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Pequeña propiedad, poder y economía de mercado

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424 pages

De las comunidades campesinas del valle de Chancay, estudiadas por el Instituto de Estudios Heñíanos desde 1964, aparte de su ubicación geográfica, el tipo de tenencia y conducción de la tierra es el rasgo distintivo de Acos. Acos es la única comunidad campesina del Perú, onde sus habitantes poseen, además de 118.64 Has. de tierras comprendidas en sus linderos, 61 Has. en "fundos" de las comunidades vecinas y, donde, paradójicamente, los comuneros controlan casi 40 Has. de tierras como propiedad privada. Isabelle Lausent, autora del presente estudio, es geógrafa graduada en la Universidad de París, investigadora del Centre Nationale de la Recherche Scientifiquc y miembro del Instituto Francés de Kstudios Andinos.


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Portada

Pequeña propiedad, poder y economía de mercado

Acos, valle de Chancay

Isabelle Lausent
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 1983
  • Publicación en OpenEdition Books: 28 mayo 2014
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845169

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • Número de páginas: 424
 
Referencia electrónica

LAUSENT, Isabelle. Pequeña propiedad, poder y economía de mercado: Acos, valle de Chancay. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1983 (generado el 20 junio 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/1547>. ISBN: 9782821845169.

Este documento fue generado automáticamente el 20 junio 2014. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 1983

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

De las comunidades campesinas del valle de Chancay, estudiadas por el Instituto de Estudios Heñíanos desde 1964, aparte de su ubicación geográfica, el tipo de tenencia y conducción de la tierra es el rasgo distintivo de Acos.

Acos es la única comunidad campesina del Perú, onde sus habitantes poseen, además de 118.64 Has. de tierras comprendidas en sus linderos, 61 Has. en "fundos" de las comunidades vecinas y, donde, paradójicamente, los comuneros controlan casi 40 Has. de tierras como propiedad privada.

Isabelle Lausent, autora del presente estudio, es geógrafa graduada en la Universidad de París, investigadora del Centre Nationale de la Recherche Scientifiquc y miembro del Instituto Francés de Kstudios Andinos.

Índice
  1. Introducción

  2. I. Aproximación histórica al proceso de apropiación de tierras

    1. 1. Tierras y hombres

      1. 1. Las chaupi-yungas, medio insalubre para el hombre
      2. 2. Posibilidades de asentamiento humano
      3. 3. Referencias toponímicas relativas al paisaje, a la flora y a la fauna así como a las actividades y huellas de asentamiento
      4. 4. Toponimia y huellas de asentamiento
    2. 2. La colonización de los fundos de los siglos xvi al xviii

      1. 1. Los siglos xvi y xvii: dos siglos de expectativa
      2. 2. El siglo xviii, una etapa decisiva: reconocimiento de linderos e inicio de los conflictos jurídicos en las tierras de fundos
      3. 2. Una comunidad expulsa a la otra
    3. 3. El siglo xix o el “comunero pequeño propietario”

      1. 1. Disturbios políticos y libre compraventa de la tierra
      2. 2. Los acosinos: del chino al austriaco, del peón al negociante de ganado
      3. 3. La colonia china de Acos: comerciantes contra propietarios de tierras y mestizos
  3. II. Poder y pequeña propiedad privada: 1890 -1950

    1. 4. La investidura de la tierra: fundamentos de la legitimidad del poder

      1. 1. Las familias legítimas de Acos y el monopolio de la tierra
      2. 2. Poder y estrategia de alianzas entre las familias
      3. 3. Posesión de la tierra y poder comunal
    2. 5. “Los nuevos términos del poder”

      1. 1. El comercio de 1920 a 1950
      2. 2. “La era de la alfalfa”
  4. III. La fruticultura y la pequeña propiedad agrícola: 1950-1979

    1. Introducción

    2. 6. La fruticultura, una nueva opcion economica

      1. 1. La fruticultura
      2. 2. Los mercados y las formas de venta
      3. 3. Un ejemplo de mercado: Huaral, “del productor al consumidor” Tierras comunales
    1. 7. La pequeña propiedad actual

      1. 1. Conjunto de parcelas y tipo de conducción
      2. 2. Conducción mixta y poseedores de tierras
      3. 3. Fuerza de trabajo y forma de explotación agrícola
  1. Conclusión

    1. La tierra
    2. El comercio
  2. Archivos y documentos

  3. Bibliografia

Introducción

MAPA N° 1

1Entre los primeros decretos, promulgados a partir de 1824, está el destinado a favorecer la transformación de las tierras comunales en propiedad privada. Según José María de Pando lo importante era “aumentar el número de propietarios o de productores; aliviar la suerte de los indígenas; poner en circulación y cultivo una riqueza estancada y estéril; preparar nuevos ingresos al erario público y formar ciudadanos de la masa de (nuestros) infelices proletarios”. (Quiroga 1915).

  • Describir la evolución histórica del paso de la propiedad privada de las tierras cálidas de yungas de quebrada, donde se encuentra Acos.
  • Relacionar este proceso con el papel desempeñado por los grupos de parientes que tienen el poder.
  • Asociarlo con la precoz penetración de la economía de mercado, cuyos efectos se han dejado sentir muy pronto en la comunidad.

2A medida que nuestra investigación progresaba, nos pareció, en efecto, que en ningún momento se podía disociar la propiedad privada de la tierra y poder (como origen o consecuencia); que tampoco era posible separar economía de mercado y poder; finalmente estos dos últimos aspectos no podían tratarse sin considerar la tenencia de la tierra.

3Siendo éste un tema nuevo en relación al conjunto de estudios hechos sobre las comunidades del valle de Chancay, esta investigación se inscribe entre aquéllas que han sido iniciadas desde 1964 por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) dirigidas por José Matos Mar. Los tres grandes ejes de investigación del IEP y de la Universidad norteamericana de Cornell habían sido definidos así:

  • destacar los modelos de asentamiento de la población del valle,
  • hacer un balance de las estructuras agrarias,
  • estudiar los cambios socioculturales contemporáneos.

4Finalmente, la atención se centró en 7 asentamientos humanos correspondientes a 3 comunidades de altura (Pacaraos, Huayopampa, Lampián), las haciendas Caqui, Esquivel, Miraflores y Chancay-11o, y también sobre 2 asentamientos humanos compuestos de peque­ños propietarios y situados en el valle bajo: la comunidad costeña de Aucallama y la irrigación de La Esperanza.

5Esta división geográfica que opone costa y sierra no considera la parte estrecha y encajonada correspondiente a las tierras cálidas del valle interandino o yungas de quebrada,1 en la que justamente se encuentra Acos, a 1,650 m.s.n.m. Su situación geográfica es el primer rasgo distintivo de Acos. Existen, en efecto, pocas comunidades cuya existencia se remonte al siglo xvii instaladas en este piso ecológico de la vertiente occidental de los Andes, infestado hasta este siglo por las “fiebres” y enfermedades parasitarias, además y sobre todo sin tener acceso a otros pisos. Por otro lado, debido a su situación geográfica, Acos, situada en la confluencia de 3 cursos de agua (el Chancay, el Palca y el Chacur), presenta además la originalidad de ser un antiguo “tambo” y de haber cobijado en sus “fundos” poblaciones dedicadas a los cultivos sagrados de la coca y el maíz. Este aspecto es muy importante ya que las primeras tierras arrebatadas en el momento de la Conquista fueron las tierras sagradas.

6El asentamiento de Acos presenta todavía muchos aspectos originales: por una parte su población local ha estado y está todavía dominada por las familias llamadas “legítimas” que concentran tierras y poder, y por otra parte se basa en familias de migrantes, tanto serranas como costeñas. La migración más interesante y espectacular fue la de una microcolonia china cuya instalación en Acos tuvo, entre fines del siglo xix y principios del xx, repercusiones económicas muy importantes; chinos y miembros de las familias legítimas se enfrentaron, los primeros para conseguir el poder económico, los segundos para conservarlo.

7La tenencia de la tierra y el tipo de conducción distinguen una vez más a Acos del resto de las comunidades estudiadas por el equipo pluridisciplinario de José Matos Mar. Es, en efecto, la única en el valle donde los habitantes poseen además de las tierras comprendidas en sus linderos (118.61 Ha.), 61 Ha. dispersas en los “fundos” de las comunidades vecinas, y donde, paradójicamente, los “comuneros propietarios” controlan 39.67 Ha. de tierra como propiedad privada. Frente a los grupos de familias legítimas que poseen 90.25 Ha., la comunidad no cuenta sino con 8.45 Ha.

8Debido al tema de la investigación y a la elección de la comunidad de Acos, esperamos contribuir a un mejor conocimiento de las comunidades del valle de Chancay.

***

9La primera parte recurre a la etnohistoria para tratar de reconstruir el desarrollo de este proceso. Para tal fin hemos debido buscar más allá de los archivos comunales (desaparecidos antes de 1895), las huellas de asentamientos poblacionales de estas chaupiyungas y emitir hipótesis que exigen discusión y crítica. Es en Lampián donde hemos encontrado los rastros de la “Visita de Venta y composición de tierras de esta Provincia de Canta” y numerosos testimonios de conflictos de tierras en los siglos xvii y xviii, poco conocidos.

10Finalmente, en la Biblioteca Nacional, entre los nombramientos de Notarios, hemos tenido la suerte de ver a Acos mencionado en 1687 como pueblo anexo de Lampián y sobre todo como tambo.

11Cada uno de los períodos indicados nos han parecido interesantes y dignos de presentación, de allí este desarrollo cronológico, “evolutivo”. Acerca del primero de estos períodos —“ocupación prehispánica y siglo xvi”— se han formulado hipótesis concernientes a la posible ocupación de estas yungas de quebrada. El primer documento, publicado por María Rostworowski en la Revista del Museo Nacional (Rostworowski 1974: 215-216), prueba que ya en 1558 uno de los curacas del valle se había apropiado de estas tierras cálidas de coca y maíz. Este documento, entre otros, reviste una gran importancia ya que por vez primera aparece citada la familia de los caciques Pariasca, que se encuentra hasta principios del siglo xx como familia legítima de Acos.

12El período republicano será sin duda considerado por muchos como el más importante. Es cierto que todos los pequeños conflictos de los siglos xvii y xviii se agravan en la medida que las comunidades ya no son protegidas. Históricamente, es un efecto del desarrollo de la economía liberal y de la propagación de la ideología de la pequeña propiedad individual integrada a una economía nacional. Este es el período más característico de la evolución de Acos.

13Para el siglo xx y aparte del estudio sobre el poder, lo que más ha retenido nuestra atención ha sido el desarrollo del cultivo de la alfalfa como planta forrajera —lo que hacía de Acos un eslabón esencial en el sistema de producción para las comunidades ganaderas ubicadas hasta 60 Km. de los fundos — , así como un cultivo semi-comercial cuando se explotaba para la producción de semillas destinadas a la exportación. Había especial interés en seguir la progresión de los tipos de cultivo al mismo tiempo que la penetración de la economía de mercado, pues es así como la fruticultura reemplazó al cultivo de la alfalfa.

14En lo que se refiere a la tenencia de la tierra pudo ser estudiada gracias a un “catastro” levantado entre 1967 y 1970 que fue necesario actualizar y a menudo corregir a partir de encuestas. Pero el hecho de que hayamos trabajado sobre el tema de la propiedad de la tierra, en particular en su forma privada, provocó en algunos comuneros una oposición que se tradujo en una espera de nueve meses antes de lograr la consulta de los archivos; de lo que quedaba, por lo menos, ya que el año anterior (1975) un incendio criminal hizo desaparecer una parte de los documentos y que otros fueron sustraídos a fin de eliminar los rastros de usurpaciones.

15Fuera de esto, los contactos personales con los acosinos han sido ricos en enseñanzas y las personas de más edad han podido aportar testimonios orales de lo que fue la “era de la alfalfa” y de la colonia china. Nunca se hizo un cuestionario sistemático, oral ni escrito.

16Por último, en nuestro trabajo sobre la comercialización, hemos emprendido un estudio de mercado del que sólo se presenta un aspecto en esta publicación.

17Nuestro trabajo ha podido realizarse también gracias a la colaboración y amistad de los acosinos y a la del personal del Ministerio de Agricultura (Zona Agraria IV), de la Universidad Nacional Agraria La Molina y del Ministerio de Alimentación.

Notas

1 En la parte etnohistórica designaremos estas tierras con el término “chaupi-yungas” que significa “entre cálido y frío” y que conviene a las poblaciones residentes en estas quebradas. Posteriormente, tal como lo hacen los habitantes de la región, utilizaremos una terminología menos rigurosa, es decir yunga y yungas de quebrada.

I. Aproximación histórica al proceso de apropiación de tierras

1. Tierras y hombres

MAPA N° 2

1. Las chaupi-yungas, medio insalubre para el hombre

1Las características ecológicas de las chaupi-yungas llevan a plantear el problema del origen y función de las poblaciones establecidas en esas quebradas, pues pese a su exuberancia estas regiones son inhóspitas. Pedro Pizarro las describe así:

“Son estos valles muy enfermas para la gente serrana y de mucha arboleada y cañaverales hay en los más valles destos muchos mosquitos de día y noche que fatigan a las gentes” (Pizarro 1571).

2Los testimonios que califican como insalubres las quebradas de yungas son numerosos:

“Dicen también que la tierra donde se cría esta coca es caliente y humida y muy enferma para los indios de la sierra y que comúnmente mueren muchos indios que andan en el beneficio de ella, y otros cobran una enfermedad que llaman de los Andes, que se comen las narices como el mal de san Lázaro, (...) y pues esto procede de labrar y beneficiar la coca que es cosa muy perniciosa a los indios... El mal de los Andes les solía venir del desmontar las tierras nuevas para plantar la coca” (Matienzo 1567).

3Esta enfermedad llamada “de los Andes”, y en la costa, “enfermedad de las llagas” o “de los llanos” (Basto Girón 1957) no es otra cosa que la Leishmaniasis (Pulgar Vidal 1946). Parecida a la lepra, impresionó mucho a los españoles, que evitaron las yungas y chaupi-yungas. Comúnmente se conoce como uta o llaja, por el nombre del insecto que la trasmite (la titira o Phlebotomus verrucarum) y que es el parásito del huanarpo, planta frecuente en las yungas.

4Muchas otras enfermedades endémicas hacen malsanas a las quebradas, por ejemplo: la caracha (escabiosis) o disentería, el chuccho, llamada también “calenturas” en las regiones yungas de Yauyos y Chancay.

“Tal vez en los lugares citados identificaban las calenturas con el paludismo o mal del valle como se le llamaba también” (Basto Girón 1957).

5Las observaciones anteriores recuerdan un hecho importante: los habitantes de la sierra y más aún los del altiplano tenían repugnancia a cambiar de medio y permanecían lo menos posible en las chaupi-yungas y en la costa.1

“Para que no enfermase la gente que bajaba a los llanos, se hacía sacrificios al mar porque creían que era poderoso para sanarlos”. Juana Conua 1160, III, 18, Chancay (Basto Girón 1957).

6En cuanto a los costeños parece que temían menos el clima de las quebradas, pues las enfermedades allí dominantes eran las mismas que las de sus oasis. Podían pues invocar la protección de dioses familiares y a sus curanderos no les faltaba recursos para los males conocidos, mientras que los de la sierra se sentían impotentes ante un mal que les era desconocido.2

7El carácter inhóspito de la chaupi-yunga se sufría pues con mayor o menor intensidad según se procediera de la sierra o costa. Sin embargo, este medio es en general insalubre.

8¿No se podría, en este caso, plantear la hipótesis de que la ocupación de estas yungas de quebrada no fue el resultado de una colonización espontánea y permanente? Parecería entonces posible sugerir que las poblaciones asentadas en las yungas corresponden a grupos desplazados temporalmente para cultivar allí la coca. En este caso, dichos grupos debían llevar con ellos los productos de su piso de origen, o bien ser aprovisionados por miembros de su etnía.

2. Posibilidades de asentamiento humano

9Así como las partes bajas de los valles, donde desembocan las quebradas, son ricas en restos arqueológicos de asentamientos humanos, santuarios y cementerios que aportan pruebas de fuertes concentraciones, las quebradas, por el contrario, parecen vacías y sin vestigios que testimonien de su pasado. Las llanuras costeñas de los valles del Rímac, Chillón y Chancay, por ejemplo, presentan numerosas necrópolis como Ancón, Chancay, y de poblaciones como Boza, Maranga, La Huaca, Collana, Pan de Azúcar y, la más importante, Pachacamac. Aunque el clima desértico de la costa haya sido particularmente favorable a su conservación, ya no quedan sino vestigios de estas poblaciones construidas con barro y adobe.

10Hacia los 600 m. de altura, cuando los valles comienzan a estrecharse y las vertientes se aproximan unas a otras, cambia el material y tipo de construcción para dejar paso a materiales más resistentes:

“siguiendo el canal por la margen derecha del río, se halla igualmente restos de antiguas poblaciones de piedra de yungas” (Villar Córdova 1935).

11Este tipo de habitat se encuentra con frecuencia en las vertientes del Chancay, en Pisquillo Chico, Lumbra y San Miguel; pero los derrumbes de las vertientes o las crecidas de los torrentes cercanos han terminado por destruirlos en su mayor parte.3

12Más arriba, en las quebradas de yungas entre 1,200 y 1,600 m. no es común encontrar restos de establecimientos nucleados, construidos con piedra. Sin embargo, debieron existir centros que albergaran de manera permanente o temporal a las poblaciones encargadas de cultivar la coca y/o el maíz, pero nada ha quedado en pie y es casi imposible encontrar estructuras intactas.4

Posibilidades de asentamiento en las yungas de quebrada

(?) Este signo convencional muestra que la hipótesis considerada no se excluye totalmente por falta de informaciones complementarias, pero que se ha preferido otra posibilidad más acorde con los factores considerados determinantes para este medio.

13Pedro Pizarro (1571) ha señalado lo siguiente sobre este medio:

“Estos Yungas.. . no llueve mucho en ellos sino una mollenita en el invierno muy poca cosa, que no han menester buhios (bohios) sino unas ramadas rescadas con cañas y esteras de eneas”5

14Si la choza o la cabaña era el tipo de vivienda dominante en la chaupi-yunga a la llegada de los españoles, es lógico que queden tan pocas huellas.

15Para las diferentes quebradas de los valles de los Andes Centrales no existen censos sistemáticos de esta época y la búsqueda de huellas de poblaciones se hace muy difícil. Por la ausencia de excavaciones, sólo queda imaginar cuál pudo ser este tipo de asentamiento en la quebrada del valle de Chancay, situada entre 1,200 y 1,750 m.

16El cuadro 1 de p. 22 reproduce todas las posibilidades asentamiento. Si bien no corresponde necesariamente a la realidad, indica la dirección de la investigación. Así en estas quebradas, a menudo muy estrechas, los únicos lugares para un establecimiento humano cerca a las orillas de los torrentes, eran algunas terrazas aluviónicas, siendo necesario que no fueran sólo zonas rocosas sino que estuvieran fuera del alcance de las inundaciones. Estos lugares privilegiados fueron seguramente consagrados prioritariamente a la coca y se puede pensar que las poblaciones se instalaron más bien en los rellanos de las vertientes o en terrazas de confluencia.

17El mapa 3, por su parte, muestra los restos reales del asentamiento humano prehispánico. Lo que sorprende es, en primer lugar, la densidad de los andenes construidos en las vertientes y la gran cantidad de lugares que testimonian la antigua presencia humana, sea por las construcciones (casas de piedra más o menos grandes y “chulpas”), sea por su misma toponimia.

18Finalmente, debe señalarse la presencia conjunta de casas, abrigos, terrazas y tumbas en la región de Acos, en el lugar donde los ríos Palca, Chucar y Lampián aportan sus aguas al Chancay. Esta triple confluencia que se realiza solamente en 6 kms. de largo, es la primera de este tipo que se encuentra ascendiendo desde la costa. Este fenómeno hace pensar que se trata de un importante nudo de comunicación en el valle.

19El estudio de la toponimia de esta parte de la quebrada yunga confirma la hipótesis de un antiguo asentamiento humano y trae indicaciones complementarias al respecto.

3. Referencias toponímicas relativas al paisaje, a la flora y a la fauna así como a las actividades y huellas de asentamiento6

a. Paisaje

20Huayanpampa7 —2—: pampa cubierta de hierba (Espinoza Galarza).

21Acos —1—: arenas, limos (Espinoza Galarza).

22Quipullin —7—: “quebrada”, garganta (Espinoza Galarza).

23Quisque —6—: paso muy estrecho (Espinoza Galarza)

24Palca —3—: unión; corresponde a la confluencia de los ríos Palca y Chancay (Espinoza Galarza).

25Lacsacocha —1—: fuente abundante (Espinoza Galarza) o fuente de la luna, según Villar Córdova.

26Collpa —7—: tierra salada o salitrosa (Espinoza Galarza).

27Hoyo —1—: lugar malsano a causa de aguas estancadas (Espinoza Galarza).

28Calpa —4—: lugar estéril (Espinoza Galarza).

29Huayo —4—: lugar féril que da frutos (Espinoza Galarza).

30Huachipa —1—: lugar muy soleado (Espinoza Galarza).