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The Project Gutenberg EBook of Descripci n Geografica, Hist rica y � � Estad sti�ca de Bolivia, by Alcides de Orbigny This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Descripci n Geografica, Hist ric�a y Estad stica de Bolivia � � Author: Alcides de Orbigny Release Date: September 16, 2004 [EBook #13479] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DESCRIPCI�N GEOGRAFICA, *** Produced by Larry Bergey and the Online Distributed Proofreading Team. This file was produced from images generously made available by the Biblioth que Nationale de France (BnF/Gallica) at � http://gallica.bnf.fr. [Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las irregularidades en las puntuaci n, acentuaci n y ortograf a del libro � � � original.] DESCRIPCION GEOGR�FICA, HIST�RICA Y ESTAD �STICA DE BOLIVIA DEDICADA A SU EXCELENCIA EL GENERAL DON JOS� BALLIVIAN PRESIDENTE DE LA REPUBLICA POR ALCIDES DE ORBIGNY TOMO PRIMERO 1843 INTRODUCCION Habiendo nacido con muy particulares disposiciones para las ciencias naturales, debo los consejos y las doctas lecciones de un padre, � � cuyo nombre es digna y honrosamente conocido entre los sabios, el temprano desarrollo de ese instinto poderoso que al estudio de ellas me impulsaba. Vine por ltimo Par s, en donde, fiel � mi vocacion, pude� � � seguir estos mis estudios predilectos de una manera mas especial, procurando iluminar mi inteligencia y beber la instruccion en esta fuente, verdadero emporio de las luces y del saber. En 1825 present � � la Academia de ciencias mi primer ensayo, el cual fu muy favorablemente � acogido, mereciendo la aprobacion del Instituto, como l lo manifest en � � su informe. Tuvo bien mi gobierno elegirme, en el mismo a� o, para efectuar por la � Am �rica meridional un viage de exploracion, que fuese til las � � ciencias naturales y sus numerosas aplicaciones. Semejante propuesta � despert� en m la aficion por correr mundo, al mismo tiempo que me llen� � de regocijo; mas este fu mi luego moderado por el convencimiento en que � yo estaba, de que aun no habia llegado mi instruccion la sazon debida, � para poder llenar, tan dignamente como convenia mis ambiciosos � anhelos, una mision de esta naturaleza. Queria pues dedicarme al trabajo por algunos a os mas, con el fin de obtener, � lo m nos en parte, los � � diversos conocimientos absolutamente indispensables para el viagero, que desea examinar y dar conocer un pais bajo todos aspectos. � Nombrado formalmente fines del citado a o de 1825, tuve que activar� � mis tareas para hacerme acreedor tan honrosa prueba de confianza, � siendo ciertamente mi cargo tanto mas dif cil de llenar, cuanto que � yo no contaba ent nces sin veintitres a os.� Por otra parte, la sola � � idea de recorrer la Am rica bajo tan lisonjeros auspicios me alhagaba � sobremanera, y encendia mi ardiente imaginacion, ofreci ndome de � antemano mil cuadros cuales mas seductores. Merced los ben volos� � � consejos de los se ores Cuvier, Brongniart, Cordier, Isidoro Geoffroy � Saint-Hilaire, y del c lebre viagero baron de Humboldt, me fu� dado � entrever cual seria el circulo de mis investigaciones. Las ciencias naturales eran el objeto principal; mas considerando como complemento indispensable la geograf a, la etnolog a y la historia, me propuse no � � desechar nada, cuando estuviese en aquellos lugares, para traer conmigo el tesoro mas completo de materiales relativos estos ramos importantes � de los conocimientos humanos. El 29 de julio de 1826 me embarqu en Brest bordo de _la Meuse_, � � fragata del Estado, y d principio mi peregrinacion trasatl ntica. � � � Hice escala en las Canarias, en donde durante algunos dias pude estudiar, la vista del famoso pico de Teide, las producciones de la� isla de Tenerife, as como sus crestas desgarradas. Dos meses despues � divis�bamos las costas del Brasil, y un ambiente embalsamado con el perfume de mil flores llegaba ya hasta mi, haci ndome gustar inefables y � dulces emociones. Iba yo al cabo echar pi sobre el mundo de Colon, � � sobre esa tierra de prodigios, cuya exploracion habia siempre ansiado aun en medio de los sue os de mi infancia. Tom finalmente asiento en � � Am �rica por espacio de ocho a os. � El Rio Janeiro con sus monta as de granito y sus bellas y v rgenes � � selvas fu el primer teatro de mis exploraciones. Montevideo, Maldonado � y toda la rep blica oriental del Uruguay, ocupada ent� nces por los � Brasileros, me ense luego sus campos, que se asemejan los de�� � Francia. Atravesando la Banda oriental pas Buenos-Aires, y me � � embarqu� en seguida en el Paran , para trasportarme las fronteras de � � la provincia del Paraguay, declarada hoy dia Estado independiente. Subi como trecientas cincuenta leguas por este inmenso rio, cuya magestuosa corriente es de esperar que algun dia se ver surcada por centenares de � embarcaciones, las que impulsadas por el vapor ascender n hasta � Chiquitos, haciendo as mas inmediata la comunicacion de Bolivia con la � Europa. Las ondas de este caudaloso rio, que tiene mas de una legua de ancho, corren sobre un lecho cuyas m rgenes innumerables islas se ven � � adornadas de vistosos boscages, en donde la graciosa palmera entretege su follage con el de los rboles mas variados y bellos. � Recorr durante un a�o entero todos los puntos de la provincia de � Corrientes y de Misiones, y despues de haber penetrado en el Gran-Chaco, d� la vuelta por las provincias de Entre-Rios y de Santa-F . De regreso � � Buenos-Aires, quise encaminarme Chile Bolivia; mas calculando lo � � � dif�cil que me seria atravesar el continente con toda seguridad, por las turbulencias que, despues de la paz con el Brasil, minaban aquel estado, me decid pasar � la Patagonia, tierra misteriosa, cuyo solo nombre� � encerraba en ese ent nces un no s que de m gico�. Me transport pues � � � all� � fines de 1826, y permanec en ella durante ocho meses. � Pude efectuar mis primeras investigaciones con bastante sosiego, por mas penoso que fuese el recorrer un pais de los mas ridos, y en donde la � falta de agua se hace sentir cada paso en el corazon de esos mon tonos � � � interminables desiertos; pero los indios Puelches, Aucas y Patagones se sublevaron inopinadamente contra la naciente colonia del C rmen, � situada orillas del rio Negro, y me v � ent nces precisado reunirme � � � � sus habitantes para cooperar la defensa comun. Habiendo vuelto por � segunda vez Buenos-Aires, hall este pais en tan completa anarquia,� � que, reconociendo la absoluta imposibilidad de pasar Chile atravesando � las pampas, tom el partido de doblar el cabo d Hornos. A mi llegada � � � Valparaiso encontr tambien la rep blica Chilena en un estado de� � � agitacion nada