A la Fuente de Maria

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A travès de temas como la maternidad, la educacion, las pruebas, la sabiduria y Maria, esta obra propone al lector todos los elementos de reflexion que responden, tanto a nuestras preocupaciones mas cotidianas como a nuestras preguntas mas sutiles sobre el destino del hombre y el lugar que este ocupa en el cosmos. entre todos ellos, destacan dos temas: la fuerza del amor y la fuerza de la presencia divina.
Publié le : mercredi 1 juin 2011
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EAN13 : 9782296464469
Nombre de pages : 144
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Yvonne TRUBERT
A la Fuente de María       Crónicas de una Invitación a la Vida  Tomo 5   
Prefacio de Jean Kachaner       
 
  
Dirección Editorial: Albertine Gentou
Traducción: Macarena Brun-Ferri
Grabadas entre 1984 y 1995 para la revista de la asociación Invitación a la Vida,El Libro de IVI, estas crónicas han sido extraídas de entrevistas realizadas por la Misión Escribir y por cuatro periodistas: Marie Mignon Gardet, Marie dHennezel-Whitechurch, Marie-Hélène Rose y Albertine Gentou.
Fotografía de la portada: ©Katherine Brindeau Fotografía de Yvonne Trubert: ©Prisca Léonelli
Bibliografía Invitados a Vivir, colectivo, LHarmattan, 2003, París.  SITIOS INTERNET e.or www.iwnvwitwa.ciinovnitaaltaivoind-aa.-olrag- v(ien esgpañol) www.yvonnetrubert.fr  
A la Fuente de María© LHarmattan, 2011 5-7, rue de lEcole-Polytechnique, 75005 Paris http://www.librairieharmattan.com diffusion.harmattan@wanadoo.fr harmattan1@wanadoo.fr ISBN : 978-2-296-54970-8 EAN : 9782296549708
Prefacio
Hace treinta años, al oeste del mundo, una mujer se levantó y tomó la palabra. ¿Tomó o retomó? Poco importa. La palabra, el Verbo, sí son importantes. Y, en esencia, esta palabra decía: « Os amo. Amaos los unos a los otros, como yo os amo y siempre os amaré. » Este mensaje no es nuevo pero, por desgracia, no ha perdido un ápice de su apremiante necesidad. Al final de este libro podremos leer de qué manera los actos sucedieron a las palabras y cómo nació Invitación a la Vida. Conocí a Yvonne Trubert mucho más tarde, hace algunos años, en un encuentro privado, en su casa. Hablamos de todo, de las cosas de la vida, demivida, de medicina, naturalmente, de los niños y de sus corazones malformados que llevo explorando, acompañando y tratando desde hace tanto tiempo, de Jesús, Dios en los Evangelios, de Jesús, mi hermano de religión. De este encuentro, he retenido dos imágenes de una gran fuerza: más que una mujer, un cuerpo resplandeciente de luz; más que una luz, una sonrisa, unos ojos, unos labios, todo un rostro que transmitía felicidad, más que felicidad, la felicidad de amar y yo me sentí amado. Toda la fuerza de Yvonne reside en esta facultad, que volvemos a encontrar en sus charlas y al final de este libro, en esta magnifica frase: « Cada uno de nosotros debe tomar conciencia de que es amado, que tiene derecho a vivir, que tiene un pasado extraordinario y un futuro fabuloso. » He conservado conmigo esa luz, esa sonrisa y ese amor en mi alma y he contemplado IVI, con sus mujeres y sus hombres venidos de todas partes, a menudo llenos de dolor, para hablar, para ser escuchados, para ser amados, para rezar juntos, para volver a buscar la paz, para encontrar la alegría de vivir y unfuturo fabuloso.Volví a ver y a escuchar a Yvonne en numerosas ocasiones, ahora en público, sentada en una tribuna o en una silla, rodeada de los suyos, en
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algunas casas o bajo un árbol en un prado. Ella habla como una inspirada oradora sobre una serie de temas que son los de cada día, según la inspiración del momento, volviendo al hilo rojo, no, al hilo blanco que, dice ella, la vincula a Dios para volver a divulgar su hermoso mensaje de amor. Su oratoria no es brillante y a veces la he encontrado poco hábil pero se trata del mensaje del corazón, de un corazón simple y fiel a una fe inquebrantable en los valores de la vida, a través del legado de Cristo. Rara vez no me ha emocionado hasta las lágrimas. Estas conferencias han sigo grabadas y esas grabaciones están siendo transcritas hoy en día en una serie de volúmenes cronológicos. Este es el quinto. Yvonne me ha pedido que escriba el prefacio y para mí, esta petición es un acto de amor que me conmueve profundamente. Así pues, la alegría es lo que me anima a escribir estas líneas y, no obstante, no poseo demasiada experiencia en el ejercicio de la escritura, ni tampoco el más mínimo gusto por la hagiografía y mucho menos por la complacencia. Por consiguiente, me siento libre para decir lo que me ha gustado o lo que no, lo que me ha emocionada o sorprendido al leer estos textos. Seamos claros: no deseo abrir ningún debate ni deseo embarcarme en ningún tipo de exégesis, pero me gustaría, con toda humildad, y porque he tenido el privilegio de leer este libro antes que ustedes, gritar a los cuatro vientos las páginas más bellas. Los que piensen que van a encontrar en este libro una obra literaria estructurada, podrían sentirse decepcionados. Lo repito, estos textos no han sidoescritospor la autora sino oradosintencionadamente ante un auditorio en torno a un tema central enriquecido, según la inspiración del momento, por numerosas digresiones de similar importancia, incluso cuando éstas parecen tomar el camino más largo. A pesar de estos rodeos, siempre hay una vuelta al punto de partida y, en última instancia, no revisten demasiada importancia. Asimismo, el orden cronológico de los capítulos no tiene
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relevancia alguna y mi consejo es leer primero el último texto,A la Fuente de María, que narra la maravillosa historia de esa mujer judía tan sencilla y tan parecida a las mujeres de su país y de su tiempo, pero que se distinguió de entre todas ellas mediante una palabra y esa palabra, ese, respondiendo a una extraordinaria propuesta, tan magnífica como temible, cambió el futuro del mundo. Ya lo cantó el poeta: la mujer es el futuro del hombre. Me encanta que Yvonne haya glorificado el destino de María en una narración llena de sencillez y de devoción, que asimile a esta Madre con el Espíritu Santo al que también llamamos Paracleto, que proponga « como acto de amor más noble, el confiar en esta Madre protectora, no únicamente de la Tierra sino de todos sus hijos. » Que, por fin, dé a María el lugar que la liturgia católica le escatima y que la Reforma le niega. Leer y releer este texto y abandonarse a honrarla de rodillas con una oración interminable: « Dios te salve María, llena eres de gracia, bendita eres entre todas las mujeres» Podemos leer muchas cosas hermosas sobre la Maternidad, como el niño que, con la ayuda de Dios, elige el hogar en el que va a nacer y a crecer, o como la importancia del papel del padre en el desarrollo del feto. Sus opiniones llenas de sentido común y de amor enLa Educación de los Hijosy que subrayan la importancia del entorno, merecen, nuestro más sincero aplauso pero hasta el punto de negar el peso de la herencia genética, eso es algo que, naturalmente, yo no puedo aceptar. También me encanta el texto sobreLas Pruebas, a las que Yvonne dota de un sentido espiritual al afirmar que éstas « prueban que Dios nos ama », y que haga vibrar la noción de compasión, el poder del consuelo, la necesidad de « vivir junto al otro, de escucharle, de amarle, de comprenderle », la fuerza que puede aportar « la esperanza, fuente de vida segundo a segundo ». ¿Qué médico no se identificaría con estos valores, tan fundamentales como lo es el progreso en materia de farmacología? Yvonne se presenta ante nosotros también
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como una artista cuando habla de la belleza y no nos sorprenderá escucharla decir: «El amor es la belleza mismaª o  « La belleza que buscamos en un ser humano es, en primer lugar, el calor que éste emana. » El discurso sobreLa Sabiduríame resulta más problemático porque me gusta la idea de que el reino de los cielos sea para los humildes y para los pobres de Espíritu, pero no comprendo por qué la inteligencia puede suponer un obstáculo para la sabiduría. Admito que entre los discípulos Judas era el único intelectual, pero su traición no debe valorarse en detrimento de su inteligencia: creo que esta traición fue necesaria para que el destino de Jesús se materializase y, por consiguiente, el de toda la humanidad; me pregunto si acaso Judas y Jesús no serían cómplices de esa traición a fin de que, precisamente, todo ocurriese.Por el contrario, Pedro, el menos intelectual de los Apóstoles, ¿no fue acaso el que renegó de su maestro tres veces y más tarde se escuchó como le preguntabanquo vadis, cuando huía de Roma y de las persecuciones a manos de los romanos? Encontraremos además hermosos párrafos sobre los elementos, la materia, la energía; la rotunda condena de la teoría de la evolución me parece, quizás, un poco apresurada pero, ¿cómo podemos no adherirnos a la misión «de dar y sembrar amor» o a esa auténtica llamada a la humanidad que encierra « No juzguéis, amad »? Me gusta también la apología sobre la risa y el júbilo que encontramos en el capítulo sobreEl Humor. Y, de nuevo, nos encontramos con Maríauna vez más antes de cerrar el libro,que debemos leer simplemente por la felicidad que este texto nos aporta y para dejar que brillen las estrellas que Ella ha sembrado en nuestros ojos, en nuestra alma. Gracias Yvonne por este magnífico regalo que ha iluminado varias horas de mi existencia al escucharte, al narrarte, al animar al mundo entero a conocerte a través de tus charlas. Y a amarte. Doctor Jean Kachaner
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Capítulo 1  La Maternidad
Al leer la Biblia, comprobamos que, desde hace milenios, la maternidad se viene   sociando con sufrimiento. Nos hemos desviado del plan divino. Desde el pecado original, en lugar de evolucionar, hemos retrocedido hacia un estado animal. Cuando una mujer trae un hijo al mundo, ese instante conlleva dolor, sufrimiento. ¿Por qué? El dolor pertenece al miedo del hombre, refleja nuestros temores inconscientes y milenarios. Desde hace unos treinta años aproximadamente, es posible mitigar el dolor a través del control de la respiración, pero no lo suficiente, ya que se ha seguido investigando en la materia, y se han perfeccionado unas inyecciones para aliviar ese dolor y hacerlo desaparecer. Ello no significa que la madre no sufra. Lo único que se ha logrado es hacer que, en apariencia, el dolor desaparezca. Todo esto es fruto de un sistema negativo en el que la mujer se enfrenta a un mundo plagado de temores y de miedos. Hemos vivido, vivimos el parto como un estado de pecado. ¿Cómo queréis, en estas condiciones, que demos a luz en la alegría? ¡Es imposible! Esquematizo un poco toda esta cuestión para que comprendáis que casi hemos llegado a darnos por satisfechos, generación tras generación, ante el dolor de la mujer. Para traer un hijo al mundo, la mujer tenía que pasar por todo eso. Afortunadamente, en cuanto nace el bebé, el dolor se olvida Sin embargo, a principios del siglo XX nos sublevamos contra el dolor de la maternidad. Algunos hombres y mujeres han luchado para determinar las causas de ese dolor. No vamos a impartir un curso de anatomía, pero toda relajación muscular pasa por el «no miedo». Cuando dejamos de tener miedo, el cuerpo se relaja. De lo contrario, se produce en él una contracción que se sumará a las contracciones naturales
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del cuerpo y entonces, el dolor se hará intenso e incluso insoportable. Es necesario liberar a la sociedad y por lo tanto, a todas las mujeres, de esos miedos ancestrales transmitidos de generación en generación como una lepra, ya que el dolor formaba parte de la purificación del cuerpo. Para sentir la alegría de dar la vida, era necesario sufrir. En verdad, para comprender el símbolo y el sentido profundo de la maternidad, que puede existir sin dolor, es necesario que eliminemos este concepto. En algunas tribus, las mujeres dan a luz con facilidad porque la noción de culpabilidad no existe. En la vida intrauterina, el bebé tiene alma y ya sabe quién es. Tras su nacimiento, evolucionará en el hogar que él mismo haya elegido con el beneplácito de Dios. Ese niño llevará consigo lo que haya sentido en su entorno. Por este motivo, la familia desempeña un papel esencial. Durante los tres primeros años de vida, el niño comprende muchas cosas, no a través de sus experiencias, ya que él no tiene ninguna, sino a través de las vivencias de los demás y, principalmente, de las de sus padres. Desde su primer día de vida, el niño retiene muchas cosas y símbolos. En primer lugar, la voz, la vibración, también la ira. La palabra tiene una importancia capital en todo lo relacionado con la dulzura y la autoridad. Existen unos matices muy variados en el dialogo, en el lenguaje y el niño capta las distintas vibraciones de cada uno de ellos. Las hará suyas en función de su posición, de su sensibilidad, del estado de su Espíritu y de los medios que sus padres pongan a su disposición para que alcance, ya sea la estabilidad o la inestabilidad. Si comprendemos que un niño gobierna su vida y progresa en función de lo que oye a su alrededor, prestaremos mucha atención a su evolución. A menudo, reprimimos su potencial porque hemos olvidado lo más importante: ese niño, ese ser divino, debe permanecer libre.
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