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Una educación que comienza antes del nacimiento

De
161 pages

«Para la mayoría de los hombres y de las mujeres que se preparan para ser padres y madres, la constitución de su hijo (su carácter, su facultades, sus cualidades, sus defectos) depende del azar...o de la voluntad de Dios, del que no tienen una idea muy precisa. Como han oído hablar algo de las leyes hereditarias, suponen que este hijo se parecerá física y moralmente a sus padres, a sus abuelos, a un tío o a una tía. Pero no piensan que pueden hacer algo para favorecer o impedir este parecido y, de una manera general, contribuir al buen desarrollo de su hijo tanto en el plano físico como en el psíquico o espiritual. Pues bien, es ahí donde se equivocan. Los padres pueden influir favorablemente en el niño que va a encarnarse en su familia».

Omraam Mikhaël Aïvanhov


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CONTENIDO
Una educación que comienza antes del nacimiento Omraam Mikhaël Aïvanhov I - ENSEÑAR A LOS PADRES PRIMERO II - UNA EDUCACIÓN QUE COMIENZA ANTES DEL NACIMIENTO III - UN PLAN PARA EL FUTURO DE LA HUMANIDAD IV - ¡OCUPAOS DE VUESTROS HIJOS! V - UNA NUEVA COMPRENSIÓN DEL AMOR MATERNAL VI - LA PALABRA MÁGICA VII - NUNCA DEJAR A UN NIÑO INACTIVO VIII - PREPARAR A LOS NIÑOS PARA SU FUTURA VIDA DE ADULTOS IX - PRESERVAR EN EL NIÑO EL SENTIDO DE LO MARAVILLOSO X - UN AMOR SIN DEBILIDAD XI - EDUCACIÓN E INSTRUCCIÓN
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Una educación que comienza antes del nacimiento
"Editado en Colombia"
1ª edición
Colección Izvor N° 203
EDICIONES PROSVETA
Traducción del francés Título original: UNE ÉDUCATION QUI COMMENCE AVANT LA NAISSANCE
© Copyright 2009 reservado a Éditions Prosveta S.A. para todos los países. Prohibida cualquier reproducción, adaptación, representación, edición, copias individuales, audio-visuales o de cualquier otro tipo sin la auto rización del autor y del editor.
Éditions Prosveta S.A. – B. P. 12 – 83601 Fréjus Ce dex (France)
ISBN 978-958-98488-3-8
Edición original: ISBN 2-85566-174-9
1ª edición en español: ISBN 2-85566-203-6
ISBN EBOOK: 978-2-8184-0232-0
También disponible en versión impresa
www.prosveta.com
international@prosveta.com
El lector comprenderá mejor ciertos aspectos de los textos del Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov, presentados en este volumen, si tiene en cuenta que se trata de una Enseñanza estrictamente oral.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
I ENSEÑAR A LOS PADRES PRIMERO
Puede ser que algunos de vosotros se pregunten por qué casi nunca trato de la educación de los niños a pesar de mi condición de p edagogo. Todos los pedagogos se ocupan de los niños, pero yo no; soy la excepción. ¿Por qué? Porque pienso que es necesario comenzar por enseñarles a los padres.
No creo en ninguna teoría pedagógica; solamente cre o en la manera de vivir de los padres antes y después del nacimiento de los hijos. He ahí por qué nunca he querido hablar mucho sobre la educación de los niños. Si lo s padres no hacen nada por educarse ellos mismos, ¿cómo van a educar a sus hij os? A los padres se les habla de la educación de sus hijos como si verdaderamente es tuvieran preparados para ello; desde el momento en que tienen hijos, se considera que están preparados. No, muy a menudo, no lo están, y es a ellos a quienes hay que instruir y a quienes hay que enseñar cómo conducirse para que influyan favorable mente en sus hijos.
Pero como no conocen mi programa, me critican: «¿Pe dagogo? ¡Pff! ¡Cómo va a serlo si nunca habla de la educación de los niños!» En realidad, todavía no han comprendido mi punto de vista. Mientras los padres no estén preparados, por más que se les den las mejores explicaciones pedagógicas, n o servirá de nada, incluso harán mucho daño a sus hijos al querer aplicar nociones q ue no han comprendido.
¡Cuántas personas que quieren tener hijos no se pre ocupan por saber si verdaderamente reúnen las condiciones para ello: si tienen buena salud y medios materiales para educarlos y, sobre todo, si poseen las cualidades necesarias con el fin de ser para sus hijos un ejemplo, una seguridad y u n consuelo en todas las circunstancias de la vida! No lo piensan. Traen hij os al mundo y estos hijos crecerán solos, a la buena de Dios, se desenvolverán como pu edan y un día tendrán hijos en condiciones tan deplorables como las de sus padres.
Siempre me sorprendo al ver tantos chicos y chicas que desean casarse sin pensar en prepararse para su futura función de padres y ma dres. A veces, cuando me encuentro a una chica encinta, verdaderamente me di go... ¡Una niña que lleva en su seno un niño! Se ve en su cara: es una niña. Entonc es, ¿qué ocurrirá? Es preferible no tener hijos mientras uno no esté preparado, de lo c ontrario, os lo aseguro, se paga muy caro.
Diréis: «Prepararse... pero ¿cómo?» Prepararse sign ifica tener pensamientos, sentimientos y una actitud que atraigan seres excep cionales hacia una determinada familia. La Ciencia iniciática enseña que no es por azar el que tal o cual niño nazca en una familia: consciente o inconscientemente (lo más a menudo inconscientemente), son los padres los que lo atraen. Es por eso que lo s padres deben llamar conscientemente a los genios, a las divinidades, po rque ellos pueden escoger a sus hijos: esto es algo que la mayoría no sabe.
Así pues, es necesario revisar todo desde el princi pio, y el principio es la concepción de los hijos. Los padres no piensan que deben prepararse durante meses
y años como para un acto sagrado. Frecuentemente, e s en una noche de desenfreno, después de haber comido y bebido abundantemente, cu ando conciben un hijo. ¡Ese es el momento que escogen, si se puede decir que lo «e scogen»! Podrían esperar a tener un momento de paz, de lucidez, un momento en el que reinara una gran armonía entre ellos, pero no: esperan a estar excitados por el al cohol y a no saber ni dónde están, y ¡en ese magnífico estado conciben un hijo! Pero ¿qu é elementos creéis que introducen en él? Un hijo que viene al mundo cargado de semeja ntes elementos no puede ser otra cosa que la primera víctima de sus propios pad res. Entonces, ¿a quién hay que educar? Yo os digo que no es a los niños, sino a lo s padres.
Si en la casa los padres no dejan de dar a sus hijo s el triste espectáculo de sus disputas, de sus mentiras, de su falta de honestida d, ¿cómo se imaginan que van a educarlos? Se ha comprobado que un bebé puede enfermarse y manifestar perturbaciones nerviosas a consecuencia de las disp utas entre sus padres: aunque no esté presente, estas disputas crean a su alrededor una atmósfera de desarmonía que el niño siente, porque está todavía muy unido a sus padres. El bebé no es consciente, pero a pesar de ello es muy receptivo, su cuerpo etérico es el que recibe los choques.
Los padres deben tomar consciencia de sus responsab ilidades. No tienen derecho a invitar espíritus para que se encarnen si son incap aces de mostrarse a la altura de su tarea. Veo que algunos se conducen de una manera ta n inverosímil que no puedo evitar preguntarles: «Pero veamos: ¿amáis verdadera mente a vuestros hijos?» Se indignan: «¿Cómo? ¿Que si amamos a nuestros hijos? ¡Naturalmente, amamos a nuestros hijos! —Pues bien, no lo creo, porque si l os amaráis, cambiaríais de actitud, comenzaríais por corregir en vosotros ciertas debil idades que se reflejan de forma muy negativa en ellos. No hacéis ningún esfuerzo. ¿Es e se vuestro amor?»
Aunque sé que el porvenir de la Fraternidad está en los niños, es de los padres de quienes me ocupo: quiero hacerles comprender que no deben traer niños al mundo sólo por satisfacer el instinto atávico de procrear. Por supuesto, este instinto existe, pero debe ser comprendido de manera más espiritual. Es necesario que el pensamiento, el alma y el espíritu participen en es e acto para que el niño esté unido a un mundo superior. En la mayoría de los casos, los humanos se satisfacen en la bestialidad: comen, beben y procrean como los anima les, no hay nada espiritual en sus actos. El amor no tiene ninguna importancia, es el placer lo que cuenta, y por ese placer de algunos minutos pagarán durante toda una vida y se lo harán pagar también a sus hijos.
¿Queréis que me ocupe de los niños? Pues no, primero me ocupo de vosotros y al ocuparme de vosotros, indirectamente me ocupo de lo s hijos que ya tenéis y de los que tendréis más tarde.
II UNA EDUCACIÓN QUE COMIENZA ANTES DEL NACIMIENTO
Cuando quieren un hijo, los humanos, en su gran may oría, se imaginan que sus poderes se limitan a realizar físicamente lo que ha ce falta para ello, y que todo el resto: la constitución del niño, su carácter, sus facultades, sus cualidades y sus defectos dependen del azar o de la voluntad de Dios , del que no tienen una idea muy precisa. Como han oído hablar de las leyes heredita rias, suponen que ese hijo se parecerá física y moralmente a sus padres, a sus ab uelos, a un tío o a una tía. Pero no piensan que está en sus manos el favorecer o el imp edir ese parecido, y que de una manera general pueden escoger lo que será el niño. Pues bien, es ahí donde se equivocan: los padres pueden influir sobre el hijo que viene a encarnarse en su familia.
Pero antes de la concepción, los padres ya deben prepararse para poder atraer un espíritu sublime, porque una entidad superior sólo puede aceptar encarnarse en seres que ya han llegado a un cierto grado de pureza y de autocontrol. Para este tipo de entidades no es importante entrar en una familia ri ca o célebre; incluso, algunas veces, prefieren familias modestas donde no puedan ser ten tadas por la vida fácil. Lo que necesitan recibir de los padres en los cuales van a encarnarse es una herencia que no obstaculice el trabajo espiritual por el que han de cidido venir a la Tierra. Muy pocos hombres y mujeres presentan las cualidades necesari as para que se encarnen grandes espíritus, y por esta causa la Tierra está poblada de tanta gente ordinaria, de enfermos y de criminales, en lugar de estar poblada de divinidades.
La Enseñanza de la Fraternidad Blanca Universal ind ica al hombre y a la mujer cómo prepararse para alcanzar un grado de pureza y un estado de espíritu óptimos para concebir un hijo, incluso para escoger el mome nto de la concepción según las mejores influencias planetarias. ¿Cómo han podido d escender tan bajo los humanos, dejando al azar un acontecimiento tan importante co mo la concepción de un hijo? Es en ese momento cuando es necesario pedir la ayuda d el Cielo, la presencia de los Ángeles para poder atraer un espíritu poderoso, un espíritu luminoso que sea un bienhechor de la humanidad. En lugar de hacerlo así, piden ayuda al alcohol o yo no sé a qué, e incluso, a menudo, en ese momento el ho mbre se comporta como un animal: violenta a su mujer, la cual comienza a ali mentar hacia él sentimientos de desprecio, de repugnancia y de venganza… ¿Por qué e xtrañarse después si aparece un monstruo?
Pero veamos con más detalle esta cuestión de la con cepción.
Para que un niño venga al mundo, es necesario que e l padre dé el germen a la madre y que la madre lo haga madurar. Por consiguie nte, se puede decir que el padre es creador y que la madre es formadora. El germen q ue da el padre es un resumen, una condensación de su propia quintaesencia. Todo l o que ha vivido, todo lo que vive se expresa ahí, en el germen. Por lo tanto, según s u manera de vivir, el padre da un
germen de más o menos buena calidad.
A menudo, os he explicado que toda nuestra manera d e vivir se inscribe y se graba en nosotros, en los cromosomas de nuestras células. Cada célula posee una memoria. No sirve de nada hacer la comedia delante de los de más mostrándose amable, honesto y caritativo: es lo que pensamos, lo que se ntimos en nuestro fuero interior lo que se graba y se transmite en herencia, de generac ión en generación. Y si son enfermedades o vicios los que se han grabado, id a buscar profesores, escuelas y médicos para curar al niño: una vez transmitidos, n o hay nada que hacer, es demasiado tarde. Todo se transmite; y si no se mani fiesta en el primer hijo, se manifestará en el segundo o en el tercero. Hay que comprender que la naturaleza es fiel y verídica.
Así pues, es un error creer que lo que el hombre le da a la mujer en el momento de la concepción es siempre de la misma naturaleza. Si un hombre no ha trabajado nunca sobre sí mismo para ennoblecerse y purificarse, le dará a la madre el germen de un ser muy ordinario o incluso el de un criminal.
Tomemos un ejemplo. Posiblemente no lo encontraréis muy poético, pero al menos resulta claro: la función de un grifo es dar agua, y el agua puede salir turbia o cristalina. Aquel que conserva continuamente dentro de sí mismo malos pensamientos, malos sentimientos, no puede dar nada más que agua sucia, mientras que aquel que no cesa de trabajar por el bien y por la luz, distribuye agua cristalina, vivificante. Sí, no os sorprendáis: el germen que e l hombre da a la mujer en el momento de la concepción es diferente según su grad o de evolución.
Así como la semilla plantada en la tierra contiene el proyecto de lo que será el árbol o la flor, el germen que el padre da a la madre tam bién lleva en sí el proyecto de lo que será el hijo: sus facultades, sus dones o, por el c ontrario, sus lagunas, sus taras. En cuanto a la madre, durante los nueve meses de la ge stación, ella aporta los materiales que servirán para la realización de este proyecto, y respecto a esto también puedo revelaros cosas extremadamente interesantes e importantes.
Durante los nueve meses de la gestación, la madre n o solamente trabaja en la formación del cuerpo físico del niño; sin saberlo, trabaja sobre el germen que el hombre le ha dado, creando las condiciones favorabl es o desfavorables para el desarrollo de las diferentes características conten idas en ese germen. ¿Y cómo trabaja ella? Vigilando sus pensamientos, sus sentimientos, la vida que lleva. Esto es lo que llamé la galvanoplastia espiritual.
Comenzaré por describiros el proceso químico de la galvanoplastia, el cual en sus aplicaciones espirituales puede acarrear consecuenc ias de la más grande importancia para toda la humanidad.
Se sumergen dos electrodos en una cubeta llena de u na solución de una sal metálica que puede ser de oro, de plata, de cobre… El ánodo, el polo positivo, es una placa del mismo metal como el de las sales disuelta s en la cubeta. El cátodo, el polo negativo, es un molde de gutapercha recubierto de p lombagina en el que hay una figura, una moneda, una medalla… Con la ayuda de un hilo metálico, se unen los dos electrodos a los polos de una pila y se hace pasar la corriente: entonces, el metal