Crear con arcilla
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Description

Todos los grandes escultores aprendieron su oficio con la arcilla, ya que es un material que permite corregir cuantos errores puedan cometerse durante el modelado. En este manual aprenderá todos sus secretos
Casi sin proponérselo, conocerá los materiales, los utensilios, las técnicas de modelado, la utilización del torno y los moldes, y los métodos de decoración, como el grabado, la impresión o la perforación
Empezará por los ejemplos más sencillos, al alcance incluso de los niños: el caracol, el collar, el tótem, la ocarina, las muñecas...
Aprenderá el arte del relieve, para crear pequeños cuadros de gran efecto decorativo: esgrafiados, bajorrelieves, altorrelieves, etc.
En poco tiempo podrá crear un sinfín de objetos para el hogar: bomboneras, platos, jarrones, vasijas y jarras, ceniceros, marcos, pies de lámpara, adornos para cualquier fiesta y muchas cosas más
Un libro de gran sencillez y claridad, capaz de dar alas a su imaginación

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 04 mai 2020
Nombre de lectures 0
EAN13 9781646998074
Langue Español
Poids de l'ouvrage 6 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0300€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2020
© [2020] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64699-807-4
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Alessandra Bona – Viviana Stello



Crear con
ARCILLA
Índice
Introducción
Nociones Preliminares
Los Materiales
Los Utensilios
La Masa Y El Modelado
El Modelado Con Rollos
El Modelado Con Bloques
El Modelado Con Láminas
La Utilización Del Torno
Las Estructuras De Hierro Y De Madera
Los Moldes De Yeso
La Decoración Plástica: Grabado, Impresión, Perforación
El Secado
La Cocción
El Esmaltado
Formas De Representación
La Representación Mimética De La Realidad
Las Proporciones Musicales Y Áureas
La Representación De La Figura Humana
La Representación De La Cabeza
Modelar Como Juego
El Caracol Pisapapeles
El Gusano Portalápices
El Collar
Las Decoraciones Para El Árbol De Navidad
Las Decoraciones Doradas
Las Máscaras De Carnaval
El Salvamanteles
El Jarrón
La Ocarina
El Coche Perchero
La Muñeca De Terracota
La Muñeca Hecha Con Un Molde De Yeso
El Relieve
El Esgrafiado
El Relieve Hundido
El Bajorrelieve Por Adición
El Altorrelieve Por Sustracción
Los Bajorrelieves Hechos Con Moldes De Yeso
El Paisaje
Los Complementos Decorativos
El Plato Decorado
Los Cuencos Esmaltados
Los Cuencos Japoneses
El Jarrón Hecho Con Rollos De Arcilla
El Jarrón Hecho Con Láminas
Los Búcaros
Los Jarrones Zoomorfos
La Jarra
El Apoyacucharas De Cocina
Los Recipientes Para Especias
El Cenicero
La Base Para La Pantalla De Una Lámpara
El Aplique
Las Campanillas Para La Puerta
El Marco Para El Espejo
El Reloj
La Máscara Tribal
El Girasol
Las Creaciones Artísticas
Los Animales Estilizados
La Concha
El Perrito
La Cabeza
El Busto Femenino
Las Figuras Femeninas
Decorar La Cerámica
Los Materia l es Y Los Instrumentos
La Transferencia Del Dibujo
La Preparación De Los Colores
La Decoración Con Pincel
La Decoración Con Plumilla
La Decoración Con Tampón
La Decoración Con Oro
La Técnica Escandinava
El Ramillete Clásico
El Jarrón Floral
La Taza Personalizada
El Plato Con El Borde Lustrado
El Jarrón Decorado Con La Técnica Escandinava
El Plato De Estilo Modernista
Modelos Originales Que Pueden Transferirse Sobre Papel De Calcar
INTRODUCCIÓN
El instante en el que la masa amorfa, colocada en el torno, se eleva —por utilizar el término técnico— y aparece la vasija, tiene en sí algo de mágico: es la conquista de la forma, del volumen. Partiendo de un dibujo sobre un plano de arcilla, se pueden crear formas plásticas: con el bajo y el altorrelieve las figuras emergen, se separan del fondo hasta adquirir una presencia viva, animada, y se entra en el ámbito de la escultura.
Los más lejanos testimonios que nos han llegado, las redondas e hinchadas venus prehistóricas de esteatita, marfil y terracota, eran creadas al mismo tiempo que los primeros recipientes para la conservación de los frutos a través de una especie de ritual propiciatorio. El modelo y el material utilizado eran lo mismo: la tierra, es decir, la Madre.
Es imposible establecer dónde y cuándo el hombre del Neolítico empezó a trabajar la arcilla, pero lo cierto es que, llegado el momento, descubrió que cociéndola en cavidades excavadas en el terreno aumentaban su dureza y su resistencia. La producción de objetos de arcilla fue conocida por la mayoría de los pueblos del mundo, si bien en Asia Menor y en la cuenca del Mediterráneo, gracias al trabajo de egipcios y griegos, se perfeccionaron las técnicas de elaboración. Estos últimos desarrollaron un procedimiento muy complejo que permitió la creación de productos refinados y muy apreciados; sus vasijas se exportaron por todo el mundo conocido e influyeron en las producciones artísticas de otros pueblos. La fabricación de objetos manufacturados con arcilla continuó durante siglos hasta que la producción en serie y la tecnología industrial revolucionaron el mercado. Afortunadamente, no desaparecieron las prácticas tradicionales, que sobreviven hoy en día gracias a numerosos artesanos que se mantienen aferrados a un saber que se transmite de generación en generación y en los cuales la creatividad personal se expresa en forma de piezas únicas que constituyen auténticas obras de arte.
Este libro quiere ser una guía para todos aquellos que desean aventurarse en la elaboración de la arcilla, una materia viva y natural que desarrolla la creatividad sin demasiado gasto y que ofrece buenos resultados aun no teniendo un taller perfectamente equipado.
Los contenidos se van desarrollando a medida que avanza el texto, lo cual permitirá al aficionado ir desde las piezas más sencillas hasta otras que exigen mucho tiempo y un conocimiento de las técnicas más profundo.
Por otra parte, el volumen se convertirá, o al menos así lo deseamos, en un excelente instrumento de trabajo así como en un amplio repertorio de modelos e ideas al que recurrir. A lo largo de estas páginas se encontrarán sugerencias y consejos aportados por artesanos y artistas que han hecho de la elaboración de la arcilla algo más que una profesión.
En tiempos lejanos, perdidos en la niebla del olvido, el hombre sentía un profundo respeto, una especie de veneración hacia la tierra, el elemento al que se sentía más afín. Volver a apropiarse de un íntimo contacto con ella proporciona la sutil emoción del reencuentro con las propias raíces. Dar forma a nuestra creatividad, haciendo de nuestras ideas algo concreto, suscita en nosotros un gran entusiasmo y satisfacción; tocar la tierra, plasmar una intuición, evoca intensas sensaciones táctiles capaces de hacer despertar el niño que, oculto en nuestro interior, aprendió hace muchos años a jugar con el barro.
Si con este libro conseguimos comunicar alguna de estas sensaciones, y se despierta en los lectores el interés por esta maravillosa labor, podremos considerarnos plenamente satisfechas.
NOCIONES PRELIMINARES
Los materiales
La arcilla es un material térreo que se ha formado a lo largo de millones de años a partir de la descomposición de rocas feldespáticas compuestas por silicatos de sodio, potasio o calcio y óxidos de magnesio y hierro. Se trata de una sustancia terrosa de grano finísimo y compacto que, en combinación con el agua, puede trabajarse a voluntad.
Existen varios tipos de arcilla que se diferencian por la consistencia, la plasticidad y el color, en función de su proceso de formación.
En general, las arcillas sedimentarias , transportadas por los agentes externos, se han enriquecido con varios elementos de origen mineral u orgánico, lo que les ha dado un mayor grado de plasticidad; las arcillas estáticas , en cambio, se han depositado en el lugar de formación y resultan más puras si bien son más difíciles de trabajar.
Además de la plasticidad, la arcilla posee algunas características que conviene conocer antes de prepararse para su elaboración. Si se expone al aire, la cantidad de agua contenida en ella se evapora en breve tiempo, haciendo que disminuya de volumen: se calcula una reducción del material, equivalente al 10 % aproximadamente.
La porosidad depende de la solidez que haya adquirido el material a través de la cocción: se va desde la terracota, de superficie áspera y porosa, hasta la porcelana, de aspecto liso, cristalino e incluso translúcido.
La coloración está determinada por la combinación de distintas sustancias; así, por ejemplo, la presencia de hierro determina una tonalidad roja o rojiza mientras que el carbonato de calcio da una ocre o rosada y el caolín, blanca.
La última característica, pero no menos importante, es su refracción, es decir, la resistencia a temperaturas muy altas (hasta 1.700 °C). Por ello los objetos creados mantienen su forma durante el proceso de cocción y adquieren incluso una gran resistencia y dureza.
Una o más arcillas mezcladas juntas constituyen un masa cerámica . Desde tiempos pasados los artesanos alfareros trabajaban distintos tipos de arcilla mezclados para obtener un compuesto que tuviese todas las características indispensables para la producción de un determinado objeto. En la preparación de una masa, los elementos fundamentales son los plásticos, que facilitan su cohesión y su maleabilidad; los desengrasantes, que favorecen su secado; y, finalmente, los indicados para su fundición, como las micas y los fosfatos, capaces de acelerar su cocción. Al elegir una masa de tipo plástico, podremos trabajar con facilidad objetos de tamaño pequeño o mediano; si, se desea realizar otros mayores, la masa deberá ser magra (chamotte) , para obtener una mayor resistencia al calor. Hoy en día, las masas pueden encontrarse ya preparadas en los establecimientos especializados. Suelen presentarse en trozos de 10 kg, protegidos por envases al vacío que salvaguardan su humedad. Se pueden comprar en tiendas de bellas artes, papelerías grandes y talleres artesanales en los que además, por una módica cantidad, se cuecen las piezas.
Según el tipo de masa y de las técnicas de cocción, pueden obtenerse numerosos productos cerámicos. Los más comunes son los siguientes:
•   Gres: con la cocción adquiere una coloración gris, marrón o rosada; es compacto e impermeable. Se utiliza para recipientes, tuberías, cerámicas sanitarias y objetos artísticos. Se cuece a temperatura muy alta: entre 1.180 y 1.300 °C.
•   Loza: la variedad dura tiene un color ocre, rojo o marrón y una superficie áspera y porosa. La variedad blanda se creó en Inglaterra en el siglo XVIII con la intención de imitar la porcelana. Su coloración es blanquecina y adquiere una consistencia más dura y menos porosa. La temperatura de cocción oscila entre los 800 y los 1.000 °C.
•   Mayólica: procede de Mallorca, isla que se convirtió en un importante centro comercial hace más de cinco siglos. Se trata de una terracota esmaltada que se utiliza en la producción de utensilios de cocina y azulejos de gran belleza.
•   Porcelana: es el producto cerámico más apreciado; inventada por los chinos, fue importada a Europa por Marco Polo; tuvo mucha difusión en el siglo XVIII . Está constituida por una arcilla purísima, rica en caolín, feldespato y cuarzo, y se cuece a 1.550 °C, aproximadamente. Se trata de un material durísimo, blanco, translúcido e impermeable.
•   Terracota: se obtiene de la arcilla común, cocida entre los 900 y los 1.180 °C. Tiene un color rojizo, amarillento o gris y se emplea profusamente para la producción de vasijas, ladrillos y enseres de cocina.
Los utensilios
Los mejores instrumentos para trabajar la arcilla son sin duda las manos, pues nos permiten comprobar la plasticidad y la consistencia del material y amasarlo. Además, con los dedos se pueden sentir los espesores y alisar las superficies. En una escultura, el hecho de tocar y sentir los relieves completa nuestra percepción visual del espacio y nos ayuda a definir mejor las proporciones y las relaciones entre las partes. Para modelar la arcilla no es necesario disponer de un lugar concreto; bastará un plano de trabajo en el que apoyar una tabla de madera o yeso y un poco de tranquilidad.
Las herramientas necesarias tampoco son demasiadas: basta con un rodillo de cocina o uno de látex o goma para extender la arcilla en láminas, un cuchillo de cocina, un hilo de metal, algunas espátulas, palillos de boj y un pequeño listón de madera. Junto a estos podremos tener todos los objetos que sugiera nuestra creatividad. En función del efecto que deseamos obtener, para grabar, socavar y decorar se podrán utilizar palillos, cañitas, cucharitas, peines, punzones, ruedecillas, cuerdas, trozos de tejido y todo cuanto nuestra imaginación nos sugiera. Además, todos los utensilios que se hagan servir podrán lavarse con agua.
Durante el trabajo, será oportuno tener a mano una pequeña palangana con una esponja mojada para humedecer el objeto y enjuagarse las manos.


Las herramientas de trabajo. De izquierda a derecha : un rollo de alambre con dos bolas de arcilla en los extremos, una espátula, varillas de metal y madera para modelar y un cuchillo
La masa y el modelado
Como ya hemos dicho, la masa se puede adquirir ya preparada con la correcta consistencia y humedad. La plasticidad del material se debe al agua que contiene, que no ha de ser excesiva, en cuyo caso no se podría trabajar, ni tampoco insuficiente, porque aparecerían grietas y escamas. Por ello, es necesario conservarla en perfectas condiciones. La arcilla sobrante puede cubrirse con hojas de plástico fijando su cierre con cinta adhesiva y colocando el paquete en un lugar fresco y oscuro. En el caso de vernos obligados a abandonar por unos días la labor, deberemos recurrir al mismo procedimiento para evitar que se seque.
Para comprobar el correcto grado de humedad de la arcilla, al menos las primeras veces, podemos hacer una sencilla prueba amasando una pelotita del tamaño de una nuez: si su superficie presenta grietas o fisuras, habrá que añadir más agua, amasándola del mismo modo que si fuéramos a hacer pan hasta obtener una consistencia homogénea. Si, por el contrario, la arcilla nos pareciese demasiado húmeda y pegajosa, bastará colocarla sobre una lámina de yeso, al aire libre, hasta que tome la consistencia precisa.
Es muy importante que la masa sea homogénea y que no tenga burbujas de aire puesto que estas, con la cocción, se dilatan y provocan fracturas y grietas; para eliminarlas, antes de la elaboración, se puede golpear con fuerza el bloque de arcilla con una tabla de madera. También habrá que prestar atención para no provocar la aparición de burbujas de aire cuando haya que añadir arcilla durante el modelado.
Las técnicas básicas, aplicables tanto al relieve como al conjunto de la pieza (véase « Al relieve » y « Las creaciones artísticas »), son dos. Miguel Ángel las definía como técnicas de adición y de sustracción . Mediante la primera se obtiene la figura a medida que se extraen trozos de arcilla con rascadores o espátulas. El aspecto final de las obras suele ser estático y compacto. El segundo procedimiento, en cambio, permite crear objetos mucho más libres y dinámicos mediante la adición de material. Evidentemente se puede recurrir al mismo tiempo a las dos técnicas para conseguir un resultado mucho más atractivo. Por ejemplo, se puede modelar la cabeza de un animal creando primero el esbozo de una figura a partir de un bloque y añadiendo después, con pequeñas porciones de material, los detalles.
Durante el proceso de elaboración de objetos cóncavos, de base estrecha y más bien altos, o de figuras articuladas con partes suspendidas, el material puede deformarse, perder el equilibrio y caer. Para evitar estos inconvenientes, se puede fijar con unas varas de madera recubiertas con trozos de tela u hojas de papel para evitar que la masa de arcilla se adhiera; de este modo, la figura, cuando se haya secado por completo, podrá sostenerse por sí sola ( fig. 1 ).


Fig. 1. Para sostener partes articuladas y pesadas, pueden construirse unos soportes y envolverse con papel para que no se adhieran a la arcilla
Para unir trozos de arcilla se utiliza la barbotina , un compuesto que se obtiene amasando una pequeña cantidad de arcilla seca desmigajada en un poco de agua. Su empleo es muy sencillo: tan sólo hay que practicar unas pequeñas incisiones sobre la superficie de las dos partes que se desea unir, se aplica la barbotina con un pincel, procurando impregnar todos los resquicios, y se unen haciendo una ligera presión.
El modelado con rollos
Se trata de un método antiquísimo que permite obtener distintos tipos de recipientes de forma cóncava y que se emplea aún hoy para elaborar jarras y tinajas de considerables dimensiones. Junto con las dos técnicas que se exponen más abajo —la de los bloques y la de las láminas— se consiguen resultados muy apreciables en la producción de platos, jarros, cajas y recipientes de todo tipo, incluso si no se dispone de un torno. El rollo es una tira cilíndrica de arcilla, de espesor variable en función del objeto que se desea realizar, que se obtiene enrollando una pequeña cantidad de arcilla sobre la superficie de trabajo, moviendo las manos desde el centro hacia el exterior ( fig. 2 )
Mediante la superposición de rollos dispuestos como anillos sobre un disco colocado en el fondo como base, se va componiendo la forma que se ha proyectado ( fig. 3 ).


Fig. 2. Haciendo rodar la arcilla sobre la superficie de trabajo con las manos abiertas, obtendremos el rollo


Fig. 3. Superponiendo varios rollos, conseguiremos dar forma al jarrón
Hay que procurar que las tiras se adhieran bien entre sí, sin dejar espacios vacíos, de manera que pueda determinarse la longitud de cada una de ellas sin olvidar que los anillos superiores deben ser más anchos que los inferiores.
Después hay que proceder a su unión alisando las paredes tanto por el interior como por el exterior, apretando el borde entre el pulgar y el índice y presionando hacia abajo. O bien deslizando el índice hacia abajo, por el interior del objeto, y el pulgar hacia arriba, por el exterior. El movimiento requiere un poco de práctica. Cuando la arcilla adopte la consistencia del cuero, repasaremos la superficie con los dedos mojados ( fig. 4 ) o con el pequeño listón de madera.


Fig. 4. Daremos el último acabado a la superficie con los dedos
El modelado con bloques
Se trata de una técnica muy antigua que aún hoy se utiliza en Japón para modelar los cuencos que se utilizan para la ceremonia del té, si bien en otros países del mundo existen procedimientos similares, procedentes de tradiciones autóctonas.
En este libro nos ocuparemos de las más sencillas. Hay que tener siempre en cuenta que el resultado depende de la práctica. De todos modos, tampoco hay que ser demasiado exigentes: los procedimientos manuales no se caracterizan por la perfección sino por la expresividad de las formas. Las pequeñas irregularidades, si no afectan al equilibrio y a la proporción del objeto, le suelen dar un toque personal y característico que las distingue de los demás.
Un primer procedimiento consiste en preparar unos bloques en forma de esfera o de cilindro en los cuales se practica un orificio regular con un pequeño palo, que después se debe hacer rodar desde abajo hacia arriba para rebajar las paredes ( fig. 5 ).
De un modo similar se puede obtener una bandeja o un cuenco: basta con frotar repetidamente un bola de arcilla con una piedra alisada ( fig. 6 ).


Fig. 5. Con un bastoncito, daremos forma a la cavidad de una pequeña vasija; Fig. 6. Apisonando una bola de arcilla con una piedra puede obtenerse una bandeja
Por otra parte, utilizando como molde el interior de la mano, se puede elaborar un cuenco sin utilizar ningún instrumento: basta con hacer una bola de arcilla que pueda tenerse en la mano izquierda, presionar en el centro con el pulgar de la derecha y dar forma a las paredes a medida que se agranda el agujero.
También, apretando entre las manos una bola de arcilla, podemos obtener un disco del cual, si se mantiene sobre una rodilla o sobre un codo, pueden obtenerse cuencos, macetitas, tazas, etc. Cuando los objetos que se han plasmado de esta manera hayan alcanzado una cierta dureza, los podremos retocar igualando los bordes con un cuchillo y alisando la superficie con un pequeño listón.
El modelado con láminas
Expuesta al aire, la arcilla pierde progresivamente su humedad y pasa a través de distintos grados de consistencia antes de secarse por completo al cabo de muchos días. Cuando adquiere una consistencia similar a la del cuero, se puede trabajar como si se tratase de una cartulina: puede recortarse, doblarse, pegarse, etc., para obtener objetos que tengan ángulos, como cajas o vasijas con base rectangular. También se puede adherir una lámina alrededor de un tubo o de una botella para crear formas cilíndricas.
Para obtener las láminas existen dos métodos. El más sencillo consiste en alisar una bola de arcilla con un rodillo de cocina, apoyando sus extremos sobre dos tablas de madera para que el espesor sea homogéneo ( fig. 7 ). Otro, mucho más complejo, consiste en cortar la lámina del bloque de arcilla con un hilo metálico que debe sujetarse firmemente con las manos ( fig. 8 ).


Figs. 7 y 8. Para obtener una lámina de espesor homogéneo es preciso alisarla con un rodillo de cocina que debe rodar sobre dos listones de madera. También puede cortarse directamente con un hilo de alambre
Cuando la arcilla ha alcanzado la dureza del cuero, se cortan las láminas con un cuchillo y se ensamblan con barbotina, reforzando las junturas con cordoncitos de arcilla ( fig. 9 ). Los objetos terminados pueden decorarse con diversas técnicas que veremos más adelante ( véase artículo ).


Fig. 9. Las partes que se han ensamblado con barbotina hay que reforzarlas con cordoncitos de arcilla que deben adherirse por el interior
La utilización del torno
En pocos instantes, se puede transformar una masa amorfa de arcilla en un jarrón de gran belleza mediante el torno, un instrumento compuesto de un plato circular que rueda alrededor de un eje central. Su utilización se remonta a alrededor de seis milenios de años atrás, cuando en las primeras ciudades mesopotámicas se inició la producción de jarrones de arcilla, indispensables para la conservación de los productos agrícolas. Se difundió rápidamente por toda Europa oriental y de allí, a través de Grecia, al resto del continente. El movimiento lo realizaban las manos de un asistente o un bastón o una cuerda movidos por el mismo artesano. Hoy en día, la aplicación de un motor eléctrico, con velocidad regulable a través de un pedal, permite un notable ahorro de tiempo y fuerza. En las empresas especializadas existen distintos modelos de diferentes prestaciones cuyo precio, en cualquier caso, suele ser bastante alto.
A pesar de la rapidez de ejecución, la técnica del torno es más bien compleja y requiere una cierta práctica si se desean lograr buenos resultados. Son necesarias una cierta habilidad manual y una cierta sensibilidad táctil para sentir los distintos espesores que, en un jarrón, han de ser homogéneos desde el fondo hasta la boca. Todo ello sólo será posible mediante el ejercicio y la práctica. Sin embargo, el esfuerzo será premiado por las infinitas potencialidades creativas que ofrece el trabajo en el torno ( fig. 10 ).


Fig. 1 0. Algunos ejemplos de formas que se pueden obtener en el torno
Pasemos ahora a examinar las varias fases de ejecución.
Para prepararse para el trabajo, se necesitará un taburete en el que colocarse frente al torno con las piernas ligeramente abiertas. Será oportuno ponerse un delantal, tener a mano algunos trapos y proveerse de un recipiente con agua para mojarse las manos antes y durante el trabajo.
La técnica del torno se puede subdividir en cuatro fases principales:
•   Centrado: es la fase más delicada e importante, ya que si no se realiza bien, la pieza se tambalea y se corre el peligro de arruinar todo el trabajo posterior. Se amasa una bola de arcilla, se lanza con fuerza sobre el plato y se acciona el torno. Se colocan las manos encima y, procurando contrarrestar la inercia generada por la fuerza centrífuga, se ejerce una cierta presión para llevar la arcilla al centro del torno, dándole una forma semiesférica regular y simétrica en cada una de sus partes ( fig. 11 ). Llegados a este punto, hay que seguir empujando en dirección al centro y llevar la arcilla hacia arriba para después moverla hacia abajo. De este modo se consigue que el material adquiera una buena consistencia ( fig. 12 ).


Fig. 1 1. El centrado: al mismo tiempo que ejercemos una cierta presión hacia el centro, formamos una cúpula simétrica; Fig. 1 2. Levantamos la arcilla con las manos y después la empujamos otra vez hacia abajo, para darle más consistencia
•   Apertura: con el pulgar derecho hay que presionar en el centro para formar un agujero que debe ensancharse lentamente desplazando el dedo hacia fuera. Al mismo tiempo, con la mano izquierda debe mantenerse la forma exterior para crear el hueco ( fig. 13 ).


Fig. 1 3. La apertura: con el pulgar derecho agrandamos el agujero de centro
•   Elevación: en esta fase se comenzará a dar forma al cuerpo del objeto. Para ello, habrá que poner la mano izquierda abierta en el interior de la pared y, con el índice de la mano derecha doblado, apoyar la segunda falange, en el exterior, justo a la misma altura que la mano izquierda ( fig. 14 ).


Fig. 1 4. La elevación: modelamos el objeto dando forma a las paredes con la mano izquierda abierta y el índice derecho doblado
Ejerciendo una ligera presión, hay que empezar a llevar las manos, siempre mojadas, hacia arriba, manteniendo siempre el centrado que, como hemos dicho, es fundamental.

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