Leonardo Da Vinci
160 pages
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Leonardo Da Vinci , livre ebook

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Description

Al estudiar con pasión la naturaleza, lo mismo que las ciencias que permiten reproducirla más exactamente -anatomía, perspectiva, fisonomía-, luego, en compensación, al consultar, con la independencia que le era propia, los modelos antiguos, era imposible que no combinase la precisión con la libertad, la verdad con la belleza. Ahí, en esa emancipación definitiva, en esa plena posesión del modelado, de la iluminación y de la expresión, en esa amplitud y esa libertad se encuentra la razón de ser y la gloria del maestro: otros han podido ensayar por vías diferentes; pero ninguno ha llegado tan lejos, ninguno ha subido tan alto.

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Informations

Publié par
Date de parution 01 juillet 2011
Nombre de lectures 0
EAN13 9781780420790
Langue Español
Poids de l'ouvrage 44 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0018€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Extrait

Eugène Müntz
LeonardoLeonardo
DA VINCIDA VINCIAutor: Eugène Müntz (fragmentos)
Edición en español: Mireya Fonseca Leal
Diseño: Baseline Co Ltda
61A-63A Calle Vo Van Tan
El cuarto piso
Distrito 3, Ho Chi Minh City
Vietnam
© Sirrocco, Londres, Inglaterra
© Confidential Concepts, Worldwide, Estados Unidos
ISBN : 978-1-78042-079-0
Reservados todos los derechos.
El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión
y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios,
para quienes reprodujan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o
en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o
ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de
cualquier medio, sin la preceptiva autorización.LEONARDO DA VINCI
El sabio, el artista, el pensadorCONTENIDO
I. INFANCIA DE LEONARDO Y SUS PRIMERAS OBRAS
P.7
II. LA CORTE DE LOS SFORZA, LA VIRGEN DE LAS ROCAS Y LA
OBRA MAESTRA DE SANTA MARÍA DELLE GRAZIE
P.31
III. EL ARTISTA, EL PENSADOR Y EL SABIO
P.61
IV. LA CAÍDA DE LUDOVICO EL MORO Y SUS
CONSECUENCIAS
P.99
V. SU REGRESO A MILÁN Y SU EXILIO EN FRANCIA AL
SERVICIO DE FRANCISCO I
P.129
BIOGRAFÍA
P.156
ÍNDICE
P.158I. INFANCIA DE LEONARDO
Y SUS PRIMERAS OBRAS
eonardo da Vinci es el representante más completo del espíritu nuevo, la más alta
personificación de la alianza del arte y la ciencia: pensador, poeta, fascinador sin rival.LAl recorrer su obra, de una incomparable variedad, hasta en sus fantasías se
encuentran, para emplear, ligeramente modificada, la feliz expresión de Edgard Quinet, “las
leyes del Renacimiento italiano y la geometría de la belleza universal”.
Si además de un pequeñísimo número de composiciones terminadas, La Virgen de las
rocas, La Última Cena, Santa Ana, La Gioconda, la obra pictórica o escultórica del maestro
ofrece fragmentos maravillosos, su obra dibujada nos adentra en toda la ternura de su
corazón, en la riqueza austera de su imaginación. Acerca de ese aspecto conviene insistir en
primer lugar.
Dos períodos de la vida humana han llamado particularmente su atención: la adolescencia
y la vejez, la infancia y la edad madura le preocuparon con menor intensidad. Así, nos ha
dejado una larga serie de tipos de adolescentes soñadores y entusiastas.
No conozco en el arte moderno figuras más verdaderamente libres, altivas,
espontáneas y, digamos la palabra, más divinas, para oponer a las maravillas del arte
antiguo. Aladas, diáfanas y, sin embargo, llenas de verdad, evocan, gracias al genio de
Leonardo, regiones más perfectas que aquellas a las que tienen por misión llevarnos.
Algunos hombres geniales, Arquímedes, Cristóbal Colón, Copérnico, Galileo, Harvey,
Pascal, Newton, Lavoisier, Cuvier, han vinculado sus nombres a descubrimientos más
ruidosos. Pero ¿alguno de ellos ha reunido esa universalidad de condiciones innatas, ha
mostrado una curiosidad tan apasionada, un ardor tan penetrante en el estudio de las
disciplinas más variadas, ha tenido esos relámpagos de genialidad y esa intuición
reveladora de los vínculos ignorados entre hechos susceptibles de ser agrupados en una
visión de conjunto?
He aquí, en rápidas pinceladas, algunos de los rasgos que han hecho de Leonardo, junto
a Miguel Ángel y Rafael, el gran maestro del sentimiento, del pensamiento y de la belleza.
El pintor de La Última Cena y de La Gioconda, el escultor de la estatua ecuestre de
Francesco Sforza, el sabio genial, nace en 1452 en la orilla derecha del Arno, en Empoli,
entre Florencia y Pisa. El caserío de Vinci, donde vio la luz, se encuentra como perdido en
los pliegues y repliegues que forman el Monte Albano. Algunos biógrafos nos hablan del
castillo en el que Leonardo ha visto por primera vez la luz del mundo; citan, además, al
preceptor de la familia, la biblioteca donde el niño encontró un primer alimento para su
curiosidad. Eso es leyenda, proclamémoslo bien alto, no historia.
Existía ciertamente en Vinci un castillo, pero era una fortaleza, una ciudadela ocupada
por los florentinos. En cuanto a los padres de Leonardo, no ocupaban más que una casa,
muy modesta ciertamente, y no se sabe con seguridad si se encontraba en el pueblo
mismo de Vinci o un poco más lejos, en la aldea de Anchiano. La servidumbre, a su vez,
no comprendía más que una fante, es decir, una criada, con una remuneración de ocho
florines anuales.
Ser Piero, maese Pedro, tenía 22 o 23 años en el momento del nacimiento de Leonardo.
Fue, los documentos lo proclaman a pesar de su aparente sequedad, un hombre activo,
inteligente, emprendedor, el verdadero artesano de la fortuna de los suyos. Salido casi de la Busto de una joven, 1452-1519.
nada, aumentó rápidamente su clientela y adquirió inmueble tras inmueble; en una palabra, Dibujo con tiza roja sobre papel.
de pobre notario de aldea, se convirtió en un personaje rico y honrado. Galería de la Academia, Venecia.
7Ser Piero se unió muy joven con la que, sin llegar a ser su mujer, debía ser la madre de
su hijo mayor. Era una cierta Caterina, probablemente una simple aldeana del pueblo de
Vinci o de los alrededores (un autor anónimo del siglo XVI afirma, sin embargo, que
Leonardo, “por parte de madre, había nacido de buena sangre”). La unión duró poco: Ser
Piero se casó el mismo año del nacimiento de Leonardo, mientras que Caterina, por su parte,
se casó con uno de sus compatriotas, que respondía al nombre poco eufónico de
Chartabrigha o Accattabrigha di Piero del Vaccha, probablemente también él un campesino
(¡qué hacer en Vinci sino cultivar la tierra!). Contrariamente a las costumbres modernas y al
código civil, fue el padre el que se encargó del niño.
Leonardo da Vinci unió a una belleza física por encima de todo elogio, una gracia infinita
en todos sus actos; en cuanto a su talento, era tal que resolvía sin esfuerzo no importa qué
dificultad se presentase a su espíritu. La destreza se unía en él a una fuerza muy grande; la
inteligencia y el valor tenían en él algo de regio y de magnánimo. En fin, su reputación creció
de tal manera que, difundida por todas partes mientras vivía, se extendió más todavía
después de su muerte.
El historiador del arte Giorgio Vasari, a quien debemos esta elocuente evocación, termina
con una expresión, intraducible, para pintar la majestad de la figura: “Lo splendor dell’aria sua,
che bellissimo era, risseneneva ogno animo mesto”.
Leonardo había recibido de la naturaleza una fuerza poco común: retorcía un badajo o
una herradura como si fuesen de plomo.
Una especie de fallo, sin embargo, acompañaba sus aptitudes extraordinarias: era zurdo;
sus biógrafos lo afirman formalmente. En su vejez la parálisis acabó también por hacerle
perder completamente el uso de la mano derecha.
Desde el comienzo, el niño, y al respecto no vacilaremos en dar fe al testimonio de
Vasari, mostró unas ganas desmesuradas, a veces incluso desordenadas, de saberlo todo;
habría hecho los mayores progresos a no ser por la inestabilidad de su humor:
comenzaba con ardor a estudiar una ciencia tras otra, iba desde el primer impulso al
corazón del asunto, pero abandonaba con la misma facilidad el trabajo comenzado. En
los pocos meses que dedicó a la aritmética, o más bien a las matemáticas, conquistó tal
superioridad que confundía a cada instante a su maestro, poniéndole en apuros. La
música no le atrajo menos, sobresalió singularmente en el manejo del laúd; ese
instrumento le sirvió después para acompañar los cantos que improvisaba. En una
palabra, como otro Fausto, quiso recorrer el vasto ciclo de los conocimientos humanos
y, no contento con haber asimilado las invenciones realizadas por sus contemporáneos,
quiso vincularse directamente con la naturaleza para volver todavía al campo de
la ciencia.
El padre de Leonardo parece haber residido más a menudo en Florencia que en Vinci, y
es seguramente en la capital toscana, no en la oscura aldea de los alrededores de Empoli,
donde se manifestaron las brillantes disposiciones de su hijo. Se ha logrado determinar el
emplazamiento de la casa de los Da Vinci: estaba situada sobre la plaza de San Firenze,
exactamente en el lugar donde se levanta hoy el palacio Gondi, y desapareció a fines del
siglo XV.
Según una leyenda que tiene a su favor todas las apariencias de verdad, ser Piero da Vinci,
al que llamaron la atención las disposiciones de su hijo, llevó algunos de sus bocetos a su
amigo Verrocchio para que diese su opinión. La impresión, se afirma, fue excelente, y Verrocchio
no vaciló en encargarse de la instrucción del adolescent

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