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Prólogo
El arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez es originario de Morelia, Michoacán, donde inició sus estudios hasta llegar al primer año de la carrera de Historia. Después se trasla-dó a la ciudad de México. En 1994 concluyó la licenciatura de Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah), y a principios de 1996 se trasladó a Sonora para trabajar en el proyecto arqueológico Trincheras, del Instituto Nacional de Antropo-logía e Historia (Centroinah-Sonora) y la Universidad de Binghamton (suny).
Su textoTravesía hacia el desierto. Anecdotario de un arqueólogo en la Sonora de los siglosxxyxxies una invitación a realizar un recorrido de aproximadamente quinientos kilómetros en línea recta, por la parte norte del estado, desde el parteaguas de la cadena montañosa que 1 sirve de límite con Chihuahua, tomando como punto de partida Rancho Las Cuevas, en el municipio de Bavispe, hasta la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de 2 Altar, en los municipios de Puerto Peñasco, Plutarco Elías Calles y San Luis Río Colora-do. La travesía incluye algunos de los valles paralelos a los ríos Bavispe, Moctezuma, So-nora y San Miguel, así como arroyos y ríos afluentes de las cuencas de los ríos Magdalena y Altar, que al unirse forman el río Asunción, ya en las planicies semidesérticas.
Es una experiencia muy ilustrativa para aquellos que conocen estos lugares o parte de ellos, e inolvidable para quienes aún no han tenido oportunidad de realizar este recorri-do, tanto por su geografía como por la historia prehispánica y colonial de esta porción 3 del septentrión mexicano.
Cuando el arqueólogo Martínez narra el descenso por la sierra y menciona lo útil que es contar con un vehículo 4 x 4, ha de saber usted, estimado lector, que la primera ca-mioneta de doble tracción que se le asignó al Centroinah-Sonora llegó en 1996, sólo veintitrés años después de su fundación (1973). Es que como las personas encargadas de realizar las licitaciones y de comprar los vehículos en nuestra institución viven en la ciudad de México, rara vez han tenido la necesidad de viajar por las brechas y caminos serranos o los desiertos del territorio mexicano. En verdad, no saben las experiencias que
1. Donde ayudé al arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez en 2009 y 2010. 2. Me tocó presenciar la ceremonia de la declaratoria la tarde del 10 de junio de 1993, en la parte norte del Cerro Prieto en Puerto Peñasco. Desde el mar se apreciaba, al noreste, la sierra El Pinacate. Esta-ban presentes el antropólogo Alejandro Aguilar Zeleny, entonces director del Centroinah-Sonora, y los representantes de la etnia tohono o’odham de Arizona y Sonora. 3. Forma antigua para denominar el norte o las regiones que se encuentran en este punto cardinal.
se han perdido. El otro vehículo de doble tracción se nos asignó en 2005, pero no fue sino hasta febrero de 2006 cuando llegó a Sonora, gracias a la insistencia de uno de los arqueólogos, quien incluso se hizo cargo de los gastos de transporte. Las autoridades de aquellos tiempos simplemente repetían: “No hay dinero para traerlo desde la ciudad 4 de México”. Aquella primera camioneta que llegó a los patios del Centroinah-Sonora en 1996 pertenecía a un lote de autos decomisados en la frontera por la Secretaría de Hacienda. Esta repartición pública concedería en comodato uno de ellos para el progra-5 maprocede. Se les pidió a los abogados del Instituto que habían viajado desde la ciudad de México que nos permitieran elegirlo. Al arqueólogo Júpiter Martínez, uno de los integrantes del equipo del programaprocede, se le encomendó hacerlo. De primera vista le gustó más una camioneta Chevrolet color verde, con vidrios polarizados y rines cro-mados. “Escoge elpick up Dodge azul”, le sugerí, a lo que él respondió. “Está muy feo… parece como quebrado a la mitad y tiene la caja despintada”. “Sí —respondí—, pero es el 6 único del lote que es doble tracción, y en Sonora la vas a necesitar; además, tiene llantas todo terreno”. Lastaconudas, como se les dice a estas llantas, son inmejorables en la sierra. Él sabe que yo siempre las he solicitado y procurado traer en lospick updel Centroinah-Sonora. Desde que pude comprar mi Ford F250 4 x 4 en 2001, me muevo con llantas todo terreno, cuyo dibujo y diseño han probado ser de los mejores para estos caminos. Hoy leo con agrado que el arqueólogo menciona con afecto este elemento tan esencial en todas sus anécdotas.
En las primeras visitas a las comunidades, realizadas en 1997 —lo acompañábamos los arqueólogos Mayela Pastrana, Valerio Paredes y yo—, se debía exponer una presentación del programaprocede,valiéndose de un proyector eléctrico de carrusel marca Kodak. Pero en la sierra había caseríos pequeños que sólo se alumbraban con lámparas de petró-leo o de gas. Fue en Agua Fría, recuerdo, en el municipio de Bacerac, donde gracias a una planta de luz a gasolina que nos prestaron y utilizando como pantalla el muro exterior de 7 la escuela primaria rural, la población pudo tener noticia del trabajo de los arqueólogos delprocede. Al cobijo de los grandes pinos, esa noche hubo “cinito” en Agua Fría.
4. Que recordamos cariñosamente comoel Procede. 5. «Programa de certificación de los derechos ejidales»: fue un instrumento que el gobierno de la Repú-blica puso al servicio de las comunidades agrarias y ejidos para regularizar la propiedad social. El objetivo principal fue dar certidumbre jurídica a la tenencia de la tierra a través de la entrega de certificados par-celarios y certificados de derechos de uso común, o ambos, según fuera el caso, así como de títulos de solares en favor de los individuos con derechos que integraban los núcleos agrarios que así lo aprobaran y solicitaran. Las instituciones directamente responsables de su ejecución fueron: la Secretaría de la Refor-ma Agraria (sra), la Procuraduría Agraria (pa), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informá-tica (inegi), el Registro Agrario Nacional (ran), y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). 6. La doble tracción significa que el motor hace fuerza en las cuatro llantas. Existen dos opciones: la alta, H ohigh range, y la baja, L olow range. La primera permite conducir sobre tierra o nieve a velocidades norma-les; la segunda activa un engrane extra que da mayor fuerza de tracción pero menos velocidad. 7. En esos días los niños estaban de vacaciones. Los pobladores gentilmente nos la prestaron para levantar nuestro campamento.
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Tiempo después, Júpiter Martínez se fue integrando a otros proyectos, como el de «Re-conocimiento arqueológico en los valles Bavispe y San Bernardino en Sonora», en el cual por cierto nos ayudó en el recorrido de superficie realizado entre abril y mayo de 1998, y en 2001, en las excavaciones de mayo y junio.
En el proyecto «La producción de artefactos arquitectónicos: un análisis de casas en acan-tilados en la Sierra Madre Occidental, noroeste de Sonora, México», de 2001 también, tuve la oportunidad de acompañar a su directora, la arqueóloga Elizabeth Bagwell, junto con los arqueólogos César Villalobos y Júpiter Martínez, precisamente. En agosto, otros voluntarios y yo fuimos a trabajar durante diez días en la Cueva Bringas, ubicada en el rancho Los Taraises. Una tarde, el arroyo Los Chales llevaba tal cantidad de agua que no nos animamos a cruzar, así que instalamos nuestras casas de campaña a orillas del camino y esperamos más de dieciocho horas a que bajara el cauce, lo que no sucedió. Después de convertir elpick upprácticamente en un anfibio, nos decidimos a continuar. Cruzamos sin contratiempos, gracias a que el conductor de otrapick upnos advirtió que no dejára-mos de acelerar al acercarnos a la orilla, porque la corriente estaba haciendo un hoyo. Re-cuerdo que con él viajaba una señora como única pasajera. La pobre gritaba: “No quiero cruzar, no quiero cruzar”, pero, por fortuna para ella, el vehículo pasó sin problemas por tener la corriente en su favor.
Son también muchas las anécdotas de nuestras andanzas en caballo. Quienes trabajamos en proyectos de prospección arqueológica o revisando trazos para líneas de torres de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad antes de la construcción de caminos y brechas que puedan afectar el patrimonio arqueológico, siempre llegamos a necesitar de este medio de transporte. Aun cuando en el sigloxxse construyeron bastantes caminos de terracería, todavía quedan en Sonora regiones con muy pocos accesos. En ocasiones es necesario viajar más de seis horas para revisar un solo punto o lugar, o andar todo el día montandos para localizar y registrar sitios arqueológicos. Es una tarea muy cansada, 8 especialmente si nunca se tuvo la oportunidad de subirse a un caballo.
Y si hablamos de caminar, ya sea en la sierra, ya en el desierto, es la tarea más difícil a la que uno se enfrenta. Sin embargo, viene a mi memoria lo que algunos de mis maestros de la carrera de Arqueología en laenahmencionaban muy a propósito sobre el arqueó-9 logo Pedro Armillas, que decía: “la arqueología se hace caminando”. Un día caminé por la sierra, entre el río Yaqui y el poblado de Tepache, desde las seis de la tarde hasta las dos de la mañana. Llegué a un pequeño rancho a pedir ayuda para continuar camino hacia el próximo pueblo, que aún estaba a doce kilómetros. Pero el arqueólogo Martínez me ganó con su anécdota de Puerto Libertad, en el desierto sonorense, cuando se quedó la
8. Siempre hay remedios caseros como el talco o las cremas para quitarse lo “rosado” después de montar durante mucho tiempo; si no es suficiente, se debe tomar algún analgésico. 9. Pedro Armillas García, arqueólogo delinah, quien se distinguió por sus estudios sobre las culturas mesoamericanas entre los años 1950 y 1970. Se le reconoce por su trabajo de campo y excavaciones en diversos sitios de México, particularmente del centro y el norte.
camioneta “embancada” en la arena y tuvo que caminar desde el atardecer y parte de la noche una distancia de cincuenta y dos kilómetros en nueve horas.
Asimismo, comenta la posibilidad de realizar arqueología subacuática en Sonora cuando menciona sus experiencias en La Serrana (tradición arqueológica) y la localización de si-tios prehispánicos en la región ópata —que desde principios del sigloxxya fue un grupo mestizo, si no es que antes—, en los pueblos ubicados en los valles paralelos, en el centro, este y noreste de Sonora, en particular su travesía por las aguas de la presa Plutarco Elías 10 Calles, mejor conocida por los sonorenses como El Novillo, cuyo embalse inundó el valle de Batuc, el pueblo del mismo nombre, y las comunidades de Tepupa y Suaqui.
El arqueólogo Martínez también ha hecho trabajos de arqueología histórica, con varias temporadas de exploración y excavación en la ex Misión de Cocóspera, municipio de Imuris, tema con el cual se recibió de licenciado en Arqueología en marzo de 2004. Como parte de los sinodales, escuché con atención la defensa de su tesisCocóspera, sombras de adobe. Estudio arqueológico del Templo de la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Co-cóspera, Sonora. Después, en 2006, excavó en la primera Misión de Nuestra Señora de los Dolores de Cósari, que fundó el padre jesuita Eusebio Francisco Kino en 1687.
Simpático es el relato del sitio arqueológico La Playa, que Júpiter Martínez imaginaba ubicado a la orilla del mar sin saber que algunos rancheros de la región de Trincheras y Caborca llaman así (también “playitas”) a las superficies desprovistas de vegetación, sea por erosión o por deforestación.
En su reflexión final, creo que fue modesto al decir que está muy consciente de que aún le falta territorio sonorense por conocer y vivir. Sabemos, por otra parte, que se le han presentado pocas oportunidades de recorrer y trabajar el sur y el sureste del estado, por lo cual habla poco de esa región, habitada actualmente por los grupos yoemes (yaquis) y yoremes (mayos) en los valles, por los macoyawes (guarijíos) en la sierra de Álamos, y los o’ob (pimas bajos) en las serranías de Yécora. Pero estoy seguro de que próximamen-te lo hará y de que en un futuro trabajo nos estará deleitando con nuevas experiencias y anécdotas.
Seguro estoy también de que en esta ocasión al arqueólogo se le han quedado muchas anécdotas en el tintero, pero le recomiendo a usted, amable lector, que disfrute las que a continuación nos brinda, y se inicie en el conocimiento de lo que hasta hoy se sabe de la arqueología del centro y el norte de Sonora.
10. El proyecto de la hidroeléctrica fue concebido hacia 1955, durante el régimen del gobernador Ignacio Soto (1949-1955); los trabajos para su construcción arrancaron formalmente el mes de mayo de 1958, bajo el plan de electrificación del territorio nacional formulado por el presidente Adolfo López Mateos. En 1962 se finalizó su construcción. En su tiempo fue una de las obras hidráulicas más importantes del país para la producción de energía eléctrica.
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Para terminar, quiero recordar las palabras de nuestro maestro y amigo, el doctor en 11 Arqueología Jaime Litvak King: “La arqueología es lo más divertido que se puede hacer con los pantalones puestos”.
Arqueólogo César Armando Quijada López Profesor-investigador titular C del centroinah-Sonora. Hermosillo, Sonora Marzo de 2011
11. Jaime Litvak King, “un viejo muy chingón”, nació en la ciudad de México el 10 de diciembre de 1933, y falleció el 2 de octubre de 2006. Se graduó como arqueólogo de laenahen 1963 y obtuvo la maestría en Ciencias Antropológicas por launam. En 1970 concluyó el doctorado en Antropología, también por launam. Fue impulsor de la Arqueología Industrial y pionero de la aplicación de la computación en esta disciplina en México; fue, además, director en 1973 del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam. Su libroTodas las piedras tienen 2000 años, publicado en 1986 por editorial Trillas, es una excelente recomendación para acercarse a la arqueología. Una de las labores poco conocidas de Litvak King fue la desarrollada como coordinador de las brigadas de rescate y de información de fallecidos en el Centro Mé-dico de Ciudad Universitaria, durante el sismo de 1985 en la ciudad de México. Esta tarea humanitaria le fue reconocida por el gobierno de México con la distinción 19 de Septiembre al Valor Heroico. Jaime Litvak, maestro generoso y muy humanista.
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