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Divertimento bélico

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Parece una verdad incontestable. Se ha comprobado que la agresividad es un elemento inherente a todos los animales: se lucha por hacerse de un territorio y de hembras, y por protegerlas contra invasores o rivales. Es, pues, una ley vital. En el caso humano ocurre igual y aunque puede intervenir la capacidad de raciocino para modificar y controlar esas conductas agresivas, la guerra ha sido un factor básico en la estructuración de las sociedades y sus interrelaciones. Dada la amplitud del tema, el objetivo de estas páginas no es hacer el recuento de la belicosidad humana, sino exponer distintas reflexiones en torno a la guerra surgidas del constante acercamiento de Alfonso Arellano a las obras de arte prehispánico.
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Los problemas guerra de la
omo habilis,Homo faber,Homo sapiens: el hombre hábil, fabricante, sabio. Así se autodefine el ser humano con H base en factores biológicos, complementados por los culturales, en particular el empleo del cerebro para la producción de objetos que faciliten la vida. Tecnología, diríase. También, por cierto, podría considerarseHomo bellicus: el hombre guerrero. Y muchos podrían pensar que la guerra y la sapiencia son opuestas e irreconciliables; pero no es así; antes bien, se complementan.
Con tristeza decía donAlfonso Reyes—el más sabio de los mexicanos—, se ve que la guerra es uno de los elementos impulsores del desarrollo humano. Sí. La tecnología avanza al servicio del exterminio del hombre; desde las piedras y los palos hasta las bombas atómica y de hidrógeno, y en nuestros días las bacterias.
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Los problemas guerra de la
AcervoFCAS. RegistroINAH: 1149-123 1/2. Guerrero veracruzano en actitud atenta. Aparentemente visteichcahuipilLleva rodela en, pectoral y sandalias. la mano derecha y la izquierda quizá sostuvo un arma.
Parece una verdad incontestable. Se ha comprobado que la agre-sividad es un elemento inherente a todos los animales: se lucha por hacerse de un territorio y de hembras, y por protegerlos con-tra invasores o rivales. Es, pues, una ley vital. En el caso humano ocurre igual, aunque interviene la capacidad de raciocinio para modificar y controlar esas conductas agresivas. Sin embargo, la guerra ha sido un factor básico en la estructuración de las socie-dades y sus interrelaciones.
Dada la amplitud del tema, mi objetivo en estas páginas no es ha-cer el recuento de la belicosidad humana, sino exponer distintas reflexiones en torno a la guerra surgidas de mi constante acerca-miento a las obras de arte prehispánico. Aún así, conviene al menos aludir a algunos rasgos generales. En principio, estimo adecuado traer a la memoria uno de varios orígenes de tal actitud humana, aunque no sea sino de manera superficial.
En tanto animal gregario, el humano establece profundos víncu-los con su comunidad y territorio. Amén de los instintos, entran en juego sentimientos de seguridad y pertenencia a un tronco común, sagrado y mundano a la vez (tótem, familia, etc.), que hermanan a los individuos y conforman el grupo. Es la certeza
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Los problemas guerra de la
Guerra entre Tlatelolco y Tenochtitlán. Códice Durán.
de protección y defensa contra enemi-gos, reales y metafísicos, con lo cual se conjura el peligro de separación de la comunidad y del territorio, de la pérdida de bienes materiales e intangibles básicos para la supervivencia. Se trata, pues, de la conciencia de pertenecer a un grupo, de contar con identidad social, ideológi-ca, nacional, e implica que la comunidad reaccione en conjunto ante las crisis y se defienda contra ellas, o provoque otras contra sus enemigos.
Cabe referir, aun con brevedad, que la defensa tiene una amplia gama: desde la sagrada y mágica, que actúa en el plano metafísico, hasta la concreta, que destru-ye en el plano material. Cada comunidad se fortalece: inventa e invoca dioses po-derosos y protectores, construye sólidos escondrijos donde ocultar los tesoros, al-rededor de las casas cava fosos y levanta muros para que sirvan de fortaleza, fabri-ca armas en las que la imaginación no en-cuentra límites, selecciona a los hombres más fuertes y los excluye de cualquier actividad excepto la batalla (defensiva y agresiva), y les paga por ello.
Ahora bien, cada comunidad cuenta con reservas limitadas de ali-mento o de bienes que, en virtud de su abundancia o escasez, se pueden volversuntuarios. El intercambio de bienes no se hace esperar y ocurre con diversos matices. En el mejor de los casos, domina el comercio y la negociación; en otros, la diplomacia evita el recurso de las armas, y en el peor, el rival conquista y somete al poseedor para despojarlo de sus bienes, una vez aniquilada su defensa, y recibir tributos. A la vez, el despojo agresivo fomenta sentimientos patrióticos y anhelos de libertad en los sobrevivien-tes, que sólo consiguen sus objetivos con más luchas: la guerra para evitar la guerra.
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Cautivo de guerra. Tumba 116 de Tikal, siglo VIId. C.
Existe acuerdo en que hay fundamen-talmente dos tipos de guerra, según que el propósito sea extenderse o conservar-se, atacar o defender. El problema surge cuando la teoría quiere adjudicarle uno de los propósitos a una organización po-lítica en particular, imperio o ciudad Es-tado. Sucede que, de entrada, la realidad es mucho más rica y variada que lo que puede expresarse en un marco teórico que pretende delimitar una fórmula de gobierno, según lo demuestran los análisis de cualquier Estado. Y tengo por cierto que semejante correspondencia es insos-tenible, dados los incontables matices del desarrollo político humano. No cabe duda de que, en cualquier caso, la guerra se encamina a la expansión territorial, la adquisi-ción de bienes (básicos y de lujo) —producidos en un territorio (o en otro bajo su dominio)— o su control en forma de tributo.
Pero el binomio antes mencionado quiere ver diferencias en la for-ma de gobierno aplicada a los derrotados. A los imperios les atañe —se dice— el control físico y político del territorio, que se logra con la imposición de un regente adepto al vencedor, o por el some-timiento del vencido como súbdito o aliado. A las ciudades Estado
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Pareja de combatientes del estilo Colima. SiglosIValVIId. C.
Captura de Huitzilíhuitl y su hija Chimalaxoch en 1352.Códice Boturini.
no les interesa —según se cree— conquistar territorios ni some-terlos a un control político, sino recibir tributos, por lo cual suelen humillar públicamente e incluso matar al gobernante vencido.
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Los problemas guerra de la
Guerra entre México y Metztitlán. Códice Durán.
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