Arte Erótico
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Description

En el ocaso de su vida, se le preguntó a Picasso acerca de la diferencia entre el arte y el erotismo, y tras un momento de reflexión, su respuesta fue: “Pero si son la misma cosa”. Mientras otros advertían acerca del erotismo, Picasso nos prevenía acerca de la experiencia del arte: “El arte no es casto, habría que prohibirlo a los ignorantes inocentes, jamás ponerlo en contacto con quienes están insuficientemente preparados. Sí, el arte es peligroso. O si es casto, no es arte”.
El término “Arte Erótico” se ha enturbiado por el miasma de una terminología ambigua. Arte y pornografía, sensualidad y sexualidad, obscenidad y moralidad se entremezclan a tal grado que parece casi imposible alcanzar una definición objetiva. Esta situación no es poco común en la historia del arte. ¿Cómo es posible hablar de arte erótico?

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Date de parution 09 décembre 2019
Nombre de lectures 12
EAN13 9781644617908
Langue Español
Poids de l'ouvrage 15 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0574€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Texto: Hans-Jürgen Döpp
Traducción : Héctor Daniel Suárez Relaiza
Diseñado por: Baseline Co Ltd, Vietnam
© Confidential Concepts, worldwide, USA
© Parkstone Press International, New York, USA
Image-Bar www.image-bar.com
© Aulaire, copyright reserved
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Ninguna fracción de esta publicación puede ser reproducida o adaptada sin permiso del propietario de los derechos de autor, en todo el mundo. A menos que se especifique lo contrario, los derechos de reproducción sobre los trabajos reproducidos pertenecen a los respectivos fotógrafos. A pesar de una intensa búsqueda, no siempre ha sido posible establecer la propiedad de los derechos de autor. Si este es el caso agradeceremos nos lo notifiquen.
ISBN: 978-1-64461-790-8
Hans-Jürgen Döpp



Arte Erótico
Índice
Una geografía del placer
¿Arte erótico o pornografía?
El sueño de la orgía
Placeres para la vista
La soledad de la imagen
Las raíces eróticas de la colectomanía
Sodoma Berlín
Negación y erección
¡Deja que broten 1.000 flores!
Índice de obras
Una geografía del placer
Este libro le invita a hacer un viaje especial, que abrirá una perspectiva de placeres y deseos. Una gran cantidad de imágenes y objetos de arte y religión presentan al erotismo y la sexualidad como un tema universal y fundamental.
Al abrir nuestra mente a los orígenes en diversas culturas, algunas de ellas extrañas, también podremos enriquecer nuestra propia cultura...
La gran cantidad y variedad de puntos de vista que se encuentran en esta obra demuestran los múltiples aspectos de la sexualidad. Revelan que nada es más natural que el deseo sexual; y, paradójicamente, nada es menos natural que las formas en las que este deseo se expresa o encuentra satisfacción.
En este libro se pueden observar artículos que se mantuvieron ocultos durante mucho tiempo bajo las bóvedas de los museos públicos y en las galerías de coleccionistas privados. Muchas de estas imágenes y objetos se prohibieron en una sociedad occidental no tan abierta a la sexualidad ni a nada que se relacione con ella.
De esta manera, nos ofrecen una mirada excepcional y por lo tanto más fascinante de algo que forma parte de la naturaleza humana. Las sociedades orientales en particular supieron cómo integrar lo sexual y lo erótico en su arte y su cultura.
Por ejemplo, la religión china, completamente libre de las nociones occidentales del pecado, considera que la lujuria y el amor son cosas puras. La unión del hombre y la mujer bajo el signo del Tao expresa la misma armonía que la alternancia del día y la noche, el invierno y el verano.
Se puede decir –y es correcto– que las antiguas formas de pensamiento chino tienen su origen en nociones sexuales. El yin y el yang, dos ideas complementarias, determinan el universo.
De esta forma, la filosofía erótica de los antiguos chinos también comprende una cosmología. La sexualidad es un componente integrado a una filosofía de vida y no se puede separar de ella.
De este modo, una de las civilizaciones más antiguas y más estimulantes de la tierra nos afirma por medio de su religión que el sexo es bueno y nos enseña, por razones religiosas, a consumar el acto de amor de manera creativa y apasionada. Esta falta de inhibición en cuestiones sexuales se refleja en el arte de China.
Los grandes maestros de Japón también crearon un gran número de imágenes eróticas que se encuentran dentro de la misma categoría que otras obras de arte de Japón. La censura estatal no pudo evitar por completo la producción de estas imágenes.
Los Shungas (imágenes de primavera) describen los placeres y el entretenimiento de un mundo más bien terrenal. Se consideraba natural buscar los placeres de la carne sin importar la forma que tomaran.
La palabra “vicio” no existía en el antiguo Japón y la sodomía era un placer sexual como cualquier otro. El arte de ukiyo-e (imágenes del mundo flotante, transitorio) inspira obras que son técnica y artísticamente perfectas. Lo fantástico y lo grotesco florecieron tempranamente, en especial en el arte japonés y también en la literatura. La sexualidad y los temas relacionados tienen más de diez mil representaciones, diferentes descripciones en diferentes culturas. En la India, el erotismo es santificado en los templos hindúes.


1. Gustave Courbet, El origen del mundo , 1866. Óleo sobre lienzo, 46 x 55 cm. Musée d’Orsay, París.


2. Achille Devéria, 1830.


3. Anónimo, 1799.


4. Anónimo, Miniaturas hindúes.
En Grecia, el erotismo culmina con el culto a la belleza, al unir los placeres del cuerpo con los de la mente. La filosofía griega comprendió el mundo como una interacción entre Apolo y Dioniso, entre la razón y el éxtasis.
Sólo el cristianismo comenzó a ver el erotismo en un contexto de pecado y de un mundo de oscuridad, creando así diferencias irreconciliables. “El demonio Eros se ha vuelto más interesante para el hombre que todos los ángeles y todos los santos”, una afirmación de Nietzsche que probablemente no encontraría simpatizantes en el Japón del Extremo Oriente: Eros nunca fue demonio allí.
De hecho, lo que Nietzsche lamentaba sobre Occidente nunca ocurrió en Japón, ni en muchas otras culturas orientales. “El cristianismo”, en palabras de Nietzsche, “obligó a Eros a beber veneno”. En Europa Occidental, los retratos eróticos fueron prohibidos y relegados a galerías secretas.
El mundo flotante, transitorio, se mantuvo entre cadenas y sólo con gran dificultad la ciencia pudo liberar a la sexualidad de los prejuicios y de la asociación con el pecado.
Por lo tanto, no es de sorprender que la sexología se desarrollara allí donde la relación entre la sexualidad y el erotismo era especialmente ambivalente o problemática.
Nuestra cornucopia de un mundo colorido, de imágenes y objetos eróticos muestra que Eros puede ser una energía universal y unificadora.
Estos ítems proporcionan la oportunidad de echar una mirada a una esfera humana esencial –por lo general considerada tabú– a través de los ojos de muchos artistas cuyo punto de vista cambia continuamente. ¿Pornografía? “Lo que es pornografía para una persona, es la risa del genio para otra”, argumentó D. H. Lawrence.
A diferencia de la pornografía, que a menudo carece de imaginación, el arte erótico nos permite participar del placer creativo. Aun si algunas de las imágenes nos parecen extrañas o hasta nos molestan y nos obligan a enfrentar tabúes, deberíamos abrirnos a la experiencia.
El verdadero arte siempre ha causado ofensa. Sólo mediante nuestra disposición a enfrentarnos con tabúes puede también ser beneficioso este recorrido a través de la geografía del placer, particularmente en el sentido de que este viaje de fantasía enriquece lo más íntimo de nuestro ser.
El humor evidente en muchas obras de arte erótico sólo es accesible para aquellos que puedan tener una actitud positiva ante la experiencia erótica. Las imágenes de los placeres de la carne, en este libro, prometen un deleite para los ojos, si bien distante. A pesar de eso, ¿no es la esencia del erotismo estar fuera de alcance? Los aspectos de la historia cultural del género humano pueden ayudar a extender los límites de la tolerancia mediante el desarrollo de la opinión de los espectadores. Pueden liberar las mentes de los clichés que probablemente ocupen nuestras fantasías y nuestra imaginación hoy, pero, esperamos, no después de leer este libro.


5. Rodolfo Valentino, Bailarines de tango , c. 1930. Terracota pintada. Museo Erótico, Ámsterdam.


6. Mosaico de porcelana china, siglo XIX. Museo Erótico, Ámsterdam.


7. Fauno y ninfa , de una casa señorial española, siglo XIX. Roble tallado. Museo Erótico, Berlín.
1748: Marqués d`Argens, Teresa filósofa
“¡Házmelo con fiereza, querido amigo!” –fue lo que la señora C. dijo mientras se hundía en el lecho–. Leer tu maligno Pförtner der Kartäuser [El guardián de los cartujos] me ha excitado mucho; las imágenes son muy realistas; los personajes tienen unas deliciosas expresiones de sinceridad; si fuera menos desagradable, sería un libro inimitable en su tipo.
¡Hoy sí penétrame, Abbey, por favor! ¡Que me muero de lujuria y estoy dispuesta a pagar cualquier consecuencia! Cuando te dije que mis aventuras te enseñarían los humores de los hombres, no me refería a las diferentes posiciones, de las que los hombres han inventado tantas, como resultado de su licenciosidad y de su urgencia por copular con las mujeres.
Nada hay ya que decir acerca de estas posiciones para el amor, que ya ha analizado con todo detalle el famoso Pietro Aretino, que vivió en el siglo XVI.
Lo que quiero enseñarte son únicamente los excesos de la fantasía, esos extraños sabores que algunos hombres exigen de nosotras y que son sustituto del placer completo, ya sea porque favorecen estos actos o porque sus cuerpos están menos desarrollados.
Todo lo trajeron a mi habitación por orden suya. Durante los primeros cuatro días leí insaciable La historia del guardián de los cartujos, La historia del guardián de los Carmelitas, Laureles piadosos, Prostituta, Aretino y muchos otros libros de ese tipo.
Sólo despegaba la mirada de ellos para examinar las pinturas que muestran las posiciones lascivas en colores tan vívidos y tan expresivos que la sangre hervía en mis venas. El tercer día me encontró en una especie de éxtasis después de haber leído durante una hora.
Estaba tendida en mi cama, con ambos lados de la cortina recogidos, para poder ver las dos pinturas. Eran El festín de Príapo y El amor de Marte y Venus. Las posiciones que mostraban excitaron tanto mi imaginación que arrojé las mantas y cobertores a un lado.
Sin molestarme en revisar que la puerta de mi habitación estuviera cerrada con llave, comencé a imitar esas posiciones.
Cada figura transmitía la misma emoción que el pintor había imbuido en el cuado. Una pareja de amantes a la izquierda de la pintura me deleitaron e inspiraron mucho, ya que los gustos de la joven mujer eran similares a los míos.


8. Escena mitológica , c.1800. Plata. Museo Erótico, Ámsterdam.


9. Muñeca china para juegos de doctor, siglo XX.
¿Arte erótico o pornografía?
“Lo que es pornografía para una persona es la risa del genio para otra.”
D. H. Lawrence
El término ‘arte erótico’ se encuentra sumido en una enrarecida atmósfera de términos ambiguos. El arte y la pornografía, la sexualidad y la sensualidad, la obscenidad y la moralidad están relacionados hasta tal punto que parece casi imposible llegar a una definición objetiva, lo cual es muy común en la historia del arte...
¿Cómo es posible hablar de un arte erótico?
Una cosa es cierta: la mera ilustración de una actividad sexual no eleva la obra al noble nivel del arte erótico. Si se identifica el arte erótico sólo con su contenido se reduciría a una dimensión, tal como no es posible distinguir las ilustraciones artísticas de las pornográficas sólo describiendo sus contenidos inmorales.
La opinión de que las obras eróticas se crean solamente con el propósito de la excitación sexual y que, por lo tanto, no pueden definirse como arte, también es incorrecta. ¿La imaginación creativa aplicada al arte erótico la distingue de la pornografía? Sin embargo, la pornografía también es un producto de la imaginación. Tiene que ser algo más que sólo una representación de la realidad sexual, si no ¿quién la compraría?
Gunter Schmidt plantea que la pornografía es “construida como fantasía sexual e ilusiones, tan irreal, megalómana, mágica, ilógica y así de estereotipada”. Las fantasías eróticas también son el tema principal del arte erótico. Aquellos que quieran elegir entre arte y pornografía, ya se deben haber decidido en contra del primero.
Pornografía es un término moralizador difamatorio. Lo que para una persona es arte, para otra es un trabajo diabólico. La mezcla entre cuestiones estéticas y eticomoralistas condena cada proceso de aclaración desde el comienzo.
En el griego original, pornografía significa “escritos de prostitutas” (o sea, un texto con contenido sexual); en tal caso, sería posible abordar la pornografía desde un punto de vista de libre pensamiento y equiparar el contenido del arte erótico con el de la pornografía. Esta segunda evaluación tendrá importancia para rehabilitar el término.
El punto hasta el cual la diferencia entre arte y pornografía depende de las actitudes contemporáneas se ilustra, por ejemplo, con la pintura del Juicio Final de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. La desnudez no era considerada obscena durante el Renacimiento.
El mecenas de esta obra de arte, el papa Clemente VII, no vio nada de inmoral en su realización. Sin embargo, su sucesor, Pablo IV, ¡ordenó a un artista ponerle pantalones al Juicio Final!
Otro ejemplo de la difícil relación que existe entre la sociedad y el arte erótico es la manipulación de los frescos desenterrados en Pompeya, que hasta hace poco no eran accesibles para el público.
En 1819, se construyó la Galería de Obscenidades en el Palazzo degli Studio, el futuro Museo Nacional, donde sólo la gente adulta y de altas normas morales reconocidas tenían acceso al cuarto cerrado. La colección cambió su nombre por el de Galería de Objetos Bajo Llave, en 1823.
De nuevo, sólo aquellos que tenían un permiso real podían observar las obras expuestas. La ola reaccionaria que surgiera tras los disturbios de 1848 también afectó a la colección erótica del museo. En 1849, las puertas de la Galería de Objetos Bajo Llave se cerraron para siempre. La colección fue trasladada a una sección todavía más retirada del museo tres años después, y las puertas que conducían a esa área fueron tapiadas con ladrillos. Sólo en 1860, cuando Guiseppe Garibaldi entró en Nápoles, se consideró la reapertura de la colección erótica. El nombre de la colección se cambió entonces por el de Colección Pornográfica.


10. Miguel Ángel, La creación de las estrellas y los planetas (octavo panel en la bóveda), 1508-1512. Fresco. Capilla Sixtina, Vaticano.


11. Gustave Courbet, El sueño , 1867. Óleo sobre tela, 135 x 200 cm. Petit Palais - Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris, París.
Con el tiempo, muchos objetos de esta colección volvieron a las exposiciones normales. La historia de esta galería proporciona una visión general de las costumbres de los últimos tres siglos. Pero, no todas las épocas son igualmente propicias para la creación del erotismo y sus temas relacionados. Por el contrario, pueden convertirse en enemigo declarado.
Por ejemplo, el ambiente bohemio del período Rococó creó una atmósfera muy favorable para el erotismo y el arte erótico. Sin embargo, el arte erótico no es sólo un reflejo de la libertad sexual lograda, también puede ser un derivado de la supresión y la represión con la que carga el erotismo.
Es muy posible que las obras eróticas más apasionadas fueran creadas no a pesar de, sino más bien a causa de las presiones culturales sobre la sexualidad. En la naturaleza, la sexualidad instintiva de los animales no es erótica.
En el erotismo, sin embargo, la cultura utiliza a la naturaleza. Mientras que la sexualidad como un imperativo de la naturaleza (hasta en los humanos) no tiene límites de tiempo, el erotismo es cambiante: como la sexualidad condicionada por la cultura, tiene una historia. “Nada es más natural que el deseo sexual –escribe Octavio Paz– y nada es menos natural que las formas en las que este deseo se expresa o encuentra satisfacción.”
Así, el erotismo se debería entender como un fenómeno constituido social y culturalmente. En tal caso, es la criatura de las prohibiciones morales, legales y mágicas la que surge para evitar que la sexualidad perjudique la estructura social.
El deseo reprimido se expresa a sí mismo; pero además alienta la fantasía sin exponer a la sociedad a los peligros destructivos del exceso. Esta distancia distingue el erotismo de la sexualidad.
El erotismo es un acto de balance exitoso que encuentra un equilibrio precario entre el frío fluir de una sociedad organizada de forma racional –que llevada a sus extremos también puede provocar el colapso de la comunidad– y el cálido fluir de una sexualidad licenciosa y destructiva.
No obstante, hasta en sus versiones más controladas, el erotismo sigue siendo un poder demoníaco en la conciencia humana, ya que se asemeja al peligroso cantar de las sirenas: tratar de acercarse a ellas es fatal. La devoción y la entrega, la regresión y la agresión, son poderes que todavía nos tientan. La convergencia del deseo y el anhelo de la muerte siempre han jugado un rol importante en la literatura.
En la misma medida en que el erotismo consiste en distancia y digresión, lo fetichista constituye el eroticismo perfecto. El objeto fetichizado, en su relación fija, tensa con lo inmediato, es más significativo para el fetichista que la promesa de deseos cumplidos representados por el objeto.
El cuerpo imaginado es más significativo que cualquier cuerpo real. Los coleccionistas también son eroticistas. Mientras que el licencioso o libertino actúa en la vida real, el coleccionista vive con un corazón casto en un reino de fantasía. ¿Y no es cierto que el corazón casto puede condimentar los deleites del vicio de manera más profunda y completa que el libertino desenfrenado?
La distancia da lugar a la libertad. El arte –que puede representar una producción fetichista para el artista– proporciona también libertad. Proporciona la libertad de jugar con fuego sin quemarse.
Apela a la vista; permite jugar con el pecado sin haber pecado. Esta libertad que da la distancia se puede percibir en las diferentes reacciones de los espectadores cuando miran revistas de sexo y obras de arte: ¿Alguna vez ha visto a un lector de una revista porno sonreír? Sin embargo, se puede observar con frecuencia una tranquila alegría en los espectadores de obras de arte, como si el arte aliviara lo irresistiblemente sensual. Sin embargo, aquellos que de manera despectiva declaran que una obra de arte es pornográfica, demuestran que no tienen ninguna percepción sobre lo que es artístico en el objeto representado.


12. Auguste Rodin, El jardín del dolor , 1898. Lápiz de plomo, difumino y acuarela sobre papel color crema, 32.5 x 25 cm. Musée Rodin, París.


13. Auguste Rodin, El demonio de Milton. Lápiz de plomo, difumino, acuarela, gouache sobre papel color crema, 32.7 x 25 cm. Musée Rodin, París.


14. Jules Pascin, Caricia , 1925. Dibujo a lápiz, 35 x 31 cm. Colección de Abel Rambert y su esposa.
Alejarse con disgusto no tiene que ser necesariamente una característica de una moralidad especial. Estas personas tienen una cultura no-erótica. Eduard Fuchs, el antiguo maestro de arte erótico, cuyos libros fueron acusados de ser pornográficos durante el transcurso de su vida, considera que el erotismo es el tema fundamental de todo arte: se considera que la sensualidad está presente en todo arte, aun si su finalidad no es siempre de naturaleza sexual.
En consecuencia, sería casi una tautología hablar del arte erótico. Mucho antes de Fuchs, Lou Andreas-Salomé ya había señalado la verdadera relación entre el erotismo y la estética: “Tendría que existir un crecimiento fraternal de la misma raíz, para que el impulso artístico y el impulso sexual produzcan analogías tan vastas, que el deleite estético cambie a deleite erótico de manera tan imperceptible, el deseo erótico se dirija de forma tan instintiva a lo estético, lo ornamental (posiblemente otorgándole al reino animal su ornamento directamente como una creación corporal)”. Una vez, cuando a Picasso, en el crepúsculo de su vida, le preguntaron acerca de la diferencia entre el arte y el erotismo, su respuesta cavilosa fue: “Pero… no hay diferencias”.
Mientras otros hacían advertencias sobre el erotismo, Picasso advertía acerca de la experiencia del arte: “El arte nunca es casto, uno debe mantenerlo lejos de todos los ignorantes inocentes. A la gente que no está del todo preparada para el arte, no se le debería permitir acercarse a él. Sí, el arte es peligroso. Si es casto, no es arte”.
Visto desde la perspectiva de un organismo de control moral, todo tipo de arte y literatura tendría que abolirse. Si el espíritu y la mente constituyen la esencia de la humanidad, entonces todos los que ubican a la mente y al espíritu en una posición opuesta a la sensualidad son hipócritas.
Por el contrario, la sexualidad experimenta su verdadera forma humana sólo después de evolucionar en erotismo y arte; algunos interpretan al erotismo como el arte de amar. Los asuntos excluidos del proceso civilizador se imponen exigiendo un medio que sea determinado espiritualmente, y eso es arte.
Es en el arte donde la sexualidad alcanza su punto más álgido, que parece negar todo lo sensual en la forma de arte erótico. La pornografía es un término crítico utilizado por aquellos que permanecen cerrados al erotismo. Se asume que nunca tuvieron la oportunidad de cultivar su sensualidad.
Esta gente culturalmente desfavorecida –entre ellos posiblemente los así llamados esxpertos en arte y fiscales del distrito– perciben la sexualidad como una amenaza, aun cuando ocurre en un formato estéticamente atemperado. Incluso la observación de que una obra ha ofendido o violado el punto de vista de muchos, no la convierte en pornográfica.
¡El arte es peligroso! Las obras de arte pueden ofender y herir los sentimientos de los demás; no siempre hacen felices a los espectadores. Después de todo, ¿no es el deber del arte molestar y provocar conmociones? En pocas palabras: el término pornografía ya no se encuentra en consonancia con los tiempos. Las descripciones artísticas de actividades sexuales, ya sea que molesten o causen placer, forman parte del arte erótico. Si no lo hacen, son obras insípidas, tontas, por lo tanto inocuas.


15. Otto Schoff, 1935.


16. Otto Schoff, 1935.


17. Achille Devéria, 1830.
El siguiente ensayo examina las peculiaridades del arte erótico. Todos los puntos de vista, como el del arte histórico o el que se organizó de acuerdo a las palabras clave de la ciencia de la sexualidad, por ejemplo, no le pueden hacer justicia al arte erótico mientras que el erotismo mismo no sea el centro del análisis.
Esto significa que estos ensayos plantearán temas que pocas veces son el tópico de discusión en el contexto de las descripciones de arte erótico. Además proporcionan argumentos en contra de los falsos defensores del arte erótico.
El ensayo El sueño de la orgía enfatiza lo fundamental en los sueños sexuales, tanto si ocurren de noche o durante el día. El término de Bataille, “exceso”, encuentra su forma de expresión extrema en la orgía, en la medida que todos los límites se suprimen durante el éxtasis erótico.
El erotismo y el arte erótico destilan un torbellino regresivo, que es reprimido por la cultura con sus prohibiciones, censuras y rituales. El ensayo Erotismo e indignación explora la cuestión de qué poderes internos se expresan en las pinturas eróticas, dejando que el espectador oscile entre el horror y el embelesamiento.
Aquí, el arte mismo demuestra ser el poder creativo y fascinante. El ensayo ilustra cómo es más el estilo que el tema lo que determina el carácter erótico de una obra de arte. La indignación, así se concluye, es una reacción apropiada para obras de arte eróticas. Observamos imágenes que describen excesos salvajes. Sólo a través de nuestra imaginación formamos parte del exceso. El texto Placeres para la vista demuestra que el voyeurismo representa una apropiación disociada de lo físico. La observación se reconoce como un tipo de acción substituta. El marco de una pintura representa una línea de demarcación que mantiene a lo peligroso lejos del mundo real. El ensayo La soledad de la imagen indaga la idea de que la naturaleza caótica y sin límites del erotismo tiene que ser vertida en formas geométricas para que sea aceptable.
Así es posible mantener nuestros deseos bajo control. La razón de ser de la fundación de un museo es la pasión por coleccionar cosas. Esta pasión misma es una actividad profundamente erótica, como lo intenta probar el ensayo Acerca de las raíces eróticas de la colectomanía . El coleccionista de material erótico se encuentra más cerca de las raíces del impulso o el deseo que cualquier otro coleccionista.
El artículo Sodoma Berlín nos presenta a Berlín en 1920 como una metrópoli cultural palpitante. Esta época se representa en particular en el Museo Erótico de Berlín. El ensayo Negación y erección es un tributo al gran artista de Berlín Georg Grosz, cuyas obras se convirtieron en la expresión de un destino de exilio. El último ensayo, ¡Deja que broten 1.000 flores! , examina por segunda vez la cuestión de por qué se nos hace tan difícil tratar con el arte erótico. Al mismo tiempo, este ensayo insta a encontrar una manera responsable y madura de tratar con el arte erótico, en un estado democrático que actúe sin imponer demasiadas trabas.


18. Jean Morisot, Grabados a color de una serie de 1925. Museo Erótico, Berlín.


19. Jean Morisot, Grabados a color de una serie de 1925. Museo Erótico, Berlín.


20. Aulaire, grabados a color de diferentes series de imágenes, c.1925.
Pierre de Bourdeille Seigneur de Brantome, Lives of the Gallant Ladies (Vidas de mujeres galantes), 1665-1666
Otro tipo de personas ha pervertido seriamente a las jóvenes; son sus maestros los que tienen que aleccionarlas en las artes libertinas y si quieren ser malas lo serán: cualquier persona se puede imaginar qué tipo de comodidades se les conceden cuando enseñan solos en una habitación o cuando estudian; cualquier persona puede pensar los tipos de narraciones, fábulas e historias que a veces les enseñan a las jóvenes para despertar su imaginación y, una vez que observan la excitación y el deseo en ellas, cómo saben el modo de sacar ventaja de la situación.
Una vez conocí a una muchacha que venía de una familia muy buena y pudiente que quedó en la ruina y se hizo prostituta, porque su maestro le contó la historia o, en realidad, la fábula de Tiresias quien, después de haber probado ambos sexos, Júpiter y Juno le preguntaron, para aclarar la controversia, ¿quién disfruta del mayor placer cuando copula, el hombre o la mujer?
Él respondió, contrario a la opinión de Juno, que la mujer. Juno estaba tan molesta porque le dijeron que estaba equivocada que dejó ciego al pobre juez, le quitó la vista. No es sorprendente que esta historia tentara a la muchacha porque había escuchado de otras mujeres lo locos que se volvían los hombres por el sexo y que lo disfrutan muchísimo, pero considerando el criterio de Tiresias, las mujeres lo pueden disfrutar aún más y, por lo tanto, habría que probarlo, dicen. ¡En realidad, a las jóvenes no se les deberían dar ese tipo de lecciones! ¿Acaso no hay otras? Sin embargo, sus maestros tienden a decir que quieren saber todo y, como las jóvenes ya están estudiando, los pasajes y relatos que requieran explicación (o los que no la necesitan) se tienen que explicar y contar sin saltar la página, y si realmente saltan la página, preguntarán por qué y si ellos le responden que saltaron la página porque las pervertiría, entonces estarán mucho más ansiosas por aprender sobre el pasaje y comienzan a molestar a sus maestros hasta tal punto que no les queda más opción que explicárselos porque es la naturaleza de las jóvenes querer lo que les está prohibido.
Cuántas estudiantes se pervirtieron al leer este tipo de relatos, como los de Biblis, Caunus y muchos otros escritos desde Las Metamorfosis de Ovidio, hasta el libro Arte de Amar , que él escribió.
Además, existen otras fábulas subidas de tono y discursos lujuriosos publicados aquí; franceses, latinos, también griegos, italianos y españoles. Como dice el dicho español: líbranos Dios de moza adivina y de mujer latina.
Sólo Dios sabe que si los maestros quieren ser malos y enseñarles a las alumnas ese tipo de lecciones, cómo las pueden pervertir y ensuciar para que caiga hasta la más decente y casta. ¿No es cierto que san Agustín sintió piedad y dolor cuando leyó el cuarto libro de la Eneida, que contiene los romances y la muerte de Dido?
Me gustaría tener tantos cientos de monedas como muchachas ha habido, tanto mundanas como piadosas, que se han excitado, ensuciado y perdido su virginidad cuando leyeron el Amadís de Gaula.
Cualquier persona puede ver el daño que pueden causar los libros griegos, latinos y otros tantos cuando sus maestros, estos zorros astutos y perversos, estos miserables buenos para nada con sus habitaciones y gabinetes secretos en medio de su holgazanería, comentan e interpretan este tipo de relatos.


21. Jean Morisot, Grabados a color de una serie de 1925. Museo Erótico, Berlín.


22. Anónimo, 1840.


23. Jean Morisot, Grabados a color de una serie de 1925. Museo Erótico, Berlín.


24. Aulaire, grabados a color de diferentes series de imágenes, c.1925.
El sueño de la orgía
La luz se apaga, puede empezar la orgía
Por Dieter Engel
La orgía se desarrolla en el lado más oscuro de la cultura. La humanidad, fiel a su naturaleza, con una sexualidad orientada hacia lo heterosexual y monogámico, sostenida por el amor personal y sujeta a los tabúes del incesto, utiliza la orgía para violar toda prohibición, superar todos los controles y dar rienda suelta a todas las tentaciones y los deseos....
El consumo de bebidas embriagantes y de drogas con efecto desinhibidor son por lo general los componentes de una orgía. Hombres y mujeres superan las inhibiciones que les imponen el pudor y las normas morales, el matrimonio y el amor personal. La pareja se amplía a un grupo de tres, de cuatro, de ocho y hasta hay una tendencia a formar un grupo impersonal. La fusión de todos los cuerpos da como resultado un solo cuerpo.
Las fronteras y los límites entre la heterosexualidad y la homosexualidad se desdibujan y se dejan atrás, así como las divisiones entre una generación y otra, a pesar de los tabúes del incesto. La literatura erótica cuenta con ejemplos suficientes que sugieren que las diferencias entre el hombre y los animales ya no existen. Se disuelven todos los controles y equilibrios psicológicos: todo vale.
Las orgías demuestran lo siguiente: la sexualidad típica de los adultos normales no puede purificar los deseos eróticos de toda la humanidad. La inmensidad de esos deseos también asusta. Por esa razón la literatura erótica confiere a la orgía los siguientes atributos: salvaje, licenciosa, devastadora, enorme, extravagante, increíble, obscena, escandalosa... La orgía es el punto máximo de la imaginación erótica.
En las antiguas épocas romanas, fiestas desenfrenadas como las bacanales le ofrecían a la gente un desahogo para sus deseos y, por lo tanto, limitaban las consecuencias de la represión. Este tipo de festivales estaba conectado con la fertilidad y las religiones que tenían sus raíces en el misticismo. Su experiencia terminaba en un éxtasis total. “La gente está fuera de sí para fundirse por completo con lo divino y ser cautivada”, explicaba Proclo, filósofo neoplatónico. Este embelesamiento parecía semejarse a un trance o bien a formas orgiásticas, algo que Platón llama “locura divina”. La palabra orgía se refiere a esa locura.
Mientras que la iglesia cristiana intentaba reprimir y casi suprimir por completo la sexualidad, el culto a Dioniso eligió el camino de la catarsis. Como resultado, estas celebraciones periódicas relajaban y satisfacían a la gente. Dioniso no contempla ningún límite. Se desborda. No tiene frenos. Representa lo que los psicoanalistas llaman el ello : la realidad de los impulsos y deseos que constituye la intoxicación dionisíaca.
El imperio romano, por el contrario, sofocaba los dioses dionisíacos con reglas de comportamiento ético y restricciones morales. “Donde domina Roma”, escribe Walter Schubart en su estudio Religión y eros , “no existe matriarcado, ni religión que se base en valores femeninos, ni deificación de la naturaleza y no se experimentan los placeres de la creación. Si los cultos dionisíacos se desviaron en este mundo, tuvieron que degradarse de celebraciones religiosas en estallidos de lujuria vulgar. El orgiasticismo basado en el culto se convirtió en un comportamiento sexualmente ofensivo. Las celebraciones orgiásticas revelan la idea religiosa básica. Nada quedó excepto la labor de esclavo para los deseos de la carne... Así es como Dioniso se vengó del imperio romano”. La venganza de Dioniso sobre el mundo cristiano hostil a Eros se manifestó en la creencia obsesiva en las brujas y la hechicería de los siglos dieciséis y diecisiete. Eso proporcionó la “pornografía del placer de la creación” (Schubart). Igual que los mitos de las religiones naturales, esta obsesión con las brujas se dirigía hacia lo sobrenatural, pero también enfatizaba el lado más oscuro de lo divino, lo satánico. “Dioniso surgió de nuevo como el diablo. El diablo es el dios sexual del cristianismo y las brujas son sus cortesanas.”


25. Alesandro Calione, Orgía antigua , 1872. Acuarela sobre un dibujo. Museo Erótico, Berlín.


26. Paul Avril, 1910.


27. Paul Avril, 1910.


28. Paul Avril, 1910.
El diablo mismo tiene cuernos, formas fálicas y el cuerpo de un carnero, igual que los sátiros que rodeaban al dios tracio. Toda sexualidad ahora lleva la estampa del pecado y aun así tiene poderes imposibles de resistir. Los cronistas informaron haber visto fornicar a 6.000 diablos y brujas entre sí en un descampado. Esto de alguna manera recuerda las uniones masivas, que eran la culminación del orgiasticismo de los cultos a la fertilidad. “El espectro de la bruja”, opina Schubart, “es un culto dionisíaco con un presagio negativo”.
El Fausto de Goethe experimentó ese sabbat de las brujas durante la noche de Walpurgis.
¡Mirad y observad! No se puede ver el final.
Cientos de fuegos ardiendo en fila;
Bailan, hablan, cocinan, beben y hacen el amor.
Decidme si podéis, ¡dónde encontrar algo mejor!
Las brujas defendieron el misterio de la fertilidad durante los siglos dieciséis y diecisiete, pero lo hicieron en el nocturno reino del infierno. “La vieja Baubo viene sola, / Viene montada en una cerda”, son líneas del Fausto . Los hombres y mujeres cristianos de esa época excluyeron al erotismo del cielo. Los escritos infames llamados El martillo de las brujas describen que una de las mujeres acusadas reclamaba que la lujuria del amor del diablo es tan enorme como la lujuria de 1.000 hombres juntos. La celebración del Carnaval es uno de los principales vestigios de esos cultos orgiásticos en la Europa cristiana. Aún después del triunfo del cristianismo, esos festivales que aliviaban el estrés eran una necesidad, si se tenía que asegurar la adhesión y la conformidad con las normas morales puritanas de la vida cotidiana. En la actualidad, el carnaval es una celebración especialmente alegre en los pueblos y en las ciudades predominantemente católicos. “La iglesia católica”, escribe Schubart, “nunca rechazó las necesidades que provinieran del placer de la creación de manera tan brusca y con el carácter que lo hizo el protestantismo con su realismo riguroso y severo y su circunspección masculina.”
Los cultos a la fertilidad y a la dicha de la creación son siempre celebraciones de fraternización. Por esta razón la celebración del carnaval –al igual que todas las otras celebraciones dionisíacas– se basa en la demanda de la igualdad general, que destruye las barreras sociales artificiales entre los participantes.
La costumbre del trasvestismo también tiene su origen en creencias antiguas. El intercambio de ropa se practicaba durante algunas fiestas de Afrodita. Plutarco describe la celebración salvaje del festival de la impudencia ( hybristika ) donde las mujeres usaban ropa y sacos de hombre, y los hombres vestían ropas y velos de mujer. Lo que compartían estas costumbres era el deseo de parecerse a una divinidad andrógina.
El amor fuera de las reglas parece haber sido un monopolio de la clase gobernante de la cultura occidental durante mucho tiempo, como ha mostrado Jacques Solé en su estudio El amor en la cultura occidental . Entre 1500 y 1800, particularmente, la aristocracia sabía cómo alejarse del orden y la opresión sexual propagados por el cristianismo.
Esa anarquía sexual a menudo tomaba la forma de una promiscuidad festiva. La imaginación y la fantasía de Occidente estuvieron regidas durante mucho tiempo por los excesos de los Borgias. Durante el pontificado de Alejandro VI, un verdadero príncipe del Renacimiento con un temperamento poderosamente sensual, rodeado de bastardos y subalternos, docenas de amorosas damas de la noche a menudo se reunían en el Vaticano. En vísperas del Día de Todos los Santos en 1501, el Papa, que veneró los poderes del deseo tanto como los de Jesucristo, presidió una fiesta famosa. Al término de la celebración, cincuenta cortesanas desnudas elegidas se arrastraban a cuatro patas para recoger las castañas dulces que les tiraba la multitud circundante, acto seguido por la entrega de premios a quienes brindaran –en público– la prueba más fuerte de su masculinidad.
Los bailes de disfraces ganaron popularidad en el París de Enrique III, en especial cuando la ocasión era una boda. Al final de esas festividades, algunas de las damas más atrevidas, vestidas de seda y joyas, perdían su honor en medio del caos y la confusión general.

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