sobrepasar el número de 100 habitantes por Km2., a más de 3,800 m.s.n.m. Es cierto que la cebada y aun el trigo se cosechan en el Tibet en alturas similares a las de los altos Andes secos, y en situaciones latitudinales más elevadas, pero las producciones son más limitadas y mantienen a poblaciones agropecuarias menos numerosas. En las mesetas volcánicas de Etiopía, se encuentra una densidad poblacional análoga a la de las regiones andinas, pero generalmente no se sitúa en altitudes por debajo de los 3,000 m.s.n.m. Finalmente, en ninguna parte del mundo hay tantas ciudades a más de 2,500 m.s.n.m. y, además, superpobladas como el caso de los seis millones de habitantes en Bogotá y un millón en la aglomeración de La Paz-El Alto, escalonadas entre los 3,200 y 4,100 m.s.n.m. En esas grandes montañas, la altura no ha impedido nunca el poblamiento, por lo menos hasta el límite superior de la vegetación.

10En los Andes, a diferencia de los Alpes —que perdieron sus campesinos durante los siglos xix y xx— hay siempre campesinos y probablemente nunca ha habido tantos, pero éstos son ahora minoría en las sociedades nacionales; lo son tanto en número en países en los que la mayoría está formada por población urbana como por sus recursos bastante inferiores en términos de ingresos. Al final de los años 80, la población rural no representa más del tercio de la población total de los cuatro países andinos, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia —o sea 25 millones sobre 67 millones —. Las mesetas, que ocupan la mayor parte de los territorios, están cada vez más pobladas. La mitad de la población — 33 a 34 millones— vive todavía en los Andes; en Colombia es urbana en su mayoría, gracias a la presencia de Bogotá. Respecto a esto podemos decir que el lugar de los Andes en los países es diferente cuando la sede de la capital está situada al pie de ellos, como en el caso del Perú. En 1990 en el Perú, menos del tercio de la población habitaba en los Andes; la proporción era inversa en 1940, pero el país no contaba en ese entonces sino con 6 millones de habitantes, actualmente se calcula en más de veinte millones. En el Perú, hay más pobladores andinos y aún más rurales en los Andes en 1990 que en 1940, sin embargo son minoría en el país.

11Desde hace por lo menos dos milenios, los Andes tropicales han sido regiones pobladas del continente americano. En el momento de la Conquista tenían por lo menos doce millones de habitantes, de los cuales ocho a diez estaban reunidos en el imperio inca. La caída demográfica, posterior a la llegada de los españoles, aunque severa en la sierra, llegó a ser menos brutal que en las regiones bajas, que prácticamente se quedaron vacías. El incremento demográfico, iniciado dos siglos antes, se acelera durante el siglo xx. En los Andes ecuatoriales, la mayoría de los que fueron pobladores andinos son ahora urbanos. No son raras las densidades rurales superiores a 100 habitantes por Km2., como lo son en las regiones cafetaleras o en las cuencas intraandinas. En los Andes tropicales del sur, hay menos ciudades importantes, salvo La Paz, pero ahí también, las cuencas están muy pobladas.

12En Perú y Bolivia, los habitantes de los Andes se sitúan dentro de cuatro círculos de pobreza. Son pobres porque siguen siendo campesinos en su mayoría y porque en todas partes del mundo los campesinos tienen ingresos muy inferiores a los de otras categorías de la población. A escala mundial, los recursos de los agricultores, contabilizados y contabilizables per cápita, son el tercio de los de otras categorías socio-profesionales y, entre los agricultores, los de los campesinos-minifundistas que viven de explotaciones de pequeña dimensión, son aún menores. Son pobres porque los ingresos en los Andes —y sobre todo en el Perú— son inferiores a los de las regiones bajas. La renta producida en los Andes representa probablemente el 14% de la renta nacional oficial e informal —lícita o ilícita—; la parte de la producción agrícola andina no representa sino el 4% del PBI. Los pobladores andinos son pobres porque muchos de ellos, sobre todo los que viven en el Ecuador, Perú y Bolivia, son todavía “indios”, los vencidos de la Conquista, los siervos de la Colonia, los despreciados de la República. Los andinos son pobres porque son los pobres de los países pobres; el producto medio per cápita en los cuatro países es del orden de 1,000 dólares en 1988; cifra algo superior en Colombia, e inferior en Bolivia. Además, son pobres porque la mayor parte son campesinos. Sin embargo, se debe hacer la distinción entre los Andes colombianos, con una población urbana en su mayoría, y los Andes de los otros tres países; las diferencias en las rentas regionales son por lo menos del orden de 6 a 1, lo que corresponde, en la Europa de la CEE, a la distancia entre las regiones más ricas y las más pobres. Los problemas de desarrollo no son los mismos en los Andes colombianos que en los del Perú.

Los procesos técnicos acentúan las dificultades de las montañas: la modernidad contra la montaña

13¿En qué medida está ligada a la naturaleza andina esta situación tan triste? ¿Las virtudes de la naturaleza andina se habrían transformado en defectos? y, en caso afirmativo, ¿de cuándo data este vuelco? Virtudes y defectos aparecen entonces como singularmente relativos a una época y a una población determinada. ¿Virtudes antaño, defectos hoy?

14Por cierto, cuando las ventajas comparativas emergen y se precisan, cuando la productividad del trabajo se torna más elevada en la llanura cálida donde las economías de escala son posibles por la mecanización, que es facilitada por las extensiones planas, y en la que los rendimientos son más elevados gracias al calor, las montañas se muestran desfavorecidas. Lo son tanto más cuanto las investigaciones y los progresos tecnológicos han incidido e inciden en la producción agrícola así como sobre el material agrícola y de transporte utilizado en las llanuras y las regiones cálidas. Las regiones frías de altura, consideradas como difíciles, están marginadas. De todos modos, la mecanización agrícola es difícil y por lo tanto costosa en los terrenos de fuerte pendiente. El rendimiento de los cultivos como el de los motores disminuye con la altura pero por razones diferentes. La duración de los cultivos, para una misma planta, es más larga en un clima frío que en un clima cálido y los rendimientos son inferiores en la altura que en zonas más bajas. La potencia de los motores se reduce al bajar la presión atmosférica: a 4,000 m.s.n.m., es 40% inferior a la del nivel del mar. En conclusión, las vías de comunicación terrestre son más difíciles de construir y mantener en la montaña que en la llanura, aunque en los países andinos, de manera particular en el Perú, a la facilidad de la construcción en el desierto costero se opone la dificultad de la construcción y el mantenimiento de las rutas en los climas de selvas cálidas y húmedas, a los suelos de alteración profunda, y en los que los grandes ríos son más obstáculos por franquear. Sin embargo, y más o menos por todos lados, el relieve se transforma en otra traba que hay que vencer con los criterios de una sociedad que utiliza el motor y el eje, en el seno de una sociedad que emplea herramientas, usa caminos y se desplaza a pie. Por esta razón, las dificultades de la montana se presentan como mayores en la época contemporánea; ésta es una de las razones del abandono progresivo de las montañas que antiguamente eran pobladas por el campesinado, que ha migrado de los Alpes al contorno del mediterráneo. El progreso técnico, orientado de determinado modo, refuerza y acentúa los problemas de la montaña, a ello se agrega el progresivo saneamiento de las llanuras cálidas, con la disminución del paludismo y la casi desaparición de la fiebre amarilla. La oposición “montaña sana-llanura malsana” se atenúa, aun si complejos patógenos ocasionen estragos en las regiones cálidas.

15Sin embargo, los “recursos naturales” de las montañas son explotados, pero sobre todo en provecho de las regiones bajas o del extranjero. El recurso agua, que permite la vida en la costa peruana proviene de los Andes, y son numerosas las corrientes de agua que se explotan para proporcionar electricidad; los Andes tropicales conforman una región con un importante potencial hidroeléctrico, aun cuando los terremotos y los huaycos imponen la toma de precauciones específicas. Finalmente, las minas permiten, particularmente en el Perú, equilibrar la balanza comercial. Las ventajas obtenidas las usufructúan otros y no los andinos, que son los que prestan la mano de obra, trabajando en condiciones muy difíciles. Las ventajas que la economía moderna puede sacar de los Andes no concierne sino muy parcialmente a los que allí residen. Especialmente en el Perú, los Andes constituyen una “periferia”, “tierras adentro”. En este sentido, en Colombia la situación es muy diferente.

No causalidades convergentes sino situaciones interactivas; el “determinismo geográfico” cuestionado; la naturaleza no explica, es

16Plantear basar la explicación y la comprensión de las situaciones en causalidades convergentes, sin otra forma de juicio, sería terminar superficialmente este trabajo y además admitir sin verificación, como postulado, que la naturaleza es siempre la que gobierna — en todos los lugares y circunstancias —, que los factores naturales priman y permiten explicar la distribución geográfica de los hombres, sus densidades poblacionales y riquezas. La pregunta que se haría entonces el geógrafo y que regiría su respuesta sería, dime de dónde vienes, y cuál es la naturaleza de tu país y yo te diré quién eres y lo que eres. Pero, hace tiempo que sabemos que no es la naturaleza la que hace la riqueza de las naciones y de sus habitantes, y que las densidades humanas no están relacionadas directamente con las propiedades de los medios en los que se despliegan.

17El delta del Ganges tiene densidades superiores a 1,000 habitantes por Km2., el del Orinoco, en muchos aspectos comparable en el plano físico, no tiene sino unos cuantos; la riqueza de los habitantes del delta del Rin en los Países Bajos es 50 veces superior per cápita a la de los del delta del Ganges. Las exiguas llanuras del archipiélago japonés concentran a 120 millones de habitantes, pero las del archipiélago neozelandés, con propiedades naturales y dimensiones comparables, no tienen sino tres millones. Se podría dar múltiples ejemplos; su enumeración no adelantaría en absoluto la explicación, simplemente muestran que los factores naturales no rigen la distribución geográfica del hombre. Asimismo, en el mundo contemporáneo aparece cada vez de manera más nítida que no es la disponibilidad de los recursos naturales en el territorio de un estado lo que constituye su riqueza y su potencia. Suiza y Bolivia tenían en 1988, más o menos la misma población: 6.5 y 6.8 millones de habitantes y ambos países se encuentran al centro de un continente. La superficie de Bolivia — 1.1 millón de Km2.— que es 28 veces superior a la de Suiza — 40,000 Km2.— encierra más “recursos” que la de Suiza: minas, oro, petróleo, gas, buenas tierras agrícolas, abundante hidroelectricidad, etc. Suiza no posee tantos “recursos naturales” y ningún planificador tendría la idea de hacer a ese respecto un “inventario” inútil. En 1986, la estimación hecha por el Banco Mundial del PBN por habitante en Bolivia era de US$ 600, el de Suiza 17,600, es decir una relación de 1 a 30. En el mundo contemporáneo, es la sociedad en su historia, con su coherencia y sus ambiciones, la que hace la riqueza de sus miembros y no la disponibilidad de los recursos naturales. Sin embargo, negar la existencia, si no de causalidades determinantes y convergentes, por lo menos de interacciones dinámicas cuyos valores pueden invertirse, equivaldría a no tomar en cuenta uno de los campos específicos del análisis geográfico, que es el estudio de las relaciones entre los hombres y su medio. Si bien el análisis geográfico no podría limitarse sólo a esto, tampoco podría excluirlo. Sin embargo, en todas partes, estas relaciones entre hombres y medios pasan por redes de mediaciones, luego, de sistemas, en los que entran en juego las técnicas y las elecciones de las sociedades en el curso de su historia, así como una cierta visión del mundo.

Memorias y sistemas en geografía

18Todo grupo humano, toda sociedad, forma conjuntos organizados cuyos elementos se encuentran en interacción, por lo tanto, constituyen sistemas. Son “conjuntos de conjuntos” que son sistemas “abiertos” en relación con su medio ambiente; es de este medio ambiente que provienen los flujos que son “las entradas” del sistema y permiten su funcionamiento.

19En geografía, todo sistema recibe flujos en forma de informaciones, de energía y de materia, que fluyen de dos grandes “memorias”. El término “memoria” se ha tomado aquí por analogía con la memoria de las computadoras y la memoria cerebral, sin la cual no hay vida consciente. La energía y la materia provienen de la naturaleza, son extraídas del planeta Tierra y de sus capas litosférica, acuática, atmosférica, de la biósfera compuesta por poblaciones vivas, vegetales y animales. Las otras informaciones provienen de las acciones y creaciones del hombre en el curso de la historia, nacidas de la “memoria del tiempo de los hombres”: precisan de la lengua que permite la comunicación, la escritura, las prácticas sociales que fundamentan la vida en común, el conocimiento de las técnicas, el saber, todo lo que se transmite por la formación, pero también las herencias como el habitat, los bienes raíces, las infraestructuras. Esta “memoria del tiempo de los hombres” es enriquecida continuamente por las creaciones humanas, pero también una parte de estas informaciones se pierde, cae en el olvido, se desvanece. Secuencias de memoria están enterradas, algunas ciencias como la historia y la arqueología tienen como tarea hacerlas revivir.

20Hay igualmente, por lo menos en parte, interacción entre estas dos grandes “memorias”. Una sociedad puede extraer ciertos elementos de la “memoria de la naturaleza” sólo porque ella conoce el valor de su utilización y posee los conocimientos, producidos por el saber técnico que permite extraerla de la naturaleza. Estos elementos se vuelven entonces “recursos naturales”, algunos de los cuales, transformados por el trabajo, se convierten en bienes. Por la acción humana, la naturaleza es transformada, desaparecen algunos de sus elementos —por ejemplo, las especies animales —, otros —como animales y plantas domésticas— se modifican. La naturaleza “domesticada” encierra informaciones diferentes de las de la naturaleza “salvaje”. Estas dos “memorias” funcionan quizá como las de una computadora. Aquí, la analogía se encuentra en la base de la descripción, los elementos que pertenecen a una “memoria muerta”, pueden ser leídos, se hace lo que se puede, se pueden utilizar a partir del momento en que se les conoce, se les soporta, pero no se les transforma pues no se puede actuar sobre ellos —como en la naturaleza, la gravedad, los movimientos tectónicos, como el surgimiento de las montañas, los sismos o hasta los mecanismos que comandan los climas—. Otros elementos dependen de la “memoria viviente”, que es enriquecida o por lo menos transformada, como cuando, a partir de una especie vegetal o animal —por selección genética —, se crean nuevas variedades o cuando el suelo de una estepa es transformado en suelo óptimo para los trabajos agrícolas.

A cada uno sus informaciones: los lugares están cargados de información

21“Memoria del tiempo de los hombres” y “memoria de la naturaleza” están siempre presentes. Sin embargo, en un momento dado, un individuo o un grupo no obtienen o no pueden obtener sino una parte, con frecuencia muy limitada, de las informaciones que ellas encierran. En cierta medida, se puede caracterizar una sociedad por la cantidad y los tipos de informaciones que es capaz de extraer de cada una de sus memorias. También hay informaciones que se pierden o elementos que pierden su valor de empleo: el citadino conoce ahora apenas las prácticas culturales; los gasterópodos de las lomas de la costa peruana, que eran un plato de lujo para los recolectores del V milenio antes de nuestra era, casi no se utilizan en la alimentación de las poblaciones costeras.

22Una población de cazadores-recolectores detecta, en la naturaleza, las plantas comestibles, así como también aprende a conocer las costumbres de los animales que caza. Puede “extraer” de la naturaleza los elementos que le permiten vivir gracias a las experiencias adquiridas y a los aprendizajes transmitidos de generación en generación. Una población de agricultores, en el mismo medio natural, conoce la calidad de los suelos, los ritmos y características del clima, las propiedades de las plantas domesticadas que cultiva, en función de las técnicas cuyo empleo domina. El vocabulario en su riqueza y sus matices, traduce el interés y la importancia otorgada a ciertas cosas, mientras que otras no son ni siquiera nombradas, o lo son únicamente por agrupaciones donde desaparece hasta la identidad del objeto, de la planta o del animal. Es así que, fuera de los recursos naturales indispensables a toda vida terrestre, como el aire que respiramos y el agua que bebemos, cada sociedad extrae de la naturaleza un cierto número de informaciones que le permite producir, realizar sus objetivos. La visión y la percepción de las punas no son las mismas para el cazador de los primeros milenios antes de la era cristiana que para el hacendado del siglo xix o el revolucionario de “Sendero Luminoso”.

23La “memoria del tiempo de los hombres” es alimentada por la historia. Nadie puede hacer tabla rasa del pasado; vivimos de herencias ya sea materiales o inmateriales. Herencias materiales como las chacras con sus diseños, ciudades, redes de infraestructura que permiten el transporte de los hombres, productos e informaciones, los Estados con sus fronteras y sus divisiones administrativas que los zonifican. Estas herencias son como palimpsestos en los que se descifra, por trozos, los testimonios del pasado; pero estas herencias se modifican permanentemente por la acción humana y por el desgaste relacionado con el paso del tiempo. Estando siempre presentes, pesan en las decisiones. Las localizaciones se explican prácticamente siempre por el encuentro de las elecciones resultantes del pasado con las del presente. En la América española, el empuje urbano contemporáneo se hace en gran parte sobre aquellas ciudades fundadas por los colonizadores en los siglos xvi y xvii. Las selecciones vegetales y animales contemporáneas se ejercen, en su mayoría, a partir de especies domesticadas, en otras condiciones, por los primeros agricultores del quinto al tercer milenio antes de nuestra era.

24Por lo menos en parte, los paisajes son historia sedimentada en el suelo; proporcionan informaciones que provienen de dos memorias, unas provienen de la “memoria de la naturaleza”, otras de la “memoria del tiempo de los hombres”; esos paisajes son tanto una marca de la acción humana como una matriz en la que se generan. Hay ahí también una relación dialéctica entre las dos memorias. Lo que hace asimismo que los lugares, elementos de los sistemas geográficos, estén cargados de informaciones para los que saben leerlas. Por ejemplo, cuando se evoca el Cusco, se sabe inmediatamente que este lugar está situado en la zona intertropical, a 15° de latitud sur, lo que hace que el ritmo de las estaciones esté regido por la alternancia de estación húmeda-estación seca y que las temperaturas medias mensuales casi no varíen. Estar en los Andes implica estar en un sector de inestabilidad de la corteza terrestre, de ahí las posibilidades de un terremoto. Estar a 3,300 m.s.n.m., en la zona intertropical, es estar en una región al límite de las posibilidades de hielo nocturno, pero con temperaturas suaves durante el día. Cusco, ciudad capital del Imperio incaico, ciudad colonial que se superpone sobre las edificaciones precolombinas, por su número de habitantes es ahora una ciudad media, una capital regional, una ciudad turística por su pasado arquitectónico y por la belleza de sus paisajes. Por tanto, al solo nombrarse un lugar se le otorgan atributos vinculados a diferentes informaciones extraídas de cada una de las memorias.

Los Andes como varios “espacios producidos”

25El objetivo de este libro es diferente al del Reto del espacio andino. Ya no se trata de interrogarse al inicio para saber si el “espacio andino” constituye un desafío y cuál es el contenido de éste para los que lo ocupan y viven en él. Tratamos de ver, a partir de las propiedades de los diferentes medios naturales andinos, cómo son utilizados y percibidos por las poblaciones, pero también cómo hacen frente a las dificultades que se les presentan, que pueden ser vencidas —por un esfuerzo suplementario, a un costo más elevado—, o evitadas. Otras se revelan cuando un elemento de la naturaleza se transforma en objeto de conocimiento; así la profundidad de un yacimiento minero puede constituir una dificultad para la empresa que lo explota y ser un factor de costo suplementario en comparación a un yacimiento menos profundo. Esta dificultad no se presentaba antes, pues este yacimiento no existía para los cazadores-recolectores o aun para los mineros de las épocas inca o colonial que no poseían los medios técnicos de investigación que hubiesen permitido su localización. La perspectiva es menos la de retratar la manera en la que la naturaleza andina ha sido utilizada en el curso de la historia (lo que fue en parte el objeto de El reto del espacio andino), que el analizar las formas actuales de organización de los espacios.

26Para vivir juntos, cada grupo “produce” una “sociedad” caracterizada por reglas de funcionamiento, pero al mismo tiempo que “se produce la sociedad”, ésta “produce su espacio”. “La actividad humana crea espacios condicionando relaciones, que se establecen en una determinada extensión, escogiendo lugares determinados, utilizados distantes unos de otros, caracterizados cada uno de ellos por una serie de atributos”, decía R. Brunet. Entonces, producto y dimensión de las sociedades humanas, el espacio geográfico es un conjunto apropiado, explotado, recorrido, habitado, y administrado. Se trata, pues, de intentar comprender, a partir de los Andes, cómo han sido creados sus espacios, cuáles han sido y son los autores y, aún más, los actores.

27En los Andes hay un gran número de espacios geográficos. Si nos limitamos a la época contemporánea, existe el limitado por los Estados, divididos en circunscripciones administrativas para poder encuadrar a las poblaciones y ejercer sus atribuciones de soberanía; también existe el espacio de las ciudades y comunidades que tiene como finalidad ser — por lo menos en parte — el soporte de las actividades agrícolas; por otro lado, recordemos los espacios organizados y gobernados por las ciudades en las que dominan las relaciones “centro-periferia” y los flujos que los alimentan. Existe el espacio de la empresa en la que desarrollan sus actividades los productores, trátese de mineros, agricultores, ganaderos o industriales. También, no olvidemos el espacio de la clandestinidad, desde el ocupado por los guerrilleros hasta el ocupado por los traficantes.

28Estos no son sino algunos ejemplos, todos responden a un modo de organización que se ciñe a las finalidades perseguidas. Pero los espacios se superponen, coinciden y los mismos lugares pueden transformarse en causas de conflicto y competencia: son los eternos conflictos por el espacio. Finalmente, existen los espacios que se deshacen por la disgregación de los grupos y de las sociedades que los animaban, mientras que, en su lugar, nacen otros. Por sus intervenciones en la superficie terrestre, los espacios geográficos, producto de grupos y sociedades, no son inmutables, duran tanto como las sociedades y las intervenciones humanas.

Notas finales

1 N.E. En la edición de 1981, publicada por el IEP, la versión textual de la cita es ”El título de este libro ¿es pedagógico o equívoco? ¿Qué reto y para quién? ¿Cuándo aparece?”.

Capitulo 7. Distribución y localización de las poblaciones andinas

Montañas pobladas, sobre todo en “manchas”

1Un mapa de las densidades de población en los Andes tropicales muestra algunos datos importantes, los que no tienen ninguna especificidad andina en particular.

2Alrededor de las 9/10 partes de la población se agrupa en “manchas” relativamente densas de población (las densidades medias kilométricas a nivel del millar de Km2, son ahí iguales o superiores a 100 h/Kml) separadas por vacíos o extensiones muy poco pobladas (densidades inferiores a 10 o hasta 5 h/Km2.). Distribución banal a escala mundial; más o menos en todas partes se observa esta tendencia a la aglomeración de los hombres, cuya inmensa mayoría no ocupa sino una fracción limitada del planeta; las 4/5 partes de la población mundial se ubican sobre la quinta parte de las tierras emergidas. Sin embargo, el peso y la dimensión de los diferentes amontonamientos, así como su distribución varían; las 4/5 partes de la población de la República de China, es decir, más de 800 millones habitan sobre la cuarta parte del territorio...