El plan de Zee
40 pages
Español

Vous pourrez modifier la taille du texte de cet ouvrage

Découvre YouScribe en t'inscrivant gratuitement

Je m'inscris

El plan de Zee , livre ebook

-

Découvre YouScribe en t'inscrivant gratuitement

Je m'inscris
Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus
40 pages
Español

Vous pourrez modifier la taille du texte de cet ouvrage

Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus

Description

Zee y sus amigos están furiosos porque su refugio de siempre ha sido reemplazado por tiendas que no son para ellos y porque los vendedores los tratan con desconfianza. Para que los comerciantes sepan lo que Zee y sus amigos piensan, Zee pinta un grafiti en la pared de la ferretería. Cuando lo borran con pintura, Zee decide repetir el vandalismo, pero esta vez de una manera más artística. El dueño de una tienda lo descubre con las manos en la masa y lo amenaza con llamar a la policía, a menos que Zee acepte reparar los daños.





Zee and his friends are angry that their old haunt has been replaced by stores that are off-limits to them and storekeepers who treat them with distrust. To let the merchants know what he and his friends think, Zee paints graffiti on the wall of the hardware store. After the wall is repainted, Zee decides to repeat the vandalism, but this time with more artistic flair. A store owner catches him in the act and threatens to call the police—unless Zee agrees to repair the damage.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 01 novembre 2008
Nombre de lectures 2
EAN13 9781554694624
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,0470€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Extrait

El plan de Zee
Kristin Butcher
Traducido por Queta Fernandez
orca soundings
Orca Book Publishers
Copyright 2008 Kristin Butcher
All rights reserved. No part of this publication may be reproduced or transmitted in any form or by any means, electronic or mechanical, including photocopying, recording or by any information storage and retrieval system now known or to be invented, without permission in writing from the publisher.
Library and Archives Canada Cataloguing in Publication
Butcher, Kristin
[Zee s way. Spanish] El plan de Zee / Kristin Butcher; translated by Queta Fernandez.
(Orca soundings) Translation of Zee s way. ISBN 978-1-55469-057-2
I. Title. II. Title: Zee s way. Spanish. III. Series. PS8553.U6972Z4318 2008 jC813 .54 C2008-905996-4
Summary: Zee is torn between making a statement with graffiti and making art.
First published in the United States, 2008 Library of Congress Control Number: 2008936901
Orca Book Publishers gratefully acknowledges the support for its publishing programs provided by the following agencies: the Government of Canada through the Book Publishing Industry Development Program and the Canada Council for the Arts, and the Province of British Columbia through the BC Arts Council and the Book Publishing Tax Credit.
Cover design by Lynn O Rourke Cover photography by Getty Images
In Canada: Orca Book Publishers PO Box 5626, Station B Victoria, BC Canada V8R 6S4
In the United States: Orca Book Publishers PO Box 468 Custer, WA USA 98240-0468
www.orcabook.com Printed and bound in Canada. Printed on 100% PCW recycled paper.
11 10 09 08 5 4 3 2 1
Para mi maestro de s ptimo grado, William Russel Donaldson, por animarme a escribir
Contenido
Cap tulo uno
Cap tulo dos
Cap tulo tres
Cap tulo cuatro
Cap tulo cinco
Cap tulo seis
Cap tulo siete
Cap tulo ocho
Cap tulo nueve
Cap tulo diez
Cap tulo once
Cap tulo doce
Cap tulo uno
Abr la ventana de mi habitaci n y saqu la cabeza a la noche. La lluvia hab a parado de caer a la hora precisa y las nubes que ella hab a tra do se estaban alejando. As hab a sido todo el verano: d as calientes, noches h medas y, justo despu s de la medianoche, una hora exacta de lluvia. Condiciones perfectas para la guerra.
No era que yo la deseara. Ninguno de mis amigos quer a problemas. Todo lo que quer amos era un lugar donde reunirnos. Los que estaban buscando pleito eran los due os de las tiendas del centro comercial Fairhaven .
Mientras met a la ltima lata de pintura en mi mochila, pens en el d a en que Horace y yo fuimos al centro comercial a medio construir. En un barrio viejo, como el nuestro, cualquier tipo de construcci n es digna de atenci n. Pero esta construcci n ten a cierta repercusi n entre nosotros. Antes de que las bulldozer lo derribaran todo, ese lugar hab a sido nuestro punto de reuni n. Bueno, comprendo que para los dem s no era m s que un almac n abandonado con un aparcamiento, pero para nosotros, era el lugar de pasar un buen rato. All us bamos nuestras patinetas, pate bamos la pelota de f tbol o nos refugi bamos de la lluvia.
Al principio, nos enfureci que nos desalojaran, pero despu s del impacto inicial, pensamos que un centro comercial nos valdr a lo mismo, o ser a mucho mejor, si abr an una sala de m quinas de juegos o una cafeter a. La cosa es que nunca pudimos averiguarlo. Dos minutos despu s de aparecernos por all , un loco nos amenaz con un hierro en la mano.
Por qu ? Todo lo que est bamos haciendo era mirar el lugar. Desde cu ndo mirar era un crimen?
-No te lo tomes tan a pecho -me dijo mi padre cuando le cont lo que hab a pasado-. Los due os de los negocios son los que est n financiando esa construcci n y tratan de proteger su inversi n.
Negu con la cabeza y me alej . Deb haber sabido de antemano que mi padre se pondr a de su lado.
Cerr el z per de la mochila y me la ech sobre el hombro. Me sub de un tir n en la ventana, pas las piernas sobre el alero y salt a la calle. Me mantuve en los lugares oscuros, mirando todas las viejas casitas de tejas que se alineaban en mi barrio. Si alguno de los vecinos me ve a dando un paseo nocturno, mi padre lo sabr a antes del desayuno. Tendr a que encontrar una buena explicaci n.
A no ser por las luces de la calle, la avenida Barret estaba oscura. La luz de la sala de la se ora Lironi estaba encendida, pero eso no quer a decir que ella estuviera despierta. Siempre dejaba una luz encendida para ahuyentar a los ladrones. Todo el mundo lo sab a, hasta los ladrones.
Atraves el patio corriendo y salt sobre los arbustos. Mi sombra se estir a mi lado en la calle y se dobl artr ticamente cuando cog la curva. De reojo, la pude ver corriendo a mi paso y le agradec la compa a. En la acera hab a un papel mojado pegado al suelo. Me record los folletos que repartieron para anunciar la gran apertura del centro comercial.
Fue un gran evento. Toda la gente del barrio fue a disfrutar de los descuentos. Dos por el precio de uno en la tienda Oscar s Video Emporium , ningunos impuestos en The Loonie Bin y 25 por ciento de descuento en la farmacia. La cafeter a Mario s vendi los capuchinos grandes por el precio de los peque os, y en la tienda Jackman s dieron muestras gratis de embutidos y quesos.
Tambi n hubo actividades en el aparcamiento. Repartieron perros calientes y hamburguesas. Un payaso con unos zapatones inmensos daba forma de animales a globos. Otro le pintaba la cara a los ni os. Hab a hasta una banda de m sica y la estaci n local de radio no pod a faltar.
Mis socios y yo llegamos cerca de la una de la tarde. A esa hora hab a tanta gente que casi no se pod a caminar. Hab an colgado un cartel justo en el medio: Centro Comercial Fairhaven Gran apertura! Algo para cada miembro de la familia , dec a en letras azules.
En el minuto que llegamos, se acab la fiesta. Mejor dicho, la fiesta no se detuvo, s lo que a nosotros no nos permitieron participar.
No era otra cosa que discriminaci n, estaba claro. Ni siquiera nos dijeron que nos fu ramos, simplemente actuaron como si no existi ramos, excepto cuando no est bamos mir ndolos. No nos quitaban la vista de encima.
Est bien, lo admito, ninguno de nosotros suele pasar inadvertido. Danny tiene el pelo azul y Horace tiene la cabeza rapada. Benny tiene un anillo en el labio, Mike usa ropa de piel y aretes y, adem s, todos tenemos tatuajes. Bueno, y qu ? Si nuestro dinero vale lo mismo que el de los dem s, qu importa c mo lucimos?
Traten de explic rselo a los comerciantes de Fairhaven . Nadie los podr a sacar de su idea. No nos quer an por all , ni el primer d a, ni nunca.
Siempre que entr bamos en una tienda, alguien nos ten a que seguir: No toquen la mercanc a. No lean las revistas. No se paren en los pasillos. El mismo cuento todas las veces. Las se oras con sus cochecitos se pod an parar en el medio de los pasillos. Los ancianos pod an tocar la mercanc a y las personas de mediana edad pod an hojear las revistas. S lo a los de quince a os les estaba prohibido.
Afuera ten amos el mismo problema. Todo lo que ten amos que hacer era pararnos frente a la tienda y los due os nos echar an esas miradas de l rguense . Ni siquiera pod amos pasar patinando por el aparcamiento sin que nos gritaran. Como no ten amos otro lugar a donde ir, ten amos que aguantarlo.
Hasta un buen d a en que pusieron un cartel que dec a Prohibido merodear por este lugar. Ese d a decidimos que ten amos que hacer algo. No significaba que bamos a hacer algo diferente a lo que ya ven amos haciendo, s lo que bamos a hacer m s. Y lo bamos a hacer de prop sito. No como el d a de la ventana rota en el mercado Jackman s . Eso hab a sido, sin duda, un accidente.
Sucedi un domingo por la ma ana. Las tiendas no estaban a n abiertas y jug bamos al f tbol en el aparcamiento. Lo que pas fue que Benny no calcul su propia fuerza y antes de que pudi ramos darnos cuenta, hab a pateado la pelota justo a la ventana de Jackman s , haciendo disparar la alarma.
No esperamos a la polic a. Accidente o no, sab amos que no nos iban a creer. Y ten amos raz n. Los due os de las tiendas dijeron que no necesitaban m s prueba que la pelota de f tbol. Desde ese momento, nos trataron como a criminales. Nos era permitido entrar a las tiendas solamente de dos en dos y s lo por cinco minutos. Al salir, ten amos que alejarnos inmediatamente del lugar. Si nos demor bamos siquiera treinta segundos, se aparec a la patrulla de la polic a.
Mir al cielo. Las nubes hab an desaparecido y se pod a ver el resplandor de las luces del centro comercial en la distancia.
En la esquina de Madison y Harper, me recost a un roble grand simo y mir a ambos lados de la calle desierta. Cuando me asegur de que el camino estaba libre, cruc la avenida corriendo.
La ferreter a Feniuk era la ltima tienda. Entre la ferreter a y la acera no hab a nada, solamente un contenedor de basura. Me agach detr s del contenedor y mir a la pared de la tienda. Iluminada por la farola de la calle, se ve a vac a y de un blanco que daba pena.
Saqu una de las latas de spray de mi mochila y comenc a sacudirla. Le di otra buena mirada a la pared.
No iba a estar as de blanca por mucho m s tiempo.
Cap tulo dos
Pint la pared durante la noche. Sencillamente, porque no quer a que me vieran. Pero la oscuridad, que hace que la noche sea perfecta para esconderse, no es la mejor aliada de la pintura. En la oscuridad, las l neas se ven borrosas y desaparecen los detalles. La oscuridad destruye los colores y hace que todos parezcan grises.
Cuando regres al lugar del crimen, a la ma ana siguiente, parec a que estaba viendo el grafiti por primera vez. En cuanto llegu a la avenida Madison, las palabras de tres

  • Univers Univers
  • Ebooks Ebooks
  • Livres audio Livres audio
  • Presse Presse
  • Podcasts Podcasts
  • BD BD
  • Documents Documents