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A carretón y canoa

De
420 pages

A carretón y canoa presenta la obra completa de Luigi Balzan (1865-1893), naturalista y explorador italiano de ideas progresistas, formación humanística y científica y notable capacidad para la aventura. Después de cinco años en Paraguay dedicado a la enseñanza e investigación de las ciencias naturales, emprendió un fascinante y sacrificado viaje de exploración, promocionado por la Societá Geografica Italiana. Recorrió en solitario el territorio boliviano entre 1891 y 1893, adentrándose en la realidad social y sus variantes étnicas. Transportado en barco, tren, diligencia, lomo de mula, carretón y canoa, visitó ciudades, pueblos, aldeas y los inhóspitos territorios del norte y del oriente del país instruyendo sobre el medio ambiente, la geografía y sus recursos naturales. Con verdadero espíritu de servicio a la ciencia, dejó trunca su trayectoria científica al morir a los 28 años fulminado por la malaria. El epitafio que lo recuerda resume sus pasiones: En su corta vida supo señalar nuevos derroteros a los hombres y nuevas metas a la ciencia. Este volumen presenta su desafiante y conmovedora aventura por la Sudamérica de finales del siglo XIX, además de un estudio sobre la vida y obra de Balzan complementado con índices de referencia. El texto original de sus escritos científicos y los siete informes de viaje son analizados y traducidos del italiano por la historiadora Clara López Beltrán.


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Portada

A carretón y canoa

La obra del naturalista Luigi Balzan en Bolivia y Paraguay (1885-1893)

Luigi Balzan
Traductor: Clara López Beltrán
  • Editor: Institut français d’études andines, Institut de recherche pour le développement; Plural Editores
  • Año de edición: 2008
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845435

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789995411411
  • Número de páginas: 420
 
Referencia electrónica

BALZAN, Luigi. A carretón y canoa: La obra del naturalista Luigi Balzan en Bolivia y Paraguay (1885-1893). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2008 (generado el 12 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6070>. ISBN: 9782821845435.

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© Institut français d’études andines, 2008

Condiciones de uso:
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A carretón y canoa presenta la obra completa de Luigi Balzan (1865-1893), naturalista y explorador italiano de ideas progresistas, formación humanística y científica y notable capacidad para la aventura. Después de cinco años en Paraguay dedicado a la enseñanza e investigación de las ciencias naturales, emprendió un fascinante y sacrificado viaje de exploración, promocionado por la Societá Geografica Italiana. Recorrió en solitario el territorio boliviano entre 1891 y 1893, adentrándose en la realidad social y sus variantes étnicas. Transportado en barco, tren, diligencia, lomo de mula, carretón y canoa, visitó ciudades, pueblos, aldeas y los inhóspitos territorios del norte y del oriente del país instruyendo sobre el medio ambiente, la geografía y sus recursos naturales. Con verdadero espíritu de servicio a la ciencia, dejó trunca su trayectoria científica al morir a los 28 años fulminado por la malaria. El epitafio que lo recuerda resume sus pasiones: En su corta vida supo señalar nuevos derroteros a los hombres y nuevas metas a la ciencia. Este volumen presenta su desafiante y conmovedora aventura por la Sudamérica de finales del siglo XIX, además de un estudio sobre la vida y obra de Balzan complementado con índices de referencia. El texto original de sus escritos científicos y los siete informes de viaje son analizados y traducidos del italiano por la historiadora Clara López Beltrán.

      1. Balzan y su aventura científica
      2. Los textos y sus resultados
      3. Luigi Balzan: naturalista, viajero y explorador
      4. El “gran viaje”: ¿ensueño o pesadilla?
  1. Parte II. Viaje de exploración de Luigi Balzan en la región central de Sudamérica

    1. Capítulo I. De Asunción a La Paz

      Luigi Balzan
    2. Capítulo II. De La Paz a Irupana

      1. Egregio señor secretario
      2. Cómo se cultiva la coca
    3. Capítulo III. De Irupana a Covendo

    4. Capítulo IV. De Covendo a Reyes

    5. Capítulo V. De Reyes a Villa Bella

    6. Capítulo VI. De Villa Bella a Trinidad

    7. Capítulo VII. De Trinidad a Santa Cruz de la Sierra y Corumbá y el retorno al Paraguay

  2. Parte III. Escritos científicos

    1. Revisión de los pseudo escorpiones de la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay en América del Sur

      Publicación científica de Luigi Balzan

    2. Lista de las especies descritas

    1. Lista de láminas

    2. La República del Paraguay

      Conferencia de Luigi Balzan en Roma, 9 de febrero de 1889

      1. Características del Paraguay
      2. Otros productos agrícolas
      3. La madera
      4. Las famosas cascadas
      5. Fauna
      6. Tribus indígenas
      7. La emigración italiana
    3. Un poco más de luz sobre la distribución de algunas tribus indígenas del centro de Sudamérica

      Artículo etnográfico de Balzan, 1893

    4. Anexo. Necrológico

  1. Parte IV. Índices temáticos

    1. Índice onomástico

    2. Índice topográfico

    3. Índice zoobotánico

    4. Glosario

  2. Bibliografía

Reconocimiento

Clara López Beltrán

1Una estadía semestral (septiembre 2006 - marzo 2007) en el Institute of Advanced Studies del Alma Mater Studiorum, Universitá di Bologna (Italia) utilizando una Senior Visiting Fellowship, me ha permitido completar y enriquecer este trabajo así como perfeccionar mi proyecto sobre viajeros italianos en América Meridional. Esa provechosa estadía me facilitó el acceso a las instituciones y a la bibliografía italiana correspondiente, así como a los lugares que pudieron influir en la formación de Luigi Balzan, es decir, la Societá Geografica Italiana, el Museo Pigorini, el Museo de Storia Naturale di Génova, la Biblioteca Nazionale di Torino, la Biblioteca del Archiginnasio en Bologna, así como a la municipalidad de Badia Polisine, pueblo natal del naturalista. En todas esas instituciones recibí colaboración, información y conocimientos. Además, tuve la satisfacción de consultar ediciones príncipe de obras de viajeros complementado de un amplio acceso a la bibliografía especializada actual. En el mismo sentido, el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid me abrió sus puertas y puso a disposición sus bibliotecas y espacios de estudio; allí fui acogida en más de una oportunidad con calidez y profesionalidad.

2La obra de Balzan, en idioma castellano, que presenta este volumen ha tenido una lenta preparación, alargada en el tiempo a causa de otros compromisos académicos que desviaron mi atención de este estudio. Su publicación se debe al decidido interés en la historia de la ciencia del Dr. Jean-Joinville Vacher, representante en Bolivia del Institut de Recherche pour le Development (IRD) y a la Dra. Carmen Beatriz Loza, de quien recibí apoyo intelectual, esenciales sugerencias para el análisis del tema y recomendaciones que mejoraron la organización de mi trabajo. Sin embargo, el impulso inicial lo debo al colega investigador Jean Claude Roux quien, por sugerencia de Alain Gioda, me hizo conocer los informes de viaje en el periplo sudamericano del naturalista. A partir de entonces me entusiasmé por tan acertada y oportuna indicación y quise conocer con mayor amplitud al autor de esos textos. Reuní su obra completa con el fin de conocer y estudiar su trayectoria. Una vez concluido el proceso de traducción y análisis, la Lic. Patricia Alegría revisó el texto para perfeccionarlo. Al mismo tiempo conté con la eficaz colaboración del universitario Juan Carlos Zurita en la búsqueda de información complementaria que está incluida en los minuciosos índices. La generosa e inmediata disponibilidad del Sr. Jaime Sarmiento, investigador del Museo de Historia Natural en La Paz (Bolivia) ha permitido, con su atenta lectura, perfeccionar la traducción del artículo sobre los pseudoescorpiones. Debo una especial mención de gratitud al Ing. Alberto Vázquez y a Bertha Zambrano por cederme muchas de las fotografías que ilustran el texto, abrir para mi uso su extraordinaria biblioteca y transmitirme sus vivencias en la región del Acre durante agradables encuentros de amena conversación. Quiero destacar el esclarecido apoyo intelectual recibido en Italia de mis distinguidas colegas y queridas amigas Chiara Vangelista (Universitá di Génova), Eugenia Scarzanella (Universitá di Bologna) y Camilla Cattarulla (Universitá di Roma Tre). El entusiasmo por mi proyecto integró al embajador de Italia en Bolivia, Dr. Silvio Mignano. A todos ellos y ellas presento mi más agradecido reconocimiento por su colaboración y apoyo.

3La Paz, agosto de 2008

Presentación. El frágil héroe de la geografía invisible

Silvio Mignano

1Un muchacho europeo del mil y ochocientos, frágil y muy lejos del estándar físico del superhéroe, cruza una selva desconocida, atraviesa ríos fangosos donde nadan fabulosos cetáceos rosados, se sienta en las riberas conversando, quién sabe en qué idioma, con pueblos hasta entonces ignorados; dibuja, en pocas palabras, rutas solitarias que destrozan el mapa imaginario de una geografía invisible, rescatando toda una región de la pertenencia al mundo ideal de los países fantásticos, las siete ciudades de Cibola, Shangri-La, la Ultima Thule, y devolviéndola al mapamundi real.

2Clara López Beltrán habla en su introducción de “escritos invisibles”, refiriéndose a la escasa suerte que recibió durante décadas la producción del naturalista italiano Luigi Balzan. Es una magnífica metáfora, con sabor a Borges, que subraya la suerte injusta de un pequeño y sin embargo significativo héroe de la exploración científica.

3Literatura invisible y geografía invisible: porque Luigi Balzan recorre durante unos años paisajes y regiones no solamente poco conocidos –pese a la capital exploración fundamental de Alcide d’Orbigny– sino también subestimados por la opinión pública, la comunidad científica y los propios gobiernos europeos, a finales del siglo xix. Todos ellos están concentrados, en cambio, en el descubrimiento y en la repartición colonial del continente africano, o en la aventura extrema de la Antártida.

4Así es que un joven naturalista paduano se adentra en las selvas del oriente boliviano, procedente del altiplano andino, y abre un camino nuevo e importante, no tanto por los resultados conseguidos –que no podían ser revolucionarios, debido a los escasos recursos disponibles y a su precoz muerte– sino por el ejemplo y la fuerza simbólica de su hazaña.

5En la figura frágil y posromántica de Balzan conviven inspiraciones distintas: era sin duda un hombre de la ciencia, consagrado ya desde los años del colegio al estudio de la historia natural, pero también era el nítido ejemplo del profundo amor a la aventura, a ir más allá de las fronteras impuestas por el destino, que es rasgo preponderante del carácter italiano, desde Marco Polo hasta Colón, desde Giovanni Caboto hasta Reinhold Messner. Es la misma urgencia espiritual que en los mismos años, en la misma región italiana, condujo a Salgari1 a convertirse en el más afamado y leído escritor de aventuras del mundo.

6Desde que me sumergí en la lectura de las relaciones de Balzan no puedo evitar pensar en este paralelismo entre dos coterráneos tan semejantes y a la vez tan antagónicos: uno vivió pocos años, abandonó su tierra, cruzó el océano y visitó realmente tierras existentes pero apenas exploradas por lo que parecían inventadas. El otro, durante una existencia también muy breve, nunca abandonó su casa y describió tierras imaginarias pero con un realismo tan logrado que los lectores las creían auténticas y pensaban que el autor del Corsario Negro y de Sandokan había materialmente pisado esos terrenos fangosos, había verdaderamente cruzado esos mares tempestuosos, había realmente atravesado esas junglas impenetrables. Uno nunca alcanzó la fama que había soñado en su adolescencia, por el contrario el otro se convirtió en un escritor de culto universal.

7Pero ese espíritu de viajeros también –o sobre todo– insufló en los millones de italianos que abandonaron sus casas, sus ciudades y sus aldeas huyendo del hambre y de la pobreza, buscando una vida mejor en Europa septentrional, en Australia, en los Estados Unidos y en América Latina. Cuando Balzan inició su viaje ya había comenzado la oleada de la primera gran migración italiana hacia América del Sur. Leyendo sus textos emerge con fuerza la intención de agregar a las motivaciones científicas y al comprensible deseo de aventura también una solícita atención moral y social a las condiciones de tantos compatriotas menos afortunados.

8Ponerse al servicio de la ciencia pero también de la gente: es otro aspecto de extraordinaria modernidad de la figura de Luigi Balzan. La Bolivia de la segunda mitad del mil y ochocientos aparece en la narración del explorador ya sorpresivamente poblada por italianos: no sólo los cónsules y diplomáticos, sino también algunos empresarios y muchos religiosos, como el misionero Angelo Baldovino, quien en 1842 fundó la comunidad de Covendo.

9Hacia ellos se dirige la profunda humanidad de Balzan, pero también hacia la gente que progresivamente encuentra en su camino: claro está que hablamos de un viaje hecho hace más de un siglo, cuando era poco factible anular completamente los prejuicios tan arraigados en el espíritu de la época. Es evidente que muchas de sus observaciones sobre los distintos pueblos indígenas pueden resultar molestas en la actualidad; sin embargo, Balzan sólo respondía a las ideas –aún científicas– del momento. Con todo, si hacemos el ejercicio de trasladarnos idealmente a sus tiempos, no cabe duda que las sinceras preocupaciones del naturalista italiano respecto a la salud, el bienestar y el justo tratamiento de esos pueblos son extraordinariamente modernas y adelantadas.

10Lamentablemente, como pone en evidencia muy bien Clara López Beltrán, la retórica fascista de los años Veinte y Treinta distorsionó la imagen del naturalista en el mismo momento cuando cumplió por lo menos el esfuerzo loable de rescatarla del olvido. El muchacho algo tímido y débil se convirtió en el estereotipo de un superhéroe ante litteram, el modelo de la italianidad muscular y conquistadora que afortunadamente nunca correspondió a la verdadera naturaleza de nuestro pueblo. El joven socialmente sensible se transformó en un aventurero, mientras desapareció el trasfondo de una Italia pobre y emigrante que, por supuesto, le daba vergüenza a un régimen afanado en celebrar una grandeza inexistente.

11Luigi Balzan en tanto integrante de la clase media, había estudiado en la Universidad de Padua. Como tal, era un profesional de la ciencia natural y por lo tanto marcaba o contribuía a delinear un cambio esencial en los viajes de exploración, que hasta entonces habían casi sido reservados a miembros de la aristocracia, incluyendo a algunos que sin duda han desempeñado una función relevante en el progreso de los conocimientos geográficos, como Alexander von Humboldt y Alcide d’Orbigny. En los postreros años del siglo xix, ya son burgueses y sobre todo académicos quienes se aventuran en el descubrimiento de tierras, pueblos, ecosistemas y culturas.2

12Resulta difícil afirmar que la prosa de Balzan sea elegante y encantadora. Su atención está minuciosamente capturada por datos estadísticos y barométricos, indicaciones Geograficas y hasta de puntos cardinales y temperaturas, reconstrucciones de vocablos de extrañas lenguas, y aún más por descripciones de plantas y animales. Brota la pasión del coleccionista cuando se dispone a enumerar los batracios, ratas, murciélagos o coleópteros que acaba de recolectar, mencionando con gozo los ejemplares que todavía no poseía, o cuando se pierde en la admiración de costumbres raras: “En Santa Ana se podrían elaborar espléndidas colecciones de pequeños marsupiales y de ratones; uno de los cuales, pequeñísimo, llevan vivos las mujeres entre los cabellos”.

13En estos momentos, al científico se corresponde con el muchacho del condado paduano extraviado en una bella aventura; y el alma de Salgari, si bien sin su inspiración literaria, aparece repentina como un relámpago, como la silueta de un gran felino que cruza nuestra vista saliendo de la selva para desaparecer después de un instante, como producto de la imaginación o del sueño:

Poco antes de entrar en un pequeño rápido avistamos a un jaguar en la playa a la diestra de río que era curvada y con colinas a la izquierda; era el primero que yo veía en libertad después de seis años de estar en América. Se lanzó al agua que lo arrastró al rápido, él lo atravesó nadando con la cola erecta fuera del agua y llegando a la orilla opuesta desapareció en el bosque.

14Si bien la estatura científica y académica de Luigi Balzan no tendría que ser exagerada, merece ser justamente reconocida. Este joven científico nos provoca cierta admiración, debido a la temprana edad con la cual emprendió su viaje y con la cual lamentablemente falleció. Hay que, quizás, seguir profundizando en el aporte que este semidesconocido italiano dio al desarrollo del conocimiento geográfico, antropológico, botánico y zoológico de Bolivia y de Paraguay: en este sentido, saludo con satisfacción y con gratitud la iniciativa de la editorial Plural, con el soporte de la Embajada de Italia, del Institut de Recherche pour le Development (IRD) y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) y, de manera muy especial, la gran labor de Clara López Beltrán.

15Sin embargo, personalmente me fascina más que todo la historia humana del explorador, su valor para abandonar el campo véneto y surcar el océano, junto con tantos compatriotas, cada uno llevando consigo, en su maleta de cartón, sus propios sueños y dramas, historias distintas, añoranzas y nostalgias diferentes. Me pregunto qué puede haber sentido este muchacho cuando descendía los valles de Yungas al pie del nevado del Wayna Potosí o cuando cruzaba en un callapo las aguas marrones del río Beni, asombrándose por las ramas horizontalmente asomadas a la corriente, curioso ante la presencia de un capibara en la ribera, maravillado por el vuelo de las garzas o el brinco repentino de ese jaguar.

16Pero me pregunto sobre todo cuáles habrán sido sus sensaciones y sus pensamientos en la modesta cama de su habitación en Padua, cuando la malaria iba devorándolo y consumiéndolo. Quién sabe si sus últimos sueños habrán sido habitados por “los grandes delfines de agua dulce de color rosa ceniza que siguen a las barcas, ya sea dulcemente o a grandes saltos y algunas veces tan cerca que salpican agua en la barca”, o por los ancianos de Exaltación de la Cruz, quienes durante la Semana Santa en medio de gritos quitaban al Cristo la corona y los clavos, asestándolo en un lecho de hojas de plátano y presentándolo a la Virgen; si escuchando las voces de la gente en el patio soleado de la ciudad patavina creyó haber vuelto a la plaza de Trinidad, aquel 12 de junio, cuando hombres y mujeres perseguían borrachos los toros, en una corrida festiva y violenta.

17No había alcanzado la gloria de Salgari o de d’Orbigny, había tenido que interrumpir sus investigaciones y sus sueños, y terminaba su vida, derrotado, en el país que había dejado con tantas ilusiones: pero había sembrado una semilla para que naciera una planta, una de las muchas raíces entrelazadas que hoy conforman las relaciones profundas entre italianos y bolivianos.

Notas

1 Salgari nació en Verona en 1862; Balzan, en Badia Polinese, en la también véneta provincia de Rovigo, en 1865.

2 Por supuesto hubo situaciones mixtas, como justamente en el caso de los ya mencionados von Humboldt y d’Orbigny, aristocráticos pero también excelentes académicos.

Autor
Silvio Mignano

Embajador de Italia en Bolivia

Prólogo

Jean-Joinville Vacher y Clara López Beltrán

1El siglo xix es, sin duda, el siglo de los grandes viajeros naturalistas. Ellos han construido una nueva visión y comprensión de la naturaleza y de su funcionamiento a través de prolongados y minuciosos análisis de campo. Esta corriente, fuera de los laboratorios, fue iniciada un siglo antes con el impulso de grandes botánicos como Linneo (Carolus Linnaeus), quien después de una misión científica en Laponia en 1732 puso las bases para una primera clasificación de los seres vivos: la Taxonomía Linneana. Aquellos naturalistas, bajo la influencia de la Ilustración tuvieron la voluntad permanente de inventariar y clasificar toda la naturaleza.

2A causa de la prohibición impuesta por las monarquías española y portuguesa para una libre entrada a todo viajero extranjero en sus dominios de Ultramar, sus colonias americanas permanecieron cubiertas, para gran parte del mundo, por un velo de mitos y misterio hasta la época de la Independencia a inicios del siglo xix. Ese enigma fomentó la intensa curiosidad del mundo científico; sin embargo, pocas fueron las expediciones pero grandes los resultados, como por ejemplo la extraordinaria medición del meridiano ecuatorial obrada por la misión científica de la Academia Real de Francia dirigida por Charles-Marie de La Condamine entre 1733 a 1756. Es también a finales del siglo xviii que las pioneras expediciones de naturalistas españoles echaron las primeras luces sobre la extraordinaria diversidad animal y vegetal del continente; mas, el elemento determinante en la historia del conocimiento científico en América fue ciertamente la expedición de Alexander von Humboldt, de 1799 y 1804, cuyos alcances iluminaron el conocimiento sobre el Nuevo Mundo. Su aportación fundamental fue la introducción de una concepción interdisciplinaria y holística de la ciencia, junto a su capacidad de detectar y analizar las conexiones entre naturaleza y sociedad, uniendo el empirismo ilustrado y el idealismo romántico. Por un lado, von Humboldt fue el fundador de la biogeografía y de la ecología americana, y por el otro estuvo permanentemente preocupado por divulgar y popularizar el conocimiento de las ciencias a través de múltiples ediciones, conferencias y exposiciones. Su labor fue continuada por sus sucesores que han permitido multiplicar el interés por el medio ambiente. En la misma línea, no podríamos presentar en Bolivia a un viajero naturalista como Balzan sin mencionar a Alcide d’Orbigny; este extraordinario científico, testigo de los primeros pasos de la República de Bolivia, realizó durante cuatro años un minucioso estudio pluridisciplinario referente al territorio de la actual Bolivia, en particular sobre sus tierras bajas. La muy valorada –hasta hoy– e innegable aportación al conocimiento del país está plasmada en su obra en ocho tomos Le Voyage en Amérique Mériodionale. Hemos participado en la necesaria re-edición en castellano de 2002, en Bolivia, de ese relato de viaje, aunque estamos todavía con la impaciencia de editar en castellano toda la extraordinaria información científica sobre botánica, entomología, geología, geografía, hidrografía, arqueología, economía, zoología y etnología contenida en los numerosos tomos de su amplísima producción intelectual.

3Tanto D’Orbigny como von Humboldt pensaban que las regiones exploradas eran laboratorios donde había la posibilidad de analizar en un mismo espacio la multiplicidad de los fenómenos naturales y sus interrelaciones, así como su vínculo con las sociedades del lugar. Su labor y sus éxitos fueron consecuencia de su sólida formación científica de alto nivel, así como del importante apoyo económico privado o estatal, senda por la que continuaron sus sucesores. Otros, al contrario, sin verdadero apoyo económico, sin formación académica muy sólida iban motivados por una extraordinaria curiosidad y por una verdadera pasión por descubrir la naturaleza y las sociedades de este continente, pasión que les permitía vencer las enormes dificultades encontradas durante sus periplos. El paradigma de estos últimos quizás fue Paul Marcoy, un viajero independiente, autodidacta y mezcla de aventurero, artista y científico. Atravesó el continente sudamericano del Pacífico al Atlántico, de la costa peruana a la costa brasileña; sugestivo recorrido relatado en su libro Voyage a travers l’Amérique du Sud, de l’Océan Pacifique a l’Océan Antlantique (que hemos editado en castellano el 2002). Marcoy usa un tono novelesco pero ofrece una información puntual sobre las sociedades indígenas, sus organizaciones y sus dinámicas sociales. Con estos dos modelos, el de D’Orbigny con un visión científica y el de Marcoy con una visión más bien impresionista se ilustran dos maneras muy distintas de viajar aunando esfuerzos e incorporando importantes aportaciones etnográficas, lingüísticas e iconográficas para el conocimiento de las etnias de la Amazonia y que prefiguran la etnología moderna de esta región. Estas tendencias marcaron época, por lo que es muy posible que Luigi Balzan, el naturalista objeto de este libro, tuviera conocimiento de esos viajes a través de la muy popular, exitosa y bien difundida revista Le toar du Monde. Es también presumible que Luigi Balzan tuviera conocimiento de la gran obra científica realizada en el Perú por su compatriota Antonio Raimondi entre 1850 y 1890. Este gran naturalista, apoyado por el gobierno peruano, trabajó durante 40 años describiendo con precisión y con una visión totalizadora la geología, la mineralogía, la botánica, la zoología y la geografía de ese país.

4Luigi Balzan llegó a América en 1885, casi un siglo después de von Humboldt. En todo ese tiempo, numerosos libros y conferencias pletóricas permitieron levantar paulatinamente el velo que había cubierto el continente, pero su inmensa superficie dejaba todavía amplias zonas a la curiosidad insaciable de los naturalistas, en particular los herméticos territorios tropicales de floresta impenetrable. Sin tener una formación académica tan desarrollada como la de von Humboldt y d’Orbigny, como tampoco un serio apoyo económico para su expedición (recibió solamente un reducido financiamiento de la Societá Geografica Italiana), Luigi Balzan produjo, en un lapso de tiempo reducido –menos de una década– una obra intelectual muy valiosa y pluridisciplinaria tocante, en gran parte, a la muy poco conocida región amazónica del territorio boliviano.

5En las épocas de d’Orbigny, de Marcoy y de varios otros autores se subrayó la innata armonía de la naturaleza con el hombre, tanto que a veces sus descripciones líricas nos hacían recordar a Jean-Jacques Rousseau. Mientras tanto, la Amazonia que halló Balzan en 1890 había mutado perceptiblemente en los últimos dos o tres lustros, debido a la explotación de la goma y su repercusión sobre población nativa. Nuestro viajero mencionó varias veces la destrucción de las sociedades locales, pero la descripción detallada de la hidrografía, del transporte fluvial y de las técnicas de explotación y de transformación de la goma hace pensar que pretendía mostrar unos relatos de viaje que sirvieran para informar a los italianos sobre el desarrollo de la economía y las potencialidades de Bolivia.

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