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Repúblicas en armas

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Repúblicas en armas pone en tela de juicio los presupuestos historiográficos que explican la fundación de las naciones a partir de las figuras heroicas de las guerras de Independencia, y muestra las complejidades y ambigüedades del proceso de emancipación en los países más tempranamente republicanos de Hispanoamérica: Colombia y Venezuela. El surgimiento de estas naciones no procede de un protonacionalismo de siglos y mucho menos de la rivalidad entre «criollos» y «españoles». Es, en su origen, la consecuencia del derrumbamiento inesperado de la monarquía hispana a raíz de la invasión napoleónica a la península Ibérica en 1808. Esta obra muestra cómo se transforma la lucha de baja intensidad entre provincias enfrentadas, propia de las primeras confederaciones, en una guerra civil entre americanos realistas y republicanos, y luego en un conflicto de liberación nacional. Analiza los movimientos sociales que surgen en el ocaso del Imperio, sobre todo aquéllos liderados por las castas «inferiores» de la población, los cuales aceleran la transformación de vasallos del rey en ciudadanos modernos de la República de Colombia. Además, a través del estudio biográfico de más de 3.800 soldados y de una indagación en los archivos colombianos, venezolanos y españoles, esta obra traza los cambios sociales y políticos de la institución armada desde las milicias inexpertas hasta el gran Ejército libertador que combatió en las batallas de Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho. En la forja de la nacionalidad, las huestes patriotas se convirtieron poco a poco en el pilar del proyecto revolucionario de las élites liberales. En la búsqueda de una «regeneración» de la sociedad y de la difusión de los valores modernos, las Fuerzas Armadas llegaron a constituir en el imaginario republicano la matriz de un Pueblo nuevo que encarnó la base social que serviría de fundamento a los nuevos Estados independientes. De esta manera. Repúblicas en armas narra el primer capítulo de una historia en construcción y propone una reflexión sobre los fundamentos de las identidades políticas de Venezuela y Colombia.


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Portada

Repúblicas en armas

Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela

Clément Thibaud
  • Editor: Institut français d’études andines, Editorial Planeta Colombiana
  • Año de edición: 2003
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845367

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789584206145
  • Número de páginas: 571
 
Referencia electrónica

THIBAUD, Clément. Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2003 (generado el 19 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4320>. ISBN: 9782821845367.

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© Institut français d’études andines, 2003

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Repúblicas en armas pone en tela de juicio los presupuestos historiográficos que explican la fundación de las naciones a partir de las figuras heroicas de las guerras de Independencia, y muestra las complejidades y ambigüedades del proceso de emancipación en los países más tempranamente republicanos de Hispanoamérica: Colombia y Venezuela. El surgimiento de estas naciones no procede de un protonacionalismo de siglos y mucho menos de la rivalidad entre «criollos» y «españoles». Es, en su origen, la consecuencia del derrumbamiento inesperado de la monarquía hispana a raíz de la invasión napoleónica a la península Ibérica en 1808.

Esta obra muestra cómo se transforma la lucha de baja intensidad entre provincias enfrentadas, propia de las primeras confederaciones, en una guerra civil entre americanos realistas y republicanos, y luego en un conflicto de liberación nacional. Analiza los movimientos sociales que surgen en el ocaso del Imperio, sobre todo aquéllos liderados por las castas «inferiores» de la población, los cuales aceleran la transformación de vasallos del rey en ciudadanos modernos de la República de Colombia.

Además, a través del estudio biográfico de más de 3.800 soldados y de una indagación en los archivos colombianos, venezolanos y españoles, esta obra traza los cambios sociales y políticos de la institución armada desde las milicias inexpertas hasta el gran Ejército libertador que combatió en las batallas de Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho. En la forja de la nacionalidad, las huestes patriotas se convirtieron poco a poco en el pilar del proyecto revolucionario de las élites liberales.

En la búsqueda de una «regeneración» de la sociedad y de la difusión de los valores modernos, las Fuerzas Armadas llegaron a constituir en el imaginario republicano la matriz de un Pueblo nuevo que encarnó la base social que serviría de fundamento a los nuevos Estados independientes. De esta manera. Repúblicas en armas narra el primer capítulo de una historia en construcción y propone una reflexión sobre los fundamentos de las identidades políticas de Venezuela y Colombia.

Clément Thibaud

Nació en Libourne, cerca de Burdeos, en 1970. Fue alumno de la Escuela Normal Superior (Ciencias Humanas, Saint-Cloud) y es doctor en historia de la Universidad de Paris I-Sorbona.
Es actualmente investigador del Institu­to Francés de Estudios Andinos y profesor invitado del IEPRI-UN (grupo Democracia, Nación y Guerra). Enseñó en las Universidades de Nantes y de París VII y en la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado una decena de contribuciones en revistas como Análisis Político, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura y, en Europa, en la Revista de Indias, en la colección Annales historiques de la Révolution Française y en los Annales. Histoire, Sciences Sociales.

  1. Prefacio

    Gonzalo G. Sánchez
  2. Agradecimientos

  3. Introducción

    1. El retorno a las fuentes
    2. Modernidad y guerra de Independencia
    3. La guerra entre el derecho y la violencia
    4. La gesta de la Independencia en la prosopografía
  4. Prólogo

  5. Capítulo I. Del ejército colonial a las milicias patrióticas: la creación imposible de un ejército de regeneración (1810-1812)

    1. LAS JUNTAS, EL EJÉRCITO, LAS MILICIAS
    2. LA GUERRA CÍVICA EN VENEZUELA Y EN COLOMBIA
    3. LA CAÍDA DE LA PRIMERA REPÚBLICA VENEZOLANA
  6. Capítulo II. La guerra a muerte

    1. HACIA LA GUERRA POPULAR
    2. LAS TROPAS DE LA CAMPAÑA ADMIRABLE
    3. LA GUERRA A MUERTE
    4. VENEZUELA BAJO LA DICTADURA MILITAR (1813-1814)
  7. Capítulo III. El momento Boves y la destrucción de las Huestes republicanas (1813-1814)

    1. LOS LLANOS. UN ENSAYO DE GEOGRAFÍA HISTÓRICA
    2. LOS EJÉRCITOS LLANEROS (1813-1814)
    3. LA DERROTA
  8. Capítulo IV. Las fuerzas armadas en tiempos de la Patria Boba en la Nueva Granada (1811-1816)

    1. LA PATRIA BOBA EN GUERRA
    2. FRAGMENTACIÓN DE LOS EJÉRCITOS DE LA NUEVA GRANADA
    1. LOS PUEBLOS CONTRA EL EJÉRCITO Y LA GUERRA
    2. GUERRA DE LOS PUEBLOS VS. GUERRA DE LAS «RAZAS»
  1. Capítulo V. Sobrevivir

    Hacia la guerra irregular

    1. LA DESTRUCCIÓN DE LOS EJÉRCITOS PATRIOTAS (1815-1816)
    2. ¿QUÉ SON LAS GUERRILLAS?
    3. NACIMIENTO DE LAS PRIMERAS GUERRILLAS PATRIOTASSOBREVIVIR EN EL ORIENTE
    4. SOBREVIVIR EN EL OESTE
    5. EL REFUGIO Y EL EXILIOLA REPÚBLICA DE LAS GUERRILLAS: UN PUEBLO SIN TERRITORIO
    6. EL EXILIO DE LOS NOTABLES DE LAS PRIMERAS REPÚBLICAS
    7. LAS VÍAS DE LA (RE)LEGITIMACIÓN: LAS TRANSACCIONES SIMBÓLICAS ENTRE EL REFUGIO Y EL EXILIO
    8. LAS FACCIONES Y EL ESTILO DE LA GUERRA IRREGULAREL REENCUENTRO DE LA GUERRA IRREGULAR
    9. FACCIONES MILITARES, ESTRATEGIAS RIVALES
  2. Capítulo VI. El gobierno militar de la República y el Gran Vuelco (mediados de 1817-mediados de 1818)

    1. PROSOPOGRAFÍA DE LAS FUERZAS PATRIOTAS EN 1816-1817
    2. LA ADMINISTRACIÓN DE LA REPÚBLICA ARMADA
    3. EL GRAN VUELCO
  3. Capítulo VII. «La República es un campo de batalla en donde no se oye otra voz que la del general»

    1. LA VIDA COTIDIANA DE LOS IRREGULARES (1816-1818)
    2. EL EJÉRCITO DE 1818
    3. EL LLAMAMIENTO A EUROPA
    4. UNA INTEGRACIÓN DIFÍCIL
    5. EL ESTATUTO ASIMÉTRICO DE LOS BELIGERANTES: GUERRA CIVIL VS. GUERRA NACIONAL
  4. Capítulo VIII. Conquista y explotación de la Nueva Granada

    1. LA CAMPAÑA DE BOYACÁ
    2. EL GOBIERNO AL SERVICIO DE LA GUERRA
    3. GUERRA Y CONSCRIPCIÓN EN LA NUEVA GRANADA
  5. Capítulo IX. De Trujillo a Carabobo

  1. Del armisticio a la victoria (noviembre, 1820-julio, 1821)

    1. LA REVOLUCIÓN LIBERAL ESPAÑOLA Y EL ARMISTICIO DE TRUJILLO
    2. LAS UNIDADES PATRIOTAS (1820-1822)
    3. 1820
    4. 1821
    5. 1822
    6. LA ÚLTIMA CAMPAÑA
  2. Conclusiones

  3. Cronología

  4. Mapas

  5. Bibliografía

  6. Índice de nombres y lugares

Abreviaturas

1AGI Archivo General de Indias. Sevilla. España.

2AGNC Archivo Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia.

3Archivo Restrepo Fondo documental epónimo conservado en Bogotá y que se puede consultar en microfilme en el AGNC.

4BA BLANCO Félix, y AZPURÚA, Ramón (eds.). Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, Caracas, 1875-1877, 14 vols. (BA. VII, 408 significa que se cita el séptimo volumen de la colección Blanco-Azpurúa, p. 408.)

5BANH Boletín de la Academia Nacional de Historia, Caracas.

6BLAA Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, sección Raros y Curiosos.

7FAV Fuerzas Armadas de Venezuela en el sigloxix, textos para su estudio (Las), Caracas, 1963-1969. 11 vols. Después de FAV sigue el número del volumen y luego la página. (FAV, II, 302 significa: Fuerzas Armadas de Venezuela en el sigloxix, t. II, p. 302.)

8FCE Fondo de Cultura Económica. México.

9HAHR Hispanic American Historical Review. Duke University.

10OL Simón b. O’LEARY. Memorias del general O’Leary, Caracas.1983 [primera edición. 1883], 32 vols. (OL. XV. 101 significa: Colección O’Leary en la edición del bicentenario (1983). t. 15. p. 101.)

Prefacio

Gonzalo G. Sánchez

1Repúblicas en armas, de Clément Thibaud. es una contundente demostración del papel central de la guerra en la construcción de las identidades políticas y las formaciones nacionales. Más que el motor de fuerzas sociales preconstituidas, la guerra, independientemente de sus motivaciones originales, se erige aquí como el lugar privilegiado de producción y transformación de los adversarios, cada uno de los cuales impone su ley al otro, según el principio de reciprocidad establecido por Clausewitz. En este sentido, el texto es ante todo un desafío radical a todo intento de elaboración histórica en clave de futuro anterior y un desmonte sistemático de las racionalizaciones difundidas a posteriori por la historiografía patriótica. Ciudadano, soberanía, representación, república, nación —las categorías de la modernidad política—, pero también criollos, peninsulares, patriotas, realistas —las creaciones discursivas de la diferencia— no se hacen o deshacen de la noche a la mañana de sus sentidos ancestrales sino que se llenan de nuevos contenidos en el proceso de socialización de la guerra. No operan como presupuesto de la guerra; es ésta la que de hecho las instaura o resignifica. No se trata pues en este libro simplemente de la indagación sobre un nuevo objeto sino de la puesta en marcha de un nuevo marco conceptual para pensar la transición y la ruptura revolucionaria.

¿QUIÉNES HACEN LA GUERRA?

2Sobre este eje analítico despliega el autor todos sus recursos teóricos, históricos y metodológicos para dar respuesta a la primera pregunta sobre las transformaciones de esa empresa colectiva que es la guerra: ¿Quiénes hacen la guerra? La respuesta pone en evidencia la riqueza y complejidad de redes que estructurarán los ejércitos bolivarianos. Con base en toda la información disponible y agregando su propia base de datos construida a partir de las hojas de servicio y testimonios de soldados reunidos entre 1820 y 1840. el autor da cuenta, con extraordinaria laboriosidad, de un sinnúmero de tópicos que confluyen en la armazón compleja de los ejércitos y en las prácticas sociales de la guerra. Por vía puramente ilustrativa señalemos los siguientes: el tipo de reclutamiento; la composición por edades y origen geográfico; los entronques raciales, familiares y sociales de los mandos; los niveles de destreza o impericia; los principios de jerarquización dentro y entre los diferentes cuerpos armados; los mecanismos de promoción; las motivaciones personales o el tipo de coacciones para el enrolamiento; la mayor claridad o no de los objetivos políticos; los niveles de subordinación o autonomía frente a los diferentes niveles del poder (municipal, provincial, federal o monárquico); las técnicas del combate; las tácticas, impuestas por el entramado complejo de la guerra, aprendidas en manuales o academias, o inventadas al calor del combate; los estímulos a la adhesión y a la deserción; los costos de los cuerpos armados para los pueblos, para las ciudades o para la Confederación; las tensiones o convergencias entre decisiones militares y decisiones políticas; los escenarios geográficos; el peso diferenciado de cada una de las armas (infantería, caballería, artillería) en la evolución de la guerra; la vida cotidiana de los soldados; las condiciones sanitarias; los espacios lúdicos y de sociabilidad; los factores que los unen entre sí y con sus niveles jerárquicos; los valores que estimulan las virtudes guerreras como el coraje, la lealtad y el sacrifico de la propia vida; el desfase de ritmos de la guerra entre Venezuela y el Nuevo Reino de Granada, todo ello sin descuidar los detalles de la dinámica de una u otra batalla para precisar las visiones de sociedad y de política que se cristalizan en la guerra. Con este acervo informativo el autor construye una biografía colectiva que sirve de sustrato a la justificación de su empresa investigativa: los ejércitos en su diversidad de trayectorias, sus formas de organización, sus métodos de combatir y sus estrategias, son un referente crucial no sólo para evaluar y diferenciar las múltiples guerras, a veces sucesivas, a veces superpuestas, que desembocaron en la Independencia, sino, y sobre todo, para repensar la mutación revolucionaria misma que se produce en el terreno político en las actuales naciones de Colombia y Venezuela entre 1810 y 1821. y que se cierra militarmente con la decisiva Batalla de Carabobo.

LA NATURALEZA CAMBIANTE DE LA GUERRA

3No hay una linealidad predecible entre el principio y el final de este proceso, como lo pretendió el relato histórico tradicional, dándole fuerza de necesidad a una trama llena de contingencias. Por eso la segunda pregunta ordenadora del conjunto: ¿cuál es la naturaleza de la guerra? no tiene una respuesta unívoca. De hecho, el postulado básico en torno al cual el autor desarrolla el cuerpo del trabajo remite a una pluralidad fundamental: cada fase y forma de la guerra es producto de y respuesta a un momento político de la revolución. Por lo demás, Thibaud no establece jerarquías o juicios valorativos sobre estas modalidades de organización y de guerra sino que define cuidadosamente las funciones y articulaciones de cada una de ellas con el contexto social, político y militar mundial y local. Algunas de estas formas de la guerra tienen en efecto largas tradiciones en las estrategias de control y en los procesos de reorganización del imperio hispánico; otras se han construido en el más amplio contexto de la historia militar europea, transformado por la Revolución Francesa de 1789, y otras más están sometidas a renovadas exigencias de americanización al abrirse el período de la Independencia.

4Siguiendo y radicalizando las interpretaciones de su maestro François-Xavier Guerra, recientemente desaparecido, Thibaud comienza demostrando cómo no es tanto la maduración interna de las fuerzas sociales y políticas de las colonias la que provoca la primera crisis del imperio sino un evento exterior, coyuntural, de origen metropolitano. Este acontecimiento singular es la invasión napoleónica a España en 1808 que derroca y pone cautivo al rey, desencadenando la revolución liberal en la península y el surgimiento de las Cortes de Cádiz y de innumerables juntas provinciales, replicadas por doquier en América, con un propósito bien definido: recuperar la soberanía del monarca, cuya legitimidad seguía siendo reconocida aquí y allá. Lejos de la actitud antimonárquica y regicida de la Revolución Francesa, la disputa esencial no era en ese primer momento en torno a la lealtad al rey sino más bien en torno a los niveles y el tipo de representación de los americanos en una Junta Central. Esta controversia pública puso de manifiesto una fuente de tensión duradera: el cuestionamiento a la desigualdad en la representación política y al orden jerárquico y discriminatorio que le servía de soporte. En consecuencia, la vocación inicial de las colonias en 1808 no era determinadamente independentista sino esencialmente autonomista. Las banderas y consignas enarboladas por las juntas no apuntaban a un desafío al imperio sino a un reacomodo dentro del mismo, aunque dejaban abierto el camino para proyectos más radicales que la simple restauración. Pero por el momento, en este contexto de soberanías fragmentadas, el centro de la escena política lo ocupa una rivalidad de acentos y pertenencias tradicionales, la rivalidad entre las ciudades y las provincias en tanto comunidades políticas más o menos diferenciadas. ¿Con qué cuerpos armados defenderlas? No podía ser con el ejército regular pues éste en tanto institución imperial había sufrido irreversibles fracturas con la irrupción de las juntas, había dudas sobre sus lealtades y adicionalmente no había un ambiente propicio para los intentos de renovación por parte de las élites federales que querían un ejército que fuera más allá de los particularismos aldeanos. Más aún, para los pueblos, desaparecido el rey. no había ningún referente simbólico a nombre del cual encontraran justificable contribuir con los brazos que tanto necesitaban en las tareas productivas, a la conformación o reconstrucción de un lejano ejército, exterior a sus preocupaciones inmediatas, percibido a menudo como intruso en los asuntos locales, causante de onerosas exacciones y proclive a las desviaciones autoritarias. La forma de articulación social impone la forma de organización militar. Expresión de la soberanía anclada en el poder municipal y las redes clientelistas, las milicias heredadas de la época colonial y concebidas por cierto dentro de un marco mental anterior a la Revolución Francesa resultaron ser el recurso más apropiado de defensa en esta primera fase de guerra cívica, de contiendas intercitadinas. Y lo fueron durante el nada despreciable período de 1810 a 1812 en Venezuela, y hasta 1815 en la Nueva Granada. En buena medida réplica de las sociabilidades tradicionales de las cuales procedían y a las cuales debían servir (pueblos, regiones, provincias, familias) su origen y su estructura definían los límites y formas del combate. Regidas por criterios de vecindad, su radio de acción (o de movilidad) era muy estrecho y sus pretensiones militares, esencialmente defensivas, lo que las compulsaba a eludir la batalla y la confrontación abierta. De paso, esto las hacía visiblemente incruentas pero también pasivas, para exasperación de Bolívar. Las precarias motivaciones restringían los alcances de la guerra a un simple juego diplomático para negociar entre iguales. ¿Qué sentido podía tener radicalizar la guerra, extremar las hostilidades, si en el fondo las ciudades rivales estaban estructuradas sobre valores, jerarquías e intereses básicamente compartidos por los beligerantes? La guerra en estos casos, para evocar el símil de Roger Caillois, «parece una especie de partida de ajedrez, que se juega sin apasionamiento y donde, además, es signo de elegancia alcanzar el objetivo sin una hecatombe de piezas».

5La segunda fase y forma de la guerra, la guerra civil, es mucho más sinuosa que la primera. ¿Cómo y cuándo era posible pensar que se daba al menos uno de los elementos discursivos sobre los cuales, según Jean-Pierre Derrienic, reposa la guerra civil, a saber, la capacidad de polarizar la sociedad en torno a un conflicto dominante? Para elucidar el punto hay que precisar que la construcción de la enemistad americana frente a la monarquía constitucional y, por consiguiente, la gradual estructuración de una identidad patriota republicana es ante todo el resultado de la prolongación y radicalización de la guerra cívica. Pero es también producto de un acumulado de factores, entre los cuales mínimamente habría que señalar: primero, las prácticas de guerra del adversario, en especial las de Monteverde y de Sámano. que indujeron a Miranda en Venezuela a proclamar la República y a Nariño a proclamar la independencia de Cundinamarca; segundo, la profesionalización-militarización del Ejército y de la guerra, esquivando la excesiva tutela de los civiles; tercero, las transformaciones en el modo de combatir dándole una centralidad inédita al enfrentamiento directo en gran escala, al movimiento ofensivo y a la búsqueda de la batalla decisiva, cuyos resultados se hicieron patentes en la fulgurante Campaña Admirable (1813); cuarto, un vuelco total en la participación de la población en la guerra; y. quinto, una decisión estratégica de Bolívar, la declaración de la guerra a muerte, para forzar la dicotomización de la guerra, asignándole al «español» la carga de todos los males de la República.

6Todo parecía pues indicar que se había entrado irreversiblemente en la guerra civil, tras la cual despuntaba la guerra nacional. Con todo, Thibaud multiplica los argumentos para desaconsejar estos entusiasmos tempranos. Pese a los esfuerzos de Bolívar por hacer de la guerra el mecanismo productor de identidad nacional que no se lograba en otras esferas, se estaba apenas en una etapa embrionaria. Tan embrionaria que se interrumpe y retrotrae, a tal punto que el autor puede afirmar: «La lucha armada vincula, tanto como separa, a los bandos enfrentados; los enemigos terminan por parecerse». El camino parecía desandarse, pero en realidad se bifurcaba. En efecto, el avance de Boves y de Morales en los Llanos, sumado al de Pablo Morillo en las ciudades, Cartagena y luego la propia capital Santa Fe de Bogotá, obliga a las fuerzas republicanas a transitar una tercera modalidad de combate, la guerra irregular de guerrillas, de la cual emerge la figura de los caudillos, cuyo prototipo será José Antonio Páez. Esta modalidad de guerra, sobre la cual el autor hace eruditas reflexiones, se consolida en neta contraposición a la anterior. Del proceso de expansión de los ejércitos se pasa a la conformación de unidades de combale con limitado número de efectivos; de cuerpos disciplinados y jerarquizados, se pasa a unidades de escasa reglamentación formal y mucha flexibilidad operativa; del reclutamiento forzoso a la vinculación voluntaria, y de la batalla y el combate abierto, al hostigamiento y la sorpresa. La guerra irregular fue la expresión inevitable de la guerra en un momento de desbandada de los ejércitos regulares. Tuvo un doble efecto, por un lado descentralizó la guerra, pero al mismo tiempo la popularizó con el cambio de las líneas de mando y la incorporación de nuevas bases sociales y étnicas (esclavos, indígenas, zambos). Podría decirse que entre 1815 y 1817 las guerrillas son una especie de retaguardia de los ejércitos regulares, que hostiga y desgasta a los realistas, mientras los grandes jefes exiliados, con Bolívar a la cabeza, logran una nueva recomposición del ejército regular. La reconstrucción no se hace, sin embargo, sobre la base del desmantelamiento de las guerrillas, que fueron tan funcionales, sino de lo que Thibaud llama una «transacción simbólica» entre éstas y los grandes jefes camino de regreso del exilio que intercambian y suman esfuerzos, prestigios, reconocimientos y legitimidades ganadas en distintos momentos y escenarios. Bolívar y el ejército regular le rinden pues tributo a la guerra irregular pero también le definen sus límites. Centralizar, integrar, disciplinar vuelven a ser las consignas del estado mayor bolivariano que emprende su marcha victoriosa desde Venezuela y hace su llegada triunfal a Bogotá, tras las batallas del Pantano de Vargas y Boyacá. La guerra ha llegado así a su última fase, la fase nacional que subsume todas las pequeñas guerras, las de venganzas, las de facciones municipales, las de clientelas y la más amplia guerra civil de federalistas y centralistas. La sociedad se ha organizado en torno a una representación binaria del conflicto. Es un viraje decisivo. Pero el desarrollo del contenido nacional de la guerra depende no sólo de las propias fuerzas sino también de los movimientos del adversario. Lo que la lleva a su máxima expresión es una vez más, como al comienzo, un evento mayor en la metrópoli: la revolución liberal española de 1820 que repercutió en América dividiendo y fragilizando el campo realista. El proceso interno se redobla con causalidades externas. La revolución liberal ofrece primero la descolonización a cambio de una nueva forma asociativa entre España y las Américas. y luego la firma de un armisticio que no sólo reconocía el carácter nacional de la guerra, guerra entre naciones, y el carácter de beligerantes de las partes, sino la necesidad de regularizarla. Bolívar acepta «civilizar» la guerra pero no renuncia a ganarla e impone el reconocimiento de la República de Colombia que consumaba la tarea de la Independencia. Lo que era uno. la nación española, se desagrega en una diversidad de soberanas naciones hispanoamericanas tras un largo proceso inducido por la guerra.

SUBORDINACIÓN DE LA GUERRA A LA POLÍTICA: ¿UNA LECTURA INVERSA?

7Hecho este recorrido, uno se siente tentado a preguntarse por la posibilidad de invertir la lógica de la argumentación, poniendo la política al comando de la guerra y postular que, por el contrario, son las nuevas formas de representación republicanas, el surgimiento de nuevos sujetos políticos portadores de distintas fuentes de legitimidad, y sobre todo las diversas formas de soberanía, antiguas y nuevas (municipal, citadina, federal, nacional), las que preceden y definen los horizontes, los ritmos, los tipos y los modos de organización de la guerra. Francia sería incluso el caso paradigmático de la transformación del arte de la guerra (en el terreno práctico por Napoleón, y en el teórico por Clausewitz) bajo la influencia del clima mental y político surgido de la revolución. Desde esta perspectiva y en nuestro caso sería la maduración de nuevas comunidades políticas y de un imaginario igualilarista la que habría exigido en últimas la construcción de un ejército que hiciera de la guerra un asunto de la nación, concebida ésta como asociación voluntaria de iguales. En otras palabras, sería la creciente afirmación de las identidades, construidas en la confrontación de opiniones de la escena pública, las que habrían condicionado las transformaciones de la naturaleza de la guerra. O para decirlo de manera casiprovocadora, la guerra no sería la matriz sino el instrumento de realización de las identidades políticas en formación. Thibaud no se plantea el problema pero la imbricación que establece entre las mutaciones político-culturales y las mutaciones organizativas, tácticas y estratégicas de la guerra es tal que me atrevería a sugerir que su propio material daría pie para este ejercicio de contralectura en la cual la política jalonaría la guerra, y no a la inversa, restituyéndole sentido pleno a la celebrada fórmula de la guerra como continuación de la política. Dejo simplemente planteado este interrogante sobre las relaciones de determinación y subordinación o. quizás mejor, de compenetración, entre la guerra y la política que nos podría llevar lejos.

UNIDAD DE PERSPECTIVA, PLURALIDAD TEMÁTICA

8En todo caso, la apretada síntesis que hemos hecho pone de relieve el argumento central del libro pero no da cuenta de su complejidad. Entretejidos hay numerosos temas que tienen autonomía propia y desarrollos prácticamente monográficos. Pienso, por ejemplo, en primer término, en el de la guerra civil sobre el cual el autor suministra elementos a veces explícitos, otras implícitos, para pensar no sólo la guerra de independencia sino las que le siguieron a lo largo del siglo xix incluso la actual, desentrañando la heterogeneidad de motivaciones de quienes en ella participan, los mecanismos que la van estructurando y simplificando como rivalidad de opiniones incompatibles, y los instrumentos de regulación para evitar que el desbordamiento de la violencia convierta la guerra en simple anarquía generalizada; pienso también en las páginas demoledoras sobre los estereotipos en la caracterización del caudillismo militar (su presunto regionalismo o anticentralismo, sus vínculos orgánicos con el poder hacendatario) uno de los ternas más acariciados de la historiografía latinoamericana —tratado clásicamente por John Lynch— y sobre el cual Thibaud arroja nuevas luces aplicando críticamente la categoría weberiana de la dominación carismática; pienso en tercer lugar en las páginas ejemplares sobre los llanos, que son un verdadero modelo de geografía histórica que subvierte representaciones erróneas sobre los vínculos económicos sociales y culturales de dicha región con el país; sobre sus inclinaciones realistas o republicanas en la Independencia, cuando de hecho desempeñaron un papel contradictorio, sirviendo tanto a las sangrientas tropas de Boves como a las heroicas de Páez; o sobre una supuesta homogeneidad cultural y física de la región, reivindicando por el contrario la necesidad de aplicar a ésta como a las otras regiones los mismos patrones de análisis desintegradores u ordenadores de la guerra: y pienso, finalmente, en una preocupación que atraviesa todo el libro, la construcción política del territorio. En un sentido, el movimiento pendular territorialización-desterritorialización es a lo largo del libro un referente primordial en la transformación histórica de los ejércitos que. recordémoslo una vez más, van desde los territorializados de los pueblos y ciudades hasta los desterritorializados ejércitos patriotas que encarnan esas comunidades imaginadas que son las naciones. Pero, además, en otro sentido, las unidades territoriales no son conjuntos que autodespliegan una configuración originaria sino que se demarcan y transforman al ritmo de las identidades políticas a las que sirven de referente. Una secuencia mayor, que expresa distintos niveles de cohesión o antagonismo, podría trazarse de arriba abajo así: territorio de ultramar—integrante del español—, territorio americano, territorio nacional; y otra en línea ascendente, que iría de las ciudades-Estados a los Estados-nación. No se trata de digresiones —los vínculos de estos campos temáticos con la columna vertebral del trabajo son evidentes— sino de vetas de reflexión que trascienden el período estudiado y ponen el libro en el centro de múltiples debates historiográficos.

9Dentro de la enorme literatura consagrada al tema, este libro emerge como uno de los más penetrantes de las últimas décadas. Rico en detalle y en conceptualización es digno heredero de la mejor historiografía francesa de los Anales; severo en la crítica, está siempre dispuesto a reapropiarse del enorme legado que han dejado sus predecesores; riguroso en la exposición y en la demostración, no es complaciente ni siquiera con su propia información a la cual es el primero en señalarle reiteradamente sus límites; fascinado ciertamente con la novedad de su perspectiva, contagia de su entusiasmo al lector, pero sin perder la sobriedad en el análisis, tan difícil de preservar, al abordar el más heroico de los temas, el de la parábola de unos ejércitos victoriosos en el momento fundacional de las naciones.

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