La lecture en ligne est gratuite
Le téléchargement nécessite un accès à la bibliothèque YouScribe
Tout savoir sur nos offres
Télécharger Lire

Partagez cette publication

El capitán del Prestige y el fiscal Vasco Moscoso de Aragâo
J. Zamora Terrés 09/07/2010 El Confidencial
Cuenta el escritor Jorge Amado en Os velhos marinheiros ou o capitâo de longo curso, la historia de Vasco Moscoso de Aragâo, un hacendado vanidoso que se hacía pasar por capitán de la marina mercante e inventaba su vida en la mar adornándose con proezas inverosímiles. Hartos de su facundia y con la intención de ponerle en evidencia, sus amigos le ofrecen el mando de un buque cuyo capitán ha fallecido a bordo. No puede negarse. Naturalmente, el impostor deja en manos de los oficiales, que están en el enredo, todo lo referente a la navegación mientrasél se dedica a fantasear y a festejar con las damas del pasaje durante la travesía hasta el próximo puerto, donde ha de ser relevado por un verdadero capitán. Cuando se aprestan para atracar, el primer oficial le informa que las leyes de la marina exigen que sea el capitán en persona quien decida cómo ha de quedar amarrado el buque. “¿Cuántos cabos damos a proa, capitán?”, le preguntan. “Todos”, contesta Vasco Moscoso de Aragâo, con voz temblorosa, ignorante del nombre concreto de cada cabo. “¿Cuántos a popa?”. “Todos”. “¿Y cuántas anclas, capitán?”. “Todas”, responde completamente azorado. Quienes presenciaron el atraque en tierra y a bordo se mondaban de risa, perdida ya toda contención ante el embustero, que abandona el buque quebrado y solo.
El fiscal que interviene en el proceso contra Apóstolos Mangouras, capitán del Prestige, ha armado un escrito de acusación que constituye un monumento al disparate. ¿Cómo entender, si no, la falacia de que el capitán sabía que el petrolero se hundiría y aún asízarpóde San Petersburgo para un largo viaje, y con el buque averiado y la tripulación a salvo permanecióa bordo en un postrer intento por impedir el naufragio? ¿Quéexplicación a un relato fáctico que se parece a la realidad de lo acaecido como un huevo a una manzana, construido a base de seleccionar aquellos detalles, aun los más nimios, increíbles o directamente falsos, que apuntan a la culpabilidad de Mangouras, despreciando de forma grosera el alud de datos que prueban la profesionalidad intachable del capitán del Prestige, su valeroso comportamiento durante el siniestro y el acierto de sus decisiones? ¿Dónde hallar, en fin, una mínima justificación a la escabrosa pena de doce años de prisión solicitada por el fiscal? ¿Acaso fue el capitán Mangouras quien averióel Prestige? ¿Fueél, por ventura, quien lanzóal petrolero contra el temporal con la consigna de “rezar para que se hunda”? ¿No fue Apóstolos Mangouras quien consiguiócon sus decisiones adrizar el buque, evitando con ello una desgracia mayor?
Pero donde el fiscal se supera hasta límites sólo alcanzables desde la imaginación de un novelista tropical es en la lista de las leyes supuestamente infringidas por el capitán del Prestige, una asombrosa lista de decretos, convenios internacionales, reglamentos, directivas, decisiones, leyes,órdenes, estatutos y ordenanzas que suman seis fatigosas páginas. Tal parece que el fiscal haya obrado con la simpleza de Vasco Moscoso de Aragâo. ¿De quéinfracciones se acusa a Mangouras, señor?, le debiópreguntar una becaria o un secretario. De todas, respondería el fiscal. ¿De quénormas, de quéleyes?, insistiría la secretaria. De todas, repetiría el fiscal. Y el becario o la secretaria abrieron el Google y copiaron el resultado de la búsqueda en el escrito de acusación, sin preocuparse de las reiteraciones ni de precisar los supuestos artículos infringidos ni, por supuesto, detenerse ante absurdos del tamaño de acusar al capitán de violar el Reglamento General de Practicaje o la Ley de Costas. Seis páginas abigarradas en las que cabe casi todo el derecho marítimo.
En la novela, Jorge Amado redime al infeliz “capitâo de longo curso” convocando a todos los vientos conocidos. No haría falta tanto para redimir al señor fiscal. Bastaría un poco de rigor, algo de respeto a la verdad y menos ensañamiento con el marino que hizo cuanto pudo, y lo hizo muy bien, para evitar las desastrosas consecuencias del siniestro que sufrió elbuque a su mando.
Un pour Un
Permettre à tous d'accéder à la lecture
Pour chaque accès à la bibliothèque, YouScribe donne un accès à une personne dans le besoin