Leonardo Da Vinci - El sabio, el artista, el pensador vol 1
131 pages
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Leonardo Da Vinci - El sabio, el artista, el pensador vol 1 , livre ebook

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Description

¿La fuerte vocación de Leonardo hacia la investigación científica le resultó una ayuda o un estorbo en sus logros como artista? Es común que se le mencione como un ejemplo de las posibilidades que existen cuando se unen las artes y las ciencias. En él, se dice, el genio activo recibió un nuevo impulso a través de sus facultades analíticas; la razón reforzó la imaginación y las emociones. […] Profundo conocedor y creador incomparable, es el único hombre en la historia de la humanidad que ha penetrado en la belleza más resplandeciente y que ha unido la ciencia de Aristóteles con el arte de Fidias.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 09 décembre 2019
Nombre de lectures 0
EAN13 9781785256530
Langue Español
Poids de l'ouvrage 21 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0574€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Extrait

Eugène Müntz





L EONARDO DA V INCI
El sabio, el artista, el pensador

Vol. I
Autor: Eugène Müntz
© Confidential Concepts, Worldwide, USA
© Parkstone Press USA, New York
© Image-Bar www.image-bar.com
Weltweit alle Rechte vorbehalten. Soweit nicht anders vermerkt, gehört das Copyright der Arbeiten den jeweiligen Fotografen. Trotz intensiver Nachforschungen war es aber nicht in jedem Fall möglich, die Eigentumsrechte festzustellen. Gegebenenfalls bitten wir um Benachrichtigung.
ISBN: 978-1-78525-653-0
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.
CONTENIDO
Prólogo
Infancia de Leonardo y sus primeras obras
La corte de los Sforza
La Virgen de las rocas y la obra maestra de Santa Maria delle Grazie
Academia de Leonardo
Lista de artistas
Lista de ilustraciones
Notas
Prólogo
No hay nombre más ilustre en los anales del arte y de la ciencia que el de Leonardo da Vinci. Sin embargo, este distinguido genio carece aún de una biografía en la que se conjunte toda su infinita variedad de conocimientos. La gran mayoría de sus dibujos nunca se han publicado. Ningún crítico ha intentado todavía catalogar y clasificar estas obras maestras del buen gusto y el sentimiento. Fue a esta parte de la tarea a la que me dediqué primero. Entre otros resultados, le ofrezco ahora al público el primer catálogo descriptivo y crítico de la incomparable colección de dibujos que se encuentran en el Castillo de Windsor, que pertenece a Su Majestad, la Reina Isabel II.
Entre los muchos volúmenes previos dedicados a Leonardo, los estudiosos buscarán en vano detalles sobre el origen de sus pinturas y el proceso por el cual cada una pasó del boceto primario a la ejecución final. Leonardo, como se demuestra de forma concluyente en mi investigación, logró alcanzar la perfección sólo a fuerza de un trabajo infinito. Fue debido al trabajo inicial realizado con tanta minuciosidad, con el ardiente deseo de lograr algo perfecto, que la Virgen de las rocas , la Mona Lisa (véase el vol. II, p. 163) y Santa Ana son obras tan llenas de vida y elocuencia.
Sobre todo, se requirió del resumen y análisis de los manuscritos científicos, literarios y artísticos, cuya publicación completa iniciaron, en nuestra propia generación, estudiosos como Richter, Charles Ravaisson-Mollien, Beltrami, Ludwig, Sabachnikoff y Rouveyre, y los miembros de la Academia romana de “Lincei”.
Gracias a un examen metódico de estas monografías sobre el maestro, creo haber podido penetrar más profundamente que mis predecesores en la vida interior de uno de los personajes que más admiro. Me gustaría dirigir especialmente la atención de mis lectores a los capítulos que tratan de la actitud de Leonardo hacia las ciencias ocultas, de la importancia del maestro en el campo de la literatura, de sus creencias religiosas y principios morales, así como de sus estudios de modelos antiguos, mismos que, como se verá, anteriormente eran motivo de controversia. He intentado además reconstruir la sociedad en la que vivió y trabajó el maestro, en especial la corte de Ludovico el Moro en Milán, el interesante y sugerente centro al que puede referirse la evolución general del Renacimiento italiano.
Largas horas de lectura me han permitido encontrar un nuevo significado en más de una de sus pinturas y dibujos, así como descubrir la verdadera aplicación de más de una nota en sus manuscritos. Sin embargo, no me ufano de haber resuelto todos los problemas. Una empresa del calibre de ésta a la que me he dedicado exige la colaboración de toda una generación de estudiosos. El esfuerzo individual no es suficiente. Por lo menos puedo decir que he discutido opiniones que no pueden compartirse con moderación y cortesía y esto deberá granjearme cierta indulgencia por parte de mis lectores.
Me queda el grato deber de agradecer a numerosos amigos y corresponsales que han sido tan amables de ayudarme en el curso de mis largas y laboriosas investigaciones. Aunque son demasiados para mencionarlos individualmente, he cuidado de que quede asentada la deuda que tengo con cada uno de ellos, en la medida de lo posible, dentro del volumen mismo.
E UGÈNE M ÜNTZ
P ARIS , Octubre1898


1. Autorretrato , c. 1512. Tiza roja en papel, 33,3 x 21,3 cm. Biblioteca Reale, Turín.
Infancia de Leonardo y sus primeras obras
Leonardo da Vinci es el representante más completo del espíritu nuevo, la más alta personificación de la alianza del arte y la ciencia: pensador, poeta, fascinador sin rival. Al recorrer su obra, de una incomparable variedad, hasta en sus fantasías se encuentran -para emplear, ligeramente modificada, la feliz expresión de Edgard Quinet- “las leyes del Renacimiento italiano y la geometría de la belleza universal”.
Si además de un pequeñísimo número de composiciones terminadas - La Virgen de las rocas, La Última Cena , Santa Ana, La Gioconda-, la obra pictórica o escultórica del maestro ofrece fragmentos maravillosos, su obra dibujada nos adentra en toda la ternura de su corazón, en la riqueza austera de su imaginación. Acerca de ese aspecto conviene insistir en primer lugar.
Dos períodos de la vida humana han llamado particularmente su atención: la adolescencia y la vejez -la infancia y la edad madura le preocuparon con menor intensidad-. Así, nos ha dejado una larga serie de tipos de adolescentes soñadores y entusiastas.
No conozco en el arte moderno figuras más verdaderamente libres, altivas, espontáneas y, digamos la palabra, más divinas, para oponer a las maravillas del arte antiguo. Aladas, diáfanas y, sin embargo, llenas de verdad, evocan, gracias al genio de Leonardo, regiones más perfectas que aquellas a las que tienen por misión llevarnos. Tomemos en el Museo del Louvre dos cabezas que forman pareja: una ilustra la belleza antigua; otra, la belleza propia de los hombres del Renacimiento. La primera representa a un adolescente con el perfil limpio y puro como un camafeo griego, con el cuello desnudo, los largos cabellos artísticamente rizados y ceñidos por una corona de laurel. La segunda nos ofrece la misma fisonomía, pero adaptada a lo italiano, con más vida y fogosidad: una pequeña toca en la cabeza, coquetamente llevada; en los hombros, indicios de un jubón. El historiador Séailles [1] ha mostrado en Leonardo al verdadero precursor de Bacon. Algunos hombres geniales -Arquímedes, Cristóbal Colón, Copérnico, Galileo, Harvey, Pascal, Newton, Lavoisier, Cuvier- han vinculado sus nombres a descubrimientos más ruidosos. Pero ¿alguno de ellos ha reunido esa universalidad de condiciones innatas, ha mostrado una curiosidad tan apasionada, un ardor tan penetrante en el estudio de las disciplinas más variadas, ha tenido esos relámpagos de genialidad y esa intuición reveladora de los vínculos ignorados entre hechos susceptibles de ser agrupados en una visión de conjunto? No se podrá menos que deplorar la especie de pudor y de repulsión que le inspiraba la imprenta. Si sus escritos hubiesen sido publicados, se habría adelantado un siglo el desarrollo de las ciencias. Mientras un cualquiera, como su amigo fra Luca Pacioli, se presenta ante el público llevando en la mano varios volúmenes en bellas letras de molde, Leonardo, por timidez o por orgullo, quedó completamente inédito hasta el último suspiro.
He aquí, en rápidas pinceladas, algunos de los rasgos que han hecho de Leonardo, junto a Miguel Ángel y Rafael, el gran maestro del sentimiento, del pensamiento y de la belleza.
Es hora ya de emprender detalladamente el análisis de tantas maravillas; diría de tantos esfuerzos supremos, si la obra de Da Vinci no fuese tan sana, tan normal, tan profundamente vívida.
Empecemos por estudiar los orígenes y los inicios de este taumaturgo.
El pintor de La Última Cena y de La Gioconda, el escultor de la estatua ecuestre de Francesco Sforza, el sabio genial, nace en 1452 en la orilla derecha del Arno, en Empoli, entre Florencia y Pisa. El caserío de Vinci, donde vio la luz, se encuentra como perdido en los pliegues y repliegues que forman el Monte Albano. Por un lado, la llanura, con el río, tan pronto seco como haciendo correr ruidosamente sus aguas amarillentas; por otro, el paisaje más accidentado de montículos sin fin, cubierto de villas; después, de vez en cuando, algún macizo más importante cuya cima pelada se cubre, al ponerse el sol, de reflejos violáceos.


2. Virgen con una flor (La Virgen Benois) , 1475-1478. Óleo sobre tela transferido de madera, 49,5 x 33 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo.


3. Cimabue,

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