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Historia de los heterodoxos españoles

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HISTORIA
DE LOS
HETERODOXOS ESPAÑOLES
TOMO
II
HISTORIA
DE LOS
HETERODOXOS
ESPAÑOLES
por
el
doctor
_
DON MARCELINO xMENENDEZ PELAYO
CATEDRÁTICO DE LITERATURA ESPAÑOLA
EN LA UNIVERSIDAD DE MADRID
Ex nobh prodierunt,
(I.
sed non erant ex
iiobts
JoANN.,
II,
19)
fCon licencia de la Autoridad eclesiástica)
librería católica de SA.\ JOSÉ
DIRECTOR
Joaquín Torres Asensio Prelado doméstico de Su Santidad y Chantre de Granada
Sr. D.
GERENTE EN MADRID
Sr
D. Vicente
Sancho-Tello
Admon.
de la Librería Gravina, 20
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HISTORIA
HETERODOXOS ESPAÑOLES
LIBRO IV
PREÁMBULO
ON la ayuda de Dios damos comienzo á la historia de la llamada Reforma en España: asunto no poco diverso de los que en libros anteriores nos han ocupado, aunque no tanto como pudieran imaginar los que en la Reforma se obstinan en ver, no una de tantas herejías parciales, más ó menos grave y nueva, sino un mero fenómeno histórico, un hecho. De ellos es nuestro Bal-
mes en su obra inmortal de El
cismo.
Protestantismo comparado con
el
Catoli-
Y
no porque
el filósofo
de Vich desconociese en manera algu-
importancia de las diferencias dogmáticas entre católicos y protestantes, sino porque juzgó sabiamente que las materias deben trala
tarse
na
conforme á las necesidades del tiempo, moviéndole esto á considerar
tan sólo las consecuencias ...
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MHISTORIA
ESPAÑOLESDE LOS HETERODOXOS
TOMO IIHISTORIA
DE LOS
HETERODOXOS
ESPAÑOLES
por el doctor _
DON MARCELINO xMENENDEZ PELAYO
CATEDRÁTICO DE LITERATURA ESPAÑOLA
EN LA UNIVERSIDAD DE MADRID
Ex nobh prodierunt, sed non erant ex iiobts
JoANN.,(I. II, 19)
fCon licencia de la Autoridad eclesiástica)
librería católica de SA.\ JOSÉ
DIRECTOR GERENTE EN MADRID
Sr. D. Joaquín Sancho-TelloTorres Asensio Sr D. Vicente
Prelado la Libreríadoméstico de Su Santidad Admon. de
Chantre de Granada Gravina, 20y^^"Ti'o
Mr
5HISTORIA
HETERODOXOS ESPAÑOLES
LIBRO IV
PREÁMBULO
ON la ayuda de Dios damos comienzo á la historia de la
llamada Reforma en España: asunto no poco diverso de los
que libros anterioresen nos han ocupado, aunque no tanto
imaginarcomo pudieran los que en la Reforma se obstinan en ver,
tantas herejías parciales,no una de más ó menos grave nueva,y
un fenómeno histórico, un hecho. Desino mero ellos es nuestro
Balmes en su obra inmortal de El Protestantismo comparado con el
Catolicismo. Y no porque el filósofo de Vich desconociese en manera
alguna la importancia de las diferencias dogmáticas entre católicos y
porque juzgóprotestantes, sino sabiamente que las materias deben
tratarse á las necesidades del tiempo,conforme moviéndole esto á considerar
tan sólo las consecuencias sociales de la Reforma, á mostrar lo vanoy
mal sentado de los títulos de gloria que bajo este aspecto le atri-y
buían sus secuaces. Pero no acertó en suponer que «si se qufere
atacar al Protestantismo en sus doctrinas, no se sabe á dónde dirigirse,
porque no se sabe nunca cuáles son éstas, aun él propio lo ignora,y
pudiendo decirse que bajo este aspecto el es invulne-Protestantismo
rable»; loá cual añade, que sólo se le puede refutar por el método de
Bossuet, es decir, haciendo la historia de sks variaciones. Buen métodoo HETERODOXOS
es éste, porque lo que varia no es verdad: bueno es también el dey
Balmes, al árbol se le conoce por sus frutos á lay doctrina
por sus consecuencias históricas; pero es notoria exageración, que de
ninguna suerte hubieran aceptado los grandes controversistas
católicos del siglo XVI, ni en nuestros dias el autor de La Simbólica, el
decir que el Protestantismo no tiene doctrinas. Si que las tiene, muyy
funestas perniciosas, en su esencia comunes á todas las sectas.y y
Entiéndase que, cuando hablamos de protestantismo, entendemos
referirnos al del siglo XVI, en que las cuestiones teológicas dividían
hondamente los ánimos, no al de nuestros dias, que apenas conser-y
va del antiguo más que el nombre, viene á ser las más de las vecesy
un racionalismo ó deismo mitigado, en que hasta cabe la negación
de lo sobrenatural, que hubiera horrorizado al más audaz de los
innovadores antiguos. De estos reformados modernos bien puede decirse
que no tienen dogmas, ó que no se sabe á punto fijo cuáles sean, ó
que los interpretan con toda latitud según mejor les cuadra. Peroy
no era así en tiempo de Lutero, Zuinglio Calvino, intolerantesy y
exclusivos todos, cada cual á su manera.
De esa consideración parcial puramente histórica del Protestan-y
yerros,tismo resultan graves en que incurren, así los apologistas
como los impugnadores, Empéñanse los unos en presentar á aquellos
heresiarcas como campeones ó mártires del libre examen de la li-y
bertad cristiana, cuando de todo se cuidaban más que de esto, áy
renglón seguido de proclamar el principio faltaban á él en teoría y
en práctica, sustituyendo su propia autoridad á la de la Iglesia,
erigiéndose cada cual en persiguiendo,dictador maestro, quemandoy y
encarcelando con mayor ortodoxos. Esto cuando lay dureza que los
autoridad estaba en aconteció á Calvino en Gine-sus manos, como
bra, ó á Enrique VIII é Isabel en Inglaterra: porque cuando andaban
perseguidos desterrados, calvinistas Corro Valera,como nuestrosy y
solían invocar la tolerancia libertad de conciencia. Es error gravey
prestar ideas modernas á los que en esto obraban como cualquiera
otra secta herética de la antigüedad de los tiempos medios. El librey
examen, la inspiración interpretar cadaindividual, el derecho de
cual las Escrituras, nada tenían de nuevo. Muchas sectas lo habían
predicado, desde los Gnósticos en adelante. Claro que no está en el
libre examen la comprendidoesencia del Protestantismo. Si hubieran
los luteranos calvinistas el alcance de este principio, ni un día hu-y
biera durado la Reforma. Los Socinianos hubieran acabado con
ella, á poca lógica que los primeros protestantes hubiesen teñí-