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Theatrum mundi

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384 pages

El presente texto aborda el funcionamiento del aparato de dominación español en el territorio de Charcas durante los siglos XVI a XVIII y destaca el papel que cumplía la Audiencia de La Plata como parte de la maquinaria burocrática colonial en relación con el Virrey de Lima, la Iglesia, los corregidores y las élites locales. Las temáticas que se desarrollan pertenecen al campo de la sociología histórica v siguen las líneas teóricas y conceptuales propuestas por Norbert Elias, que permiten desentrañar los procesos internos y tensiones del entramado colonial, además de la permanencia del poder central representado por el Rey. Se amplía la visión tradicional sobre las Audiencias reales como los centros de poder en Hispanoamérica, visualizándolos como verdaderas cortes provinciales, centros donde se concentraron los mecanismos de propaganda y legitimación del Rey, referente y modelo de conducta para los grupos dirigentes locales. El tratamiento que allí se daba a los símbolos reales y su ordenamiento en un complejo cuadro ceremonial llegó a convertir la ausencia física del Rey en una presencia simbólica constante e imprescindible. El análisis detallado de los ceremoniales y de la etiqueta ha permitido definir la conducta recíproca de los cortesanos provinciales, que fue la que hizo posible la comunicación entre el centro del poder y las comunidades políticas americanas. Como en toda relación de sociedad cortesana, el nexo entre el Rey y sus subditos del Nuevo Mundo formaba parte de un amplio conjunto de intercambios múltiples y recíprocos de favores, basados en un sistema de fidelidades y lealtades.


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Theatrum mundi

Entramados del poder en Charcas colonial

Eugenia Bridikhina
  • Editor: Institut français d’études andines, Plural editores
  • Año de edición: 2007
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845466

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789995410803
  • Número de páginas: 384
 
Referencia electrónica

BRIDIKHINA, Eugenia. Theatrum mundi: Entramados del poder en Charcas colonial. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2007 (generado el 10 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/5420>. ISBN: 9782821845466.

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© Institut français d’études andines, 2007

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

El presente texto aborda el funcionamiento del aparato de dominación español en el territorio de Charcas durante los siglos XVI a XVIII y destaca el papel que cumplía la Audiencia de La Plata como parte de la maquinaria burocrática colonial en relación con el Virrey de Lima, la Iglesia, los corregidores y las élites locales.

Las temáticas que se desarrollan pertenecen al campo de la sociología histórica v siguen las líneas teóricas y conceptuales propuestas por Norbert Elias, que permiten desentrañar los procesos internos y tensiones del entramado colonial, además de la permanencia del poder central representado por el Rey.

Se amplía la visión tradicional sobre las Audiencias reales como los centros de poder en Hispanoamérica, visualizándolos como verdaderas cortes provinciales, centros donde se concentraron los mecanismos de propaganda y legitimación del Rey, referente y modelo de conducta para los grupos dirigentes locales. El tratamiento que allí se daba a los símbolos reales y su ordenamiento en un complejo cuadro ceremonial llegó a convertir la ausencia física del Rey en una presencia simbólica constante e imprescindible.

El análisis detallado de los ceremoniales y de la etiqueta ha permitido definir la conducta recíproca de los cortesanos provinciales, que fue la que hizo posible la comunicación entre el centro del poder y las comunidades políticas americanas. Como en toda relación de sociedad cortesana, el nexo entre el Rey y sus subditos del Nuevo Mundo formaba parte de un amplio conjunto de intercambios múltiples y recíprocos de favores, basados en un sistema de fidelidades y lealtades.

Eugenia Bridikhina

EUGENIA BRIDIKHINA, historiadora y socióloga, autora de varios libros y artículos sobre los temas de la historia colonial de Bolivia.

Índice
  1. Agradecimientos

  2. Introducción

  3. Primera parte. La practica del poder

    1. Capítulo I. La Audiencia de La Plata en el entramado del poder de la Monarquía española

      1. 1.1. Las Indias dentro de la unidad administrativa de la Corona española
      2. 1.2. Charcas como un centro articulador económico y social de las Indias
      3. 1.3. La Audiencia de La Plata en el sistema de la administración virreinal
      4. 1.4. La Audiencia y los corregidores
      5. 1.5. Ajustes y desajustes con el poder local
      6. 1.6. El sistema del poder dual secular y eclesiástico
    1. Capítulo II. La Configuración Del Poder Dentro Del Tribunal Charqueño

      1. 2.1. Las interdependencias del poder interno
      2. 2.2. Tensiones y equilibrios con la sociedad estamental
      3. 2.3. Desequilibrio de poderes
    2. Conclusiones de la Primera Parte

  1. Segunda parte. La teatralización del poder

    1. Capítulo III. No sólo Madrid es Corte

      1. 3.1. La sociedad del espectáculo
      2. 3.2. “Theatrum orbis”: la ciudad y la Corte como el espacio del poder
      3. 3.3. Microcosmos de la fiesta
      4. 3.4. Fiestas religiosas
    2. Capítulo IV. Ceremonias del poder o poder de las ceremonias

      1. 4.1. La imagen centralizadora del Rey
      2. 4.2. La dramaturgia del poder real
      3. 4.3. Los recursos simbólicos del ceremonial regio
    3. Capítulo V. La imagen real

      1. 5.1. El mensaje legitimador de la imagen real
      2. 5.2. El Rey como el protector del catolicismo
      3. 5.3. La retórica visual del Rey ausente
    4. Conclusiones de la Segunda Parte

  2. Tercera parte. Ceremonias y etiquetas

    1. Capítulo VI. Estatus y prestigio en la sociedad cortesana provincial

      1. 6.1. El mundo de las cortes
      2. 6.2. El código del honor y el estamento nobiliario americano
      3. 6.3. La apariencia y la ostentación como símbolo de estatus social
      4. 6.4. De caballero a cortesano
      5. 6.5. El cortesano provincial
    1. Capítulo VII. La geometría del poder

      1. 7.1. “Advirtiendo a cada uno del lugar que le toca”: distribución de los espacios del poder
      2. 7.2. La distribución simbólica del espacio en la iglesia
      3. 7.3. Tensiones en torno a las preeminencias ceremoniales
    2. Capítulo VIII. La etiqueta y distinción

      1. 8.1. “El teatro de la etiqueta escandalosa”
      2. 8.2. El código político cortesano y legitimidad del poder
      3. 8.3. El lenguaje de la distinción
    3. Conclusiones de la Tercera Parte

  1. Conclusiones generales

  2. Bibliografía

Agradecimientos

1Este libro ha salido a la luz gracias al apoyo de Plural editores y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA). Durante los años de estudio en Madrid, con la beca de postgrado en la Universidad Complutense de Madrid, otorgada por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), conté con el apoyo de los profesores del Departamento de Sociología I (Cambio Social). Una estrecha colaboración y amistad con el director de la tesis Dr. Ramón Ramos Torre me permitió sortear los abismos que separan la historia de la sociología, cultivar el gusto por el análisis, hacer inteligible sociológicamente los datos de los archivos y, como no, mejorar el nivel del idioma. Quiero agradecer a la Dra. María Luz Morán por el apoyo académico y humano durante los años de estudio y residencia en España. Quedaron inolvidables clases de Enrique Gil Calvo y Fernando Alvarez Uría, quienes me inculcaron el gusto por los temas de sociología. El cálido clima humano de la Universidad permitió que en su seno se forjaran fuertes lazos de amistad y compañerismo con otros doctorandos(as) de distintos países de América Latina y España, como Luis Fernando Moncada, Marta Quesada, Manuel Espinel, Ana María Arjona, Jorge Lagos, José Cambra, Eline Jonás, Consuelo Brito, Luis Miguel Bascones, Carlos Valladares, Ariadna Acevedo, Isabel Crespo y Fabiola Calvo.

2El permiso de estancia en el Departamento de Historia de América del CSIC posibilitó tener contactos permanentes con los colegas del gremio de historiadores americanistas y participar en los seminarios y coloquios organizados por el departamento. Gracias a la codirección de la tesis llevada a cabo por el Dr. Jesús Bustamante la investigación se convirtió en un permanente proceso de aprendizaje, un diálogo fructífero y enriquecedor que contribuyó a ampliar mi visión sobre la historia de América Latina y España. Durante los años de la estancia en España se fortalecieron los lazos de amistad con los entrañables amigos Marta Irurozqui y Víctor Peralta, y se forjaron nuevos con los historiadores latinoamericanistas Mónica Quijada, Consuelo Naranjo, Alfredo Moreno, Leoncio López y otros colegas. Con las amigas y compañeras becarias de CSIC, Imilcy Balboa, Rosvita Rauch, Silvina Montenegro, Miriam Galante y Andrea Pasquaré compartimos muchos buenos momentos durante la estancia en el Departamento.

3Aunque durante muchos años estuve separada de mis amigas bolivianas, siempre tuve el apoyo de mis compañeras y colegas, profesoras de la Universidad Mayor de San Andrés e integrantes de la Coordinadora de Historia: Magdalena Cajías, Pilar Mendietta, Rossana Barragán, Ximena Medinaceli, María Luisa Soux, Beatriz Rossels, Miriam Quiroga, quienes me alentaron con el trabajo de la tesis y luego con la publicación del libro. Con ellas he compartido y comparto el interés y el amor hacia la historia. Les agradezco de todo mi corazón por su apoyo y por su profunda y verdadera amistad que tiene años de prueba. En estos momentos también pienso en los que alguna vez eran mis alumnos y ahora son colegas, colaboradores y, sobre todo, amigos como Pablo Quisbert, Ana María García, Ricardo Asebey, Cintia Chiappe, Alvaro Balderrama, Amilcar Acebey y otros tantos alumnos que he tenido durante mi carrera como profesora en la Universidad Mayor de San Andrés y en los que he pensado tanto escribiendo este libro.

4A los antiguos profesores de la Universidad Mayor de San Andrés Alberto Crespo y Teresa Gisbert, a quienes considero mis verdaderos maestros. A ellos y a otros renombrados historiadores como Maria Eugenia del Valle, Laura Escobari, José Luis Roca, Joseph María Barnadas, Rose Marie Buechler, Mariano Baptista, que han dedicado su vida a historia de Bolivia les debo mucho. El intercambio de ideas, de datos bibliográficos y archivísticos a lo largo de todos estos años ha aportado a que esta tesis tenga vida.

5Quiero recordar también a los amigos historiadores que radican en distintos países y que han dedicado sus estudios a historia de Bolivia como Ana María Presta, Marta Irurozqui, Carmen Salazar-Soler, Françoise Martínez, Martín Brienen, María de las Mercedes del Río, Andrei Shelchkov y tantos otros, para quienes, como lo es para mí, este país se ha convertido en algo más que un espacio geográfico enclaustrado en el mapa de Sudamérica. Quiero agradecer la colaboración que me han brindado el director del IRD en La Paz, Jean Vacher, Carmen y Ximena Arnal, con los cuales me une una sincera amistad. También quiero decir spasibo a mis amigas rusas radicadas en Bolivia Ala Protsenko y Nina Nisanova por comprenderme y apoyarme en todo. Recordar a los amigos que se quedaron en Ucrania, que aún de lejos siguen formando parte de la historia de mi vida.

6Aprovecho la oportunidad de agradecer a la Directora del Archivo Nacional de Bolivia, Marcela Inch, y al personal de esta institución por el apoyo que brindan a los investigadores. Asimismo, al personal de Plural editores, quienes me ayudaron con todo el trabajo de la edición del libro.

Introducción

1Las peculiaridades del proceso histórico de América Latina nos inducen a indagar sobre la capacidad de la Corona española para conservar un dominio estable sobre las Indias durante casi tres siglos, a pesar del déficit de centralización en la misma península, de las constantes desavenencias internas y de su intervención en diversas guerras europeas, así como de una mínima presencia militar en los territorios americanos. Estas pesquisas conducen, inevitablemente, a abordar las relaciones de poder en la sociedad americana y comprender la necesidad de verlas como pluridimensionales. El funcionamiento del aparato de dominación española en el territorio de América durante los siglos xvi-xviii puede ser analizado, en mi opinión, sólo a partir de múltiples mecanismos políticos que permitan contemplar las relaciones y conflictos sociales.

2Es menester, por lo tanto, develar cómo actuaban y hasta qué punto eran eficaces los dispositivos no coercitivos del poder y cuáles eran las estrategias para lograr la expansión del poder real en América. La investigación se centra en la sociedad colonial americana de Charcas. La relevancia de ésta radica en que era un centro articulador económico y social de toda Sudamérica debido a la presencia de las minas de plata de Potosí, a la vez que fue un espacio de control político y social importante. Por ello hago hincapié en las especificidades y particularidades de las relaciones de poder que se establecían entre Charcas y la Corona española. El análisis de ésta dinámica nos develará el enigma de la peculiaridad del proceso de independencia y la construcción del Estado nacional en Bolivia a partir del siglo xix.

3Para desentrañar el funcionamiento de la legitimación y la organización del poder político en América, y abrir nuevos campos de reflexión, es necesario abordarlos desde la práctica interdisciplinaria que una los enfoques de la historia política y social con el instrumenta] metodológico desarrollado por la sociología y antropología social. Se intentará aplicar algunos de sus conceptos claves para desentrañar los mecanismos de la distribución del poder en Hispanoamérica, aprovechando del gran bagaje de herramientas conceptuales elaboradas por la sociología y la antropología. Como referencia metodológica, los trabajos de Norbert Elias: El proceso de civilización ([1939] 1993a) y La sociedad cortesana ([1969] 1993b) permiten colocar los procesos políticos en América, y en Charcas en particular, dentro del marco de una interpretación general del proceso civilizatorio europeo occidental. A pesar de que la teoría de la civilización de Elías ha sido objeto de diversas críticas y controversias,1 sus herramientas conceptuales han sido readaptadas por los historiadores para el estudio de sociedades no europeas y también latinoamericanas.2

4No se trata aquí de trasladar ciegamente la teoría elaborada por Elias para el caso europeo, específicamente el francés, en el periodo de constitución del Estado absolutista, al terreno iberoamericano. Se pretende, por el contrario, aplicar los conceptos claves de esta teoría para desentrañar los mecanismos de la distribución del poder dentro de los territorios de la monarquía española. Aparte de la ya tradicional aplicación de los historiadores modernistas de los conceptos de Elias para definir el modelo de las sociedades cortesanas en Europa, me pareció atractivo, desde el punto de vista metodológico, aprovechar otros conceptos menos usuales de la teoría de Elias para el análisis de la realidad histórico-social colonial a saber: las redes de interrelaciones, las interdependencias, las configuraciones y el equilibrio de las tensiones.

5El análisis del desarrollo de la gestión política en Charcas y la evolución de las relaciones de poder a lo largo de la época colonial parte de la consideración de que esta arquitectura de poder asumía la ausencia física y la lejanía del Rey. Esta peculiaridad requería el empleo de unos nuevos mecanismos que posibilitaran el funcionamiento de este nuevo diseño americano. Uno de tales mecanismos era el monopolio político, que mantenía el poder real impulsando y fomentando luchas de competencia entre diversas estructuras de autoridad; esto terminó configurando un complejo equilibrio de tensiones.

6A pesar de que, a primera vista, este tipo de equilibrio puede parecer un mecanismo muy frágil, sin embargo, vinculaba a todos los individuos aislados recíprocamente y generaba formas de dependencia social. Los distintos grupos de interés, marca Elias, no podían aproximarse ni ignorarse y, por lo tanto, estaban obligados a depender de un órgano central y supremo de coordinación. Las fuerzas solían estar equilibradas hasta el punto de que cada cuál temía el posible fortalecimiento de la otra; esta situación concedía al poder central una oportunidad mayor que cualquier otro dentro de la sociedad. Aquí se ponía de manifiesto un rasgo distintivo de este tipo de configuración social: la hegemonía del poder central en una sociedad de estamentos y rangos profundamente diferenciados, terminaba bloqueando toda tentativa de resolución final de los grupos en disputa, de forma tal que las luchas no socavaban el poder central sino que lo favorecían. Ésta es la característica de lo que Elias llama mecanismo real.

7Se hace necesario desentrañar cómo el diseño del poder planeado en Hispanoamérica se impone, articula y funciona por medio de sus distintos escalones, como el poder virreinal, el de la Audiencia, el Corregimiento, el Cabildo y la Iglesia. De esta manera se propone el estudio de la mecánica de la interdependencia propuesta por Elias, es decir, aquellos procesos internos de las unidades políticas sobre los cuales gravitan las tensiones, pero que permiten el mantenimiento del poder central representado por el Rey. Esta interdependencia se estableció, además, en una sociedad controlada por redes interpersonales basadas en la amistad, en el intercambio de favores o en las alianzas familiares; redes que tenían una gran capacidad de autosustentación y permanencia. La relación entre el Rey y los subditos hacía parte de un importante campo de intercambios múltiples y recíprocos de favores, basados en un sistema de fidelidades y lealtades.

8El equilibrio establecido en este campo difuso y flexible funcionaba, además, a través de la implementación mimética del modelo de la Corte. La relevancia de ésta estriba en ser el centro mediador de las relaciones políticas entre el Rey y las élites locales y el regulador de relaciones entre las élites en ausencia del Rey. En este trabajo quiero plantear la hipótesis de que las Cortes provinciales americanas, así como las sedes de audiencias y arzobispados, constituyeron el referente para las clases dirigentes locales de las pautas de conducta y sociabilidad semejantes a sus homólogas de la península.

9Esta idea permite dar un nuevo enfoque a las normatividades sociales y prácticas políticas en estos núcleos urbanos y comprender su función estratégica como centros de la vida administrativa, económica, social y cultural de la monarquía española. La especificidad y peculiaridad del fenómeno sociopolítico de la Corte provincial en América, y en Charcas en particular, desde el siglo xvi al xviii y del modelo cortesano que se aplica en las nuevas sociedades, dan lugar a nuevas formas de organización y expresión. Se trata de la apropiación del modelo europeo aplicado a unas sociedades étnicamente y socialmente complejas, muy distintas del modelo a copiar.

10El establecimiento de los modelos institucionales en Hispanoamérica estaba acompañado por la instauración de estructuras de legitimación del poder y de formas específicas de comportamiento político basadas en el código político cortesano, lo que permitió mantener la comunicación entre el centro del poder y las comunidades políticas. El estudio del proceso de formación de las élites provinciales a partir del acortesamiento tiene importantes consecuencias para la comprensión y replanteamiento del funcionamiento del poder en la sociedad americana. De ahí que para hacer inteligible el sistema del poder en los territorios españoles en América, es menester analizar la precisión con la que se organiza detalladamente cada ceremonial, cada acto de etiqueta, en los cuales se refleja la conducta recíproca de los cortesanos. La sociedad cortesana funcionaba como un campo de gravitación y fue mantenido por el equilibrio de múltiples fuerzas, fruto de la coexistencia antagónica de sus miembros. Desvelar cómo funciona este equilibrio en una sociedad cortesana provincial con ausencia física del Rey permite poner en cuestión las visiones de un poder establecido únicamente a partir de la fuerza, la violencia o la legitimación racional. El análisis de la importancia de las cortes provinciales, como un espacio donde actuaban un conjunto de mecanismos de legitimación y propaganda del poder real, posibilitan comprender cómo la ausencia física del Rey se convertía en una presencia simbólica. Todas estas variables hacen intelegibles las causas de la permanencia del poder de España en las Indias, en general, y particularmente del ejercicio del poder en Charcas.

11Las herramientas conceptuales de Elias ya han sido apropiadas por los historiadores para profundizar en el estudio de la Corte como fenómeno sociopolítico en Europa desde el siglo xv al xviii. Las principales líneas de investigación sobre la Corte permitieron comprenderla como el espacio primordial de promoción social regida por la “antropología cortesana” y una ética basada en el honor. Se abordó el tema de la Corte como lugar destinado a la manifestación del poder a través de los instrumentos de legitimación y propaganda destinada a crear mitos sociopolíticos (Mozzarelli, 1988, Álvarez Ossorio Alvariño, 1991-1998; Hespanha, 1993). La reflexión sobre la diversidad de funciones que cumplían las Cortes europeas facilitó comprenderlas como núcleos difusores de un nuevo modelo de comportamiento social, nuevos hábitos culturales y nuevas formas artísticas.

12Las investigaciones dedicadas a la historia de la Corte española (Elliott, 1977, 1981, 1987, 1989, 1992; Feros, 2000; Samper, 1973, 1998) han permitido concluir que mientras Versalles se convirtió en modelo para muchas de las cortes del siglo xviii, incluso para las cortes en Hispanoamerica y Brasil (Malerba, 1997; Cañeque, 1999; Latasa, 2000; Torres Arancibia, 2006), el elaborado ceremonial de la vida de la Corte española fue un referente europeo en los siglos xvi y xvii, siendo un modelo, aunque criticado, imitado. A la hora de aplicar el modelo de la Corte moderna europea hay que tener en cuenta las particularidades de la Corte española, siendo ésta una simbiosis de los elementos de los estilos aragonés, castellano, borgoñón y flamenco e, incluso, de la Corte papal y la aplicación del modelo cortesano en Hispanoamerica.

13Para poder comprender la especificidad de las reglas de la mecánica de la Corte, el sociólogo Arpad Szkolczai (2000), inspirado en el modelo de Elias, elaboró los conceptos de visibilidad y juegos estratégicos, de manera que la vida social de la Corte era caracterizada por la omnipresencia de apariencia, manifestaciones y visibilidad. Es decir, la parte visible de los más obvios y rutinarios aspectos de la conducta diaria tenían una importancia especial. Esa presencia mutua produjo, por un lado, una fuerte tendencia homogeneizadora, y por otro lado, llevó a la búsqueda de la distinción y el mantenimiento de la apariencia diferencial. A la vez, en condiciones de la visibilidad omnipresente, la verdad termina identificada con la representación. El criterio central del éxito no se sitúa en la racionalidad y éxito monetario, sino en la confirmación de los valores y el incremento de respeto en los ojos de los demás. Las palabras centrales son el reconocimiento y la reputación. Bajo tales condiciones, ser miembro de la “buena sociedad”, o la opinión que otros tienen de un individuo, se convierte en “fundamento tanto de la identidad personal como de la existencia social” (Szkolczai, 2000: 128).

14El hecho de que en la sociedad cortesana todos estaban a la vista de todos, y cada persona en su comportamiento y acción dependía de otros, no comportó una ritualización de los comportamientos, sino un constante despliegue de juegos estratégicos interpersonales. De este modo, la Corte era un escenario de ensayo estratégico y un lugar donde dominaban los juegos estratégicos. Los individuos en la sociedad cortesana eran actores de estos juegos, en una incesante competencia por el poder con y contra todos en la Corte. Las omnipresentes relaciones del poder surgieron como resultado de un continuo estado de inseguridad e incertidumbre de la posición de las personas en la sociedad cortesana.

15La complejidad del espacio social de la Corte dependía del despliegue de tres estrategias dobles de las prácticas sociales cortesanas: el compromiso, el doble vínculo y la compartimentación (Ramos Torre, 1996). La estrategia del compromiso consiste en la persecución, por parte del Rey, de dos objetivos totalmente incompatibles entre sí: someter y mantener a la nobleza. En la sociedad cortesana esta estrategia es indisoluble del doble vínculo, que se caracteriza por una permanente oscilación: el Rey tiene la facultad de otorgar para quitar y quitar para otorgar. De esta manera, la nobleza depende -para su supervivencia- de la satisfacción de los caprichos del monarca, lo que a su vez implica que no puede conseguir un pleno y definitivo reconocimiento por parte del Rey. La compartimentación, o institucionalización de la mentira, hacía posible la coexistencia de mundos morales incompatibles, cuyos confines transitan los cortesanos. Ramos (1996), siguiendo a Elias, define la Corte como una relación social multipolar, parcialmente simétrica y de equilibrio precario, mediadora entre los distintos grupos hegemónicos.

16La metáfora de theatrum mundi o theatrum orbi terrarum, en donde cada uno tenía que cumplir un rol social, tenía su más perfecta realización en la sociedad cortesana donde la representación era fundamento de la vida pública y privada. Los individuos se comportaban como actores en un drama: la propia jerarquía social era producida y reproducida a partir del papel que cada uno debería ocupar y cumplir en la sociedad de la corte, papeles que eran minuciosamente reglamentados por la etiqueta.

17La noción de la dramaturgia de la vida, desarrollada por Ervin Goffman (1987) y Elizabeth Burns (1972), permite comprender cómo los individuos actúan socialmente como actores y desempeñan un papel social a partir de las expectativas que tienen en la reconstrucción de la imagen social por la cual desean ser reconocidos. El concepto de rol social, como la conducta asociada con un estatus o una posición específica, facilita entender cómo se define el rol del cortesano en función del comportamiento que se espera del que lo desempeña. Este a su vez está ligado íntimamente con el concepto de socialización que posibilita analizar la Corte como espacio de socialización y de transmisión de las normas o hábitos como incorporación de lo social a través del aprendizaje.

18Según Pierre Bourdieu (2002: 40), dado que “el cuerpo está en el mundo social, pero el mundo social está en el cuerpo”, el habitus funciona como modelo que permite a los agentes generar una infinidad de prácticas adaptadas a situaciones infinitamente variables, que implica una interiorización de las estructuras (mediante la adquisición) y una exteriorización de las experiencias en las prácticas. La idea y el término de habitus proviene de Marcel Mauss y es utilizado también por Panofsky que había subrayado la importancia teórica y práctica del habitus en la sociedad de la Edad Media. Bourdieu ha desarrollado el concepto convirtiéndolo en un amplio aparato de términos en una serie de trabajos a lo largo de su carrera intelectual (De Certeau, 1996: 66).

19De este modo, introduce una dimensión temporal: las prácticas que expresan la experiencia responden adecuadamente a las situaciones que se manifiestan en la estructura y en el tiempo; la estabilidad de la estructura se logra a través de la interiorización por medio de habitus, entendido como el conjunto de normas transcritas en comportamientos (Pinto, 2002). El habitus conserva una afinidad conceptual estrecha con el concepto de hábito y de configuración social de Norbert Elias. Para nuestro trabajo resulta sumamente útil el uso del concepto de ritos de institución, como pueden ser las investiduras, consagraciones, nombramientos, concesiones de honores (Bourdieu, 1994). Estos conceptos, elaborados por el sociólogo francés, permiten interpretar las particularidades de las ceremonias públicas, considerarlas como un acto simbólico de eficacia social y de comunicación que producen separaciones y agregaciones dentro del cuerpo social.

20Nuestro estudio no sería completo sin el uso de otro grupo de herramientas conceptuales desarrolladas por la antropología social en lo que concierne a las ceremonias públicas. En las publicaciones de Clifford Geertz (1985, 1991), sobre Bali en el siglo xix, se definía que aquel Estado se orientaba “hacia el espectáculo, hacia la ceremonia, hacia la dramatización pública”, a la vez que el ritual monárquico no era un instrumento, y mucho menos un fraude, sino un fin en sí mismo. La conclusión de Geertz de que “El poder servía a la pompa, no la pompa al poder” ha provocado el interés hacía el análisis de la relación de las ceremonias con el poder por parte de los historiadores. Las investigaciones de los historiadores y antropólogos reunidos por David Canadine y Simon Price (1987) intentaron confirmar la hipótesis de Geertz. De ahí salió la conclusión de que “la relación entre la pompa y la ceremonia es mucho más compleja y variada que cualquier formulación simple podría sugerir” y se rechazó la idea de que el espectáculo es la apariencia superficial o window-dressing del poder.

21Algunas investigaciones realizadas en el campo de los estudios sobre España desarrollaron esta línea argumental y sostenían que los ritos y ceremonias debían ser comprendidas como partes integrantes del sistema político y de la estructura de poder. Nieto Soria (1993) consideró las ceremonias y ritos como la forma de poder en sí misma y rechazó entenderlas como elementos secundarios de un sistema político o como la máscara, tras la cual se esconde una cierta manera de ejercer el poder. Esta línea metodológica sigue Alejando Cañeque (1999) quien insiste en la importancia de los rituales públicos y sostiene la fórmula que el poder colonial estaba al servicio de los rituales y no al revés. Una opinión contraria la expresó Lisón Tolosana (1991), estudiando el tema del poder ritual en la casa de los Austrias, quien comprendió el poder como encarnado en analogía y metáfora, agazapado detrás de los símbolos y signos, disfrazado de ceremonial y protocolo o reproducido por la etiqueta. Él sostiene que el ritual es la máscara del poder; y el poder opera a través de las ceremonias. Este argumento es compartido por Roberto López (1999) quien opina que las ceremonias no fueron más que unos medios secundarios y transitorios para impulsar la consolidación del poder monárquico.

22Este debate deja claro, por un lado, la importancia del estudio de las ceremonias y rituales para aludir al poder en la sociedad y, por otro lado, descarta la comprensión del poder como establecido únicamente a partir de la fuerza o violencia. Porque Balandier (1994) señala que un poder no puede mantenerse ni a partir de la fuerza, ni basándose en sola justificación racional, sino que se conserva por la transposición, producción de imágenes y manipulación de símbolos y su ordenamiento en un cuadro ceremonial. El concepto de teatralidad o espectacularización creado por este autor, revela la dimensión del ejercicio de poder político a través de los elementos dramáticos que lo legitiman.

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