Cómo educar al Dobermann
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Description

El dobermann es un excelente perro de compañía; en esta obra, totalmente ilustrada, se desmiente la fama injustificada de perro peligroso y feroz que se le ha atribuido.
Resulta muy importante elegir el cachorro «adecuado» y conocer las características que debe tener el propietario ideal para lograr una convivencia sin problemas.
El test de Campbell nos ayudará a elegir el ejemplar más adecuado a nuestras características y nuestros deseos.
También es imprescindible saber qué hay que hacer para crear una buena relación con los niños y con los demás miembros de la familia.
La educación de base: las reglas fundamentales y los errores que no deben cometerse.
El adiestramiento para la obediencia, desde los primeros ejercicios hasta los más avanzados.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 22 octobre 2018
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644615584
Langue Español
Poids de l'ouvrage 7 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0015€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Valeria Rossi



CÓMO EDUCAR
AL DOBERMANN





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
ADVERTENCIA
Este libro es sólo una guía introductoria de la raza. Para criar un perro es necesario conocer a fondo su temperamento y tener nociones generales de psicología y comportamiento animal, que no están contenidas en la presente obra. Se advierte que si se orienta mal a un perro, este puede ser peligroso.
Por otra parte se recuerda que, lógicamente, sólo un profesional acreditado puede adiestrar a un perro y que cualquier intento de hacerlo por cuenta propia constituye un grave error. Es obvio que bajo ningún concepto debe permitirse que los niños jueguen con un perro si el propietario no está presente.
Traducción de Gustau Raluy Bruguera.
Diseño gráfico de la cubierta de Design 3.
Fotografías de Marco Giberti.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2018
© [2018] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-558-4
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice
Introducción
El Carácter Del Perro
Manada Y Familia
El Dueño Idóneo Para Un Dobermann
El Dobermann Y Los Niños
La Elección Del Cachorro
Cómo Criar Y Educar Un Dobermann Para Que Sea Totalmente Fiable
El Adiestramiento Para La Obediencia
Ejercicios Avanzados De Obediencia
El Estándar Y Los Consejos Del Veterinario
El Estándar
Los Consejos Del Veterinario
La Cinofilia Oficial
Conclusiones
Direcciones De Interés
Bibliografía
Una espléndida cabeza masculina
INTRODUCCIÓN
El dobermann ha sido el perro más criticado y difamado de la historia, al menos hasta la aparición del pit bull. Ambos comparten el deshonor de haber sido acusados de forma totalmente injusta de ser perros asesinos, nacidos en el laboratorio de un científico loco y luego puestos a la venta. Aún hoy se les acusa de causar estragos entre la población felina, atacar a perros de otras razas e incluso herir niños inocentes.
Pero si el pit bull tiene un triste pasado de perro de pelea que justifica en parte los ataques procedentes de muchos medios de comunicación, los detractores del dobermann no tienen tan siquiera esta excusa. El dobermann nació como perro de defensa, y nunca ha hecho otro trabajo a lo largo de toda su historia. Exactamente igual que el boxer, por ejemplo, sobre el que nunca se han hecho este tipo de acusaciones.
Entonces, ¿por qué ha sido el dobermann el objetivo? Más adelante hablaremos de los problemas actuales (en particular del proyecto de ley que se debate en algunos países que reglamentaría la esterilización obligatoria de todos los perros de guarda y de defensa).
En estas líneas quiero recordar que el dobermann ha sido, en términos absolutos, el primer perro en ser acusado de peligrosidad y señalado como asesino potencial. La razón, sin embargo, no está clara.


Según sus detractores, el dobermann es un perro peligroso para los niños
Siempre he imaginado que un buen día, en una ciudad determinada, se despertó con el pie izquierdo una de aquellas personas que suelo definir como «buscadores profesionales de chivos expiatorios de cuatro patas» —es decir, un periodista cinófobo y falto de noticias.
Tal como muy bien saben todos los periodistas (añado entre paréntesis que yo también soy periodista, pero no excuso a este tipo de colegas que preferiría no tener), cuando la noticia no existe, hay que crearla. Luca Goldoni, que en una de sus obras sostenía haber inventado la «no-noticia», nos da un ejemplo magnífico: «El presidente de la República no viajará a China», o bien «La gran estrella del rock no se separa de su esposa».
Pues bien, generalmente los periodistas utilizan estos recursos, que no perjudican a nadie y que en algunas ocasiones son tan simpáticos que rozan la genialidad, pero podemos estar seguros de que el periodista que odia los perros, cuando no tiene la noticia, la toma con una raza canina. Quizás alguien le cuenta algo de oídas, y él se inspira y exagera el caso (el ejemplo clásico es el perro de guarda que muerde a un ladronzuelo y se convierte en: «Perro asesino despedaza a un adolescente»).
Y cuando las noticias escasean por completo, es el momento de hacer trabajar la fantasía. Y como su fantasía no es en absoluto sana, tampoco lo será el artículo.
Volviendo a nuestro buscador de víctimas propiciatorias de cuatro patas, quizás un mal día, que podemos situar en la década de los sesenta, se encontró que no tenía ninguna noticia. No tenía la menor idea de qué escribir, y tal vez el dobermann del vecino le había gruñido (no me extrañaría nada: el dobermann es como si tuviera antenas, y detecta al instante las personas que odian a los perros, a las que normalmente dedica una «sonrisa» que significa «tú tampoco me gustas, te lo digo para dejar las cosas claras»). El caso es que nuestro periodista cinófobo empezó a elaborar un notición para desacreditar la raza.
Pero ¿qué podía decir? ¿Que el dobermann era el perro de la Gestapo? Una vieja historia, de escaso efecto. Además, la Gestapo también usaba pastores alemanes, y siguen gustando a todo el mundo.
Tenía que encontrar algo mejor: ¿qué podía tener el dobermann distinto de los demás?
Y de pronto tuvo la brillante idea: podía buscar algo relacionado con el extraño cráneo estrecho y plano.


El dobermann nació como perro de defensa


El cráneo del dobermann es idéntico al del collie, que no ha sido acusado nunca de «enloquecer» a una cierta edad

Así, en su escritorio, nació uno de los chismes más ridículos del contexto cinófilo (sólo comparable a la historia según la cual cortando el frenillo de la lengua al perro se cura el moquillo, o a la otra que dice que los perros de raza pura han de tener el paladar negro).
Una caja craneal tan pequeña forzosamente tenía que estrecharse a medida que el perro iba creciendo, y al estrecharse era inevitable que comprimiera el cerebro. Pero el asunto no se acaba aquí: ¿qué efecto puede tener una caja craneal que se estrecha y comprime el cerebro?
La muerte del perro, pensaréis algunos (con buena lógica).
En absoluto. Esta versión no habría causado sensación; había que encontrar algo más impactante... Pues el «pájaro» decidió que el perro se volvía loco , mordía y se convertía en un gran peligro. Y para poner la guinda, fijó incluso la edad: el animal enloquecía a los siete años, ni un mes antes ni un mes después.
Fue una historia clamorosamente ridícula, absurda, inaceptable... y, sin embargo, todo el mundo la creyó.
Etólogos y veterinarios se esforzaron en explicar que el cráneo es plano simplemente porque está hecho así, que no se encoge y que nunca ha sido la causa de que ningún perro se volviera loco (de ser así, el mundo estaría lleno, por ejemplo, de collies furiosos). No hubo nada que hacer, la leyenda urbana continuó galopando durante años. Y todavía hay quien se lo sigue creyendo.
Y así fue como el dobermann, uno de los perros más dulces del mundo (probablemente el más sensible ), se convirtió durante mucho tiempo en uno de los más despreciados.
Llegados a este punto, debo confesar que me cuesta hablar y escribir sobre el dobermann, porque la pena me invade el corazón. Y eso ocurre porque en los años setenta, mi adorado Strike , uno de los perros más simpáticos y alegres que he conocido, fue envenenado por un ignorante y peligrosísimo ser de dos patas, al que entonces deseé (y todavía hoy le sigo deseando) que viviera el resto de sus días a la altura de su nivel mental, es decir: bajo cero.


Sujeto adulto plantado
Strike acababa de cumplir siete años, y el último día de su vida lo pasó dejándose rascar la barriga por todos los niños del vecindario, tal como había hecho desde cachorro y como habría continuado haciendo mucho más tiempo, si no hubiese intervenido la inconmensurable y cruel ignorancia humana. Los lectores me disculparán, pero si no hubiera hablado de esta historia (de hace más de treinta años, pero todavía capaz de suscitar en mí reacciones de rabia y a la vez de tristeza), no se comprendería hasta qué punto la ignorancia y la mala fe pueden hacer daño. Ahora que he recordado Strike , su vida llena de alegría y su final teñido de la más profunda injusticia, puedo proseguir. Y lo hago afirmando que los detractores del dobermann desgraciadamente causaron la muerte del mío y de otros perros inocentes, pero provocaron un efecto que con toda seguridad no habían previsto: lo convirtieron en una auténtica estrella canina.
Actualmente, no hay hombre, mujer o niño que no conozca esta raza. Quizá algunos la temen, pero la conocen todos.
Todo el mundo sabe que el dobermann es un animal precioso, con una planta imponente, una mirada franca y leal, que bastaría por sí sola para desmentir cualquier habladuría.
Pero aquel que se le acerca un poco más, descubre que el dobermann no sólo no se vuelve loco a ninguna edad, no sólo no es peligroso ni indiscriminadamente mordedor, sino que es un perro muy bueno y dulce, que se desvive por su dueño y que está dispuesto a todo con tal de hacerle feliz.


El dobermann tiene el corazón de un perro de compañía
Cuando no lleva a cabo tareas de guarda o de defensa, tiene el alma y el corazón de un perro de compañía. Naturalmente, cuando las circunstancias lo exigen sabe morder con decisión y eficacia. Pero esto no lo convierte en un peligro público.
Los modernos buscadores de chivos expiatorios, después de haber encontrado en el pit bull la víctima ideal, han ido más allá exigiendo que los perros asesinos sean eliminados todos: rottweiler, dobermann, dogo argentino, y cuantos más mejor. Y tanto han insistido en sus airadas peticiones que hasta han logrado convencer a un ministro europeo que ha presentado a estudio una propuesta de ley para la «esterilización obligatoria de los perros potencialmente peligrosos».
Yo me pregunto, ¿por qué nadie pone coto a los redactores de noticias contrastada, y no potencialmente, estúpidas?
Lo he dicho, escrito y gritado tantas veces que casi me avergüenza repetirlo: ¡las razas asesinas no existen!
Puede haber perros que muerden, e incluso perros asesinos. Pero la culpa es siempre y exclusivamente del hombre que los ha criado, educado y adiestrado mal.
Decimos «mal», desde nuestro punto de vista, ya que normalmente los perros que han llegado a matar habían sido adiestrados para ello . Su dueño pretendía que fuesen exactamente así.
Pero el mismo perro, en manos de una persona normal y equilibrada, habría sido un animal tranquilo y dispuesto a ser amigo de todos, peligroso sólo con quien hubiere atentado contra la integridad de su propietario o hubiere entrado sin permiso en su territorio.
El asesino no tiene nunca cuatro patas, siempre tiene dos. Si le privamos de la posibilidad de matar utilizando un perro, lo hará con un cuchillo o con una pistola, y el resultado será el mismo.
Eliminar una serie de razas de la faz de la Tierra sería como suprimir el fútbol para acabar con la violencia en los estadios, o retirar de la venta todos los cuchillos del mundo, puesto que potencialmente pueden ser clavados en la barriga de un hombre en lugar de serlo en un bistec. Y, ¿qué hacemos si una persona mata a otra a puñetazos? ¿Cortaremos las manos a toda la humanidad? Un perro potencialmente reactivo, combativo y agresivo como el dobermann puede ser exactamente igual de peligroso que un cuchillo, pero si el mango (en este caso la correa) lo tiene una persona equilibrada, nunca hará daño a nadie. Es más, el cuchillo no tiene cerebro, y en cambio el perro sí. Un perro sensible, inteligente y fundamentalmente bueno como el dobermann, en muchos casos aprende a dosificar sus fuerzas y sus acciones, e incluso puede remediar los errores flagrantes de educación o de adiestramiento.
Que nadie crea que estoy exagerando. Sé también que tengo tendencia a idealizar la raza, como suele suceder con aquello que se ha querido mucho y luego se ha perdido. Pero precisamente porque soy consciente de este fenómeno, me autocontrolo, hasta el punto que estoy escribiendo menos de la mitad de todo lo bueno que pienso del dobermann.
No obstante, a veces se me escapan los elogios. No puedo evitarlo, porque esta es una gran, grandísima, fabulosa raza, y el hecho de que a mí me guste no cambia en nada la realidad de las cosas.
Un dobermann bien criado, bien educado y bien adiestrado es siempre una obra maestra de cuatro patas: bello por fuera y bellísimo por dentro.
Y quien sostiene lo contrario no entiende nada de perros.
EL CARÁCTER DEL PERRO
Perros «buenos» y perros «malos»
¿Qué es el carácter de un perro? Al igual que en el hombre, esta palabra tiene un doble significado.
El primero define el conjunto de cualidades psíquicas de un perro (valentía, temple, agresividad, curiosidad, etc.). Un perro que las posee todas en un alto grado es un perro «con mucho carácter», mientras que el que carece de ellas, total o parcialmente, tiene «poco carácter».
El segundo significado es más próximo, y a la vez más lejano, a las expresiones «buen carácter» o «mal carácter» utilizadas para los hombres. Cuando se habla de «buen carácter» para referirse a una persona, se piensa en un hombre simpático, disponible, con cualidades morales, y en el caso contrario se dice que alguien tiene un «carácter de mil demonios».
En cambio, el caso del perro es muy distinto: un perro de buen carácter es efectivamente simpático, disponible y bueno, pero un perro de mal carácter no puede ser un perro sin virtudes morales, por la simple razón de que el perro no tiene sentido moral.


Un perro de buen carácter es un animal bien socializado con el hombre; en efecto, el perro no tiene «sentido moral»
A diferencia del ser humano, ningún perro puede ser «malo», puesto que no obedece a reglas o leyes éticas. El perro sólo tiene dos modelos de comportamiento: el que le viene impuesto por la naturaleza (el «instinto») y el que le impone el hombre.
Veamos ahora el caso del perro mordedor: ¿de dónde le puede provenir su «mal carácter»? De la naturaleza está claro que no. Los milenios de domesticación no han alterado la mente del perro. Aunque exteriormente haya adoptado formas, dimensiones y colores muy diferentes, por dentro sigue siendo el mismo que hace doce mil años. El cerebro del perro, al menos al nacer, es exactamente igual que el del lobo. Posteriormente interviene el ser humano, que «modifica» su desarrollo psíquico haciéndole creer que los bípedos somos sus congéneres, y enseñándole a respetar y a obedecer a un jefe de manada sin cola y que camina erguido.
Este proceso «invasivo» recibe el nombre de imprinting , del que hablaremos más adelante. Por el momento nos limitaremos a decir que sin imprinting el perro no siente ningún vínculo con el ser humano, y lo considera un ser ajeno y desconocido como podría ser un tigre o un elefante.
Por lo tanto, el perro no tiene ningún «instinto natural» que pueda inducirlo a comportarse agresivamente contra el hombre, del mismo modo que tampoco tiene «instintos naturales» que le induzcan a comportarse con docilidad y afecto. Estas pulsiones nacen de la intervención humana durante el imprinting . Sin él, el perro tendría una única reacción instintiva: la autoprotección, que se materializa en la fuga.
Todo el mundo debería saber que el temido lobo feroz de Caperucita Roja es un invento literario: un lobo «de verdad», si encuentra a un ser humano en el bosque no se lo come, sino que huye , tal como haría cualquier perro que no hubiera recibido ningún tipo de imprinting .
Un lobo, o un perro salvaje, sólo podría elegir anteponer el ataque a una reacción de fuga en dos casos: cuando la hembra defiende a su camada y cuando se siente amenazado y no puede huir. En estado natural casi nunca se da el caso de que un lobo no tenga vías de escapatoria; en cambio, en la ciudad, hay más posibilidades de que un perro se sienta amenazado y atrapado.
Este es un factor que convendría tener muy en cuenta cuando se habla de perros agresivos —y que ampliaremos más adelante.
Por el momento, podemos sacar dos conclusiones: si el perro carece de moral, y si el único «instinto» natural que tiene con el hombre es huir para evitar que le haga daño, salta a la vista que los perros agresivos no son perros «naturales», sino perros que tienen un comportamiento originado por el hombre.
Dicho de otra manera: detrás de un perro mordedor, hay siempre y solamente un error humano.
En el capítulo correspondiente veremos cuáles son los posibles errores y cómo se pueden evitar.


El perro, al igual que el lobo, reaccionará agresivamente si se siente amenazado y no encuentra escapatoria
Las características psíquicas del perro
¿Cuáles son las cualidades que, juntas, forman el «carácter» de un perro?
La cinología moderna describe nueve cualidades básicas:
—   reactividad (o temperamento);
—   temple;
—   agresividad;
—   combatividad;
—   docilidad;
—   vigilancia;
—   curiosidad;
—   sociabilidad;
—   posesividad.
No es totalmente exacto considerarlas cualidades, porque en sí mismas no son ni buenas ni malas. Es el hombre quien convierte en útiles cada una de estas características para sus objetivos (adiestramiento y utilización del perro como auxiliar), y, por consiguiente, considera cualidades lo que objetivamente son partes de la estructura psicológica del animal.
Simplemente, el perro tiene estas características más o menos desarrolladas, del mismo modo que puede tener el pelo y la cola largos o cortos o sus orejas pueden ser asimismo más o menos erguidas.
Insisto en la ingenuidad del perro porque es importante darse cuenta de que el perro no tiene consciencia de ser bueno o malo, valiente o cobarde. El perro aprende a sentirse un «buen perro» o un «mal perro» en función de las reacciones humanas a sus comportamientos.
Antes de tratar este tema con más profundidad, analizaremos sucintamente las cualidades caracteriales que acabamos de enumerar.
Reactividad (o temperamento)
Con este término se indica la velocidad de reacción del perro a los estímulos externos, positivos o negativos. Un perro vivaz reaccionará con rapidez a la llegada del dueño o ante la agresión de un malhechor.
No nos interesa saber cómo reacciona, sino sólo la velocidad con la que lo hace. Cuanto mayor sea, más fuerte será su temperamento, y viceversa.


Un perro siempre atento a la llegada de su dueño tiene una reactividad alta
Temple
Es la capacidad de soportar estímulos externos desagradables o dolorosos.
Por ejemplo, si pisamos la pata a un perro de temple blando, este reaccionará lloriqueando, deteniéndose o cojeando ostentosamente; si es de temple muy blando, incluso podrá negarse a seguir caminando. El perro de temple duro hará caso omiso al pisotón. El de temple medio quizá soltará un breve aullido, pero reanudará la marcha alegre y seguro.
El temple aumenta siempre con la edad del perro. ¡Los cachorros son grandes cuentistas!


Un perro de temple duro no hará demasiado caso a un pisotón involuntario
Agresividad
Es el impulso para la lucha como reacción a un estímulo amenazador dirigido contra él mismo, su territorio o las personas que quiere. La agresividad no es buena ni mala: es una característica natural que no puede faltar en un perro, aunque en algunas razas puede ser más marcada que en otras. Lo que en realidad cuenta (especialmente en un animal de trabajo) es la combatividad . La agresividad en sí misma no es más que un impulso que puede desembocar en pelea si el perro es combativo, pero también en fuga si carece de ella.


La agresividad es un impulso para reaccionar frente a un estímulo amenazador
Combatividad
Es la capacidad de pasar a la acción o, lo que es lo mismo, de transformar la agresividad en pelea.


La combatividad hace que el impulso agresivo se transforme en lucha
Docilidad
En el perro supone la aceptación espontánea del hombre como un superior jerárquico, sin necesidad de imposiciones. En la práctica es la capacidad de amar a su dueño y de sentir deseos de obedecerle, de aprender de él y de poder contar con él.


En el perro la docilidad es la aceptación del hombre como superior jerárquico y, por lo tanto, comporta la obediencia
Vigilancia
Es la capacidad de avisar (con la voz o la mímica corporal) de un posible peligro externo, tanto para él como para su dueño. La vigilancia se manifiesta siempre con más énfasis dentro del territorio donde vive el animal, que fuera de él. No obstante, el adiestramiento puede despertarla incluso en territorio neutro.


La territorialidad aumenta la vigilancia del perro, que defiende espontáneamente el lugar en donde vive
Curiosidad
Es el interés por el mundo externo y por todo lo que pueda atraer la atención del perro. Es una cualidad importante porque sin curiosidad el perro es apático e incapaz de aprender.


La curiosidad del cachorro se alimenta proponiendo estímulos interesantes y siempre diferentes
Sociabilidad
Es la capacidad de relacionarse con el hombre de forma simple y natural.
La sociabilidad no debe confundirse nunca con la socialización, que es el periodo durante el cual el perro empieza a ocupar un lugar jerárquico dentro de la manada (o de la familia).


Sociabilidad significa identificar como congénere al animal-hombre, hecho que se logra a través del imprinting
Posesividad
Es la capacidad del animal de considerarse propietario de algo o de alguien.
Es muy importante porque, sin ella, el perro no defendería ni su dueño ni su casa porque no creería que son «suyos».


El perro defiende lo que considera «su propiedad»
Cualidades psíquicas específicas del dobermann
Hasta el momento nos hemos referido a un perro genérico, que tanto podría ser un chihuahua como un san bernardo. Pero este libro está dedicado al dobermann. Es importante saber que todos los perros, sin exclusión, poseen las cualidades psíquicas descritas; incluso el beagle, considerado el perro más bueno del mundo, alberga en su interior una buena dosis de agresividad, y el más feroz de los pit bull es en potencia un perro dócil y sociable (puede morder a una persona sólo para complacer a su dueño, lo cual es un signo de docilidad; otra cosa distinta es que el dueño no esté en su sano juicio al ordenarle que lo haga). La selección ha modificado la estructura psicológica de las distintas razas, potenciando algunas características y reprimiendo otras. El resultado es que cada raza tiene las mismas cualidades que las otras, pero en distinta medida.
Un buen dobermann debe caracterizarse por:
—   reactividad muy alta;
—   temple medio;
—   agresividad media;
—   combatividad alta;
—   docilidad muy alta;
—   vigilancia alta;
—   curiosidad muy alta;
—   sociabilidad muy alta;
—   posesividad medio-alta.
También añadiría una particularidad que normalmente no se incluye en el conjunto de características caracteriales, en parte porque es más un factor individual que racial. Pero en el caso del dobermann merece la pena hablar de ella, porque en esta raza es una constante: me refiero a la sensibilidad , que en el dobermann es muy marcada. Puesto que el propósito de este libro es explicar la forma de educar un perro seguro al cien por cien, es oportuno señalar que este perro nota los estados de ánimo de su propietario más que cualquier otra raza.
Esto significa que podrá trabajar fantásticamente si el dueño está de buen humor, o bien mostrarse desganado o exageradamente sumiso si su dueño tiene, por ejemplo, problemas en el trabajo, de los que en teoría el perro no debería tener ningún «conocimiento». El dueño está convencido de no haber hecho ni dicho nada diferente de lo habitual, pero el perro trabaja mal. ¿Por qué? Porque nota que algo va mal.


El perro se muestra desganado o falto de atención quizá porque nota que nos ocurre algo
Todos los propietarios y adiestradores que han trabajado con perros dobermann han vivido, en un momento u otro, experiencias similares.
Pero todavía hay más.
En el capítulo introductorio he explicado que el dobermann muestra los dientes a personas que odian a los perros (aunque sean personas de paso). Esto no significa que tenga que morderles; simplemente responde a su manera a la sensación que le causa el no gustar, y no comporta un peligro real para la persona en cuestión; en cambio, la situación puede ser peligrosa en el caso de que el dueño tenga un altercado con otra persona.
El altercado podría ser meramente verbal, sin ninguna intención de pasar a las manos. En este tipo de situaciones, es conveniente sujetar al perro. Si un dobermann nota la hostilidad de su propietario hacia otra persona, es probable que quiera opinar él también. Esta personalidad compleja, inteligente y con grandes dotes psíquicas no nace por casualidad, sino que es el resultado de una selección llevada a cabo por el hombre con el propósito de obtener un perro de defensa excelente.


El dobermann nota los estados de ánimo de su dueño, y puede intervenir si discute acaloradamente con otra persona
Orígenes e historia del dobermann
Como muchos lectores ya sabrán, esta raza lleva el nombre de su creador, Karl Friedrich Dobermann. Este alemán, recaudador de impuestos y guardián nocturno, creyó que podría solucionar muchos de los inconvenientes propios de estos trabajos con un perro de defensa agresivo pero equilibrado, potente pero ágil, valiente y de temple fuerte.
Gran aficionado a los perros tipo pinscher, muy difundidos en Alemania a finales del siglo XIX aunque muy poco homogéneos, herr Dobermann trabajó con el propósito de obtener un perro ideal, con cruces de los que por desgracia sabemos poco o nada. El resultado fue una hembra de color negro y fuego, que representaba la coronación de todos sus esfuerzos. La llamó Bismarck , nombre que luego fue modificado en Bisart para no ofender al canciller, que en aquellos tiempos era protagonista de la escena política.
Así, Bisart fue la progenitora de la nueva raza. Pero no se sabe quiénes fueron sus compañeros, porque Dobermann no dejó nada escrito y sus hijos, Louis y Robert, sólo conservan vagos recuerdos de los primeros perros que había tenido su padre.


Graf Belling v. Grönland y Gerhilde v. Grönland , n. ° 1 y n. ° 2 respectivamente del Libro de los Orígenes del dobermann; eran propiedad de Otto Göller, un conocido criador y cinólogo
En 1924, Otto Seegast, uno de los primeros criadores de la raza, supuso que se había utilizado el metzgerhund (el «perro de los carniceros»), que también había sido progenitor del rottweiler, porque los primeros ejemplares tenían un cuello más fuerte que los dobermann actuales, eran más toscos y bajos, y se usaban también como perros boyeros.
Otro perro que probablemente influyó en la raza desde sus inicios fue el pastor de Beauce o beauceron, una raza francesa bastante difundida en Alemania desde los tiempos de Napoleón. No debe excluirse la posibilidad de que uno de los padres de Bisart (o por lo menos un antepasado) fuera un beauceron, ya que era más alta y esbelta que la mayoría de pinscher de la época.
La raza fue reconocida oficialmente en 1898, pero no se tienen noticias seguras hasta 1900, en forma de testimonios escritos de los apareamientos efectuados.
Gracias a esto sabemos que en el patrimonio genético del dobermann entró el manchester terrier. En efecto, en el pedigrí de Fedor v. Alphart , nacido el 6 de mayo de 1906, consta que la abuela materna de su madre, Tina v. Alphart , se llamaba Lady y era hija de un manchester terrier.


Fedor v. Alphart, nacido el 6 de mayo de 1906, uno de los cabezas de estirpe de la raza, que imprimió sus características en las generaciones siguientes
La introducción de sangre terrier fue la causa del nerviosismo que caracterizaba al dobermann en sus inicios. Sin embargo, con el tiempo se fue ido eliminando este aspecto negativo (pues su reactividad era excesiva), pero conservando la hipersensibilidad, que podía ser un factor negativo o bien extraordinariamente positivo, según quien se encontrase en el otro extremo de la correa.
Así llegamos al 1909, año en que la evolución de la raza experimentó un giro importante: para obtener un dobermann más alto y elegante, Lord v. Riet fue apareado con Stella , hija de un greyhound (lebreloide). Este osado cruce dio dos campeones: Sibilla v. Laugen , campeona alemana, y Roland v. Derhiede . Ambos se dedicaron mucho a la reproducción, respaldados por sus títulos, y la sangre de lebreloide entró con fuerza en la cría del dobermann, dando los resultados esperados (aumento de la talla, formas más elegantes y disminución del nerviosismo), y algún pequeño defecto colateral claramente indeseado, como las fosas nasales demasiado estrechas y los hocicos excesivamente puntiagudos que a veces vemos hoy en día.
Al inició de la primera guerra mundial, el dobermann fue utilizado para la guerra con tres funciones distintas: mensajero, perro de rastreo para la búsqueda de heridos y personas extraviadas y perro de guarda para los depósitos militares y campos de prisioneros. Es importante saber que los perros del ejército debían superar una prueba de selección muy dura, que incluía verdaderos «itinerarios de guerra» entre obstáculos y fuertes ruidos. Sólo el 18 % de los perros (de todas las razas) presentados a la selección superó la prueba. Este 18 % estaba formado por un 32 % de dobermann y un 33 % de airedale terrier, la única raza que superaba, aunque por muy poco, al dobermann. El gran público tuvo conocimiento de estos resultados, y ambas razas experimentaron un importante auge que les permitió superar sin demasiados problemas el retroceso inevitable durante el conflicto mundial.


Un agente de policía con su dobermann Prin v. Grönland
MANADA Y FAMILIA
Agresividad y combatividad intraespecíficas e interespecíficas
Los comportamientos agresivos del perro cambian según los protagonistas. Si la lucha se produce entre dos perros, la madre naturaleza interviene como «moderadora», ya que su objetivo principal es la conservación de todas las especies. La madre naturaleza no desea que las luchas internas desmembren las manadas de lobos (o de perros), porque esto pondría en peligro la especie. Por consiguiente, la agresividad y la combatividad intraespecíficas se desarrollan en un plano ritual. En este contexto, los gruñidos, ladridos y amenazas tienen una función muy concreta dentro de la comunidad canina porque sirven para establecer un orden jerárquico preciso.


El perro, como el lobo, es un animal social
El perro, al igual que el lobo, es un animal social que vive en manada, un grupo estructurado donde la anarquía no tiene lugar. Para que el grupo funcione debidamente, en la caza, en la defensa y en todas las demás funciones ha de haber jefes y subordinados, generales y soldados rasos.
En la manada las posiciones jerárquicas no se establecen sólo mediante la lucha, si bien es uno de los medios más usados. El problema es que la lucha hasta la muerte restaría miembros a la manada, y la madre naturaleza no quiere que esto ocurra. Esto explica el porqué de la ritualización: los gestos y las grandes escenificaciones sirven para dejar claro quién tiene más agallas, quién es más fuerte físicamente, quién tiene más constancia y más carisma, pero no contemplan la supresión del más débil, sino su sumisión.
Cuando dos perros se pelean, el perdedor casi nunca muere: basta con que se rinda entre gestos rituales (tumbarse boca arriba, ofreciendo la garganta al vencedor) que inhiben automáticamente la agresividad del más fuerte y le hacen desistir en el ataque. Por lo tanto, las victorias tienen un valor sobre todo «moral».


Tumbarse boca arriba es un gesto ritualizado de sumisión que los cachorros realizan muy a menudo
Imaginemos ahora que la manada entra en contacto con un predador, por ejemplo, un puma. También se producirá una pelea, pero en este caso será hasta la última sangre, ya que el predador constituye un peligro para la manada y no puede tener ninguna función dentro del grupo.
La madre naturaleza no tiene ningún inconveniente en que el predador sea eliminado físicamente, que es lo que ocurre normalmente (a menos que el predador logre huir), sin que intervenga ningún tipo de inhibición en los perros (o lobos).
En definitiva, las luchas dentro de la misma especie raramente acaban con la muerte de uno de los contendientes, y están regidas sobre todo por gestos rituales.
Las luchas entre dos especies distintas tienden a finalizar con la muerte de uno de los contendientes, y carecen de todo componente ritual.
La pregunta que se nos plantea a continuación es si, para el perro, el ser humano es o no un congénere.
La respuesta más inmediata sería negativa, porque es evidente que pertenecemos a otra especie. En cambio, la respuesta correcta es afirmativa o, mejor dicho, así es como debe verlo el perro.
De hecho, el objetivo del imprinting es convencer al perro de que nosotros también somos perros (o simplemente que somos de su misma especie). A continuación hablaremos de las consecuencias que esta situación conlleva, pero antes explicaremos en qué consiste el imprinting .
El imprinting
Muchos lectores conocerán los experimentos del etólogo Konrad Lorenz con sus ocas.
Lorenz descubrió el imprinting al observar que los polluelos de oca consideraban como madre el primer animal (¡o persona!) que veían nada más salir del huevo. Esto dio lugar a las célebres escenas del etólogo caminando seguido de una hilera de polluelos, convencidos de estar siguiendo a su madre y dispuestos a ir a donde fuera Lorenz.
El imprinting de las ocas en relación con el hombre, por muy equivocado que sea, es irreversible. En efecto, las aves son animales que perciben la realidad circundante de forma predominantemente visual y, al no poderse observar ellas mismas, ocurre lo siguiente:
—   creen estar hechas a imagen y semejanza de lo primero que ven al nacer;
—   no hay manera posible de que cambien de idea.
El caso del perro es distinto, porque es un animal de percepción olfativa y, por lo tanto, es perfectamente capaz de olerse a sí mismo.


Un dobermann puede someterse al dueño sólo si lo considera un «perro » como él
Esto significa que:
a ) Mediante el imprinting los cachorros pueden estar convencidos de que pertenecen a la misma especie que el hombre. En tal caso el imprinting no es visual, sino olfativo y, en menor medida, táctil. Si un ser humano se instala junto a la cama durante horas y horas, solamente dejando que los cachorros lo vean no ocurre absolutamente nada. En cambio, si los toca, se deja oler, los acaricia y juega con ellos, entonces se desencadena el imprinting .
Es importante destacar que este periodo, en el perro, no se inicia a partir del nacimiento, sino que transcurre entre la tercera y la octava semana de vida. Esto es totalmente lógico porque los cachorros, al nacer, no ven ni oyen y sólo pueden relacionarse exclusivamente con la madre. La identificación de la especie, importante para su propia conservación, no tiene sentido hasta que los cachorros empiezan a salir de la madriguera y pueden entrar en contacto con otras formas de vida.
b ) Los cachorros que han focalizado el imprinting en el hombre, al encontrar por primera vez a otro perro, se dan cuenta inmediatamente de que se trata de un congénere, porque emana su mismo olor, y esto puede ocurrir incluso después de haber finalizado la etapa.
Y, por el contrario, los cachorros que no han realizado el imprinting con el hombre a la edad adecuada nunca más podrán hacerlo , porque el hombre no tiene el olor propio del perro y no puede ser reconocido olfativamente como un semejante. Como consecuencia, el perro sin imprinting verá al hombre como un ser completamente extraño, al que podrá temer, ignorar o agredir, pero con quien nunca podrá tener ninguna relación de colaboración, ni desde luego de amistad.
c ) El imprinting sobre el hombre, al no ser un proceso natural, es bastante complejo. Por ejemplo, los cachorros que tienen contacto con una única persona en esta fase pueden tener un imprinting distorsionado, centrado en un único ser humano. El imprinting «en dirección única» es peligroso porque estos perros no tienen miedo del hombre: sólo consideran amigo a aquel único hombre al que han olido y tocado durante la primera infancia, y no les gusta el contacto con otros seres humanos. Entonces podría ocurrir que si un hombre distinto se acercara para acariciar a uno de estos perros, fuese mordido.
La falta de imprinting y, todavía más, el imprinting incompleto o desviado (es decir, en «dirección única») pueden dar lugar a un perro mordedor.


Es preciso dar a los cachorros un imprinting hacia el hombre en el periodo que va de la tercera a la octava semana de vida
Socialización, ordenación jerárquica y ordenación de la manada
El periodo del imprinting , tanto en la manada como en la familia, va seguido del periodo de socialización.
En la naturaleza, el cachorro empieza a relacionarse primero con la madre y los hermanos, y más tarde con el resto de la manada. El proceso es el siguiente:
—   aprende a relacionarse correctamente con sus congéneres (se puede decir que aprende las reglas de «urbanidad canina», que son bastante complejas e incluyen los rituales anteriormente mencionados);
—   reconoce a los superiores jerárquicos, aprendiendo cómo debe comportarse con ellos. Esta fase recibe el nombre de «fase de ordenación jerárquica».
Estos dos periodos van de la octava semana de vida hasta la decimosexta.
En la etapa siguiente, denominada «fase de ordenación de la manada», que generalmente se produce alrededor de los cinco meses, el cachorro aprende la posición que le corresponde en el seno de la manada, y al crecer intentará mejorarla.
Para tener un perro bien socializado habrá que facilitarle el contacto con otros perros y con otras personas (aunque recordemos que para él todos son «perros», es decir, congéneres) en el periodo que va de la octava a la duodécima semana de vida.
A veces hay propietarios que se preguntan por qué su perro es conflictivo, a pesar de ver otros perros a menudo. En realidad es un problema de hacer las cosas a su debido tiempo.
Si el cachorro no empieza a tener contactos con otros congéneres hasta cumplidos cinco o seis meses, el periodo natural de socialización ya ha concluido, y las relaciones serán siempre difíciles.

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