Cette publication ne fait pas partie de la bibliothèque YouScribe
Elle est disponible uniquement à l'achat (la librairie de YouScribe)
Achetez pour : 3,99 € Lire un extrait

Téléchargement

Format(s) : EPUB - MOBI - PDF

sans DRM

Los usos de la historia de vida en las ciencias sociales. II

293 pages

El seminario internacional «El uso de las historias de vida en ciencias sociales: teorías, metodologías y prácticas» tuvo lugar en la ciudad de Villa de Leyva (Colombia) del 17 al 20 de marzo de 1992. Se reunieron investigadores de distintas disciplinas académicas y de varios países de América latina como de Europa y Norteamérica, reconocidos por su trabajo en el uso de las historias de vida. El evento fue organizado por el Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social (CIDS) de la Universidad Externado de Colombia. La mayor parte de las ponencias en él presentadas, son recompiladas en dos tomos. Los temas principales abordados son los siguientes: historia oral e historia social; movilidad social, trayectorias laborales y las transformaciones socio-estructurales (primer tomo); identidad de género, espacio privado, espacio público; identidad cultural, valores y representaciones sociales; tendencias actuales en el uso de las historias de vida (en el segundo). Ante la multiplicación de trabajos que recurren a las historias de vida, en contextos con experiencias más o menos recientes, se manifestó la necesidad de producir una reflexión crítica en torno a sus implicaciones teóricas y metodológicas, sus aportes y limitaciones, dentro délos debates sobre su validez. Pero, más allá y a través de esas discusiones, son retratos en vivo de muchos de los actores de nuestras sociedades contemporáneas que se destacan y se cruzan: hombres y mujeres, pobladores urbanos, campesinos, obreros, colonizadores, indígenas, líderes negros, patronas y empleadas domésticas, políticos y sindicalistas, guerrilleros, etc. Esos relatos muestran destinos individuales, colectivos, de familias, de generaciones. Traducen también identidades múltiples, en crisis o en recomposición.


Voir plus Voir moins

Vous aimerez aussi

Portada

Los usos de la historia de vida en las ciencias sociales. II

Thierry Lulle, Pilar Vargas y Lucero Zamudio (dir.)
  • Editor: Institut français d’études andines, Anthropos Editoria, Universidad externado de Bolivia
  • Año de edición: 1998
  • Publicación en OpenEdition Books: 27 abril 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844810

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9788476585375
  • Número de páginas: 293
 
Referencia electrónica

LULLE, Thierry (dir.) ; VARGAS, Pilar (dir.) ; y ZAMUDIO, Lucero (dir.). Los usos de la historia de vida en las ciencias sociales. II. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1998 (generado el 23 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/3495>. ISBN: 9782821844810.

Este documento fue generado automáticamente el 23 noviembre 2015. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 1998

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

El seminario internacional «El uso de las historias de vida en ciencias sociales: teorías, metodologías y prácticas» tuvo lugar en la ciudad de Villa de Leyva (Colombia) del 17 al 20 de marzo de 1992. Se reunieron investigadores de distintas disciplinas académicas y de varios países de América latina como de Europa y Norteamérica, reconocidos por su trabajo en el uso de las historias de vida. El evento fue organizado por el Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social (CIDS) de la Universidad Externado de Colombia.
La mayor parte de las ponencias en él presentadas, son recompiladas en dos tomos. Los temas principales abordados son los siguientes: historia oral e historia social; movilidad social, trayectorias laborales y las transformaciones socio-estructurales (primer tomo); identidad de género, espacio privado, espacio público; identidad cultural, valores y representaciones sociales; tendencias actuales en el uso de las historias de vida (en el segundo).
Ante la multiplicación de trabajos que recurren a las historias de vida, en contextos con experiencias más o menos recientes, se manifestó la necesidad de producir una reflexión crítica en torno a sus implicaciones teóricas y metodológicas, sus aportes y limitaciones, dentro délos debates sobre su validez.
Pero, más allá y a través de esas discusiones, son retratos en vivo de muchos de los actores de nuestras sociedades contemporáneas que se destacan y se cruzan: hombres y mujeres, pobladores urbanos, campesinos, obreros, colonizadores, indígenas, líderes negros, patronas y empleadas domésticas, políticos y sindicalistas, guerrilleros, etc.
Esos relatos muestran destinos individuales, colectivos, de familias, de generaciones. Traducen también identidades múltiples, en crisis o en recomposición.

    1. Marie France Labrecque
      1. Las historias de vida y las mujeres
      2. La investigación feminista y las relaciones jerárquicas
      3. El Estado, las mujeres y las relaciones jerárquicas: tres investigaciones feministas
      4. La investigadora y las mujeres: tres tipos de relaciones estructurales
      5. Conclusión
    2. Hábitat y relaciones sociales

      Jean-Pierre Deslauriers
      1. Introducción
      2. La soledad transparente
      3. La cooperativa de vivienda: una partícula de autonomía
      4. El corazón de la vida cooperativa
      5. Discusión metodológica
      6. Conclusión
    3. Historia de vida: individualidad y proyectos de desarrollo

      Ana Selman
      1. Reconocimiento de la individualidad y humanización de la investigación social
      2. Humanización de las ciencias sociales e historia de vida
      3. Un proceso de autogestión: breve historia
      4. Historias de vida paralelas: la subjetividad del investigador
      5. De la historia individual a la historia colectiva
      6. La historia de vida como eje de constitución de ciudadanos en el marco de los proyectos de desarrollo
    4. La movilidad social en Venezuela a través de historias de familia

      Marielsa López
    5. Movilidad social y familia popular urbana en Venezuela

      Dyna Guitián
      1. La construcción de la Historia
      2. Cómo procesar y analizar la historia de vida
      3. ESQUEMA PARA EL ANÁLISIS DE RELACIONES, ACTORES Y PRÁCTICAS DEL ÁMBITO PRIVADO AL PÚBLICO
      4. ESQUEMA PARA EL ANÁLISIS DEL PROYECTO: RECURSOS, LIMITACIONES Y ESTRATEGIAS
      5. Bibliografía
    6. Los Rodríguez: una familia de la frontera colombo-venezolana

    1. Elizabeth Zamora Cardozo
    2. Movilidad social y proyecto familiar

      María Josefina Villegas
      1. Introducción
      2. Objetivos generales
      3. Movilidad social
      4. Movilidad social y familia
      5. Movilidad social en Venezuela
      6. Movilidad social y proyecto familiar en Venezuela
      7. Breve resumen de la historia realizada
      8. Breves comentarios de la historia familiar realizada
  1. Parte cuarta. Identidad cultural, valores y representaciones sociales

    1. El sujeto a pesar de sí mismo

      Relato de vida, genealogía e identidad en los medios afro-bahianenses (Brasil)

      Michel Agier
      1. El dios sujeto
      2. La problemática del observador
      3. La problemática del observado
      4. La relación observador-observado
      5. La reconstrucción del sujeto en la entrevista biográfica
      6. El sujeto preso en la red
      7. Lógica simbólica, lógica social y legitimación del sujeto
      8. Conclusión
    2. La élite por sí misma

      Las trayectorias de los dirigentes políticos ecuatorianos

      Simón Pachano
      1. Introducción
      2. La élite política
      3. Riesgos y temores: los problemas del método
      4. La intencionada construcción de la historia gloriosa
    3. Juan Gregorio Palechor: tierra, identidad y recreación étnica

      Myriam Jimeno
      1. Introducción
      2. Las identidades étnicas, mutables construcciones
      3. Tierras de indios
      4. Juan Gregorio Palechor, de la comunidad a la nación
      5. Palechor entre dos mundos
      6. Tierra y recreación de identidad
    1. El enfoque biográfico a prueba de interpretaciones

      Formas temporales de causalidad

      Frédéric de Coninck y Francis Godard
      1. La interpretación de datos biográficos
      2. Formas de temporalidad, formas de causalidad
      3. Conclusión: modos de inteligibilidad de los itinerarios biográficos

Parte tercera. Identidad de género, espacio privado, espacio público

Testimonio autobiográfico femenino: un camino de conocimiento de las mujeres y los movimientos urbanos en México

Alejandra Massolo

Introducción

1Durante la década de 1970, numerosas ciudades del mundo capitalista desarrollado y del periférico fueron escenarios de la emergencia ruidosa de inéditas expresiones de protesta y formas de organización social. Se hicieron visibles, entonces, insospechados problemas, conflictos, demandas y objetivos de la sociedad civil contemporánea. Heterogéneos y desconcertantes actores sociales tomaron las calles, avenidas, plazas y edificios, movilizados a partir de uno u otro lugar de la vida cotidiana. Dos extraordinarios movimientos sociales se habían anticipado, sacudiendo los espacios públicos de las ciudades: el movimiento estudiantil del 68 y la segunda ola del feminismo a mediados de los sesenta. Ambos movimientos contestatarios dejaron sus ecos y huellas en la atmósfera social de la vida urbana que inauguró la crisis, cambios y acciones colectivas de los años setenta.

2Del espacio habitacional en barrios populares y zonas periféricas, surgieron rabiosos conflictos y reivindicaciones referidas a la ciudad y dirigidas a los poderes públicos. Espacio de la vida cotidiana, dentro y alrededor de la vivienda, que fue la matriz física-social de formación de nuevos y multifacéticos actores del escenario urbano. Diferentes procesos históricos de urbanización, sistemas políticos e instituciones gubernamentales separaron movimientos y protagonistas de los países del capitalismo avanzado, y del periférico latinoamericano. Pero un común denominador los hermanó en similar escenario de conflictos y acciones: la defensa y mejoramiento de las condiciones de vida urbana, y el rechazo al modelo de ciudad segregador y excluyente.

3Otro importante denominador común los familiarizó: las mujeres. Se reconozca o no, desde sus nacimientos contemporáneos, las luchas inquilinarias y los movimientos sociales urbanos laten por dentro al ritmo e impulso del corazón del género femenino. Es decir que no es la biología del sexo lo que hace que constituyan la densidad social mayoritaria de esos movimientos y organizaciones, sino el género en tanto construcción socio-histórica que establece la estrecha y poderosa vinculación entre la mujer y los problemas de vivienda, consumos colectivos y las políticas urbanas del Estado que las clases populares sufren en las ciudades.

4Sin embargo, los enfoques teóricos predominantes y los intereses de investigación sobre las estructuras y movimientos urbanos, tendieron a omitir la presencia y actuación femenina. Dos paradigmas se combinaron en la aplicación de la metodología de la omisión, o marginal atención: el androcentrismo y el estructuralismo marxista (aunque el funcionalismo tampoco estuvo exento de la misma tendencia). En consecuencia, y como en otros campos del conocimiento humano, también en los estudios urbanos se hizo evidente la paradójica «invisibilidad» —visibilidad de la mujer. La crítica feminista y los estudios de la mujer, a partir de la década de los setenta, lograron abrir nuevas y distintas rutas de indagación, conceptualización y debate. Así, la temática de la mujer, paulatinamente, se introdujo dentro de las disciplinas dedicadas al análisis de las estructuras y procesos urbanos.

5La curiosidad por saber lo que no sabíamos de las mujeres, por su omisión o marginalidad en las investigaciones realizadas y publicaciones en México, nos estimuló a iniciar un trabajo de investigación exploratorio en búsqueda de la presencia y trayectorias de participación de mujeres, activamente involucradas en movimientos populares independientes que emergieron durante la década de 1970, en algunos asentamientos periféricos y barrios de la Ciudad de México (Massolo, 1992). Quiere decir que el objetivo y alcance de exploración, delimitan y caracterizan, tanto la experiencia de investigación como la contribución de conocimientos, interpretaciones y reflexiones que pudimos avanzar. ¿Cómo llevar a cabo la exploración?

Corrientes alternas: la perspectiva feminista y el renacimiento de la historia de vida

6Uno de los resultados académicos del movimiento feminista fue introducir la crítica epistemológica que cuestionó y rechazó los cánones vigentes de «objetividad», que produciría el único conocimiento «válido» y «legítimo» por medio de la cuantificación-medición de los fenómenos sociales, y la dicotomía entre el sujeto investigador y el sujeto investigado. Esos cánones y esa separación implicaban graves consecuencias: objetivizar a la mujer como un «dato», mantener los supuestos sexistas de las categorías estadísticas, negar y deslegitimizar la validez de la subjetividad del conocimiento, la comprensión y significado de la experiencia femenina, puesto que se basan en lo particular, emocional, no racional, íntimo y cotidiano (Cook y Fonow, 1986; Stanley y Wise, 1983).

7Consecuentemente, se multiplicaron las preguntas y discusiones en torno a qué estrategias de investigación se adoptan y qué instrumentos de trabajos se utilizan para aterrizar la perspectiva feminista en una metodología apropiada a los fines y naturaleza del movimiento. Pero, ¿es posible identificar una única y real metodología feminista? Cook y Fonow (1986), haciendo una revisión de investigaciones feministas en sociología, admiten la dificultad de proponer una definición acabada de lo que debería ser una metodología feminista —que aún se encuentra en proceso de elaboración—, y enfatizan la inconveniencia de estipular las técnicas de investigación que serían las «correctas» en esta disciplina. Más bien de lo que se trata es de ciertos principios epistemológicos básicos que sustentan la metodología feminista. Entre esos principios están la categoría y significado del género; la toma de conciencia como herramienta metodológica específica; el desafío a la norma de la «objetividad», que presupone la separación entre sujeto-objeto de investigación, y la experiencia personal como no-científica (ibíd., p. 5).

8La historia de vida y la historia oral forman parte de la gama de procedimientos de investigación acerca de la mujer. Han sido, y son, para empezar, instrumentos claves para combatir la «invisibilidad» —omisión de la existencia de las mujeres dentro de diversas áreas de las humanidades y ciencias sociales. Y para desbloquear el silencio femenino, producto elocuente de la subordinación y discriminación de género. Responden asimismo, a la valorización —como fuente de conocimiento— de la subjetividad y el significado de la experiencia humana, individual y colectiva.

9Susan Geiger, haciendo una revisión y evaluación de los estudios de la mujer con historias de vida, observa que es un «recurso excepcional para estudiar la vida de las mujeres en diferentes puntos de sus ciclos de vida dentro de contextos culturales e históricos específicos». Agrega que la contextualización personal de la vida de las mujeres que se encuentra en las historias de vida, «la hace invaluable para profundizar comparaciones culturales, prevenir generalizaciones fáciles, y evaluar teorías acerca de la experiencia de la mujer o la opresión de la mujer» (1986, p. 338). Esta autora plantea una correcta advertencia respecto al uso de la historia oral (igualmente válida para la historia de vida), en el sentido de que no hay nada «inherentemente feminista» en la historia oral de mujeres, o en las mujeres investigadoras que hacen historia oral, o en el acto femenino de relatar. Solamente se convierte en una metodología feminista, si se utiliza sistemáticamente de determinada manera y para objetivos feministas (Geiger, 1990).

10Me parece importante destacar dos aspectos de los objetivos que se propone la metodología de la historia oral en los estudios de la mujer: servir de correctivo a supuestos andro-céntricos, y producir conocimientos e ideas que beneficien a las mujeres, en el sentido de contribuir a «cambiar las formas de interpretar, apreciar y comprender la vida de las mujeres», a través de la experiencia histórica. La historia oral feminista permite, así, revelar e introducir múltiples verdades en los ambientes académicos (Geiger, ibíd., pp. 178-179).

11Margaret Randall ya hace muchos años que demuestra, a través de sus libros y reflexiones, la importante utilidad de la historia oral y el género del testimonio para abrirle a las mujeres «las compuertas de la historia». Es ampliamente sabido que la palabra escrita ha pertenecido mayoritariamente al dominio masculino, mientras que el entrenamiento ancentral de las mujeres —en la trastienda de la historia y zonas de la cotidianidad— ha sido la palabra hablada. Más aún en las regiones del Tercer Mundo, como América Latina y el Caribe, donde sobrellevan largos rezagos de escolaridad comparados con los de los hombres. Son, además, los sectores sociales rurales y urbanos más afectados por el analfabetismo, y les toca la cara de la moneda que decide que son ellas quienes deben abandonar la escuela ante las exigencias de la pobreza.

12Sonia Montecinos enfatiza, acertadamente, que en América Latina las mujeres más que ningún otro segmento social están sujetas a la opacidad, y se encuentran entre esas voces «silenciadas» que se están buscando mediante el género testimonial: «La recopilación testimonial adquiere así enorme importancia para dilucidar y exponer las formas que toma la identidad femenina en nuestra cultura: las autodefiniciones, las fronteras entre la mujer y el hombre, las formas de constitución de la alteridad» (1987, p. 50).

13Entonces: si la historia de vida, la historial oral y el testimonio constituyen opciones que nos ayudan a trazar el camino metodológico hacia el encuentro, conocimiento y valorización de la mujer, ¿qué ocurrió fuera de los ámbitos de la investigación feminista? Recordemos que durante la década de los años veinte, una ciudad, Chicago, fue objeto de numerosos estudios monográficos que utilizaron privilegiadamente material biográfico e historias de vida. Los investigadores representaban la Escuela de Chicago, fundadora de la sociología urbana contemporánea, de larga y controvertida influencia en los estudios urbanos.

14Quiere decir que, desde un enfoque ecológico y con una preocupación por el significado subjetivo de la vida social y los hechos tangibles de la experiencia humana (Lester, 1986; Co-rradi, 1988), la investigación empírica a partir de la recolección de historias de vida y documentación biográfica, se encuentra en la génesis del campo de estudio de las ciudades capitalistas del siglo xx. Pero los sociólogos de Chicago observaban los procesos urbanos como fenómenos de desorganización social y conductas «desviadas» que evidenciaban ciertos grupos y comunidades, respecto a los valores y normas de una sociedad que se urbanizaba y modernizaba rápidamente, demostrando las bondades del american way of life. Los mundos sociales que eligieron de objeto de estudio, reflejaban esa concepción: vagabundos, pandillas, delincuentes juveniles, muchachas que se ganaban la vida en salones de baile, etc. (ver Hannerz 1986).

15Un «doble imperialismo», como dice Daniel Bertaux (1988), incidió en la fuerte tendencia al abandono y desuso de la metodología cualitativa con material biográfico e historias de vida: el funcionalismo de la sociología norteamericana y el survey research (encuestas), y el estructuralismo de origen europeo. La crítica que desarrolló Bertaux al estructuralismo francés, por ejemplo, certeramente descubre que éste no le dejaba ningún espacio a la autobiografía puesto que negaba la subjetividad, la experiencia humana, la historicidad, y reducía a los hombres a ser soportes pasivos de las estructuras (ibíd.). El empirismo cuantitativo, por su parte, obsesionado por la «confiabilidad» de los datos y la «representatividad» de la encuesta, desplazó a la historia de vida a un rincón oscuro y marginal del conocimiento sociológico. Cundió, en general, la desconfianza y desprestigio asociados a esta metodología cualitativa en la investigación social.

16A pesar de la hegemonía de ambos paradigmas, durante la década de 1970 se fue abriendo paso el renacimiento y revalorización de la historia de vida (life story) dentro de varias disciplinas y temáticas. Distintas causas alimentaron la formación polifacética de una nueva comente de interés —distanciada casi por completo del antecedente fundador de la Escuela de Chicago. Los puntos de vista tienden a coincidir en que fueron los movimientos sociales emergentes de la segunda mitad de los sesenta, que portaban la fuerza de la subjetividad, el valor de la experiencia humana y el reclamo de la propia identidad y la alternativa; el debilitamiento de hegemonías teóricas y crisis de paradigmas; la insatisfacción con el empirismo cuantitativo y críticas al «fetichismo» del dato; la creciente pluralidad de orientaciones teóricas y objetos de estudio; el prestigio y enorme influencia de la obra de Oscar Lewis, particularmente su libro Los hijos de Sánchez.

17El feminismo y los estudios de la mujer, creo que fueron pioneros en adelantar las críticas y rechazos a los monopolios que se atribuyeron la cientificidad, la verdad del conocimiento, la representatividad de los datos (mas no de los sujetos) y la legitimidad de un método de investigación contra otras opciones para penetrar la heterogénea, conflictiva y cambiante realidad de las sociedades contemporáneas. De los años setenta en adelante, han ocurrido inesperadas o esperadas convergencias y la nueva corriente de uso de la historia de vida ha crecido como un abanico de variaciones observado en Europa, los Estados Unidos y América Latina (ver Bertaux, 1986; Bertaux y Kohli, 1984; Camargo et al., 1983; Pina, 1988). Así es que no se prevé una estandarización del uso de la historia de vida, ni que evolucione amarrada a una determinada escuela o enfoque teórico, ni tampoco que represente una tendencia superficial o una «moda» de la época.

Memoria femenina en la memoria colectiva

18La memoria es el dispositivo esencial generador del relato de vida, y es la actividad de la mente humana que labora reconstruyendo el pasado y lo vivido. Produce los recuerdos y también los olvidos, ambos resultados posibles de toda operación de la memoria. Como fuerza subjetiva que penetra y circula a través del pasado personal y colectivo, la memoria reconstruye, reinterpreta y preserva —con las ideas, aprendizajes, alectos e identidades del presente— los sucesos, experiencias y relaciones con las individualidades y colectividades del pasado. Pero no toda la cadena de ese pasado, sino fragmentos de un tejido que entrelaza rostros, palabras, gestos, acciones, espacios, objetos y eventos —según el transcurrir de los distintos tiempos y contingencias de la vida social (Massolo, 1992).

19Una de las facultades más valiosas que contiene el recurso del relato de vida, o el género testimonial, es revelar la imbricación que existe entre tiempo y espacio: ambos son categorías innescindibles, por lo que la interconexión entre las relaciones temporales y las espaciales es consustancial a esta metodología (Cavallaro, 1985). Este autor observa que el recorrido biográfico historiza la experiencia individual (y colectiva), como cadencia temporal de prácticas sociales ligadas a la secuencia de la cotidianidad; por ello hace aflorar el tiempo cotidiano de los actores sociales. A su vez, todo relato se inscribe y mueve dentro de un espacio que es social y concretamente vivido: la ciudad, el barrio, la vivienda, etc., son los topoi del relato y «caparazones» que recubren el significado de sociabilidades unidas a lugares y objetos (ibíd.). Tiempo de la vida cotidiana y espacio vivido cotidianamente, adquieren particular presencia y significación en la memoria de mujeres que reconstruyen memorias colectivas de movimientos populares urbanos, por ejemplo.

20Paolo Jedlowski (1989) señala que el tema de la memoria ha sido poco tratado en sociología, y que el nuevo interés por la sociología de la memoria, además de ser parte del renacimiento de la historia de vida, está vinculado al análisis de las formas de conservación de una identidad colectiva en los movimientos sociales. Es decir que, nuevamente encontramos el efecto de los movimientos sociales en la reorientación y redescubrimiento de aspectos analíticos ignorados o desatendidos en los estudios académicos sometidos a los paradigmas prevalecientes.

21La clave de la memoria colectiva es que no existe una única memoria colectiva, sino pluralidad y multiplicidad de memorias, según grupos sociales, lugares, historias, etc. A más de que los recuerdos y la reconstrucción del pasado desde el presente, no son exactamente iguales ni surgen con la misma intensidad en cada una de las individualidades que integran un grupo o comunidad, o un colectivo protagonista de movimientos sociales.

22La memoria femenina es inherente a esa pluralidad, y la podemos considerar como un punto de vista específico sobre la memoria colectiva de la que es parte integrante y formadora. Se dice normalmente que las mujeres son las «depositarías» y «custodias» de la memoria familiar, y de la memoria del entorno vecinal. ¿Por qué la experiencia cognoscitiva de las mujeres ha sedimentado en su memoria lo que aparece como lagunas o registros imprecisos en la memoria masculina? ¿Porqué nos resulta más «útil» la memoria de la mujer para ciertas cuestiones que la de los hombres, y viceversa?

23Las preguntas no se refieren a un misterio insondable, sino que obtienen respuestas del lugar y posición de la mujer en la sociedad a lo largo del tiempo. Es el sistema sexo/género que ha organizado y regulado las relaciones y divisiones sociales entre los géneros y, consecuentemente, ha conformado los recuerdos y olvidos materia prima de la memoria femenina (Massolo, op cit.). De ahí que la verbalización diferente de la memoria colectiva reconstruida por mujeres, se refleja en el relato de vida o el testimonio. Como lúcidamente lo ha notado Isabelle Bertaux-Wiame (1981), las mujeres hablan más en extenso sobre sus relaciones con «otros», haciendo visible a más gentes y a las relaciones que se establecen entre ellas. El yo femenino más bien se refiere al polo de una relación, es un yo vinculado a otros.

24La memoria de las mujeres en la memoria colectiva es imprescindible e ineludible. Contiene un frondoso vivero de recuerdos que, activados mediante la narración comunicativa, engarzan las iniciativas tomadas y las prácticas realizadas en el transcurrir cotidiano espacio-temporal, con los agentes sociales, los conflictos, acciones colectivas y cambios que se encuentran en el contexto en el que se inscriben sus vidas y experiencias.

25Son recuerdos que localizan la emergencia y mecanismos de resistencia, y los gérmenes de rupturas dentro de las fronteras de la cotidianidad, y que luego saltan hacia afuera. Revelan, asimismo, cómo se reproducen los consensos, disciplinamientos y opresiones, y cómo se manifiestan los disensos, inconformidades y la toma de conciencia autoreflexiva. Es una memoria enraizada en la dinámica de la vida cotidiana, que nos dibuja un mapa cognoscitivo de la ciudad con el paso de sus cuerpos, partiendo del lugar más íntimo de la relación conyugal, pasando por la cocina de la vivienda, continuando por las calles del barrio o las brechas del asentamiento periférico, y probablemente llegando hasta los edificios sede de los máximos poderes públicos.

Un pour Un
Permettre à tous d'accéder à la lecture
Pour chaque accès à la bibliothèque, YouScribe donne un accès à une personne dans le besoin