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Ciento cincuenta aniversario: Pisarro: Pintor de la libertad y patriarca del impresionismo

De
14 pages
Colecciones : Tiempo de historia. Año VI, n.71
Fecha de publicación : 1-oct-1980
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Ramón Sáez
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distintos en el aspecto téc­
nico, estético y filosófico
para profundizar cada vez
más en las primeras sensa­
ciones. Pero siempre cabe
admitir su condición am­
plia y luminosa donde la li­
bertad se encuentra plena
mente representada. Es
cierto que al impresionismo
espontáneo de los primeros
artistas le sucede el impre­
sionismo doctrinal de los
críticos. Y como siempre
ocurre, la teoría edifica
todo un sistema con lo que
era en principio un ideal vi­
viente.
Asomados ahora a los ba­
randales del impresionismo
a través del aniversario de
Pissarro, uno de los pione­
ros más relevantes del gru­
po, vemos crecer y desarro­
llarse todavía esa fidelidad
a los orígenes que hizo ex­
clamar a Cézanne en punto
a exigenci~s; «Pissarro es,
entre todos los pintores, el
que más se acercó a la na­
turaleza •. Y tanto fue así,
que era difícil encontrar
fuera del pintor antillano
un clima tan natural para
poder señalar con justeza
un movimiento que no so­
N abril de 1874. un gru· vertirse en bautismo lumi­ lamente renovaba la visión, E po de jóvenes pintores noso del natural? La mues­ sino también la sensibilidad
independientes, entre los tra provoca el consiguiente moderna, con la cual coin­
que figuraban Pissarro, escándalo y el periodista cidían casi todos los artistas
Monet, Renoir, Sisley, Cé­ Leroy, en Charlvari, llama del grupo.
zanne, Degas, Guillaumin, irrisoriamente .impresio­
La generación impresionis­Berthe Morisol, constitui­ nistas. a los expositores,
dos en .sociedad anónima», ta, que nació entre 1830 y tomando quizá la referencia
expusieron en París sus de un cuadro de Monet titu­ 1841, consigue exaltar
obras al margen del Salón lado: «Impresión: sol na­ desde los primeros momen­
oficial. en el estudio foto­ tos la libertad por los prin­ciente.. Los expositores
gráfico de Nadar, instalado aceptaron sin inmutarse el cipios del arte por el arte,
en el bulevar de los Capuci­ calificativo y la palabra pero contando siempre con
nes. Se preparaba una el entorno vital. La sincera .impresionismo. se afirma
nueva andadura contra Jos y apasionada interpretación con el uso hasta generali­
principios convencionales zarse en otros países. de la naturaleza, como
del arte. París comenzaba a El estímulo de pintar se parte integrante de una as­
s~r una fiesta para los 'in­ piración común, se hace no­hace norma inmediata. La
surgentes del pleln alrlsme. palabra «impresionismo. tar en las palabras de Bur­
¿Hasta qué punto el bau­ ty, crítico favorable de en­avanza con sentido poco
tismo de fuego del román­ preciso. Y, según ciertos au­ tonces: .En el procedi­
tico Delacroix venía a con- tores, cobra significados miento -decía-, reprodu-
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­

cir la amplia luz del aire li­ bración atmosférica, la vita­ describe el fenómeno sobre
bre; en el sentimiento, la ni­ aquella realidad próxima y lidad del bosquejo... Pero
tidez de la ~nsación primi­ casi desconocida: .De in­había algo más que nunca
genia». Eso era todo en tuición en intuición -ad­sería los suficientemente
principio. ponderado: la sugerencia de vierte- han llegado poco a
dejar las cosas a medio rea­ poco a descomponer la luz Llegados desde distintos
lizar para que la pintura solar en sus rayos, en sus puntos geográficos, los fu­
fuese en presencia una selva elementos, y a recompo­turos maestros del pleln air,
virgen. nerla luego en su unidad, formaban una visión estre­
por medio de la armonía Caen por entonces los pesa­mecida que hacía correr
general de las irisaciones nuevas brisas por sus cua­ dos cortinones del romanti­
que derraman sus telas» . dros. Hacia 1860 se encuen­ cismo. La representación
Hay una luz estimulante tran en la Academia Suiza académica de un tema de­
que alcanza su pleno me­de París los jóvenes Pis­ terminado entre la anéc­
diodía durante el año 1877. sarro, Cézanne y Guillau­ dota y la historia, tanto
considerado como el desa­min; mientras en el Atelier como las conveciones bur­
rrollo más homogéneo y Gleyre se nota la presencia guesas, dejan paso al • mo­
completo del imperialismo. de Monet, Renoir, Bazille y tivo», donde un árbol. un
camino, una choza, un bu­ La guerra francoprusiana Sisley, en disposición de
abrir nuevos rumbos a los levar, se convierten en pro­ dispersó en 1870 el grupo
postulados de Barbizon. tagonistas principales del de pintores cuando la téc
nica del pletn airisme co­¿Qué pretendían pintar que paisaje. La duración del
no hubiese sido pintado? En tiempo -en la que Renoir y menzaba a tomar cierta
primer lugar -yeso llega­ Monet fueron grandes consistencia. Así fue como
ría después-, el empleo de maestros- rechazan toda Manet. Degas, Renoir y Ba­
la forma abierta, la compo­ extraña sugestión. Así fue zille se incorporaron al I
sición del conjunto, la vi- como el crítico Duranty frente de batalla, muriendo
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­

el último en el combate de
Beau-ne-Ia-Rolande. Mien­
tras tanto, Monet, Pissarro
y Sisley se refugian en Lan­
dres, donde Daubigny los
pone en contacto con el
vendedor de cuadros
Durand-Ruel, que será en lo
sucesivo mecenas y defen­
sor de la nueva tendencia.
¿QUIEN FUE
CAMILLE PISSARRO?
Si consideramos el impre­
sionismo como un puzzle de
sensaciones, y en todo caso
de sensaciones vitales, de­
bemos admitir diversas teo­
rías que parecen flotar den-
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tro del ambiente. Disipados
los últimos resplandores del
romanticismo, aún queda
en el fervor de los incondi
cionales. ese puente de
transición que va desde Ca­
rOl al spcialista Courbet,
donde los grises y pardos
forman todavía una entidad
insobornable de vida.
Pero ante esa transición
conviene hacer un poco de
historia. Las fluctuaciones
del modo de pensar y sentir
del romanticismo configu­
ran la vida interior ahon­
dado en los sentimientos y
melancolía de las gentes.
Aun después de Delacroix,
Turner y Constable perma­
necen las líneas dominantes
de esa filosofía tentacular.
Así. a un período de tenden­
cias marcadamente oscuras
y emocionales, sucede otro
de aspecto vitalista y disi
pado. En los últimos cua
dros de Corol tienden a es­
clarecerse esas brumas que
apuntan ya a la concreción
c_~
del modelo, para encontrar
en Courbet un realismo de •
sensaciones profundas con
nostalgias románticas.
nosotros la separación total por la literatura convencio­
y aquí precisamente es nal. Una vida interior tan de la sociedad y el mundo
donde la historia de Camitle intensa, tan equilibrada y burgués, surge la el~cjón
Pissarro puede ser represen­ radical de la libertad y la tan pródiga, tiene un desa­
tada de manera coherente, rrollo más íntimo que el re propia soledad acompañada
tanto por sus múltiples re­ del artista, inspirada por un lacionado con algunos epi­
tratos personales como por sodios universalmente co­ orgullo que llega a ser hu­
sus cartas. Palabras pinta­ mano, tal vez demasiado nocidos por su singularidad
das y palabras escritas humano. ideológica. Entre ellos des
--cartas entrañables a su taca el sentido ácrata y casi Y, sin embargo, ¿hasta qué
hijo Lucien- para expresar parteísta del arte: el hecho punto recoge la pintura de
todo el carácter del clima primordial de vivir fuera Pissarro las enseñanzas del
social que se transforma a del tiempo. pasado? También·sobre este
lo largo del siglo, y que está Pero los sucesos más impor particular conviene abrir
plenamente documentado, un paréntesis biográfico. tantes en la vida de Pissarro
más que en sus cuadros, en son los que se refieren a la Nace Paul Camille - Jacob
las fotografías de sus últi Pissarro el 10 de julio de serena vocación del hombre
mos tiempos. y del artista. La misma 1830 en Santo Tomás (Pe­
Aquel rostro patriarcal mo­ construcción • doctrinal _ queñas Antillas por enton­
delado apaciblemente, sur­ del personaje, como espé­ ces danesas). ' Su padre, ju­
cimen de amplia visión con­cado por rasgos incisivos, es dio francés que dirigí,a
,templa ti va, vuela por en­el espejo de una realidad una faetona en la isla, le
cima de cualquier vincula­humana que no puede ser envía a completar sus estu­
ción estética. y surge ante dios en París. El joven, traicionada ni falsificada
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­­­­­­­

las tertulias de pio[Ores y gas, formaron juicios de va­desde su segunda l1.egada,
poetas, corresponde a la es­ lor que hoy parecen inmu­en 1855, comprende que su
tables. Pissarro mantuvo finge. Era el hombre de auténtica vocación era el
siempre dentro del grupo barba florida que descubre arte. Frecuenta la Academia
un espíritu moderado dis­de pronto su verdadera Suiza, donde conoce a Ma­
puesto a tomar partido identidad en el célebre au­net en 1859, y dos años des­
cuando los argumentos re­torretrato de la Galería Ta­pués a Cézanne y Guillau­
sultaban convincentes. El te. mino El joven Pissarro se
decano del impresionismo, adapta fácilmente a la dis­
¿Cómo es posible entender dos años mayor que Manet ciplina del ambiente y no
a Pissarro de otra manera? y con diez más que Monet, parece crear grandes pro­
EL hombre de entonces na­ era bien acogido en los ca­blemas pedagógicos.
vegaba hacia islas lejanas fés donde solían reunirse.
como paraísos terrenales En una época fácilmente Dicen que no había pintor o
que.' servían en cierto modo condicionada, cuando el escritor de su círculo que no
de 5.~ucedáneos a las ciuda­exotismo era la aventura sintiera estimación por
des decrépitas. Pero esto iniciada en los viajes por hombre tan tranquilo y de
mar, viajes que encendieron pensahan quizá los conter­ tan suaves maneras. Hijo de
las páginas de una litera­ tulios de P'issarro, en el Café padre francés y madre crio­
tura lanzada hacia lo des­ Guerb.ois de la Grand'rue lla sabía conciliar la bon­
conocido, la vida del pintor des Batignolles, cuando mi­ dad innata con la energía
de las AntiUas concita for­ raban la esfinge solemne necesaria para no suscitar
zosamente el misterio. El del misterioso antillano. vanos rencores. Aquí cabe
hombre de mar era durante Dentro de esa relación hu­ la teoría dorsiana donde la
el romanticismo, y lo será mana que supone las tertu­ norma corrige el desenfre­
hasta finales de siglo, esa lias del grupo impresionis­ no.
interrogante imprecisa que ta, Pissarro representa al Y, sin embargo, Pissarro era
mueve los pinceles de Gau­ gran patriarca, rnjentras las más consciente que sus
guin y se pierde en playas elocuentes conversaciones amigos de los problemas
remotas. En tales momen­ de Edouard Manet y sus sociales del momento. «So­
tos, la figura de Pissarro en famosas disputas con De- cialista -dice Rewald-.
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-


fuertemente teñido de ideas tica de la naturaleza con los ocres difusos y morteci­
anarquistas, ateo convenci­ una factura vigorosa de co­ nos. Años más tarde, el des­
do, Pissarro Juzgaba que lores sombríos. Y, sin em­ tierro en Londres y el estu­
bargo, aquellos lienzos tra­ dio de los pintores ingleses eran inseparables las luchas
• le revelan definitivamente artísticas y la acción del ar­ tados a golpe de espátula,
esa faceta luminosa que recordaban demasiado los tista en la sociedad moder­
primeros intentos de Cé­ conserva durante toda su na:.. Pero esos radicalismos,
zanne dentro de una factura vida. un tanto pontificales, no
demasiado primitiva. Dentro de esa capacidad in­guardaban' ningún asomo
Debemos tener en cuenta la tensamente lírica que re­de odio, ya que todo cuanto
capacidad evolutiva de Ca­ presenta la obra de Pissarro Pissarro decía tenía un tono
mille PissarTO. Poco a poco en todas sus formas, nace fraternal y puramente doc­
fue aclarando su paleta una poderosa intuición ha­trinario. Así escribía a su
hijo Luden en una de sus hasta conseguir una tonali­ cia el equilibrio esencial de
las cosas. El resultado cartas admirables: «¡No fia­ dad sutil y en cierto modo
ros de mis Juicios! Yo deseo asordada. Etan los grises puede contemplarse entre
tanto veros prosperar que 1870 y 1880, cuando los de­dominando la capacidad de
no oculto mis opiniones; no las formas como si una at­ lirios impresíonistas de los
saquéis de ellas más que lo mósfera inmutable envol­ demás pio tores del gru po se
que resulte conforme con viese la naturaleza. Y llega reflejan en sus cuadros. La
vuestros sentimientos y luz se convierte desde en­así con paso lento al año
vuestro modo de entender ... 1865 para eliminar el negro tonces en protagonista
Lo que yo temo es que lle­ príncipal del motivo pictó-betún, las tierras de Siena,
guéis a pareceros dema­
siado a mí... ¡Animo, pues, y
al trabajo! •. Sobre ese fron­
tis familiar, un tanto escép­
tico y zumbón, las .Cartas a
su hijo Lucien., publicadas
en París por primera vez en
1950, revelan un segundo
Pissarro más humano y
trascendido que el otro Pis­
sarro de sus pinturas.
No podemos negar la maes­ •
\'"" . tría del pintor antillano so­ -
bre los demás pintores del
grupo. «Pissarro era un
maestro de tal capacidad
--dice Mary C~ssat- Que
hubiera enseñado a dibujar
a las piedras •. Y sobre esa
condición emblemática de
su didactismo debemos edi­
ficar gran parte de su histo­
ria. Pasa como una película
todavía fresca y vital el de­
sarrollo artístico de Pis­
sarro dentro de un proceso
perfectamente concebido.
Mientras en los comienzos
de su carrera se hace pa­
tente el influjo de Corot y
más tarde el de Courbet
-no en vano se hacía lla­
mar «el discípulo de Corot»
entre sus amistades-- mez­
cla por entonces en los cua­
dros una concepción poé-
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rico. Y los reflejos dorados o blica erguida, donde el Moi­ telleo atmosférico sin disol­
ver las formas, y expre­argentados penetran libre­ sés de Miguel Angel ponía
sando en todo caso una de­men te en los lienzos. Las énfasis de esperanzas en la
extensiones verdes, las rivación transitoria al pun­redención del pueblo judío.
frondas encendidas, las tillismo. Así escribirá años ¿Ouién podía imaginar lo
mieses doradas y los arro­ contrario ante aquella ve­ después: «Siguiendo estas
yos transparentes contribu­ nerable cabeza? Todo lle­ teorías es imposible seguir
yen a propiciar ese golpe de gaba a ser un apostolado en fiel a los propios sentimien­
estado natural que caracte­ las andanzas suburbiales de tos y, por consiguiente, in­
riza al movhbiento impre­ Camille Pissarro. terpretar la vida y el movi­
sionista. miento; es imposible per­Los talleres del pintor, pri­
manecer fiel a los efectos mero en Pontoise y sus con­
instantáneos y maravillosos SUS RELACIONES tornos, luego en Osny, más
de la naturaleza; es imposi­CON LA GENTE tarde en Eragny - sur - Ep­
ble atribuir al arte carácter te, cerca Gisors, donde se
individual». Acostumbrada Mientras el revolucionario instala en 1885, terminan
la retina a percibir los más Manet, tocado de chistera, por desplazar su paleta del
diminutos matices consigue levita y pantalón «mastic", medio rural a la capital. Y
también desarrollar la ca­soñaba con la Medalla de esto se complementa con
pacidad del espacio y los Oro celosamente guardada una pincelada breve -pa­
volúmenes. Pero aquello por los señores miembros cientes enseñanzas de Seu­
tampoco era esencial en la del Salón oficial, Pissarro rat y Signac-, pinceladas
nueva expresión. caminaba por los bulevares en forma de coma apropia­
das para reproducir el cen-de París con su cabeza bí-
No fue Pissarro un perso­
naJe destacado del impre­
sionismo en ciernes. Su
transigencia en aceptar
modos y maneras del nuevo
estilo le hicieron situarse al
margen de los auténticos
protagonistas. Pero el cTÍ­
tico Silvestre distinguía en
su epoca la personalidad de
tres paisajistas puros: «Mo­
net, el más hábil y atrevido;
Sisley, el más armonioso y
tímido; Pissarro, el más real
e ingenuo.. Y mientras
tanto Renoir introducía la
figura humana bajo la
ronda solar del cuadro, sin
pasar por la aduana del
grupo dedicado especial­
mente al paisaje. Todos co­
nocían las dificultades eco­
nómicas de Pissarro, la con­
tinua lucha por sostener
una casa con seis hijos, la
pobreza y casi miseria de su
vida. Si tuación desesperada
donde el confitero y casi
mecenas Murer, pintor afi­
cionado de domingo, com­
pra sus cuadros por canti­
~.. ,,, d.t .. ~, ~ I '.,./- e:-,.. ¿.. ... J ~& 1!-1&.. dades irrisorias, prefiriendo
~ ,,,.-.~ .. ~ 4 .;.7...;,.,r. ~ .. ""'-7'. ".j"c~ pagar en pasta de carne
""'" ~!. ...... s- ~.c. cfl.t_ 4 .1-........, - " , • ...,.(.C ... . . como en la maldicíón de
~E' Ahorcedo .. , ligo. cuaresma.
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Pissarro fue el amigo cor
dial y sincero de todos los
desheredados de la fortuna,
incluyendo a esos artistas
chirles a quien nadie quiere
escuchar y aguardar horas
perdidas sentados sobre el
pretil del puente. Tuvo sin
duda Pissarro la imagen del
«cristo miserias» que vaga
sin rumbo fijo por las ciu
dades. Así escribe una carla
conmovedora al supuesto
mecenas Murer, ofrecién­
dole sus primicias: «Si este
lienzo fuera aceptado por
usted, con muchísimo gusto
se lo vendería, puesto que, P. Bonn.rd; Elloe.1 d • .tImbrola. Vollafd. h.cl. 1115. De lzqulerct. e areche: e.mllte
Pla .. uo, RenO/f, VoIlllrd, un en.nle, Bonnerd"1 Deg8a. como bien sabe, me urge la
necesidad de enviar dinero
a Pontoise... Tiro por la y será en Pontoise, preci­ fue siempre una actitud de
borda toda mi fortuna, ya samente, donde pinte sus humildad y respeto. ¿ Qué
que estos cartones son muy mejores cuadros acompa­ consejos podía dar a Cé­
queridos para mí» . En Pon­ ñado de Cézanne y conozca zanne y a Gauguin para
toise vive su familia con años más tarde a Gauguin. aplacar los ardientes deseos
hartas dificul tades econó Allí se organiza la primera de transformar la pintura?
micas. Y den tro de esa pe­ exposición de los impresio­ Las cartas a su hijo Lucien
'nuria se incluye la madre nistas en ese ambiente fe­ pueden servir de orienta­
del pintor, su esposa y dos ción para intuir los consejos bril y un tanto insolado que
hijos menores, ya que Lu­ le impulsa a pintar su auto­ de Pissarro a sus amigos.
cien trabaja en una oficina rretrato dentro del estilo El sentir de la época se di­
comercial soñando con ser cezanniano. La actitud de rigía inexorablemente en
pintor como su padre. Pissarro ante la naturaleza busca de nuevos horizontes.
Surgían nuevas maneras y
modos distintos de concebir
la realidad tal como había
sido concebida por algunos
escritores. La amistad de
Manet con Emile Zola -el
hombre de .. Yo acuso»­
prepara ese tránsito vital
para que la realidad fuese
comprendida dentro de un
cambio absoluto. Pero ese
tiempo tarda en llegar y
surgen los primeros conflic­
tos y rechiflas del público y
critica. El infatigable Ma­
net, por lo moderno de sus
temas y por el escándalo
que provoca en el Salón
Oficial ---dicen que la em­
peratriz Eugenia tuvo que
volver la cabeza ante el
cuadro tcAlmuerzo en el
campo»--, donde Manet
presenta una mujer des­
nuda que conversa apaci-
111
­­­

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