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Un siglo de rebeliones anticoloniales

Perú y Bolivia 1700-1783

Scarlett O’Phelan Godoy
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 2012
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845398

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972623738
  • Número de páginas: 410
 
Referencia electrónica

O’PHELAN GODOY, Scarlett. Un siglo de rebeliones anticoloniales: Perú y Bolivia 1700-1783. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2012 (generado el 12 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6367>. ISBN: 9782821845398.

Este documento fue generado automáticamente el 12 noviembre 2015. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 2012

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Tomando como base una muestra de 140 revueltas y rebeliones que estallaron en el siglo XVIII en el virreinato del Perú, incluyendo el Alto Perú, la autora identifica tres coyunturas rebeldes o nudos de intranquilidad social donde se aglutinaron los movimientos sociales. La primera coyuntura ocurre durante el gobierno del virrey marqués de Castelfuerte (1724-1736) como resultado de su incisiva política fiscal de revisitas y ajustes del tributo y la mita luego de la epidemia que azotó el sur andino en 1720. La segunda coyuntura tuvo lugar luego de la legalización del reparto de mercancías del corregidor (1751-1756), que desembocó en una álgida competencia entre las autoridades locales (corregidor, doctrinero, cacique, hacendados, obrajeros) sin llegar a cuajar en una rebelión de envergadura. La tercera y última coyuntura se produjo durante la puesta en vigor de las reformas fiscales borbónicas, llevada a cabo por el visitador José Antonio de Areche, a partir de 1777.

Esta coyuntura culminó con la gran rebelión o rebelión de José Gabriel Túpac Amaru II que tuvo un carácter regional delimitando el circuito comercial Cuzco-Potosí que cubría el amplio territorio del sur andino peruano y llegando a articularse con la insurrección liderada por el líder aymara Julián Apasa Túpac Catari en Charcas. De esta manera la rebelión de Túpac Amaru aparece como la culminación de un proceso de revueltas menores, por un lado, y de una acumulación de presiones económicas y fiscales, de otro. Sin duda, la gran rebelión fue un movimiento de masas sin precedentes en Hispanoamérica durante el período colonial y sus alcances políticos a través de la prensa tuvieron connotaciones continentales y, posteriormente, un fuerte impacto a nivel europeo.

Índice
  1. Prólogo a la segunda edición

  2. Prefacio

  3. Introducción

  4. Capítulo 1. Producción y fiscalidad en el siglo XVIII: una aproximación a la economía colonial

    1. 1. La minería colonial durante el siglo XVIII
    2. 2. La producción textil obrajera durante el siglo XVIII
    3. 3. La producción agrícola colonial: haciendas y plantaciones
    4. 4. La división interna del trabajo y los salarios
    5. 5. Población y fiscalidad en el siglo XVIII
  1. Capítulo 2. El virrey Castelfuerte y la primera coyuntura rebelde

    1. 1. Los arzobispos-virreyes y el clero local
    2. 2. La política económica de Castelfuerte: revisita general y mita minera
    3. 3. 1730: las rebeliones de Cochabamba y Cotabambas
    4. 4. La abortada rebelión de Oruro y el manifiesto rebelde de 1739
    5. 5. El manifiesto de Oruro, la conspiración de Lima y la rebelión de Huarochirí de 1750
  2. Capítulo 3. El reparto y las revueltas menores

    1. 1. El reparto: racionalidad económica y política
    2. 2. Repartos sin rebeliones
    3. 3. El reparto y la diversificación de las revueltas
  3. Capítulo 4. Las reformas borbónicas y el contexto de la Gran Rebelión

    1. 1. El nuevo esquema de alcabalas
    2. 2. La rebelión de Urubamba de 1777: ¿contra el reparto o las reformas borbónicas?
    3. 3. Protestas y hostilidades contra la aduana de La Paz en 1777 y 1780
    4. 4. La revuelta contra la aduana de Arequipa
    5. 5. La conspiración de plateros del Cuzco
    6. 6. Otros disturbios sociales contra la alcabala
  4. Capítulo 5. La culminación del descontento social: la rebelión de Túpac Amaru

    1. 1. La organización interna de la primera fase de la rebelión
    2. 2. Rasgos comunes y de contraste entre la primera y segunda fase de la rebelión
    3. 3. La coyuntura económica y el programa rebelde
  5. Conclusiones

  6. Apéndice 1. Tabla cronológica de revueltas y rebeliones del siglo XVIII

  7. Apéndice 2. Registros de los acusados implicados en la Gran Rebelión

    Primera fase

  1. Apéndice 2. Registros de los acusados implicados en la Gran Rebelión

    Segunda fase

  2. Bibliografía

  3. Índice Onomástico y Toponímico

Prólogo a la segunda edición

1La segunda edición del presente libro se publica luego de más de dos décadas, ya que la primera edición en inglés data de 1985 y la primera edición en español de 1988. Tengo que agradecerle, una vez más, al Instituto Francés de Estudios Andinos su compromiso con este libro, cuya primera edición ya apoyó en 1988. En esta segunda edición también se ha contado con el respaldo del Instituto de Estudios Peruano; para ambas instituciones va mi agradecimiento.

2Es evidente que en todo este tiempo el tema de las rebeliones anticoloniales y, en particular, el de la gran rebelión o rebelión de Túpac Amaru II, ha seguido ocupando el interés de los historiadores; aunque hay que admitir que más en los extranjeros que en los nacionales, como dan cuenta los últimos trabajos que se han publicado y de los cuales haré un breve recuento más adelante.

3No obstante, el libro cuya segunda edición prologo ahora, sigue vigente. Si en el transcurso de estos años se pueden haber encontrado más revueltas sociales que estallaron en el Perú del siglo xviii, ello no ha llevado a tener que replantear el esquema inicial del libro en base a tres coyunturas o nudos de intranquilidad social. El trabajo de Adrian Pearce, sobre el censo del virrey Castelfuerte (2001), ha contribuido a afinar el contexto de las visitas de índole fiscal que se realizaron durante la primera coyuntura rebelde, pero no ha desvirtuado el segundo capítulo del libro. Como tampoco ha sido confrontado con nueva evidencia el tercer capítulo que analiza la segunda coyuntura rebelde en base a las relaciones entre repartos y rebeliones.

4Una crítica que surgió a la primera edición del libro se refiere a que el estudio en cuestión respondía a un análisis fundamentalmente socioeconómico, donde no había un desarrollo adecuado del tema ideológico o del discurso político. La intención que se tuvo al escribir el libro —como ocurrió en su momento con la tesis en que está basado— fue que el estudio tuviera una organicidad interna y una bien lograda articulación de los argumentos desarrollados, cuidando de que no se perdiera el hilo conductor del trabajo. Se buscó concentrar los argumentos más que dispersar el estudio. Creo que este objetivo se logró. Para desarrollar temas más ideológicos o de carácter político publiqué en 1995 un segundo libro: La Gran Rebelión en los Andes. De Túpac Amaru a Túpac Catari; y en 1997 un tercero, Kurakas sin Sucesiones. Del cacique al alcalde de indios, con los cuales espero haber respondido a las inquietudes de mis colegas que me reclamaban un análisis más integral del movimiento tupacamarista. He seguido luego publicando ensayos cortos sobre las rebeliones del siglo xviii y la gran rebelión, ya que tengo la impresión que es un tema del cual ya no lograré desprenderme1, aunque no sea el único que investigue.

5Como decía, sobre la rebelión de Túpac Amaru, han aparecido varios trabajos que ayudan a complementar mi estudio sobre las rebeliones del siglo xviii que culminaron con la gran rebelión de 1780-1781. Con todos los colegas que han tratado el tema mantengo una cercana amistad y aprecio sus importantes aportes. Por ejemplo, el libro del recientemente desaparecido Ward Stavig, The Worl of Túpac Amaru (1999), respondió a un análisis acucioso de los archivos cuzqueños, brindado un contexto de la vida cotidiana en la ciudad imperial y sus alrededores, antes y durante el estallido de la gran rebelión. El mismo año —1999— en que apareció el libro de Stavig, Charles Walker publicó Smoldering Ashes: Cuzco and the Creation of Republican Peru, donde cubriendo un período de larga duración en la historia del Cuzco, abordó la gran rebelión para llegar luego al caudillismo de Gamarra en la temprana república. El importante libro que hace poco ha publicado David Garrett, Shadows of Empire (2005), es un estudio detallado de las principales familias de indios nobles de las parroquias cuzqueñas y poblados colindantes al Cuzco, y su evolución en la larga duración, que hace posible explicar su comportamiento durante la rebelión de Túpac Amaru. Tanto David Garrett como David Cahill han abordado también el pleito que llevó adelante el cacique de Tinta, para la adjudicación del marquesado de Oropesa que disputaba con su contrincante, Diego Betancur Túpac Amaru (Garrett, 2003; Cahill, 2003a; 2003b). El marquesado terminaría siendo declarado desierto por parte de la corona española. No quisiera dejar de mencionar el impecable ensayo de Donato Amado González, «El alférez real de los Incas: resistencia, cambios y continuidad de la identidad indígena» (Amado González, 2003), que ayuda a visualizar los entretelones de la designación de los veinticuatro electores del Cuzco, y esclarece por qué Túpac Amaru no llegó a ingresar a este selecto grupo de la nobleza indígena cuzqueña. La tesis de Maestría de Amado González, en proceso de edición, será un aporte indiscutible sobre este tema.

6También se han publicado, durante estos últimos años, libros que abordan el caso del Alto Perú o Audiencia de Charcas, durante la ola de intranquilidad social que se generó a principio de los 1780s. y alcanzó su clímax con la gran rebelión que articuló el Bajo y el Alto Perú en 1781. Mi primer reconocimiento es para el libro de la desaparecida historiadora chilena María Eugenia Valle de Siles, Historia de la Rebelión de Túpac Catari, 1780-1782 (1990), que nos proporciona relevante documentación procedente de los archivos bolivianos, que ella conocía a profundidad. Dos libros que se centran en la intranquilidad social que agitó a Charcas en este contexto insurgente son el de Sergio Serulnikov, sobre el caso de los hermanos Catari y la sublevación de Chayanta de 1780, Subverting Colonial Authority: Challenges to Spanish Rule in Eighteenth Century Southern Andes (2003), y el de Sinclair Thomson sobre la rebelión aymara y el papel jugado por el cabildo indígena en la misma, We Alone Will Rule: Native Andean Politics in the Age of Insurgency (2002). La contribución de todos estos trabajos ha sido de gran importancia y ha renovado la discusión historiográfica sobre lo que Steve Stern ha denominado la «Era de las Insurrecciones Andinas».

7Lo que de hecho queda cada vez más claro del estudio de la gran rebelión, y me alegro de haberlo tenido en mente cuando inicié la investigación sobre el tema, es que es imposible separar para el análisis lo que ocurre en el Bajo Perú de lo que ocurre en al Alto Perú, ya que un trabajo con un enfoque desagregado estaría mutilando el espacio y el proceso donde ocurrieron los hechos. Hay un contrapunto constante en lo que acontece en el sur andino en su conjunto, y este no se puede ni desestimar, ni omitir.

8Hay varias personas que están involucradas en la segunda edición de este libro y a quienes quisiera mencionar en este prólogo. En primer lugar al Dr. Georges Lomné, director del Instituto Francés de Estudios Andinos, con quien me une una amistad tan larga, que la fecha de inicio de la misma coincide con la primera edición de este libro. Me resulta una satisfacción especial que la segunda edición se produzca bajo su dirección. Mi agradecimiento se hace extensivo a Anne-Marie Brougère, amiga también de muchos años, quien ha sido quien ha estado siguiendo de manera sistemática, y con paciencia infinita, la preparación de esta segunda edición. Igualmente a Iván Larco Degregori le agradezco, una vez más, el diseño de una original carátula. A Marcos Cueto, del Instituto de Estudios Peruanos, le agradezco de manera especial que desde un principio, en su calidad de director, apoyara y aprobara con entusiasmo la segunda edición de Un siglo de rebeliones anticoloniales; y aunque hubo algún fondo editorial que pronosticó que una segunda edición de este libro no tendría mercado, espero que los hechos se encarguen de demostrar lo contrario, para no defraudar las expectativas de todas las personas que le han dado su voto de confianza.

9Al igual que la primera edición, esta segunda edición también se la dedico a Carlos Giesecke, mi esposo, quien nunca ha perdido la fe en mi trabajo como historiadora y siempre ha estado allí, como un compañero incondicional e infatigable.

10Lima, setiembre de 2011

Notas

1 O’Phelan Godoy (ed.), 1999; Varón & Espinoza (eds.), 2002; O’Phelan Godoy, 2005; Mujica Pinilla et al., 2006: capítulo «¿Indios Nobles o Mestizos Reales? Memoriales, legitimidad y liderazgo entre la colonia y la independencia».

Prefacio

1Al tema de los movimientos llegué por azar, aunque debo reconocer que me atrajo rápidamente. Una revisión de rutina de los ficheros del Archivo General de la Nación me llevó a comprobar que los estudios al respecto eran muy esquemáticos y descriptivos. Quedaban, afortunadamente, fuentes por explorar e hipótesis que plantear. Este libro cumple en parte con ese objetivo, aunque de ninguna manera pretende cerrar la discusión sino, por el contrario, abrir nuevas perspectivas para investigaciones futuras.

2Cuando se está en el dilema de elegir un tema de investigación hay por lo general dos opciones: trabajar sobre una materia inexplorada o intentar nuevos enfoques sobre un tema ampliamente investigado. Es una satisfacción cuando ambas disyuntivas se conjugan y quizás, debido a esto, el análisis de los movimientos sociales del siglo xviii me mantuvo interesada durante los diez años que duró la investigación. En el capítulo II, por ejemplo, se enfoca un período que hasta el momento ha sido escasamente analizado, mientras que el capítulo V aborda un punto que debe ser uno de los más insistentemente tratados por la historiografía peruana: la rebelión de Túpac Amaru. No obstante, debo reconocer que, personalmente, trabajar sobre lo conocido me resultó mucho más creativo e interesante que analizar un período donde la discusión y los argumentos eran prácticamente inexistentes.

3Una experiencia positiva de todo este proceso de investigación fue aprender a asimilar que las fuentes no son patrimonio de nadie y que varios investigadores pueden analizar la misma información, desde diferentes ángulos. Cuando en el Archivo General de Indias tuve oportunidad de constatar que los manuscritos que revisaba tenían marcadores puestos por otros colegas, esto se convirtió en un reto, más que en una frustración. Las fuentes no hablan por sí solas, hay que saber auscultarlas y explotarlas, y allí, más que en la exclusividad de la información, radica la tarea del historiador.

4Este libro es un producto de diez años de trabajo y solo espero que ese esfuerzo se traduzca en el estudio. Numerosas personas, en el Perú y el extranjero, han ayudado a que este proyecto se haga realidad. Dentro de ellos quisiera mencionar, primeramente, el apoyo inicial que me brindaron Heraclio Bonilla, Alberto Flores Galindo, Pablo Macera y Franklin Pease cuando era una alumna de la Universidad Católica que tenía la aspiración de seguir estudios de postgrado en Inglaterra. Espero no haberlos defraudado.

5En Londres, el afecto y estímulo constante que me brindó mi supervisor, Eric Hobsbawm, es algo invalorable que siempre le agradeceré. Lo mismo que la confianza que depositó en mí el Prof. John Lynch, a la sazón director del Instituto de Estudios Latinoamericanos, donde tuve la suerte de trabajar como investigadora. Quiero agradecerles a ambos el tiempo que me dedicaron y las discusiones que me permitieron mantener con ellos. Solo espero que sus numerosos comentarios y sugerencias hayan quedado reflejados en este trabajo.

6También quiero expresar mi reconocimiento a David Brading y a John Fisher, por haberme dado la oportunidad de leer avances de la investigación en los seminarios que ellos dirigen en Cambridge y Liverpool, respectivamente.

7Numerosos amigos y colegas han brindado su apoyo, de una u otra forma, en diferentes estadios de la investigación. Dentro de ellos quisiera mencionar a Antonio Acosta, Andrew Barnard, Félix Becker, Alan Biggins, Victoria Espinosa, María Belén García, Leonardo León, Irene Luna, Mónica Peralta Ramos y Enrique Tandeter. En las notas les agradezco su aporte específico a este trabajo.

8En un proyecto de esta índole no solo están envueltas personas, sino también instituciones. En este sentido quisiera agradecer al Instituto Nacional de Cultura que, en 1977, me dio la oportunidad de trabajar en los archivos de Trujillo, Cuzco y Ayacucho, cuyos materiales probaron ser vitales para la presente investigación.

9La Fundación Ford me respaldó para que cursara estudios de postgrado en la Universidad de Londres y para que pudiera completar con éxito mi tesis de Doctorado. El Central Research Fund de la Universidad de Londres me permitió trabajar en el Archivo General de Indias-Sevilla, en el Archivo Nacional y en la Real Academia de la Historia de Madrid. El puesto de Research Fellow que me ofreció la Universidad de Londres me permitió concluir la investigación, y la Fundación Alexander von Humboldt, de Alemania Federal, me brindó la posibilidad de revisar la versión preliminar del trabajo con el fin de editarlo. Solo deseo que este libro justifique tanta inversión.

10Una versión preliminar de este texto fue presentada en 1982 como tesis para optar al grado de Ph. D. en la Universidad de Londres. Posteriormente fue revisada para la edición en inglés, que se publicó en Alemania Federal en 1985. Quiero aprovechar de expresar mi sincero agradecimiento a los Profs. Günter Kahle y Horst Pietschmann, por el respaldo que me dieron durante mi estadía como Investigadora Visitante en la Universidad de Colonia y, sobre todo, por su iniciativa e interés en tramitar la edición en inglés del libro.

11Traducir un libro no es tarea fácil, hay que tener el estado de ánimo y encontrar las personas capaces de hacerlo. En este sentido quiero agradecer, muy especialmente, a mis alumnos de la Universidad Católica por su gran entusiasmo y por su poder de persuasión sobre la necesidad de tener cuanto antes la versión en español del libro. Dos de ellos, Gabriela Ramos y Javier Flores, asumieron la tediosa tarea de traducción, mientras que Nicanor Domínguez se hizo cargo de preparar el material cartográfico, y Susana Aldana y Mónica Guerrero colaboraron con las correcciones de estilo. Los índices, por otro lado, han sido elaborados por Fernando Janssen. Si hay algo francamente gratificante que he encontrado a mi regreso al Perú, esto sin duda ha sido la experiencia docente. Es decir, la comunicación y discusión con los alumnos. A todos ellos, muchas gracias.

12Finalmente, este libro se publica donde le corresponde, en el Cuzco. Me siento realmente satisfecha de que así sea. Esto se lo debo a las gestiones y facilidades ofrecidas por Guido Delran y Enrique Urbano, del Centro Bartolomé de Las Casas, por lo cual les quedo muy agradecida. Mi gratitud también se hace extensiva a Ana Arroyo, por su eficiente cooperación durante el proceso de edición.

Introducción

Mapa 1 – Los corregimientos del Bajo y Alto Perú a finales del siglo xviii

1El objetivo central de este libro respondió a la inminente necesidad de replantear la historia de los movimientos sociales ocurridos en el siglo xviii, pero tomando en consideración que en dicho período el Alto Perú (actual Bolivia) formaba parte del Virreinato del Perú, constituyendo una unidad regional articulada. El hecho de que la gran rebelión de 1780 comprometiera al Alto y al Bajo Perú en su conjunto no es casual, sino sintomático. Es por ello que se ha respetado el criterio de «sur andino» en este estudio, para evitar caer en anacronismos. No obstante, el enfoque regional no se ha reducido al caso concreto de la gran rebelión, sino que ha sido aplicado a la dinámica de lucha social que se generó a lo largo de todo el siglo. La gran rebelión puede ser observada, por lo tanto, como el cúmulo de un malestar social generalizado, que se incubó a través de un proceso acumulativo de expectativas frustradas y presiones económicas, sobre todo del orden fiscal.

2La presente investigación se sustenta parcialmente en fuentes secundarias, incluyendo mis publicaciones previas sobre el tema. Quisiera señalar, sin embargo, que ha tenido un carácter prioritario el recurrir extensamente al uso de materiales inéditos recolectados de archivos peruanos, españoles y británicos. La información manuscrita existente sobre este tópico es tan amplia, que sería absurdo pretender que se han logrado agotar las fuentes. No obstante, el presente estudio se basa en una muestra de 140 revueltas y rebeliones que salpicaron el Virreinato peruano entre 1700-1783, y que puede considerarse lo suficientemente representativa como para respaldar el análisis propuesto. Una lista completa de los movimientos sociales localizados ha sido incluida en el apéndice I, habiéndose hecho referencias más explícitas a gran parte de ellos dentro del cuerpo del trabajo.

3Las conclusiones del estudio realizado están contenidas al final del último capítulo. Quisiera sin embargo adelantar en esta introducción algunas líneas generales que expliquen cómo se ha organizado el trabajo, y ofrecer pautas sobre el contenido de cada uno de sus capítulos.

4El primer capítulo tiene como propósito dar una visión global del funcionamiento de la economía colonial enfocando como eje la actividad minera, que a nuestro entender constituyó el nervio central del desarrollo económico, absorbiendo la producción excedente del agro y de los talleres textiles. Indudablemente los complejos mineros, al igual que los principales centros urbanos, se convirtieron durante el período colonial en los pilares del mercado interno. En este sentido resulta clave enfatizar la importancia del circuito comercial que se tejió alrededor de las minas de Potosí y que sirvió para articular durante casi tres siglos al Bajo y al Alto Perú.

5El segundo capítulo se refiere a un período virtualmente desconocido dentro de la historiografía peruana: el temprano siglo xviii. Analiza, primeramente, el impacto de la presencia de los Arzobispos-Virreyes durante las dos primeras décadas del dieciocho. En segundo término, pone en evidencia que el gobierno del virrey Castelfuerte (1724-1736) fue particularmente controvertido, explorando por qué sus medidas económicas —cuya finalidad era revitalizar la estructura fiscal— provocaron una ola de intranquilidad social.

6El tercer capítulo está dedicado a explicar la naturaleza y el funcionamiento del reparto de mercancías del corregidor. Este mecanismo es identificado como el regulador de la introducción de productos europeos en el Virreinato pero, sobre todo, como un importante recurso utilizado para estimular el fortalecimiento de un mercado interno capaz de encarar el proceso de expansión minera que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo xviii. Las implicancias del reparto son medidas no solo en relación a la población indígena, sino también evaluando cómo la distribución de mercancías en manos del corregidor lesionó los intereses de otras autoridades locales, como los caciques y los curas doctrineros.

7El cuarto capítulo analiza la gradual implementación de las Reformas Borbónicas durante la década de 1770. Demuestra cómo operaba la alcabala y por qué su drástico incremento del 2 al 4 % en 1772 y al 6 % en 1776, junto con la extensión del impuesto a productos tradicionalmente exentos y la paralela erección de Aduanas, provocó un descontento general que eventualmente culminó con la gran rebelión de 1780.

8El quinto y último capítulo se refiere a un tema bastante conocido y recurrentemente abordado por la historiografía peruana: la rebelión de Túpac Amaru —o la «gran rebelión»— en términos de Pierre Vilar. Este movimiento ha sido reinterpretado a la luz de los procesos judiciales de más de un centenar de personas acusadas de haber participado en forma activa en la insurrección. De esta manera la aproximación a los eventos se ha llevado a cabo no solo a partir de las fuente oficiales (correspondencia del Virrey con las autoridades civiles y eclesiásticas) sino, fundamentalmente, tomando en cuenta los puntos de vista de aquellos individuos que estuvieron directamente involucrados en la lucha. En este capítulo se discuten básicamente tres puntos: la organización interna de la gran rebelión, los mecanismos de continuidad y expansión del movimiento y, finalmente, los elementos de coincidencia y discrepancia entre la primera y la segunda fase de la lucha.

9Con relación a los procesos judiciales a los que se ha recurrido para apoyar la reconstrucción de las revueltas y rebeliones, es oportuno realizar una crítica de fuentes. Existe la opinión de que las declaraciones de los reos fueron obtenidas, en gran medida, a partir de torturas y amenazas. Esto implica que habría que ser sumamente cauteloso al incorporarlas al análisis. No obstante, es evidente que en las confesiones se logró filtrar información relevante que no tendría porque haber sido, necesariamente, distorsionada por el declarante. Me refiero, por ejemplo, a su nombre, edad, estado civil, actividad económica o profesión, y su lugar de origen y residencia. Otros acápites, como su casta o el papel que desempeñó dentro de la revuelta, podrían estar más sujetos a imprecisiones. Aún así, hay que tomar en consideración los datos, cuando varios reos coinciden simultáneamente en hacer la misma aseveración. La tarea del historiador sería demasiado sencilla si se dedicara a vetar fuentes, en vez de discernir cuál es la contribución rescatable que ofrecen.

10Habiendo llegado a este punto, resulta pertinente explicar las diferencias que considero existen entre lo que puede ser entendido como una revuelta y lo que puede ser catalogado como una rebelión. No es aconsejable utilizar estas denominaciones indistintamente, pues en términos del análisis su significado se refiere a dos fenómenos distintos, con características particulares. Hay que sistematizar la información sobre los movimientos sociales, ya que se presta a confusiones hablar libremente de revueltas, motines, sublevaciones, alzamientos, levantamientos, etc., sin darle contenido a estas categorías.

11Por lo tanto, como recurso metodológico y para hacer más manejable la información, se ha agrupado a los movimientos sociales bajo dos conceptos básicos: revueltas y rebeliones.

12Una revuelta, en este estudio, será un alzamiento de breve duración, espontáneo en la medida que no responderá a un plan previo, local, restringiéndose en términos de espacio a una doctrina o un pueblo específico. Será consistentemente motivada por un estímulo directo —el corregidor, párroco, cacique, diezmero— y estará sujeta a un fácil control por parte de las autoridades coloniales. Su presencia será más del orden cotidiano que del coyuntural.

13Por otro lado, una rebelión será aquella que alcanza una mayor permanencia temporal, teniendo connotaciones regionales, estando en condiciones de propagarse a varias doctrinas, corregimientos e inclusive provincias. Las rebeliones responden a un plan mínimo de organización y coordinación que en muchas ocasiones está materialmente sustentado por comunicados, edictos e inclusive programas políticos. No son, por lo tanto, provocadas por un estímulo aislado, sino por una coyuntura rebelde, donde convergen y se articulan más de una variable. El ataque no involucra entonces a una autoridad concreta, sino es más bien dirigido contra las instituciones y autoridades oficiales en su totalidad.

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