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CULTURA & POLÍTICA @ CIBERESPACIO
1er Congreso ONLINE del Observatorio para la
CiberSociedad
Comunicaciones – Grupo 15
Identidad y género en línea
Coordinación: Agnès Vayreda y Francesc Núñez
(
fnunez@uoc.edu
)
http://cibersociedad.rediris.es/congreso
Una propuesta de revisión crítica de una selección de
investigaciones empíricas acerca de género y CMO
Blanca Callén
Cátedra Telefónica – UOC – IN3
bcallen@uoc.edu
Agnès Vayreda
Cátedra Telefónica – UOC – IN3
avayreda@uoc.edu
Resumen
Las autoras presentan una propuesta de revisión crítica a una selección de artículos
académicos sobre investigaciones empírica
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lugar, se ofrece una rápida panorámica sobre los discursos utópicos y distópicos
acerca de la CMO que han servido hasta la fecha de marco general a las
investigaciones en internet. Para finalizar, y como núcleo del artículo, se analiza el
concepto de género, los orígenes de las diferencias de estilos comunicativos, el
discurso acerca de la CMO y la relación on-off que subyace en la selección de
investigaciones revisadas y cuáles son los aspectos de la CMO objeto de su estudio.
Introducción
¿Qué tipo de investigaciones se están haciendo en el ámbito online acerca de
género y lenguaje? ¿Qué se suele entender por la relación género y CMO
(comunicación mediada por ordenador) de internet? En este artículo presentamos
una revisión crítica a los trabajos empíricos que se han venido realizando hasta la
fecha y cuyo centro de interés era el género y la CMO.
Si bien hemos observado cómo básicamente había dos perspectivas teóricas
en la concepción del género y la CMO, una que podría ser denominada “diferencia
y de dominación” (Lakoff, 1975 y Tannen, 1990) y otra de corte más postmoderno
que podría denominarse “performativa”, únicamente nos centraremos en los
trabajos realizados bajo la primera visión. Perspectiva bajo la cual se concibe el
género como una categoría dicotómica, preexistente al lenguaje y su uso y que
vendría determinada, señalada, en el ámbito online por los nicks y las firmas que
adoptan los usuarios y usuarias. Del mismo modo, se considera el género como una
variable independiente cuyos efectos merecen la pena ser estudiados a los largo de
contextos diferentes (chats, listas de correo, muds…) al ser cruzados con otras
variables como la proporción de mujeres y hombres en la composición de los
grupos.
En este sentido, hemos observado cómo en estos trabajos se reproducían los
mismos marcos teóricos que se utilizaron y que se siguen utilizando para analizar la
relación género y lenguaje-estilos comunicativos en la “vida física”: la perspectiva
de la dominación (Lakoff, 1975) y la perspectiva de la diferencia (Tannen, 1990).
1.- CMC y Democracia
El interés por la relación entre género y CMO, como explica Susan Herring en un
artículo de principios de los 90, no ha existido desde el comienzo de internet, sino
que sólo ha sido incorporado como tema a la agenda de los investigadores e
investigadoras sociales en los últimos años. Actualmente, sin embargo, la literatura
sobre este aspecto de la CMO, junto con la presencia de la raza, está presente con
frecuencia en muchas de las publicaciones especializadas.
Según la autora, este olvido se debía al clima generalizado de optimismo
que a principios de los 90 se respiraba hacia las TICs. La visión utópica de la CMO
como espacio inherentemente democrático, experimental y liberador de las
desigualdades padecidas por
las diferencias de género, se justificaba por la
desaparición del cuerpo físico y la imposibilidad de juzgar a las personas por su
apariencia. Incluso las feministas veían en él la oportunidad de lograr una
comunicación igualitaria entre hombres y mujeres por encima de estatus y
dominaciones.
Sin embargo, posteriormente y a base de más trabajos empíricos, se han
levantado muchas voces cuyos discursos distópicos sobre la CMO sostienen que las
jerarquías y desigualdades se siguen reproduciendo en el ciberespacio, o incluso las
identidades de género se exageran y estereotipan. De esta manera, no sólo se
colaboraría a fijar aún más las desigualdades en la “vida física”, sino que las
identidades de género se simplificarían y homogeneizarían.
2.- Análisis
Realizamos, como ya hemos comentado, una revisión bibliográfica de algunos
artículos académicos sobre género y CMO de habla inglesa y castellana disponibles
en la red y también publicados en libros y revistas especializados.
En un principio seleccionamos artículos tanto únicamente teóricos como también
empíricos que tratasen el tema de género y CMO o incluso género e internet en
general. Paralelamente, íbamos realizando una revisión de la literatura sobre
género y lenguaje en el ámbito offline con el fin de conocer los trabajos previos e
inspiradores, como comprobaríamos después, de las investigaciones online.
Sin embargo, puesto que nuestro objetivo era la creación de un modelo de
análisis de la CMO y género, presupusimos que en la literatura existente sobre
género y estilos comunicativos online encontraríamos una fuente de inspiración.
Concretamente, la revisión que presentaremos a continuación se ha basado en un
conjunto homogéneo de ocho investigaciones empíricas sobre el tema, y realizadas
sobre distintos contextos tecnológicos de la CMO.
El concepto de género
A lo largo de esta revisión teórica hemos observado cómo el concepto de género
utilizado de trasfondo en las investigaciones empíricas remitía a una noción de
género como construcción social y cultural, diferenciada de la biología. De este
modo, se consigue distinguir el género del sexo y superando asimismo el
determinismo biológico. Como afirma Soukup (1999) en su estudio etnográfico
acerca de los patrones discursivos en chats,
“In general, gender (as opposed to
physiological sex) is a social construction
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constitutive acts ... rather than seeing the acts themselves as an outcome of
gender" (Cameron, 1996, p. 47). In this regard, gender is a socially constructed set
of behaviors that all members of a culture are familiar with”.
Esta perspectiva construccionista amplía el marco teórico de un simple
determinismo
biológico
y,
según
investigaciones,
abriendo
las
puertas
a
explicaciones sobre las relaciones de género en internet, e incluso dar sentido a
episodios muy comunes como son los “cambios de género”; casos en los que la
gente adopta nicks que corresponden a géneros
online diferentes a su género
offline. Para la mayoría de las investigaciones revisadas, el poder explicativo del
género como constructo social, como la forma en que se interpretan, simbolizan y
organizan las diferencias sexuales en las relaciones sociales, radica en que
independientemente de los “cambios de género”, independientemente de “quién”
haya detrás de un nick, los patrones discursivos que tradicionalmente se han
asignado a cada género, aun siendo socialmente construidos, siguen guiando el
comportamiento de los usuarios y usuarias en la CMO. Los y las internautas, en el
proceso de creación de sus identidades online (coherentes o no con la offline)
emplearían pues los roles, formas de expresión, y otros atributos constitutivos de lo
que se ha venido llamando masculinidad y feminidad.
Sin embargo, si analizamos más a fondo las definiciones de género sobre las
que se asientan las investigaciones revisadas y las metodologías empleadas, nos
daremos cuenta de que si bien se ha superado el determinismo biológico, no se han
logrado desprender del carácter esencializador y dicotómico con el que usan el
concepto de género. El recorrido que se ha hecho hasta llegar a este punto es
bastante común a todas las investigaciones revisadas sobre género y discurso en
internet: algunas autoras precursoras en el campo del género y el lenguaje en la
CMO como Harring o Tannen, en el ámbito offline, diferenciaron estilos
comunicativos y “communicative ethics” según hombres y mujeres. Ya tenemos el
primer paso: la dicotomía de géneros.
Como señala Herring (1994), mujeres y hombres constituyen diferentes
discourse communities
en el ciberespacio, diferentes culturas, con diferentes
normas y prácticas comunicativas. Y además, estas culturas son consideradas
totalmente diferentes al nivel de normas y de prácticas, de manera que choca entre
ellas, de modo que convierten al ciberespacio, o al menos muchos de sus lugares,
en espacios inhóspitos para las mujeres (Herring, 1994).
¿Por qué camino el concepto de género, inicialmente considerado como un
constructo social, en la práctica se convierten en discursos esencializadores? Los
patrones comunicativos descritos por Herring o Tannen constituyen la referencia
teórica para muchas investigaciones empíricas en las que se toman estos patrones
cerrados, un listado de características discursivas atribuidas a hombres o mujeres,
como heurístico y base explicativa de sus resultados.
Como reconoce Cushing (1996) en el estudio etnográfico que analiza las
diferencias de género en internet según sean usuarios o profesionales,
“Tannen’s
work on gendered conversational styles, which incorporates insights from a wide
range of Western sources, provided the necessary empirical background for
developing a model of the broad tendencies in the conversational style of males and
females (1990, 1993ª, 1993b, 1994). [...] Theorists asóciate males with “public
domain”, “universalistic concerns” (Rosaldo 1974:23-24), “social orientations” or
mbo (Strathern 1980:190) and “culture” (Ortner and Whitehead 1981:7) and
females with the respective counterparts of “domestic domain”, “self-interest” and
“nature” (Cucchiari 1981:40). While these categories are neitheruniversal nor
uncontroversial, there is a consensus that they are useful heuristically”.
(Cushing,
1996: 51-52)
En otros muchos casos, estos patrones son tomados apriorísticamente con el
objetivo de ir refutándolos o confirmándolos en diferentes contextos de la CMO. Así
se pueden ir depurando los listados al añadir nuevas características comunicativas
o condicionantes para su uso. En definitiva, estas investigaciones parten desde sus
inicios con unos modelos explicativos tan cerrados en sí mismos que encorsetan
más que cuestionan o “dejan hablar” al trabajo empírico, a los datos.
Los efectos que se producen son justo los contrarios a lo que pregonan
algunos autores en sus definiciones de género, en sus introducciones teóricas y en
sus trabajos empíricos, como es el caso de Soukup (1999). Los actos terminan por
considerarse, en el fondo, como reflejo unívoco del género desde el que se
producen, al igual que ocurre con los discurso y las pautas comunicativas:
“For this research, I was primarily concerned with the
gendered patterns
of
discourse, not the "actual" physiological characteristics of the participants.
Considering the emphasis of this research, the participants' patterned constructions
of gender in cyberspace (not their biological sex) were of primary interest.
Therefore, throughout the results, the participants are labeled "masculine" or
"feminine" (rather than male or female) in order to indicate the
gendered
discursive style of the anonymous participants. [...] To clarify, feminine participants
are conceptualized as members of the groups who conveyed the conversational
patterns
associated with traditional femininity.
(Soukup, 1999)
Esta forma de concebir el género y el marco teórico y metodológico desde el
que se producen estos trabajos traen consigo una serie de dificultades a las que
también se han de enfrentar los propios investigadores. Así, por ejemplo, en el caso
en que hubieron de codificar los remitentes de los mensajes de correo electrónico o
los nicks de los chats observados, ante la presencia de usuarios no catalogables
fácilmente como mujer u hombre, en varias investigaciones se prescinde de ellos,
obviando su presencia o eliminándolos de los cálculos estadísticos para no
“enturbiar” la validez de los resultados, como hacen Sussman y Tyson (2000).
Savicki (1996), en este sentido, alerta sobre la interpretación de los resultados de
su investigación por la gran cantidad de sujetos de género “indeterminado” en
relación al total de sujetos, número incluso mayor al de usuarias catalogadas como
“mujeres”:
“The first consideration in discussion of these results is the calls for caution in
interpretation. Caution is necessary for at least two reasons: the proportion of
indeterminate gender subjects and the smallness of the overall effect. Because fully
13% of subjects could not be categorized as either male or female, and becaus
38% of all groups had more indeterminate gender members than they had female
memebers, there is a large ambiguity in the dataset concerning gender. This
surprising number of messages were not able to be categorized as being sent by
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others used only initials, or did not indicate who the author was at all other than
the electronic address in the message header. Some of the headers did reveal
reliably coded gender related names, but others only listed a cryptic aggregate of
numbers and/or letters with no clue as to the gender of the sender. More
interesting was the number of senders with names of indeterminate gender, for
example, Chris, Leslie, or Merle. Even though the PropM index attempted to control
for this ambiguity, the results must be taken with caution.”
(Savicki 1996 :11)
Los orígenes de las diferencias de los dos estilos
comunicativos
Como ya se dejaba entrever más arriba, los estilos comunicativos se conciben como
un elemento más, una parte constitutiva de la cultura femenina y masculina, de la
feminidad y masculinidad. Y, aunque las explicaciones que se dan para justificar
estas diferencias son básicamente de dos tipos (las relaciones de poder y/o socio-
culturales), casi siempre las hemos encontrado entremezcladas en los marcos
teóricos de las investigaciones.
Así, los trabajos que ponen el acento en las razones del tipo de las
relaciones de poder, argumentan que estos diferentes estilos comunicativos online
no son otra cosa que el efecto y el reflejo de las dinámicas de poder que impregnan
las mismas relaciones hombre-mujer en el ámbito offline. Es decir, partiendo de las
dos culturas diferenciadas, conformadas por normas y prácticas, una de ellas (la
masculina) se constituye en subordinadora, mientras que la otra (la femenina)
deviene en subordinada. El ciberespacio en este sentido, no sería más que un puro
reflejo de la sociedad “física”: Internet sería la sociedad en línea.
De este modo lo justifica Sussman y Tyson (2000):
“Overall, this study adds
weight to the theory that gender differences in communication are mediated by
power and status. One might say that power behaviors which are socializad early in
life, later become rule governed such that even in non-gender-salient contexts, we
rely on gender power dynamics”.
Sin embargo, como vemos en esta cita y ya anunciábamos más arriba, estas
explicaciones se entremezclan con las concepciones de tipo más “cultural”: Aun
reconociendo que estos estilos comunicativos son fruto de la socialización temprana
diferenciada y la convivencia con el grupo de iguales, se asignan a las dos culturas
capacidades de control y poder diferentes. Delegando, de esta forma, a la
subcultura femenina, a los estilos CMO típicamente femeninos, a la esfera de lo
powerless.
Discurso acerca de la CMO y la relación on-off
Si clasificáramos los discursos acerca de internet en general, y de la CMO en
particular, como utópicos o distópicos, podríamos decir que la mayoría de las
investigaciones analizadas comienzan con una visión general del ciberespacio como
un espacio público, anónimo, ideal para la experimentación, para la subversión de
los “lastres” corporales y las desigualdades que nos tienen marcados en el ámbito
offline para, finalmente, desembocar en una visión totalmente distópica del
ciberespacio y las relaciones que allí se gestan. Casi todas las investigaciones
acaban por argumentar que dado que los resultados empíricos de sus trabajos
demuestran que el discurso femenino es silenciado o dominado por el masculino,
ello es indicador de que el ciberespacio no es tan neutral como parecía. De este
modo, el discurso mayoritario que hemos encontrado es que la CMO no consigue
neutralizar las diferencias de género, sino más bien reproducir lo que ya ha
existido. En sentido, consideran que internet no puede ser considerado como
instrumento de cambio.
“In summary, cyberspace has the potential to allow communicants to become
disinhibited from sexualizad bounds and explore true freedom of expresión (Siegel,
Dubrovsky, Kiesler & McGuire, 1986). One might hope that via cuberspace women
and men could trnscend the socializad constraints on their communicative
expressiveness and adopt a more androgynous style of interaction. However, our
findings suggest that power-behavios in communication, specially regarding length
of postings and the ration of males to females in each newsgroup, have become
intransiently socialized into behavioral dynamics, as Socialization Theory posits,
such
that
discourse
médium
becomes
irrelevant.
Power
differentials
in
communication still persist and it appears that cyberspace is a male-dominated
atmosphere (McCormick & Leonard, 1996)”.
(Susman y Tyson, 2000)
Únicamente una investigación (Wolf, 2000) que trataba de ver el uso
diferenciado que hacían hombres y mujeres de los emoticones concebía internet
como espacio liberador y experimental tanto para hombres como para mujeres.
Justifica así sus resultados según los cuales, no solamente las mujeres, sino ambos,
expresaban más emociones en este espacio público anónimo que en la vida offline.
El resto de trabajos concebían el ciberespacio no como algo neutral, sino como un
espacio donde desplegamos nuestros estilos y recursos comunicativos. Y puesto
que son reflejo directo de nuestro género, según lo antes explicado, entonces se
reflejan también las diferencias de género, y con ellas las desigualdades y
relaciones de dominación entre hombres y mujeres.
Una muestra clara de lo que explicamos es este fragmento del trabajo de
Herring (1994: 1, 4):
“My basic claim has two parts: first, that women and men
have recognizably diferent styles in posting to te internet, contrary to the claim that
CMC neutralizes distinctions of gender. [...] The existence of gendered styles has
important implications, needless to say, for the claim that CMC is anonymous,
“gender-blind” , and hence inherently democratic. If our online communicative style
reveals our gender, then gender differences, along with their social consequences,
are likely to persist on computer-mediated networks”.
Como podemos ver, una particularidad del medio, como es el anonimato, se
utiliza indistintamente como argumento para justificar o bien las posibilidades de
experimentar del medio, y por tanto de neutralizar las diferencias, o bien para
argumentar que de este modo se acentúan y se estereotipan aún más los
comportamientos considerados como “femeninos” o “masculinos” y junto a ello las
desigualdades. Dos posibilidades aparentemente contrapuestas.
Por otra parte, una implicación directa de la concepción de internet y la CMO
que subyace en las investigaciones es el cómo se conciben las relaciones entre los
ámbitos on y offline: En este caso, como cuando comentábamos el concepto de
género, se mantienen las dicotomías y las separaciones. Es más, ninguna
investigación de las revisadas se planteaba las interrelaciones que existen entre
ambas esferas y se limitaban a afirmar que aquello que ocurre en lo online es puro
reflejo de lo offline. Si internet es un artefacto humano realizado por unos
inventores hombres, blancos, norteamericanos, etc...entonces su producto reflejará
las características de sus creadores y partirá desde el inicio con un sesgo masculino
difícilmente superable. Sin embargo, contrariamente a lo que podíamos esperar,
ambas realidades, on-off, se trataban como dos realidades diferenciadas e
independientes entre si.
Como bien explica Herring (1999),
“Television commercials for Internet
services proclaim there is no
gender
, no age, and no race in cyberspace. Yet not
everyone has equal opportunities and equal rights in on-line interaction. At the
most basic level, access to the technology is affected by social class, race,
gender
,
nationality, and language, with the largest population of Internet users being
middle-class, white, male, English-speaking, and residing in the United States (GVU
9, 1998; Yates, 1996)--not coincidentally, the same demographic profile as the
designers of the first computer networks (Hafner & Lyon, 1996). Moreover, the
Internet
itself
is
organized
hierarchically,
with
certain
individuals--system
operators,
Usenet
administrators,
IRC
administrators,
MUD
wizards,
etc.-
empowered to make policy decisions that affect thousands of users. The people
who occupy these administrative positions are also overwhelmingly middle-class,
white, English-speaking males.”
No obstante, la posibilidad de plantearse las esferas on y offline como un
todo es algo que aún no hemos observado en ningún trabajo, a pesar de las
evidencias de los resultados de las investigaciones, de que en la esfera online están
ocurriendo las mismas desigualdades que en la offline. Hasta el momento se
conciben los ámbitos on y offline como entidades diferenciadas y separadas, sin
pensar en la posibilidad de repensarlos como un todo híbrido, (humano y no-
humano), como una red de conexiones sociotécnicas que se construyen y
retroalimentan continuamente de manera que las experiencias de uno y otro lado
se confunden en un solo espacio.
O dicho de otra manera, ninguna de las
investigaciones revisadas se planteó estudiar, por ejemplo,
la CMO como una
extensión más de la “vida física”.
Las mismas investigaciones son un mero reflejo de esta forma de pensar el
ciberespacio: en su mayoría son “traducciones teóricas” y traslados de resultados
empíricos del ámbito offline puestos a prueba en el nuevo medio online.
¿Qué investigaban?
Analizamos un total de ocho artículos elaborados a partir de investigaciones acerca
de género y CMO. El más antiguo, que databa de 1994, fue el realizado por Susan
Herring, donde plantea su tesis más conocida de que mujeres y hombres tienen
estilos comunicativos diferentes y reconocibles a la hora de comunicarse en
internet, además de diferentes éticas comunicativas (
communicative ethics
) que
explican el porqué valoran de forma diferente distintos tipos de interacciones
online, como los episodios de
harassment
, como apropiadas y deseables.
En años posteriores encontramos el trabajo de Cushing (1996), un análisis
etnográfico en el que analiza las diferencias de género en el propósito del uso que
se hace de internet, el estilo y contenido de la CMO y el tipo de contexto
comunicativo definible como propiamente femenino o masculino, en función de las
características atribuidas a la masculinidad y feminidad, según las investigaciones
de Tannen, centradas en el ámbito offline. Este análisis se realizó en dos grupos
diferentes: el de usuarios y el de profesionales de internet, en base esto último al
análisis de la revista “Wired”. El mismo año hay publicado un artículo de Savicki,
Lingenfelter y Kelley (1996), un análisis cuantitativo que hipotetizaba que cuanto
mayor fuera la proporción de hombres en los grupos de discusión más cantidad de
miembros utilizarían un estilo comunicativo masculino, en base a las características
descritas por Herring en su trabajo de 1994. De modo inverso ocurriría en el caso
de los grupos en que la proporción de mujeres fuera mayor, donde más miembros
usarían un estilo comunicativo femenino. Al año siguiente, en 1997, se publica el
trabajo de Colyer, una investigación que apoyándose en entrevistas teoriza acerca
de las razones que puedan explicar el aumento de la participación femenina desde
1993 a 1996 en una lista de correo.
Siguiendo con el tipo de investigaciones más comunes, las que hacen
referencia al estilo comunicativo de mujeres y hombres, está el trabajo de Soukup
(1999), que en base a una observación participante durante ocho meses, apoyada
en notas de campo y entrevistas informales, explica los patrones discursivos de dos
chats, uno de ellos dominado masculinamente (de temática deportiva) y el otro
dominado por las mujeres (de temática femenina). También en base a otros
trabajos acerca de las características de la masculinidad y la feminidad en el ámbito
offline, Soukup concluye que las formas tradicionales de discurso masculinas y
femeninas siguen dominando los chats y guiando el comportamiento de los usuarios
y usuarias.
Susan Herring, una de las autoras de referencia, publica en 1999 un artículo
de una investigación cualitativa en la que realiza un análisis comparativo entre dos
episodios de
harassment
en chat y en una lista de correo. Así observó cómo a
pesar de darse similares dinámicas de género, tomaban diferentes formas en
función de las condiciones sociotécnicas de cada tipo de CMO.
Los trabajos publicados más recientemente se alejan un poco del tema de
los estilos comunicativos y por ejemplo, Sussman y Tyson (2000) analizan
cuantitativamente muestras comunicativas de poder (expresado en la longitud de
los mensajes, la frecuencia de la comunicación y el contenido del discurso) en
función del sexo del remitente en grupos de noticias definidas como masculinas,
femeninas o neutras. El último de los trabajos analizados, de Wolf (2000), analiza
comparativamente el uso que hombres y mujeres hacen de los emoticones cuando
se comunican en grupos de noticias de miembros mayoritariamente de su mismo
género o en grupos mixtos.
En definitiva, hemos podido observar como la mayoría de trabajos revisados
se centraron en lo que se ha venido a llamar estilos comunicativos femeninos y
masculinos, ya sea basándose en trabajos realizados anteriores en el ámbito offline
(Lakoff o Tañen), o como los de Herring, que se ubican en el ciberespacio. Estos
estilos comunicativos se concebirían como una serie o conjunto de características
expresivas atribuibles mayoritariamente a mujeres u hombres, que incluirían
aspectos como: recursos expresivos como onomatopeyas, emoticones, dibujos
realizados con el código ACSII, el uso de mayúsculas, exclamaciones, la longitud y
contenido de los mensajes, la composición de los correos electrónicos, etc… El
propósito de muchas investigaciones sería pues ir perfilando las características de
estos estilos comunicativos, bien ampliando la lista o bien contextualizando estos
atributos femeninos o masculinos en función de los tipos de CMO posibles, chats,
listas de correo, grupos de noticias o MUDs.
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