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Introducción
Los estudios reunidos en este volumen tienen una caracterís-tica común: todos ellos parten de una lectura literal del Antiguo Testamento para llegar a esclarecer un sentido universalmente inteligible. Por “lectura literal” entendemos aquí la lectura del texto hebreo original. Ahora bien, esta elección no se funda en el aura que podría conferirle su antigüedad, ni siquiera en su prioridad con respecto a todas las traducciones, sino en el hecho de que su sentido está cifrado, aun en los detalles más pequeños, en el entramado de la lengua. Nada es indiferente en él: ni la elec-ción de las palabras, ni su forma gramatical, ni su organización sintáctica, ni la textura sonora, y aun menos la vasta red de corres-pondencias –ecos, paralelismos y oposiciones– que vinculan entre sí estos diversos elementos lingüísticos. Como en un poema, cada detalle del lenguaje es significativo, y es esta dimensión poé-tica la que confiere al texto toda la riqueza de su sentido. Por tal motivo, para la tradición judía este sentido es verda-deramente inagotable: dentro de la red de restricciones tramada por los signos lingüísticos que componen el texto, la interpre-tación es libre de completar los blancos o llenar los márgenes, y de proponer, generación tras generación, nuevas lecturas. Para la tradición judía, a diferencia de cualquier visión dogmática, esta constante invención del sentido constituye, precisamente, la esencia de la Revelación.
| E L E R O S Y L A L E Y
Desde siempre, las múltiples interpretaciones de la Biblia per-siguen el soplo original que anima el texto, los ecos todavía audi-bles de la voz infinita que, según esta tradición, se reveló por vez primera en el Sinaí, y que aún hoy se manifiesta a través de este libro. Para ciertos comentarios judíos antiguos, estos ecos con-servan la huella de un primigenio Eros divino que sigue ani-mando el texto bíblico. Puesto que esa palabra originaria está destinada a los hombres, y aspira a regir sus vidas sobre esta tierra, el soplo del Eros divino se ha encarnado, en el texto bíblico, en discurso de la Ley. No obstante, para comprender el espíritu que lo vivifica, es preciso redescubrir, detrás del discurso de la Ley, el Eros primordial de donde proviene. En los estudios que siguen, esta tradición será reinterpre-tada en términos del discurso filosófico occidental. Pero, a su vez, dichos términos serán reelaborados por las categorías judías que los irán transformando desde adentro. Ello es válido, en especial, para ciertas nociones procedentes de la teología –como las de Creación y Revelación– y, sin duda alguna, también para la noción misma de Dios. Estos desplazamientos conceptuales y de perspectiva quizá puedan originar otra manera, nueva y a la vez muy antigua, de leer la Biblia en el contexto de la cultura occidental: otra manera de descifrar el mundo, otra manera de proyectar un sentido en él.