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Globalización y crisis social en el Perú

De
155 pages

A la tradición habrá que contrastarla con la modernidad. Considero ineludible asociarnos a los procesos modernos de la economia y a la cultura; pero creo también que si hay algo de característico en la sociedad peruana, en los últimos veinte años, es un grado muy claro de evidencia de una megadiversidad ideológica, cultural e idiomática que siempre existió pero que de alguna manera estaba, si no oculta, puesta de lado, o su presencia no era muy clara. En estos momentos nadie puede desconocerla, en el país, o por lo menos en Lima. Para nosotros, esto significa que Guaman Poma es más contemporáneo que Garcilaso. Representa el océano de oralidad que viene sumergiendo felizmente al Perú y a todos sus literaturas. Guaman Poma es el primer representante de este quechuañol cuyo ejercicio quizás hubiera salvado la vida de José María Arguedas, el quechuañol que si no mediara gente que nos empeñamos en hablar un español correcto (¿y qué es eso?) podría ser la nueva lengua indoamericana en el Perú en los siglos XXIII o XXIV. El libro de Víctor Carranza plantea todos estos problemas desde una perspectiva de integración metodológica en la que concurren diferentes ciencias sociales. Hoy no tenemos contrato social vigente. Ni siquiera estamos muy seguros de si hubo o no un contrato negociado entre nuestros diversos agentes socio históricos. Podría ser que en algún momento hayan existido contratos de adhesión forzosa o mejor aún de sujeción forzosa, pero ello no da cuenta de un espacio social solidario ni de una cooperación compartida. Pablo Macera


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Globalización y crisis social en el Perú

Víctor Carranza
  • Editor: Institut français d’études andines
  • Año de edición: 2000
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844803

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972623110
  • Número de páginas: 155
 
Referencia electrónica

CARRANZA, Víctor. Globalización y crisis social en el Perú. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2000 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/3528>. ISBN: 9782821844803.

Este documento fue generado automáticamente el 16 noviembre 2015. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 2000

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

A la tradición habrá que contrastarla con la modernidad. Considero ineludible asociarnos a los procesos modernos de la economia y a la cultura; pero creo también que si hay algo de característico en la sociedad peruana, en los últimos veinte años, es un grado muy claro de evidencia de una megadiversidad ideológica, cultural e idiomática que siempre existió pero que de alguna manera estaba, si no oculta, puesta de lado, o su presencia no era muy clara. En estos momentos nadie puede desconocerla, en el país, o por lo menos en Lima.

Para nosotros, esto significa que Guaman Poma es más contemporáneo que Garcilaso. Representa el océano de oralidad que viene sumergiendo felizmente al Perú y a todos sus literaturas. Guaman Poma es el primer representante de este quechuañol cuyo ejercicio quizás hubiera salvado la vida de José María Arguedas, el quechuañol que si no mediara gente que nos empeñamos en hablar un español correcto (¿y qué es eso?) podría ser la nueva lengua indoamericana en el Perú en los siglos XXIII o XXIV.

El libro de Víctor Carranza plantea todos estos problemas desde una perspectiva de integración metodológica en la que concurren diferentes ciencias sociales. Hoy no tenemos contrato social vigente. Ni siquiera estamos muy seguros de si hubo o no un contrato negociado entre nuestros diversos agentes socio históricos. Podría ser que en algún momento hayan existido contratos de adhesión forzosa o mejor aún de sujeción forzosa, pero ello no da cuenta de un espacio social solidario ni de una cooperación compartida.

Pablo Macera

Índice
  1. Prólogo

    Pablo Macera
  2. Prefacio

    Víctor Carranza
  3. I. La crisis social

    1. LOS MUROS CAÍDOS
    2. LA CRISIS SOCIAL «A LA PERUANA»
    3. ¿EL FUTURO DIFERENTE?
    4. CRUCE DE SENDEROS
    5. LAS TRAMPAS DEL DOGMATISMO
    6. LOS «INDEPENDIENTES»
    7. EL FUNDAMENTALISMO LIBERAL
    8. EL DESENLACE ELECTORAL DE 1990
  4. II. Dimensión étnica e identidad social

    1. RAZAS Y ETNIAS
    2. ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE LA CULTURA PERUANA?
    3. COORDENADAS ÉTNICAS Y DE CLASE
    4. LA UTOPÍA MESTIZA
    5. EL ESTADO-NACIÓN
    6. VIOLENCIA Y TERROR POLÍTICOS
    7. DEMOCRACIA Y CIUDADANÍA
  5. III. Los límites del modelo neoliberal

    1. EL MERCADO Y OTRAS PARADOJAS
    2. EL ENGRANAJE
    3. INSTITUCIONALIZAR LA DIVERSIDAD
    4. LA ALTERNATIVA REGIONAL
    1. PENSAR GLOBALMENTE, ACTUAR LOCALMENTE
    2. LA POLÍTICA: UN ESPACIO PARA ARMAR Y DESARMAR
  1. A modo de epílogo: Entre la tradición y la postmodernidad (encuesta a jóvenes universitarios)

    1. EL MERCADO Y LA CULTURA
    2. PESIMISMO GENERACIONAL
    3. AL FILO DE LA NAVAJA
  2. Bibliografía

Prólogo

Pablo Macera

1Víctor Carranza nos recuerda, parafraseando a Faulkner, que en el Perú lo pasado no ha muerto; no es ni siquiera pasado.

2¿Porqué relacionar nuestra historia latinoamericana de hoy con los aparatos simbólicos indoamericanos más remotos? El fundamento de esa metodología está en que las nuestras parecen ser en todo el continente historias pendientes y en reiteración. Cuando el consenso social es vulnerable, si las jefaturas políticas sociales temen su cuestionamiento, si el recurso simbólico establecido y consagrado no basta, todo tiene que ser reforzado y las jefaturas sociales han de proceder a una reformulación simultánea del aparato coercitivo y del aparato simbólico. Nuevas religiones, nuevas policías.

3La totalidad de la experiencia política, social, iconográfica o cultural de las sociedades andinas fue asumida por los incas cuyos quipus y caminos vienen de los wari, cuya lengua privada quizás es el puquina y que al lado del sol continuaban adorando al dios múltiple de Chavín, Wari y Tiahuanaco. Lo inca experimentó el mismo trastorno climático, el mismo desajuste social, la misma respuesta, la misma reformulación cultural en refuerzo de la decisión política. Cuando uno de los incas vinculó su nombre al vocablo Pachacutec empleó un recurso polisémico hecho de promesas y amenazas.

4Las primeras definiciones culturales andinas no sólo estuvieron asociadas a la programación productiva sino que eran herramientas indispensables del modelo económico. En el altiplano de Junín hace 12 000 años cada banda de cazadores tenía su bandera; eran las puntas de proyectil talladas de modo diferencial para que no hubieran disputas y saber con exactitud a quien pertenecía la presa capturada.

5La religión y el arte, indispensables como pegamento en todas las sociedades preindustriales, resultaba todavía más necesaria en los Andes peruanos porque podríamos decir que constituían un aparato sustitutorio de la coerción militar más desnuda. Los mejores escudos que las clases designadas como superiores pueden tener contra la insubordinación son aquellos escudos que consiguen fabricar adentro de la mente de los subordinados.

6Desde la política y la cultura se reacondiciona lo económico social y hay un flujo continuo de retroalimentación.

7Pero, el propio artificio cultural tiene un doble límite: el límite de su fatiga formal por efecto de la repetición y el límite de eficacia social del sistema que representa. Todas las iconografías tienen que ser reelaboradas a un ritmo desde luego muy diferentes al ritmo veloz con que hoy se producen modas culturales pero sin dejar de hacerlo.

8La expansión europea del siglo xvi fue la primera fase del proceso de mundialización que tuvo una segunda etapa en los siglos xviii - xix con las implantaciones continentales en Asia y África. Esa globalización se encuentra hoy en su última etapa. Lo cual no significa el fin de la historia; o mejor dicho sólo significa el fin de una cierta clase de historia, el fin del capitalismo como proceso y modelo al obtener su desarrollo y llegar al agotamiento.

9Para nosotros, esto significa que Guaman Poma es más contemporáneo que Garcilaso. Representa el océano de oralidad que viene sumergiendo felizmente al Perú y a todas sus literaturas. Guamán Poma es el primer representante de ese quechuañol cuyo ejercicio quizás hubiera salvado la vida de José María Arguedas, el quechuañol que si no mediara gente que nos empeñamos en hablar un español correcto (¿y qué es eso?) podría ser la nueva lengua indoamericana en el Perú en los siglos xxiii o xxiv.

10En esta dirección de asociar el presente al pasado es que se descubren las vigas maestras de nuestra sociedad. Es por ello que reclamamos que lo republicano sólo cobra su sentido cuando además de ser postcolonial en términos cronológicos se defina en los hechos como anticolonial por el contenido mismo de sus propuestas, de sus políticas. Quizás convenga recordar que el ejército peruano de hoy tiene sus orígenes en un ejército revolucionario. San Martín y Bolívar comandaron fuerzas subversivas. De allí el noble mandato implícito en todos los ejércitos latinoamericanos de hoy porque si bien de un lado defienden el sistema y son contrarios a su desestabilización, de otro lado están obligados por sus orígenes históricos a exigir que los sistemas latinoamericanos cumplan las exigencias éticas implícitas en el acta de la independencia.

11En ese sentido la independencia, la república y los ejércitos latinoamericanos se encuentran estructuralmente asociados a proyectos revolucionarios. Ningún ejército latinoamericano puede ser una institución políticamente conservadora sin apartarse de sus propias tradiciones. Los ejércitos latinoamericanos son o deben ser tradicionales pero ser tradicional es todo lo contrario a ser conservador. El conservador se empeña en repetir y promover el pasado. El tradicional quiere efectuar con el pasado su trasmisión, su tradición en el sentido latino, la superación. Por esas razones es que los ejércitos latinoamericanos nunca han estado más cerca de sí mismos que cuando han estado identificados con las causas populares.

12A la tradición habrá que contrastarla asimismo con la modernidad. Considero ineludible asociarnos a los procesos modernos de la economía y la cultura; pero creo también que si hay algo de característisco en la sociedad peruana, en los últimos veinte años, es un grado muy claro de evidencia de una megadiversidad ideológica, cultural e idiomática que siempre existió pero que de alguna manera estaba, si no oculta, puesta de lado, o su presencia no era muy clara. En estos momentos nadie puede desconocerla, en el país, o por lo menos en Lima.

13Por ello, hoy, tenemos una nueva agenda de problemas y esa nueva agenda todavía no ha sido del todo asumida por los gestores políticos. Cuando hablamos de los gestores políticos estamos hablando no sólo de los partidos políticos que están tan impugnados, ni de los políticos profesionales que nunca deben desaparecer del todo, sino también de los aparatos políticos de los respectivos gobiernos latinoamericanos, sin exceptuar el peruano. Esta agenda es tan nueva que debemos dar una tregua a los gestores políticos para que vayan acomodándose mentalmente a ella. Ahora, lo que pienso es que en el curso de este reacomodo, ninguno de nuestros países podrá prescindir de los aparatos políticos partidarios. Debemos diferenciar entre el colapso de los aparatos políticos y la conveniencia de que esos aparatos políticos lleguen a reconstituirse. Lo peor que puede ocurrir es que entre los respectivos gobiernos latinoamericanos y sus poblaciones no exista ninguna estructura de intermediación, porque en el momento en que, por cualquier razón, aquellos gobiernos entren en una crisis o no puedan superar una crisis, no queda nadie en medio. Es lo que ya experimentamos en el Perú al finalizar el gobierno de Leguía, cuando estuvimos al borde de una verdadera confrontación o guerra civil.

14Necesitamos creer que hay una salida a nuestros problemas. No la conozco personalmente. Sospecho que no hay nadie en términos individuales que sepa cuál es. Debería ser una tarea en la que concurriesen especialistas de varias disciplinas, pero lo que ocurre es que nosotros somos un país que necesita al mismo tiempo ir al norte que al sur, al este que al oeste. O sea que debemos embarcarnos simultáneamente hacia Chosica y Barranco. Tenemos que cumplir un proceso muy acelerado, muy rápido, muy masivo de acumulación de capitales, de ahorro interno, de reinversión en los sectores no solamente más productivos sino de mayor efecto social. Pero tenemos que hacer todo esto sin dejar de revalorar la riqueza cultural y étnica de nuestros pueblos.

15El libro de Víctor Carranza plantea todos estos problemas desde una perspectiva de integración metodológica en la que concurren diferentes ciencias sociales. El ha sabido administrar estos insumos sin caer en erudiciones inconvenientes. Lo que a él le ha interesado sobre todo es preguntar por el sentido de los hechos, el origen y las consecuencias posibles, deseables o no.

16La suya es sobre todo una preocupación por el nuevo contrato social. Hoy no tenemos contrato social vigente. Ni siquiera estamos muy seguros de si hubo o no un contrato negociado entre nuestros diversos agentes socio históricos. Podría ser que en algún momento hayan existido contratos de adhesión forzosa o mejor aún de sujeción forzosa, pero ello no da cuenta de un espacio social solidario ni de una cooperación compartida.

17Para la reformulación o primera formulación de un contrato social peruano necesitamos de estos análisis como el de Víctor Carranza que nada ocultan pero que tampoco desesperan. Su libro nos advierte que hay una ética del conocimiento. No podemos resignarnos sólo a conocer. Queremos y necesitamos que conocer y hacer vayan juntos.

Prefacio

Víctor Carranza

1Interrogado sobre cuál país es un ejemplo a seguir por el Perú, en el contexto actual de globalización de la economía, el Presidente Fujimori contestó: «No hay ejemplo, porque yo estoy haciendo aquí mi propio modelo; yo estoy inventando un país».1

2Si el destino de todo individuo es el de encontrar su verdadero yo, por cuanto éste es la única fuente de relaciones genuinas con otras personas, uno de los hechos esenciales descubiertos por la globalización es que, para mantener relaciones auténticas con otras colectividades, todo pueblo precisa conocerse profundamente y aceptarse a sí mismo.

3Empero, la globalización que nos obliga a vivir en espacios donde la interacción de las diversas culturas se hace no sólo a espaldas del estado-nación, sino contra éste, nos ha puesto en situación tal que debemos preguntarnos si a estas alturas del partido, como sociedad escindida y fracturada, no habremos llegado definitivamente tarde a la construcción de la nación peruana y si no resulta mejor y más eficiente crearnos un país multiétnico, pluricultural, verdaderamente descentralizado.

4«Yo estoy inventando un país» es, por ello, una expresión que, al poner el dedo en la llaga abierta de la identidad social de los peruanos, tiene la virtud de sacudirnos. Por provocativa, encierra una ventaja adicional: todo proyecto de futuro, nos remite al presente y éste nos obliga a «escarbar» en el pasado.

5Ya Basadre nos había advertido que la búsqueda y el destino del Perú, están anticipados en los datos naturales y temporales: el escenario geográfico, las olas culturales, las circunstancias dramáticas de su desenvolvimiento histórico, la conformación racial y social, la acción catalizadora y directriz de personalidades representativas.

6Es precisamente esta visión del futuro, como un proceso de anticipación para el cual organizamos nuestro presente y reordenamos nuestro pasado, la que se ha reabierto como debate para todos nosotros en el umbral del milenio. Es un debate centrado en la identidad social de los peruanos que ya no se agota sólo en lo sociológico. Involucra, además, lo étnico (la historia, la lengua y la cultura) y las nuevas formas de interacción en la aldea global.

7A contrapelo de la opción neoliberal en boga, que pretende clausurar este debate, el presente trabajo es un intento de sistematizar la polémica en torno al país que queremos construir y de revalorar sus elementos esenciales, no siempre articulados en el fragor de la contienda: la economía, la historia y la cultura.

8El propósito inicial era centrarnos en los escenarios de la crisis social en la década de los ′90, mas, casi siempre, la mirada tiende a volver hacia el viejo desencuentro histórico de indígenas y europeos, período en el cual los peruanos empezaron a construir sus actuales imágenes desgarradas de identidad y de cordura. La fractura sigue abierta. Parafraseando a Faulkner, diremos que en nosotros el pasado no sólo no ha muerto; no es ni siquiera pasado.

9Quizá por ello, las definiciones culturales de la vida social y los imperativos de su superviviencia forman una unidad para cuyo análisis nos siguen faltando instrumentos y métodos conceptuales convincentes. Más aún, ahora que se intenta -interesadamente- descubrir sociedades y culturas en formación, sin recurrir a la necesidad histórica, al sentido de la historia. Y en donde lo global y lo local amenazan marchar por carriles diferentes.

10Debo reconocer mi agradecimiento a Georges Pratlong, Director del Instituto Francés de Estudios Andinos, y a todos mis amigos y amigas que hicieron posible la elaboración y la edición de este libro.

Notas

1El Comercio, 22 de mayo de 1995.

I. La crisis social

1El actual proceso de globalización evidencia con fuerza inusitada un hecho que nuestros liberales intentan esconder a todas luces: las crisis que afrontamos los peruanos expresan la confluencia dramática de históricas fracturas internas con un orden mundial que implica la postración de las sociedades subordinadas.

2Por ello, los dos escenarios, nacional y global, donde se construyen las identidades sociales de nuestras poblaciones, y en los que se desenvuelven sus formas de hacer economía, política y cultura, están hoy día en el centro de un debate en el cual se juega nuestro futuro: ¿cómo articular liberadoramente lo local y lo mundial?

3Si se contempla el siglo xxi desde las consecuencias prácticas del neoliberalismo actual, coincidimos con la indignación de Jadish2 ante el futuro inmediato de los países subdesarrollados: representarán el 83% de la población mundial a inicios del año 2001. Por otro lado, son preocupantes las radicales conexiones económicas y políticas nocivas al interior de nuestros países que refuerzan la construcción de un poder estatal culturalmente excluyente de sus grandes mayorías.

4Felizmente, por el lado del escenario mundial, éste no es monolítico. Extraordinarias fisuras culturales se muestran con evidencia por las mismas áreas geográficas donde las trasnacionales van estableciendo su predominio casi absoluto sobre las relaciones económicas. Tradición, modernidad y postmodernidad son, en adelante, los horizontes conflictivos por los cuales transitan los actores de un mundo que -por lo demás-siempre «se ha movido».

LOS MUROS CAÍDOS

5Octubre de 1989. En la mirada y en la actitud de los alemanes que cruzan, en una y otra dirección, los restos del muro que sólo horas antes separaba a las dos Alemanias, la pasión y el desconcierto eran alentados por un saber compartido en todos ellos: había caído algo más que un muro. El 16 de octubre en el diario El País, de España, un artículo de Fukuyama sugería las consecuencias: «El fin de la historia».

6Ni fin, ni principio. Simplemente la historia parecía cobrarle una vieja apuesta a las burocracias estalinistas que olvidando la sentencia de Fourier, en el sentido de que anular la contradicción entre la sociedad civil y el capitalismo no implicaba matar a ambos al mismo tiempo, hicieron precisamente lo contrario: en nombre de su lucha contra el capitalismo, fueron acabando con la sociedad civil. El resultado: un creciente rencor de sus ciudadanos, cada vez más interesados en el reconocimiento del individuo y de las libertades democráticas, y que al no verlas cristalizadas en el socialismo «realmente existente», terminaron imaginándolas, maniqueamente, como categorías consustanciales al capitalismo.

7Sin capacidad para asumir la articulación del socialismo y la democracia, y bajo una colosal presión de las masas populares en sus países, las burocracias de Europa oriental terminaron rindiéndose al ya no tan discreto encanto de las burguesías supranacionales que les ofrecían, en el marco de una globalización capitalista sin precedentes, el paraíso perdido. Era la revancha de la Revolución de Febrero de 1917 contra la Revolución de Octubre. Después de 73 años los bolcheviques devolvían el poder al fantasma de Kerensky.

8Las imágenes de sociedades opulentas y «democráticas» que las trasnacionales supieron vincular con el proceso de mundialización bajo su liderazgo, encandilaron a las resentidas poblaciones de la órbita socialista. Sus deseos de tránsito a la otra orilla, a pesar de que no todos resultarían beneficiarios de la agenda de reingeniería mundial,3 eran tan contundentes que, desde 1990, los gobernantes que no quisieron adaptarse a esta tendencia empezaron a caer uno a uno. «Antes que apertura económica, crecerán peras en los manzanos de Bucarest», dijo Ceausescu. Esa misma tarde, los estudiantes de teatro salieron a colgar en los manzanos peras hechas con papel plateado. Al día siguiente, una sublevación militar derrocaba a Ceausescu, y, en un sumarísimo proceso, lo fusilaban.

9Con la caída del muro, la historia parecía dispuesta a cobrarse, además, otra vieja apuesta: esta vez contra los estados-naciones bajo cuyas estructuras la triunfante burguesía de Francia levantó un modelo político paradigmático para el resto del mundo. Un modelo, instituido como el dogma de la modernidad y que se impuso a nivel planetario, aún cuando no existieran, en cada caso concreto, las dos condiciones que lo hicieron viable en la sociedad francesa: la articulación capitalista del mercado interno y la avanzada cohesión étnica de sus poblaciones regionales. El resultado fue que, haciendo de lo económico la instancia básica, las burguesías de Europa y de sus ex colonias integraron discriminatoriamente, bajo sus nuevos estados-naciones, a otras colectividades étnicas, dejando larvados conflictos sociales cuya naturaleza explosiva sólo pudo ser atenuada por la represión militar y política.

10Como no hay crimen perfecto, ya en 1945 Lewis Mumford advertía una realidad subversiva donde todos veían coherencia: a través de la tenue envoltura de la unidad nacional, afloraban, para él, los colores básicos de las realidades geográficas, económicas y culturales presumiblemente desaparecidas. En una visión anticipada de lo que está sucediendo hoy día, Mumford indica: «Desde que se inició el movimiento regionalista, ciertos observadores inteligentes como Auguste Comte, y más tarde Le Play, no solamente observaron que estaba destinado a culminar, dado que satisfacía las condiciones básicas de la existencia política, sino que, además, Comte predijo que dentro de un siglo Europa contaría con algo así como ciento sesenta entidades regionales. Aunque esta predicción no se ha cumplido totalmente, el hecho es que hay en existencia ahora un número mayor de estados que a mediados del siglo xix; y, lo que es más importante quizá, se habla en la actualidad un número mayor de idiomas que hace un siglo».4

11Ello explica que cuando el poder de las trasnacionales logra -al margen de los estados- la globalización de los mercados a nivel mundial por la expansión de la industria y el comercio, y por la integración de los circuitos financieros, se desestabiliza la homogeneidad estructural en la que primaba la función integradora de la política desde el estado-nación, y se reactivan, al mismo tiempo, expectativas de autonomía en las colectividades étnicas sujetas al interior de esos estados. Consecuentemente, si es a través de la lucha por la hegemonía en el mercado interno que la burguesía nacional procede a homogeneizar a la población, al margen de su diversidad étnica y regional, será en la desnacionalización de los mercados -léase mundialización- que la burguesía trasnacional «sacará la vuelta» a los estados-naciones, con el consiguiente reacomodo de las tradicionales lealtades étnicas y regionales.

12Esta compleja relación entre expansión del mercado y autonomía cultural y regional es común a todos los estados conformados por diversidades étnicas. Si Ceaucescu no quiso comprender la necesidad de la apertura económica, Gorbachov comprendió demasiado tarde que no bastaba sólo la apertura económica, pues no obstante iniciar la «perestroika» se vio desbordado por los habitantes de ciento dieciséis nacionalidades que exigieron no sólo una economía de mercado, sino también un nuevo estatuto nacional. La resistencia de Gorbachov a reformar el estado multinacional soviético terminará catapultando a Yeltsin, quien, alentando reformas liberales en un marco de autonomías nacionales, logró encumbrarse en el gobierno.5

13Situaciones similares, insinuándose y extendiéndose en uno y otro continente, indicaban la presencia de un nuevo punto axial en la historia, donde se condensaban dos hechos aparentemente contradictorios: por un lado, el rompimiento del mundo bipolar Este-Oeste y la ampliación del proceso de globalización de la economía capitalista; y por otro, la exigencia de autonomías (el Québec francófilo, los vascos, Galicia, Cataluña, la minoría húngara en Rumania o la minoría rumana en Moldavia), de emancipación (Irlanda, Escocia, Gales, Palestina), de separación estatal (checos y eslovacos; croatas, serbios y bosnios, en Yugoslavia; lituanos, letones y ucranianos al interior de la URSS), de cambio de correlación de fuerzas en estados multiétnicos (Burundi, Sudáfrica), de cohesión nacional (Alemania, Corea, China); así como de integración-restitución de pertenencias nacionales (toma de Kuwait por Irak, que trata de rehacer sus fronteras, cercenadas en los años ‘20 por la corona británica).

14El factor étnico adquirió tanta o más actualidad que el conflicto de clases. Un proceso dialéctico en que cada paso hacia adelante por la unificación económica mundial suscita en los pueblos un reclamo de autonomía cultural y política. Cada nuevo equilibrio definido por las integraciones en curso provoca un reequilibrio étnico. Regis Debray anota: «El planeta se globaliza cada vez más en sus objetos, pero también se vuelve más tribal en sus temas».6

15Este fenómeno cobra fuerza inusitada no sólo en los países del Tercer Mundo, donde se asientan las culturas «tradicionales» que son la mayoría del planeta, sino también en los países de Europa. La cultura ha mostrado más elasticidad de la esperada en relación con la «razón de estado» siempre dispuesta a reproducir los patrones de modernización trasnacional. Ashis Nandy advierte que cuando entidades culturales relativamente grandes se han opuesto a las necesidades y razones de sus estados, a menudo es el estado el que ha cedido frente a la cultura.7

16Cabe anotar que, como consecuencia de las reivindicaciones culturales y regionales, sobre todo en la década de los ‘90, en Europa el número de estados se ha duplicado, mientras que en África y Asia se ha triplicado. El continente americano, en un hecho que debe ser estudiado con mayor detenimiento, ha sido la excepción. Para el caso de América latina, en 1990, los problemas económicos y la atracción ejercida por la apertura neoliberal como solución a ellos, no estaban asociados con la preocupación sobre las cuestiones étnicas y regionales. Ello no obstante que, como apunta Alain Touraine, sólo una parte de la sociedad se halla integrada al estado a través de un sistema político relativamente abierto, mientras que la mayor parte es marginada y reprimida, sobre todo cuando su identidad étnica es diferente de la del centro como sucede en la mayoría de los países andinos.8 Las propuestas neoliberales toman impulso bajo el liderazgo de Collor de Mello en Brasil; de Carlos Menen en Argentina; de Violeta de Chamorro en Nicaragua, y de Patricio Alwyn en Chile, quienes asumen la presidencia de sus países denunciando la impotencia de los programas «nacionalistas» para superar los problemas sociales en la región. Una región donde (según el Informe sobre el Desarrollo, publicado por el Banco Mundial), los contrastes entre la pobreza y la riqueza son los más notables del mundo. En términos individuales, los latinoamericanos estaban peor que hace 10 años. Mientras los países de Asia meridional crecieron en la década al 5,5 % anual, América latina lo hizo al 1,6 %. Un porcentaje menor a su crecimiento demográfico.

17Casi en forma paralela a la «Iniciativa para las Américas», con la cual el presidente estadounidense Bush prevé un Mercado Común en todo el continente, y a su invitación a México a integrarse al Pacto de Libre Comercio (NAFTA), Brasil y Argentina promueven el MEKCOSUR e invitan a Uruguay, Paraguay y Bolivia en ese intento. Ampliando la coincidencia en potenciar el rol de América Latina en la economía mundo, se realiza, en ese mismo año, la reunión cumbre de los países andinos. El viejo sueño integracionista de Bolívar se puso a andar nuevamente.

18Mas, sumergidas bajo la ola expansiva de los provectos trasnacionales, las muchedumbres mestizas y las «culturas vencidas» de América latina replanteaban, paso a paso, sus viejas reivindicaciones. En 1990 Octavio Paz, al recibir el premio Nóbel, resume en la imagen de un México mágico y mestizo -cuya cultura proviene de pasados superpuestos: mercantilismo anacrónico español y misticismo trascendentalista indígena-, la compleja realidad social de los pueblos de este continente. En cuanto a los sujetos de la cultura mexicana (y de gran parte de Latinoamérica) dirá: «Los mestizos destruimos mucho de lo que crearon los criollos y los indios, y hoy estamos rodeados de ruinas y raíces cortadas. ¿Cómo reconciliarnos con nuestro pasado?»

19Hoy sabemos que los indios y mestizos de Chiapas se estaban haciendo la misma pregunta.

LA CRISIS SOCIAL «A LA PERUANA»

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