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Al límite

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112 pages
Phillip vive para el skateboarding. La escuela no es m‡s que un paréntesis entre intentar un aterrizaje difícil y escapar de los guardias de seguridad. Cuando él y su mejor amigo, Wally, conocen a un patinador profesional que graba videos de sus mejores trucos para su sitio web, Phillip decide que ellos pueden hacer lo mismo y ganar un poco de dinero. Pero cuando crean una p‡gina propia y empiezan a recibir visitas (y a obtener ganancias), comienzan a sentirse presionados para hacer trucos cada vez m‡s peligrosos.
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Identificación

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Phillip hará casi lo que sea con tal de convertirse en un patinador estrella.
—Lo único que digo —continuó Wally— es que si le bajaras un poco a la velocidad, sólo un poco, podrías hacer el salto y evi-tarte las heridas. —Yo siempre hago lossaltos—discutí. —¿De qué estás hablando? —Yo hago bien los saltos. Lo que no me sale es el aterrizaje.
$9.95 RL 2.5
Al límite
Eric Walters
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Eric Walters
Traducido por Eva Quintana Crelis
Para todos aquellos valientes que cuando deciden hacer algo, ¡lo hacen en grande!
Copyright ©2004Eric Walters
All rights reserved. No part of this publication may be reproduced or transmitted in any form or by any means, electronic or mechanical, including photocopying, recording or by any information storage and retrieval system now known or to be invented, without permission in writing from the publisher.
Library and Archives Canada Cataloguing in Publication
Walters, Eric,1957-[Grind. Spanish] Al límite / Eric Walters.
(Orca soundings) Translation of: Grind. Issued also in electronic format. isbn 978-1-55469-381-8
I. Title. II. Title: Grind. Spanish. III. Series: Orca soundings ps8595.a598g7518 2010jc813’.54c2010-904574-2
First published in the United States,2010 Library of Congress Control Number:2010931360
Summary:When Wally is badly injured skateboarding, Phillip must decide what is more important—skating or making things right with his friends.
SW-COC-001271
Orca Book Publishers is dedicated to preserving the environment and has printed this book on paper certified by the Forest Stewardship Council.
Orca Book Publishers gratefully acknowledges the support for its publishing programs provided by the following agencies: the Government of Canada through the Canada Book Fund and the Canada Council for the Arts, and the Province of British Columbia through the BC Arts Council and the Book Publishing Tax Credit. Cover photography by Eyewire
orca book publishers po Box 5626,Stn.B Victoria, bcCanadav8r 6s4
orca book publishers po Box 468 Custer,wa usa 98240-0468
www.orcabook.com Printed and bound in Canada.
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Capítulo uno
Sonó la campana, marcando el în tanto del día escolar como de mi siesta. Me agaché y recogí mi mochila, guardé el cuaderno y me levanté. A pesar de lo lento que estuve, fui el primer alumno en atravesar la puerta. Ni mi mente ni mi cuerpo se habían movido tan rápido en todo el día. Cuando la puerta se cerró detrás de mí, dejé de oír al maestro que nos estaba recordando el examen del día siguiente.
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¿Qué no entendía que el día de escuela se había acabado? Debería dejar de hablar, porque yo ya había dejado de escucharlo. Ya sabía que había un examen y claro que iba a prepararme. Planeaba saltarme la primera clase para estudiar. Por ahora, sin embargo, era libre. Zigzagueé por el pasillo entre la masa de chicos que iban en sentido contrario. No conocía a la mayoría de ellos, pero lo que sí sabía era que todos queríamos lo mismo: salir del ediîcio cuanto antes. Llegué a mi casillero, lo abrí y lancé adentro mi mochila. No había nada ahí que fuera a necesitar más tarde. Lo único que iba a usar estaba al fondo del casillero y… —¡Oye, Phil! Me di la vuelta. —¿Cómo va todo, Wally? —No más clases por hoy, así que todo bien. ¿Qué quieres hacer? —Pensaba irme a casa porque tengo algunas cosas pendientes. Después voy a terminar toda la tarea y a hacer un poco de matemáticasextra, para estar mejor
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preparado. Después voy a leer un poco de la Biblia y a acostarme temprano, porque al que madruga Dios lo ayuda. —¿En serio? —preguntó Wally. —Si haces una pregunta estúpida, vas a recibir una respuesta estúpida. ¿Qué crees que voy a hacer? —Me agaché y saqué mi patineta del casillero. —Ya sabía que íbamos a patinar —dijo Wally, que ya tenía su tabla bajo el brazo—. Sólo quería saberdónde. —Estaba pensando en ir detrás delSuper Save. —Por mí está bien. Supongo que Lisa no va a venir. Me volteé, cerré el casillero de un golpe y puse el candado. —¿Tú qué crees? —Un poco sensible todavía, ¿eh? —Sensible no, sólo estoy harto de que todos me sigan haciendo preguntas. ¿Quieres patinar o no? Wally sacó su patineta de debajo del brazo y la levantó. —No traigo esto sólo para verme en onda.
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—Qué bueno, porque la verdad es que no lo estás logrando —bromeé. Cada vez había menos alumnos a nuestro alrededor, o sea que algunos habían conseguido escapar antes que yo. Eso no me gustó nada. Nos apuramos por el pasillo. Pensé en lo rápido que podríamos avanzar si pusiéramos las patinetas en el suelo y saltáramos sobre ellas. Claro que eso habría hecho que nos suspendieran. Afuera de la escuela el estacionamiento estaba lleno a reventar: había autos saliendo en reversa de sus lugares y muchos otros avanzando lentamente en fila, listos para salir. Los alumnos serpenteaban entre los vehículos. Caminamos entre el tráfico. Patinar, repito, habría sido más rápido, pero las reglas eran las mismas en el esta-cionamiento: si te atrapan patinando estás suspendido. Parecía que había más reglas y castigos por hacerskateboardingque por vender drogas. Llegamos por în al borde del estacio-namiento. A sólo unos pasos del terreno de
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la escuela, bajé mi patineta y me impulsé sobre ella hacia la libertad. El sendero era suave, en bajada, y llevaba a un túnel bajo la calle principal. Había grupos de personas a lo largo de nuestro camino. Eso me gustaba. La gente se convertía en obstáculos que había que sortear. Me impulsé con más fuerza, tomando velocidad. Zigzagueé de un lado a otro para esquivar a la gente, pero tratando de hacerlo en elúltimo momento. Me incliné mucho para que la pendiente hiciera parte del trabajo y aceleré. Justo al final de la colina había unos cuantos escalones: doce, para ser exactos. La escalera estaba cada vez más cerca. Me lancé desde lo más alto y tomé una gran altura, agarrando la patineta con una mano, volando; golpeé el pavimento con fuerza, salí despedido de la patineta hacia adelante y caí de cara en el pasto y la grava, a un lado de la calle. Oí los gritos y las risas detrás de mí: era la gente que había en el camino. Me levanté.
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—¿Estás bien? —me preguntó Wally. Había llegado corriendo con la patineta bajo el brazo. Escupí un poco de pasto y tierra. —Estoy bien. —¿No te lastimaste la muñeca? —No, me aseguré de aterrizar con la cara. Me acababan de sacar el yeso tres días antes. Me había roto la muñeca patinando. —¡Qué buen movimiento! —me dijo un tipo enorme que pasó caminando con dos chicas que se reían como tontas. Iba en doceavo grado y jugaba futbol. —Como si tú pudieras hacerlo mejor. Se paró en seco. —¿Qué dijiste? —me preguntó. —Sólo dije gracias. —Vamos a dejarlo así —gruñó y siguió caminando. —Hacer ese salto ya es bastante peligro-so y aparte te pones a pelear con un tipo tan grande que te podría comer de almuerzo—me dijo Wally. —No le tengo miedo.
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—Pues si no le tienes miedo eres más bobote de lo que yo creía. —¿Más bobote? ¿Quién te enseñó a hablar? —Tú, de hecho. Tú y la tele. —Una combinación explosiva. Conocí a Wally en cuarto grado. Él era el chico nuevo, salidito del avión desde Polonia, y la maestra me pidió que me hiciera su amigo. Las únicas palabras que sabía en nuestro idioma eranNike,Cocay hola. Somos amigos desde entonces. —¿Nunca te cansas de fallar ese salto? —me preguntó Wally. —Me cansé defallarlodesde la primera vez, pero eso no quiere decir que vaya a dejar de intentarlo. No voy a permitir que unos cuantos fracasos me desanimen. —¿Unos cuantos? —se burló Wally—. Estamos en mayo. Trataste de hacer ese salto por primera vez en febrero. —El 10 de febrero. —Bueno, el 10 de febrero. Y desde esa fecha lo has intentado todos los días después