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La Pedagogía Iniciática

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“Se puede comparar el ser humano con un reino cuyos habitantes son sus propias células, y cuyo rey es él mismo. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos se trata de un rey destronado, porque ha sido derribado por su propio pueblo, al que no ha sabido gobernar y educar sabiamente. Mientras estaba en el poder, se abandonaba tranquilamente a toda clase de actividades inútiles, y hasta criminales, y quizá los que le rodeaban no se daban cuenta de nada, y hasta le admiraban... Pero sus propias células, en cambio, le espiaban, porque no podía esconderse de ellas, y, un día, decidieron derribar a este soberano que no cesaba de permitirse actos reprensibles.

Antes de lanzarse a educar a los demás, cada uno debe ser el pedagogo de sus propias células. Porque tenemos que asumir que un pueblo al que su rey no da un buen ejemplo, acaba imitándole, y lo destrona. Mientras que si el rey da un ejemplo de bondad, de nobleza, de honestidad, sus células, que lo imitan también, hacen todo lo que pueden para sostenerle: se vuelven tan obedientes, tan radiantes, que esta radiación llega a manifestarse incluso en el exterior. Y son esta luz, estas emanaciones, las que actúan sobre los humanos, sobre los animales, y hasta sobre la vegetación, para influenciarlos... Ésta es la verdadera pedagogía.”

Omraam Mikhaël Aïvanhov


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Índice
”LA PEDAGOGÍA INICIÁTICA” * Omraam Mikhaël Aïvanhov I - ¡Hay que instruir primero a los padres! II - La educación subconsciente de los niños III - Educación e instrucción - El poder del ejemplo IV - Preparar el futuro de la juventud V - El aprendizaje de las leyes VI - El niño y el adulto VII - El papel de un Maestro VIII - La imitación como factor de la educación IX - Cómo considerar a nuestro Maestro X - Los métodos de un Maestro XI - El trabajo en la Escuela iniciática
Omraam Mikhaël Aïvanhov
”LA PEDAGOGÍA INICIÁTICA” *
Obras Completas - Tomo 27
ISBN EBOOK: 978-2-8184-0236-8
© Copyright 2005 reservado a Éditions Prosveta S.A. para todos los países. Prohibida cualquier reproducción, adaptación, representación o edición sin la autorización del autor y del editor. Tampoco está permitida la repro ducción de copias individuales, audio-visuales o e cualquier otro tipo sin la debid a autorización del autor y del editor (Ley del 11 de Marzo de 1957, revisada).
Éditions Prosveta S.A. - B. P. 12 - 83601 Fréjus Ce dex (France)
www.prosveta.com
international@prosveta.com
Al ser la enseñanza del Maestro Omraam Mikhaël Aïva nhov una enseñanza estrictamente oral, sus obras han sido redactadas a partir de conferencias improvisadas, taquigrafiadas o grabadas en cintas m agnéticas.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
I ¡Hay que instruir primero a los padres!
Lectura del pensamiento del día:
I
“Para mejorar todo en vuestra existencia, para reno varlo todo, resucitarlo todo y caminar hacia la inmensidad, debéis consagraros a l a idea de la colectividad. Y no me objetéis que tenéis una familia y unos hijos que os impiden hacerlo. Es justo lo contrario, la idea de hacer un trabajo para la cole ctividad es la que os ayudará a educar a vuestros hijos: ellos os admirarán y os se guirán, porque seréis un modelo para ellos.
A menudo los padres se sienten mal porque sus hijos , inconscientemente, les reprochan haberles educado de una manera demasiado mezquina, no haberles mostrado el camino de la grandeza, de la luz; sólo pensaron en mejorar el confort material de sus hijos, sin hacer nada para desarrol lar su espíritu, que se ahoga y se rebela. Los padres no son, evidentemente, los único s culpables, pero tienen una gran parte de responsabilidad.
Cambiad, pues, vuestro punto de vista, consagraos a este trabajo colectivo y todo se arreglará en vuestra vida. Los seres tienen nece sidad de un alimento espiritual, y sólo os apreciarán en la medida en que seáis capace s de dárselo.”
Muchos de vosotros se preguntan por qué, siendo ped agogo, os he hablado muy poco de la educación de los hijos. Todos los pedago gos se ocupan de los niños, y yo soy una excepción. ¿Por qué? Porque pienso que hay que empezar por instruir a los padres.
Yo no creo en ninguna teoría pedagógica, creo solam ente en el valor del ejemplo. Por eso nunca he querido hablar demasiado sobre la educación de los hijos. Si los padres no hacen nada para mejorarse a sí mismos, ¿c ómo harán para mejorar a sus hijos? Se les habla a los padres de la educación de sus hijos como si ellos mismos ya estuviesen preparados. Como ya es un hecho que ya tienen hijos, se considera que ya están preparados. No, no lo están, y es a ellos a q uienes hay que educar primero, a quienes hay que enseñar cómo deben conducirse para que su ejemplo se refleje después en sus hijos. Sí, pero, como no conocen mi programa, me critican: “¿Pedagogo? ¡Qué va! No es pedagogo, ¡nunca habla d e la educación de los niños!” Es porque no han visto cómo trabajo yo. Por otra pa rte, os lo aseguro, mientras los padres no estén a punto, por mucho que se les den l as mejores explicaciones pedagógicas, éstas no servirán de nada; al querer a plicar estas nociones sin haberlas comprendido, harán mucho daño a sus hijos.
Todos quieren tener hijos, sin preocuparse de saber si verdaderamente cumplen las condiciones necesarias para ello. ¿Tienen buena sal ud? ¿Tienen medios materiales? Y, sobre todo, ¿tienen las cualidades necesarias pa ra poder ser un ejemplo para sus hijos, una seguridad, un apoyo en todas las circuns tancias de la vida? No piensan en todo eso. Traen hijos al mundo y estos hijos crecerán solos, espabilarán solos, trabajarán y, un día, traerán a su vez hijos al mun do en las mismas condiciones deplorables que han conocido sus padres.
Siempre me ha asombrado ver a tantos chicos y chica s que piensan en casarse sin prepararse para su futuro papel de padres y madres. Ante ciertas chicas jóvenes encinta, uno piensa… ¡una niña que lleva a otro niñ o! Se les ve en la cara: son niñas. ¿Qué queréis entonces que resulte? Es preferible no traer hijos al mundo hasta que no estén preparados, porque, si no, os lo aseguro, lo pagarán muy caro. Si tantos padres son desgraciados y están preocupados a causa de sus hijos es porque ellos mismos no estaban a punto cuando los trajeron al mundo. Qu e se preparen, y luego estos hijos les darán de todo, riqueza, gozo, y estarán orgullo sos.
Diréis: “Prepararse… ¿Pero cómo prepararse?” Prepararse es tener unos pensamientos, unos sentimientos, una actitud, que a traigan a la familia a genios y divinidades. No es por casualidad si tal o cual niñ o nace en una familia determinada. Consciente o inconscientemente – la mayoría de las veces inconscientemente – son los padres quienes lo han atraído. Por eso los padres deben llamar conscientemente a seres excepcionales, porque pueden elegir a sus hij os. Sí, esto es algo que la mayoría 1 de la gente no sabe.
Hay que revisar todo, pues, desde el principio, y e l principio es la concepción de los hijos. Los padres no piensan que deben prepararse a ntes de la concepción, durante meses, años, ¡y conciben un hijo una noche, después de una cena copiosamente regada! Éste es el momento que escogen, ¡si es que se puede decir que lo han “escogido”! Podían haber decidido esperar a un mome nto de paz, de lucidez, un momento en el que hubiese entre ellos una gran armo nía. Pero no, esperan a estar excitados por el alcohol, fuera de sus cabales, ¡y en este estado magnífico conciben un hijo! ¿Pero qué elementos creéis que introducen en él? Un niño que viene al mundo cargado con semejantes elementos no puede ser otra cosa que la primera víctima de sus propios padres. Así que, ¿a quién hay que instruir ahora? Yo os digo que no es a los hijos, sino a los padres.
Una vez que los padres hayan comprendido lo esencia l que deben comprender para estar a la altura de su tarea, os aseguro que sabrá n cómo deben conducirse con sus hijos. Y lo esencial que deben comprender es lo que os hablo todos los días en mis conferencias. Primero hay que educar a los padres, y después será muy fácil con los hijos, porque los niños son muy flexibles, muy male ables, y todo lo que hacen los padres se refleja en ellos. Por eso, el primer cons ejo que les doy a los padres es que presten atención a sus pensamientos, a sus sentimie ntos, a sus actos.
En este pensamiento os decía que los padres deben p ensar, ante todo, en despertar el espíritu en sus hijos y dejar el confort, el bie nestar, en segundo lugar. Despertar el espíritu en los hijos es darles el ejemplo de una v erdadera vida espiritual. No basta
con enviar al niño a la escuela, aunque sea la mejo r. Si, en casa, los padres no cesan de dar al niño el espectáculo de sus disputas, de s us mentiras, de sus deshonestidades, ¿cómo pueden imaginarse que van a educarlo? Se ha observado que un bebé puede caer enfermo y manifestar trastornos nerviosos como consecuencia de las disputas entre sus padres: aunq ue no las haya presenciado, estas disputas crean a su alrededor una atmósfera d e desarmonía que él siente, porque todavía está muy unido a sus padres. El bebé no es consciente de ello, pero su cuerpo etérico recibe los choques.
Los padres deben tomar conciencia, pues, de la resp onsabilidad enorme que tienen con respecto a sus hijos y estar vigilantes. Puesto que han invitado a almas y a espíritus a que vinieran a encarnarse junto a ellos , tienen el deber de ser modelos. Todavía no son suficientemente conscientes de esta responsabilidad que tienen de ofrecer, de presentar y de mantener una imagen idea l ante los ojos de sus hijos. Porque éstos, instintivamente, inconscientemente, l o observan y graban todo, y un día serán el reflejo del comportamiento de sus padres. Los adultos no tienen derecho a invitar a espíritus a que vengan a encarnarse si el los mismos no están a la altura de su tarea. ¡Cuántos padres ignorantes se están preparan do deudas enormes, porque creyeron que bastaba con traer hijos al mundo, sin preocuparse de las condiciones en las que crecerían! Pero todos encuentran esto norma l: hay que hacer venir a los hijos, les alimentarán, les albergarán, les pegarán, y eso es todo. Estos padres no han aprendido nada, no han comprendido nada, transgrede n muchas leyes y se preparan 2 un futuro deplorable.
Veo a algunos padres conducirse de una forma tan in verosímil que no puedo dejar de preguntarles: “Pero, bueno, ¿es que amáis a vues tros hijos?” Están indignados: “¿Cómo? ¿Que si amamos a nuestros hijos? ¡Evidentem ente que les amamos! – Pues bien, yo no lo creo, porque, si les amaseis cambiaríais de actitud, empezaríais a corregir en vosotros ciertas debilidades que se reflejan muy negativamente en ellos. Pero no hacéis ningún esfuerzo, ¿es esto vuestro am or?”
Quiero hacer comprender a los padres que no deben traer hijos al mundo sólo para dar salida a este instinto atávico de procreación. Este instinto existe, claro, pero debe ser comprendido de manera más espiritual; el pensam iento, el alma, el espíritu, deben participar en este acto para que el niño sea conectado con un mundo superior. En la mayoría de los casos los humanos se contentan con l a bestialidad: comen, beben, procrean como los animales, no hay nada espiritual en sus actos. El amor, eso no tiene ninguna importancia y puede ser reemplazado p or lo mecánico, porque lo que cuenta es el placer. Son dos aparatos, dos máquinas que se abrazan, y no hay ningún sentimiento. El alma se va, el amor se va, y esto e s muy grave.
¿Queréis que me ocupe de los niños? No, primero me ocupo de vosotros, y, al ocuparme de vosotros, indirectamente me ocupo de lo s hijos que ya tenéis y de los que un día tendréis.
II
Bonfin, 5 de septiembre de 1978
Se están produciendo en la sociedad algunos cambios que no siempre son favorables para la educación de los hijos. Por ejem plo, cada vez es más frecuente que la mujer trabaje; quieren sentirse tan independientes como los hombres, y, como el trabajo les da cierta independencia, quieren ejerce r una profesión. Pero esta profesión les obliga a descuidar a sus hijos que, a menudo, c uando vuelven de la escuela no encuentran a nadie en casa: ¡sus padres y sus madre s están trabajando! Y entonces los niños se las arreglan como pueden… y se las arreglan muy bien, haciendo tonterías, lejos de sus padres, a quienes, por otra parte, ¡sienten, cada vez más, como extraños!
No digo que las madres no deban trabajar, pero cons tato solamente las repercusiones de estas nuevas costumbres en la educ ación de los hijos. En mi condición de pedagogo, me veo obligado a ver todas estas repercusiones. No doy ningún consejo, cada uno tiene que resolver persona lmente su problema, pero pienso que para los niños nada puede reemplazar la presenc ia de una madre en la casa, siempre que esté verdaderamente presente, claro, y que sepa llevar a cabo su verdadero papel de educadora.
Diréis: “Sí, pero estos cambios de mentalidad son d ebidos también a la industrialización, al progreso técnico.” Evidenteme nte, siempre se echa la culpa a los factores externos. Pero no era obligatorio que el p rogreso técnico llevase al hombre a una situación catastrófica. Son los humanos mismos los que, debido a su ignorancia, a su egoísmo, a sus apetitos, se han puesto en esta s ituación. Siempre acusan a las condiciones, pero ¿quiénes las han creado? No han c aído del cielo. El progreso técnico era una cosa buena, ¿por qué la humanidad s e las ha arreglado de forma tal que esté causando su ruina?
En todo caso nada justifica que, con el pretexto de estar ocupados, los padres dejen a sus hijos solos, o se los confíen a otros: a la m ujer de limpieza, a la vecina, etc. ¿Por qué han traído al mundo a estos hijos? Si no van a ocuparse de ellos hubiera sido mejor dejarles donde estaban. Estos padres recibirá n lecciones y serán sus propios hijos los que se las den, los que les harán sufrir. Puesto que les han llamado a la Tierra, que les han dado su cuerpo, deben ocuparse de ellos y no descargarse en otras personas. ¡Sólo Dios sabe las tonterías, y ha sta porquerías, que estas personas pueden inculcarles!… no entraré en los detalles. ¡Qué inconscientes son los padres! En vez de dar de mamar a su hijo, la madre se lo da a cualquier mujer que tenga mucha leche, sin preocuparse de las enfermedades o los vicios que ésta comunicará al niño a través de su leche. Porque el niño recibe , a través de la leche, algo del carácter de la mujer que lo alimenta. Por eso es im portante que sea su madre la que lo alimente. Y si, en ese momento, le da mucho amor, e l hijo nunca la abandonará, ni la hará sufrir, simplemente porque la madre lo habrá a limentado con mucho amor.
Considerad ahora un punto muy interesante. Antes de l nacimiento, la madre alimenta al hijo con su sangre; después, una vez na cido, lo alimenta con su leche. Simbólicamente, la sangre, que es roja, representa la vida, la fuerza, la actividad. Y la leche, que es blanca, representa la paz, la pureza; es un principio de armonía que 3 viene a equilibrar las tendencias puramente biológi cas representadas por la sangre. Por eso, todos los niños que no han sido alimentado s con la leche de su propia madre no pueden manifestarse idealmente, más tarde. La le che de las otras mujeres, o la de
los animales, no contiene, para el niño, los mismos elementos que la de la madre. La madre que alimenta a su hijo le da, a través de la leche, este amor y esta ternura que tanto necesita éste para desarrollarse. Por eso, cu ando está irritada o mal dispuesta no debe alimentar al niño, porque estos estados neg ativos envenenan la leche, y el niño recibe entonces unos elementos que pueden hace rle enfermar física y psíquicamente. Las madres deben estar muy atentas y prepararse siempre para dar de mamar a sus hijos en el mejor estado posible.
Muchas madres, por razones estéticas, frívolas, le dan al niño el biberón, o encargan a otra persona que lo haga. Mientras tanto ellas se van a bailar, o asisten a veladas y a reuniones, y encuentran más divertido reservar sus pechos para sus maridos o sus amantes, ¡porque parece que dar de ma mar estropea los pechos!… ¡Cuántas desviaciones y desórdenes se ven ahora en este dominio! Por eso, cada vez más, los hijos consideran a sus padres como extraño s y se alejan de ellos: porque no han sido alimentados por el amor, por la leche de s us madres. Creedme, no invento nada, estos hechos han sido verificados.
Cuando la madre alimenta a su hijo debe hacerlo con scientemente, pensando en él, hablándole, para darle una parte de su corazón, de su alma, de su quintaesencia. Un niño alimentado de esta manera amará a su madre ete rnamente; aunque sea ignorante, aunque no sea bella, la adorará. El hijo debe ser concebido en el amor y alimentado con el amor. ¡Ah!, las madres no tienen todavía una conciencia suficientemente amplia e impersonal, no se dan cuen ta de la importancia de su misión de educadoras. Nadie se ocupa de la verdadera pedag ogía, y por eso actualmente todo va a la deriva.
Mirad en qué se convierten todos estos niños que ha n sido abandonados a otros, y que no han tenido el amor de su padre y de su madre . En Estados Unidos hay muchos por ahí, en las calles, esperando que alguien les p roponga acostarse con ellos, por dinero. Centenares de niños de ocho, diez, doce año s, se dedican ahora a la prostitución callejera… Antes, lo hacían, sobre tod o, chicas, pero ahora lo hacen también chicos muy jovencitos. Y cuando les preguntan: “¿Por qué buscáis a estos hombres? – Porque son amables con nosotros. No es tanto por dinero. Pero nos dan cariño, mientras que nuestros padres nos han golpea do, nos han echado, nos han abandonado.” ¡Claro que tienen necesidad de amor lo s niños! ¿y si empezase a suceder lo mismo en Francia?… Pero seguramente suce derá, porque todo lo que hacen en América acaba llegando a Francia, un día u otro.
¡Ocupaos de vuestros hijos! Ya sé que, actualmente, muchos padres encuentran que la educación es inútil; piensan que hay que dej ar que los hijos se desarrollen solos, sin intervención exterior, porque, con esta libertad, todas las cualidades aparecerán naturalmente. ¡Qué error! En cada niño d ormitan el cielo y el infierno, y el futuro del niño depende de las tendencias que sus p adres van a tratar de despertar y desarrollar en él. Un día os di un ejemplo: tomad l a chica más pura, la más inocente, la mejor educada; parece incapaz de hacer la menor ton tería, pero, si se le excita, si se le pone en ciertas condiciones que despiertan su se xualidad, ¡estaréis asombrados al ver lo que es capaz de hacer esta criatura angélica ! Todas las personas son capaces de hacer todo el bien y todo el mal, depende de las condiciones en las que les pongáis, de las tendencias que despertéis en ellas.
4 La naturaleza humana tiene dos lados, dos caras, un a celestial y otra infernal, y los