La Virgen en el Arte
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Description

La Virgen María ha sido motivo recurrente desde hace dos mil años en el mundo del arte, como símbolo primario de una maternidad excepcional que irradia juventud, ternura y compasión. Los artistas, que siempre han encontrado en ella una fuente inagotable de inspiración, han venido utilizando la imagen de la Virgen María para ofrecernos un reflejo de nuestros propios sufrimientos y de nuestras alegrías.
La autora, Kyra Belán, nos guía en un viaje fascinante en el que analiza el significado profundo que puede encontrarse en las imágenes de la Virgen, desde interpretaciones personales, hasta reflejos espirituales que reverberan a nivel universal. Estas obras, que marcan épocas en la historia, nos ofrecen un maravilloso comentario visual en relación con el progreso del arte occidental, así como un registro sorprendente del estado cada vez más elevado de las mujeres en la sociedad. Con más de 200 ilustraciones, dos mil años de historia humana se expresan en una sola imagen, la de la Santa Virgen, la madre de Cristo.

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Informations

Publié par
Date de parution 09 décembre 2019
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644617922
Langue Español
Poids de l'ouvrage 11 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0027€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Agradecimientos
Agradezco profundamente a los artistas que crearon las imágenes maravillosas de la Madona, pues sin sus contribuciones este libro no existiría. Además, le agradezco a Charles Martin por su consideración y paciencia, que fue en verdad de gran ayuda, y a Betty Owen, quien leyó el manuscrito original y realizó comentarios editoriales muy valiosos. Mi agradecimiento especial a Aurélia Hardy, por su ayuda en mi investigación, lo mismo que a Emily Nangle, Cornelia Sontag y Jean-Paul Manzo.
Traducción: Héctor Daniel Suárez Relaiza
Revisión versión en español: Ana María Escallón
Diseñado por:
Baseline Co Ltd
Vietnam
© Confidential Concepts, worldwide, USA
© Parkstone Press International, New York, USA
Image-Bar www.image-bar.com
© Sirrocco, Londres, Reino Unido (edición en español)
© Artists Rights Society, New York/ADAGP, Paris (pictures 195 , 198 )
© Artists Rights Society, New York/VEGAP, Madrid (pictures 196 , 197 )
© Estate Kingdom of Spain, Gala-Salvador Dalí Foundation / Artists Rights Society, New York, USA / VEGAP, Madrid (pictures 189 , 190 , 192 , 208 )
© Kyra Belán (pictures 205 , 206 , 207 )
© Banco de México Diego Rivera & Frida Kahlo Museums Trust. Av, Cinco de Mayo No. 2, Col. Centro, Del. Cuauhtémoc 06059, México, D.F./Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, México (pictures 193 , 194 )
© Estate of Alice Neel. Courtesy Robert Miller Gallery (picture 199 )
© Helen Chadwick and Edward Woodman. The Helen Chadwick Estate/V. & A. picture library (picture 204 )
ISBN: 978-1-64461-792-2
Ninguna fracción de esta publicación puede ser reproducida o adaptada sin permiso del propietario de los derechos de autor, a lo largo del mundo. A menos que se especifique de manera contraria, los derechos de reproducción sobre los trabajos reproducidos permanecen con los respectivos fotógrafos.
La Virgen en el arte
Del arte medieval al moderno



“ A nuestra Señora de Guadalupe,
madre del Viejo y del Nuevo Mundo,
con gratitud ”



Kyra Belán






Fig. 1 . La Virgen de Vladimir, c. ss. XI-XII. Galería Tretyakov, Moscú.
Contenido
Introducción
Capítulo I De Principios A Finales De La Edad Media
Capítulo II El Renacimiento
Capítulo III El Barroco
Capítulo IV Los Siglos XVIII Y XIX
Capítulo V El Siglo XX
Conclusión
Bibliografía
Lista De Ilustraciones
Notas
Fig. 2 . María como Sofía en el trono del León. c. 1150. Manuscrito iluminado. The Bodleian Library, Oxford, Inglaterra.
INTRODUCCIÓN

La imagen de la Madona ha estado presente en las artes del mundo occidental durante casi dos mil años. En estas culturas eurocéntricas, ella representa la forma más pura de amor incondicional y se distingue como la que alimenta compasiva y misericordiosamente a la comunidad cristiana. La Madona también es considerada la madre amorosa y protectora de toda la humanidad. Sus fieles creen que sólo ella puede comprender íntegramente el sufrimiento, las pasiones y la felicidad humana; ella perdona, intercede y consuela, y es la conexión entre los seres vivos y su Dios. Ha sido venerada como la Reina de los Cielos, la Madre de Todo y como la encarnación de la compasión. Se muestra desinteresada, humilde, compasiva y representa la espiritualidad femenina dentro del cristianismo. Es conocida, además, como la Virgen María, Nuestra Señora, la Reina de los Cielos y la Santa Madre de Dios.
Durante siglos, la Madona ha inspirado a miles de artistas que trabajaron innumerables horas para crear sus imágenes con diferentes estilos, materiales y técnicas. Este inmenso conjunto de obras de arte, un legado de grandes proporciones, representa una cultura que todavía domina el mundo. Museos de arte, galerías y palacios, además de colecciones privadas, están colmados de sus imágenes.
A través de los siglos, las imágenes de la Virgen fueron creadas de acuerdo con las interpretaciones religiosas de las creencias, los mitos, la iconografía y el simbolismo predominante en ese momento. En la actualidad, María representa diferentes cosas para distintas personas, pero su mensaje universal de amor incondicional está al alcance de todos. La prueba de la devoción mariana contemporánea puede encontrarse en las frecuentes apariciones de María en todo el mundo y en su presencia destacada en Internet.
Las imágenes de María son conocidas por casi todas las personas de este planeta. A medida que pasaron los siglos y que las funciones de la mujer dentro de la sociedad se fueron modificando, disminuyendo o aumentando, la función de la Madona se comprendió e interpretó de una nueva manera. El debate sobre la naturaleza divina de María, su dogma, sus símbolos convencionales y ocultos y sus orígenes, continúa entre los teólogos, los filósofos y los sociólogos del nuevo milenio. Si bien los artistas modernos ya no están obligados a producir imágenes religiosas, muchos, en particular las mujeres, se sienten inspirados por su rol tradicional o contemporáneo. Para crear su arte, a menudo eligen nuevas formas de expresión artística.


Fig. 3. El maestro, los pupilos, el devoto y el niño. Siglo III. Pintura sobre pared de una luneta. Catacumba de Santa Priscila, Roma.
La presencia de María en la civilización occidental tiene una vasta historia de transformación teológica. Los intelectuales coinciden en que en los primeros tiempos de la cristiandad había otros rostros femeninos de espiritualidad más importantes, como Sofía, que se consideraba el aspecto femenino del complejo Dios cristiano. Hagia Sophia, Santa Sofía ( fig. 2 ), representaba la Divina Sabiduría y era glorificada como cocreadora, junto con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En los comienzos del cristianismo, en especial en Europa oriental, se creía que el Espíritu Santo era femenino. No obstante, por lo general se glorificaba a Sofía como el aspecto femenino de la divinidad [1] . A medida que decrecía la popularidad de Sofía entre el clero, que generaba los dogmas, la popularidad de la Virgen María, la Madre de Dios, se incrementaba gradualmente. Una de las primeras imágenes de María que aún perdura data del siglo II o III y se encuentra en la gruta de la Dama del Velo, en la catacumba de Santa Priscila, Roma. Esta imagen la representa en compañía de una figura femenina ubicada en el centro, quizá una imagen temprana de Sofía, y otras siluetas, posiblemente de Jesús con algunos discípulos, a la derecha. La Virgen María, sentada con su hijo en brazos, se halla a la izquierda ( fig. 3 ).
En el siglo VI, la presencia de la Madre de Dios se consolidó dentro del dogma religioso cristiano en toda Europa, incluso en el Imperio Bizantino. Esta afirmación neutralizó con eficacia la amenaza de una religión contraria: la de Isis, la gran diosa de Egipto. Durante los primeros siglos de nuestra era [2] , la imagen de María era con frecuencia similar y hasta se confundía con la imagen de la diosa egipcia, cuya religión había existido durante miles de años. Como la Madona, la diosa Isis también tiene un hijo divino, Horus, y los artistas a menudo la representaban con su precioso bebé sobre la falda, amamantándolo ( fig. 4 ). Una de sus características principales era la de una madre dando alimento; al igual que María, reflejaba una divinidad compasiva y bondadosa, dedicada, al fin de cuentas, al bienestar de las personas [3] .


Fig. 4. Isis, Diosa Madre del mundo, amamantando a su hijo Horus. Entre los siglos IV y II a.C. Piedra. Museo Fitzwilliam, Cambridge, Inglaterra.
Existen varias similitudes entre los mitos de María y los de Isis: ambas concibieron sus hijos de manera inusual y se creía que eran extremadamente bondadosas y receptivas con las promesas y plegarias de sus fieles. Las dos eran consideradas protectoras de los niños y de las mujeres necesitadas y afligidas, y eran pródigas en la cantidad de milagros que concedían. Varios de los templos de María fueron construidos donde se encontraban los antiguos santuarios en los que se adoraba a Isis. La mayoría de gente no veía muchas diferencias entre las dos figuras divinas femeninas. Los primeros devotos cristianos percibían a su Madona como la nueva interpretación de la ancestral gran diosa Isis.
La religión de la diosa Isis duró por lo menos cuatro mil años. Sin embargo, una nueva evidencia sugiere que la diosa habría perdurado más de seis milenios.
Si bien en un principio era una diosa egipcia, Isis fue adorada en casi todo el mundo antiguo, lo que incluye una parte sustancial de Europa. Era la hija de una divinidad egipcia anterior, Nut, la diosa del cielo. Isis también era considerada una versión más reciente de dos diosas egipcias que cronológicamente la precedieron, Hator y Sekhmet. Como la gran Sekhmet, Isis era una diosa del sol, y como Hator, poseía poderes lunares. Los artistas utilizaron un sinnúmero de símbolos, entre ellos distintas plantas y animales, para representarla en muchos aspectos. Numerosos símbolos de Isis fueron incorporados con posterioridad en la iconografía de la Virgen María. En el año 431, el concilio de Éfeso del Imperio Bizantino declaró a la Virgen María como la Theotokos, o la Madre de Dios. Este acontecimiento fue seguido por una creciente productividad artística de sus imágenes.
Sin embargo, durante los siglos VII y VIII, debido a las disputas teológicas dentro del cristianismo, varios iconos de María fueron destruidos. El clero cristiano oriental reconocía a sus emperadores como líderes de la Iglesia, y en el año 726, León III, emperador bizantino, inició un movimiento llamado Iconoclasia. Los promotores del movimiento temían que la población adorara los iconos de los personajes religiosos cristianos en lugar de los conceptos que ellos representaban. Durante el siglo VIII, el movimiento iconoclástico prohibió todas las imágenes sagradas que se encontraban dentro del Imperio Bizantino, afirmando que los devotos veneraban las imágenes, en vez de los seres espirituales. No obstante, esta decisión fue revertida en el siglo siguiente, con lo que la creación de iconos dedicados a la Virgen María comenzó de nuevo con fervor ( fig. 5 ) [4] .


Fig. 5. La Virgen y el Niño. Siglo IX. Mosaico. Hagia Sophia, Constantinopla (Estambul).
Aparte de la diosa Isis, estatuas o iconos de otras diosas paganas eran reinterpretadas con frecuencia como imágenes de María durante los primeros años de la cristiandad. Una de ellas fue la antigua diosa griega de la tierra, Deméter ( fig. 6 ), madre de Perséfone o Coré, la diosa de la primavera que renacía. Otra diosa griega de ese tipo era Artemisa, identificada con la Diana de los romanos.
Cibeles ( fig. 7 ), originaria del Cercano Oriente, también es vista con frecuencia como una versión anterior de María. Cada una de estas diosas tenía una historia de veneración, para glorificarlas se celebraban complejos rituales y se construían numerosos templos para adorarlas.
Quizá el templo más interesante era el dedicado a la diosa Artemisa, el cual se hallaba ubicado en la antigua ciudad de Éfeso.
Incluso hoy, sus ruinas son admiradas y estudiadas a fondo, y reflejan el gran amor y respeto que la diosa recibió de sus devotos a lo largo de los milenios.
Su extraordinaria estatua, que la representa como la Gran Madre, es testimonio de su función de fortalecedora de la humanidad en tiempos ancestrales en toda Europa y el Cercano Oriente. Su cuerpo está cubierto por frutas y animales, elementos que se consideraban sus atributos ( fig. 8 ).
Llevada de Anatolia al Imperio Romano, Cibeles, adorada como la diosa creadora, inspiró un templo que estaba ubicado donde hoy se encuentra la basílica de San Pedro en Roma.


Fig. 6. Deméter sosteniendo granos y vainas de amapola entre serpientes. c. ss. III y II a.C. Terracota. Museo Nacional de las Termas de Diocleciano, Roma.


Fig. 7. Cibeles con una paloma y una pátera. Entre los siglos III y II a.C. Museo Arqueológico Nacional, Reggio di Calabria, Italia.


Fig. 8. Artemisa de Éfeso. Hacia los siglos I y III. Bronce ennegrecido y alabastro. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.
Durante esos años las sociedades patriarcales, recién establecidas, mantuvieron componentes matriarcales fuertes, firmemente incorporados en su cultura. Por tal motivo, las mujeres tenían considerables derechos y poderes en la comunidad.
En consecuencia, los poderes espirituales femeninos eran exaltados dentro de sus construcciones religiosas. Las divinidades de ambos géneros eran adoradas en estas sociedades con la misma veneración y reverencia. Una serie de estas diosas y dioses de las religiones del mundo antiguo se convirtieron más tarde en populares santos cristianos y muchas iglesias fueron consagradas a ellos.
Incluso las interpretaciones de las imágenes de diosas y templos, creados por los artistas del mundo pagano, se elaboraron sobre el arte producido por hombres y mujeres prehistóricos para alabar a la Madre de Dios.
Las primeras imágenes de la gran diosa del Neolítico y Paleolítico europeo, que sobrevivieron la prueba del tiempo, se tallaban con frecuencia en rocas. Marija Gimbutas, arqueóloga y autora de varios volúmenes de libros de la historia de las culturas matriarcales prehistóricas de Europa, describe en detalle las sociedades que produjeron las imágenes de la Diosa Madre. Estos sistemas sociales prehistóricos eran matriarcales.
El dios creador era concebido en forma femenina, ya que las creencias de la gente reflejaban un orden social que en esencia era organizado e implementado por las mujeres de estas culturas. Se han descubierto abundantes imágenes que representan el sistema de creencias religiosas más antiguo de la humanidad, las cuales pueden apreciarse en importantes museos del mundo.
Se considera que la Venus o Diosa de Willendorf es la primera de estas imágenes en Europa ( fig. 9 ), y data de alrededor de 35.000 años a.C. Estos iconos prehistóricos de las diosas son los ancestros más distantes de María.


Fig. 9. La Venus (Diosa) de Willendorf. Entre el 35.000 y 25.000 a.C. Museo de Historia Natural, Viena, Austria.
Bajo el orden social estrictamente patriarcal de los últimos dos milenios, la función del género femenino fue definida con claridad como subordinada y menos valiosa que la del masculino. No fue posible, por tanto, seguir sosteniendo una creencia en una divinidad femenina dentro del dogma cristiano.
No obstante, la Madona retuvo su estado divino oculto, a menudo perceptible a través de los mensajes simbólicos incorporados en su iconografía por los artistas que crearon sus imágenes.
En los últimos cinco siglos, a medida que el mundo occidental ampliaba sus fronteras al resto del mundo, se construyeron nuevos templos dedicados a la Virgen María, directamente sobre los emplazamientos de estructuras antiguas de la Diosa Madre de las culturas indígenas.
Luego de la conquista de América, países como México y Perú hicieron una contribución artística significativa de imágenes dedicadas a María. Como sus pares europeas, éstas a menudo representaban a la Santa Virgen como la Madona Negra, considerada la más milagrosa y poderosa.
En el Nuevo Continente, a la Virgen María se le dio la función de diosa madre regional, convirtiéndose en la patrona de una zona en particular o de todo un país. Otros símbolos, que antes representaban a las divinidades nativas, fueron incorporados en la iconografía mariana.
En consecuencia, las nuevas poblaciones veían a la Virgen María como la Madre de Dios cristiana, y, al mismo tiempo, como la Madre de Dios indígena de las civilizaciones anteriores que habían sido conquistadas.
Todo indica que la función de la Madona todavía se encuentra en evolución: las tradiciones, los orígenes, el dogma, los mitos y la cantidad creciente de símbolos, además de los arquetipos, siguen rodeando la enigmática imagen de la Virgen María. Como prototipo de espiritualidad y perfección de la feminidad, la Madona se asoma inconmensurable.
Este libro le ofrece al lector lo mejor del arte que se haya producido a través de los tiempos para alabar a María. Estas obras fueron creadas por muchos individuos, que intentaron transmitir y explicar la profundidad de los sentimientos y las convicciones de sus culturas con respecto a la Gran Madre, desde distintos puntos de vista y utilizando el lenguaje visual que estaba a su alcance.
Fig. 10. Simone Martini, La Madona del signo, témpera, 30,5 x 21,5 cm. Museo del Ermitage, San Petersburgo.
CAPÍTULO I DE PRINCIPIOS A FINALES DE LA EDAD MEDIA

Las primeras imágenes de María probablemente fueron incorporadas en los comienzos de la iconografía cristiana durante los siglos II y III. Éste era un momento en la historia humana en el que la sociedad estaba dedicada a despojar a las mujeres de los derechos y poderes que les quedaban, y los vestigios de los antiguos derechos matriarcales fueron suprimidos del orden patriarcal prevaleciente. Los evangelios del Nuevo Testamento, aceptados de manera oficial, fueron escritos por hombres para un sistema social patriarcal; en estos textos se realizaban muy pocas referencias a la Madona. Ni María ni su hijo, Jesús, escribieron documento alguno, y el primer evangelio oficial, que se cree fue escrito por Marcos, se completó en su versión sin editar en el año 66. Aparentemente, la segunda versión oficial de los evangelios fue la escrita por Lucas en el año 80, seguida de inmediato por la versión de Mateo. Es posible, de todos modos, que la versión de Juan sea en realidad la primera, escrita alrededor del año 37, ya que incluye más detalles, lo que ha hecho que muchas personas crean que tal vez esta versión sea la más cercana a los acontecimientos reales de lo que sucedió en las vidas de María y de su hijo, Jesús [5] . Estas narraciones sobre la historia de Jesús mencionaban a su madre en muy pocas ocasiones y no eran suficientes para satisfacer a la gente que, a pesar de que los patriarcas restaban importancia a las mujeres, deseaba desesperadamente una figura femenina divina para adorar y venerar. La añoranza por la Gran Madre, poderosa pero amable, no pudo silenciarse y continuó la adoración de las diosas de las religiones antiguas, como Isis, Cibeles, Deméter, Afrodita y Atenea. La veneración a Isis era tal vez la más generalizada, lo que representaba una gran amenaza para la incipiente devoción cristiana.
Esta nueva religión cristiana necesitaba su propia Gran Madre, y esta necesidad se puso de manifiesto, primero en las interpretaciones iniciales de que el Espíritu Santo era mujer y, luego, de que Sofía era la Sabiduría de Dios [6] . Estos poderosos prototipos femeninos de la nueva religión, predominantemente patriarcal, pronto fueron eclipsados por la inclusión de María, la Madre de Cristo. Desde el comienzo, la Madona fue vista como el símbolo mismo de la Madre de la Iglesia. Por consiguiente, la devoción a María surgió, de la noche a la mañana, a partir de la información mínima obtenida de los cuatro evangelios oficiales, de deducciones derivadas del libro del Apocalipsis y de información de los textos apócrifos. Estos últimos escritos, rechazados oficialmente, eran derivados de los primeros evangelios anteriores y contenían más información acerca de la vida de María, un hecho que puede indicar la creciente necesidad de los creyentes cristianos de glorificarla y venerarla.
Al reunir la información de todas las fuentes y embellecerla con mitología popular adicional, con frecuencia derivada de mitos de antiguas diosas, nació la compleja devoción a la Virgen María. No obstante, el tema, primordialmente patriarcal, de la virginidad de María y del alumbramiento en estado virginal fue mencionado brevemente en sólo dos de los cuatro evangelios aceptados: los de Mateo y Lucas. Aun así, la posibilidad de que la palabra “virgen”, o almah , utilizada en estos textos, no fuera una palabra que definiera a una virgo intacta , sino simplemente un término que designara a una mujer joven, ofrecería un fundamento contra el tema del alumbramiento virginal durante los siglos venideros [7] .
La presencia de la Madona fue fundamental para la aceptación universal del cristianismo en Europa oriental y occidental; su presencia creó un puente que permitió a los seguidores de religiones que adoraban a diosas matriarcales unirse a la nueva devoción patriarcal. El clero poco a poco desarrolló un complejo dogma mariano, siempre en respuesta a las necesidades y a los deseos del público de venerar a esta divinidad. En muchos casos, las proclamaciones dogmáticas oficiales estaban rezagadas de las creencias de las personas y las interpretaciones artísticas de María realizadas durante varios siglos. Los artistas siempre escucharon cuidadosamente los deseos de las masas y desarrollaron un abundante conjunto de símbolos, prototipos y temáticas que les permitió interpretar con éxito los sucesos sagrados y las visiones de la mariología.
Sin embargo, el dogma cristiano de los primeros siglos incluía otra imagen femenina poderosa: la misteriosa Sofía, o la Palabra de Dios, como el elemento femenino dentro de la creación. Muchas de las primeras imágenes estaban dedicadas a ella, y María, la Madre de Dios, con frecuencia era representada como María/Sofía. Además, las semejanzas entre las imágenes de María y las de Isis contribuyeron a que un gran sector de la población medieval, que antes adoraba a la diosa egipcia y a otras divinidades femeninas, aceptara el cristianismo. Este último acontecimiento unificó y consolidó al cristianismo como la religión predominante, tanto del este como del oeste de Europa. Los artistas marianos adoptaron de inmediato numerosos símbolos de las diosas con fines iconográficos, lo que permitió, además, que los creyentes pensaran que su Madre Universal era tan importante como las divinidades femeninas de sus religiones anteriores [8] .
En respuesta a las necesidades de la población cristiana que buscaba un principio divino femenino, gradualmente se creó y se refinó la iconografía, la devoción y el dogma mariano. Pero los padres de la Iglesia eran extremadamente conscientes de que su religión ascética, que veía la sexualidad como una forma de maldad y a las mujeres como más sexuales y físicas que los hombres, necesitaba fortificar y reafirmar la virginidad de María para separarla aún más de la condición del resto de las mujeres, que creían malvadas e inferiores a los hombres.


Fig. 11. Jorge de Antioquía a los pies de la Virgen. Mosaico. Martorana, Palermo, Sicilia.
Puesto que sólo un ser perfecto podría engendrar un hijo divino, los padres de la Iglesia plantearon y proclamaron no sólo la perpetua virginidad de la Madona, sino también la concepción inmaculada o nacimiento sin la mancha del pecado original. También se aseguraron de que no se aceptaran mujeres en el sacerdocio [9] .
El mito del alumbramiento virginal no es exclusivo del cristianismo. En muchas religiones antiguas y paganas las diosas concebían sin ayuda alguna de un dios, fenómeno conocido como partenogénesis. Mientras que en la Europa prehistórica y en otros sitios el creador era adorado en la forma femenina, al final de los tiempos prehistóricos la Gran Diosa Madre se multiplicaba para dar a luz a la primera divinidad masculina. Más tarde, en la antigua Grecia y Roma, muchos héroes y otras importantes figuras históricas masculinas afirmaban haber nacido de una mujer por el poder del Espíritu Santo. Varias versiones iniciales del milagro del nacimiento cristiano fueron adaptadas por los primeros teólogos. En Europa oriental, como el género del Espíritu Santo todavía no estaba claro, fue visto como un Dios-Madre que tomaba posesión del cuerpo de María hasta el día del nacimiento del Niño. La paloma -símbolo del Espíritu Santo- era la representación sagrada, entre los griegos y los romanos, de Afrodita, la diosa del amor.
El cambio de género de “ella” a “él” en el idioma latín transformó al Espíritu Santo femenino en el spiritus sanctus masculino, y en Europa occidental apareció la iconografía masculina para las imágenes con el tema de la Anunciación, lo que pronto se estableció como la interpretación correcta del dogma. Aunque el milagro de un alumbramiento virginal tenía una larga tradición previa al cristianismo que abarcaba miles de años de religiones anteriores, la validación cristiana del Hijo de Dios, hecho hombre, necesitaba aún más justificación. María fue declarada virgen perpetua, incluso cuando estaba embarazada y durante el parto. El milagro era más difícil de explicar que el del alumbramiento virginal por sí solo.
Aunque el concilio de Trento, celebrado entre 1545 y 1563, apoyó esta creencia, siglos más tarde “el concilio Vaticano de 1964 se abstuvo de proclamarlo un artículo de fe” (Warner, p. 45). María surgió en el cristianismo como una divinidad matriarcal, una madre que trajo un hijo al mundo sin participación alguna de un hombre; y la Iglesia patriarcal usó durante siglos su virginidad sagrada para desvalorizar y degradar a las mujeres. Sus vientres carnales, no virginales, que producían cuerpos de niños, eran considerados inferiores ante la función “más espiritual” del padre en la reproducción. La Virgen del cristianismo era considerada casta, mientras que la partenogénesis y la virginidad de las diosas previas al cristianismo no implicaban su abstinencia de compañía masculina, humana o divina. El estado virginal de María, a fin de cuentas, fue primordial para los líderes de la Iglesia, pues no sólo representaba la aversión de la Iglesia a la sexualidad, en especial de las mujeres, sino también una nueva esperanza de redención del pecado original, una redención de los pecados de la Eva sexual que había hundido a toda la humanidad en su existencia pecadora e inferior.


Fig. 12. La Virgen de Rocamadour. Escultura que data de alrededor del año 1000 d.C.
En realidad, la Virgen era vista como la segunda Eva, la redentora perfecta que mataría a la serpiente de la corrupción y salvaría a la humanidad de la transgresión malvada y de la desobediencia al Dios patriarcal cometidas por Eva. Según el dogma, María era la virtud y la obediencia perfecta hacia el mismo Dios y el ejemplo ideal que alentaría a las mujeres y a los hombres a permanecer vírgenes como ella. Cristo, encarnado por medio de la Virgen, también era considerado virginal.
Por tal motivo, María y Jesús estaban destinados a salvar a la humanidad de la corrupción de la carne, de la sexualidad y, finalmente, de la muerte. La Inmaculada Concepción de la Virgen fue otro requisito previo para alcanzar la pureza y la perfección de la Madona (aunque no fue proclamada oficialmente como dogma sino hasta 1854). Se creía que había nacido sin la mancha del pecado original, ya que las personas veían en ella la encarnación del Espíritu Santo y Sofía.
Como Madre de la Iglesia, era eficaz para ubicarla sobre los gobernantes de la tierra. De esta manera, María fue elevada por el clero al estatus de Reina de los Cielos, la soberana militante del mundo, lo que aspiraba a ser la Iglesia misma [10] .
La adoración de María inspiraba temas específicos en las artes visuales. Los artistas formularon claramente varios mitos que acentuaban sucesos marianos importantes. Estos temas incluían episodios de su infancia, su compromiso con José, la anunciación del arcángel Gabriel de la concepción de su hijo Jesús, la visita de María a Isabel, el nacimiento de Jesús (la Natividad), la huida a Egipto, el lamento de María sobre el cuerpo de Cristo, su muerte, su Asunción al reino celestial, su coronación como Reina de los Cielos y sus múltiples apariciones.
Otras imágenes revelaron su función de protectora de las personas o dadora de abundancia; María como Sofía, María como la nueva Eva, María como la Reina de los Cielos y María como la Salvadora y autora de milagros, en particular en su función como la Madona Negra. Estos temas se originaron en los tiempos medievales y permanecieron en el arte como fórmulas bien definidas durante siglos.
Durante los primeros trece siglos del cristianismo, los artistas emplearon un estilo abstracto para representar a María. Este enfoque, usado para toda la iconografía cristiana, era coherente con el rechazo de la sensualidad humana por parte de la Iglesia: la doctrina cristiana, a diferencia de las antiguas religiones fundamentadas en la tierra, dividía al mundo en el reino terrenal y el reino celestial; de estos dos, el último era el más deseable. La espiritualidad equivalía a la desmaterialización, a la separación del alma del cuerpo, a la ausencia de todo sentimiento sexual y sensual y al valor sublime de la virginidad.
Muchas obras de arte del comienzo del cristianismo fueron creadas por el clero, los monjes y las religiosas en los claustros y monasterios. Se consideraba que un estilo abstracto y lineal era el más apropiado para transmitir un mensaje espiritual.
La Madona Negra
La devoción por la Madona Negra, una intercesora milagrosa y compasiva para sus seguidores, fue ampliamente generalizada durante los primeros siglos del cristianismo y llegó a su punto más alto en los siglos XI, XII y XIII en Europa, en especial en Francia y España. Una gran cantidad de iconos originales los sustrajeron de sus emplazamientos por robos y fueron reemplazados por réplicas más nuevas que, no obstante, eran veneradas de igual manera. Las representaciones de la María Negra o de piel oscura, con frecuencia en estatuas, pueden rastrearse hasta el culto de la Diosa Madre, de quien heredó muchos de sus atributos y poderes. Las variantes de esta diosa incluían a Cibeles, a Artemisa/Diana y, por supuesto, a Isis.
Todas estas diosas tenían lugares sagrados con altares y, algunas veces, eran representadas con piel oscura. En ese aspecto, las imágenes mismas y las ubicaciones de estos templos eran consideradas misteriosamente poderosas y capaces de producir milagros. Una de esas estatuas, entre las más antiguas de la Madona Morena, es la de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en su santuario en España. Los registros indican que la estatua y el templo fueron un importante centro de devoción mariana desde antes del siglo VII. Posteriormente, la estatua fue enterrada para salvarla de una invasión extranjera y luego redescubierta durante el siglo XII, cuando volvió a convertirse en un importante centro de peregrinación [11] . La doctrina cristiana en ese momento destacaba a María como la figura femenina suprema dentro del dogma oficial, pero la población medieval tenía una mentalidad propia y siempre creyó que su Virgen era completamente divina. El sentido común le indicaba a la gente que ella, como madre de un dios, debía ser una diosa.
La estatua de la Virgen de Guadalupe está cubierta con prendas bellamente bordadas y todavía atrae multitudes de creyentes que esperan que les conceda más milagros ( fig. 13 ). Durante el siglo XVI, en México se realizó una nueva representación de Nuestra Señora de Guadalupe y, hasta la fecha, el lugar y la imagen atraen a muchos fieles y turistas. Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México está declarada oficialmente como la protectora de los mexicanos.


Fig. 13. Nuestra Señora de Guadalupe. c. siglo VII. Guadalupe, España.
Otra poderosa y amada Madona Negra es Nuestra Señora de Montserrat de España ( fig. 15 ). La historia de las peregrinaciones registradas a su santuario, ubicado en Cataluña, comienza a principios del siglo XII, cuando se propagó por Europa la información acerca de sus curaciones milagrosas. El lugar de emplazamiento es un sitio de la orden de los jesuitas y aún hoy es famoso como destino de peregrinación. La estatua de esta Madona Negra la muestra sentada en su trono, con su hijo sobre el regazo. Su cabeza está coronada y, además, sostiene un orbe en la mano derecha. Ella es la Madre de Dios, la Reina del Mundo, y su hijo Jesús es el pequeño rey.


Fig. 14. Madona Negra de Breznichan (Bohemia), 1386. Galería Nacional, Praga.


Fig. 15. Nuestra Señora de Monserrat. Principios del siglo XII. Cataluña, España.
María la Theotokos (Madre de Dios)
Una de las primeras obras maestras de la iconografía mariana es el mosaico bizantino de la famosa catedral de Constantinopla (Estambul), construida para Santa Sofía y dedicada a ella.
Representa a María, sentada en un trono, con el Niño Jesús en su regazo. Dos emperadores aparecen, uno a cada lado de la madre y el Niño. Ellos son: Constantino, el fundador de la ciudad, y Justiniano, que construyó la catedral dedicada a Sofía, la Palabra de Dios.
En ese momento, María era considerada, al igual que Sofía, la Logos /Creadora, y su comportamiento majestuoso transmite el mensaje. María también era la Theotokos , la Madre de Dios, su título oficial según la proclamación del concilio de Éfeso en el año 431.
El fondo dorado del mosaico simboliza los cielos, una costumbre adoptada por las antiguas religiones paganas ( fig. 16 ).


Fig. 16. María con el Niño Jesús entre Constantino y Justiniano. Siglo X. Mosaico de una luneta. Hagia Sophia, Constantinopla, Estambul.
María-Sofía
En Rusia, las imágenes de María-Sofía fueron tan abundantes durante los primeros siglos, que la idea de que ella encarna al componente divino femenino de la fe cristiana persiste incluso en el presente.
Un icono del siglo XII, que se encuentra ahora en la Galería Tretyakov de Moscú ( fig. 17 ), es uno de los muchísimos ejemplos de representaciones de María como la gobernante espiritual de Rusia, representada de pie en posición de oración, con un gesto de bendición.


Fig. 17. La Virgen de la Gran Panagia ( también conocida como La Virgen orante de Jaroslavl ) . Galería Tretyakov, Moscú.
Su rostro es radiante y sereno y una aureola rodea su cabeza.
El halo solar fue insertado en la iconografía mariana por religiones antiguas que adoraban a diosas del sol, como Sekhmet, Hator, Isis o Juno.
Otras tres figuras circulares, que forman un triángulo visual, incluyen al Niño Jesús en el centro del cuerpo de su madre, también con los brazos abiertos en un gesto de bendición, y a dos ángeles que están en los círculos a cada lado de la Gran Madre, cada uno con una cruz.

En el ábside de la iglesia de Santa María Trastevere, en Roma, se encuentra un mosaico, elaborado según el modelo de las imágenes bizantinas del Este. Representa a María entronizada junto a su Hijo Jesús adulto, de una manera que usualmente se reserva para una pareja imperial. Se representan como los gobernantes del mundo cristiano. El reino celestial circundante está simbolizado mediante el uso de teselas de oro incrustadas en la superficie ( fig. 18 ). Se considera que la iglesia del siglo XII fue la primera dedicada a María en la ciudad, lo cual ratifica la importancia de la doctrina mariana en Italia durante ese siglo.


Fig. 18. Cristo entronizado con María. 1130-1132. Mosaico. Iglesia de Santa María Trastevere, Roma.
Hildegard de Bingen fue una artista de manuscritos iluminados, música, poetisa y filósofa cristiana del siglo XII, que sobresalió entre sus pares de la época.
Como Madre Superiora de un convento benedictino, fue una religiosa que creó una cantidad de imágenes de María-Sofía.
Es posible que su icono más insólito de María-Sofía sea la imagen titulada Sofía Amon Cosmiarcha, Cocreadora y Madre del mundo y de la humanidad ( fig. 19 ). Esta imagen pertenece a una página de su libro Las obras de Dios , y está basada en una de las muchas visiones que experimentó como cristiana mística.
Representa la figura de una mujer de pie, con los brazos extendidos formando un semicírculo, que se completa por debajo del nivel del brazo como un vientre circular simbólico que contiene la figura de un hombre.
Sobre la parte superior de su cabeza surge el rostro de Yavhé, el Creador. En el vientre circular, además de la figura andrógina, hay elementos simbólicos de plantas y animales. Sofía-María es considerada la Madre del Mundo, la Cocreadora. Esta imagen sustenta muchas connotaciones filosóficas y antropológicas.


Fig. 19. Hildegard de Bingen . La Cosmiarcha, Cocreadora y Madre del mundo y de la humanidad. Entre 1150 y 1200. Otto Mueller Verlag, Salzburgo, Austria.
Santa Hildegard también creó la imagen que tituló Sofía-María: Novia de Cristo y Madre de la Iglesia ( fig. 20 ), presentada en su libro Scivias (“Conociendo los caminos [de Dios]”). Esta página iluminada del manuscrito contiene dos ilustraciones separadas que representan a Sofía-María, y está basada en la información del Antiguo y del Nuevo Testamento. A la derecha se muestra a Sofía-María cerca del Cristo Pantocrátor (“Soberano de Todo”). Una de las manos está levantada en señal de bendición.
Sofía-María lleva puesta una corona, pintada de color oro sólido, y sostiene el trono sobre el que está sentado Cristo. Aquí María representa a la Iglesia, como Madre de ella. A la izquierda, la Sofía-María pintada de oro se muestra con un estandarte que dice: “He de concebir y dar a luz”. En su regazo sostiene tres figuras. Está rodeada de ángeles que cargan sillas y una escalera. Se representa como la poderosa Madre de la Iglesia y a la vez como su autoridad organizadora [12] .


Fig. 20. Hildegard de Bingen . Sofía-María: Novia de Cristo y Madre de la Iglesia. Entre 1150 y 1200. Otto Mueller Verlag, Salzburgo, Austria.
La niñez de María
En la iglesia de San Salvador de Chora, Estambul, un mosaico del siglo XIV ( fig. 21 ) representa un tema que continuó siendo popular en Europa y en el mundo cristiano durante muchos siglos: la niñez de María. La imagen muestra a los padres de María, Ana y Joaquín, acariciando a su amada hija. Esta tierna escena presenta un seno familiar afectuoso, tanto humano como divino. En el transcurso del siglo XVII, los líderes de la Iglesia comenzaron a restarle importancia a estas escenas por una inquietud repentina, ya que se le estaba prestando demasiada atención a María en vez de a Jesús.


Fig. 21. Joaquín y Ana acarician a su hija. 1315-1320. Mosaico. Iglesia de San Salvador de Chora, Estambul.
La duda de José
Durante la Edad Media se desarrolló un tema menos conocido, el de las dudas de José y la subsiguiente resolución de las mismas mediante la revelación de la concepción virginal de María. Los escritores y posteriores editores de las Escrituras, probablemente todos hombres, al parecer tuvieron cierta obsesión con respecto a la virginidad de María, y este asunto continuó siendo un factor importante del dogma cristiano, que concebía a María como única y distinta del resto de su género, que estuvo sujeto a discusiones eclesiásticas frecuentes. La unicidad de María fue usada a menudo contra la condición femenina en general, facilitando la explicación y racionalización de la opresión de las mujeres por el sistema patriarcal. La pintura muestra a María hilando, mientras que José la espía por la ventana. El mandala dorado sobrepuesto en el torso muestra al Niño Jesús en el vientre ( fig. 22 ).


Fig. 22. María Platytera. c. 1400. Pintura. Museo Dahlem, Berlín.
La Anunciación
El tema de la Anunciación se acentuó en la Edad Media, hasta el punto de estilizar este importante suceso de la vida de María: la predicción de su embarazo milagroso.
Simone Martini y Lippo Memmi pintaron La Anunciación, con los Santos Ansano y Margarita y cuatro profetas ( fig. 23 ) para el altar de San Ansano de la Catedral de Siena, en 1333.
Con un fondo de oro sólido que simboliza la espiritualidad, la Virgen está sentada, mientras que el arcángel Gabriel se arrodilla frente a ella. Un jarrón cerca de ellos contiene lirios, símbolo de la pureza de la Virgen y de su Inmaculada Concepción.

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