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El Eros y la Ley

De
136 pages
Para la tradición judía, el sentido del Antiguo Testamento es inagotable: la interpretación es libre de llenar los blancos y los márgenes con signos lingüísticos y de proponer, de generación en generación, nuevas lecturas. En oposición a toda visión dogmática, esta permanente invención constituye la esencia misma de la Revelación. Las múltiples interpretaciones de la Biblia buscan ante todo reencontrar el aliento original que anima el texto, los ecos aún audibles de la voz infinita que habla a través de él. Hay allí algo así como un Eros que vivifica el texto, reflejo lejano de la palabra divina. Empero, dado que esta palabra está destinada a los hombres, y dado que apunta a ordenar su vida en esta tierra, en el texto bíblico el aliento original del Eros divino se encarnó en el discurso de la Ley. En esta obra, Stéphane Mosès hace una lectura de los textos mayores de la Biblia, reinterpretándolos en los términos del discurso filosófico occidental, y sometiendo ese discurso, a su turno, a las categorías judías que lo trabajan desde el interior. Mosès muestra cómo, en esos textos, opera la relación entre el Eros y la Ley, el deseo y la regla, la promesa y su cumplimiento, la experiencia de lo ilimitado y las fronteras del lenguaje. Y, por otra parte, cómo esos temas encuentran eco en la filosofía occidental, no sin cuestionarla y provocar en ella desplazamientos inéditos en relación con la tradición "griega". De esos desplazamientos nace un modo distinto, a la vez nuevo y muy antiguo, de leer la Biblia, y, por tanto, una manera distinta de descifrar el mundo, otra manera de proyectar en él un sentido.
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Introducción
Los estudios reunidos en este volumen tienen una caracterís-tica común: todos ellos parten de una lectura literal del Antiguo Testamento para llegar a esclarecer un sentido universalmente inteligible. Por “lectura literal” entendemos aquí la lectura del texto hebreo original. Ahora bien, esta elección no se funda en el aura que podría conferirle su antigüedad, ni siquiera en su prioridad con respecto a todas las traducciones, sino en el hecho de que su sentido está cifrado, aun en los detalles más pequeños, en el entramado de la lengua. Nada es indiferente en él: ni la elec-ción de las palabras, ni su forma gramatical, ni su organización sintáctica, ni la textura sonora, y aun menos la vasta red de corres-pondencias –ecos, paralelismos y oposiciones– que vinculan entre sí estos diversos elementos lingüísticos. Como en un poema, cada detalle del lenguaje es significativo, y es esta dimensión poé-tica la que confiere al texto toda la riqueza de su sentido. Por tal motivo, para la tradición judía este sentido es verda-deramente inagotable: dentro de la red de restricciones tramada por los signos lingüísticos que componen el texto, la interpre-tación es libre de completar los blancos o llenar los márgenes, y de proponer, generación tras generación, nuevas lecturas. Para la tradición judía, a diferencia de cualquier visión dogmática, esta constante invención del sentido constituye, precisamente, la esencia de la Revelación.
| E L E R O S Y L A L E Y
Desde siempre, las múltiples interpretaciones de la Biblia per-siguen el soplo original que anima el texto, los ecos todavía audi-bles de la voz infinita que, según esta tradición, se reveló por vez primera en el Sinaí, y que aún hoy se manifiesta a través de este libro. Para ciertos comentarios judíos antiguos, estos ecos con-servan la huella de un primigenio Eros divino que sigue ani-mando el texto bíblico. Puesto que esa palabra originaria está destinada a los hombres, y aspira a regir sus vidas sobre esta tierra, el soplo del Eros divino se ha encarnado, en el texto bíblico, en discurso de la Ley. No obstante, para comprender el espíritu que lo vivifica, es preciso redescubrir, detrás del discurso de la Ley, el Eros primordial de donde proviene. En los estudios que siguen, esta tradición será reinterpre-tada en términos del discurso filosófico occidental. Pero, a su vez, dichos términos serán reelaborados por las categorías judías que los irán transformando desde adentro. Ello es válido, en especial, para ciertas nociones procedentes de la teología –como las de Creación y Revelación– y, sin duda alguna, también para la noción misma de Dios. Estos desplazamientos conceptuales y de perspectiva quizá puedan originar otra manera, nueva y a la vez muy antigua, de leer la Biblia en el contexto de la cultura occidental: otra manera de descifrar el mundo, otra manera de proyectar un sentido en él.
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