12 pages
Español

El Viviente, la Vida y la Calidad de Vida (Living, Life and Quality of Life)

-

Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus

Description

Resumen
Se abordan unitariamente la vida humana y la calidad de vida desde su común anclaje en el sujeto personal vivente, único que las puede reclamar como derechos y atender como deberes. El tránsito de la inclinación natural a seguir viviendo al orden moral se realiza desde el concepto-puente ético-ontológico de dignidad humana. El carácter absoluto de la dignidad hace que, antes que como un derecho, la vida se presente en el orden ético como un deber, tanto en lo que concierne a su cuidado por el propio sujeto como a su respeto por parte de los otros. Este derecho-deber se prolonga desde la vida a la calidad de vida, ya que el viviente siempre dispone de un margen entre su vivir personal y los logros vitales para los que es apto: también este margen debe ser respetado y promovido.
Abstract
Human life and quality of life are approached unitarily from their common root in living person, since only the person can claim them as rights and observe them as duties. The passage from the natural inclination to live towards the moral order is fulfilled from the ethical-ontological bridge-concept of human dignity. The absolute character of dignity means that life appears in the ethical realm as a duty prior to a right, both with regard to its care by the subject itself and its respect by others. This right-duty extends from life to the quality of life, since the living person always has a margin between personal living and the vital achievements it is capable of: this margin must be respected and promoted.

Sujets

Informations

Publié par
Publié le 01 janvier 2008
Nombre de lectures 14
Langue Español

TEMA DE ESTUDIO:
VIDA HUMANA, DIGNIDAD Y CALIDAD DE VIDAEl viviente, la vida y la calidad de vida
EL VIVIENTE, LA VIDA Y LA CALIDAD DE VIDA
LIVING, LIFE AND QUALITY OF LIFE
Urbano Ferrer Santos
Departamento de Filosofía
Facultad de Filosofía. Universidad de Murcia
Campus de Espinardo. 30100. Murcia
ferrer@um.es
Resumen
Se abordan unitariamente la vida humana y la calidad de vida desde su común
anclaje en el sujeto personal vivente, único que las puede reclamar como derechos y
atender como deberes. El tránsito de la inclinación natural a seguir viviendo al orden
moral se realiza desde el concepto-puente ético-ontológico de dignidad humana. El
carácter absoluto de la dignidad hace que, antes que como un derecho, la vida se
presente en el orden ético como un deber, tanto en lo que concierne a su cuidado
por el propio sujeto como a su respeto por parte de los otros. Este derecho-deber se
prolonga desde la vida a la calidad de vida, ya que el viviente siempre dispone de
un margen entre su vivir personal y los logros vitales para los que es apto: también
este margen debe ser respetado y promovido.
Palabras clave: derecho, dignidad, inclinación natural, persona.
Abstract
Human life and quality of life are approached unitarily from their common root
in living person, since only the person can claim them as rights and observe them as
duties. The passage from the natural inclination to live towards the moral order is
fulfi lled from the ethical-ontological bridge-concept of human dignity. The absolute
character of dignity means that life appears in the ethical realm as a duty prior to a
right, both with regard to its care by the subject itself and its respect by others. This
Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ª 213Urbano Ferrer Santos
right-duty extends from life to the quality of life, since the living person always has
a margin between personal living and the vital achievements it is capable of: this
margin must be respected and promoted.
Key words: right, dignity, natural inclination, person.
Entre las traslaciones equívocas que se Otra traslación equívoca viene del
producen con el paso de los seres inertes a modo de aplicar la fi nalidad a unos y
los organismos está el modo de acoplarse otros seres. En el Universo la fi nalidad
la estructura materia-forma. Así, mientras se encuentra como orden externo (no otra
en la teoría hylemórfi ca aristotélica la cosa designa el término griego cosmos),
materia interviene como un sustrato indi- como armonía entre las partes. Existe
ferenciado e inmodifi cable, que recibe las un fi n unitario, en la medida en que las
distintas formas específi cas individuadas partes se subordinan al conjunto y están
en la materia, en el ser vivo, en cambio, presididas por él. En cambio, el fi n del vi-
lo que permanece constante a lo largo viente es constitutivo de cada individuo:
de su desarrollo es la forma o plan de no es que sobre él planee un fi n externo,
conjunto que le otorga su confi guración sino que como viviente no es sin dirigirse
específi ca, mientras que la materia está a su fi n, sin su programa vital. Pero no
en renovación continua en forma de teji- por ello necesita representarse el fi n, sino
dos, órganos, células… En el ser vivo la que le basta con tender a él ejecutivamen-
permanencia inmodifi cada de la materia te en su mantenimiento y reposición con-
equivaldría al cese de su actividad como tinuos como viviente. Como hace notar
viviente. Renovarse o morir, podría de- A. Pfänder a este propósito: «En este ser
cirse en este caso. Pero si, dando un paso vivo está trazado lo que llega a ser. Ahora
más, nos fi jamos en el viviente personal, bien, si tal fi nalización apunta a producir
su situación sobrepasa la del viviente una constante autorrenovación en el exis-
específi co. Aquí las operaciones vivientes tir, es que entonces esta fi nalización está
ya no dimanan de una naturaleza espe- determinada ya en cuanto al contenido,
cífi ca e individuada, sino que se precisa sin que necesite ser representado aquello
1un agente singular, un alguien que les a lo que se dirige» . Su principio fi naliza-
acompañe y sea su sujeto de atribución. do de operaciones diversas es lo que se
Ciertamente no hay persona sin actividad
1 «In diesem Lebewesen ist das angelegt, viviente, pero esta actividad es de alguien
was es wird, und wenn nun diese Zielung darauf que se sabe el mismo yo a lo largo de toda
hinzielt, das äußere Dasein des Lebewesens zu
su peripecia vital. El animal se agota en produzieren und durch stetige Selbsterneuerung
im Dasein zu erhalten, so ist diese Zielung schon sus manifestaciones vitales; el hombre, en
inhaltlich bestimmt, ohne daß das, worauf die cambio, tiene las manifestaciones vitales
Zielung hingeht, vorgestellt zu sein braucht»
como suyas y su identidad se expresa en (Pfänder, A., Philosophie der Lebensziele, Gotinga,
la conciencia de su yo inalterable. 1948, p. 30).
214 Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ªEl viviente, la vida y la calidad de vida
entiende por naturaleza. Con el paso a la tenido (otra cosa es que se la vea amena-
persona el fi n es dado, para sí misma y zada, pero lo que se reclama entonces no
para las demás, en el respeto hacia ella. A es su posesión, sino su no pérdida).
la persona le es dada cognoscitivamente La única distancia que cabe encontrar
su condición de fi n en la actitud ética en este caso entre el sujeto del derecho y
correspondiente. su ejercicio es la que hay entre viviente
Con ello quedan esbozados los su- y vida, bien entendido que no se trata
puestos de ser sujeto de derechos: ser de la mera diferencia gramatical entre
alguien o persona y poseer un fi n dado participio presente e infi nitivo sustanti-
o implícito en los fi nes más inmediatos vado, aplicable a todo ser vivo, sino de
que se propone. Ambos supuestos —no la diferencia entre el existente (viviente
heterogéneos, sino mutuamente impli- personal) y su vivir (o vida). Al no ser
cados— pueden ser hechos conscientes, semánticamente referencial la expresión
pero para ser no dependen de la concien- del sujeto viviente en primera persona,
cia que de ellos se tiene. Es lo que voy a como si estuviera más allá del ejercicio de
abordar a continuación. sus funciones vitales, sólo cabe que posea
una identidad que es además de estas fun-
1. El derecho a la vida ciones y cuando las desempeña.
Es esta la primera equivocidad que
Para poseer un derecho ha de poder en el orden del derecho a la vida —que
distinguirse el sujeto del derecho de los estamos dilucidando— importa disipar.
bienes o cosas a que tiene derecho. Es Por ejemplo, lo que se suele llamar res-
un modo de postular la diferencia entre ponsabilidad por la vida es responsabi-
persona y res, tal como se encuentra ya lidad hacia el ser vivo que está confi ado a
en el Derecho Romano. La paradoja del mi cuidado, o bien hacia mi propio ser en
derecho a la vida está en que con ella no tanto que no me identifi co sin más con su
se trata de un objeto ni de una prestación transcurso (el vivir es el transcurso, que
ajena, sino de la precondición básica de como verbo admite las fl exiones tempo-
todos los bienes humanos que son objeto rales). Y si se la considera como un bien,
de derecho. La vida no la poseemos como también hay cierta equivocidad, ya que
un bien del que podamos disponer. ¿Es- la vida no es un bien junto a los demás,
taría entonces en el caso de las libertades sino que en realidad es el sustrato de
fundamentales o derechos en sentido sub- todo otro bien o lo que hace posible que
jetivo, que se pueden reclamar? Tampoco se pueda perseguir uno u otro bien. Este
propiamente, porque estas libertades son carácter básico o elemental de la vida es
derechos en tanto que pueden ser objeti- lo que hace que se la considere el derecho
vadas, vale decir, poseídas a la distancia más fundamental.
precisa para poder ser reivindicadas, pero De aquí derivan algunas de sus pe-
la vida es el ser del viviente, del que no culiaridades como derecho. En términos
podemos distanciarnos como de algo no generales, los derechos se pueden enaje-
Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ª 215Urbano Ferrer Santos
3nar o deponer sólo en parte, pues no se de toda lesión por parte de los demás .
deja por ello de poseerlos. Así, renuncio Ambos sentidos se aplican eminentemen-
a una parte de mi libertad para poder te al derecho a la vida.
usarla en orden a algún fi n determinado, Pero si este derecho es la base de los
o renuncio a la propiedad sobre algún otros derechos, ¿en qué se funda él a su
bien para destinarla a otro fi n distinto del vez? Sin duda hay una inclinación natu-
que tiene como propiedad. Pero lo que no ral en todo viviente a seguir siendo, que
cabe es que haga dejación totalmente del la denominamos, en alusión a su fuerza
derecho a la libertad (lo que equivaldría a quasi determinante, instinto de conser-
querer la esclavitud) o a la propiedad en vación. Tomás de Aquino la menciona
general (ya que para desenvolverme entre como la primera de las inclinaciones
las cosas he de poseer algunas, siquiera naturales, que sigue a la sustancialidad
mínimamente). Sin embargo, por lo que del ser humano. Pero esta inclinación ha
hace al derecho a la vida, no lo puedo de ser asumida por la persona, que es el
alienar ni siquiera en parte, sino que lo único titular originario de derechos, así
2poseo indivisiblemente . Pues mientras como también la única realidad para la
los otros derechos los puedo posponer, el que se presentan deberes en razón del
derecho a la vida es soporte de cualquier principio práctico de la sindéresis. Encon-
pro-posición de derechos; o expresado en tramos, pues, el siguiente desdoblamiento
términos negativos: sin el derecho a la a partir de la mencionada inclinación: al
vida en su ejercicio, no se puede hablar tener por propia la inclinación natural, el
de derechos. yo la convierte en el derecho a vivir; y al
Pese a su núcleo semántico común, referirla al querer del bien humano, se la
inalienabilidad e inviolabilidad difi eren hace pasar por un deber insoslayable.
en que la primera hace referencia al El tránsito de una inclinación natural
comportamiento del titular respecto de al status ético de un derecho/deber ha
sus derechos, frente a la segunda, que de poder legitimarse a través de algún
comporta que los derechos estén a salvo concepto-puente, que en este caso es la
dignidad humana, provista efectivamente
4de la ambivalencia ético-ontológica . On-
2 «There is thus an important disanalogy
showing why particular property can be alienated 3 Martín Pujalte, A.L., «Los derechos
in a way that a particular life cannot. Any humanos como derechos inalienables», Derechos
similarity between the two cases only supports humanos, Ballesteros, J. (ed.), Tecnos, Madrid, 1992,
the inalienability of the right to life, since pp. 86-99.
the right to property in general does seem 4 Este es también el orden cronológico
inalienable» (Oderberg, D.S., Applied Ethics: a non- de aparición de ambos conceptos: «¿Cómo se
consequentialist approach, Blackwell, Oxford, 2000, comportan entre sí dignidad humana y derechos
p. 56). El segundo subrayado es mío, para destacar humanos? ¿Hay un derecho a la dignidad? ¿O
que la inalienabilidad del derecho a la propiedad es de modo inverso la dignidad la base de todo
se refiere a ésta en general, pero no es incompatible derecho? Sin duda el pensamiento de la dignidad
con que renuncie a una propiedad determinada. humana es más antiguo que el de derechos del
216 Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ªEl viviente, la vida y la calidad de vida
tológicamente la dignidad es la excelencia de los mismos. No es el único concepto
o rango particular que conviene al ser hu- con tal característica dual, sino que existe
mano por ser persona y de la que deriva un repertorio de nociones que presentan
la exigencia de respeto incondicionado esta misma duplicidad ontológico-mo-
en todas las fases de su existir. Todas las ral. Así, la libertad se presenta a una
demás aplicaciones de la dignidad a los primera inspección como capacidad de
otros entes son metafóricas. Aunque la opción, pero es también hábito moral
dignidad alcanza su expresión plena en adquirido; la responsabilidad designa
las operaciones superiores del entender y una propiedad de los actos por relación
el querer, se hace inmediatamente presen- al sujeto que puede responder de ellos,
te ya en la indefensión del rostro o en su pero es a la vez una virtud en mayor o
estar confi ado el viviente al cuidado de menor grado apropiada; el mérito se dice
la madre antes del nacimiento. Como son en tanto que contraído con las propias
situaciones en las que podría ser vulne- acciones, y, con todo, se dice antes de
rada, ya que en contraste con los brutos quien merece consideración en atención
el rostro, al mostrarse, no se defi ende ni a su ser… En cualquiera de estos casos
ataca mediante los órganos corpóreos, es es el nivel ontológico el que posibilita
inseparable de la dignidad la apelación al los predicados éticos, empezando por
otro para que la considere y respete. delimitar su sentido.
Pero la dignidad también es incorpo- Dignitas (como su equivalente griego
rada al hombre con sus acciones dignas axion) signifi ca en su origen algo absolu-
y, en este sentido, es susceptible de to, no relativizable a algún otro ser. Así se
crecimiento. Se trata, por tanto, ahora pone de manifi esto, en primer lugar, con
no de algo dado, sino debido, si bien se la noción de fi n en sí, distinto de lo que
muestra a partir de la primera acepción contribuye como parte —integrante— o
ontológica cuando se le extraen todas sus como medio —subordinado— al fin
implicaciones. Pues hay comportamientos entendido como orden en un conjunto.
dignos e indignos en el hombre según La noción de fi n que está supuesta en la
estén o no de acuerdo con la dignidad dignidad no es la de un fi n en tanto que
propia de su agente o de los destinatarios propuesto, que como tal una vez alcan-
zado desapareciera del horizonte y fuera
sustituido por otro. Más próximo a esa hombre» (Spaemann, R., Das natürliche und das
Vernünftige, Piper, Munich, 1987, p. 81; trad. cast.: noción estaría el telos unitario y compren-
Lo natural y lo racional, Rialp, Madrid, 1989, p. 94). sivo, que da unidad a los fi nes parciales,
De las implicaciones de la dignidad me he ocupado
actuando como horizonte de todos ellos, más extensamente en Ferrer, U., «La dignidad y el
sentido de la vida», Cuadernos de Bioética, 26/2, ya que de este modo se restablece la
1996, pp. 191-201. Sobre las distintas concepciones conexión narrativa en la vida personal.
de la dignidad del hombre, con particular atención
Pero lo que excluye defi nitivamente todo a los autores contemporáneos que la ponen en
fi n que es resultado de su ser propuesto cuestión, cf. Torralba, F., ¿Qué es la dignidad humana?,
Herder, Barcelona, 2005. —en tanto que relativo al viviente que
Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ª 217Urbano Ferrer Santos
se lo propone—, es el carácter de fi n la posee ya como un bien y, por tanto,
en sí, por cuanto a quien conviene más antes que como un derecho ganado se
propiamente es al ser personal, que no presenta a la conciencia como el deber
es evaluable como un objetivo; y lo que, de cuidarla y fomentarla en sus virtua-
congregando todos los fi nes propuestos, lidades (sólo en relación con los otros
es más que su horizonte comprensivo, es hombres es primariamente un derecho
el ser fi nalizado conscientemente y orien- fundamental el que cada cual tiene a no
tado desde sí hacia el Telos supremo (ya ser agredido). Y este deber es posible
no fi nalizado naturalmente): también bajo por la apertura del hombre al bien en sí
este aspecto corresponde al ser personal mismo —y consiguiente distanciamiento
digno la índole de fi n en sí mismo. de las necesidades e inclinaciones cons-
Ahora bien, por otra parte, la dignidad titutivas—, en la que, como se acaba de
trasparece asimismo con la apertura al ver, se expresa la dignidad humana.
bien en sí, en la medida que hace posible Desde esta no coincidencia conceptual
distanciarse de las propias preferencias, del sujeto personal con la vida que posee
necesidades, intereses… y confrontarlos se hacen inteligibles no sólo los deberes
con el bien común, revisándolos y hacién- hacia la propia vida, sino también la
dolos comparecer dialógicamente. Esta posibilidad aparentemente opuesta de en-
posibilidad es la que se actualiza cada tregarla, en las situaciones en que alguien
vez que se nos hace presente el deber. la expone por una causa noble e incluso
Estamos ya en condiciones de aplicar cuando llega el momento de la muerte; lo
estos rasgos de la dignidad a los derechos cual hace manifi esto que de algún modo
y deberes. la persona excede la vida que entrega. En
Se puede resumir la anterior am- Cristo se advierte del modo más nítido
bivalencia ontológico-moral diciendo la soberanía suprema de la persona ante
con cierto aire paradójico que se debe la vida y la muerte propias. «Nadie me
dignidad al hombre porque él previamente arrebata la vida, sino que Yo mismo la
la tiene. Justo esto es lo que evidencian doy. Tengo poder de darla y poder para
5los derechos humanos. Para poseer un recobrarla».
derecho como suyo —y por tanto como Pero la vida poseída por el ser per-
algo que exige respeto en los demás—, sonal no es sólo presupuesto de todos
el hombre ha de poder disponer en los otros bienes humanos, sino también
alguna medida de sí mismo a través uno de los constituyentes de la felicidad
de los actos que reivindica. En otros personal y, como tal, un bien en sí mismo:
términos: sin el dominio genérico sobre a través de la búsqueda de la salud o del
sí tampoco podría ejercer el dominio bienestar lo que se pretende es mejorar la
sobre sus movimientos, opciones, actos calidad de vida, partiendo de que es un
de posesión… Pero en el caso particular
de la vida, si no se la puede reivindicar
5 Jo. 10, 18.como un bien no poseído, es porque se
218 Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ªEl viviente, la vida y la calidad de vida
bien promocionable. Lo cual es correcto vida, como se ha hecho desde los argu-
siempre que no se sustantive la vida, mentos favorables a la eutanasia.
olvidando su carácter verbal, como vivir
de alguien. En este sentido, el tiempo vital 2. El derecho a la calidad de vida
está ya penetrado por la persona y su ley
6de crecimiento , propiamente es el tiempo Si la vida no es un dato mostrenco
bio-gráfi co-narrativo de quien la forja con poseído de una vez por todas, sino que
sus actos —desde los más elementales, en le es constitutivo el crecimiento (enten-
los que no cabe todavía la conciencia—, dido de tal modo que incluya el intento
que empiezan siendo proyectos, y no me- de restablecimiento de sus menguas
7ramente duración vivida. O, según otro naturales), el derecho/deber a la vida es
ejemplo, no existe el derecho a arruinar simultáneamente derecho/deber a la ca-
la salud, pero no porque la salud referi- lidad de vida, no por tanto en el sentido
da a la vida sea un bien sustantivo, sino de un añadido cualitativo superpuesto
porque la salud pertenece a la persona, al simple vivir, sino como una condi-
que se expresa en ella. Bajo este punto de ción inherente a su despliegue orgánico
vista cualquier lesión corpórea inferida y psíquico. La calidad de vida expone
es eo ipso una ofensa a la dignidad de la algo así como el reconocimiento de que la
persona, sin que sea menester efectuar vida es un bien concomitantemente a sus
ninguna deducción para transitar de la realizaciones.
8primera a la segunda. ¿Signifi ca calidad de vida lo mismo
Nos ha salido al paso el concepto de que bienestar, como un hallarse o estar-
calidad de vida, ligado a la misma tarea en-el-bien? En ambos casos se trata de
de atender y promocionar la vida. A conti- conceptos de suyo carentes de límite o
nuación se reparará temáticamente en sus medida, que no se pueden determinar
implicaciones como objeto de derecho, con mediciones objetivas, por estar en
evitando contraponer vida y calidad de función de las realizaciones subjetivas
para las que el viviente es apto, variables
de unos a otros sujetos y de unas a otras 6 Ya el tiempo psíquico no es sucesión lineal,
sino que incluye una acumulación mediante la situaciones. Tratándose del bienestar, «su
memoria orgánica, pero el tiempo personal añade a característica primaria es la de ser vector
ello la dimensión ética del uso y la renovación. Cf.
9de las realizaciones que consigue». De Castillo, G., La actividad vital humana temporal,
Cuadernos de Anuario Filosófico, 2001, p. 79. acuerdo con esta fórmula de Amartya
7 En este orden de cosas, la durée bergsoniana Le Sen, el bienestar no es un concepto
distorsiona el tiempo de la vida humana, al
arbitrario puramente subjetivo, pero entenderlo como un dar de sí al modo de un hilo
elástico; el tiempo humano no es duración, sino tampoco se lo puede operacionalizar
proyección (Zubiri, X., Espacio, Tiempo, Materia, en términos de unas variables objetivas
Alianza Ed., Madrid, 1996, p. 278).
8 González, A.M., En busca de la naturaleza
perdida. Estudios de bioética fundamental, EUNSA 9 Le Sen, A., Bienestar, justicia y mercado,
(Astrolabio), 2000, p. 156. Paidós, Barcelona, 1997, p. 77.
Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ª 219Urbano Ferrer Santos
informacionales, sino que resulta ser un vida la actividad propia del viviente en
híbrido subjetivo-objetivo, en el que con- tanto que no impedida, diferenciándola
fl uyen unas capacidades del sujeto y unos del bienestar como estado satisfactorio
logros objetivos. Por lo que hace a la ca- que la acompaña.
lidad de vida, la OMS la defi ne como «la Por tanto, si la vida está en función
percepción del individuo de su situación del viviente, como se ha expuesto en el
en la vida, dentro del contexto cultural y primer apartado, la calidad de vida —lo
de los valores en que vive, y en relación mismo que el bienestar— se ha de hallar
con sus objetivos, expectativas, valores e en la misma situación. Lo que para un dis-
intereses». Igual que en el bienestar, en la capacitado es una alta cota de bienestar,
calidad de vida se integrarían unas con- alguien dotado de sus plenas capacidades
diciones objetivas y un estado subjetivo lo tiene por irrelevante; análogamente,
10de satisfacción. no hay vidas con más calidad que otras,
Parece que en lo fundamental se sino que es el viviente personal el que
identifi can ambos signifi cados, aunque adecúa sus logros a sus posibilidades,
la defi nición de calidad de vida de la y en función de ello se habla de la ca-
OMS carezca de precisión (ya que la lidad de vida de alguien. Todo viviente
percepción de la situación es posterior dispone de un margen de realizaciones
a la calidad de vida y entre los objeti- y es en dicho margen donde encuentra
vos, expectativas, valores e intereses no cumplimiento el concepto de calidad de
todos son igualmente determinantes en vida. Por el contrario, su hipostatización
orden a la calidad de vida, sino que se como unas condiciones dadas —óptimas
impone privilegiar unos sobre otros). o mínimas, no importa para el caso— por
Pero mientras el bien-estar acentuaría las que medir la cualifi cación o idoneidad
lo que tiene de referencia al bien que lo del viviente parte abstractamente de la
procura, viniendo determinado por él, en disociación entre el viviente y su vida
la calidad de vida lo que se subrayaría cualifi cada, así como pasa por alto que
más explícitamente es que no es algo para todo viviente personal hay una
sobrevenido como un accidente, sino vida en concreto que merece ser promo-
que es el logro o la realización de la vida, vida. Es la misma sustantivación falaz
ciertamente en correlación —a través del que se opera en otros ámbitos, como el
organismo— con un medio externo, del poder, el dinero, la ciencia…, cuando se
11que provienen las condiciones objetivas. los considera haciendo abstracción de la
Designaremos, pues, como calidad de actividad humana de la que dependen o
bien de la función simbólica que tienen
por relación a ella.10 Hernando Sanz, Mª. A., «Calidad de
vida, educación fisica y salud», Revista Española de En su origen la calidad de vida alu-
Pedagogía, nº 235, 2006/4, pp. 453-463. día a la aptitud para la mejora que ésta
11 Simón Vázquez, C., «Calidad de vida»,
alberga, a la medida de los avances en Diccionario de Bioética, Monte Carmelo, Burgos, 2006,
pp. 151-155. la ciencia, la técnica o las condiciones
220 Cuad. Bioét. XIX, 2008/2ª