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La república instalada

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251 pages

Entre las muchas páginas aún desconocidas de nuestra historia, figura el tema de cómo se vivió más allá de Lima, el bullente nacimiento de la república peruana. Valiéndose del estudio de los periódicos del Cuzco desde los primeros años de la Independencia, hasta el final de la confederación peruano boliviana, el historiador Luis Miguel Glave, logra reconstruir con brillantez cómo se fue abordando en la que fuera la última capital virreinal, la idea de patria, de región, de identidad; en cierto sentido, como él mismo lo señala, cómo nos fuimos inventando y reconociendo como miembros de una de esas novísimas comunidades políticas que habían adoptado el nombre de "repúblicas" (por contraste al modelo de las "monarquías", más asentadas en el momento). El estudio de aquellos periódicos, los más de ellos de efímera vida, con nombres como "El cocacho", "El fiera-bras", "El duende" o "El triunfo de la libertad", permiten conocer la vida cotidiana de la que entonces era la segunda o tercera ciudad del Perú, agitada por las pasiones políticas de los caudillos regionales y por los deseos de una élite intelectual por forjar un proyecto de futuro para una región que, como muchas otras de América Latina, se embarcaba en un destino histórico casi sin antecedentes.


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Portada

La república instalada

Formación nacional y prensa en el Cuzco 1825-1939

Luis Miguel Glave
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 2004
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844544

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972511004
  • Número de páginas: 251
 
Referencia electrónica

GLAVE, Luis Miguel. La república instalada: Formación nacional y prensa en el Cuzco 1825-1939. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2004 (generado el 19 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4872>. ISBN: 9782821844544.

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© Institut français d’études andines, 2004

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Entre las muchas páginas aún desconocidas de nuestra historia, figura el tema de cómo se vivió más allá de Lima, el bullente nacimiento de la república peruana. Valiéndose del estudio de los periódicos del Cuzco desde los primeros años de la Independencia, hasta el final de la confederación peruano boliviana, el historiador Luis Miguel Glave, logra reconstruir con brillantez cómo se fue abordando en la que fuera la última capital virreinal, la idea de patria, de región, de identidad; en cierto sentido, como él mismo lo señala, cómo nos fuimos inventando y reconociendo como miembros de una de esas novísimas comunidades políticas que habían adoptado el nombre de "repúblicas" (por contraste al modelo de las "monarquías", más asentadas en el momento).
El estudio de aquellos periódicos, los más de ellos de efímera vida, con nombres como "El cocacho", "El fiera-bras", "El duende" o "El triunfo de la libertad", permiten conocer la vida cotidiana de la que entonces era la segunda o tercera ciudad del Perú, agitada por las pasiones políticas de los caudillos regionales y por los deseos de una élite intelectual por forjar un proyecto de futuro para una región que, como muchas otras de América Latina, se embarcaba en un destino histórico casi sin antecedentes.

Luis Miguel Glave

Luis Miguel Glave, es historiador, nacido en Lima, con estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima y en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde obtuvo el doctorado. Ha desempeñado la docencia en la Universidad de Lima, en la Universidad del Pacífico y en la Universidad Nacional de Ingeniería, entre otros centros de estudios del país. Es miembro del Instituto de Estudios Peruanos, donde ha trabajado largos años. Actualmente es profesor visitante en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.
Entre sus libros figuran De rosa y espinas. Economía, sociedad y mentalidades andinas, siglo XVII (Lima: 1998) y Vida, símbolos y batallas: creación y recreación de la comunidad indígena. Cusco, siglos XVI-XX (México: 1992).

Índice
  1. Prólogo

  2. Introducción

  3. Capítulo I. Los periódicos y la lectura

    1. El tema y la propuesta
    2. Los periódicos como personajes
    3. El proceso comunicativo, lo textual cultural
    4. Lo oral, lo escrito y lo impreso: hacia el periodismo como forma cultural
    5. Hacia la imaginación nacional
    1. Singularismo y singularidad americana
    2. Un nuevo universo narrativo
    3. La prensa regional y su tratamiento
  1. Capítulo II. La república instalada

    1. El Sol del Cuzco
    2. El Censor Eclesiástico Benito Laso
    3. Regreso Discreto de Vidaurre
    4. El periodista, nuevo personaje: Carlos Gallegos
  2. Capítulo III. El péndulo federal

    1. Una nueva imprenta: la Minerva ministerial y nacional
    2. Un episodio nacional en la «Minerva»
    3. Francisco Mariano de Miranda: la literatura y la nación
    4. Opinión pública: El Triunfo de la Libertad
    5. El Duende del Huatanay
    6. La Brújula de la polémica
    7. La sátira como estilo: «Cocachos y Encomiendas»
    8. Por calles, portales y plazas: El Atalaya
  3. Capítulo IV. La sedición permanente

    1. ¡Feliz Cumpleaños! El caudillo y la patria
    2. Panfletarios: el grano de la paja
    3. Milicia, política y el sueño dorado: dos militares británicos en el Cuzco
  4. Capítulo V. Experimento y fracaso: la Confederación y la ciudad

    1. La Estrella Federal: Confederación Perú-Boliviana
    2. La utopía científica y literaria: el «Museo Erudito» de José Palacios
    3. ¡Se llevan al Señor! Clausura popular de la Confederación
    4. Anselmo Centeno y la Casa de Moneda
    5. El retorno triunfal: «La Libertad Restaurada»
  5. Anexo

  6. Bibliografía citada

Prólogo

1Los capítulos que forman este libro corresponden a la segunda parte de mi tesis doctoral presentada en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. El objeto de la tesis es el proceso de formación de la identidad regional y nacional en el paso de la colonia a la república en el Cuzco y su región. Convenía separar el tema de la prensa y de la instalación republicana del de la insurgencia de la patria y de la modernidad popular en el tiempo de la revolución y el tránsito republicano, tratado en la primera parte.

2Para el estudio de la prensa, había empezado a trabajar con un conjunto de periódicos desde hacía muchos años. En la biblioteca de la universidad del Cuzco, en 1978, encontré unas antiguas colecciones de periódicos locales. Los voceros oficiales de la enmarañada época de los caudillos que mi atrevimiento juvenil imaginaba desordenada y culpable de muchos de los males de mi país: El Sol de la independencia, acartonado y solemne con Agustín Gamarra de curioso Prefecto, una suerte de demiurgo del nuevo Estado en una vieja ciudad, la más vieja de todas en los Andes. La Minerva del Gamarra presidente, editado por un gaditano capitulado, casado con una prima de la mujer de Andrés Santa Cruz, ambas descendientes del gallego oidor cuzqueño que estuvo en el centro de las disputas de la revolución de 1814. Cuzco Libre cuando cae Gamarra junto a una serie de paladines de la «libertad», de la «opinión» y de la «pacificación», en medio de la guerra civil y la confusión previa a la Confederación Perú-Boliviana, que fue el mayor ejercicio de ensayo y error del pueblo andino por adaptar sus viejas filiaciones a los nuevos vientos nacionales. La Estrella Federal para la localidad y El Eco del Protectorado para el espacio nacional cuando Santa Cruz pudo por fin llevar adelante el sueño confederal, que Gamarra también tenía. La Libertad Restaurada, cuando Gamarra derrotó a Santa Cruz y el editor podía responder la infamia de decir «Libre» al Cuzco cuando su aceituno caudillo corría de un lado a otro tratando de impedir que le arrebataran el poder, que su ciudad le ayudó a conquistar. El Restaurador y otro Sol cuando Gamarra falló en su intento de reunir nuevamente Perú y Bolivia y se instauró un nuevo autoritarismo. Y así sucesivamente.

3Muy latosos, seguro mentirosos por oficialistas y doble-intencionados, me dije. Pero su figura segura, los lomos marcados con letras de molde, el olor de vieja tinta que no come el papel, conservado cual cartón piedra en el frío de la puna, me mantuvieron atento a sus palpitaciones regionalistas, que yo comenzaba a vivir en mi estancia cuzqueña de siete años, llegado de mi universidad limeña y mi casa miraflorina de veinte y pico años. Llamaron entonces más mi atención otros de esos periódicos, más festivos y atrevidos: La Brújula, El Fiera-Bras, El Correo de Encomiendas, El Cocacho.

4Puse etiquetas numeradas a los tomos y preparé un inventario que el estudio de las haciendas de Ollantaytambo, las exigencias de la investigación en equipo y la curiosidad por la historia económica colonial, dejaron amarilleando entre los nuevos viejos papeles que, al cabo de quince años, todavía guardaba de las muchas cosas que se quedaron en el camino inigualable del aprendizaje en el campo.

5Volví una de tantas veces a la Universidad de San Antonio Abad, en 1996. Quería trabajar más sistemáticamente el siglo xix y conocer con más panorama el proceso histórico. Encontré más periódicos, el mismo día que en el Archivo Histórico vi otros tantos; ¡esos no los conocía! Recordé los «míos» y me puse a buscar los que antes había marcado con devoción juvenil. Estaban entreverados. Los puse en cajas y les pedí a las bibliotecarias que no los refundieran con otros papeles. Había que salvarlos. Pedí ayuda y con ella y mucho entusiasmo, reconstruí la mejor colección regional de prensa que conozco en el Perú por lo menos. Otra será la historia de nuestros países, y más la centralizada y centralizadora del Perú, cuando se la escriba desde esos testimonios. Eso lo leí de Basadre cuando era un estudiante y sentía que era una obligación lo que estaba haciendo.

6Con ayuda de un pequeño equipo ordenamos y catalogamos los periódicos para formar una colección que se conserva en la hemeroteca de la Universidad San Antonio Abad del Cuzco. Luego hice un estudio preliminar que dio como resultado algunos pequeños artículos que se publicaron en periódicos, revistas y folletos de difusión. Animado por las posibilidades que el material ofrecía, diseñé un estudio cultural del Cuzco en el inicio republicano, que pretendía abarcar un periodo más largo del que este libro ofrece, hasta la guerra del Pacífico en 1879. Finalmente, preferí detener el registro en 1839, cuando fracasó el experimento de la Confederación Perú-Boliviana, ya que este arco temporal ofrecía la posibilidad de pensar el surgimiento de sensibilidades que determinarían los contenidos de las identidades nacionales de estos pueblos, que fueron parte de un solo proceso histórico cultural.

7En el transcurso de este estudio conté con el apoyo de muchas personas que es preciso mencionar. En Cuzco, particularmente Jorge Polo y La Borda, entonces Director del Archivo Departamental del Cuzco. También el personal de la Biblioteca y Hemeroteca de la Universidad San Antonio Abad. Especialmente Adrián Valer. Donato Amado fue más que un asistente un buen colega y amigo que se comprometió con el programa. El profesor Dan Hazen, gracias a la sugerencia que nos hizo Herbert Klein, apoyó el proyecto de catalogación a través de una oferta de ayudas de la Harvard University.

8Difundimos también los primeros resultados en la colección de la Fundación Mapfre Tavera, gracias al apoyo de Ignacio González Casasnovas. Entre las iniciativas de la Fundación, la revista Debate y perspectivas nos ofreció luego otra tribuna para incentivar el estudio de la prensa en América Latina, donde insertamos algunos otros avances de este estudio y lo complementamos con otras inquietudes teóricas que lo enriquecieron para esta publicación. En ese trabajo compartimos responsabilidades con el Coordinador General de la revista, Luis Miguel García Mora, quien por su prolijo trabajo motivó algunas otras inquietudes académicas que se incorporan en esta oportunidad.

9En Sevilla, Juan Marchena alentó la elaboración de la tesis doctoral y colaboró en todo sentido para que se llevara adelante hasta su lectura. Los miembros del tribunal: Nicolás Sánchez Albornoz, Bernard Lavallé, Manuel González de Molina, Juan Carlos Garavaglia y Bartolomé Yun, hicieron sugerencias entre las cuales estaba separar el texto en dos partes, como efectivamente lo hago al publicar este libro.

10Desde luego, en el Instituto de Estudios Peruanos, ha sido Carlos Contreras quien patrocinó esta publicación, como parte de un programa editorial que gracias a él, mantiene los más altos índices de calidad e interés en lo que es la difícil tarea de publicar en el Perú. Espero que lo que aporte La República instalada sea una modesta muestra de las calidades de la editorial del Instituto de Estudios Peruanos, donde he trabajado varios de los años de mi carrera profesional. Igualmente, me siento orgulloso de que este libro aparezca bajo el patrocinio del Instituto Francés de Estudios Andinos, con cuyos miembros guardo estrechas relaciones de amistad y colaboración.

Introducción

1Con la escritura periódica impresa sucede algo peculiar entre las clásicas fuentes históricas. Por un lado, ha sido una de las formas escritas que más ha acompañado el surgimiento del discurso historiográfico en las sociedades modernas. No podía ser de otra manera, pues tanto los periódicos como el discurso de la historia fueron parte del mismo proceso de la modernidad burguesa. Los periódicos publicaron los primeros escritos de la historia moderna y las historias «nacionales» se comenzaron a escribir con ellos. La historiografía de cuño novecentista los tuvo en la cartera de fuentes. Luego, sin embargo, la renovación de las herramientas del conocimiento, la combinación de perspectivas múltiples, pusieron la misma noción de fuente en cuestión, junto con el discurso de la historia como ciencia de la burguesía en ascenso. De esta manera, aparecieron otras formas de acercarse al hecho histórico, al proceso y a la mentalidad, pasando algunas de las fuentes a sus cuarteles de invierno. Con los periódicos ha pasado lo contrario, han vuelto con renovado brío, hasta hacerse personajes de la nueva historia cultural. Así, en este libro consideramos al periódico mismo como un actor.

2Los nuevos estudios acerca de la cultura política y la comunicación, que buscan entender las ideas del mundo que se hace la población en un determinado momento histórico, debieran apercibir a los más susceptibles de que la prensa escrita trascendía la lectura íntima e individual, interactuando en un proceso complejo de creación de mentalidades colectivas. Así lo han hecho ver los estudios de la historia cultural europea, particularmente a partir del laboratorio infinito que fue la revolución francesa. Desde Chartier en la propia Francia, pasando por Reichardt en Alemania hasta Burke y Darnton en el mundo anglosajón, son muchos los aportes que la moderna historiografía ha hecho a este entender. Los estudios que en el mundo hispánico llevan adelante Bouza, Cátedra, De la Flor y García de Enterría, confirman, desde la época del renacimiento, el tejido cultural en el que la escritura y otras formas no escritas —como la visual y la oral— de la comunicación, trascendían lo elitista para acoderar en lo popular, de manera que las exclusiones de las que la plebe y el campesinado fueron objeto por parte de la reflexión historiográfica previa han sido replanteadas por estos estudios. De todas formas, la duda siempre asalta. Sobre esta discusión trata el primer capítulo del libro, más directamente relacionado con los temas metodológicos del tratamiento de la prensa. Tributarios de este conjunto de textos y de esta gran corriente que se ramifica en diversos espacios académicos, los estudios sobre los periódicos cuzqueños que hacemos en los siguientes capítulos muestran el diálogo establecido entre la escritura, el espacio público, las mentalidades, las nacientes y contradictorias identidades —locales, regionales, étnicas, nacionales— y la propia historia entendida como acontecer cotidiano y como discurso de la memoria. El escenario es el Cuzco republicano entre la jura de la Independencia y el fracaso de la Confederación Perú-Boliviana. Junto a los personajes de la política, los de la cultura, los escritores, muchas veces anónimos, dan vida a un mundo que tiene, como repetimos, a los propios periódicos como actores.

3Charles Walker ha revisado una interesante documentación, que prueba la importancia de las chicherías y tambos urbanos como espacios de propagación de las nuevas ideas de cambio y de las conversaciones subversivas en el Cuzco de fines de la colonia e inicios de la república. La imagen que proyecta su tesis es la de una complementación de ida y vuelta entre lo escrito y lo oral, en el inicio republicano del Cuzco. Mientras que para distintos lugares de Europa, el capítulo de un reciente libro de T. Munck1 sobre la Ilustración en «la otra Europa» es contundente al respecto. Munck se remonta a inicios del siglo xviii, evalúa el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la prensa, su interactividad con los lectores, su influencia en los movimientos sociales y su perfil tan elocuente en la era revolucionaria, que ha merecido las más importantes contribuciones al análisis de la prensa. En el caso peruano, el estudio de la coyuntura de 1822 sobre la caída de Montea-gudo, donde Tramarría, un escritor periodista incendiario, jugó papel preponderante, es lo más elocuente sobre la influencia de la campaña periodística en el comportamiento político popular, como lo muestran los trabajos de Guillermo Lohmann, de Carmen McEvoy y el más reciente de Gustavo Montoya.

4Contra la última postura de que entramos en la era de las comunicaciones, Peter Burke plantea que en realidad cada momento histórico ha sido una era de las comunicaciones. Esa transferencia de ideas, imágenes y sentimientos, termina en instituciones como los medios, pero ello ha sido parte de un proceso que ha tenido hitos en su desarrollo como la aparición de la esfera pública, cambiando junto con las formas de relación en la sociedad. De tal manera que, el estudio de la escritura periódica impresa, nos vincula con las formas escritas y orales de trasmisión de mensajes y noticias, previas y paralelas a ella, entendida como fenómeno cultural. El periodismo como medio se fue transfigurando con la sociedad y la cultura, así que nuestro estudio de su forma y contenido nos acerca a la génesis de su aparición y a la entraña misma de la cultura política de la sociedad y de sus cambios. Está largamente argumentado que esto tuvo que ver con la aparición y desarrollo de una esfera pública, a la que estuvo asociado y a la que dio un impulso revolucionario. Pero, como sostiene Burke, hay dos dimensiones dentro de esa llamada esfera pública, una temporal o coyuntural que se hace veloz en los momentos álgidos y otra estructural o permanente.

5La imagen que una vieja literatura histórica rescató en los Andes, de aquellas plazas del hablar, las rimacpampa, no es otra cosa que la que Robert Darnton nos ha retratado del «árbol de Cracovia» en el París prerrevolucionario, un espacio de chisme y de «noticias» que era frecuentado incluso por los espías del régimen, preocupados por los murmullos populares a los que los realistas en América llamaron «bullas» antes de que cuajaran los movimientos sediciosos independentistas.

6Las lecturas en voz alta y los comentarios colectivos de los periódicos que estudia Darnton, son sucesores de ese espacio del árbol de la verdad que se representó en el teatro, convirtiendo su memoria en icono. Proviniendo de la prensa, volvían a alimentar las páginas de los periódicos luego del hecho social de la lectura.2 Lo que se dice se escribe y lo escrito se dice. Las páginas de los periódicos son también una fuente del folclor y de la oralidad, una escenografía del teatro, la tribuna en la plaza pública, las paredes que oyen.

7Las novelillas y cuentos que se leían y contaban en casa o la calle como nos lo presentan las páginas culturales de la Francia revolucionaria, no son otro fenómeno que esa vieja literatura de cordel que Pedro Cátedra estudia en la España del Renacimiento, trasladada al espacio americano con el Barroco, como lo muestran los estudios de la trasmisión de la oralidad en folletería que se vendía en ferias del norte brasileño. La prolongada presencia del género en Brasil ha sido nota característica de su tradición literaria y de su cultura nacional. Pero esto se dio también, con diversos grados de conocimiento por nuestra parte, en distintos lugares de América como México, Colombia o Paraguay y fue paralelo o precedió a los libelos, los pasquines y las trascripciones de cancioncillas populares o rimas.3

8Frente a la censura: la clandestinidad. Eso se mostró otra vez en Francia, una comunicación clandestina, impresa o manuscrita. Allí corría tanto lo herético como lo pornográfico, acompañando a los impresos políticamente subversivos. Otro libro reciente firmado por Burke y Briggs4 lo reafirma. Ello trajo un proceso de desacralización que acompañó a la Ilustración, que llevaba ligada discursos disidentes. Las páginas que acometían la vida sexual de María Antonieta pudieron haber influido en el proceso revolucionario. Por otro lado, como afirma Mona Ozouf,5 hubo una transferencia de sacralidad de la iglesia al Estado.

9Hay otra relación implícita entre religión y política. La palabra propaganda viene de la evangelización o propagación de la fe. Se adaptó a la política, para propagar el patriotismo. La palabra acunaba un nuevo fenómeno, «aunque los usos de imágenes y textos para dar forma a actitudes se remontan muy atrás en la historia humana, la conciencia y la escala que animaron la campaña mediática revolucionaria constituían una cierta novedad» señala Burke.6 La implicación del pueblo fue a la vez causa y consecuencia de la implicación de los medios. Eso ocurrió, como la proliferación de la prensa periódica, también en Francia y en la Norteamérica revolucionaria.

10Razón, Ilustración y «derechos del hombre» se abrieron paso en el terreno de la opinión. La revolución fue también, de acuerdo a los recientes estudios, producto de la invención de una nueva cultura política y la construcción de una comunidad de ciudadanos. Pero estas nuevas aportaciones no descuidan que no se leía mayoritariamente y que la comunicación oral se constituyó en pilar del proceso. Lo mismo que la comunicación visual: las pinturas.

11La creación de una mentalidad republicana en la historia peruana fue un proceso mucho más complejo, imperfecto, oblicuo. Para poder entenderlo será necesario hacer estudios de casos en las ciudades y sus espacios públicos y culturales. Este es el caso del Cuzco temprano, en sus balbuceos republicanos. Los periódicos que se estudian nos darán las claves para ir abordando la idea de patria, de región, de identidad, que se fue gestando en un país que estaba por inventarse a sí mismo.

12Este es un libro de historia cultural que, mirada al trasluz, muestra sus orígenes en el Cádiz liberal del primer cuarto del siglo xix. Fue en ese hervidero de publicaciones periódicas y en las leyes que allí se dieron para permitirlas en la América hispana, donde surgió la semilla de la lectura periódica y el afán de darlo todo a la prensa que marcó el nacimiento de la cultura política en los países americanos. La materia con la que trabaja esta exploración cultural es la prensa regional de una pequeña pero simbólica ciudad de los Andes centrales, el Cuzco en el nacimiento republicano americano. Una bella colección de prensa que es analizada en sus contenidos para llegar al alma de la vida urbana de una provincia. Desde allí, pretende dar cuenta de las claves del surgimiento de una nacionalidad en el Perú moderno.

13No hubo una nación cierta, ni étnica ni culturalmente definida. Tampoco podía haber un estado, salvo los borrones que hicieron los militares liberales trasformados en caudillos políticos. Sólo lograron reconstruir pedacitos del viejo estado colonial y dotarlos de algunas novedades, entre las cuales, la prensa. Por eso el libro se llama la República instalada. Instalada en un escenario, balbuceante, destinada a perdurar sin saber su destino. El arco temporal como señalamos abarca desde la jura de la independencia hasta el fracaso de la Confederación Perú-Boliviana.

14Los capítulos se tejen entre los títulos periodísticos y los personajes que los escribieron o sobre los que se escribió. El presidente Agustín Gamarra, atará parte de su biografía a esta historia, lo mismo que su enfrentamiento con el otro gran caudillo andino, Andrés de Santa Cruz. Pero también, en la historia de la prensa cuzqueña aparecen algunos personajes que podrían parecer curiosos. Extranjeros diríamos. Pero no lo fueron, en realidad se constituyeron en fundadores. Es el caso del gaditano Francisco Mariano de Miranda o el de otro hijo de Cádiz, José Joaquín de Mora. Junto a ellos, periodistas, artistas, pensadores y políticos tan desconocidos como de importantes y apasionados aportes, desfilan en las páginas de los periódicos y gracias a esas rescatadas hojas, reconocemos la vida en las calles de esa ciudad andina donde se instalaba nuestra república y nuestra nación.

Notas

1 Thomas Munck, Historia social de la Ilustración. Barcelona: Crítica, 2001, pp. 155-190.

2 Robert Darnton, «An Early Information Society. News and the Media in Eigtheenth Century Paris». American Historical Review 105/1 (Washington 2000), pp. 1-35.

3 Madeline Sutherland, «Romances, corridos y pliegos sueltos mexicanos». En: Luis Díaz G. Viana (coord.), Palabras para el pueblo. Vol. II, La colección de pliegos del CSIC: fondos de la Imprenta Hernando. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Departamento de Antropología de España y América, 2001, pp. 245-265. Consuelo Posada Giraldo, «Literatura de cordel en España y Colombia». Estudios de Literatura Colombiana, 2 (Antioquia enero-junio 1998) pp. 93-108. La bibliografía más acabada y sistemática viene en el monográfico de ANTHROPOS, 166/167 (Barcelona 1995). María Cruz García de Enterría (coord.), «Literatura popular. Conceptos, argumentos y temas».

4 Asa Briggs y Peter Burke. De Gutemberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus, 2002.

5 En su libro La fête Revolutionnaire 1789-1799 citado por Burke, Ibíd., p. 118.

6 Ibíd., p. 119.

Capítulo I. Los periódicos y la lectura

1En el viejo espacio cultural que se había formado en los Andes con la administración colonial hispana hubo una recreación republicana de la ciudad y de los vínculos de ésta con su región. Los viejos circuitos culturales, mercantiles y migratorios que habían vivido al compás de la situación colonial, de la economía minera, de los mercados subyugados, de la preponderancia de Lima y de las redes de poder de las familias aristocráticas de terratenientes, comerciantes y funcionarios coloniales, fueron perdiendo poco a poco su viabilidad. Pero a la vez no había una realidad de recambio. Hubo de crearse. Fue desde la ciudad, centro simbólico y de poder, que se fueron dando los pasos de ese cambio republicano. Cambiarían la ciudad, sus habitantes, sus redes de relaciones, sus mecanismos de control político, los circuitos de generación de riqueza o de apropiación de los saldos de la pobreza. Un nuevo orden de cosas, desde lo más cotidiano hasta los mecanismos del ejercicio del poder y los personajes que se lo disputarían, todo debía ser diseñado, puesto a prueba y sobrevivir: estado, sociedad, cultura.

2Fue en los espacios públicos y en el poder representativo del pueblo donde se dio ese proceso. En ese escenario, la prensa sería el vehículo primordial de comunicación, seducción, imposición y educación. Sobre periódicos, bandos, libelos y carteles se edificaban un sentir y una manera de expresión que daban signos de la construcción de la nación y de las identidades colectivas que la acompañarían. Un discurso y una lucha cotidiana se entretejían en las páginas de esos periódicos que nos sirven de puerta de entrada al mundo andino del siglo xix republicano.

El tema y la propuesta

3Estas páginas de la historia del Cuzco republicano parten de la prensa regional como fuente para el conocimiento del proceso de gestación de las distintas formas del discurso republicano y nacional en el Cuzco, punto político y geográfico crucial del nuevo Perú. Identificamos las imágenes de país que afloran en la prensa regional, los debates respecto al destino nacional y, dentro de éste, el de la región que el Cuzco administraba y encarnaba. Esos debates se traslucen en notas de naturaleza preceptiva que tenían que ver con la vida cotidiana, hasta el nivel elemental y determinante del rol de los miembros de la sociedad en ese proceso de acuerdo al género al que pertenecían.

4La política nacional fue vivida y creada desde las regiones y sus ciudades. Ciudades que vieron cambiar lentamente su naturaleza colonial por una balbuceante cara republicana, con una ideología republicanista, patriótica y ciudadana. El control y la naturaleza del estado y del poder requerían de la inclinación de esas ciudades por los partidos, tendencias y caudillos que lo detentaban. La política nacional no se hizo sólo desde la capital o desde algún centro de emergencia política circunstancial, se construyó día a día en los escenarios urbanos de la nueva cara republicana del país.

5En ese día a día, la renovación de las instituciones, del mercado, de las representaciones colectivas, de los gustos y las costumbres, conjugó la vida cotidiana, lo privado, con la emergencia de lo nacional y lo público. La renovación estuvo marcada por un discurso, preceptivo las más de las veces, que buscaba disciplinar la vida cotidiana en función de un ideario republicano. Así, junto con la interpretación de los grandes temas de la política nacional, los asuntos más directamente involucrados con el destino personal de los habitantes, tuvieron también una naturaleza política y pública. La familia, los roles de género, la asistencia pública, la educación, la urbanidad, los espectáculos, por último, pero no por ello al final, la literatura y la historia ocuparon un lugar preponderante en el debate político.

6Desde hace mucho, historiadores y cronistas han señalado que poco conocemos de la historia nacional al no incorporar en ella la vida de los hombres y mujeres que habitaron las principales ciudades de su territorio. Las ciudades andinas, en la costa y la sierra, fueron los escenarios del nacimiento de la república, con sus posibilidades y limitaciones. No tanto lo que se conoce —aunque limitadamente también— de lo ocurrido en la capital, sino lo que acontecía, muchas veces como eco, pero en otras tantas como voz y grito propio, en las ciudades del interior. En ellas se procesaron las formas a través de las cuales las personas desarrollaron sus sentimientos de pertenencia a la nación, sus percepciones de lo que era el sistema político republicano, los ideales liberales y laicizantes, el espíritu de ilustración y de cultura, los imperfectos albores de la ciudadanía. Crearon una visión de ellos mismos como parte de una patria y de un ideal patriótico. Hicieron todo eso, magna tarea colectiva, mientras que, a la vez, replanteaban sus papeles en las interacciones cotidianas, la naturaleza de sus hogares, sus relaciones de género, su percepción del «otro cultural», los derechos a la educación y las características de ésta.

7Por ejemplo, en esta línea de argumento, Franklin Pease nos hablaba sobre el centralismo en el inicio republicano y la importancia del Cuzco por entonces, cuando tuvo la posibilidad de ser capital o se dijo que pudo serla.1 Justamente, Pease reclamaba que se requiere todavía mucha investigación sobre Cuzco luego de la Independencia, como se necesita también hacer una historia de la vida de las ciudades del interior. Idea que largamente sustentó Jorge Basadre, quien, habiendo incorporado mucho de esas historias locales en su Historia de la República, sabía que era todavía un campo inexplorado el de las ciudades y sus historias dentro del contexto nacional.

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