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Etno-historias del Isoso

Chané y chiriguanos en el Chaco boliviano (siglos XVI a XX)

Isabelle Combès
  • Editor: Institut français d’études andines, Fundación PIEB
  • Año de edición: 2005
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844193

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789990568868
  • Número de páginas: 396
 
Referencia electrónica

COMBÈS, Isabelle. Etno-historias del Isoso: Chané y chiriguanos en el Chaco boliviano (siglos XVI a XX). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2005 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4752>. ISBN: 9782821844193.

Este documento fue generado automáticamente el 16 noviembre 2015. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 2005

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

La historia del Isoso (departamento de Santa Cruz, Bolivia) también es la de sus etno-historias, la de la utilización y de las diferentes reconstrucciones de su pasado histórico por parte de los isoseños contemporáneos.

Centrado en la historia política de la capitanía isoseña, y utilizando tanto materiales orales como documentos de archivos muy poco conocidos, este libro pone un énfasis especial en el siglo XIX, a la vez época de la conquista real de la zona y de la gestación de sus políticas actuales.

Su eje conductor es el concepto de iyambae, "sin dueño", hoy tema central del discurso político, quintaesencia de la identidad isoseña, refrán y clave de la legitimación política histórica.

Otros temas recurrentes son la herencia chané (arawak) del Isoso, y el cuestionamiento de su pertenencia al conjunto étnico chiriguano o guaraní de Bolivia.

Isabelle Combès

Isabelle Combés es antropóloga y etnohistoriadora. Tiene un doctorado en antropología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS, París). Es autora de investigaciones sobre la etnohistoria de grupos tupí del Brasil y de los chiriguanos de Bolivia. Trabajó mucho tiempo en el Chaco boliviano y es ac­tualmente investigadora del Instituto Francés de Es­tudios Andinos.

Índice
  1. Prólogo

    Erick D. Langer
  2. Antes de leer este libro

  3. Arakae...

    (Érase una vez...)

    1. Los actores
    2. El discurso
    3. El guión
  4. Capítulo 1. Historias

    1. 1. Los Kuruyuki
    2. 2. Memoria, historia y olvido
    3. 3. “¿Cómo puedo saber lo que les voy a decir?”
  5. Capítulo 2. De Matiguoroso al Parapetí

  1. El Isoso chané

    1. 1. El Isoso chané
    2. 2. Chiriguana: migración, mestizaje y asimetría
    3. 3. De Matiguoroso al Isoso
  2. Capítulo 3. Tapii y karai: la Colonia de reojo

    1. 1. Ava y karai, el imposible equilibrio
    2. 2. Tapii y karai: el siglo xvi
    3. 3. Tapii y karai: siglos xvii y xviii
  3. Intervalo 1

  4. Capítulo 4. Uchuapi

    La conquista de los “sin dueño”

    1. 1. Chótchori, Sapuruke y otros
    2. 2. La primera entrada karai: el camino
    3. 3. Uchuapi
    4. 4. La segunda entrada karai: el ganado
    5. 5. El fin de Uchuapi y el inicio del rompecabezas
  5. Capítulo 5. José Iyambae frente a los karai

    1. 1. El Isoso de José Iyambae
    2. 2. La invasión karai
    3. 3. Las reacciones isoseñas
  6. Capítulo 6. Altibajos

    Iyambae frente a los suyos

    1. 1. “Golpes de Estado” en el Isoso
    2. 2. Alto versus bajo
    3. 3. De Iyambae a Arïgui
  7. Capítulo 7. Arïgui y la Casa real

    1. 1. “¿De dónde sacó ese título?”
    2. 2. La Casa real
    3. 3. La legitimidad de Arïgui
    4. 4. El Isoso bajo el mando de Arïgui
    5. 5. Facetas de Arïgui
  8. Intervalo 2

  9. Capítulo 8. Enrique Iyambae y Casiano Barrientos

    1. 1. Los antecedentes de Enrique Tiripi Iyambae
    1. 2. Nuevos altibajos
    2. 3. El surgimiento del alto Isoso
    3. 4. “Brindar garantía de vida al pueblo”
    4. 5. De Enrique a Casiano
    5. 6. La guerra del Chaco
  1. Capítulo 9. El Isoso moderno: un balance

    1. 1. El alto y bajo Isoso
    2. 2. El Isoso de los Barrientos
    3. 3. De tapii a “guaraní” e “indígenas”
    4. 4. La CABI y la situación contemporánea
  2. Kuape opa chemïari

  3. Anexos, fuentes y bibliografía, índices

    1. Anexo 1. Comunidades del Isoso, siglos XIX y XX

    2. Anexo 2. Pedidos de adjudicaciones y remates de tierras en el Isoso (1854-1900)

      Lista preliminar

    3. Fuentes y bibliografía

    4. Índice onomástico

    5. Índice toponímico

    6. Índice de etnónimos, nacionalidades y lenguas

    7. Índice de mapas, cuadros e ilustraciones

Prólogo

Erick D. Langer

1La obra de Isabelle Combés, titulada Etno-historias del Isoso: Chané y chiriguanos en el Chaco boliviano (siglos xvi a xx), forma parte de una larga trayectoria intelectual de compromiso con los indígenas de la zona chaqueña. Isabelle Combés, procedente de Francia, se encontró con Bolivia por primera vez en 1988 cuando llegó a trabajar como investigadora auspiciada por el Instituto Francés de Estudios Andinos para investigar sobre la historia de los guaraníes. Se quedó dos años para hacer su investigación pero, como nos pasa a muchos extranjeros que se dedican a estudiar Bolivia, ella se enamoró del país y de su gente. Isabelle misma admite que se quedó “atrapada en las redes de los chaqueños,” hasta el punto de casarse con un boliviano. Aunque colaboró con su compatriota, el ya finado etnohistoriador Thierry Saignes, en un excelente libro1 sobre el origen de los chiriguanos (hoy autodenominados “ava-guaraní”) e hizo su tesis doctoral en la prestigiosa Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS), se quedó en Bolivia donde ha echado raíces.

2Desde entonces, se ha dedicado al estudio y ayuda de los pueblos originarios del sudeste del país. Aunque empezó como etnohistoriadora, sus intereses pronto se volcaron a otros tópicos entre los cuales se destaca la situación actual de los indígenas. Trabajó en proyectos diversos sobre los chiriguanos, los isoseños y los weenhayek (antes conocidos como matacos). En 1992, se graduó de la EHESS con un doctorado en Antropología Social y Etnología con una tesis inédita sobre “Iyambae, una utopía chiriguana”. Con el tiempo, Isabelle se involucró más y más en la dinámica del Isoso, lugar que visitó muchas veces por cuestiones de trabajo. Ha trabajado para la Capitanía del Alto y Bajo Isoso, Wildlife Conservation Society y otras organizaciones. Publicó varios libros sobre la zona y su gente, entre ellos un libro escolar titulado Arakae: Historia de las comunidades Izoceñas. Toda esta experiencia previa le ha servido de base para escribir esta obra maestra que ahora tengo el placer de presentar. Pasearme por las páginas de este libro me ha permitido comprender las intrincadas luchas de los capitanes isoseños por mantener la dignidad y la soberanía de su pueblo.

3La obra es la primera historia sistemática del Isoso que se publica. En realidad, es mucho más que una historia sobre el Isoso; también es un original ensayo que evalúa toda la historia de la frontera del sudeste de Bolivia. Lo novedoso de esta obra es que la autora entiende la historia del Isoso como la historia de las relaciones entre los isoseños con los chiriguano y los blancos (o los karai). En este sentido, revierte la producción intelectual sobre esta zona, dominada hasta ahora como la “Cordillera chiriguana”, sobre la cual muchos estudiosos han escrito.

4Esta novedosa perspectiva vale la pena porque la historia del Isoso, dentro del complejo de la “frontera”, es fascinante y revela mucho sobre las dinámicas de la zona oriental del país y hasta del pie de monte andino. El Isoso tiene una historia diferente a la de la Chiriguanía. En la década de los 1840, con la primera penetración de los ganaderos karai, los isoseños utilizaban la estructura nacional boliviana para tratar de hacer valer sus derechos, no siempre con éxito. La dinámica histórica de la Chiriguanía es diferente, porque la Chiriguanía se caracteriza por ser una zona de permanentes luchas violentas entre los diferentes pueblos ava, alianzas con ajenos (tobas, matacos y grupos karai), como misiones religiosas de los jesuitas (siglos xvii y xviii) y de los franciscanos (siglos xviii-xx). Además, los isoseños son, como lo prueba contundentemente la autora, descendientes de los chané que se refugiaron de la dominación guaraní. En este sentido, este libro es también la primera historia de los chané quienes, hasta ahora, solo se habían estudiado como un pueblo sometido por los chiriguanos.

5Hay otra distinción muy importante entre la historia de los chiriguanos y los isoseños. La autora puede organizar su información alrededor de las administraciones de los capitanes, los mburuvichaguasu del Isoso. Este principio de organización es imposible en el resto de la frontera porque, entre los otros grupos étnicos, hay un sinfín de líderes, de peleas y de alianzas. No obstante las inevitables divisiones internas (y una posible tradición chané de jefaturas dobles), el Isoso quedó bastante unido frente a las presiones extrañas, tanto de otros indígenas como de los criollos.

6Esto no quiere decir que tampoco haya muchas similitudes entre la Chiriguanía y el Isoso. El Isoso fue “guaranizado”, como explica la autora, y la población comparte ya desde el siglo xix el mismo idioma que los chiriguanos. Los isoseños absorbieron parcialmente la cultura política guaraní en cuanto a la independencia personal de cada guerrero, el iyambae, el hombre sin dueño. Entre ellos figuran la lucha entre la vaca (de los criollos) y el maíz de los indígenas, como ya lo definió Branislava Susnik hace casi cuatro décadas. También la penetración efectiva de los criollos, que se remonta a más o menos la mitad del siglo xix, la cual ocurre en el mismo periodo tanto en el Isoso como en la Chiriguanía. También es curioso que en esta frontera, los indígenas quedaran siempre en mayoría y los asentamientos más grandes fueran de los indígenas mientras que los pocos estancieros criollos vivieron mucho más aislados, en el campo.

7Estoy seguro que esta historia del Isoso estimulará la producción de más historias sobre el Isoso y la frontera sur boliviana y chaqueña en general. Sin embargo, considero que Isabelle Combés ha logrado escribir un libro que va a ser la obra definitiva por mucho tiempo. No solo es la primera vez que se cuenta sistemáticamente la historia del Isoso desde el siglo xvi hasta nuestros días, sino que la autora ha podido reunir información de muchas fuentes sumamente diversas para fundamentar sus argumentos. Es una obra muy completa y debería ser un modelo para hacer etnohistoria2 en Bolivia y las Américas, porque utiliza una gama muy amplia de fuentes y por la forma en que las analiza. La autora ha trabajado por años en el Archivo Nacional de Bolivia, en Sucre, y cita muchos documentos coloniales que están escondidos en el Archivo General de Indias en Sevilla, España. Esta obra se destaca también porque es la primera que conozco que se utiliza los documentos, por muchos años perdidos, de la correspondencia prefectural de Santa Cruz. Demuestra la gran riqueza documental del Oriente que hasta ahora poco se ha usado. Combés saca pleno provecho de estos documentos para su región, pero espero que otros historiadores exploten este rico archivo para escribir la historia de la zona oriental del país, que hasta ahora sigue siendo “la prima huérfana” de la historia de Bolivia.

8Esta obra también es extraordinaria en otro sentido, porque evalúa y utiliza sistemáticamente la historia oral de los lugareños del Isoso en conjunción con la documentación escrita. Evidentemente, el uso de la historia oral tiene una larga trayectoria en Bolivia, empezando con las obras de los antropólogos como Erland Nordenskióld a fines principios del siglo xix, que rescataron los mitos y historias de muchos grupos indígenas del Oriente. En las últimas décadas, historiadores aymara reunidos en el Taller de Historia Oral Andina (THOA), en La Paz, han comenzando a utilizar esta tipo de fuente con mucho éxito. Pero lo que destaca esta obra de otras es la forma en que la autora contrapone la historia escrita (mayormente por autoridades criollas) con la historia oral de los indígenas. La evaluación, frente a frente, de ambas fuentes permite adelantar notablemente nuestros conocimientos sobre el Isoso porque se ha escrito poco sobre esa región, muy apartada de los centros de gobernación colonial o nacional. La historia oral enriquece mucho nuestra comprensión del Isoso y demuestra el valor muy grande que tiene esta clase de fuentes para los historiadores de pueblos indígenas.

9La última parte del libro seguramente será controversial: allí, Combés arguye que hay muchas contradicciones en el hecho que los isocenos se han autodenominado “guaraníes,” tomando en cuenta que originalmente muchos de sus ancestros fueron tapii (esclavos) de los chiriguanos. Sin embargo, es interesante como los isoseños han revertido la situación, porque sin duda los isoseños están mucho mejor organizados que los chiriguanos y, dentro de la Asamblea del Pueblo Guaraní, han mostrado a los últimos como deberían organizarse. A principios del siglo xxi, está claro que los grupos indígenas que han encontrado formas de articulación organizada y constructiva con el Estado tienen una enorme ventaja sobre grupos mal organizados que no tienen una larga tradición de relaciones con el Estado. En este sentido, el Isoso, organizado en una estructura política única (aún con divisiones internas), lleva la ventaja a liderazgos como de los chiriguanos, mucho más dispersos.

10Por último, este libro es muy importante porque constituye un arma de lucha muy poderosa para el pueblo isoseño. Es probable que no todos vayan a estar de acuerdo con todo lo que dice la autora. Pero está bien empezar a debatir el significado de esta historia y utilizar estos conocimientos para reivindicar tierras, espacios políticos y una posición destacada dentro de la historia de Bolivia, de América Latina y de los pueblos indígenas americanos que el Isoso y sus habitantes merece.

Notas

1Alter Ego, naissance de l’identité Chiriguano (París: Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, 1991)

2 Defino la etnohistoria como la historia de pueblos indígenas, donde se toma en cuenta los conocimientos antropológicos para entender los cambios dentro de los grupos étnicos.

Autor
Erick D. Langer

Georgetown University
Washington, DC (EE.UU.)

Antes de leer este libro

1Este libro tiene una larga historia. Se inició de alguna manera en Francia, a finales de los años 1980, cuando abordé por primera vez la etnohistoria chiriguana, interrogándome en particular sobre las relaciones entre chiriguanos “guaraní” y chané araivak en el Chaco durante los siglos coloniales. Siguió luego con más de una década de trabajo en Bolivia: trabajo que osciló, según las circunstancias, entre la investigación antropológica e histórica, y la participación en diferentes proyectos de desarrollo en el Chaco. En esos años conocí el Isoso y a los isoseños y en esos años nació la idea de rescatar y estudiar su historia. Me impulsaba un gusto personal por la etnohistoria, pero también las continuas (y sin embargo tan fragmentarias y tan contradictorias entre sí) referencias al pasado en las asambleas, las reuniones e incluso en charlas informales. Así, logré reunir, con mucha ayuda por parte de los mismos isoseños, un importante material oral hecho de mitos truncados, tradiciones confusas u olvidadas y genealogías incompletas; este material requería una confrontación minuciosa con los materiales escritos que podían existir sobre la historia de esta zona. De esa confrontación nació este libro.

2Empieza con una cita del que fue y sigue siendo uno de los más grandes maestros de la etnología sudamericana, Erland Nordenskióld. No se trata de una cita inocente o casual. Este párrafo habla de historia, mejor dicho de los “indios como historiadores”; habla de los isoseños, calificados como “chané del Parapetí”; habla de jefes y de sucesión, de familias y de linajes de dirigentes. Podría decirse, en cierta forma, que este libro entero no es más que una glosa o un largo comentario a este primer párrafo. Algunas de mis conclusiones fueron tema de diferentes artículos que publiqué en diversas revistas especializadas. A lo largo de las presentes página, sin embargo, intenté dirigirme tanto a antropólogos e historiadores como a un público no especializado. Los unos encontrarán tal vez muy pocas referencias a los arsenales teóricos de las ciencias sociales; los otros pensarán a ratos que estas referencias sobran. Los historiadores encontrarán mucha antropología, los antropólogos demasiada historia. Es un riesgo que asumí... ojalá haya valido la pena.

3Unas aclaraciones previas. Los documentos de archivos citados en el texto provienen de diferentes fondos: las siglas que las identifican se encuentran en la bibliografía general. En cuanto a la historia oral, utilicé, además de las entrevistas que realicé personalmente en 1997 y 1998 con el grupo de promotores ambientales de la capitanía isoseña, muchas otras que encontré en la bibliografía existente o que me fueron gentilmente comunicadas por sus autores. Las que están publicadas figuran en el texto como una cita bibliográfica corriente; para las demás, opté por no indicar expresamente el nombre del informante, tomando en cuenta que cada entrevistado, a su manera, toma partido en las múltiples discusiones y rivalidades que agitan hoy a la capitanía isoseña; me pareció más prudente, y más honesto hacia las personas que brindaron algo de su saber, preservar su anonimato.

4La escritura del guaraní adoptada en estas páginas se conforma generalmente al alfabeto oficial vigente y aprobado por la Asamblea del Pueblo Guaraní. Conté, para ello, con la ayuda invalorable de Antonio Méndez. Vale aclarar que la letra 4 es la sexta vocal del guaraní, sonido gutural a medio camino entre la i y la u francesa. La nasalización se indica con la diéresis (¨¨) y la acentuación con una doble vocal (vokoo, bolsa, debe pronunciarse “vokó”). La letra “g” es siempre oclusiva en guaraní (como en español ante “a”) y por lo tanto se debe pronunciar la “u” en “gue”o “gui”. Cabe subrayar que según las regiones y los acentos locales, la “ñ”y la “y” son intercambiables: se encuentra por ejemplo tanto “ñanaigua” como “yanaigua”. Finalmente, la pronunciación isoseña se aparta un tanto de la de sus vecinos ava. La letra “ch” se pronuncia “s” en el Isoso: así, mburuvicha y Uchuapi, se pronuncian “mburuvisa, Usuapi”; de la misma manera, la “s” de los ava sepronuncia “j” en el Isoso. Quiero aclarar que si bien seguí estas reglas para la escritura de los nombres comunes, en general he respetado la ortografía de los nombres de personas y lugares tales como aparecen en las fuentes y en la literatura.

5Otra aclaración es necesaria en cuanto a los nombres étnicos. En general, estos nombres son invariables en la literatura antropológica, y me conformé a esta regla en la mayoría de los casos; sin embargo, cuando se trata de términos hispanizados como “chiriguano” o “camba”, he seguido las reglas gramaticales del español.

6Por último, salvo indicación contraria, las traducciones de documentos originalmente escritos en inglés y francés son mías y las del guaraní de Antonio Méndez.

7Este trabajo fue posible gracias al apoyo, a partir de 2003, del Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA). Auspiciándome por segunda vez, el IFEA y sus sucesivos directores, Jean Vachery Henry Godard, me dieron-ademas de los medios para seguir trabajando- un nuevo impulso y un interés renovado para la investigación. A ellos van mis primeros y muy sinceros agradecimientos, así como a Godofredo Sandoval y Nadia Gutiérrez, del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), que hicieron posible esta publicación; a Jean-Pierre Lavaud, quien supo animara una etnohistoriadora bastante desalentada para presentar su proyecto de investigación.

8Como siempre, contraje numerosas deudas con muchos amigosy colegas que me facilitaron información y crítica, o me brindaron su apoyo: Federico Bossert, Mario Califano, Isabelle Daillant, Valentina Dalenz, Pilar García fordán, Bret Gustafson, Silvia Hirsch, Erick Langer, Zalema lehm, Ana María Lema (y Chéri-Bibi), fohn Monteiro, Esteban Ticona, Jürgen Riester. Muchas gracias a ellos y ellas, así como a todos aquellos que me facilitaron el acceso a los fondos de archivos bolivianos: Marcela Inch, María del Carmen Martínez y Leonor Ferrufiño en el Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia en Sucre; Lorenzo Calzavarini y todo su equipo en el Archivo Franciscano de Tarifa; Francisco Pifarré en Charagua; Franz Michel y todo el personal del IDAC en Camiri; Viviana Marzluf en APCOB en Santa Cruz; Paula Peña en el Museo de Historia de Santa Cruz. Quiero agradecer muy especialmente a Catherine fulien, que estimuló tanto este trabajo y a Rosa Leny Cuellar por su paciencia y ayuda en la elaboración de los mapas.

9Son muchos los isoseños que me acogieron en sus hogares y compartieron conmigo charlas, comidas, trabajos, fiestas y sobre todo amistad. Al hacer una lista, obligatoriamente voy a olvidarme de alguien... pero quisiera destacar aquí el apoyo siempre brindado por Alberto Cuellar, Darío Ñandurezay todos los promotores del proyecto de educación ambiental de la capitanía isoseña: Martha Chavarria en Kuarirenda, Nelson fustiniano en Aguarati y Tamachindi, Rover Montenegro en Koropo e Yovi, Vicente Velásquez, Donaldo y Rolando Vaca en Aguaraigua y Guirapembi, Delcio Moreno en La Brecha, Ignacio Segundo en La Brecha, Isiporenda y Karaparí, Ruben Ñandureza en Rancho Nuevo y Kopere, Mario Cuellar en Yapiroa y Kapeatindi; agradecer también a la familia Salces en Charagua, que me trató como una hija más. Last but not least, el mburuvicha Bonifacio Barrientos Cuellar no dudó en dejarme consultar los archivos de la capitanía y siempre se interesó en mi trabajo, entendiendo que la historia no es un cuento de hadas y que contarla no significa juzgarla.

10Cuatro fueron las personas que más tiempo, paciencia y amistad dedicaron conmigo a esta investigación: Ana Forenza en el Archivo Nacional de Bolivia, gracias a quien no me ahogué en los tantos expedientes y documentos coloniales y pude descifrar la-muy endemoniada por cierto- letra de los notarios coloniales; Antonio Méndez en el Isoso, cuya amistad me abrió tantas puertas y cuyo interés hacia la historia de su región y la historia de su familia permitió recabar tantos datos valiosos; Kathleen Lowrey y Diego Villar, colegas y sobre todo amigos quienes, desde Estados Unidos y Argentina, siempre tuvieron tiempo, interés y buen humor para compartir, corregir o criticar los primeros avances de la investigación. Todos ellos saben lo mucho que les debo: hacer ahora pública mi deuda no es sino otra manera de demostrarles mi agradecimiento. Finalmente-y como siempre-, nada hubiera sido posible sin una familia en Francia y Bolivia, que supo soportar a una hija, una esposa o una hermana inmersa en el Chaco de antaño, y que curó pacientemente las angustias, las migrañas y las penas del camino.

11Santa Cruz de la Sierra, febrero de 2005.

Arakae...

(Érase una vez...)

Batirayu me contó todo que sabía sobre la historia de los chanés en el río Parapetí. El último gran jefe fue el tío de Batirayu, Aringui, quien condujo a muchos indios de su tribu a trabajara la Argentina. Su antecesor era Yambáe. Antes de él, Ocboápi ejercía como jefe. En sus tiempos, los blancos empezaron a penetrar en el país. Este jefe está descrito como un gran hombre que trataba de introducir los usos y costumbres de los blancos entre su gente. Es famoso por sus extensos viajes y su persecución a los hechiceros. Dicen que estuvo hasta en Buenos Aires. Antes de élerajefe Cbótchori. En su tiempo, los blancos todavía no habían llegado hasta el bajo Parapetí. Aquí termina la tradición oral. Los jefes mencionados eran del mismo linaje, sin embargo el gobierno no se transmite de padre a hijo (Nordenskiöld, 2002 [1912]: 157-158).

1Este párrafo pertenece a La vida de los indios, libro que Nordenskiöld dedicó a varios grupos indígenas del Gran Chaco. Es parte de un capítulo titulado “los indios como historiadores”. Estas líneas, escritas en 1912, muestran una sucesión casi lineal de los grandes jefes (o “capitanes grandes”) del río Parapetí —es decir del Isoso— en el siglo xix; subrayan que todos pertenecían a una misma familia. Los datos aquí expuestos no son el resultado de una investigación propia de Nordenskióld, sino la transcripción fiel de lo que le contó su principal informante y amigo, Batirayu1. Más abajo, el investigador sueco lamenta la poca memoria histórica de los chané del bajo Parapetí; y más allá del hecho que los datos fueran proporcionados por una sola persona, poco o nada agregaron Nordenskióld y los investigadores posteriores para profundizar nuestro conocimiento de la historia isoseña en el siglo xix. El discurso de Batirayu sintetiza, hasta hoy, los únicos datos que tenemos sobre el tema.

2Más de ochenta años después de este discurso, durante una de mis primeras estadías en el Isoso, se desarrolló una gran asamblea bajo los auspicios de la Cruz Roja Suiza. Revisar las cuentas del hospital local fue el pretexto para reunir a todas las autoridades de la zona; el verdadero motivo de la reunión era, según me explicaron los presentes, intentar resolver un problema de “golpe de Estado” (sic)contra el “capitán grande”, promovido por el hijo de un antiguo y difunto capitán local del bajo Isoso. La capitanía del Isoso es hoy una de las organizaciones indígenas más fuertes y poderosas del oriente boliviano, y me quedé bastante impresionada al enterarme de los intentos de “sedición”, si se los puede llamar así, que agitaban a las comunidades. En los años siguientes, llegué a conocer a varios de estos “disidentes” en diferentes comunidades. Todos cuestionaban el poder y la autoridad de Bonifacio Barrientos Cuellar, el capitán grande en ejercicio, pero sin formar un frente unido. A decir verdad, la primera impresión que tuve fue que existían más problemas entre los disidentes que entre éstos y la capitanía grande.

3Posteriormente, en 1999, las comunidades del bajo Isoso eligieron a su propio “capitán grande”, lo que fue interpretado como la tentativa más seria de sedición de los últimos años. El flamante capitán del bajo Isoso acabó, sin embargo, cooperando con la capitanía grande. Fue removido de su cargo en 2003, tomando su lugar un joven de la comunidad de Yovi. En 2004, la capitanía del bajo Isoso (CBI) abrió su propia oficina en la ciudad de Santa Cruz, separada físicamente de la de la capitanía del alto y bajo Isoso (CABI).

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