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El amor conyugal como "totalidad" y "esperanza"

De
220 pages
Bíblicamente, todo abarca la teoría que el universo es la obra creadora de Dios. En la creación humana, se deduce que Dios creó al hombre y a la mujer por amor propio, inteligencia y libertad como “une sola carne”, es decir, una comunión y una totalidad de tal modo que sea Dios quien se convirtió en “nosotros personal” de la criatura humana. Es considerando el principio de comunión y de totalidad que se refiere a la pareja humana que pensamos redefinir la naturaleza humana bajo la mirada de San Agustín.
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El amor conyugal como « totalidad » y « esperanza »
Godefroid-Léon KHONDE
Más allá de todas las confusiones generadas por las teorías
de la evolución por medio de la selección natural y del Big
Bang, a lo referente al matrimonio y la familia, bíblicamente,
todo abarca la teoría que el universo es la obra creadora de
Dios. En la creación humana, se deduce que Dios, en otras El amor conyugal como palabras, «nosotros trinitario» creó al hombre y a la mujer por
amor propio, inteligencia y libertad como «una sola carne», « totalidad » y « esperanza » es decir, una comunión y una totalidad de tal modo que sea
Él, Dios quien se convirtió en «nosotros personal» de la
criatura humana. Esta alcanza la plenitud de estas primicias Una lectura patrística
sólo cuando por medio del amor, de la inteligencia y de la a la luz de san Agustín
libertad, es apto para formar una comunión y una totalidad.
Esto es probablemente la razón para que el hombre y la
mujer, cada uno según su propia identidad llega en de nirse
y a elevar el amor que los une hasta su plenitud como una
participación en la obra creadora de Dios. Es considerando
el principio de comunión y de totalidad que se re ere a la
pareja humana que pensamos rede nir la naturaleza humana
bajo la mirada de San Agustín.
Godefroid-Léon KHONDE nació en 1960 en la República
Democrática del Congo. Diplomado en losofía en 1983
y en teología en 1986, fue ordenado sacerdote en 1987
en Matadi en la RDC. Profesor y Rector de parroquia de
1987 hasta el año 2000. Licenciado sobre el matrimonio
y la familia en 2003 y un Doctorado en teología moral en
la Academia San Alfonso María de Ligorio, de la Universidad Ponti cia
de Letrán en Roma en el año 2008. Actualmente es párroco y además
profesor de Moral Social y Doctrina Social de la Iglesia en el I. S. C. R.
de San Dámaso de Tortosa en España.
Ilustración de cobertura :
© Hemera - Thinkstock
ISBN : 978-2-343-07999-8
22,50 € théologique & spirituelle théologique & spirituelle
AFRIQUEAFR_THEO_KHONDE_16_AMOR-CONYUGAL.indd 1 06/12/2015 14:53AFRIQUE
El amor conyugal como « totalidad » y « esperanza » Godefroid-Léon KHONDE





La plenitud del amor conyugal como
“totalidad” y “esperanza”
hacia el amor de Dios


Una lectura patrística a la luz de san
Agustín













Godefroid-Léon KHONDE



La plenitud del amor conyugal como
“totalidad” y “esperanza”
hacia el amor de Dios


Una lectura patrística a la luz de san
Agustín






L’Harmattan



















© L'Harmattan, 2015
5-7, rue de l'École-Polytechnique ; 75005 Paris

http://www.librairieharmattan.com
diffusion.harmattan@wanadoo.fr
harmattan1@wanadoo.fr

ISBN : 978-2-343-07999-8
EAN : 9782343079998





Índice general

Introducción general .......................................................... 7

Capítulo 1
El hombre creado a imagen y semejanza de Dios según
san Agustín ....................................................................... 13

Capítulo 2
La creación del hombre en dos etapas según san Agustín
(De Gen. ad litt. 6, 8) ....................................................... 31

Capítulo 3
Aplicación al hombre y a la mujer de la expresión: “ser
creado a imagen de dios”. (De Gen. ad litt. 6, 19. 20) ..... 69

Capítulo 4
El cuerpo humano y sus características ......................... 105

Capítulo 5
Adecuación o inadecuación de la analogía trinitaria de la
familia: esposo, esposa y los hijos ................................. 147

Conclusión general ......................................................... 177

Índice .............................................................................. 213









Introducción general

El amor conyugal es la comunión del “nosotros
personal” de dos personas, el hombre y la mujer,
desde la creación. Cuando Dios dijo: “hagamos al ser
humano a nuestro imagen, como semejanza nuestra”,
esto debe corresponder al hombre y la mujer: Adán y
Eva. Esta primera pareja humana tenía desde la
creación la posibilidad de gozar de esta comunión del
amor trinitario del “nosotros” personal divino: Padre,
Hijo y Espíritu Santo, de tal modo que el nosotros
trinitario se convirtió en el “nosotros personal” de
cada criatura humana.
Desde entonces el “nosotros personal” puede
realizarse sólo a través del amor, don de Dios trinidad,
ya desde la creación. Ser “una sola carne” es la
expresión en que vemos implicada la noción de la
comunión, del amor conyugal, de la totalidad y de la
sociabilidad. La consideración, que se refiere a la
pareja humana, el hombre y la mujer desde la
creación, fue lo que nos impulsó a estudiar el
principio de la totalidad a la luz de san Agustín.



Someteremos a examen algunas de sus obras que
hablan de la creación, intentando encontrar el
"nosotros personal".
Se trata del “nosotros personal” que tiene su
origen en el amor divino de la Trinidad el cual
conduce a la categoría de la totalidad aplicable a la
pareja conyugal. El tema de la identidad creacional
del ser humano va a ser el objeto de nuestra reflexión.
Nos preguntamos por la identidad propia del hombre
para descubrir en qué consiste y por qué hoy en día se
ha vuelto muy ambigua. El hombre no se reconoce
como creado por Dios porque tiene miedo a perder la
libertad que le permite vivir su vida según sus gustos,
sus sentimientos y su sensibilidad.
En la lógica del hombre actual, hay que suprimir
la idea de la existencia de Dios para ser libre y vivir
en la “felicidad”. En el pasado, en cambio, cabe
constatar que ha sido numerosa la gente que ha
atribuido a Dios el origen del universo y del hombre
en particular. Con el paso del tiempo ha habido
muchos otros que han considerado el universo y el
hombre como formando parte de un dato material y
factible; es decir, un universo que tendría su
funcionamiento primero propiamente mecánico, luego
evolutivo y que por fin se desarrollaría en la
producción del conjunto del universo.

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Han sido bastantes los que han pensado que este
universo funciona según leyes totalmente separadas e
independientes de la voluntad divina. En este sentido,
el hombre actual está convencido que con el tiempo
puede lograr controlar las leyes que rigen el universo
y finalmente presentarse como su dueño. Nuestra
preocupación consiste en volver a definir la naturaleza
humana bajo la mirada de san Agustín. Es necesario
de volver a poner sobre la mesa esta pregunta ya
antigua: homo, “¿quién eres?” y esto a partir de la
Biblia, una de las fuentes históricas más antiguas.
Nos esforzaremos por consultar algunos Padres de
la Iglesia que en el pasado fueron grandes
especialistas en este tema, especialmente san Agustín,
para quien la creación es un tema de importancia
capital. De él trata en dos obras diferentes: De Genesi
adversus Manichaeos y De Genesi ad litteram. Estas
dos obras citadas pueden ayudarnos a hacer una
lectura patrística a partir de la cual encontraremos el
rastro verdadero del origen del hombre y lo que puede
ser la finalidad de su existencia.
Al hablar del hombre, nos referimos al que se
realiza tanto en la masculinidad como en la
feminidad. Es ésta la lógica en la que queremos
mostrar en qué consisten la masculinidad y la
feminidad del ser humano, criatura de Dios. En otros

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términos, queremos dar una explicación de cómo san
Agustín percibe que esta masculinidad y esta
feminidad se fusionan por amor para formar una sola
persona, una totalidad como al principio. El objetivo
es que el hombre y la mujer, cada uno según su
identidad propia, logre definirse y elevar el amor que
los une, entendiéndolo como una participación en la
obra de la creación divina.
Con este fin nos hemos propuesto hacer un
análisis comparativo de algunas obras agustinianas. A
partir de ellas queremos encontrar el significado de
“ser creado a imagen y semejanza de Dios”: ¿cómo
aplicarlo al hombre y a la mujer y si es posible
encontrar una analogía trinitaria en la familia carnal?
Esta reflexión se presenta articulada en cinco
capítulos. En el primer capítulo tratamos de indicar el
sentido y el significado que, en nuestra interpretación,
damos al ser creados “a imagen y semejanza de
Dios”.
El segundo capítulo versará sobre la creación del
hombre en sus dos etapas, siempre según san Agustín.
Trataremos primero del hombre según el primer relato
del Génesis, sin distinción de sexo, al que se aplica la
expresión “ser creado a imagen y semejanza de Dios”
y, luego, del hombre natural, dotado de cuerpo y
alma, descrito en el segundo relato, en el que la

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implicación de la Trinidad en la obra de la creación
aparece más activa. En el tercer capítulo, trataremos
la aplicación al hombre y a la mujer según la
expresión “ser creado a imagen y semejanza de Dios”.
Tanto él como ella están dotados de lo que es
propio de la Trinidad: la inteligencia, el amor y la
libertad. El cuarto capítulo concierne al hombre y a la
mujer en lo que tienen de común y de distinto: el alma
y el cuerpo. En el último capítulo, trataremos la
adecuación o la inadecuación de la analogía trinitaria
a la pareja hombre-mujer sin evadir el contexto y el
espíritu de san Agustín.



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Capítulo 1
El hombre creado a imagen y
semejanza de Dios según san Agustín

Introducción
Las interpretaciones que sobre la creación del hombre
hicieron muchos Padres de la Iglesia aparecen
conformes y muy cercanas a la verdad, en lo
concerniente a los orígenes del hombre. Se trata de
interpretaciones que responden a la ortodoxia
cristiana católica; en consecuencia, reconocen que
Dios es el único origen de toda cosa creada, visible e
invisible. Nos referimos a las interpretaciones hechas
por Clemente de Alejandría, Orígenes, san Gregorio
de Nacianzo, san Gregorio de Nisa, san Juan
Crisóstomo, y san Ambrosio.
A estas primeras interpretaciones se añaden otras
procedentes de algunos autores cristianos como Mario
Victorino, Prudencio, Juan Casiano, Diádoco,
Fulgencio de Ruspe, etc. No obstante, la



interpretación de la creación del hombre, hecha por
san Agustín en el libro sexto de su obra De Genesi ad
litteram, es la que nos interesa. Es la que hemos
querido que inspire nuestra reflexión. En efecto, de
todas las criaturas, solo el hombre es capaz de darse
una identidad no sólo porque puede saber quién es,
sino también porque está dotado del amor y de unas
facultades que le permiten averiguar de dónde
procede y por qué es diferente de las demás criaturas.
Cuando considera su posición frente al Creador y
a las demás criaturas, es cuando puede darse cuenta
de que, de entre todas ellas, es él el que parece estar
en el centro de la creación. Sin embargo, nosotros
pensamos que es Dios, que está en el centro de la
creación, porque de frente al Creador es como
comprende que el hombre no existe como una
naturaleza pura al margen de lo sobrenatural, sino
como un ser llamado a vivir en comunión con su
Creador, por lo que sólo en Dios puede encontrar su
plenitud.
Por eso se considera que la humanidad entera, la
presente y la futura, sólo recibe sentido del Creador,
Dios. Lo que equivale a decir que el hombre sólo
puede comprenderse en profundidad si está en unión
con su Creador. Dios es Amor; es el primero que
ofrece el amor, toma la iniciativa de amar al hombre y

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el último recurso con el cual el hombre se alimenta
del amor divino. En efecto, la Biblia enseña que el
hombre fue creado “a imagen de Dios” para que sea
capaz de conocer y amar a su Creador. Dios lo creó y
lo constituyó señor de todas las criaturas terrestres,
para que las dominase y, desde ellas, sirviese y
glorificase a Dios.

1. 1. Las dos grandes fuentes relativas a
la creación, según san Agustín
De entre las obras de san Agustín, varias tuvieron
como destinatarios a los maniqueos. Con ellas, el
santo buscaba corregir los errores en que caían
cuando interpretaban el Antiguo Testamento; eran
errores relacionados especialmente con la naturaleza
1de Dios y la del hombre . Ahora nos ocupamos sólo
de dos de ellas: De Genesi adversus Manichaeos y De
Genesi ad litteram. Esta última consta de doce libros
en los que se ocupa del tema de la creación desde el
comienzo hasta la expulsión de Adán del paraíso, es
decir, de todo lo que tiene su origen en Dios.

1 Cf. Angelo DI BERARDINO (ed.), Patrologia. Dal Concilio di
Nicea (325) al Concilio di Calcedonia(451). I Padri latini. III
vol. Marietti (s.a)-Casale 1980, 357.

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La obra De Genesi ad litteram habla de la
creación a partir del acto creativo inteligible de Dios
como algo propio de la Trinidad. La acción creadora
divina prosigue hasta las obras de la creación en su
diversidad y su distinción. Aunque el hombre tuviera
rasgos comunes con las bestias, es, sin embargo,
diferente de las demás criaturas por su razón y por la
conciencia que posee de su libertad y de su
sentimiento de amor.
Así se puede ver, según san Agustín, que el
hombre tiene una consideración de primera categoría.
El hombre aparece como la cumbre de toda la
creación. A partir del hombre se crea todo un
conjunto de relaciones en torno al Creador y a las
demás criaturas porque “el Creador ha grabado en el
hombre como la raíz y fundamento de su condición
2social” . En efecto “Dios inscribe en la humanidad
del hombre y de la mujer la vocación y
consiguientemente la capacidad y la responsabilidad
3del amor y de la comunión”. Por otra parte,
descubrimos todo un proceso dinámico de relaciones
sociales con el cual se inviste el hombre.

2 Francisco GIL HELLÍN, El matrimonio y la vida conyugal,
Edicep, Valencia 1995, 208.
3 IOANNES PAULUS II, Adhortatio Apostolica Familiaris
consortio, 11, AAS 74 (1982), 11 (Trad. Esp.JUAN PABLO II,
Exhortación apostólica Familiaris consortio, n. 11).

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De todos los relatos que hay sobre la creación del
hombre, san Agustín es uno de los que hablan del
hombre creado en dos fases. La primera fase es la del
hombre interior, y la segunda es la del hombre carnal
y animal. Si en la primera obra, san Agustín habla del
hombre interior que identifica con el espíritu, en la
segunda obra se refiere más al hombre corporal, el
que Dios modeló con sus propias manos. En efecto,
las criaturas no nacieron de Dios sino que fueron
totalmente hechas por él a partir de la nada.
En el De Genesi adversus Manichaeos presenta
como una exégesis alegórica, pero contiene también
una interpretación literal o científica de la creación.
Es exegética en la forma. Por ejemplo, cuando afirma
que la creación entera en su naturaleza y en su esencia
es obra de la Trinidad, es decir del Padre, del Hijo y
del Santo Espíritu. Se puede ver en esto un despliegue
visible de las personas divinas en la obra de la
creación. Sin embargo, todo ha sido creado por y para
el Hijo, el Verbo de Dios.
El Verbo es presentado como el Principio de la
Sabiduría de Dios. Aquí aparece poco clara la
indicación del papel del Padre y del Espíritu Santo en
la obra de la creación. Además, cuando san Agustín
evoca el sentido que concede a la expresión “hagamos
al hombre a nuestra imagen y semejanza”, la

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interpretación exegética, de hecho, es totalmente
alegórica. Es alegórica, en efecto, en este sentido:
para que los elementos narrativos y concretos
“imagen” y “semejanza” correspondan a un detalle
del que es abstraído el sentido.
Reenvían a la idea de que el hombre no está en la
imagen de Dios sino que se hace imagen de Dios por
Jesús Cristo. De esa manera san Agustín cree que el
hombre es imagen de la imagen perfecta de Dios. La
imagen original y perfecta de Dios es Jesús Cristo del
que el hombre es como una fotocopia. No obstante la
expresión “estar en la imagen de Dios” pretende
simbolizar ciertas características de Dios como la
razón, la inteligencia, la libertad, el amor de Dios
mientras que “ser a semejanza de Dios” simbolizaría
la participación del hombre en la divinidad.
Desde entonces, encontramos que la
interpretación que se puede hacer a lo que precede es
variada. Ni siquiera debe ser alegórica, ya que san
Agustín intentó también hacer una interpretación
literal en De Genesi ad litteram liber imperfectus. Por
otra parte, encontramos muchas dificultades en la
interpretación literal de esta obra, la cual también es
apologética o intenta polemizar sobre su contenido.
En efecto, es una discusión contra las tesis
fundamentales de los maniqueos. Está destinada, de

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hecho, a privar a los maniqueos de los argumentos
contra el Génesis.
Destacamos la polémica más serena en la
profundidad de su pensamiento donde vemos a san
Agustín prevenir a los católicos contra el error,
ofreciéndoles argumentos sólidos que deberán utilizar
cuando discutan con los herejes. En definitiva, el
autor presenta su discurso en estas dos obras para
obtener el resultado. Por esto los conceptos que
emplea y la forma para presentarlos permiten pensar
que el autor era de una finura aguda y de un saber
enciclopédico.

1. 2. Algunas interpretaciones de la
expresión “ser creado a imagen y
semejanza de Dios”
Esta expresión es tomada del Génesis cuando se
habla de la creación del hombre. Y Dios dijo:
4“hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” .
Fue objeto de muchas interpretaciones desde los
Padres de la Iglesia hasta nuestros días. Vamos aquí a
dar, a propósito, algunas interpretaciones hechas por
san Agustín, que nos ayudarán a comprender su

4 Gn 1, 26.

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pensamiento sobre la creación del hombre. Es en el
primer Tratado de la creación donde san Agustín va a
definir lo que entendía por “ser creado a imagen de
Dios”.
San Agustín definía esta expresión con otro
sinónimo: la similitud. Se trata de una similitud que es
debida al efecto de la semejanza, porque, según él,
5todo lo que es semejante participa de lo parecido .
Sin embargo, en el segundo Tratado de la
creación, san Agustín se contenta con explicar cómo y
por qué el hombre es creado a imagen y semejanza de
Dios. En éste ha intentado mostrar que el hombre ha
sido creado con naturaleza intelectual divina. Ha sido
creado así para que el hombre sea capaz de conocer al
Verbo de Dios a partir del cual ha sido creado.
Debemos, pues, imaginar que el ideal del hombre
es llegar con su inteligencia a encontrar su ser
racional. De hecho, es para que el hombre sea capaz
de conocer el Verbo de Dios a partir del cual ha sido
creado. No lo creó a su imagen por el cuerpo sino
porque “se entiende que en el hombre interior reside
la razón y la inteligencia, por las que domina a los

5 Cf. SANT’ AGOSTINO, La Genesi II. La Genesi alla lettera,
Città Nuova Editrice, Roma 1989, 3, 20,
31-32 (Trad., note e indici di L. Carrozzi).

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peces del mar y a las aves del cielo y a todos los
animales y fieras, y a toda la tierra y a todos los
6reptiles que sobre la tierra se arrastran” .
Precisemos que cuando san Agustín habla de la
creación del hombre, hace referencia a la naturaleza
humana, es decir cuerpo y alma. Cuando esta
naturaleza humana se abre por completo a la
contemplación de la verdad es cuando realmente se
hace imagen de Dios, según san Agustín. Sin
embargo, cuando algo de ella se desprende o cuando
una parte de su atención se aplica a la acción de las
cosas temporales que son unas realidades inferiores,
entonces, esta naturaleza humana pierde
automáticamente su identidad de ser imagen de Dios
7capaz de conocer y amar a Dios .
En efecto, cuando el ser humano deja de ser
racional, ya que no tiene más poder a través del cual
someter a las bestias porque los demás animales dejan
8de estar sujetos al hombre , se aleja de lo que es
eterno, es decir, Dios y por consiguiente se hace

6 SAN AGUSTÍN, Del Genesis contra los maniqueos, libro 1,
XVIIX, 27.
7 Cf. AURELIO AGOSTINO, De Trinitate: P.L. , 42, 819-1098 (
Trad. italiana de Giuseppe Beschin, Città
Nuova Editrice, Roma 1987, 9, 6. 9).
8 SAN AGUSTÍN, Op. cit., libro 1, XVII, 27.

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