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Quítate las Sandalias

De
178 pages

El autor explica en modo maravilloso el significado del gesto de Moisés, de quitarse las sandalias ante la zarza ardiendo (cf. Ex 3,5), de la acción del ciego que tira su manto mientras salta hacia Jesús (cf. Mc 10,46-52), y del padre que viste al hijo, tras regresar a casa arrepentido, con los vestidos de fiesta y con anillos (cf. Lucas 15, 11-32). El libro nos lleva de la mano a recorrer el camino de la conversión, mediante la explicación de estas conocidas narraciones bíblicas, de forma simple y agradable.


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Quítate las sandalias
El coraje de cambiarColección: Armonía con DiosFortunatus Nwachukwu
Quítate
las sandalias
El coraje de cambiarTítulo: Quítate las sandalias
El coraje de cambiar
Autor: Fortunatus Nwachukwu

Colección: Armonía con Dios
Corrección:
Rosa Torres García
Diagramación:
Fernanda Hernández Robles
Portada:
Carlos Acosta
1ª Edición
© México: 2015, Publicaciones Paulinas, S.A de C.V.
Boulevard Capri 98, Lomas Estrella, 1ª Sec.09880
México, D.F.
ISBN: 978-607-7733-47-8ÍNDICE
PRESENTACIÓN ..................................................................9
INTRODUCCIÓN ..............................................................11
EL CORAJE DE CAMBIAR
¿Por qué no puedo cambiar? ..................................................17
La Iglesia y el cambio ..............................................................44
Y el Verbo se hizo carne ..........................................................57
QUÍTATE LAS SANDALIAS
La llamada de Moisés 59
El signifcado de las sandalias ................................................. 69
Jesús: sandalias y zapatos
como símbolo de posesión y de protección .....................75
Una misión y el equipaje .........................................................79
Una tierra que mana leche y miel ...........................................80
Conclusión: quitar nuestras sandalias ....................................82
LA LLAMADA DE BARTIMEO
El ojo, lámpara del cuerpo ......................................................86
Un mendigo ciego de nombre Bartimeo ...............................88
La respuesta: el cambio ..........................................................95
LA PARÁBOLA DEL HIJO ARREPENTIDO
Una historia común ...............................................................119
Perdido y hallado ..................................................................121
El yo y la separación ..............................................................124
«Me levantaré, iré a la casa de mi padre…» .........................133
El abrazo del padre ................................................................136
¿Y los derechos? ....................................................................138
Conclusión .............................................................................141MÁS ALLÁ DEL CORAJE
¿Por qué el coraje? .................................................................144
La oportunidad de cambiar ..................................................145
Axiomas y prejuicios peligrosos ...........................................157
Víctimas, derechos, justicia y la oportunidad del cambio ....159
Es preciso coraje para emprender la conversión personal ..165
Mirando a Jesús: encarnación y amor .................................. 170
El amor como abrazo ............................................................ 171
Abrázame Señor ...................................................................173PRESENTACIÓN
Cuando el autor de este libro me dio a leer el manuscrito
me sorprendí mucho. Había sido uno de mis alumnos
de mayor talento candidato al doctorado. Después de
unos meses había demostrado un dominio del arte de
la crítica textual fuera de lo común, junto con una rara
elocuencia y amabilidad. Sin embargo, tuvo que
interrumpir después sus estudios de especialización
conmigo. La Iglesia y su continente necesitaban de él para
otras funciones. Aceptó y comenzó una nueva vida
lejos. Continuamos encontrándonos, pero sólo de manera
ocasional, y ahora me presenta un libro de
espiritualidad, escrito paralelamente a su trabajo habitual, pero
evidentemente movido por un impulso interior. Tenía
curiosidad por saber qué habría querido decir.
He leído el libro y me ha impresionado. De vez en
cuando hay alguien que habla no de la realización de sí
mismo, sino de cambio y de conversión. Es ésta, en efecto,
la línea que se desarrolla a lo largo del libro con un
título aparentemente inocuo. El coraje de cambiar signifca,
en último análisis, dejarse cambiar por Dios.
Quien hace esta interpretación de la Biblia, que tanto
ama, es un africano, radicado profundamente en sus
orígenes y que posee al mismo tiempo una vasta
formación europea. He quedado fascinado por la introducción
general y por la presentación conclusiva del cambio y
del cambio de sí, al igual que de los tres capítulos
centrales que constituyen la parte esencial del libro. Estos
tres capítulos hablan de Moisés ante la zarza ardiente,
de Bartimeo, el ciego mendigo de Jericó, y del hijo
perdido y hallado. El autor sabe cómo interpretar los textos
9y, por sus raíces personales y su experiencia de vida, los
ha leído con ojos nuevos, a menudo mirando en
direcciones totalmente distintas de las que estamos
acostumbrados. Él, por ejemplo, explica en modo maravilloso
el signifcado del hecho que Moisés debiera quitarse las
sandalias, del gesto del ciego que tira su manto
mientras salta hacia Jesús, y del padre que viste al hijo, tras
regresar a casa arrepentido, con los vestidos de festa y
con anillos. Un hijo de una Iglesia joven nos toma de la
mano y nos explica desde el principio nuestras viejas y
bien conocidas narraciones bíblicas de un modo simple
y agradable.
Y, sin embargo, lo que él dice no es inocuo. Puede
suceder que este pequeño libro nos desafíe de un modo
nuevo preguntándonos si verdaderamente no tendremos
necesidad de cambiar. Quien lea estas páginas corre un
riesgo; pero es un riesgo que vale la pena correr. Por ello,
no me queda más que invitaros a coger el libro y leerlo.
Norbert Lohfnk, sj
Profesor Emérito de Exégesis del Antiguo Testamento en
Pontifcio Instituto Bíblico de Roma y Hochschule Sankt
Georgen de Frankfurt
10INTRODUCCIÓN
El Papa Francisco con su énfasis en el evangelio de la
compasión y de la misericordia, ha reabierto una
ventana importante en la Iglesia, ventana que
paradójicamente parecía lentamente oscurecerse en medio de los
importantes avances realizados en la defensa de los
derechos de las personas y de los pueblos.
Piénsese, por ejemplo, a la declaración que hizo en su
primer ángelus como Romano Pontífce el 17 de marzo
del 2013, que “Dios nunca se cansa de perdonar”, que
“somos nosotros los que, a veces, nos cansamos de pedir
perdón”, y que “tenemos que aprender también
nosotros a ser misericordiosos con todos” (cf. L’attività della
Santa Sede, 2013, Librería editrice vaticana, p.83). Estas
aparentemente obvias afrmaciones representaban sin
embargo una brecha en un capcioso muro de legalismo,
a veces relativista, que se ha ido sutilmente levantando
en los últimos decenios en la lucha por la promoción y
la defensa de los derechos.
Tal ha sido, por ejemplo, el caso de las angustias que
fueron creciendo sobretodo desde el inicio de este siglo
por los pecados y hasta crímenes de algunos ministros
de la Iglesia. La situación era tan grave que la mayoría
de las refexiones parecía concentrarse en el asombro
de la posibilidad de los hechos y en cómo impedir que
se repitieran. Se pensaba muchas veces sólo en la
indemnización de las víctimas y en el castigo de los
culpables. La idea de “cero tolerancia” fue aclamada por
muchos, ningún espacio tenía que dejarse a personas
tan peligrosas, y quien se atrevía a hablar de la
posibilidad de compasión hacia esos culpables se arriesgaba a
11ser considerado un cómplice potencial. Se fortaleció la
idea de enfermedades o desordenes morales incurables
y de personas incorregibles.
Todo eso era triste. Triste por el sufrimiento de las
víctimas, triste por los daños que el hombre en su debilidad,
enfermedad o maldad puede causar a sus semejantes.
Pero triste también por el fuerte perjuicio que causaba
al anuncio del mensaje del Señor.
El Evangelio de la conversión por el Reino de Dios
anunciado por Jesús se dirigía a todos sin exclusión (Mc
1,15). En su mensaje y misión Jesús daba prioridad a los
débiles, a los enfermos y a los más necesitados. Entre
ellos habría que incluir a las victimas de los malos tratos
que se sienten tan heridas o con la vida tan destrozada
que no logran encontrar el sentido o el camino del
perdón; entre ellos tendrían que estar también las personas
con enfermedades y desordenes, y los considerados
incorregibles, o en todo caso, difíciles de sanar; y en fn,
entre ellos también se encontrarían los excluidos a
causa de sus graves pecados, crímenes y daños causados.
Aún hoy, los pecados de los feles, los pastores y
ministros de la Iglesia generan una suciedad tan fuerte que
no sólo mancha el rostro de la Iglesia sino que amenaza
con cubrir la luz del amor, del perdón y de la compasión,
núcleo del Evangelio, que la misma Iglesia está invitada
a transmitir.
La frme y repetida enseñanza del Papa Francisco sobre
la misericordia de Dios no minimiza la gravedad de esos
pecados cometidos por los miembros de la Iglesia, y no
mengua la intensidad de los daños causados por ellos,
12ni los sufrimientos soportados por las víctimas. Sin
embargo, se trata de un mensaje que reconoce a cada ser
humano la capacidad de cambiar, o mejor, de dejarse
cambiar por el Señor. La realidad de esta capacidad es
el tema tratado en este libro.
Hace algunos años, a un joven diácono le preguntaron
que propusiera un mensaje para imprimir en las
estampas de recuerdo que estaba preparando para su
ordenación sacerdotal. Escribió estas palabras: «Nunca se
acaba de aprender» y debajo la oración: «Perdónanos,
Señor, como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden». Vida y aprendizaje son inseparables. Al igual que
inseparables son el aprendizaje y el cambio.
Cada nueva experiencia, ya sea positiva o negativa,
comporta una nueva lección para aceptar o rechazar.
Aceptarla signifca modifcar la condición y las ideas
anteriores, implica, en otras palabras, un cambio. Esta es
la lógica del crecimiento. Reconocer en cada uno esta
facultad signifca a su vez dar a cada uno la posibilidad
de cambiar. Este es el sentido del perdón: no condenar y
bloquear una persona, sino darle la oportunidad de
continuar a aprender, a veces incluso a través de un
recorrido duro, y por lo tanto, de crecimiento.
Entre 1998 y 1999, prediqué unos ejercicios espirituales
y tuve algunas charlas sobre el tema el coraje de
cam1biar . A petición de algunos de los participantes en estos
encuentros, revisé y desarrollé aquellas refexiones que
constituyen el contenido de la presente publicación.
1 Los Ejercicios Espirituales se tuvieron para los miembros del Instituto
Secular “Mater Misericordiae” en Asunción, Paraguay, mientras que las
charlas fueron organizadas por el Grupo familiar de la misma ciudad.
13Los sacerdotes, leyendo estas páginas, encontrarán en
ellas fácilmente ecos de las experiencias acumuladas
en el cuidado pastoral y una sensibilidad que ha sido
alimentada durante años con la celebración del
sacramento de la penitencia. Los cristianos practicantes, en
particular los católicos, pueden encontrar también en
ellas un desafío para redescubrir el enfoque típicamente
católico de las situaciones de caída.
He organizado las refexiones en cinco grandes
capítulos: el primero es de carácter introductorio, sigue una
sección central que consta de tres capítulos, y
fnalmente la conclusión. El primer capítulo presenta el
concepto del cambio del que se quiere tratar aquí, a partir de
algunas experiencias concretas de nuestra vida
cotidiana, y prestando particular atención a las enseñanzas de
Jesús. La llamada de Jesús a la conversión está dirigida
a todos, tanto al individuo como a la Iglesia entera y a
la sociedad humana. Por lo tanto, aunque el énfasis se
ponga en el cambio personal, una debida atención se
presta también al cambio de la Iglesia, como también a
las transformaciones que implica un proceso de
inculturación. No todo cambio, en efecto, supone coraje, como
precisamente no todo cambio es deseable, y las líneas de
demarcación son a menudo sutiles.
Los tres capítulos centrales examinan otros tantos
ejemplos bíblicos concretos sobre el coraje de cambiar: la
llamada de Moisés, de Bartimeo, y la medio-epopeya del
hijo arrepentido. El primer caso se refere a un prototipo
de Jesús, el segundo trata de un acto de Jesús, mientras
que el tercero procede de las palabras de Jesús. La
lectura que aquí se propone de los tres hechos no quiere
descender excesivamente a los detalles exegéticos, excepto
14allí donde un breve excursus se considera necesario para
entender el signifcado del texto. Por ejemplo, dado que
quien escribe opina que todo verdadero cambio implica
un cierto quitarse los zapatos o los vestidos, se ha dado
amplio espacio a estos dos gestos y a su signifcado en
la Biblia, para mostrar su importancia en la lógica del
cambio. El enfoque es bíblico-pastoral, mientras que el
lenguaje de la refexión es más pastoral que académico,
teniendo presente la naturaleza del público de las
charlas originarias.
El quinto capítulo vuelve a la cuestión del coraje y del
cambio. Después de la atención puesta en las secciones
precedentes sobre la necesidad del coraje, se afrontan
en la conclusión aquellos casos en los que éste
resulta insufciente para alcanzar el cambio necesario o
deseado. En realidad, si el cambio es una constante en la
naturaleza, ¿por qué entonces necesitamos del coraje?
Además de este coraje ¿cuáles son los otros elementos
que hacen falta para que se dé un cambio saludable?
El coraje no tiene sentido si no hay una posibilidad
verdadera de cambiar. Por ejemplo, una situación que lleve
a un culpable a un estado de ciega desesperación, no
ayuda ni a él ni a la víctima. Una condición parecida
puede mitigar momentáneamente el ardiente deseo de
venganza en la víctima, pero, con el tiempo, la
conciencia de haber ayudado a curar a alguien, aunque hubiera
causado grandes dolores, puede generar un sentimiento
más noble y duradero.
No siempre es algo fácil dar al otro la posibilidad de
cambiar. Al igual que una persona tiene necesidad de
mucho coraje para emprender el viaje de la conversión
15personal, también ello es requerido para ofrecer a otro
la posibilidad de hacerlo.
Bien entendido, el coraje de cambiar signifca dejarse
cambiar por Dios. Desde un punto de vista teológico,
la lógica del cambio es, al mismo tiempo, cristológica
y pneumatológica. Por una parte, la palabra de Dios,
Jesucristo, nos cambia reformándonos y
convirtiéndonos gracias a un distanciarse del pecado y haciendo
posible la comunión con Dios. Por otra, somos cambiados
también por el Espíritu de Dios, que nos transforma
conformándonos a Jesucristo, uniendo nuestra
naturaleza humana con la gracia santifcante según el
modelo de la unión de las dos naturalezas humana y divina
en Cristo. No obstante, para ser cambiados por Dios, es
preciso abandonarse en Él, pidiéndole constantemente:
“Abrázame, Señor”. Es en la intimidad del abrazo divino
donde se experimenta el poder de transformación de la
gracia santifcante.
En el año en que el Papa anuncia el Jubileo
extraordinario de la Misericordia, propongo con gozo y esperanza
a los lectores de lengua española esta refexión sobre el
alcance de este abrazo de la misericordia divina en la
vida de cada uno de nosotros.
Agradezco sinceramente a la Doctora Fermina Alvarez
y a las Cruzadas de Santa María, al Excmo. Monseñor
Silvio José Báez, a la Hna. Ana Valerín Rubí y a la Hna.
Carmen Teresa de Cristo Rey ocd, por su colaboración
en el proceso de traducción y revisión del presente texto.
+ Fortunatus Nwachukwu
Managua, 2015
16

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