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Ecología de la cultura

De
199 pages
Herederos de un humanismo antiguo y radical, los estudios culturales constituyen, como señala Antonio Lastra en esta obra, "la respuesta contemporánea más exigente a las cuestiones suscitadas por una historia terminable e interminable a la vez, pero, como disciplina y como método de investigación y transformación de la realidad, los estudios culturales se enfrentan a dilemas casi insolubles". En el trayecto para la construcción de esa respuesta, Ecología de la cultura -que comienza con una consideración sobre la naturaleza y concluye con una reflexión sobre la cultura- también puede ser leído como un estudio que va del desmoronamiento del mundo en el poema de Lucrecio a la indagación del dominio de la naturaleza por el hombre. Provisto de procedimientos que proceden de la filosofía y de la poesía, la filología y el psicoanálisis, la religión, el cine o la antropología, Antonio Lastra inscribe su "ecología de la cultura" en una vertiente político-antropológica de los estudios culturales en la que la relación "entre la naturaleza en general y la cultura es determinante para la comprensión de la naturaleza humana en particular".
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Prefacio
En el último de los capítulos,“Robert Gardner y la eco-logía de la cultura”, explico el nombre que le he dado al libro. El lector, sin embargo, advertirá mucho antes cuál ha sido la intención que me ha guiado: el orden de lectura de los capítulos, y la constancia de las refe-rencias anotadas a pie de página, son suficientemente precisos, en mi opinión, y creo que garantizan la con-tinuidad de impresión que William Hazlitt exigía de la escritura de ensayo. El libro empieza con una conside-ración sobre la naturaleza y termina con una consi-deración sobre la cultura, pero también podría decirse que el libro empieza con un estudio sobre el desmoro-namiento del mundo en el poema de Lucrecio y ter-mina con una referencia poética a la naturaleza domi-nada por la mano del hombre, es decir, por la cultura. En el verso de Philip Sydney con el que se cierra el libro, un dios lleva al hombre de la mano. Lo que quería saber cuando empecé a escribir el primero de los ensayos sigue siendo difícil de expresar. En el corazón del libro
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he expresado esa dificultad oponiendo obediencia (capítulo) y lectura (capítulo). El resultado, al menos, es un libro breve, como le gustaba a Lessing, aunque la limitación sea irónica si enumeramos algu-nos de los procedimientos empleados –la filosofía, la poesía, la filología, el psicoanálisis, la religión, el cine o la antropología– y mencionamos a los autores a los que no dejo de leer y cuya afinidad esencial me ha guiado: Emerson, Thoreau, Leo Strauss o Stanley Cavell. Cada uno de los textos ha tenido un primer des-tinatario original, y su respuesta ha aumentado la sen-sación de responsabilidad al unirlos todos con la volun-tad de dirigirme al mundo de lectores. El mundo de lectores (Leserwelt, la inagotable sinécdoque kantiana que articula nuestra solidaridad intelectual) es, en mi opinión, el escenario más apropiado para la represen-tación de los estudios culturales contemporáneos: en el capítulohe tratado de situarme, precisamente, en la antesala de la actualidad de esos estudios. El escenario, en líneas generales, tiende a ser trascendental, como se verá en el último párrafo del libro, salvo en el capí-tulo, donde el escenario –entre la idea de la natura-leza y la posibilidad de la revelación religiosa– es exis-tencial y está amenazado de muerte. El capítulo–“Pensando en la naturaleza: Lucrecio, Santayana, Leo Strauss”– forma parte del libroEl ani-mal humano: debate con Jorge Santayana, editado por
P R E F A C I O |
Jacobo Muñoz y Francisco José Martín (Madrid, Biblio-teca Nueva,); el apéndice “Robert Lowell y San-tayana” se publicó en el suplemento Limbo deTeorema. Revista Internacional de Filosofía,/,. El capí-tulo–“Creo que Platón estaba enfermo: cine y filo-sofía en el final de la vida”– fue mi contribución al Curso de Cuidados Paliativos celebrado en San Sebas-tián en el otoño de, y apareció publicado enCine y medicina en el final de la vida, editado por Antonio Casado da Rocha y Wilson Astudillo Alarcón (Socie-dad Vasca de Cuidados Paliativos, San Sebastián,). El capítulo–“Obedecer: de Rosenzweig a Lévinas”– aparece enLévinas: la filosofía como ética, ed. de Andrés Alonso Martos, Valencia,∕,. El capítulo –“Leer: Emerson, Leo Strauss, Harold Bloom”– es mi contribución al libroLa influencia de Harold Bloom, que preparo en colaboración con Carlos X. Ardavín y Javier Alcoriza. El capítulo–“Antes de los estudios culturales: Robert Warshow y la experiencia inme-diata”– forma parte del proyecto editorialEstudios Cul-turales Iberoamericanos, dirigido por Antonio Méndez Rubio, Fernando R. Contreras, Víctor Silva Echeto, Aní-bal Ford y Sergio Bairon, y el capítulo–“Robert Gard-ner y la ecología de la cultura”– del proyecto editorial Cultura verde, dirigido por Fernando R. Contreras. Quiero manifestar mi gratitud a los editores y direc-tores de los proyectos mencionados por permitirme
C U L T U R AD E L A C O L O G Í A | E
reunir aquí todos los textos, que he modificado cuando lo he creído oportuno. Estoy en deuda con Javier Alcoriza, Andrés Alonso Martos, Ramón del Castillo, Juan Diego González y Raúl Miranda por haber leído estas páginas y mejo-rado su escritura. Este libro está dedicado a Pilar,vingt ans après, y a Mario y Julia, para quienes no dejo de cultivar mi cam-po de judías...
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