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A Punta de Cuchillo

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136 pages
Jill tiene un trabajo de verano brutal en un rancho en las montañas, guiando a vaqueros aficionados en paseos a caballo por el campo. Durante una excursión con un guapo desconocido, Jill se encuentra de pronto en una lucha de vida o muerte, sin nadie que pueda ayudarla.
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Nunca antes me había oído gritar así. No como ahora.
ideal para el verano, guiando a turistas en paseos a caballo por las hermosas montañas, pero descubrió enseguida que el pago era terrible, los turnos eternos y los otros empleados, insufribles.  Después de una acalorada discusión con su jefe, lleva de paseo por las montañas a un hombre que resulta ser un peligroso asesino. Jill se defiende, logra escapar y comienza una carrera desesperada por sobrevivir.
$9.95 RL 3.0
ALEX VAN TOL A PUNTA DE CUCHILLO
A punta de cuchillo
Alex Van Tol
Traducido por Eva Quintana Crelis
D.R. ©2010Alex Van Tol
Derechos reservados. Prohibida la reproducción o transmisión total o parcial de esta obra por cualquier medio o método, o en cualquier forma electrónica o mecánica, incluso fotocopia o sistema para recuperar información, conocido o por conocerse, sin permiso escrito del editor.
Catalogación para publicación de la Biblioteca y Archivos Canadá
Van Tol, Alex [Knifepoint. Spanish] A punta de cuchillo [electronic resource] : (knifepoint) / written by Alex Van Tol. (Orca soundings)
Translation of: Knifepoint. Type of computer file: Electronic document issued in PDF format. Also issued in print format. isbn 978-1-55469-864-6
I. Title. II. Title: Knifepoint. Spanish. III. Series: Orca soundings (Online) ps8643.a63k5318 2011b jc813'.6 c2010-908093-9
Publicado originalmente en Estados Unidos,2011 Número de control de la Biblioteca del Congreso:2010942213
Sinopsis:Jill tiene un trabajo de verano brutal en un rancho en las montañas, guiando a vaqueros aficionados en paseos a caballo por el campo. Durante una excursión con un guapo desconocido, Jill se encuentra de pronto en una lucha de vida o muerte, sin nadie que pueda ayudarla.
La editorial Orca Book Publishers está comprometida con la preservación del medio ambiente y ha impreso este libro en papel certificado por el Consejo para la Administración Forestal.
Orca Book Publishers agradece el apoyo para sus programas editoriales proveído por los siguientes organismos: el Gobierno de Canadá a través de Fondo Canadiense del Libro y el Consejo Canadiense de las Artes, y la Provincia de British Columbia a través del Consejo de las Artes de BC y el Crédito Fiscal para la Publicación de Libros. Portada diseñada por Teresa Bubela Imagen de portada de Getty Images
orca book publishers po Box 5626,Stn.B Victoria, bcCanadav8r 6s4
orca book publishers po Box 468 Custer,wa usa 98240-0468
www.orcabook.com Impreso y encuadernado en Canadá.
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Para Barb y Jan, que me recordaron que era escritora.
Capítulo uno
Voces, muy fuertes y repentinas, me arrancan de un sueño. Confundida, trato de sentarme. Pero no puedo. Se siente como si me hubieran atado a la cama con un millón de hilos diminutos. Me obligo a abrir un ojo. Giro la cabeza. El radio reloj dice6:44. Las voces siguen gritando. Vienen de la radio. La misma radio con la que he
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Alex Van Tol
despertado los últimos treinta y cinco días, a la misma hora insensata. Sólo que cada mañana se vuelve más difícil. Levanto la cabeza y miro las paredes de madera. Un millón de puñales microscópicos se disparan por mi cráneo. Agh. Me apoyo en un codo y aprieto el botón de dormitar. Los puñales se convierten en martillos y se propagan por todo mi cuerpo. Unos mil se van a trabajar a las plantas de mis pies. Me siento en la cama tratando de no rozar el suelo. Todavía no puedo enfrentar esa agonía. En medio de un bostezo me estiro para agarrar unos calcetines. Tengo que empezar a acostarme más temprano. No puedo seguir funcionando con cinco horas de sueño por noche. No cuando mi empleo me da una paliza todos los días. El marco metálico de la cama chirría cuando me impulso para levan tarme. Aayy, ay. Podría morirme ahora
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A punt a de cuchillo
mismo. Si un asesino serial asomara la cabeza en mi cuarto y se ofreciera para acuchillarme en este momento, le diría que sí, que adelante. Me pregunto si es normal que me duelan tanto los pies. Bueno, sí, tal vez lo sea, después de catorce horas de trabajo y de otras cinco bailando sin parar. ¡Pero es tan divertido! Miro otra vez el reloj.6:53. Meto los desesperados pies en mis botas de vaquero. Las miro. Están asquerosas, cubiertas de bosta por las lluvias de julio. Se supone que no debo usarlas en el dormitorio, pero qué más da. No puedo sacarles la mugre ni con un cepillo. Ya lo he intentado. También el borde de mis chaparreras está completa mente sucio. En una pena. Gasté mucho dinero en mandarlas hacer a la medida. Eso fue antes, cuando creía que iba a ganar $12,50 la hora. Antes de descubrir que lo que James en realidad quiso decir fue $1250al mes.
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Alex Van Tol
Trabajo de esclavos, eso es lo que es. Kristi y yo hicimos el cálculo hace unas semanas, un par de días antes de que ella abandonara el rancho para buscar un empleo en la ciudad con un sueldo decente. Resulta que gano unos $4,46 por hora. Y el trabajo de vaquero es muy duro: apilar pacas de heno, ocuparse de las sillas de montar, arrastrar baldesde grano, empujar y tirar todo el día de animales de 1,500 libras de peso. Pensar en los caballos me pone en movimiento. El primer turno en el granero empieza a las siete y llegar tarde es un horror. Si empiezas la mañana con retraso, te pasas el día entero tratando de ganarle al reloj. Dejo a las demás durmiendo en el cuarto y cierro suavemente la puerta detrás de mí. El aire frío de la mañana me agui jonea la garganta mientras cojeo por la hierba hacia la casa principal. Los pies
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A punt a de cuchillo
me están matando. El abundante rocío oscurece mis botas. Dios mío, se siente como si el invierno ya estuviera por llegar. Estoy tiritando y deseando haber traído mis guantes. Abro la puerta mosquitera que lleva a la cocina. Steve, el cocinero de la mañana, me da un panecillo de pasada. Es un buen tipo, pero parece como si acabara de escapar de una prisión de máxima seguridad. Quién sabe, tal vez así fue. Aquí no son muy estrictos con sus prácticas de contratación. Steve tiene tantos tatuajes, que no es fácil encontrar piel sin tinta en sus brazos. De todas formas me cae bien. Me da de comer gratis. Los otros cocineros nos hacen marcar la tarjeta de comidas hasta por un paquete de galletas. ―Te ves como la mierda, Jill ―me dice muy alegre. ―Bésame las chaparreras, salsero ―le gruño por encima del hombro.
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Alex Van Tol
Steve se ríe. ―Con gusto ―me ladra enseguida. Parada técnica en la cafetera. Después me voy directamente al establo. Con suerte no habrá un paseo a caballo a las 9:00. Si no lo hay, podré volver al restaurante y desayunar en forma luego de ensillar los caballos. Cuando llego al establo no veo a nadie. Me lo imaginé. Carrie y Laura tomaron muchísima cerveza anoche. No es la primera vez que no aparecen a la hora de sus turnos. Y estoy segura de que no será la última. A esas dos las dejan hacer cualquier cosa. Idiotas. Si yo me quedara dormida alguna vez y llegara tarde, seguro que me iría mal. Pero ellas son las abejas reinas, así que mantengo la cabeza baja y la boca cerrada. Al verme,Whiskeyme saluda con un resoplido. Le doy un rápido cepillado,
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