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Costa Rica: juicio a la democracia

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435 pages

Análisis de cómo una pequeña democracia puede defenderse ante condiciones adversas y revelar los procedimientos, la fórmula del funcionamiento del sistema político costarricense contemporáneo, en términos de estabilidad, de contingencias económicas, políticas y sociales.


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Portada

Costa Rica: juicio a la democracia

Olivier Dabène
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, Flacso
  • Año de edición: 1992
  • Publicación en OpenEdition Books: 27 junio 2014
  • Colección: Hors collection
  • ISBN electrónico: 9782821846142

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • Número de páginas: 435
 
Referencia electrónica

DABÈNE, Olivier. Costa Rica: juicio a la democracia. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1992 (generado el 04 septiembre 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/2908>. ISBN: 9782821846142.

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© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1992

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Análisis de cómo una pequeña democracia puede defenderse ante condiciones adversas y revelar los procedimientos, la fórmula del funcionamiento del sistema político costarricense contemporáneo, en términos de estabilidad, de contingencias económicas, políticas y sociales.

  1. Introducción

    La formula de la estabilidad democratica

  2. 1. Estructuración social

    1. Estructuración histórica de la sociedad
    2. LA DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN
    3. LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL
    4. LA DISTRIBUCIÓN SOCIAL
  3. 2. Identificación cultural

    1. CULTURA Y POLÍTICA
    2. SOCIALIZACIÓN POLÍTICA
    3. IDENTIFICACIÓN CULTURAL
  4. 3. Movilización política

    1. MOVILIZACIÓN ESPONTÁNEA
    2. MOVILIZACIÓN ORGANIZADA
    3. CONCLUSIÓN
  5. 4. Mediación

    1. INSTANCIAS DE PRESIÓN
    2. LOS PARTIDOS POLÍTICOS
    3. DE LA MEDIACIÓN SELECTIVA A LA MEDIACIÓN INFORMAL: ¿INPUT O OUTPUT DEL SISTEMA?
  6. 5. Instituciones

    1. ASPECTOS CONSTITUCIONALES
    2. EL APARATO BUROCRÁTICO COSTARRICENSE
    3. APARICIÓN Y DESARROLLO DE LA BUROCRACIA
    4. BUROCRACIA Y REGIMEN POLÍTICO
  7. 6. Decisión

    1. POLÍTICAS PÚBLICAS
    2. LA TOMA DE DECISIONES: RACIONALIDADES Y ORÍGENES
  8. 7. Dominación

    1. FORMAS Y LEGITIMACIONES DE LA DOMINACIÓN
    2. LOS ACTORES DE LA DOMINACIÓN
    3. LA LEGITIMIDAD DE LA DERIVA CONSERVADORA BAJO LA FÉRULA DE UNA CLASE DIRIGENTE INTEGRADA
  9. 8. La estabilidad democrática

    1. LA FÓRMULA POLÍTICA DE COSTA RICA
    2. ESTABILIDAD Y DEMOCRACIA
    3. ESTABILIDAD, DEMOCRACIA Y CRISIS
  10. Bibliografia

Agradecimientos

1Esta obra fue presentada en 1987, en Francia, en una versión mas amplia, como tesis de doctorado en ciencias políticas. La mayor parte de la investigación de campo se hizo durante mi primera estadía en Costa Rica, en 1985. Era una época marcada por una crisis económica interna aguda y fuertes tensiones regionales. Este libro es en gran parte un análisis de la manera en que una pequeña democracia puede defenderse ante condiciones adversas. Pero tiene la ambición de ir más allá, para revelar las recetas, la fórmula, del funcionamiento del sistema político costarricense contemporáneo o de otros similares.

2Al publicar este libro no pude resistir a la tentación de agregar algunas notas sobre la evolución más reciente del país. Sin embargo, no cambié nada del fondo. Mi segunda estadía en Costa Rica en 1989 y 1990 no me hizo cambiar de opinión en cuanto a la "fórmula política de Costa Rica", y la presento, pidiendo de antemano la indulgencia de todos los costarricenses.

3Este trabajo no hubiera podido llevarse a cabo sin la ayuda de mucha gente.

4En especial agradezco a los profesores Yves Schemeil y Daniel van Eeuwen, a la Embajada de Francia en Costa Rica, y a todos mis amigos y colegas de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, entre ellos a Ronald Fernández Pinto, José Miguel Rodríguez, Willy Soto y Luz Marina Vanegas.

5Gracias a la familia Petersen Morice que me ayudó tanto durante mis primeros meses en Costa Rica.

6Gracias por fin al cemca, y a su director Jean Meyer, y a la flacso, en la persona de su Secretario General, Edelberto Torres-Rivas, al haber patrocinado la publicación de este libro.

7Dedico esta obra a Mili, fuente constante de motivación y de apoyo moral, sin la cual, en más de un sentido, este libro habría sido imposible.

8La dedico también a mis padres, cuyo ejemplo trato de seguir.

Introducción

La formula de la estabilidad democratica

1Costa Rica es, a la vez, un Estado estable y democrático. Desde 1889 sólo ha conocido dos interrupciones violentas de un orden constitucional, caracterizado por una tradición de elecciones libres. Este hecho resulta sorprendente si tomamos en cuenta que se da en un contexto regional y continental de regímenes autoritarios, inestabilidad política crónica o democracias que apenas se afirman. El objetivo de este libro es tratar de analizarlo y explicarlo.

2¿Debemos ver en esta pequeña democracia sin ejército, que se debate entre las convulsiones que la rodean y la crisis económica que la sacude, sólo el producto de las últimas cuatro décadas, como quisieran algunos? Quisiéramos demostrar lo contrario. Existe una lógica de la estabilidad, inscrita en el transcurso de su historia. Es una lógica, eso sí, que no podemos concebir libre de las contingencias económicas, políticas y sociales que la han nutrido y que han incidido en la forma democrática del régimen.

3Tal inversión de perspectiva, si correlacionamos la reflexión teórica y el estudio empírico, halla su justificación en la necesidad de superar las explicaciones que se han dado sobre la estabilidad democrática costarricense. Así, por ejemplo, a las de carácter "oficial" que se remiten a la existencia de un espíritu democrático arraigado en la cultura nacional, una especie de volksgeist1 que trasciende hombres y eventos, contraponemos la tradición militarista y autoritaria del siglo xix. A aquellas, más sofisticadas, que buscan el origen en un Estado de compromiso o una crisis hegemónica, tenemos que contrastarlas con la descripción de una clase dirigente homogénea e integrada como pocas, que utiliza de maravilla los mecanismos del "clientelismo" de Estado.

4Si nuestra ambición es sobrepasar los límites de la comprensión de un caso atípico (¿lo es verdaderamente?) con el fin de esbozar una teoría de la estabilidad democrática en América Latina, la perspectiva comparativa debe necesariamente entrar en el juego de espejos. Comprender la originalidad de Costa Rica, para develar la regla que se esconde tras la excepción, requiere, en efecto, de instrumentos de observación apropiados.

5La hipótesis central de este libro reviste la forma de una apuesta teórica. Resolver el enigma2 que constituye Costa Rica supone que dejemos de razonar en términos del éxito de una democracia, para tratar de poner al día recetas de estabilidad.

6Reflexionemos un instante sobre esta nueva orientación.

7La principal enseñanza que debe sacar el politòlogo, en un examen minucioso de la Costa Rica de los años ochenta, es que un país tiene que saber, llegado el momento, sacrificar un poco de democracia para preservar su estabilidad, siempre y cuando salvaguarde aspectos que no la hagan caer en la categoría de "democracias con adjetivos" (Rouquie, 1984, p.9) útiles como fachadas de regímenes autoritarios.

8Todo es cuestión de matices. Los conceptos parecen escapar, y las realidades se rebelan a toda clasificación. Entre las democracias chilena o paraguaya sin comunismo, la democracia restringida colombiana y el testimonio de la democracia costarricense, para sólo dar tres ejemplos, es en vano dibujar fronteras infranqueables. En lo más profundo de las pesadas herencias culturales, podríamos incluso establecer sorprendentes paralelos que barrerían con toda explicación definitiva.

9En un país como Colombia, donde las prerrogativas propias de los regímenes representativos habían sido hace poco literalmente secuestradas, un intelectual escribía en 1965: "La democracia representativa es el opio de los países subdesarrollados" (Laserna, 1966, p. 111). Además de ser una posición de desencanto bastante difundida en América Latina, esta opinión refleja una verdad que no puede dejar de ser indiferente para el politólogo. Mancillado al extremo, el concepto de democracia perdió, por lo menos en América Latina, su calidad de categoría de análisis científico.

10Por lo tanto, ¿no deberíamos regresar, cuando nos preocupamos por poner al día los fundamentos de un régimen político, a esta aspiración del hombre a vivir en la ciudad justa y estable, a la vez de que ya hablaba Aristóteles? (La Política). En este sentido, de la "cohabitación" francesa a la "rotación" Israeli, o del lame duck president (presidente cuyo partido no es mayoritario en el Congreso de Estados Unidos) al "matrimonio de los elefantes" (gran coalición) austríaco y a la stafetta italiana ("paso de relevo" en el seno de la coalición de cinco partidos o pentapartito), ¿acaso no constatamos que hoy en todas partes aparecen aspiraciones a la estabilidad, que tienen en común una voluntad de los electorados de poner espalda contra espalda a los adversarios de siempre?

11Si estas aspiraciones se traducen, en el mundo occidental, por "simples" acondicionamientos político-institucionales, en América Latina, por el contrario, pueden desembocar en bruscos cambios de régimen. El autoritarismo que conoció el continente en los años setenta respondía a una preocupación de apaciguamiento de la sociedad civil. Para el que se preocupe de los problemas de estabilidad, lo importante no es tanto el tipo de racionalidad (burocrática, económica o política) de la desviación autoritaria, sino el relativo apoyo interior con el cual pudo contar durante un tiempo. De la misma manera, la ola democrática que sumerge al cono sur, desde principios de los años ochenta, debe relacionarse más con el fracaso (sobre todo económico) de las experiencias militares precedentes que con una repentina adhesión a los valores democráticos.

12¿No debería considerarse, pues, que el concepto de estabilidad política es más operatorio que los de democracia y de autoritarismo, a partir del momento que los atraviesa y sobrepasa?

13El caso de Costa Rica es ejemplar.

14Desde que la ciencia política se interesó en dicho país (a principios de los años setenta), las miradas fueron compasivas (se le predecía un futuro "a la uruguaya"), o a veces extremadamente elogiadoras, al convertirlo en un modelo de desarrollo político. Hoy por hoy, el interés que se le da reviste a menudo la apariencia de una contemplación macabra. Periodistas y científicos esperan con indulgente impaciencia que este país impertinente encuentre de nuevo, con la ayuda de la crisis económica y las convulsiones regionales, el camino de la normalidad latinoamericana: lo inestable e imprevisible. Aún si no descartáramos tal eventualidad, estamos obligados a constatar que ya la longevidad de la democracia costarricense constituye un objeto de análisis, que puede llevar a revisar ciertas teorías sobre las condiciones del éxito de la democracia.

15En todos los casos, los enfoques parecen limitarse a una descripción del carácter democrático del país. La explicación cedió el paso a la elaboración de catálogos de características distintivas que yuxtaponen hechos constatados (elecciones libres, pocas diferencias sociales, cultura consensual...) sin establecer vínculos de causalidad entre ellos. Los resultados obtenidos, si bien hacen progresar el conocimiento del país, no permiten comprender lo que es en realidad la gran originalidad respecto a los demás países de América Latina: su estabilidad política.

16Ahora bien, una doble observación obliga a sobrepasar el nivel descriptivo de una democracia. Resulta, en primer lugar, que la perdurabilidad de cualquier régimen político implica la ejecución de mecanismos de estabilización que pueden, si se presenta el caso, contraponerse a los principios ligados a la democracia. En segundo lugar, el equilibrio no excluye el cambio. A este respecto, la derivación conservadora, que se pudo observar durante la campaña electoral costarricense de 1985 (Dabene, 1986c), concretaba una refundición total de las bases de la legitimidad del régimen, iniciada con el semigolpe de Estado en 1984, que era favorecida por un cambio completo de la generación en el poder, en un contexto de dificultades económicas y de amenazas externas.

17Más allá de la fachada del régimen, se trata, por lo tanto, de examinar los mecanismos subyacentes que aseguran la estabilidad política en el respeto de las reglas del juego democrático.

18Tal perspectiva excluye a Costa Rica del estatus de excepción, al cual se refieren demasiados análisis, y revela recetas de estabilidad susceptibles de ser halladas en otros regímenes, democráticos o autoritarios.

19El enfoque, definido de esta forma, se sitúa en el punto de encuentro de dos campos teóricos que conviene confrontar. El primero cubre la descripción de las condiciones del éxito de la democracia, sobre todo en los países en vías de desarrollo, mientras que el segundo se dedica a la explicación del fenómeno de la estabilidad política. La superposición de estos dos campos de estudio ha proporcionado, tradicionalmente, instrumentos de descripción de "democracias estables". Ahora bien, estas últimas sólo se les considera, en la mayoría de los casos, como democracias de gran rendimiento o más avanzadas (o sea, más parecidas al modelo occidental). Son raras las veces que se le presta atención a la articulación, a veces contradictoria, entre los mecanismos que aseguran la "durabilidad" de los regímenes (como el control de la oposición o la limitación de la competencia política) y los que dan sentido a los sistemas pluralistas (como la libertad de oposición).

20En otras palabras, que en la intersección de los dos campos teóricos, es necesario construir un objeto de estudio -la estabilidad democrática-, que nos permita analizar la eficiencia de los modos de regulación que aseguran la estabilidad en el estrecho margen de maniobra que ofrece el respeto de los principios de base de la democracia.

21Reiterémoslo: Costa Rica ofrece, en este marco, un terreno de experimentación ideal y constituye un "estímulo para la extrapolación de experiencias políticas de países específicos a nuevos modelos" (Daadler, 1987, p.3). La inversión de perspectiva aparece particularmente necesaria si tomamos en cuenta el carácter decepcionante, y a veces surrealista, de las explicaciones disponibles sobre su democracia.

22Una observación minuciosa de la evolución política contemporánea de este país pone aún más en relieve la adaptación, notablemente ajustada, de su democracia a las coacciones y exigencias de la estabilidad. Costa Rica, ha pasado entre 1980 y 1985, por la crisis económica más grave de su historia (cuadro No. 1), sin que nada haya sufrido su modelo político.

23Además, el país supo separarse de los conflictos regionales. Nunca llegaron a degenerar verdaderamente los incidentes fronterizos con Nicaragua.

24Ahora bien, las dos circunstancias crisis económica y tensiones regionales lejos de haber puesto en peligro la estabilidad del sistema político, han sido explotadas funcionalmente por éste para consolidar su legitimidad.

25Reformular, en términos de estabilidad, una reflexión sobre los regímenes políticos democráticos, nos parece respetar mejor los resortes profundos de los estados modernos. Costa Rica en este marco es especialmente reveladora.

26Esa reformulación corresponde a una doble postura teórica que guió nuestra investigación.

27En primera instancia, rechazamos comprometer nuestra investigación en la vía que consiste en estudiar una democracia para probar la validez del modelo de régimen político occidental. Apoyándose en una caracterización del Estado y de las instituciones, tal enfoque no toma en cuenta las bases sociales y culturales de lo político, y oculta, por consiguiente, el grado de fragmentación del tejido social y las capacidades de movilización de los diversos grupos sociales a los cuales debe enfrentarse un régimen, los que explican, frecuentemente, orientaciones de política pública, derivaciones ideológicas y hasta arreglos institucionales. A este respecto, veremos que, en el caso de Costa Rica, limitarse a una descripción de las instituciones democráticas, sería olvidar que este país se ubica en América Latina y que la democracia no funciona en el Tercer Mundo, como en los países desarrollados, aún si los textos constitucionales y las instituciones políticas son muy semejantes.

28La segunda solución teórica, que se nos ofrece, y que también hemos rechazado, consiste en añadir una contribución suplementaria a la caracterización de la "cultura cívica" (Almond, Verba, 1963) propia de los sistemas pluralistas. Al describir la cultura política costarricense y las fórmulas de legitimación elaboradas por los gobernantes, esa solución permite comprender el profundo apego de los costarricenses a las formas democráticas de gobierno. Sin embargo, ignora las condiciones económicas y geopolíticas de funcionamiento del régimen que son, no obstante, determinantes para la estabilidad de éste.

Cuadro 1 : PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS 1978-1985

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1. En millones de dólares.
2. Millones de habitantes.

Gráfico 1 : INFLACIÓN3 Y SALARIOS4 1978-1985

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Gráfico 2 : PIB Y DESEMPLEO ABIERTO 1978-1985

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Fuente: Cifras oficiales del Banco Central y de los Ministerios de Economía y Comercio, de Trabajo y de Planificación.

29Entre la preocupación de tomar en cuenta la capacidad del régimen democrático para sobrevivir, pese a las desigualdades sociales propias de los países del Tercer Mundo, y la de no descuidar las condiciones económicas y geopolíticas que lo han hecho posible, había que describir la articulación de una coyuntura dada y su apropiación por los discursos legitimadores.

30Dos principios metodológicos, además, completan esta doble postura teórica.

31El enfoque, en primer lugar, será comparativo bajo ciertas condiciones. El interés del politólogo para un país como Costa Rica sólo puede ser comparativo. Pequeño y tranquilo país situado en una región -y en un continente- presa de graves turbulencias, Costa Rica parece lanzar un desafío a la ciencia política.

32Más que de enfoque, convendría mejor hablar de postura comparativa, puesto que en este libro no se tratará de una estricta comparación de sistema nacional a sistema nacional, lo que necesitaría de otro estudio. La comparación, como lo preconiza Lijphart (1971), se alimentará, sin embargo, de un análisis diacrónico. La historia tendrá un puesto importante en nuestros desarrollos, al permitirnos comparar los diferentes tipos de régimen adoptados a cada período y de ir buscando elementos y tendencias que pueden enriquecer la comprensión del presente. Además, tomaremos todos los puntos de apoyo comparativos posibles, para elucidar la "solución" costarricense al problema de la regulación política pacífica en América Latina y evitar la trampa de la "causalidad no controlada", a la que se refiere Leca (1977, p.54) que en el caso de Costa Rica se manifiesta por una constatación del carácter estable y democrático del régimen, acompañada de un inventario de los rasgos del sistema, que "tenían" que dar, como resultado, ese régimen3.

33En segundo lugar, queremos estudiar lo político tanto "por abajo" como "por arriba" (Bayard, 1981). Sólo esta doble perspectiva permite el no desatender ningún factor explicativo de la estabilidad política de un país, pues ésta puede deberse tanto a una dominación eficaz como a una ausencia de conflictos sociales. Es indispensable caracterizar, a la vez, la manera en que los conflictos pueden nacer y en que son "administrados" políticamente. Además, la comprensión de las prácticas legitimadoras y de los fenómenos de recuperación de los discursos resulta indispensable para quien se preocupe de la canalización de los descontentos populares.

34Añadiéndose a nuestra preocupación de descubrir mecanismos de estabilidad, estos diferentes enfoques teóricos y metodológicos guían nuestra elección de un modelo de análisis hacia un estudio de una fórmula política.

35Estudiar la estabilidad democrática de un Estado significa examinar el conjunto de los mecanismos de regulación de los cuales dispone, y hacer énfasis en los factores que favorecen o desfavorecen la homeoestasia del sistema, sin olvidar las coacciones exteriores, en el marco del respeto a las reglas del juego democrático.

36El modelo de análisis escogido4 enfoca lo político en siete niveles. En la base, se trata de interrogarse sobre la manera en que la sociedad es estructurada (capítulo 1). Al estudiar la distribución histórica, demográfica, ocupacional y salarial de la población, es posible señalar diversas capas sociales. Además, el examen de las trayectorias sociales permite hacerse una idea del grado de movilidad de la sociedad. Vista bajo el ángulo de la evolución, la tendencia que sigue el modo de distribución social dominante, nos informa sobre los peligros de crispadura de las relaciones con las cuales puede tropezarse una sociedad que se inmoviliza.

37Los actores que componen las diferentes capas sociales definidas, pueden o no ser conscientes, en un momento determinado, de pertenecer a un grupo social específico. Al estudiar la identificación cultural, en un segundo momento (capítulo 2), tratamos de describir las huellas de la cultura política de los costarricenses, así como sus sentimientos de pertenencia a grupos que pueden convertirse en clases.

38Estos dos primeros niveles constituyen las bases sociales y culturales de lo político (Dabene, 1986a). Permiten evaluar el grado de combatividad objetiva a la cual debe enfrentarse el sistema político.

39Sin embargo, no es seguro, por ejemplo, que la degradación de las condiciones de vida de un grupo, medido en términos de pérdida de poder adquisitivo o de adquisición de rasgos de cultura de la pobreza, se traduzca en forma de manifestaciones violentas.

40A este respecto, el nivel siguiente que analiza la movilización política (capítulo 3) constituye una zona intermedia desde el punto de vista teórico.

41Por una parte, debemos examinar la manera en que se conducen los actores colectivos para defender sus intereses y, por otra, es imprescindible describir los mecanismos de penetración del sistema político en el tejido social. Por un lado, los grupos o clases se movilizan para defenderse, pero por el otro son movilizados e interpelados por el Estado que busca organizar un consenso y construir su legitimidad. La puesta en perspectiva de estos dos flujos, que llegan "de abajo" y "de arriba", permite comparar el grado de combatividad de la sociedad civil con las capacidades movilizadoras del Estado.

42El objetivo de los grupos sociales, que se organizan para la defensa de sus intereses, es conseguir sus demandas. Para ello existen diversos mecanismos de mediación que son objeto de estudio en el capítulo 4. En este nivel, la interpenetración entre Estado y sociedad civil es total. El examen de diversos grupos de presión, sindicatos o partidos destaca que las demandas son minuciosamente filtradas. Por otro lado, sin embargo, numerosos mecanismos informales aseguran la satisfacción directa de demandas individuales.

43Las batallas electorales, así como la relación gobernantes-gobernados, se inscriben en un marco institucional cuya evolución histórica pesa excesivamente sobre el estilo de gobierno actual (capítulo 5). La caracterización de la organización constitucional de los poderes, al igual que de las coacciones político-administrativas que engendraron, facilita la comprensión de la dinámica de dichos poderes.

44En el nivel más alto, la puesta en aplicación de políticas públicas (capítulo 6) traiciona las disposiciones de los gobernantes frente a presiones, tanto internas como externas, que se ejercen sobre ellos. La racionalidad que rige la ejecución de ciertas políticas traduce el anclaje ideológico de los que deciden. Además, un examen del aparato burocrático costarricense nos permitirá caracterizar el proceso de toma de decisiones. Conseguido este punto, tendremos una idea de la manera en que el sistema "trata" las demandas que habremos de ver nacer y desarrollarse a lo largo de los cinco capítulos precedentes.

45Nos quedará recorrer, entonces, el camino en sentido contrario para describir, desde tres puntos de vista, la manera en que es ejercida la dominación (capítulo 7). Se tratará, en primer lugar, de examinar las formas que ha revestido la dominación en la historia y su evolución actual; enseguida, de enumerar las fuentes de legitimidad utilizadas en cada etapa por las élites para fundamentar su dominación y, finalmente, describir los actores comprometidos en el proceso de dominación, con el fin de saber quién gobierna y con la ayuda de cuáles apoyos ideológicos.

46El conjunto de estos siete niveles de análisis constituye una "fórmula política". Aquí el término no es empleado en el sentido que le ha dado Gaetano Mosca. Para él una "fórmula política" es más bien una fórmula de legitimación, una justificación del poder de las élites gracias a una operación semántica (Meisel, 1975, p.62). Nos dice Mosca que "las clases dirigentes no justifican su poder exclusivamente por la posesión de facto del poder, sino que tratan de encontrar una base moral y legal de este poder, presentándolo como una consecuencia lógica y necesaria de ciertas doctrinas y creencias reconocidas y aceptadas por todos (...) Esta base legal y moral, o principio, sobre la cual descansa el poder de la clase política es lo que hemos llamado (...) una ‘fórmula política’" (Mosca, 1939, p.70). En este libro, la expresión es utilizada, por analogía con la fórmula química, en el sentido de combinación particular de elementos de base, como pueden serlo los siete niveles presentados. La idea es que cada período histórico -y cada país- presenta una configuración original, una fórmula, que caracteriza lo político en un momento dado. Sin embargo, ya que insistiremos mucho sobre los fenómenos de propaganda para afianzar la legitimidad del régimen, veremos que nuestra fórmula política no es tan alejada de la de Mosca.

47A la luz de esta fórmula política, así extraída, podremos, en última instancia (capítulo 8), revisar las diversas hipótesis existentes sobre la estabilidad democrática del país y completarlas o corregirlas.

48Concluiremos nuestro estudio con una serie de reflexiones acerca de la perpetuación del modelo democrático costarricense en una coyuntura de crisis económica y de tensiones regionales.

Notas

1 Alain Finkielkraut (1987, p.18) demuestra como el auge del Volksgeist, el genio nacional alemán, dependió de la ocupación de Napoleón. Ya vemos toda la complejidad del tema de amenazas exteriores.

2 Aquí podríamos usar la expresión que Georges Arnaud aplicaba a Guatemala: "Este país no existe, lo sé, allí viví", es tan cierto que en varios aspectos Costa Rica constituye una "situación aberrante" (Lambert, 1963, p.37).

3 Con respecto a la estabilidad política, tratándose de un "concepto dicotómico" (Dowding, Kimber, 1987, p.104), la comparación sólo puede tratar de la manera en que los diferentes regímenes se acomodan con las amenazas que pesan sobre ellos.

4 Este modelo ha sido parcialmente aplicado por Yves Schemeil en su tesis Sociología del sistema político libanés (1976), en la cual enfoca las tres primeras etapas (estratificación, identificación y movilización), y corresponde al plan de análisis politico de Lecomte y Schemeil (1979-1980).

Notas finales

3 Variación anual del índice general de precios al consumidor de ingresos medios y bajos del Area Metropolitana de San José.

4 Salario mínimo real mensual.

1. Estructuración social

Estructuración histórica de la sociedad

De la independencia a la explosión del café

1El avasallamiento masivo de extensas poblaciones indígenas en las economías de extracción minera, como en Perú, estructuró definitivamente ciertas sociedades latinoamericanas y, además, permitió a las clases medias distinguirse de las capas más bajas (Bourricaud, 1967, p.43). Por añadidura, las guerras de independencia provocaron en todas partes nuevas clasificaciones sociales y trastornaron las estructuras coloniales (Rouquie, 1982, p.67).

2Por lo tanto, si se compara a Costa Rica con sus vecinos de América Central o de América Latina, se deduce que la independencia, que sobrevino en 1821, constituye la segunda ocasión fallida, después de la relativa debilidad del proceso iniciado durante la colonia, de que la sociedad se estructurara establemente.

3Aun cuando en San José, el grupo de los comerciantes de la Meseta Central empieza a protestar contra el monopolio español sobre el aguardiente y el tabaco, en los años 1808-1812, y aun cuando la creación de la Casa de Enseñanza Santo Tomás, en 1814, provoca la difusión progresiva de ideas republicanas, ningún evento tuvo lugar comparable con una guerra de independencia, susceptible de estructurar de manera duradera la sociedad.

4Como Costa Rica dependía de Guatemala, recibe automáticamente la independencia cuando ésta es firmada en la capital del Reino el 15 de setiembre de 1821, pero la noticia llega a Cartago casi un mes después, sin que provocara grandes conmociones en este pequeño país de campesinos pobres y dedicados a sus parcelas. Ahora bien, hay que decir que con la independencia y, luego con la Federación Centroamericana, Costa Rica ve florecer instituciones modernas.

5El país conoce entre 1821 y 1871 un" período sísmico", (Jiménez, 1979) desde el punto de vista institucional (capítulo 5), que corresponde a un proceso histórico de fragmentación ideológica, geográfica y política. Existen en esta época cuatro ciudades importantes en el país San José, Cartago, Heredia y Alajuela. La lucha entre ellas por la dominación del país marca todo el período.

6Desde 1823 estalla una guerra entre San José y Alajuela, por un lado, y Heredia y Cartago por otro. El conflicto gira rápidamente con ventaja para las dos primeras. San José viene a ser la capital. Entre 1824 y 1833, el país conoce una cierta armonía, debida, sobre todo, a la personalidad del presidente Mora Fernández. Luego, entre 1833 y 1835, las rivalidades aparecen nuevamente bajo la presidencia de Gallegos. Este se ve obligado a promulgar la "Ley de la Ambulancia", que obliga al gobierno a instalarse sucesivamente, en cada una de las cuatro ciudades, por un período de cuatro años. Durante este período, la autoridad del jefe de Estado no va más allá de la capital y, en cierta forma, es un "super alcalde" (Monge, 1980). En 1835, el presidente Carrillo, al manifestarse demasiado deseoso de centralizar la administración en San José, provoca la Guerra de la Liga. Esta estalla después de que Cartago, Heredia y Alajuela eligieran su propio presidente. El enfrentamiento culminó con la victoria de San José, cuya autoridad se agrandó mucho. Monge señala que "por segunda vez en catorce años de independencia, el espíritu localista lleva a los costarricenses a pelearse entre ellos" (Monge, 1980, p. 195). En 1837 Carrillo deja el poder. En su lugar lo asume don Manuel Aguilar, que cuenta con el apoyo de aquellas ciudades. No obstante, menos de un año más tarde el propio Carrillo, con el concurso de los militares de San José, lo destituye para ocupar él de nuevo el puesto.

7Es a partir de 1856 que estas rivalidades se esfuman, al tener que enfrentarse el país a una agresión exterior (guerra contra el filibustero norteamericano Walker). Sin embargo, Costa Rica todavía en esta época, está lejos de haber afirmado su identidad nacional y sigue siendo un territorio dividido en cuatro feudos.

8Esta fragmentación geográfica recorta igualmente divisiones ideológicas bastante claras.

9En Cartago, ciudad que data de 1563, viven los fundadores de la colonia. Orgullosos, sintiéndose "inventores" del país, tienen como preocupación distinguirse ante los colonos llegados después de ellos. Estos, sucesivamente han fundado Heredia (1706), San José (1736-1750) y Alajuela (1782).

10Cartago siempre fue la capital de la provincia. Al llegar la independencia, con el poder colonial fuertemente atomizado, la ciudad quiso perpetuar su dominación política. No soportaba el auge de otro polo económico: San José. Frente a la autoridad colonial, la burguesía comerciante de San José trataba de imponer otro modelo económico. "Dos tipos de economía perfectamente definibles" (Cerdas C, 1972, p. 19) se presentan simultáneamente: una economía cerrada, de subsistencia, aristocrática y conservadora en Heredia y Cartago; una economía abierta, comerciante, burguesa y liberal en San José y Alajuela.

11Otros dos problemas vinieron a avivar este enfrentamiento entre élites regionales: la anexión a México y la participación en la Federación Centroamericana (Urcuyo, 1978). Cartago, la conservadora, que anteriormente supo desarrollar contactos permanentes con el norte gracias al comercio del cacao, era favorable a la anexión de Costa Rica al imperio mejicano de Iturbide y, más tarde, de participar en una Federación Centroamericana. Por su lado, San José aunque mucho más separatista, permanece abierta a la Federación.

12Esta primera división centro-periferia, si bien deja huellas, sobre las cuales hablaremos posteriormente, es parcialmente borrada por la explosión del café a partir de 1844. Las cuatro ciudades principales se ven, entonces, integradas en una entidad geográfica, económica y política más amplia: el Valle Central.

13Se destacan cuatro fenómenos históricos de los cuales hablaremos de manera abundante: a. Las élites se dedican totalmente al cultivo del café y abandonan sus luchas por la hegemonía política, b. Al abrirse al mercado inglés se llega a un estado de dependencia y, por consiguiente, a un proceso sin precedentes de concentración de tierras, c. Se constituye un nuevo grupo social (la burguesía agro-exportadora), d. Numerosos campesinos son desposeídos de sus tierras pero la falta de mano de obra que reina en el país les asegura salarios altos, lo que amortigua el proceso de estratificación social. Por otro lado, una multitud de actividades nuevas, que siguen los pasos de la explosión del café, ven la luz y provocan una verdadera "revolución de la carreta", de la cual se aprovechó todo el país (Vega C, 1983).

14En términos de clase, veremos que a la separación virtual entre grandes familias y labradores sucede una división más clara entre patrón y peón. Los pequeños propietarios llegan a ser la mano de obra de los grandes cafetaleros y el tejido social se encuentra fracturado en dos.

15Sin embargo, no hay que sobrestimar el papel del café en la estructuración social del país. En realidad, no hace sino revivir distinciones latentes que el cacao, el tabaco y las actividades mineras ya habían manifestado. Un historiador señala, por ejemplo, que entre 1821 y 1842, familias de Cartago y de San José hicieron fortuna en la explotación de las minas de oro (Araya P., 1973). Además, Araya señala que entre 1821 y 1842, las minas, ubicadas a 34 kilómetros de San José, representaban una ganancia de 6 a 8 millones de pesos para algunas grandes familias que habían explotado el cacao. Estas, que invierten, a partir de 1844 en el cultivo y la comercialización del café, estaban muy cerca del poder político (de ellas salen varios presidentes).

16Se puede resumir el proceso evolutivo de la estructuración social del país, hasta mediados del siglo xix, como constituido por una serie de fraccionamientos: colonos/indígenas, grandes familias aristocráticas/labradores, conservadores/liberales Cartago y la periferia/San José, patrón/ peones. Veremos más adelante qué tipo de escala social resulta de estas fracturas.

EL CAMBIO DECISIVO DE 1948

17Sería temerario saltar de la explosión del café a los eventos de 1948, sin precisar que el proceso de estratificación social iniciado en la década de los cincuenta, del siglo pasado, siguió su curso y se fue complicando cada vez más. Sin embargo, a partir de fines del siglo xix se puede hablar de clases sociales y, en este sentido, volveremos sobre este tema. Nos queda, sin embargo, describir aquí lo que se puede considerar como la segunda revolución que marcó fuertemente la estructuración de la sociedad.

18Tendremos a menudo la oportunidad de hablar de los eventos de 1948, ya que la huella que dejaron en la vida política, social y económica del país sigue siendo patente hoy en día. De ahora en adelante preparemos el terreno.

19En los años 40 se asiste al auge de nuevas fuerzas políticas, la principal de las cuales es el Partido Social Demócrata, una de las principales expresiones de las crecientes demandas de las capas medias. Entre 1940 y 1944 el Presidente de la República, el doctor Rafael Angel Calderón Guardia, es un demócrata cristiano al estilo populista, muy preocupado por la "cuestión social", y que es apoyado en su acción por la Iglesia Católica y por el partido comunista. "A raíz del establecimiento del ‘Código del Trabajo’ y de los capítulos constitucionales relativos a las ‘Garantías Sociales’, el grupo oligárquico y dominante de la economía, los plantadores de café y de caña de azúcar retiran su respaldo al gobierno de Calderón" (Fernández V., 1983, p.302).

20Calderón, debido a que la Constitución prohibe la reelección inmediata, impone como su sucesor a Teodoro Picado en 1944. El apoyo de los comunistas tuvo, por otra parte, el efecto de aislar progresivamente a Picado.

21En las elecciones de 1948 Calderón era nuevamente candidato, pero fue el periodista Ulate, de la oposición, el declarado electo por el Tribunal Electoral. Ese triunfo fue señalado como fraudulento por la mayoría de los diputados, los que lo anularon. Los partidarios de Ulate tomaron entonces las armas bajo la dirección de José Figueres, el líder del Partido Social Demócrata. Un mes más tarde, Figueres sale vencedor de la lucha, constituye una junta de facto que, después de un año de reformas (inclusive la redacción de una nueva Constitución), le devuelve el poder a Ulate.

22Esta guerra civil condujo a un cambio completo en el mapa sociopolítico. Desde la explosión del café, el tejido social se complicaba sin cesar, pero la estructura fundamental no variaba. Con la victoria de Figueres, se asiste al advenimiento de una nueva armazón social que ya no se basa en la burguesía agro-exportadora, sino más bien en los sectores medios de la población.

23El señalamiento que hemos hecho acerca de la revolución social provocada por el "boom" del café, aquí sigue siendo válido. Los cambios que revelan, de forma espectacular, los eventos de 1948, estaban en gestación desde 1940, incluso desde principios de siglo. Además, las reformas de Figueres aceleran el desarrollo de las capas medias en los años 50.

24Es interesante constatar que el movimiento de Figueres no pretendía encontrar sus raíces en...

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