Mi Amor, Háblame… Diez reglas para lograr que un hombre hable
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Description

Si, a pesar del amor que los une, tanto el hombre como la mujer tienen problemas para dialogar, es porque la mujer busca la comunicación en términos de lazos íntimos y de expresión emotiva, mientras que el hombre se comunica para alcanzar objetivos precisos y para transmitir información. Los hombres hacen discursos, las mujeres intercambian.
Para mejorar la relación entre hombres y mujeres, el autor presenta a las mujeres diez reglas eficaces que pueden utilizar para entender mejor el universo masculino y para que ayuden al hombre a que comunique más y de la mejor manera lo que vive internamente; algunos de los ejemplos concretos que ilustran cada una de las reglas han sido tomados de su práctica profesional. Este libro también permite que los hombres se conozcan mejor y que entiendan, de igual manera, el deseo de comunicación de sus compañeras.
"Mi Amor, ¡háblame!" es un libro que intenta poner fin a la guerra de sexos proponiendo un mejor conocimiento y una mejor aceptación de nuestras diferencias, con el objeto de establecer un lazo íntimo y de complicidad entre dos seres que desean amarse.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 01 avril 2013
Nombre de lectures 3
EAN13 9782981753137
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,0035€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

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Datos de catálogo antes de publicarse (Canadá)
Dallaire, Yvon, 1947-
Mi Amor, Háblame… Diez reglas para lograr que un hombre hable
Referencias bibliográficas
ISBN 2-922598-14-4
1. Relaciones entre hombres y mujeres. 2. Comunicación durante el matrimonio. 3. Comunicación interpersonal. 4. Hombres - Psicología.
I. Título
HQ801.D34 1997    305.3    C97-901008
Mi Amor, Háblame… Diez reglas para lograr que un hombre hable
Copyright 2003 por Yvon Dallaire
Derechos reservados para todos los países
Les Éditions Option Santé Enr.
Domicilio: 675, Marguerite Bourgeoys, Quebec (Quebec) G1S 3V8
Teléfono : 418 687 0245, Fax: 418 687 1166
Correo electrónico: info@optionsante.com
Sitio Internet: http://www.optionsante.com
Diseño de la portada : Caroline Bédard
Imágenes por computadora : Chalifour Production Graphique
Fotograbado e impresión:
Fotografía del autor : Erick Labbé
Traducido por Sara D. Sesín Carpio
Revisión linguistica : Gloria Cabrera
Declaración legal: 4º trimestre de 2003
Biblioteca Nacional de Quebec
Biblioteca Nacional de Canadá
ISBN 2-922598-14-4
ISBN numérique: 978-2-92259-861-2 (EPUB ISBN of the book)
Distribución: Les Éditions Option Santé Enr.
Domicilio: 675, Marguerite Bourgeoys, Quebec (Quebec) G1S 3V8
Teléfono : 418 687 0245; sin costo: 1 800 473 5215
Fax: 418 687 1166 Correo electrónico: info@optionsante.com
Sitio Internet: http://www.optionsante.com
Impreso en Canadá
Del mismo autor
En ediciones Opción Salud
www.optionsante.com
Yo también… Yo…más
1001 diferencias hombre–mujer
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Preparándose
La trilogía de las parejas felices.
Dedico este libro
a todos los hombres y mujeres
que desean fervientemente
el éxito de sus relaciones amorosas.
Índice
Agradecimientos
Introducción
Primera parte :
Los Hechos
Capítulo 1: Las diferencias entre los hombres y las mujeres.
Capítulo 2: Las diferencias genéticas
Capítulo 3: Las diferencias gonadales
Capítulo 4: Las diferencias hormonales
Capítulo 5: Las diferencias anatómicas
Capítulo 6: ¿Y el cerebro?
Capítulo 7: Las diferencias psicológicas y de comportamiento
Capítulo 8: Se oponen o se complementan
Segunda parte :
Las Reglas
Regla nº 1. Plantear preguntas precisas
Regla n° 2. Respete su silencio
Regla n° 3. Acepte la dificultad que tiene para expresar sus emociones
Regla n° 4. Ya no lo interrumpa
Regla n° 5. No hable por él
Regla n° 6. Practique la escucha activa
Regla n° 7. Tóquelo
Regla n° 8. Recurra a las capacidades que él tiene
Regla n° 9. Sea directa
Regla n° 10. Sea responsable de “sus propias” emociones
Conclusión: Hay que saber cuándo ya no hay nada que hacer
Anexo I: Sabía usted que…
Anexo II: La prueba de los tres coladores
Agradecimientos
Quisiera agradecer muy especialmente a mi pareja, Renée Bérubé, quien me permitió pacientemente que verificara, en ocasiones sin que ella lo supiera, los fundamentos y la eficacia de las informaciones y reglas que presento en este libro. Ella fue la que más me escuchó, la que más habló y quien, por nuestra experiencia juntos, hizo que en repetidas ocasiones yo bajara la guardia. También le agradezco el amoroso respeto que siempre tuvo para todos mis silencios.
De igual manera, agradezco a Caroline Bédard, la coordinadora de Éditions Option Santé y mi valiosa asistente, por su fiel apoyo en todos mis proyectos y por sus consejos tan acertados, aun cuando sepa que no siempre los escucho. Muchas gracias también por la originalidad de la portada.
Agradezco también a Yousri Karakand quien aceptó tomar bajo su responsabilidad varias tareas administrativas del Centro Psico-Corporal, de esa manera, me permitió encontrar los momentos adecuados y necesarios para que redactar un libro como éste.
Mi sincero agradecimiento a Ève Lamarque y Michel D. Roulin por tantas correcciones realizadas. Gracias a Christian Chalifour, diseñador por computadora, quien dedicó todo el tiempo necesario para la realización de este libro y por todos sus arreglos.
Un agradecimiento especial al Sr. Pierre Élias, de la casa distribuidora ADP, quien, gracias a su entusiasmo y a su experiencia, en cada uno de nuestros encuentros me devolvió el gusto por volcarme en mis proyectos de escritor.
Para terminar, mis últimos agradecimientos aunque no los menos importantes, son para todos aquellos y aquéllas que al confiar en mí, al asistir a mis conferencias, al participar en mis talleres o al comentar mis obras anteriores hicieron que este libro fuera tomando forma.
¡ Mi Amor, Háblame !
Introducción
“Mi esposo no habla. Tengo que buscar la manera de saber lo que piensa, lo que siente, siempre tengo la sensación de que lo molesto. Tal pareciera que hablarme representa para él un gran esfuerzo”.
A lo largo de mis veinticinco años de práctica en terapia conyugal, el principal reproche que he escuchado con mayor frecuencia, por parte de las mujeres hacia los hombres, es que ellos no comunican lo suficiente y que no están abiertos al diálogo:
“Siempre hay que estarles sacando las cosas con tirabuzón y nunca se sabe realmente en qué piensan los hombres.” (Aparte del sexo, claro está.)
Nuestras observaciones confirman este reproche: cuanto más pasa el tiempo, el hombre tiende menos a mostrarse comunicativo en la intimidad de la pareja. A menudo, el hombre actúa como si su compañera estuviera conquistada, como si él ya le hubiese dicho todo y que ya no fuera necesario mantenerla al tanto de sus pensamientos y de sus emociones. Cuando su compañera le hace la observación, él responde frecuentemente que no quiere “molestarla” con sus preocupaciones.
Este problema no existiría si la mujer no tuviera una necesidad constante de comunicar y de comunicar a través de la palabra. Para mantenerse viva, atractiva, amada y para sentirse en relación, la mujer necesita expresarse y que la escuchen. La mujer encuentra placentero el poder al hablar y compartir sus pensamientos y sus emociones, no necesariamente para resolver un problema, sino simplemente por el gusto de compartir. ¿Qué mujer no quisiera ser comprendida por su marido de la misma manera en que la comprende su mejor amiga?
Gracias al crecimiento de la sociedad de “hobbies”, hoy en día las parejas pasan mucho más tiempo juntas que hace medio siglo. De manera paralela, el movimiento feminista ha permitido que las mujeres obtengan ganancias importantes en los ámbitos profesional, económico y político. Actualmente, hombres y mujeres deben aprender a vivir y a comunicar juntos y existen muchos libros de psicología que subrayan la necesidad de comunicar para entenderse. Salvo que…
Salvo que la mujer habla, piensa y actúa como si fuera china, y parte del principio de que el hombre es un chino; y pues, el hombre habla, piensa y actúa como un japonés y está seguro de que su mujer es una japonesa. Los dos creen equivocadamente que hablan el mismo idioma, que piensan de la misma manera y que actúan según las mismas motivaciones.
Todos los diccionarios francés–español le dirán que la palabra “demain” significa mañana. Mientras que un hispanohablante posterga para “mañana” una cita o cualquier otra actividad, el francófono supone que es seguro que la cita o la actividad se efectúe al otro día. Por eso su frustración, al día siguiente, cuando el latino vuelve a decirle “mañana”. El francés llega a creer que el español está actuando de mala fe y que no puede confiar en su palabra. Hay que saber que los latinos y los franceses no poseen totalmente el mismo concepto del tiempo y lo que hay que entender realmente es que cuando un latino le diga “mañana”, eso no quiere decir al día siguiente, sino más bien “ahora no” o “más tarde”. Así actúan los hombres y las mujeres en sus comunicaciones: emplean las mismas palabras pero les dan significados diferentes y, muy a menudo, connotaciones emotivas diferentes.
Hace poco, un griego que llegó recientemente a Québec me citó a “la hora de la cena” para que discutiéramos un asunto. Como acostumbro cenar alrededor de las 19 horas, entonces lo esperé a esa hora en el lugar que acordamos. Al día siguiente me enteré de que en Grecia cenan generalmente de 21 a 22 horas. Hasta que pudimos explicarnos mutuamente, hicimos a un lado nuestro enojo respectivo por esa falta de entendimiento, pues cada uno creyó que el otro lo había dejado plantado.
Imagínese qué sucede cuando, en una pareja, surge ese tipo de malentendido justo en el momento en que la tensión está en su máximo nivel; además de que debemos considerar que nuestras observaciones nos han demostrado que existen más diferencias entre el hombre y la mujer que entre dos culturas diferentes.
Para el hombre, comunicar quiere decir intercambiar información. Para la mujer, significa compartir, intimidad y placer. La mujer busca obtener de sus conversaciones un gran apoyo emocional, en la medida en que ella intente entenderse y entender a los demás. Por lo que respecta al hombre, él desea conversaciones rápidas y superficiales que le permitan intercambiar informaciones prácticas, de preferencia divertidas, pero sobre todo prácticas y útiles. En muy pocas ocasiones al hombre le gusta “hablar por hablar”.
Por lo tanto, el hombre debe aprender a hablar chino y la mujer debe aprender japonés, si ambos quieren que la comunicación mejore entre ellos.
Para comenzar, las páginas siguientes presentan las principales diferencias biológicas que existen entre el hombre y la mujer a diferentes niveles: genético, gonádico, hormonal, anatómico y cerebral, al igual que sus repercusiones en la psicología y el comportamiento de uno y del otro. Posteriormente, en la segunda parte, estas páginas le presentan las consecuencias de las diferencias biológicas, psicológicas y de comportamiento en diez dimensiones de la comunicación hombre–mujer.
Ojalá que el entender esas dimensiones le ayude a hacer sus charlas más armónicas y más satisfactorias. Dichas dimensiones se presentan en forma de diez reglas que las mujeres pueden emplear para:
1. entender mejor de qué manera comunican los hombres y sobre todo cómo comunican verbalmente; y
2. ayudar a los hombres a que comuniquen de una mejor manera, y más verbalmente, lo que viven en su interior.
Con respecto al hombre promedio, la mujer promedio es experta en la comunicación verbal, principalmente cuando se trata de expresar emociones. Si emplean las siguientes reglas, ellas podrían tomar conciencia del enorme poder que poseen en el proceso de la comunicación.
Al leer estas páginas, los hombres podrán:
1. entender mejor su manera de ser y de comunicar;
2. tomar conciencia de la enorme diferencia que existe entre su manera de comunicar y la de su pareja.
Al hacer esto, ellos podrán dejar de sentirse culpables y dejar caer sus actitudes defensivas ante las mujeres a quienes acusan de que siempre critican y de que siempre lloran (ése es el principal reproche que los hombres hacen a las mujeres). Quizás podrán estar más atentos al placer que sienten sus compañeras por comunicar verbalmente sus estados de ánimo. Las mujeres no lo hacen por criticarlos, sino más bien para mejorar la relación, para acercarse a ellos y sentirse cómplices. Para ellas, expresar sus estados de ánimo, incluso los negativos, constituye una prueba de amor.
1 Primera parte
Los Hechos
“La idea de los estados psicológicos como productos de la mente, la idea de la separación del cuerpo y del espíritu, y la idea según la cual el género no es innato sino adquirido y puede ser modificado, son tres ideas pseudocientíficas que orientan la manera en la que nos concebimos como hombres y mujeres”
Jo Durden-Smith y Diane Desimone
La primera parte de este libro presenta un resumen de las investigaciones científicas modernas referentes a las diferencias fundamentales entre los hombres y las mujeres desde el punto de vista biológico y psicológico.
Capítulo 1
Las diferencias hombre–mujer
“El hombre y la mujer tienen ahora el tiempo libre suficiente para darse cuenta de que no somos compatibles, y creo que hasta hace muy poco tiempo descubrimos el inmenso número de diferencias que nos separan.”
Joe Tanenbaum
Lo queramos o no, el andrógino no existe, pues no existe ningún ser que pueda ser al mismo tiempo hombre y mujer ni que posea las características masculinas y femeninas. Aunque exista igualdad, los hombres y las mujeres son diferentes.
Si minimizamos las diferencias entre los hombres y las mujeres, el resultado puede ser incluso peligroso. Peligroso para el individuo que puede llegar a considerar como incapacidad personal el hecho de no entender el lenguaje del otro sexo. Peligroso para las mujeres que pueden ser (y que han sido) tratadas según las normas establecidas por hombres y para los hombres. Peligroso también para los hombres que, cuando se dirigen a las mujeres, no entienden sus relaciones emotivas en sus palabras o acciones porque ellos las imaginan semejantes a ellos.
Desde que empecé a interesarme por las informaciones de la neuropsicología y por lo que yo podría llamar la nueva psicología diferencial de los sexos, cientos de hombres y mujeres han venido a verme, al final de mis conferencias o durante la terapia, para decirme que por fin entienden mejor por qué manifestaban la dificultad para entender al otro sexo y cómo, al conocer esas diferencias, ahora pueden tratar sin dramatismo sus dificultades para relacionarse.
“Es la primera vez que me siento reconocido como hombre (mujer); me creía el (la) único (a) que pensaba o actuaba de esa manera. Me siento bien al saber que soy normal y que mi pareja también lo es.”
Desde los años 50, la psicología moderna ha querido minimizar las diferencias hombre–mujer y ha considerado sexistas a los que querían seguirla; la razón es que dichas diferencias, a menudo y considerando el pasado, habían sido utilizadas para que el sexo femenino se sometiera al poder masculino y, evidentemente, hay que oponerse a ello.
Sin embargo, las dificultades para que las parejas se relacionen nos han obligado a volver a analizar esa actitud. Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, en 61 sociedades, aproximadamente el 50% de las parejas se divorcian o se divorciarán y, principalmente, durante el cuarto o quinto año de vida en pareja. El aumento del índice de divorcios entre 1960 y 1990 casi alcanzado el 300%.
“Reconocer las diferencias hombre–mujer libera a los individuos de la carga de la patología individual” escribe la especialista en sociolingüística Déborah Tannen en su libro Décidément, tu ne me comprends pas (Definitivamente, no me comprendes). Ella continúa afirmando que “Entender las diferencias que existen entre nosotros nos permite tomar en cuenta, aprender del estilo del otro y adaptarnos a él.”
En un 95%, el hombre y la mujer son dos seres cuya biología y comportamientos son idénticos. Los dos tenemos un cerebro, miembros, un cuerpo, órganos... respiramos, comemos, dormimos, defecamos... ambos de la misma manera. Somos dos mamíferos humanos, que se dicen razonables.
Hasta aquí todo va bien, el 5% es el que nos da problema. Ese mínimo pero significativo 5% se aplica al funcionamiento de nuestro cerebro, a nuestra manera de pensar, a la expresión de nuestros sentimientos y emociones, a nuestras prioridades de vida y a nuestra manera de comunicar. En pocas palabras, nuestras funciones sexuales, que aunque se complementan, son diferentes.
Esas diferencias son mínimas, pero suficientes para hacer que surja una dimensión específica de la psicología: la psicología diferencial de los sexos. El movimiento feminista de los años 60 la relegó y ocultó, pero la psicología diferencial de los sexos volvió a salir a la superficie desde hace aproximadamente diez años, principalmente gracias a los recientes descubrimientos de la neuropsicología moderna.
Las ciencias humanas se enfrentan en un debate fundamental entre la Naturaleza y la Cultura. Aquí encontraremos cómo ha evolucionado ese debate según los periodistas Jo Derden-Smith y Diane Desimone quienes escribieron un libro maravilloso intitulado “El sexo y el cerebro” en el que presentan la importancia de la función de las hormonas sexuales en la identidad y el comportamiento del hombre y de la mujer, con base en pruebas científicas.
Hace 125 años, en el momento en que la psicología se convirtió en ciencia, existía un dogma científico basado en medidas antropométricas (como las que se refieren al peso del cerebro, entre otras) que permitía clasificar a la humanidad siguiendo un orden jerárquico. Evidentemente, los protestantes anglosajones de raza blanca y de sexo masculino encabezaban la lista. Esto era normal, pues ellos eran los que realizaban esas investigaciones, por lo que las mujeres y las demás razas quedaban al final. Ese dogma sostenía que la naturaleza y la biología eran todopoderosas. Esa teoría tenía la ventaja de confirmar la jerarquía implícita de la Creación y parecía cuadrar perfectamente con las ideas de Darwin en cuanto a la evolución y al origen de las especies que colocaban al Hombre en la cima. Esa mentalidad hizo que naciera el horror de los campos de concentración e influyó fuertemente en la opinión pública hasta 1960. Esas ideas que actualmente se consideran reaccionarias y sirven de escudo contra toda investigación científica que trate las diferencias hombre–mujer.
Como reacción, y principalmente gracias a la psicología, a la antropología y a la sociología, se desarrolló un nuevo dogma científico que “proclama que los individuos de cualquier sexo y de cualquier raza no son el producto de factores biológicos, sino del medio social del que surgieron”. 1 Los cromosomas no tendrían nada qué ver en todo eso. Ese dogma fue retomado por los demócratas y la corriente feminista ya que “contiene, en cierne, el argumento según el cual pueden eliminarse para siempre las diferencias entre los individuos y las clases sociales”. 2 Ese dogma dio origen a la ideología que ha influido fuertemente nuestra época desde los años 50. La cultura predomina sobre la naturaleza, todo es cuestión de aprendizaje.
Según esta creencia, las diferencias sexuales fueron creadas totalmente por un sistema parcial, discriminatorio y patriarcal. Si lo vemos como un producto de la cultura y del pensamiento, todo individuo puede aprender cualquier cosa, a condición de que reciba los estímulos pertinentes. La psicología diferencial de los sexos se convirtió en tabú. Nos pusimos a dar muñecas a los niños y camiones a las niñas con el pretexto de que los hombres y las mujeres son iguales y semejantes, en lugar de iguales y diferentes. Apenas empezamos a darnos cuenta de los errores que provocó esta teoría: se habla cada vez más de una generación de niños sacrificados al sacrosanto andrógino. Como ejemplo, nuestras investigaciones demuestran que el fracaso escolar se observa muy particularmente en los varones.
Por ejemplo, en el marco de este dogma se comprendería la rapidez de la eyaculación; por lo tanto, el hombre es responsable para no decir culpable- de su eyaculación que ahora se dice precoz. Si seguimos el mismo razonamiento, pero a la inversa, podríamos decir que la mujer sería responsable -para no decir culpable- de la lentitud de su reacción genital y para tener orgasmo. La realidad es que existe una diferencia biológica en la reacción genital de los hombres y de las mujeres. Dicha diferencia puede observarse fácilmente en todas las especies animales, si alguno quiere tomarse la molestia de observarlos. El rechazo de esta diferencia nos conduce a “normalizar” y, en ese caso, la baja capacidad de reacción de la mujer se vuelve la norma y la alta capacidad de reacción del hombre es el chivo expiatorio de las dificultades de adaptación sexual de las parejas. Ese dogma es el que alimenta el prejuicio de que “No hay mujeres frígidas, lo que hay son hombres torpes”. 3
Según Durden-Smith y Desimone, desde los años 80 y gracias a los descubrimientos de la neuropsicología, estamos asistiendo al nacimiento de un tercer dogma que
“amenaza con hacer desaparecer tres ideas pseudocientíficas que orientan la manera en la que nos concebimos como hombres y mujeres :
1. la idea de los estados psicológicos como productos de la mente;
2 la idea de la separación del cuerpo y del espíritu;
3. la idea según de que el género no es innato sino adquirido y puede ser modificado”. 4
Este dogma, es decir, la nueva ciencia del hombre y de la mujer, integra la información de la genética, de la biología, de la sexología, de la química y, en particular, la información que se refiere al cerebro humano. El cerebro no es un órgano mecánico, es el centro de nuestra personalidad, es nuestro “Yo”. El cerebro es el lugar de integración de la Cultura y de la Naturaleza, si consideramos aquí a la naturaleza como una herencia genética individual milenaria de la que no podemos abstraernos en una generación. Y ese cerebro probablemente está muy influido por las hormonas sexuales, provocando así no sólo diferencias en cuanto a la estructura del cerebro, a la división de los hemisferios, a la composición y la densidad de los diferentes lóbulos, cerebelo y cuerpo calloso, sino también en las áreas de las aptitudes y habilidades del hombre y de la mujer, de sus aspiraciones y prioridades respectivas, de su percepción del mundo, de sus maneras de entrar en relación y de comunicar.

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