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Portada

Dinámicas culturales entre el Occidente, el Centro-Norte y la cuenca de México, del Preclásico al Epiclásico

Brigitte Faugère-Kalfon (dir.)
  • Editor : Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, El Colegio de Michoacán
  • Año de edición : 2010
  • Publicación en OpenEdition Books : 24 abril 2013
  • Colección : Arqueología
  • ISBN electrónico : 9782821828193

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Referencia electrónica

FAUGÈRE-KALFON, Brigitte (dir.). Dinámicas culturales entre el Occidente, el Centro-Norte y la cuenca de México, del Preclásico al Epiclásico. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2010 (generado el 17 diciembre 2013). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/1025>. ISBN: 9782821828193.

Edición impresa:
  • ISBN : 9789706792396
  • Número de páginas : 290

© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2010

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

El tema de las dinámicas culturales ha experimentado un desarrollo importante durante los últimos años dentro de la arqueología mesoamericana. Apoyándose a la vez sobre el mejoramiento de los conocimientos acerca de los contenidos culturales de las diferentes entidades, como de sus evoluciones diacrónicas, y gracias a una renovación de los acercamientos teóricos, el estudio de relaciones tan diversas como el comercio y el abastecimiento en materias primas, los intercambios a nivel de la ideología y la circulación de de las ideas, hasta las migraciones de grupos humanos, de nueva cuenta ha vuelto a ser tema de actualidad. Es en particular el caso de las relaciones complejas que se han establecido entre el occidente, el centro-norte, el noroccidente y la cuenca central, que encuentran así nuevas oportunidades de interpretación. E s t e volumen se propone revisar algunos aspectos de estas dinámicas culturales entre el Preclásico y el Epiclásico, a raiz de las investigaciones recientes. Se examinan sucesivamente el periodo Preclásico, c o n contribuciones sobre El Opeño, la cultura de las tumbas de tiro, la cultura Chupicuaro y la cuenca de México, el periodo Clásico, c o n el problema de las relaciones de Teotihuacán conel centro - norte , y por finel periodo Epiclásico con estudios realizados en Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y el c e n t r o de México.

Índice
  1. Presentación. A propósito de las interacciones culturales en el occidente de Mesoamérica

    Brigitte Faugère
  2. El preclásico y la formación de una identidad cultural

    1. Reflexiones sobre las dinámicas culturales, a partir de un sitio arqueológico del formativo medio en Michoacán

      Arturo Oliveros Morales
    2. La ideología. Un punto de acercamiento para el estudio de la interacción entre el occidente de México y Mesoamérica

      Lorenza López Mestas Camberos
      1. DIFERENCIACIÓN SOCIAL Y REDES DE INTERACCIÓN. ALGUNOS ANTECEDENTES
      2. LA ARTICULACIÓN DE LAS REDES DE INTERCAMBIO INTER E INTRARREGIONALES AL FINAL DEL PRECLÁSICO
      3. LA IDEOLOGÍA MATERIALIZADA
    1. Chupícuaro, entre el occidente y el altiplano central un balance de los conocimientos y las nuevas aportaciones

      Véronique Darras y Brigitte Faugère
      1. ESPECULACIONES SOBRE UNA CULTURA MAL CONOCIDA
      2. UNA REVISIÓN DE LAS ANALOGÍAS EN LOS MATERIALES ARQUEOLÓGICOS
      3. CHUPÍCUARO Y SUS VECINOS. DE LAS MIGRACIONES A LAS “ESFERAS DE INFLUENCIA”
      4. LOS HALLAZGOS RECIENTES
      5. CRONOLOGÍA DE LA OCUPACIÓN
      6. VÍNCULOS MÁS BIEN TARDÍOS AL ESTE...
      7. CONCLUSIONES
    2. Estudio comparativo de las prácticas funerarias en Chupícuaro, Guanajuato y buenaventura, estado de México, durante la fase Ticomán

      Cybèle David, Diana Platas y Luis Manuel Gamboa Cabezas
      1. BUENAVENTURA, IXTAPALUCA, ESTADO DE MÉXICO
      2. CHUPÍCUARO, GUANAJUATO
      3. SÍNTESIS
  1. Teotihuacán y el centro-norte

    1. Análisis de las relaciones entre Teotihuacán y el occidente de México

      Sergio Gómez Chávez y Julie Gazzola
      1. EVIDENCIAS DEL OCCIDENTE DE MÉXICO EN TEOTIHUACÁN
      2. LA ESTRUCTURA 19 DEL SECTOR NIW5
      3. ELEMENTOS TEOTIHUACANOS EN MICHOACÁN
      4. DISCUSIÓN
    2. El Bajio, la cuenca de Cuitzeo y el estado teotihuacano. Un estudio de relaciones y antagonismos

    1. Agapi Filini y Efraín Cárdenas García
      1. CONSIDERACIONES FINALES
    2. Alcances de la interacción entre el occidente y el noroeste de Mesoamérica en el Epiclásico

      Peter Jiménez Betts
      1. ENTRE EL AUGE, LAS DIÁSPORAS Y COYOTLATELCO. LA PROBLEMÁTICA EN TORNO A LA TRANSICIÓN DEL CLÁSICO MEDIO AL EPICLÁSICO
      2. LAS ESFERAS DEL EPICLÁSICO. UNA SÍNTESIS
      3. DISCUSIÓN
    3. Producción, distribución y relaciones interregionales en la cuenca de Sayula de 500 a 1100 D. C.

      Catherine Liot, Susana Ramírez Urrea, Javier Reveles y Carmen Melgarejo
      1. ANTECEDENTES Y PROBLEMÁTICA
      2. ORGANIZACIÓN SOCIOECONÓMICA DE LA CUENCA DURANTE LA FASE SAYULA
      3. PARTICIPACIÓN DE LA CUENCA DE SAYULA EN LAS REDES DE INTERACCIÓN
      4. DISCUSIÓN Y COMENTARIOS FINALES
    4. La secuencia ocupacional y cerámica del cerro barajas, Guanajuato y sus relaciones con el centro, el occidente y el norte de México

      Gérald Migeon y Gregory Pereira
      1. TRABAJOS REALIZADOS ENTRE 1998 Y 2003
      2. DATOS GENERALES SOBRE EL PATRÓN DE ASENTAMIENTO
      3. SECUENCIA CERÁMICA DEL SITIO DE LOS NOGALES Y DEL CERRO BARAJAS
    5. Flujos migratorios e influencias culturales entre el centro, el occidente y el noroccidente de Mesoamérica, vistos a través de la fauna doméstica

      Raúl Valadez Azúa, Bernardo Rodríguez Galicia y Alicia Blanco Padilla
      1. Los GUAJOLOTES
      2. PERROS EN CONTEXTOS FÚNEBRES
      3. EL PERRO PELÓN MEXICANO
      4. CONCLUSIONES
      5. AGRADECIMIENTOS
      6. NOTA
  1. Indice toponimico

Presentación. A propósito de las interacciones culturales en el occidente de Mesoamérica

Brigitte Faugère
Tradución : Jean Hennequin
Nota del autor

Note portant sur l’Auteur1

1En el transcurso de sus investigaciones todo arqueólogo se ve conducido, de una manera u otra, a abordar el tema de las dinámicas culturales. Tópico que surge en muy distintos niveles de la reflexión arqueológica cuando se intenta comprender las relaciones existentes entre un grupo humano y regiones y otros grupos más o menos lejanos, ya sea que se evoque simplemente una ideología compartida, o la hipótesis de verdaderos flujos migratorios susceptibles de provocar importantes desplazamientos poblacionales. Se trata de un tema al que el arqueólogo se refiere en muy diversos ámbitos y para etapas tan diferentes como el análisis de colecciones cerámicas u otros vestigios materiales, o bien, inversamente, la interpretación de un conjunto de fenómenos y evoluciones en el ámbito supra-rregional. Es pues, un tema muy amplio y, sobre todo, susceptible de abordarse en distintas escalas, como se desprende claramente de la compilación de artículos que constituyen el objeto de la presente publicación.

2En la arqueología mesoamericana el concepto de movilidad y de dinámica ocupa un sitio particular, ya que se sitúa, para algunos autores (entre otros, Flannery,2Litvak King,3Jiménez Moreno4), en la base misma de la definición del área cultural. En cada uno de los modelos que proponen estos autores, y pese a las sensibles divergencias que por supuesto median entre ellos, aquello que define a Mesoamérica es un sistema de relaciones dinámicas entre las distintas regiones y los grupos humanos que las habitan. En el meollo de estas relaciones, los intercambios -en el sentido lato de la palabra- desempeñan obviamente un papel clave. Basado parcialmente en el modelo establecido por Bennett para el área andina en 1948,5el modelo propuesto por J. Litvak King, en particular, subraya la importancia de los intercambios en la conformación y la evolución de la entidad mesoamericana. Esta última sería un espacio definido por un sistema espacial de intercambios, en el que cada región, además de su dinámica cultural propia, construye con las regiones más o menos lejanas, una red de relaciones de distinta índole y en constante evolución. Es este sistema de intercambios lo que define a Dinámicas culturales entre el Occidente, el Centro-Norte y la Cuenca de México una entidad mesoamericana que abarca un territorio con equilibrios cambiantes, cuyos límites evolucionan a lo largo del tiempo.

3Tras un largo periodo durante el cual el estudio de las dinámicas culturales estuvo menos en boga que otros tipos de enfoques que, como la ecología cultural, por ejemplo, favorecían una interpretación de las evoluciones más bien en términos de determinismo tecnoeconómico, este tema ha vuelto a surgir con gran ímpetu en el transcurso de los últimos veinte años. De nueva cuenta, el papel de las interacciones en la evolución de las sociedades es un tema que se aborda con frecuencia, con una toma de conciencia clara por parte de los teóricos, de la necesidad de una renovación metodológica. Específicamente, hemos asistido a una reflexión que ha desembocado en una nueva definición de los conceptos susceptibles de usarse en la arqueología, así como a cierta renovación en los enfoques teóricos (Hirth, 1996, 2001;6 Schortman y Urban, 1987;7Schortman, 19898). Si bien estos últimos en ocasiones se limitan a retomar teorías más antiguas, como en el caso de aquéllas sobre las áreas complementarias (por ejemplo, Grove, 19949) o acerca de la interacción entre unidades políticas semejantes (por ejemplo, Renfrew y Cherry, 198610), otras veces recurren a modelos nuevos: tal fue el caso, en particular, de la teoría de los "sistemas-mundo", definida en la década de los años setenta a partir de estudios de sociología histórica (Wallerstein, 1974)11y que, gracias a la variabilidad que existe entre los diferentes tipos de tales sistemas, ha sido retomada con vistas a interpretar la evolución de las organizaciones políticas y económicas de distintas regiones de Mesoamérica (véase, por ejemplo, Blanton y Feinman, 1984;12Price, 1986;13 Santley y Alexander, 1996;14 Whitecotton, 1992).15

4El tema de las dinámicas culturales ha experimentado un desarrollo particularmente importante dentro de las problemáticas concernientes al Altiplano central, ya sea con relación al fenómeno olmeca durante el Preclásico, al papel de Teotihuacán durante el Clásico, o a los fenómenos de rupturas y migraciones del conjunto del Posclásico. Las relaciones entre el Altiplano central y las demás regiones de Mesoamérica, en particular el occidente y el noroccidente de México, de nueva cuenta han vuelto a ser tema de actualidad. En realidad, los debates pudieron renovarse y ampliarse en particular gracias a los considerables progresos realizados durante estos últimos años por lo que toca al conocimiento de la historia de estas regiones. En efecto, el desarrollo de un número relativamente importante de proyectos arqueológicos ha permitido obtener un conocimiento más completo de los contenidos culturales de las sociedades occidentales y ordenarlos de manera más rigurosa en la escala temporal, aun cuando es preciso reconocer que importantes aspectos de la historia de ciertas regiones hasta la fecha permanecen totalmente desconocidos. El taller organizado en el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) en marzo de 2001 tenía por objeto, no sólo establecer el balance de los trabajos recientes que poco a poco han venido a trastocar numerosas ideas preconcebidas que se tenían anteriormente, sino también poner en contacto directo, por medio de una mesa redonda, a los investigadores que trabajaban en las distintas regiones en cuestión. Los debates que se verificaron en ocasión de este taller, involucraron a cerca de cincuenta investigadores. Aquí presentamos diez artículos basados en las ponencias que se presentaron durante este encuentro, revisados por sus autores a raíz de las discusiones que tuvieron lugar en el marco de las mesas redondas. Estas contribuciones se ordenaron en tres capítulos, correspondientes a las tres grandes divisiones cronológicas que se plantearon en dicho taller: el Preclásico, el Clásico -específicamente, el papel que desempeñó Teotihuacán durante el Clásico temprano- y el Epiclásico, que como se sabe, ocupa un sitio muy particular en estas regiones. Hemos optado por limitar las mesas redondas a estos tres periodos, ya que para abordar la enorme cantidad de datos que corresponden concretamente al Posclásico (y que, además, han sido objeto de publicaciones más numerosas) se habría requerido una organización de mucho mayor envergadura.

5La primera parte, titulada "El Preclásico y la formación de una identidad cultural", consta de cuatro artículos, tres de los cuales tratan de las tres grandes culturas preclásicas del occidente de México (El Opeño, Tumbas de tiro y Chupícuaro), mientras que el cuarto consiste en un enfoque comparativo entre las prácticas funerarias de Chupícuaro y las de un sitio contemporáneo de la cuenca de México, San Buenaventura. En su artículo sobre la cultura de mayor antigüedad en el occidente mexicano, centrada en el sitio de El Opeño, Arturo Oliveros esboza el retrato de una sociedad ya compleja durante el Preclásico temprano-medio, y propone un estudio comparativo entre el material de las tumbas de Michoacán y el material de la cuenca de México, cuya ubicación en la escala cronológica es hoy en día menos clara, en términos generales. Por supuesto, los numerosos datos en torno a la cultura material evocan, en un primer momento, la pericia y las tradiciones artesanales, algunas de las cuales perdurarían en occidente durante varios siglos. Este complejo artesanal constituye el marcador de una fuerte identidad cultural occidental, lo mismo que la especificidad que caracteriza a la concepción del espacio funerario, que corresponde a una manera muy particular de concebir la muerte. Asimismo, este complejo artesanal se identifica como parte del material hallado en las sepulturas de dicha cuenca, el famoso tertium quid cuya importancia durante mucho tiempo se pasó por alto, ante la presencia del material con una iconografía "olmeca". Los estilos decorativos de la cerámica, por ejemplo, denotan contactos o valores simbólicos compartidos. Por otra parte, una lista, tanto de los materiales importados en El Opeño, como de los materiales importados en la cuenca, revela la importancia de los intercambios comerciales. Este flujo comercial habría sido multidireccional, entre el océano Pacífico, el centro de México, el océano Atlántico, quizás las regiones del norte y a mayor distancia todavía hacia el sur. Aunque ciertos objetos viajaron, es evidente que las ideas, los símbolos, se desplazaron de manera más rápida y eficaz. Este último aspecto nos remite al artículo de Lorenza López, acerca de la cultura de las tumbas de tiro.

6La arqueóloga Lorenza López Mestas desarrolla un conjunto de argumentos tendientes a defender la idea según la cual la cultura de las tumbas de tiro compartiría cierto número de valores ideológicos característicos de Mesoamérica, gracias a la mediación de las elites. De manera más precisa, rechaza la concepción, ya antigua, de acuerdo con la cual el occidente habría tenido una organización socioeconómica sencilla y un sistema religioso centrado exclusivamente en torno al culto a los antepasados y al chamanismo, es decir, inscrito dentro de un contexto sin ideología compleja. El simbolismo que aparece en objetos cuyo acceso habría estado específicamente reservado a la elite, siguió las rutas de intercambio, permitiendo a su vez el establecimiento de contactos regulares entre los caciques de distintas regiones. Estas redes de intercambios existían desde épocas remotas (el Preclásico temprano: véase las culturas de El Opeño y Capacha) y se encontraban bien arraigadas en el Preclásico reciente, en el momento en que se desarrolló la cultura de las tumbas de tiro. El papel de la elite consistía entonces en coordinar los intercambios, que se extendían a las materias primas y los objetos de elevado valor simbólico, tales como los artefactos no utilitarios de obsidiana, las conchas (en particular, los Strombus), las piedras verdes o ciertas piezas de cerámica (las figurillas huecas). Se trata, por consiguiente, de un modelo distributivo en el cual el cacique controla y redistribuye los objetos símbolo de estatus. Estos artículos habrían transmitido conceptos pan-mesoamericanos que, a su vez, habrían penetrado el corazón de las comunidades y asegurado una legitimación de los linajes.

7Véronique Darras y la autora de las presentes líneas establecen un balance de las distintas hipótesis que se han emitido, desde los trabajos pioneros de Vaillant en la cuenca de México durante los años de la década de los treinta, acerca de las relaciones que mantenían las poblaciones de Chupícuaro con sus vecinos, en particular con los habitantes del Altiplano central y del occidente de México. Este balance conduce a describir una situación en la que las hipótesis propuestas por los investigadores que han trabajado en la cuenca de México, atribuyen a Chupícuaro un papel mayor en la evolución de los sitios del Preclásico reciente y final que ellos estudian, mientras que los especialistas de Chupícuaro han observado ante todo la tendencia inversa, que consiste en valorar el papel preeminente de sitios tales como Cuicuilco sobre Chupícuaro, en particular para la gestión de los flujos comerciales entre ambas entidades. Sin embargo, es evidente que los datos directos -específicamente aquellos que permiten medir la intensidad de los intercambios- en los que se fundamentan tales hipótesis, pueden parecer nimios, o bien proceden de trabajos demasiado antiguos. Las investigaciones emprendidas desde 1998 en el marco del proyecto Chupícuaro, permiten revisar algunas de estas hipótesis a la luz de los descubrimientos recientes, entre ellos, el problema del surgimiento de la cultura Chupícuaro, que puede abordarse de manera más convincente gracias a estudios estratigráficos que parecen apuntar a un poblamiento rápido, llevado a cabo por poblaciones exógenas. Por otra parte, ciertos datos novedosos acerca de las prácticas funerarias, como el descubrimiento en Chupícuaro de "tumbas de tiro", permiten relacionar claramente estas poblaciones con el occidente de México. Asimismo, las excavaciones han permitido un mejor control cronológico, así como la obtención de los primeros datos en materia arquitectónica, que hasta entonces hacían falta. De esta manera es posible evaluar mejor las evoluciones culturales en el transcurso de los 700 años de duración de la cultura Chupícuaro y proponer distintas etapas para las relaciones con las regiones vecinas -etapas que, para la cuenca de México, se articulan claramente de acuerdo con un antes y un después de la emergencia de Teotihuacán.

8El artículo que proponen los arqueólogos Cybèle David, Diana Platas y Luis Manuel Gamboa, permite un enfoque comparativo directo de las prácticas funerarias de Chupícuaro y las de un sitio del sur de la cuenca de México, San Buenaventura, durante la faseTicomán de esa cuenca (400 a.C.-100 d.C.). En este último sitio se excavaron 94 sepulturas y 70 fueron estudiadas por los autores, mientras que éstos disponen, para Chupícuaro, de publicaciones y de varios estudios sobre las 393 sepulturas del corpus de Porter (1956). Si bien se observan ciertas similitudes, que más bien parecen deberse a la contemporaneidad de ambos conjuntos, la impresión general es la de que prevalecen notables divergencias. Ya sea que se trate de la elección de los sitios sepulcrales más o menos especializados, la disposición de las sepulturas y la posición del cuerpo en el momento del depósito, o de los tratos particulares reservados a ciertas partes del cuerpo (entierro de cráneos aislados, mutilaciones dentarias), el entierro o no de perros, al parecer cada región disponía de su propio acervo cultural, aunque por supuesto no están excluidos ciertos contactos indirectos.

9A fin de cuentas se perfila claramente, para el Preclásico en su conjunto, la originalidad y la especificidad de una gran esfera occidental de Mesoamérica. El Opeño, la cultura de las tumbas de tiro, Chupícuaro -a los que podríamos agregar Capacha, aunque no contamos aquí con alguna contribución que se refiera directamente a este sitio- comparten numerosos valores, entre los que destaca su manera de tratar a los muertos y de percibir el inframundo. Pese a las diferencias cronológicas, a veces considerables, se observan recurrencias en la naturaleza y la morfología de las ofrendas, en las tecnologías cerámicas, lo cual parece apuntar a la existencia de un parentesco, no sólo en el ámbito ideológico, sino también de ciertas habilidades artesanales. Se trata de una identidad marcada, profundamente arraigada en la historia. Los símbolos generados y transmitidos dentro de esta entidad cultural se hallan claramente identificados, y llama la atención el que esta esfera occidental, situada en una perspectiva ampliada de la Mesoamérica de aquella época, manifieste una evidente autonomía. En efecto, una de sus características más sobresalientes es la casi total ausencia de objetos con símbolos ligados a la ideología olmeca, que domina gran parte de la Mesoamérica oriental. Ciertas características de estas dos grandes esferas culturales están reunidas, durante el Preclásico temprano y medio, en la cuenca de México, en sitios tales como Tlatilco o Tlapacoya. Más tarde, Cuicuilco, en particular, atestigua la persistencia de estrechas relaciones entre el occidente y la cuenca de México; de suerte que la cuenca pudo constituir -lo mismo quizá que otros sectores que aún hace falta definir, tales como el estado de Morelos, el valle del Balsas o ciertas porciones de la costa del Pacífico- un área de convergencia y permeabilidad entre ambas tradiciones. Por tanto, a pesar de un funcionamiento que puede parecer relativamente hermético desde el Preclásico temprano hasta el inicio de nuestra era, aproximadamente, es palpable que ambas esferas pertenecen sin duda a un mismo conjunto pan- mesoamericano, dentro de una concepción cercana a la definición que sostiene Litvak King. Esta división cultural del espacio mesoamericano experimentaría una notable evolución con el surgimiento de Teotihuacán en el Altiplano central. Sin embargo, no por ello desaparece la especificidad de la esfera occidental, ya que la mayor parte de las manifestaciones culturales del periodo clásico, como son, por ejemplo, los Guachimontones de la cultura Teuchitlán -para ceñirnos al ámbito arquitectónico- o la sobrerrepresentación de los patios hundidos en el Bajío, procede directamente del sustrato preclásico local.

10La segunda parte, titulada "Teotihuacán y el centro-norte", examina detalladamente las evoluciones ligadas a la influencia de la Gran Urbe durante el Clásico temprano, así como las posibles relaciones que ésta mantenía con sus vecinos occidentales. Los dos artículos publicados tratan prácticamente el mismo tema y recurren a datos muy similares; empero, lo que los distingue es que el primero considera los hechos directamente desde la perspectiva de Teotihuacán, mientras que el segundo analiza la situación tal como ésta se observa desde el Bajío y el norte de Michoacán. Se trata, por consiguiente, de una visión cruzada, que no sólo es ilustrativa del desfase que en ocasiones existe en la percepción de los hechos arqueológicos, sino también rica de enseñanzas acerca de una forma de coherencia de la interpretación, posibilitada por la confrontación de estas percepciones.

11Gracias a su amplia experiencia en las excavaciones en Teotihuacán, los arqueólogos Julie Gazzola y Sergio Gómez reunieron en su artículo un conjunto de datos muy completo acerca de los elementos occidentales presentes en ese lugar. Estos elementos se hallan dispersos, tanto en la literatura arqueológica, como, geográficamente, dentro de la ciudad. No obstante, Gómez tuvo la oportunidad de explorar un conjunto residencial de excepcional importancia para el tema, la estructura 19, dentro de la cual la arquitectura, la cerámica, las costumbres funerarias y los propios restos óseos humanos revelan influencias occidentales. En realidad, es probable que ciertas poblaciones procedentes del occidente se hayan establecido, entre 150 y 350 d.C., en Teotihuacán, donde habrían convivido con otros grupos de foráneos, en particular con oaxaqueños. Es posible que estos forasteros se hayan dedicado al comercio, a la vez que fungían como intermediarios políticos entre Teotihuacán y sus ciudades de origen, puesto que la vida de la ciudad requería un importante abastecimiento de materias primas. La tesis de los autores consiste en subrayar la importancia, para Teotihuacán, de las riquezas, sobre todo minerales, procedentes del norte de Michoacán: diatomitas, cuarzo, cinabrio, sal, pigmentos de diversas clases eran particularmente necesarios. Asimismo, el interés mercantil que Michoacán representaba para Teotihuacán, y sus implicaciones en el ámbito de las relaciones políticas, podría ilustrarse con la redistribución de ciertos productos. Por ejemplo, se observa un notable descenso en la explotación de las minas de obsidiana de Ucareo, en el mismo momento en que la obsidiana verde de Teotihuacán llega a asociarse claramente con el estatus de la elite michoacana. De esta manera, ciertos sitios de Michoacán habrían desempeñado el papel de intermediarios de la influencia comercial y política de Teotihuacán, gracias a los estrechos contactos que entablaban entre las elites locales y las poblaciones hermanas asentadas en la Gran Urbe.

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