Mishima, un fascismo japonés

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Colecciones : Tiempo de historia. Año VII, n.79
Fecha de publicación : 1-jun-1981

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Langue Español
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r.T.'1ISHlMA era hombre in­
!W verosímilmente polifa­
cético. Autor de novelas. pie­
zas de teatro, películas.
quiso siempre hacerse valer
como activista: artes mar­
ciales, gimnasia, política,
todo le valía. Fetichista in­
contenible, su imagen sirvió
de tema para toda suerte de
desvaríos fotográficos: re­
tratos sadomasoquistas. po­
ses culturista - homosexua­
les, glorificaciones de lo sa­
murai. Su muerte no pudo
ser más coherente con todos
esos aspectos.
Nació en una familia rica
venida a menos, empeñada
en contar aún con media do­
cena de criadas. Su madre.
hija de un director de cole­
gio, sería hasta el fin su pri­
mera lectora. El padre. de
familia agraria acomodada,
llegó a ser director general
de pesquerías. La abuela pa­
terna, Natsu, era de sangre
noble. y su influjo discipli­
nario fue fundamental en
Mishima: le hizo ingresar
. _. AI!in Iogr. un cu.rpo, un .... rd.d ... o cu.rpo, y al con.quirlo m. dominó l. p •• ión por
en un colegio tradicional· moalr.rlo._. (T."o y 1010 d. Mi.tllma).
Fol.-
d .. IIlbum
.Torh, ••
con ro ....
11.&3).
105

mente l"eservado para la
aristocracia, caracterizado
JX>r una rigidez inflexible.
Enclenque, el que luego se
haria llamar Yukio Mishima
destacó muy pronto por ge­
nialidad literaria; los alum­
nos mejor dotados intelec­
tualmente de los cursos su­
periores le consideraban
como uno de los suyos en
cualquier proyecto, pero en
su propia clase era tenido
como muy endeble deporti­
vamente. Para colmo, el pa­
dre, políticamente admira­
dor del nazismo, no veía con
buenos ojos los pinitos lite­
rarios del pequeño, y llegó a
romperle el cuaderno en que
guardaba sus esbozos. En
este ambiente tan «joven
Tórlesslt, Mishima era za­
randeado JX>r violentas rela­
ciones de amor - odio, admi­
ración - desprecio - sumi­
sión. A lo largo de su vida,
hará tremendos esfuerzos
para innigirse castigos que a
la vez impliquen el perdón
Mi.Mm. ean ellnl'rpr.l. d •• MI .mlgo Hltl.,. (1"'1 . ... p.r.on.j. -I~un p.l.brl. di MI.hlm_ qUI lunquI mll.ldna na mi
gUlt .. HIU.r .r. un g.nia. p.ra na un h'ra' .• M ,
106

MI.hllYWl r_( •• lIdo con .u propio cu.rpo.1 _S.n 5.., .. 1I6n_ d.
GuIdo A.nl.
bados.y son normales; yo me que él mismo llegará a imi­de los de arriba, como es el
taren foto atado a un árbol y caso de llegar a fotografiarse comporto normalmente, y
estoy enfermo del alma». con tres flechas clavadas en repetidas veces con ga tos, a
el cuerpo sangrante: una de los que aborrecía, pero que
ellas, en el sobaco, zona del eran idolatrados por su pa­
cuerpo que en «Confesiones. dre. Fue el padre quien, a la
EROS DEL ACERO vista de lo inevitable de la ya ncs presenta como la más
Y LA SANGRE erótica, hasta el punto de vocación literaria del mu­
chacho, le arrancó la pro­ que el libro concluye con la
En .Confesiones de una mesa de serel.mejor novelis­ pasión irremediable ante el
máscara», concebida como ta» . Mishima, quizá para so­ sobaco de un macarra, en un
una precoz autobiografía, brevivir, quedó pronto CIIcrescendolt sólo compara­
Mishima proporciona, bajo prendido en la necesidad .de ble al de aquella película
una maraña de baladrona­fingir, de representar pape­ homosexual de Alfredo Ala­
das y desconfiados guiños. rla que se estrenó inconcebi­les adecuados a cada situa­
da tos preciosos sobre sus ob­ blemente bajo el franquismo ción, de en todo momento
sesiones. Se mezclan aquí, -cDiferentelt- y en una de procurar satisfacer el voraz
narcisismo que le redimía de inseparables, las eróticas de cuyas escenas AJaria, al es­
la sangre, de la homosexua­ quivarel insinuante perfil de las humillaciones de la vida.
lidad, de las órdenes. Cuenta La disciplina, hasta en el sa­ Mara Lasso, quedaba tras­
que su primera masturba­domasoquismo, fuesu arma. puesto y con sudores fríos al
ción le vino sugerida por la Años después, hablando de toparse en la calle con la
contemplación de un cuadro sus colegas escritores, dirá musculatura en camiseta de
de Guido Reni, «El martirio algo revelador: • Los escrito­ un obrero que empuñaba un
de San Sebastián., pintura res se portan como pertur- trepidante taladrador.
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Apunta VaIleJo-NáJera que existencia de su cuerpo, tan persona con un reloj de oro,
Mishima no conoció otro bello, no le era suficiente que fue seleccionado como ka­
cuadro de Reni, «Marsias estuviera circunscrito por su mikaze; pero aprovechando
piel. Le faltaba eso precisa­desollado por Apololt, en el una gripe, pretextó tubercu­
que Apolo se aplica concien­ mente, el fluir de la sangre •. losis. La vergüenza, el des­
Pero no sólo la di mensión zudamente al sobaco de un honor, tan claves en una so­
metafísica más explícita le Marsias transido de éxtasis ciedad corno la njpona, le
atrae, sino que «hacerse un tal vez también doloroso. perseguirán toda la vida:
cuerpo. será durante largos Como sea, Mishi ma merecía .En mi vida futura jamás al­
años su vocación más devo­haber conocido tal pintura. canzaré una gloria que
radora; al menos, le dedica Las ligaduras, como a buen pueda justificar haber esca­
tantas horas comoa la litera­oriental,le fascinan, pero en pado a la muerte en el ejérci­
tura, y la misma fiebre. A páginas decisivas de su obra to •. Por todas partes, como
partir de los treinta años, hay referencias al símbolo vemos, se estrecha el círculo
harto de verse escuchimi­universal sadomasoquist3, de que habla en sus .Confe­
zado y bajito en las fotos, el látigo; así, en su pieza siones de una máscara.: .Mi
hano de tener que posar so­. Madame de Sacie., la pro­ corazón se fue inclinando a
bre ocultas tari mas para tagonista dice del Marqués: la Muerte, a la Noche y a la
destacar, se pone a hacer .Nunca me permitió oír el Sangre» . El .novio de la
gimnasia como un poseso. sonido del látigo. Ignoro si es muerte. no había acatado, a
Como siempre, medio en se­señal de respeto o de menos­ fin de cuentas, la tácita or­
rio medioen broma,justifica precio. Su sed de sangre den del. Edicto de soldados
de muy diversos modos su acaso esté influida por la y marinos. del emperador
proceder: • Las palabras no gloria guerrera de sus mayo­ Meiji de 1882, que venía a
sirven. Busqué otro lengua­res •. insistir en la total sumisión
je.; o el menos enrevesado: de los ciudadanos al deber, y Gloria. Guerrera. Mayores.
• Al fin logré un cuerpo, un que obligaba a meditar diez Obsesiones eróticas y obse­
verdadero cuerpo, y me do­ minutos diarios en ello, e in­siones políticas forman en
minó la pasión por mostrar­ cluso al suicidio del mílite Mishima un nudo indestruc­
lo.. Recordará como un pregonero que fallase al tible. Másde una vez hablará
«momento increíblemente leerlo en voz alta. Deber, ri­del .espíritu español del sa
feliz. el de la publicación de to, acto, cuerpo, muerte, murai., invocando la .con­
unas fotos suyas, en compa­ todo se funde en el espíritu dencia de la muerte como
ñía de amigos cachas y acei­ de este traidorque es un dile­condición previa de toda au­
tosos(su mujer llegó un día a tante, que es un neurótico, téntica cultura. y admi­
echarles a todos de casa, que es un actor, que es no rando los desplantes calde­
donde estaban en una sesión importa qué. ronianos, el arte del . bien
artística poniendo posturi­morir., los gritos de .viva la
tas), en una revista culturis­
muerte •. ¿Estética? Sí y no.
ta, e incluso llegará a de­Mishima es un claro ejemplo
mandar a otra publicación MASCARAS de cómo se imbrican en nos­
por sacar un reportaje en el
otros lo estético, lo erótico.
que se le ve con menos mus­lo político, lo ético, Jo meta­
Basta con ver una película culatura. físico.
Merece la pena detenerse en japonesa -y no necesaria­
mente ambientada en la otra justificación de la in­
cansable gimnasia. Elogiará época samurai, sino por
ejemplo cualquier filme de como la muerte más noble y
CUERPO belJa la de un cuerpo con tema contemporáneo de Ku­
rosawa, Oshirna u Ozu­.músculos esculturales. y
para encontrarse con un es­traerá a colación que en la
tilo de interpretación abso­El cuerpo le enloquece. En el guerra, al verse el «cuerpo
cuento. La casa de Kyoko., lutamente sorprendente fláccido., se las ingenió para
escribe: • La sangre ma­ para un occidental: e! ~ctor negarse a ser kamikaze. Lo
nando del cuerpo es un tes­ cierto es que, como miembro Japonés ~ muestra sus emo­
ciones no mostrándolas., timonio sin par de la conjun­ de la promoción colegial del
ción entre lo interno y lo ex­ 44, amén de verse obse­ expreslOn artística de una
terno. Para percatarse de la quiado por el Emperador en forma de ser que ningún
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­

concepto familiar para noso­ en vano escribe Mishima so­ buscar sin demora el defecto
tros -pudor, técnica, suge­ bre las gheisas: «Admitían de armonía, la contracücción
rencia- sirve para describir las bromas dejando asomar necesaria, por débil que fue­
a los ojos la ira, sin dejar de se, entre el hombre mismo y por entero.
sonreír.; y sobre Utaemon, su pasión; y después trataba Era lógico que Mishima, vol­
el más famoso actor de «ka­ de conseguir una sonrisa un cado en las tradiciones de su
buki.: .La radiación lumi­ poco burlona; a fin de prote­país y presionado por sus
nosa que aporta a la escena germe. Sin embargo, no ocu­propias circunstancias hacia
deriva de que las emociones rrió como había imaginado. la exaltación de las másca­
que expresa superan a las En el momento preciso de la ras, se apasionase por el tea­
que han vivido los especta­ muerte de Kiyoaki, vi su ros­tro, en especial por e! «kabu­
dores •. Ese sentimiento de tro convertirse en el rostro kh y el «nó •. Así, rescata la
notarse en medio del torbe­ de alguien nacido para morir dramaturgia de algunos
llino de las miradas, de exhi­ de amor. Toda discordancia, «kabukis_ centenarios, por
bir al máximo la propia en ese instante, se había bo­ejemplo .La luna, como un
mascarada, será el soporte rrado •. Armonía condenada arco tendido., de la que pre­
metafísico que, unido a su de lo imposible, que palpita viamente graba una cinta in­
en el haiku que tanto amaba: posición política ultra, com­terpretando él mismo los
• Si tan sólo pudiésemos pondrá el definitivo perso­cuarenta personajes, y en
naje que llamamos Yukio caer I como en la primavera cuya representación hay una
Mishima. las flores del cerezo I tan pu­escena clave de seppuku.
ras, tan luminosas •. Pero no sólo le interesa la ar­ Esconderse, pero muy insi­
queología teatral: lo verda­ nuantemente, tras toda una Pero la armonía se abraza
deramente fascinante es el trama de representaciones, siempre, dentro de Mishima,
mundo de los actores, sobre será la obsesión de quien con la muerte. Más de una
todo las estrenas del «kabu­ urde su literatura como una vez pintará, extasiado ante
ki., hombres que interpre­ telaraña de ambigüedades y la suprema gracia de la vi­
tan en la escena y en la vida, delirios de identidad herida: sión, el doble seppuku de dos
de continuo, siempre el .Cuando yo veía la pasión en jóvenes samurais Junto al
mismo papel de mujer. No los demás, acostumbraba a agua. o la elegancia del mu-
Mllhlm. con ... CIIu.1 Ut •• mon.
109

ansioso de protagonizar ac­
ciones,
De ahí nace su «Sociedad del
Escudolt, ejército particular
que llegará a contar con
ochenta miembros cohesio­
nados -los vacilantes, los
que valoran más la familia o
la seguridad que la disci­
plina y el deber habrán ido
retirándose- y que, detalle
fundamental, no le admiran
como autor, sino como jefe y
gimnasta. La idea de los del
Escudo no era nueva en J a­
pán: consistía en crear un
grupo dispuesto a, cuando
una manifestación popular
amenazase al Emperador,
ponerse suicidamente entre
él y las masas, sucumbir
aplastados y así provocar la
ira del Ejército, que para
Mishima después de la gue­
rra mundial había sido «cas­
trado» y reducido a unas
«vergonzantes» Fuerzas de
Autodefensa. Los del Escudo
lucen uniforme lo más pare­
cido posible a los oficiales
rebeldes de 1936, y Mishima
los hace entrenarse en la te­
rraza del teatro donde él re­
presenta su kabuki, 1..0 re­
chacho que sucumbe «como LOS DEL ESCUDO caudado en un famoso colo­
un kimono de seda que, arro­ La historia del Japón, para quio en la Universida,d,
jado sobre una mesa pulida, frente a radicales estudian­Mishima, había sido desde
deslízase suavemente hasta 1857, fecha en que el como­ tes Zengakuren, lo invertirá.
la oscuridad del suelo». Toda doro Harris se entrevista con en uniformes, y los estudian­
su literatura está impreg­ el Shogun, una indignidad. tes en cascos y polTas para
nada de ese carácter letal, enfrentarse a la policía: Mi­Todos los males y corrupcio­
amenazador; confiesa «pe­ shi ma contemplará con nes arrancaban de ahí: el re­
sar cada pala bra en una ba­ legamiento de los samurais, arrobo ambos destinos de los
lanza de precisión, como el la formación de un ejército fondos.
farmacéutico que prepara plebeyo, la prohibición de Fue acusado de fascista ex­
una fórmula peligrosa». Y, llevar la espada a la hasta plícitamente muy a menudo.
consecuentemente, la vida, El siempre lo negó, adu­entonces casta superior.
esa otra cara de la literatura, ciendo que quien tal decía no «Sin etiqueta tradicional
sólo sirve como ofrenda san­ comprendía nada de él ni del --dirá Mishima- carece­
grienta, «virtuosa» a la mos de mora". Las subleva­ fascismo. Escribió una pieza
muerte. Las máscaras, a la titulada «Mi amigo Hitler», ciones de los samurais re­
postre, revelá ndose como palabras que hace pronun­nuentes durante el siglo pa­
signos, instrumentos en el sado, y la más reciente inten­ ciar a Roehm, y que define
ceremonial de la muerte: la tona de un grupo de oficiales como • himno maligno,
vida como camino a la Ji tur­ en 1936 para llamar la aten­ canto al peligroso héroe Hit­
gia, al único heroísmo com­ ción del Emperador queda­ ler por el pensa­
parable al del samurai O al rán para siempre grabadas dor Mishima». Es una obra
del kamikaze: el seppuku. en las visceras del escritor provocativa, con la escena
110

esas fechas, el grupo selec­tachonada de svásticas. De son necesarios, porq ue el sep
Hitler opina: «Era un genio puku será al tiempo una ac­ cionado entre los del Escudo
se fotografía con él en un a político, pero no un héroe. ción de comando.
Era siniestro, como el entero casa especializada en retra­El 5 de noviembre de 1970,
siglo XX,.. Pero quizá no tos matrimoniales. Mishima organiza en unos
haya que buscar el más pro­ En el fondo, Mishima hu· grandes almacenes de Tokio
fundo fascismo visceral de biese querido hallarse cara a una exposición sobre sí
Mishima en ese tipo de escri· cara con el emperador mismo y sus «nos» (de los
tos (siempre diferenció entre Hiro-Hito para reprocharle libros, del teatro, del cuerpo
sus novelas -obras que re· haber abdicado pública­y de la acción), en la que cien
verenciaha- y los papeles mente de su divinidad, y lue~ mil visitantes contemplan
de circunstancias --opúscu­ go, corno cientos de oficiales las fotos que el autor consi­
los de agitación, teatro ... -). dera como más significati­ hicieran en 1945 tras la ren­
Es, por ejemplo, mucho más dición de Hiro-Hito, realizar vas en su vida: es, aunque
«él. cuando repite: «Un solo seppuku y provocar así la nadie lo sepa, la despedida
reflejo del sable japonés se unión del trono y de un ejér~ de Mishima. Entre los obje­
asemeja ~ 1 pálido azul de la cito revitalizado. Pero al tos se exhibe la espada sa­
aurora sobre las cumbres». Emperador es imposible lle­murai del siglo XVI que le
En esas reflexiones teñidas gar. Decide «morder» al servirá en el seppuku. Por
de sangre y éxtasis, y en su
incansable quehacer como
autor de ópera, ballet, salta­
dor de paracaídas, piloto de
F-J02, fetichista culturista y
fotográfico, es donde hay que
buscarle.
EL INCIDENTE
No es fácil saber cuándo em
pezó a preparar su seppuku.
Ya en 1965 había presentado
con éxito ante la mejor so­
ciedad parisina su filme (era
director, guionista, ·autor,
todo) «El rito del amor y la
muerte», que en japonés se
titula «Patriotismo», y que
muestra con detenimiento el
suicidio por seppuku de un
oficial en compañía de su
mujer; por cierto, e l guión
publicado se lo dedicará a
los Rothschild. A partir de
ahí vendrá la Sociedad del
Escudo.
Un año antes del seppuku
real, elige a cuatro miem­
bros de los del Escudo; de
uno de ellos, Mari ta, se ru­
moreará cuando todo haya
terminado que era amante
de Mishima, pero es extremo
no comprobado; los otros
son los encargados de deca­
pitar a los oficiantes, para
ayudarles a morir; además, El poela ruto V'ad'mir WI.dimirovieh Matallotk' (1894-1930J,
111
­­

propio ejército, pues un año
antes ha visto cómo la ocu­
pación durante un mes de la
Universidad por parte de los
Zengakuren acabó sin muer­
tos por la intervención final
de ocho mil policías: si la po­
licía basta para restablecer
el orden, entonces los márti­
res del Escudo son inútiles
en una confrontación con las
masas, y hay que ir a otro
género de acciones. El golpe
lo ensayan cuidadosamente.
Se hacen conceder una au­
diencia con el general en jefe
de las Fuerzas de Autode­
fensa del Este del Japón,
Mashita. Una vez a solas con
él en el despacho, le atan a
una silla y exigen que los
aproximadamente mil sol­
dados del cuartel escuchen
la arenga que Mishima se ha
aprendido de memoria. Las
autoridades no tienen más
remedio que aceptar. Mi­
shima, a mandobles, rechaza
por dos veces las intentonas
de rescate de Mashita, cau­
sando varios heridos. «He­
mos contemplado -gritará
desde la ventana- cómo el
Japón se embriagaba de
prosperidad y caía en un va­
cío espiritual. Hemos con­
templado cómo los japone­
ses profanaban su historia y
sus tradiciones. El auténtico
Japón es el espíritu del sa
murai. Cuando vosotros
despertéis, despertará el Ja­
pón que amamos». Pero los ... - soldados le abuchean, le
llaman papanatas, se lÍen de
r _
su «heroísmo». Mishima no
acierta a hacerse oí r. La
prensa, abajo, toma notas.
«j No podernos soportar a los
que aceptan el baldón!
-<lama inútilmente el jefe
de la Sociedad del Escudo-.
• Subid con nosotros y, con
todo honor y sinceridad, mo-­
rid con nosotros. Vamos a
devolver al Japón su imagen,
y así morir. ¿ V ais a soportar
un mundo donde el espíri tu
112
­

".~ SIII.n ton.' g.n.r.l. más que SUJ.IO \loat.nldo de tilda brllzo por un "'tuealrador. El I.rc.ro, ante elloa, pr ••• ntll como 'a olrllnda
da un rito \lagrlldo, .a e.pllda IInSllngranllda de Ml.hlma. S. p.rclb. en la folo 111 eatupor d. loa •• p.ct.dor ..... M.
está muerto, donde no hay en su intento de cortarle la Dicen que ese mismo día Yu-
cabeza, pero otro de los con· 100 Mishima había puesto respeto más que hacia la vi­
jurados lo hará con ambos. da? Dentro de unos instan­ punto 6nal a su imponente
tetralogía novelística, tras tes, os mostraremos un valor Cuando todo acabe, los tri·
dejar una nota: «Muero no más alto. Un valor que no re­ bunales quedarán perplejos:
side en el liberalismo o la desde el fin de la guerra no como hombre de letras, sino
democracia. ¡Un valor que es soldado». Lo que de­había ocurrido ningún sep­
el Japón!». nominaba, a lo Mayakovski, puku. Los supervivientes se­
... el incidente», había termi· Dentro del despacho, rea­ rán condenados a cuatro
liza el seppuku. MoTita falla nado . • M.B. años de cárcel.
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