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La energía sexual o el Dragón alado

De
147 pages

Animal fantástico común a todas las mitologías, incluso presente en la iconografía cristiana, el dragón no es una lejana ficción: es el símbolo de las fuerzas instintivas del ser humano. Y toda la aventura espiritual consiste en domesticar, amansar y orientar estas fuerzas para utilizarlas como medios de propulsión con el fin de alcanzar las altas cimas del espíritu. Pues si este monstruo que tiene cola de serpiente y que arroja llamas también posee alas, es la prueba de que las fuerzas que encarna tienen un destino espiritual. El Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov dice: «La energía sexual es una fuerza que puede compararse con el petróleo: quema a los ignorantes y a los torpes –esta fuerza quema su quintaesencia– mientras que aquellos que saben utilizarla, los Iniciados, vuelan por el espacio». Tal es el sentido del dragón alado.


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CONTENIDO
La energía sexual o el Dragón alado Omraam Mikhaël Aïvanhov I - EL DRAGÓN ALADO II - AMOR Y SEXUALIDAD III - LA ENERGÍA SEXUAL, CONDICIÓN DE LA VIDA SOBRE LA TIERRA IV - SOBRE EL PLACER I - No busquéis el placer porque os empobrecerá II - Cómo reemplazar el placer por el trabajo V - LOS PELIGROS DEL TANTRISMO VI - AMAD SIN ESPERAR SER AMADOS VII - EL AMOR DIFUNDIDO POR TODO EL UNIVERSO VIII - EL AMOR ESPIRITUAL, UNA FORMA SUPERIOR DE ALIMENTARSE IX - UN TRANSFORMADOR DE LA ENERGÍA SEXUAL: EL ALTO IDEAL X - ABRIRLE AL AMOR UN CAMINO HACIA ARRIBA
Omraam Mikhaël Aïvanhov
La energía sexual o el Dragón alado
Traducción del francés
"Editado en Colombia" 1ª edición
Colección Izvor N° 205
Título original: LA FORCE SEXUELLE OU LE DRAGON AILÉ
© Copyright 2009 reservado a Éditions Prosveta S.A. para todos los países. Prohibida cualquier reproducción, adaptación, repre sentación, edición, copias individuales, audio-visuales o de cualquier otro ti po sin la autorización del autor y del editor.
Éditions Prosveta S.A. – B.P. 12 – 83601 Fréjus Ced ex (France)
ISBN 978-958-98488-5-2 Edición original: ISBN 2-85566-186-2
1a edición en español: ISBN 2-85566-249-4
ISBN EBOOK: 978-2-8184-0233-7
También disponible en versión impresa
www.prosveta.com
international@prosveta.com
El lector comprenderá mejor ciertos aspectos de los textos del Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov, presentados en este volumen, si tiene en cuenta que se trata de una Enseñanza estrictamente oral.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
I EL DRAGÓN ALADO
En todas las tradiciones populares, en los cuentos, en las mitologías, encontramos la imagen de la serpiente o del dragón cuyo simboli smo es más o menos parecido en una u otra cultura. Innumerables cuentos hablan de un dragón que tiene prisionera en un castillo a una bella princesa inocente y pura. L a pobre princesa llora, languidece y suplica al Cielo que le envíe un salvador. Pero uno tras otro, los caballeros que se presentan para liberarla son devorados por el dragó n, el cual se apodera de sus riquezas y las amontona en los subterráneos del cas tillo. Por fin, un día, llega un caballero, un príncipe más noble, más bueno y más p uro que los demás y a quien una maga le reveló el secreto para vencer al dragón: cu ál era su debilidad, en qué momento y de qué manera se lo podía atar o herir... Y he aquí que este príncipe privilegiado, bien armado e instruido, obtiene la v ictoria: consigue liberar a la princesa, y entonces ¡qué dulces besos se dan! Todos los teso ros acumulados durante siglos en el castillo le pertenecen a este caballero, a este buen príncipe que ha salido victorioso del combate gracias a sus conocimientos y a su pure za. Después, los dos, subidos en el dragón –que conduce el príncipe– vuelan por el e spacio y recorren el mundo.
Este tipo de cuentos, que en general creemos reserv ados a los niños, son, en realidad, cuentos iniciáticos, pero para poder inte rpretarlos es necesario conocer la ciencia de los símbolos. El dragón no es otra cosa que la energía sexual. El castillo es el cuerpo del hombre. En ese castillo suspira la princesa, es decir, el alma que la energía sexual mal controlada retiene prisionera. E l caballero es el ego, el espíritu del hombre. Las armas de las que se sirve para vencer a l dragón representan los medios de los cuales dispone el espíritu: la voluntad y la ciencia para dominar y utilizar esa fuerza. Por lo tanto, una vez dominado, el dragón s e convierte en el servidor del hombre que lo usa de montura para viajar por el esp acio. Porque el dragón tiene alas. Aunque se lo representa con una cola de serpiente – símbolo de las fuerzas subterráneas– también posee alas. Pues sí, es claro , es muy sencillo, es el eterno lenguaje de los símbolos.
Encontramos una variante de esta aventura en la his toria de Teseo, quien, gracias al hilo que le había dado Ariadna, pudo orientarse a través del laberinto, matar al Minotauro y encontrar la salida. El Minotauro es otra representación de la energía sexual, es el toro poderoso y prolífico; es, por lo tanto, la naturaleza inferior que debemos sujetar al yugo para trabajar la tierra com o lo hace el buey. El laberinto tiene el mismo significado que el castillo, es el cuerpo físico, y Ariadna representa el alma superior que conduce al hombre hacia la victoria.
En las tradiciones judías y cristianas, el dragón s e asimila al Diablo, y el Diablo, como se dice, huele a azufre. Todos los productos i nflamables como la gasolina, el petróleo, la pólvora, las mezclas de gases que prod ucen llamaradas y detonaciones, son, precisamente, el dragón que escupe fuego en la naturaleza. El dragón, el cual también existe en el hombre, es comparable a un com bustible. Si el hombre sabe servirse de él, será propulsado hacia las alturas, pero si no sabe utilizarlo porque es ignorante, negligente o débil, será quemado, reduci do a cenizas o precipitado al
abismo.
II AMOR Y SEXUALIDAD
I
Pregunta: «Maestro, ¿quisiera usted decirnos la diferencia que existe entre el amor y la sexualidad, y cómo podemos utilizar la sexuali dad en la vida espiritual?»
He ahí una pregunta muy interesante que atañe a lo más importante que hay en la vida y que concierne a todo el mundo. Sí, tanto a l os jóvenes como a los viejos...
Yo no diría que estoy calificado para responder a todas las preguntas que comporta este problema. Yo tengo algo en particular: me gusta ver las cosas desde un cierto punto de vista, y he consagrado toda mi vida a la a dquisición de ese punto de vista. En primer lugar, os diré unas palabras para que no emp ecéis a criticarme diciendo: «Yo he leído libros sobre el amor y la sexualidad que d ecían muchas más cosas. ¡Qué ignorante es este instructor!» Pues sí, soy ignoran te, ¿por qué no? Pero los que han escrito esos libros no tenían mi punto de vista y n o han entendido esta cuestión como yo la entiendo. Podéis, por lo tanto, si así lo que réis, informaros y leer todo lo que los psicoanalistas y los médicos han escrito sobre la s exualidad, pero yo quiero llevaros hacia otro punto de vista casi desconocido hasta ah ora.
¿Cuál es este punto de vista? Algunas veces me he e ntretenido en representarlo mediante la siguiente imagen. Un profesor, diplomad o en tres o cuatro universidades, trabaja en su laboratorio donde hace todo tipo de i nvestigaciones y experiencias... Pero he ahí que su hijo de doce años está jugando e n el jardín, se sube a un árbol y desde allí arriba grita: «Papá, veo llegar a mi tío y a mi tía...» El padre que no ve nada le pregunta al niño: «¿A qué distancia están? ¿Qué traen?» Y el niño le da toda la información. A pesar de toda su ciencia, el padre n o ve nada, mientras que el niño, pequeño, ignorante, es capaz de ver muy lejos, simp lemente porque su punto de vista es diferente: subió muy alto mientras que su padre se quedó abajo.
Evidentemente, esto no es más que una imagen, pero os hará comprender que si bien es útil tener facultades y conocimientos intel ectuales, el punto de vista es todavía más importante. Según observemos el universo desde el punto de vista de la Tierra o desde el punto de vista del Sol, obtenemos resultad os muy diferentes. Todo el mundo dice: «El Sol sale, el Sol se pone...» Sí, es cierto, pero también es falso. Es cierto desde el punto de vista de la Tierra; desde el punto de vista geocéntrico tenéis razón. Pero desde el punto de vista heliocéntrico, del Sol , es falso... Todos miran la vida desde el punto de vista de la Tierra, y evidentemen te desde este punto de vista tienen razón. Todos dicen: «Hay que comer, ganar dinero, d isfrutar de los placeres...» Pero si se situasen en el punto de vista solar, en el punto de vista divino, espiritual, verían las cosas de manera distinta. Y es este punto de vista el que yo poseo, el que me permite presentaros la naturaleza del amor y de la sexualid ad de una manera totalmente diferente.
A primera vista parece difícil separar la sexualida d del amor. Todo viene de Dios y todo lo que se manifiesta a través del hombre como energía es, en su origen, una energía divina, pero esta energía produce efectos d iferentes según el conductor a través del cual se manifiesta. Podemos compararla c on la electricidad. La electricidad es una energía de la que ignoramos su naturaleza, p ero cuando pasa a través de una lámpara se convierte en luz, aunque no sea luz. Al pasar por un calentador se manifiesta como calor; al pasar por un imán se conv ierte en magnetismo; al pasar por un ventilador se transforma en movimiento. De la mi sma manera, existe una fuerza cósmica original que adopta uno u otro aspecto segú n el órgano del hombre a través del cual se manifiesta. A través del cerebro se con vierte en inteligencia, en raciocinio; a través del plexo solar o del centro Hara se convi erte en sensación y sentimiento; cuando pasa por el sistema muscular se manifiesta c omo movimiento; y cuando pasa por los órganos genitales se vuelve atracción por e l otro sexo. Pero siempre es la misma energía.
La energía sexual viene, pues, de muy alto, pero al pasar por los órganos genitales produce sensaciones, una excitación, un deseo de ac ercamiento, y cabe perfectamente que en estas manifestaciones no haya absolutamente ningún amor. Es lo que ocurre con los animales. En ciertos períodos del año se acoplan, pero ¿lo hacen por amor? A veces se destrozan, y en alguna clase d e insectos como la mantis religiosa o en algunas arañas, la hembra se come al macho. ¿Es esto amor? No, es pura sexualidad. El amor comienza cuando esta energ ía toca al mismo tiempo otros centros en el hombre: el corazón, el cerebro, el al ma, el espíritu. En ese momento, la atracción, el deseo que tenemos de unirnos a alguie n se aclara, se ilumina mediante pensamientos y sentimientos, mediante un gusto esté tico; ya no buscamos una satisfacción puramente egoísta en la que no contamo s en absoluto con la pareja.
El amor es sexualidad, si así lo queréis, pero ampl iada, iluminada, transformada. El amor posee tal cantidad de grados y manifestaciones que ni siquiera se pueden enumerar y clasificar. Puede ocurrir, por ejemplo, que un hombre ame a una joven y bella mujer, pero sin ser muy atraído físicamente p or ella: quiere, por encima de todo, verla feliz, con buena salud, instruida, rica, bien situada en la sociedad... ¿Cómo explicarlo? Esto no es únicamente sexualidad, sino amor; por lo tanto, es un grado superior. Pero debe haber, a pesar de todo, un poco de sexualidad en este amor porque se puede plantear la siguiente pregunta: ¿Po r qué este hombre no se ha encariñado a otra persona, a una mujer vieja y fea o a otro hombre? Sí, si se analiza, se descubrirá al menos un tenue grado de sexualidad .
La sexualidad... el amor... no son, por lo tanto, m ás que una cuestión de grados. Es amor en el momento en que no os quedáis solamente c on algunas groseras sensaciones físicas, sino que sentís los grados sup eriores de la fuerza cósmica que os invade y comulgáis con las regiones celestes. Pero cuántas personas, una vez saciado su deseo, se separan o incluso empiezan a p elearse. Lo único importante para ellas es descargar, liberar una tensión; y si al cabo de algún tiempo esta energía se acumula de nuevo en ellas, vuelven sonrientes y tiernas, pero la única finalidad es satisfacer de nuevo su animalidad. ¿Qué amor hay ah í?
Es normal que tengamos necesidades y deseos, sobre todo cuando somos jóvenes. La naturaleza que previó todo pensó que eso era nec esario para la propagación de la especie. Si el hombre y la mujer se quedasen fríos el uno ante el otro, si estuviesen libres de sus impulsos e instintos, se habría termi nado la humanidad. Es, por lo tanto,