Escultura Griega
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Description

La escultura griega es, probablemente, el aspecto más conocido del arte griego. Para un contemporáneo, expresa el ideal de la belleza y de la perfección plástica. Es la primera de las artes clásicas que trató de liberarse de las restricciones imitativas, de la representación precisa de la naturaleza. Solo se conoce una mínima parte de la producción escultórica de la Grecia antigua. Muchas de las obras maestras que se describen en las obras de literatura clásica se han perdido o han sufrido daños considerables, y la mayoría de las piezas que conocemos son copias más o menos hábiles y fidedignas efectuadas durante la época romana. Desde el Renacimiento hasta la actualidad, muchas obras han sido restauradas por escultores occidentales, que, con frecuencia, las han interpretado de una forma muy diferente a su planteamiento original. De este modo, el discóbolo se convierte en un gladiador moribundo, un dios recibe los atributos de otro y las piernas de una estatua se implantan en el torso de otra.
«El alma de la escultura griega abarca toda la escultura. Su simplicidad esencial desafía cualquier definición. Podemos sentirla, pero no podemos expresarla. “Abre los ojos, estudia las estatuas; mira, reflexiona y vuelve a mirar” debe ser el precepto continuo de todo aquel que quiera aprender o conocer la escultura griega».

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 09 décembre 2019
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644618165
Langue Español
Poids de l'ouvrage 8 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0550€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Extrait

Texto: Edmund von Mach
Traducción al español: Pablo Díaz-Aller
Revisión técnica traducción al español: Jaime Valencia Villa
Edición en español: Mireya Fonseca Leal
Diseño:
Baseline Co. Ltd.
Vietnam
© Confidential Concepts, worldwide, USA
© Parkstone Press International, New York, USA
Image-Bar www.image-bar.com
Museo del Mausoleo de Bodrum. Cortesía de Kristian Jeppesen
ISBN: 978-1-64461-816-5
Todos los derechos reservados
Queda prohibida en todo el mundo la reproducción o enmienda de esta publicación sin el permiso del titular de los derechos de autor. A menos que se especifique lo contrario, los derechos de las obras reproducidas pertenecen a los fotógrafos respectivos. A pesar de las exhaustivas investigaciones no ha sido posible establecer en todos los casos la titularidad de los derechos. Se agradecerá cualquier notificación al respecto.
Edmund von Mach



Escultura griega
Espíritu y principios
Contenido
Introducción
Consideraciones Fundamentales
Condiciones Artísticas Antes Del Siglo VII A.C. Y Los Años Oscuros
Escultura Griega Arcaica
Período De Transición
El Partenón
El Ideal Griego
Tiempos Otoñales
Bibliografía
Índice De Ilustraciones
Notas
INTRODUCCIÓN
Hace doscientos cincuenta años el estudio de la escultura griega era desconocido. El pionero en estas lides fue Winckelmann [1] , y también suyo el primer libro publicado, fechado en 1755. Las excavaciones de Pompeya y Herculano, el traslado de las esculturas del Partenón a Londres por Lord Elgin, y sobre todo la restauración de Grecia y los ricos descubrimientos que surgieron a partir de ella añadieron incentivos al ya creciente interés en este nuevo campo.
En el siglo XVIII no fue posible juzgar correctamente el arte antiguo porque se poseían pocos originales y era necesario evaluarlo a través de los cristales de la civilización romana posterior. En el siglo XIX se llevó a cabo una investigación más profunda impulsada por un espíritu científico. Gracias a la pala del excavador, aquellos tesoros olvidados hacía ya tiempo volvieron a ver la luz del sol; los estudiosos formados en la severa escuela de la filología gestionaron y clasificaron el material y poco o nada quedó para el crítico de arte. Todo el campo de estudio estaba en manos de los arqueólogos científicos, los cuales lo presentaron en historias más o menos exhaustivas de la escultura griega o del arte griego. Todos los libros de la época siguieron el desarrollo histórico. Son historias de artistas antiguos.
Este tratamiento de la materia, aunque puso orden en el caos del siglo precedente, hizo imposible un entendimiento claro del espíritu de la escultura griega, puesto que sobrecargó los libros con ese tipo de hechos que interesan únicamente a los especialistas para usarlos en sus descubrimientos posteriores y no atrajeron verdaderamente a la comunidad artística. Por lo tanto, las discusiones arqueológicas explican en buena medida la desatención actual del arte antiguo por parte de artistas y profanos. Los escritores del siglo XVIII cayeron en la generalización sin tener a su disposición suficientes hechos; los estudiosos del siglo XIX reunieron los hechos y, por lo tanto, nuestro deber actual es presentar las lecciones que se desprenden de los mismos y dar a conocer al lector el espíritu y los principios de la escultura griega.
El espíritu de la escultura griega es el espíritu de la escultura. Es posible sentirlo pero no expresarlo. La razón de que haya perdido actualmente su poder es que únicamente se escucha lo que se ha dicho en vez de entrar en contacto con ella. Los conocimientos encerrados en un libro no sustituyen la familiaridad con las esculturas originales. «Abre los ojos, estudia las estatuas, mira, piensa y vuelve a mirar» es el mandato para todos los que quieran adquirir conocimientos sobre la escultura griega. Es aconsejable aceptar alguna guía inicial para andar sobre seguro, pues ayudan a eliminar los conceptos erróneos que se han extendido. No obstante, las sugerencias a este respecto suelen aportar más que discusiones exhaustivas: estimulan las ideas propias.
Una rápida expansión
La escultura griega se expandió bastante rápido en unas condiciones generalmente consideradas como desfavorables. Pocos países han sufrido cambios tan rápidos como Grecia: la súbita desaparición de la civilización micénica, quizás debida a los dorios, no tiene parangón en la historia. Los tres o cuatro siglos posteriores a la invasión de los dorios (en torno al 1000 a.C.), la oscura Edad Media de Grecia, estuvieron repletos de violentas agitaciones políticas, y todo el período histórico de Grecia estuvo caracterizado por unas condiciones inestables. Los Estados surgían y caían con asombrosa rapidez. Atenas era una comunidad insignificante antes de Pisístrato y apenas se la menciona en los poemas de Homero (en torno al 800 a.C.) Su influencia data de las Guerras Médicas o Grecopersas (490-480 a.C.) pero, antes de que concluyera el siglo, su gloria se había disipado. Alejandro Magno llegó al trono en el 336 a. C.; llevó su bandera hasta la India y, cuando murió, Macedonia ya no estaba destinada a ser una potencia mundial. Pérgamo heredó esta importancia en el 241 a.C. en el reinado de Átalo I y desapareció como potencia principal en el 133 a.C. Se piensa en Estados Unidos como un país joven, pero tiene casi los mismos años que tenía Grecia cuando fue absorbida por Roma y han pasado más años desde la Declaración de Independencia que los que van desde el nacimiento a la caída de Atenas.
El triunfo de unos pocos
Paz y tiempo libre se consideran generalmente los prerrequisitos de un gran período artístico. Ciertamente lo son, pero no deben entenderse sólo como condiciones externas. Lo definitivo no es el entorno de las personas sino su estado mental; tampoco es necesario que todos cuenten con la bendición de un noble. Con frecuencia el fervor de unos pocos ha cosechado los éxitos de un país. Es erróneo atribuir a todos los atenienses, o incluso a la mayoría de ellos, el amor que siente un artista por la belleza. El hombre de clase media, mezquino e injusto, tal y como aparece en las comedias de Aristófanes y en los diálogos de Platón, con su estrechez de miras y su malicia, no explica el repentino ascenso de Atenas, aunque probablemente sí justifica su rápida caída. Fue a pesar de ellos que Atenas ganó su superioridad.
Por lo tanto, en el ámbito del arte no puede sobrevalorarse la importancia de cada artista. Se tiene constancia de que Robert Ball [2] afirmó que los descubrimientos científicos responden a la ley de la necesidad, aunque pueden verse acelerados por la presencia de hombres grandes. Si Watt no hubiera descubierto el poder del vapor otro lo hubiera hecho, y muchos otros podían haber anunciado la teoría de Darwin de la supervivencia del más apto. «No obstante», -añadió Sir Robert- «¿qué sería de la música si Beethoven no hubiera existido?». Esta reflexión también es válida para la escultura y todas las bellas artes que expresan ideas. Algunas de las estatuas griegas más nobles nunca se habrían creado si no hubiera existido Fidias. Un escritor antiguo exclamó: «¿Es que no sabes que hay una cabeza de Praxiteles dentro de cada piedra?». No obstante, podríamos añadir que se necesita a un Praxiteles para sacarla. Solamente después de apartar la caótica masa de roca, sale a la luz la cabeza. La mayoría de nosotros necesitamos la expresión del pensamiento para poder entenderlo. No obstante, no se puede negar la realidad del pensamiento ni siquiera cuando no se sirve de una expresión, porque es independiente de nuestro concepto del mismo.


Cabeza del Dipylón, Dipylón, Atenas, c. 600 a.C. Mármol, altura: 44 cm. Museo Arqueológico Nacional, Atenas


Koré , Delos, c. 525-500 a.C. Mármol, a: 134 cm. Museo Arqueológico Nacional, Atenas
Un pequeño rango de ideas simples
El campo de los pensamientos expresados en la escultura griega era limitado y se apartaba por completo de la complejidad de la era moderna. El encanto del arte griego lo constituyen unas pocas ideas simples bien expresadas. De hecho, en ciertos momentos se ha considerado que una expresión adecuada era parte esencial del arte griego; y mucho se ha hablado de Shelley, Keats y Hölderlin, entre otros, como si fueran griegos, no sólo porque estas personas pensaban del mismo modo que los que vivieron en la antigüedad, sino porque sabían cómo expresar sus sentimientos adecuadamente. No obstante, sólo eran griegos en parte pues les faltaba la segunda cualidad del arte griego: la simplicidad. La simplicidad sincera rara vez es espontánea. La belleza del Partenón es el resultado de una claridad de pensamiento y una sensibilidad enormes. Por eso todo el mundo lo entendió y se convirtió, en palabras de Plutarco, en un clásico el mismo año que se finalizó.
El atractivo de una obra de art

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