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Método de la nueva evangelización

De
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Se analiza el método que debe tener la nueva evangelización en la iglesia catolica.

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Ajouté le : 11 février 2013
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NUEVA EVANGELIZACION Y NUEVOS METODOS. 1.EL HOMBRE SE PLANTEA UNAS PREGUNTAS EN LOS MAS PROFUNDO DE SU SER. El punto de partida de la reflexión se sitúa en una pregunta existencial: «Qué es el hombre, cuál es el sentido y el fin de nuestra vida, qué está bien y qué es pecado, cuál es el origen y el fin del sufrimiento... y, finalmente, cuál es el misterio último e inefable que envuelve nuestra existencia, de dónde procedemos y hacia dónde nos dirigimos».(Nostra Aetate 1 b). Es la pregunta fundamental y el esfuerzo por dar una respuesta marca toda la historia. Encontrar lo que es el hombre es el reto del pensamiento. Encontrar la estructura ontológica original del hombre es el debate fundamental de toda ciencia y sabiduría y es la búsqueda que hace todo hombre de buena voluntad. Los deseos irrefrenables de conocer, querer y hacer están manifestando esa búsqueda de lo originario humano y es una constante que no se puede negar. Religiones, sicologías, ideologías y cosmovisiones tratan de llegar a una respuesta. ¿Qué es lo que satisface los deseos de conocer, querer y hacer el hombre? Si el hombre es una continua búsqueda, ¿dónde está la respuesta o el encuentro? Debe haberla pues, de lo contrario, el hombre será una pregunta sin respuesta, una búsqueda sin hallazgo. Esta es la pregunta que se hacen los hombres y que corresponde a lo que es su vida. San Agustín ha ayudado a comprender la situación. La vida es un continuo movimiento, una movilidad vital según San Agustín, la inquietud, “Inquietum est cor nostrum”: la “inquietud” como constitución ontológica fundamental de la subjetividad humana. Ser carencia y deseo, anhelo y fracaso, es la realidad del ser humano. La existencia es desasosiego, angustia y búsqueda. Para San Agustín es la la búsqueda de la vida feliz, la vita beata. “Cuando te busco a tí, Dios mío, es la vida bienaventurada lo que busco. Que te busque yo para que viva mi alma, pues si mi cuerpo vive de mi alma, mi alma vive de tí”.El hombre es un buscar que es el mismo buscar, no es buscar cosas sino buscar a Dios. El sentido fundamental de la vida es buscar el sentido que, en términos teológicos, es Dios. Pero cualquier hombre, aún sin fe, está en búsqueda del sentido. Esta búsqueda o cuidado es una estructura originaria humana o totalidad estructural originaria. Esta estructura tiene
tres elementos o modos: la “existenciariedad”, la “facticidad” y la “caída”. Estos elementos constituyen el andamiaje de todo el ser humano. La existenciariedad es la realidad del hombre que está acá como posibilidad y como anticipándose a sus posibilidades. Vivir en función de las posibilidades es, según Agustín, vivir anticipadamente la vida futura. La facticidad se refiere al hecho de estar en este mundo. Encontrarse con la existencia recibida, colocados o arrojados en el mundo, situados sin haber pedido el permiso, despedidos del ser, desnudos ante la posibilidad de no ser. Arrojados con una autosensación emotiva de que se es creado con la posibilidad de volver a Dios. La caída es la preocupación por las posibilidades más a la mano del hombre, olvidando la mayor posibilidad, la conquista de su ser propio. Es lo que Agustín llama ladelectatio, gozar con lo pequeño, con lo trivial, con lo que está al alcance de la mano, derramarse en las pequeñas cosas y clausurar el horizonte vital. No es cierto, pues, que todos quieran ser dichosos, pues los que no quieren gozar de Vos, que sois la única vida dichosa, cierto es que no quieren la vida dichosa. ¿O es que todos lo quieren, mas como la carne apetece contra el espíritu y el espíritu contra la carne, de suerte que no hacen lo que quieren (Gal., 5, 17), caen sobre lo que pueden, y con ello se contentan, porque lo que no pueden, no lo quieren con tanta eficacia cuanta es menester para que puedan? Porque pregunto a todos qué prefieren: gozar de la verdad, o de la falsedad; tan no dudan decir que prefieren gozar de la verdad, como no dudan decir que quieren ser felices. Porque la vida feliz es gozo de la verdad; pues éste es gozo de Vos, que sois la Verdad, ¡oh Dios, luz mía, salud de mi rostro, Dios mío! Esta vida bienaventurada todos la quieren; esta vida, que es la única bienaventurada, todos la apetecen; el gozo de la verdad todos lo quieren. Muchos he tratado que querían engañar, mas ninguno que quisiera ser engañado.La tentación es la tendencia a la dispersión y absorción en el mundo. Esta tentación se manifiesta en tres formas: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la ambición del siglo. Formas que no deben entenderse en sentido moralizante ascético, sino
como verdaderas posibilidades de perder el camino: quedarse en las cosas y no ir a lo esencial, Dios-Se pierde el hombre en los objetos y pierde la mayor posibilidad de su existenciariedad. El hombre es absorbido por el mundo circundante de cosas y de hombres. Quiere ser temido, quiere ser amado, quiere ser servido, es decir, está perdido. El hombre ya no piensa sino que actúa como se piensa en el mundo, como se piensa en el periódico, como se piensa en los medios de comunicación. Pero en medio de la caída resuena la llamada de Dios (Agustín). Es una llamada en la profundidad de la conciencia. Llamada que puede ser el Evento, instante que deslumbra un momento y que ilumina al hombre. O llamada que puede ser luz interior, iluminación súbita, que llama al hombre desde su condición de caído a vivir en una luz más alta. La Escritura ofrece una respuesta que incluye toda esta estructura y la completa con la efectiva posibilidad de un encuentro con el sentido que se busca. El hombre es criatura en el mundo amada por Dios. Este dato incluye toda la esencia del hombre. Es una criatura, por tanto, finita y mortal, colocada en el medio del mundo (histórica y situada ecológicamente) y amada por Dios (una persona que la ha llamado a la vida). Lanzada en el mundo como un ser donde Dios se manifiesta, en el ahí del hombre se revela Dios. El hombre es el lugar donde Dios se manifiesta. En el origen del hombre hay una experiencia fundamental de llamado (del creador a la creatura), pero llamado de amor (del amante al amado), lo que hace que haya una dependencia ontológica radical, pero que es dependencia de relación amorosa y no de dominio. Esa creación amorosa está descrita en laEscritura como creación a “imagen y semejanza”. Aunque el Antiguo Testamento no desarrolla mucho estos conceptos, sí son guía de su concepción antropológica: el hombre es una deliberación de Dios (Gen 1, 26-27); el hombre domina la creación (Sal 8,7); la vida del hombre es inviolable (Gen 9,6); el que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre; el hombre es inmortal (Sab 2,23). Esta concepción
será recogida más directamente después de los LXX por el Nuevo Testamento y por los Padres de la iglesia. Por eso se podrá decir que el Hijo, hombre y Dios, es el «reflejo» del esplendor de Dios y la «imagen» perfecta de él (Heb 1,3; 2 Cor 4,4; Col 1,15). El Nuevo Testamento recoge claramente esa concepción: «El hombre no debe cubrir la cabeza porque es imagen y gloria de Dios» (1 Cor 11,7). «Con la lengua alabamos al Señor y Padre nuestro y maldecimos a los hombres, que están hechos a semejanza de Dios: Santiago (3,9). Cristo es la imagen de Dios invisible (2 Cor 4,4; Col 1,15) no únicamente por ser Dios, sino por ser la perfecta revelación de lo que es el hombre. El hombre revestido de Cristo realiza su estructura ontológica originaria: ser conforme a la imagen de su Hijo. (Rom 8, 29). Santo Tomás lo expresa en estos términos: La imagen de Dios en el hombre puede considerarse de tres modos. Primero, en cuanto que el hombre posee una aptitud natural para conocer y amar a Dios, aptitud que consiste en la naturaleza de la mente, y es común a todos los hombres. En segundo lugar, en cuanto que el hombre conoce y ama actual o habitualmente a Dios, pero de un modo imperfecto, y ésta es la imagen procedente de la conformidad por la gracia. Finalmente, en cuanto que el hombre conoce actualmente a Dios de un modo perfecto, y es la imagen que resulta de la semejanza de la gloria. El primer modo se da en todos los hombres, el segundo solo en los justos y el tercero, exclusivamente, en los bienaventurados. Está indicando que la imagen es universal, ontológicamente se da en todo hombre y no solo en los bautizados. Imagen que es pasiva-activa. Pasiva en cuanto el hombre fue llamado a imagen y semejanza. Activa en cuanto debe perfeccionar esa imagen con el uso cuidadoso de su libertad. En la misma cuestión 93, Santo Tomás dice:
Debemos considerar ahora el fin o término de la producción del hombre, en cuanto que se dice hecho “a imagen y semejanza de Dios”. Indicael ser imagen de Dios es un que proceso: la dignidad de ser imagen de Dios no es algo solo dado, sino también algo conquistado por la acción libre del hombre con el auxiliode la gracia: “Hagamos al hombre de talmanera que se dé en él la imagen”. El esfuerzo libre del hombre es hacerse como Cristo, modelo que realiza la plena imagen de Dios y que conduce a Dios (1 Cor 15 25- 28; Ef 1,10; Col 1,15-20; Apoc 22,13). La cristificación es la tarea del hombre que quiere ser plenamente hombre, ese es el fin o término de la perfección. 2.LA REVELACION, MANIFESTAR AL HOMBRE LO QUE REALMENTE ES. La revelación es la donación del amor de Dios revelando que el hombre es amor. La respuesta del hombre es la fe: decir sí a la donación del amor, es decir, ser amor y dar amor. La evangelización es provocar la experiencia del amor de Dios. Lo que no es la nueva evangelización: Hacer que la gente vuelva a una sociedad de cristiandad, a una sociedad ritualista, a una vida llena de acticos de piedad, a una mentalidad de que todo es pecado Hacer aprender el catecismo de memoria. Volver a celebrar misa como en tiempos idos, vestir sotana, rezar jaculatorias…Plantear una idea de revelación como recepción de unos mandatos directamente de Dios en forma de decretos de obligatorio cumplimiento. Mostrar que la vida cristiana es el cumplimiento legal de los mandamientos. Recluirse en comunidades cerradas poseedoras de la verdad universal y única. Volver a un subjetivismo espiritualista desligado del mundo o contra el mundo.
3.LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA IGLESIA
Los elementos constitutivos de la iglesia son la fe, la liturgia y la ética, donde la persona experimenta a Dios, lo celebra y lo vive. En otras palabras, hay iglesia donde está la Escritura escuchada y aceptada, la celebración litúrgica del amor de Dios y la vivencia ética o actuación de la palabra en la vida. Escritura, sacramentos y ética unidos como una sola realidad vivida. Solo una experiencia mística pone en relación con Dios, una relación que constituye a los hombres como sujetos pasivos del llamado y los constituye como amor. Quien ha tenido esa experiencia de amor la comunica. Es su deber imperioso ser testigo de que ha sido elegido, ha sido llamado. No por deber, ni por imposición, sino por su carácter difusivo, el amor impele a la acción testimonial. Esta acción testimonial es recogida en el número 14 de la EncíclicaDeus Caritas Est(DCE) donde, gracias al ímpetu de la experiencia, fe, liturgia y ética, se convierten en la misma cosa: una simultaneidad de llamada, celebración y respuesta. “Fe, culto y ethos se compenetran recíprocamente como una solarealidad, que se configura en el encuentro con el agapé de Dios. Así, la contraposición usual entre culto y ética simplemente desaparece. En el «culto» mismo, en la comunión eucarística, está incluido a lavez el ser amados y el amar a los otros.” (DCE 14).Ya en el número uno de la DCE se había dicho que el inicio de todo es el acontecimiento místico del encuentro, la experiencia: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientacióndecisiva”. (DCE 1).
De manera especial la creación y el misterio de Cristo muestran el llamamiento del amor. Amados, llamados, enviados. El hombre es creado por amor a imagen de Dios: es tri-alteridad, llamado por una Trinidad, creado por el amor trinitario. A semejanza de la Trinidad: el hombre es proyecto de tri-alteridad para llegar a ser como Dios un amor
trinitario. Ser abierto para ser trino. El hombre en sí es como una trinidad pues está abierto hacia el otro mediante el aliento del amor de Dios
4.HUMANIDAD Y DIVINIDAD NO SON ESFERAS DISTINTAS, SINO QUE DIOS SE REVELA EN LO MAS PROFUNDO DEL HOMBRE
La laicización de la cultura es consecuencia de la separación radical entre razón y fe, en la que a la razón le corresponde el gobierno de lo natural y la fe es relegada a lo sobrenatural. Lo sobrenatural aparece como extrínseco al hombre, como algo impuesto desde fuera. Pero en esta perspectiva el hombre no está hecho en sí para Dios, sino solo llamado exteriormente a la visión de Dios. La visión de Dios sería algo añadido, no propio de su condición ontológica natural. Blondel, por ejemplo, parte de la inmanencia donde se afirma lo trascendente. A partir de él se entiende que la naturaleza humana está históricamente inclinada a lo sobrenatural. Hay que desestimar la idea de una naturaleza pura o neutral y aceptar que la destinación a lo sobrenatural es gratuita intrínsecamente. Esto da pie para decir que naturalmente el hombre está inclinado, por gracia, hacia Dios. La ley natural sería su condición ontológica de estar abierto a Dios y de ahí se extraen las consecuencias teológicas y morales. ¿Cuál es la experiencia fundamental que sirve de base a la fe cristiana y que fundamenta su compromiso caritativo? El Papa responde a esta pregunta volviendo a la experiencia original del cristianismo como experiencia mística de Dios, experiencia de la cual brotan los compromisos éticos. Con una visión agustiniana, el Papa insiste de nuevo en la experiencia de fe como inicio, fuente y fuerza de todo el trabajo testimonial de la Iglesia. La experiencia original de un don entregado y recibido en libertad, es el fundamento de toda donación y de toda interdonación. La fe es una experiencia de donación de amor y quien tiene esa experiencia la comunica. Sin esa experiencia puede haber ética social, pero no ética social cristiana, es decir, una ética de interdonación y de testimonio.
5.METODO DE LA NUEVA EVANGELIZACION.
La experiencia de la fe es la condición inicial del anuncio del evangelio y del testimonio de Jesucristo. De esa experiencia brota la misión como testimonio de vida, testimonio que exige formación en comunidad de fe. Esto plantea el problema de la identidad propia como testigos y la forma de presentar el testimonio. Por eso, la lógica del cristiano va en la línea de experiencia- testimonio- comunidad- formación- misión. En términos pastorales hay que repensar el método para que el cristiano sea plenamente cristiano y pueda ser testigo de su ser cristiano. Este método no puede ser hoy un aprendizaje de memoria de los textos bíblicos o eclesiásticos, ni un cumplimiento deontológico de preceptos morales, ni una imposición tradicional de ritos y costumbres, ni una sumisión del espíritu a un dictado de un agente pastoral. El método de la evangelización, partiendo de la experiencia, lleva una vida nueva, una nueva forma de ver al hermano, a vivir en “otro mundo” diferente a “este mundo”, constituyéndose en una propuesta, un estilo de vida, una manera de mirar, que hace de la vida una “vida bella”, digna de ser contemplada por otros y seguida por convicción. No conduce, por tanto, el mundo hacia una nueva cristiandad sino a un mundo con sentido plenamente humano donde los cristianos son la luz que ilumina el sendero. La línea de experiencia- testimonio- comunidad- formación- misión se puede explicitar así: -Experiencia de Dios. No hay una sola forma de experimentar a Dios pues él se manifiesta donde quiere y como quiere. Puede darse la experiencia mística de quien cambia su vida por la aparición de una presencia innominable como sería el caso de los grandes místicos. Pero puede ser también un instante revelatorio (unflashmístico) que se da cuando se escucha una palabra, se asiste a una celebración litúrgica, se lee una narración experiencial, se contempla la naturaleza o una obra artística. O se puede dar la experiencia cuando se vive una situación difícil como la muerte, un accidente, un evento extraordinario en la vida ordinaria. Cuando se ve a Dios a través de la vida de una persona (“el santo es transparente y deja vera Dios en él”) se tiene una especial revelación, como también cuando se vive en un ambiente (material y espiritual) religioso en una comunidad de fe. La reflexión sobre el hecho de existir y estar en el mundo, la experiencia del puro amor que incluye erosy ágape, la mirada atrás a la existencia vivida, son “lugares” del
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llamamiento de Dios. Esta experiencia no es una auto-reflexión sobre sí mismo que lleva a un gnosticismo (autosalvación) sino a escuchar y ver el amor que viene de afuera, de Dios. De ahí que tampoco pueda reducirse a una relación voluntarista o idealista con Dios (“Yo decido amar a Dios” sino “Dios me amó y yo amo”). La experiencia provoca inmediatamente la conversión entendida no como un esfuerzo de la voluntad por cambiar, sino como volver a aquel que me ha amado y ha cambiado mi mundo. No es un esfuerzo por evitar las tentaciones, sino un volver con todo el corazón al amor. Quien siente el amor, cambia de manera de obrar y de ser, de pensar y de conocer, quiere hacer nuevas relaciones y entrar en comunión
con todos. Convertirse es ser otro, ser aquel que ha sido amado y deja el “viejo mundo” y recrea “otro mundo”. Como nuevo estilo de vida, requiere otra comunidad y otro comportamiento. Testimonio. Quien ha tenido la experiencia la cuenta, quien ha sido testigo del acontecimiento narra lo vivido. Automáticamente quien ha sido llamado sale a contar lo experimentado. Hay en la experiencia una fuerza insoportable que conduce a la comunicación y a hacer partícipes a otros de esa experiencia de tal manera que los otros se sientan impelidos a tener la misma experiencia. Se recupera la categoría de la narración de la experiencia sobre la conceptualización de las creencias. Comunidad. El gran peligro de la experiencia es que pueda conducir a un infinito subjetivismo. Por eso, la comunidad guarda la experiencia del grupo y quien ha tenido la experiencia forma comunidad de experiencia. Eso es la iglesia para los creyentes: la comunidad de quienes han tenido la experiencia de Dios en Jesucristo y miran a la “tradición” como historia de la experiencias de Dios en la vida de la comunidad. La tradición es así guardiana de la experiencia en la historia, y no simplemente una norma de acción. Formación. La narración de la experiencia se comprende más dentro de la comunidad que enseña la tradición. Así la experiencia del individuo se entiende y comprende dentro del gran flujo de una comunidad que vive de la experiencia de Dios. Los procesos formativos ayudan a la comprensión de lo vivido y a la formación de una comunidad de testigos, que cuentan lo ocurrido, no que dominan a
los que no tienen la experiencia. Se autocomprende la experiencia dentro de una nueva manera de vivir el mundo, un estilo de vida que distingue al grupo y un camino de vida. La formación no se reduce a aprender de memoria dogmas y preceptos, sino a instalar a la persona en una tradición de vida como “portador de la luz” a través del tiempo y el espacio. No se trata de aprender contenidos de memoria, o meditar intelectualmente una cierta sabiduría. Una auténtica formación cristiana para el día de hoy es un aprendizaje vital, aprender a vivir plenamente: descubrir en el día a día las exigencias del evangelio, pues poco serviría una lista de dogmas y herejías aprendidas de memoria. Lo cultural, lo teológico y lo espiritual se gozan, se viven, se sienten, se comunican existencialmente, no se dominan eruditamente -Misión: la comunidad sabiéndose portadora de la luz, va por el mundo como luz. Una antorcha que ilumina la oscuridad , no que impide ver la luz, ni impone la luz, sino que muestra con la luz el camino que se transita. Evangelizar es hacer que otros acepten la luz que cambia el interior del ser humano y conlleva un nuevo sentido y un nuevo destino para el mundo. Misión es mostrar la belleza de la fe y provocar en el otro el deseo de vivir esa belleza. El cristiano bello participa de su belleza al mundo. 6.Requisitos para la evangelización: Mostración y libertad. La formación evangelizadora es cuestión de mostración y libertad. Mostración en cuanto el evangelizador es el que vive una experiencia gratuita que le cambia la vida y tiene una narración para contar y transmitir a los otros. Esta narración es el evangelio de Jesucristo a través de la propia vida del evangelizador. Si no hay experiencia para contar, se transmitirá un texto frío, sin vida, en otras palabras, no habrá nada qué contar. Sólo el que ha tenido gratuitamente la experiencia y la ha obedecido libremente, podrá mostrar algo: el testimonio de una fe dada, compartida y vivida. Se muestra gratuitamente lo que gratuitamente se recibió y se promueve o genera, revolcando la existencia, una respuesta gratuita y libre en el evangelizado. Una existencia que se dona, provoca la donación de
otras existencias, en otras palabras, provoca una vida como la de Jesucristo (total donación). Es algo que se contagia y se expande, no por la fuerza del poder, sino por el poder del amor que se difunde. Es el amor que llama a la libertad y provoca el seguimiento. Es esta la experiencia de los primeros cristianos que han experimentado al resucitado y lo han anunciado con palabras de amor y obras de misericordia. La llamada a una vida ética se convierte así en llamada a una vida bella, según el hombre más bello Jesucristo. El pecado es la fealdad de querer permanecer en la vida antigua y no abrirse a la novedad de una vida bella. Hombres bellos en un mundo bello actuando bellamente. El hombre bello es como un vitral de una catedral gótica que deja pasar la luz de Dios a través de él. Los santos son transparentes pues no se muestran ellos sino que translucen la belleza de Dios. Así, la comunidad y el cristiano son creíbles para el mundo. Este mundo es el lugar (cielo-tierra) donde se da el testimonio de la nueva creación y el nuevo hombre. No se abandona el mundo sino que se le transforma en el jardín para el hombre y se establece el reino de Dios. ¿Dónde ha estado el problema del cristianismo hoy? En el olvido de la experiencia de fe. Quizá se ha ido en la búsqueda de acomodación al mundo secular, a las técnicas modernas, a la presentación de un mensaje agradable al mundo, al equiparamiento a agencias de desarrollo o de ayuda, a un manejo gerencial de los bienes, a una elevación de status de los agentes pastorales y a una modernización del lenguaje. Pero la experiencia de Dios se ha olvidado y no se tiene nada que vivir y nada que comunicar. En este caso, se crea el campo abonado para la búsqueda del éxito individual, de las grandes empresas de desarrollo social y del mantenimiento de ritualismos sin espíritu. Tarea de la iglesia es pasar por el mundo como antorcha de luz: “pasar por el mundo haciendo el bien” sin más pretensiones que la de humanizar profundamente al hombre que está en este mundo con la vivencia del amor de Cristo. El evangelizador testimonia la experiencia de Cristo en la vida del hombre (mostración) y provoca por la belleza de la experiencia, la respuesta libre del interpelado. La actitud profética se da en la misma vivencia de la experiencia. Profeta hoy no es quien vive criticando sistemas y personas con actitudes, a veces, guerrilleras o terroristas, o quien vive quejándose amargamente de la pérdida de valores. El profeta no es el resentido del
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