El bulldog
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Description

¿Es el bulldog el perro más feo del mundo? No para los aficionados a esta raza que, seducidos por su simpatía y buen carácter, ven en él singulares cualidades estéticas. Es un perro vivaz, valiente, digno de confianza, resuelto y de aspecto terrible, aunque con carácter afectuoso. Sin embargo, se trata de una raza muy adecuada para la vigilancia.
Si nuestra opción es disfrutar de la compañía de un bulldog debemos saber que hay que educarlo para vivir en familia y que conviene que conozcamos todos los secretos para mejorar la convivencia, hacerlo feliz y mantenerlo en forma: la alimentación adecuada, los consejos para resolver pequeños problemas de salud, la higiene, las vacunas…
Una guía totalmente ilustrada con excelentes fotografías que le mostrará las bondades de esta peculiar raza y que le será de gran ayuda y le permitirá conocer a su perro y hacerlo feliz. Bien informado y documentado podrá pasar junto a su bulldog los momentos más agradables y sentirse totalmente seguro y tranquilo.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 22 octobre 2018
Nombre de lectures 4
EAN13 9781644615607
Langue Español
Poids de l'ouvrage 12 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0015€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Micaela Cantini



EL BULLDOG





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
ADVERTENCIA
Este libro es sólo una guía introductoria de la raza. Para criar un perro es necesario conocer a fondo su temperamento y tener nociones generales de psicología y comportamiento animal, que no están contenidas en la presente obra. Se advierte que si se orienta mal a un perro, este puede ser peligroso.
Por otra parte se recuerda que, lógicamente, sólo un profesional acreditado puede adiestrar a un perro y que cualquier intento de hacerlo por cuenta propia constituye un grave error. Es obvio que bajo ningún concepto debe permitirse que los niños jueguen con un perro si el propietario no está presente.
Agradecemos las facilidades que nos ha brindado el criadero Bull degli Orsi di Luciano Orsi - Ossona (Milán), para la realización del reportaje fotográfico.
También expresamos nuestro agradecimiento a los señores: Moreno Annovazzi, Rita Boncristiano, Fabio Bucchi, Giulia Bucchi, Sergio Garavaglia, Ivano Magna, Giovanna Orsi, Cesare Pesare, Leonardo Pesare, Raffaella Remonti, Evelino Sala, Laura Vergani.
Traducción de Gustau Raluy Bruguera.
Diseño gráfico de la cubierta de Design 3.
Fotografías de Gianni Balistreri, Fotoimmagine, Génova.
Dibujos de Alberto Marengoni.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2018
© [2018] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-560-7
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice
Introducción
Descubrir Y Conocer Al Perro
El Cachorro
El Perro Joven
El Bulldog Ideal
Alimentación Y Salud
Gestación Y Parto
El Bulldog En Familia
El Bulldog Como Perro De Utilidad
El Estándar Y Los Consejos Del Veterinario
El Estándar
Los Consejos Del Veterinario
La Cinofilia Oficial
Direcciones De Interés
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
¿El perro más feo del mundo? En absoluto.
El bulldog, con su hocico aplastado y su cuerpo de luchador de sumo, ignora las críticas acerca de su aspecto físico y camina majestuosamente por el mundo. Es un perro feliz, siempre dispuesto a hacer amistades. Gracias a ello se ha ganado el favor de un cuantioso número de aficionados, que afirman rotundamente que no sólo es el perro más simpático, sino el mejor que pueda imaginarse.
Sin embargo, en términos cinófilos, sólo cuenta un tipo de belleza: la funcional. Un perro se considera bello en la medida en que su físico se adapta a la función para la que ha sido creado.
El bulldog, para su desgracia, nació como perro de pelea. No cabe la menor duda de que, desde este punto de vista, su estructura es eficaz al cien por cien.
Las extremidades cortas hacen que el centro de gravedad sea bajo, lo cual impide que pierda el equilibrio con facilidad. El cuerpo compacto y cuadrado ofrece pocos puntos de presa al adversario.
Las mandíbulas, extraordinariamente potentes, le permiten morder con la mayor fuerza posible y el hocico corto y chato le permiten una presa mucho más eficaz.
El bulldog es un ejemplo perfecto de funcionalidad y, por consiguiente, ha de ser considerado un buen perro desde el punto de vista técnico.
Si nos fijamos en su aspecto, es evidente que no es ningún adonis, pero compensa con creces esta desventaja con una simpatía que prácticamente no tiene igual en el mundo canino.

Los orígenes
El bulldog es un molosoide, un descendiente del antiguo moloso del Tíbet que llegó a Europa gracias a los fenicios.
Es difícil pensar que un perro pequeño y rechoncho como este descienda de un gigante. La selección que han llevado a cabo los criadores ha logrado transformar la morfología de las distintas razas en función de las tareas que debían realizar. El bulldog actual es el resultado de una selección que buscaba crear un perro capaz de pelear contra un toro, tal como indica su propio nombre: bull (que en inglés significa «toro») y dog («perro»).
No se sabe con total exactitud en qué época surgió esta discutible «moda» en Inglaterra. En una crónica del 1209 se cuenta que un noble inglés, lord Stamford, presenció casualmente una pelea entre los perros del carnicero y dos toros que se disputaban una hembra. Los perros atacaron y abatieron a los toros con una ferocidad que entusiasmó al señor. El espectáculo le divirtió tanto, que donó el terreno donde se había producido la pelea al gremio de carniceros con la condición de que cada año organizase un combate entre perros y toros.
Fue así como nació un espectáculo cruel que se consideró un «deporte»: el bull-baiting , en torno al cual floreció el negocio de las apuestas.
El entretenimiento gustaba tanto a los campesinos como a los nobles. Entre los fomentadores del bull-baiting encontramos algunos reyes (Jaime I, Ricardo III, Carlos I) y la reina Isabel I, a quien no disgustaban las peleas entre animales. Lamentablemente, la historia humana es rica en ejemplos tristes de diversiones de nobiliarias. De hecho, el bull-baiting se podría considerar como una reminiscencia de las antiguas luchas entre gladiadores.
Aquel innoble «deporte» alcanzó pronto una enorme popularidad, y los beneficios económicos que generaba crecieron desmesuradamente, como demuestran las desorbitadas sumas que ganaban los propietarios de los mejores perros.
Sin embargo, ¿cuál era el perro más adecuado para este tipo de combates?
Tras las primeras peleas se vio que los perros bajos daban buenos resultados, no sólo por su mayor estabilidad, sino también porque se zafaban mejor de las embestidas del toro. Los grandes molosos (como los mastines) que se empleaban al principio eran fáciles de cornear. En cambio, para alcanzar un perro bajo, el toro estaba obligado a bajar mucho la cabeza, con el riesgo de recibir un mordisco.
La mordida debía ser implacable: el perro no tenía otras posibilidades. Y al morder, la boca debía permanecer cerrada hasta que el toro cedía porque se desangraba.
La selección efectuada dio como resultado una auténtica arma de fuerza y agresividad extraordinarias. Téngase en cuenta que el perro no es tonto y sabe medir las dimensiones de su oponente: hace falta un enorme valor y muchas ganas de pelear para que decida enfrentarse contra un toro.
En la selección se concedió una gran importancia al temple, ya que se buscaban perros de templanza dura que fuesen casi insensibles al dolor.

A este respecto, se cuenta una anécdota que habla por sí sola: un criador del siglo XIX apostó que su perro mantendría la presa sobre el toro, incluso amputándole los pies uno a uno. La apuesta fue aceptada y el pobre perro hizo ganar una importante suma de dinero a su criador, porque continuó atacando al toro a pesar de las mutilaciones (personalmente, preferiría que hubiera mordido con el mismo encarnizamiento a su criador, que en realidad era el único que lo habría merecido. Pero así es la historia y así hay que aceptarla, a pesar de las sombras inquietantes que se ciernen sobre el ser humano).
Afortunadamente, existe (y existía también entonces) la otra cara de la moneda: desde los inicios hubo personas contrarias a la barbarie de las peleas entre animales.
En 1778 el duque de Devonshire prohibió el bull-baiting en Tutbury, ciudad en donde estos espectáculos se celebraban desde 1374. En 1802, el reverendo Barry, con un sermón histórico que conmovió a toda la ciudad, lo abolió en Workingham.
Lenta pero inexorablemente, la corriente opositora se hizo cada vez más fuerte. No obstante, como ocurre siempre en estos casos, en lugar de condenar a los hombres se condenaba a los perros.
Veamos a continuación un fragmento extraído de un artículo publicado en el British Field Sports en 1818: «Este auténtico villano de su especie, no puede ser justificado con pretextos de utilidad o humanidad [...]. La desaparición total y definitiva de la raza es la solución deseable». Desgraciadamente, el cronista no se refería a la raza de los apostantes (de haber sido así, el artículo hubiese sido encomiable). Se refería al pobre bulldog, al que hicieron tan agresivo que se convirtió en un animal «feroz».
Hay un detalle que no debe ser omitido: la ferocidad era una de las características desarrolladas por los programas de selección de los criadores, no un resultado de la evolución natural. Cuando finalmente en 1835 fue aprobada la ley que prohibía las peleas entre animales, hubo algún cinófilo que se dio cuenta de que aquel perro no podía perderse.
Debemos admitir que las peleas no cesaron: lamentablemente una ley prohibicionista nunca tiene el efecto de erradicar completamente una actividad perniciosa, sino que la hace clandestina.
En los bajos fondos ingleses se continuó seleccionando bulldog feroces y agresivos que se destinaban a las peleas. Pero como el toro es un animal bastante llamativo (y resulta difícil llevarlo por las calles sin que se vea), se decidió organizar peleas de perros.
La ley de 1835 tuvo un efecto positivo: al no estar bien visto que los nobles y las clases acomodadas de la ciudadanía estuvieran involucrados en actividades ilícitas, se redujo la presencia de estos sectores en las peleas.
En cambio, empezaron a interesarse por las exposiciones caninas, que en Inglaterra empezaron a celebrarse mediados el siglo XIX . Así, en 1869 aparecieron los primeros bulldog de exposición.
En muy pocos años, la «contraselección» logró resultados extraordinarios: los perros seguían siendo valientes, audaces y resistentes al dolor, pero ya no eran «bestias feroces». Es más, tenían un carácter más dulce y sociable que muchos otros.
A partir del momento en que los criadores dejaron de seleccionar la agresividad, los perros volvían a ser «perros», y en poco tiempo empezaron a difundirse como animales de compañía.
A decir verdad, el aspecto enfurruñado del bulldog fue uno de los principales argumentos a la hora de atraer la simpatía del público. La consecuencia fue que se cayó en la exageración, creando perros con cabezas enormes, caños nasales casi inexistentes, y extremidades tan cortas y amazacotadas que los perros casi no eran capaces de caminar.
Afortunadamente, los verdaderos cinófilos se opusieron a esta moda destructora, recordando que el bulldog originalmente era un perro deportista, ágil y activo, y en cambio estos ejemplares no sólo no eran en absoluto ágiles, sino que al tener la nariz tan exageradamente corta sufrían problemas respiratorios que provocaban una muerte precoz a las pobres bestias.
Esta actuación permitió que se pasara del «hipertipo» al «tipo», y finalmente la cría de la raza se realizó siguiendo criterios inteligentes.
El punto de partida para la reconstrucción fue un cuadro de Abraham Cooper, fechado en 1817, en el que aparecen representados dos bulldog, Crib y Rosa , a la que se consideró el modelo ideal y sirvió de modelo para la cría de la segunda mitad del siglo XIX .
Los perros retratados por Cooper tienen las patas más largas, la osamenta más ligera y la cabeza más pequeña que el bulldog actual.
Pero los animales hipertípicos de los que se partió para la reconstrucción —de los que no conservamos imágenes— eran tan bajos, achaparrados y cabezones, que no habría sido fácil volver al tipo de Rosa .
La «tercera vía» resultante gustó mucho más que el tipo originario, y no presentaba los excesos (y los consiguientes problemas de salud) del hipertipo. Por tanto, la cría se orientó hacia estos perros intermedios, y el resultado es el bulldog que podemos ver hoy en día en las exposiciones de todo el mundo.
DESCUBRIR Y CONOCER AL PERRO
EL CACHORRO

Un cachorro de bulldog no parece ni tan siquiera un perro: parece más bien un muñequito de goma. Sin embargo, el primer impulso no debe imponerse a la razón, puesto que estamos eligiendo un amigo, un miembro más de la familia que nos acompañará durante muchos años.
En primer lugar debemos ser conscientes de que esta raza no es precisamente fácil de criar. La conformación del bulldog requiere una gran experiencia antes de lograr producir buenos cachorros, sanos, típicos y con buen carácter.
Existen varias posibilidades. Es posible que conozcamos al propietario de una hembra que haya tenido una camada, o bien que leamos un anuncio en una revista o en la tienda de la esquina. No olvidemos que en esta raza los problemas (especialmente de salud) son demasiados como par correr riesgos.
El lugar más seguro para comprar un cachorro es un buen criadero. Es fundamental que el criadero esté reconocido por la RSCE (Real Sociedad Canina de España) y sobre todo que esté especializado en la raza. Por desgracia, no basta con que esté reconocido. Muchos de los que se presentan como criadores en realidad se limitan a comercializar animales de muchas razas.
Un perro no es una mercancía. En el caso del bulldog, estos criadores no dan garantías suficientes, ni tan sólo para un perro de compañía. Cuando nos decidimos a adquirir un cachorro es porque deseamos compartir nuestra vida con él. Por lo tanto, sería absurdo adquirir un ejemplar de salud quebradiza o inestable. Para evitar riesgos puede solicitarse información en la delegación territorial de la RSCE o en el club que tutela la raza.

¿Con o sin pedigrí?
Mucha gente piensa que cuando no se tiene interés por las exposiciones puede comprarse un perro sin pedigrí y ahorrar un poco de dinero.
Si bien esto es posible, conviene realizar algunas consideraciones.
El pedigrí no identifica un perro de calidad, sino un perro de pura raza. Un bulldog sin documentación (aunque parezca bellísimo) no puede ser considerado como tal. Esto significa que no podrá participar en ningún certamen cinófilo oficial y que tendrá dificultades para encontrar una pareja para la reproducción. Los propietarios de perros de raza pura nunca permiten que sus animales se apareen con ejemplares sin pedigrí, porque los cachorros tampoco podrían tenerlo (contrariamente a lo que algunos creen, no basta que uno de los progenitores lo tenga) y perderían el valor comercial.
Cuando alguien desea tener un bulldog, lógicamente es porque le gustan las características psíquicas y físicas de la raza (de no ser así podría optar por otro perro, mestizos incluidos). No se puede estar seguro de encontrar tales características en un ejemplar que carezca de pedigrí, que no habrá sido objeto de un proceso de selección orientado a mantener y mejorar sus cualidades y no tener garantías de selección, especialmente en lo que se refiere al carácter de una raza tan valiente y fuerte, es un riesgo que no aconsejamos a nadie.
Si el perro adulto ha vivido siempre en un criadero y no ha sido un «perro único», tardará muy poco tiempo en entregarnos todo su amor. Sin embargo, si ha vivido en una familia a la que amaba y en donde se sentía querido, tendremos que prever un periodo de «estudio» de la nueva situación antes de que nos acepte y aprenda a amarnos.
No deberá sorprendernos que el perro alce la mirada al cielo, suspire o resople como si se le hubiera partido el corazón; en realidad esta actitud es muy habitual en todos los bulldog, incluso en los más alegres y felices. Nosotros creeremos que le está consumiendo la nostalgia, pero él quizás estará pensando: «¿cuánto debe faltar para la hora de comer?».
Bromas aparte, el problema debe ser tenido muy en cuenta si se desea adoptar un ejemplar adulto: debemos saber que el perro puede echar de menos a sus antiguos amos, hecho que exterioriza con las típicas expresiones «meditabundas» del bulldog que pueden llegar a deprimir totalmente al nuevo dueño que no conoce bien la raza.

¿Y si lo queremos un poco más mayor?
El cachorro no es la única elección posible, aunque es la mayoritaria por varios motivos, más o menos fundamentados. Si queremos seguir el desarrollo del perro desde su primer hasta el último instante de vida, disfrutar de sus primeros descubrimientos, «moldear» su carácter a nuestro ritmo de vida, no dudemos en optar por un cachorro. En cambio, si tenemos problemas de tiempo, si nos horroriza pensar en sus orines sobre la alfombra y si nos resignamos a quedarnos con un cachorro porque creemos que nos querrá más que un animal joven o un adulto, estamos muy equivocados. Un perro joven de cinco o seis meses se encariña con su amo exactamente igual que un cachorro de dos.
En el caso concreto de esta raza, la decisión de adoptar un ejemplar adulto debe valorarse a fondo, porque el bulldog es un perro que no olvida . Si ha tenido una buena relación con el primer propietario es probable que continúe extrañándolo durante mucho tiempo. No obstante, un ambiente tranquilo y un nuevo dueño amable, con el tiempo, conseguirán conquistarlo.
En la tabla contigua se valoran las ventajas y los inconvenientes que presenta la adopción de un cachorro joven y de un adulto. Los puntos que pueden interpretarse como positivos o negativos según la situación se han incluido en una tercera categoría, que hemos titulado «Depende».


PERRO JOVEN (CUATRO-DOCE MESES)


Ventajas
Los principales problemas de la cría ya habrán sido superados.
El físico y el carácter todavía se pueden moldear, y nos ahorraremos dificultades «de orden práctico». El perro joven ya no defeca en casa (o aprende muy rápidamente a no hacerlo), ha cambiado ya los dientes —ya no roe las cosas indiscriminadamente— y suele conocer órdenes básicas como ¡ven! y ¡no!
Un experto puede valorar con una exactitud del 80 % sus posibilidades de éxito como perro de exposición o de trabajo.

Inconvenientes
Nos tendrá muy ocupados (aunque menos que el cachorro). Ocasionará menos desperfectos, si bien serán mayores que los que habría podido hacer el cachorro.

Depende
Estará influenciado por la educación y el trato recibidos anteriormente; esto puede ser positivo si la relación había sido buena, pero será un verdadero desastre en caso contrario.
Si el ejemplar es muy bello y se le aprecia una marcada aptitud para el trabajo, su precio será más elevado que el de un cachorro. Sin embargo, a veces se puede encontrar algún cachorro al que se le hayan cerrado las puertas de la fama por culpa de un detalle ínfimo (por ejemplo, un prognatismo insuficiente). Estos defectos penalizarían en una exposición, pero no constituyen ningún problema para quien desea simplemente un amigo. Con un poco de suerte se puede tener un perro magnífico a buen precio (el criador querrá deshacerse de él y seguramente nos lo propondrá).

ADULTO (MÁS DE DOCE MESES)


Ventajas
Si queremos un ejemplar de exposición o si queremos participar en pruebas de trabajo, el adulto nos ofrecerá garantías.
Podrá utilizarse inmediatamente como reproductor.
Exigirá menos tiempo, menos cuidados y menos atenciones que un cachorro o un perro joven (y en consecuencia será menos costoso).
Desde el punto de vista higiénico y sanitario, correrá menos riesgos que el cachorro y el perro joven.

Inconvenientes
Tendrá cierta dificultad de adaptación.
Vivirá menos tiempo con nosotros.
Los posibles comportamientos no deseados (por ejemplo, agresividad contra los niños o contra los animales) estarán muy arraigados y serán muy difíciles de corregir.

Depende
El perro que ya ha obtenido buenos resultados o títulos es siempre muy caro; pero si queremos un perro «normal», podremos obtenerlo a muy bajo precio o gratis. Los criadores muchas veces están encantados cuando alguien quiere quedarse con uno de sus ejemplares maduros que ya no puede ser utilizado con fines deportivos o comerciales pero que todavía está en condiciones de proporcionar mucho amor y satisfacciones.

LA ELECCIÓN DEL CACHORRO
La cabeza del cachorro
El cachorro de bulldog es tan «redondo» y gracioso, que difícilmente un profano es capaz de entender nada, y sólo un experto puede prever (a grandes líneas) cómo será de adulto. Sin embargo, observando una serie de características se puede ver si el cachorro está sano.


1. El interior de las orejas ha de estar limpio y no debe emanar olor alguno. El mal olor puede deberse a la presencia de ácaros (otitis parasitaria)
2. Observemos la piel del interior de las arrugas para ver si está limpia y seca o si hay signos de irritación
3. Las mucosas han de estar bien pigmentadas (negras). Hasta los dos meses la pigmentación puede ser incompleta. No es preocupante la presencia de alguna mancha rosada en el cachorro de muy corta edad; pero si persiste pasados dos meses, constituye un defecto.
El cachorro no tiene la dentadura definitiva, sino la de leche, y por lo tanto no se puede adivinar si será completa. En cambio, se puede apreciar si el cierre es correcto
4. Los ojos del cachorro han de ser alegres, vivaces y sobre todo deberán estar limpios. La secreción lagrimal abundante es siempre un mal indicio: si la secreción es líquida puede ser síntoma de una irritación (conjuntivitis), y si está seca (legaña) es más alarmante porque puede ser un síntoma de moquillo. Aunque sólo uno de los cachorros presente síntomas de enfermedad infecciosa grave, no basta con descartar aquel ejemplar. Probablemente la infección se habrá contagiado al resto de la camada, y aquel perro en concreto (quizá por ser el más débil) es simplemente el primero en manifestar los síntomas



■ TIPOS DE MORDIDA
A diferencia de la mayor parte de razas, la dentadura del bulldog ha de presentar un claro prognatismo: el maxilar inferior debe sobrepasar el superior.

1. cierre en tijera; 2. cierre en tenaza; 3. bragnatismo; 4. prognatismo

EL CUERPO DEL CACHORRO

1. El pelo del cachorro es suave, brillante y casi inodoro (exceptuando el olor normal «de litera»). La presencia de una o dos pulgas no debe ser motivo de alarma, puesto que es prácticamente imposible eliminar todas las pulgas de una camada, especialmente en un criadero. En cambio, una infestación de mayor entidad puede causar graves problemas de salud (anemia) y, en cualquier caso, es un claro indicio de mala gestión del criadero
2. La piel del vientre debe ser lisa y rosada, sin pústulas ni enrojecimientos
3. La zona perianal debe verse limpia. Las manchas amarillentas en el orificio anal indican la existencia de diarrea, y por tanto de problemas intestinales o presencia de parásitos
4. Al cumplir los dos meses el cachorro macho ha de tener los testículos completamente descendidos en el escroto. No siempre son bien visibles, pero se pueden notar con la palpación. La falta de un testículo (monorquidia) o de ambos (criptorquidia) es un problema hereditario que excluye el perro de las exposiciones y de la reproducción; por consiguiente, ante esta circunstancia pospondremos la compra. Quizá la situación se normalice en cuestión de días, pero si no es así se aconseja desestimar el animal. Además de ser una tara hereditaria, puede causar problemas al propio perro, puesto que el testículo retenido dentro del abdomen recibe un calor excesivo y puede degenerar en tumor, por lo cual ha de ser extirpado quirúrgicamente


■ EL CERTIFICADO SANITARIO
La persona que vende el cachorro deberá entregar al nuevo propietario el certificado sanitario y de vacunación con las correspondientes etiquetas de vacunaciones, las fechas de las revacunaciones y de las desparasitaciones. La primera desparasitación contra los ascárides (vermes redondos muy frecuentes en los cachorros) normalmente se realiza a los 20 días, seguida de dos o tres repeticiones quincenales. La primera vacuna se pone a los 45 o los 50 días (antes no serviría de anda, porque el cachorro tiene ya la protección de los anticuerpos maternos) y se repite al cabo de dos semanas, en tanto que las revacunaciones son anuales.
Actualmente en los criaderos se utilizan vacunas cuadrivalentes (moquillo, hepatitis, leptospirosis y parvovirosis) o heptavalentes (que cubren enfermedades propias de los criaderos, como la tos de las perreras). Hay veterinarios que todavía usan vacunas diferentes: una para la parvovirosis y una trivalente, contra las otras enfermedades. En este caso es preciso poner cuatro vacunas en lugar de dos. Normalmente las dos primeras ya han sido practicadas cuando el criador entrega el cachorro al nuevo propietario, que sólo tiene que ocuparse de los dos restantes.
Importante: hasta que el ciclo de vacunas no haya sido completado, el cachorro no debería salir de casa ni tener contactos con perros extraños (a no ser que se trate de animales que conozcamos bien y que sepamos con certeza que están sanos y vacunados).
Los pequeños bulldog tienen el hocico muy corto. Para saber si padecen problemas respiratorios, es preciso escucharlos . Si el cachorro respira «pesadamente», de forma parecida al ronquido humano, en el futuro podría ser un adulto con poca resistencia física aquejado de problemas cardiacos. Este tipo de respiración es manifiestamente jadeante y dificultosa, y no debe ser confundida con los suaves gruñidos sincopados que emiten normalmente los pequeños bulldog cuando están muy alegres o agitados.
Otra forma para saber si el cachorro respira bien consiste en mantenerlo levantado en la posición que vemos en la fotografía: un perro con problemas respiratorios entra en apnea al cabo de pocos segundos.
En otras razas, el abdomen tenso o hinchado puede ser síntoma de parásitos intestinales. Pero los pequeños bulldog tienen siempre el vientre redondo, como si estuviera hinchado. Hay que tocarlo para notar si está tenso o si cede a una presión suave. Hay que tener en cuenta, no obstante, que un cachorro totalmente sano que acaba de comer tendrá el vientre tenso. Si es este el caso, habrá que observarlo nuevamente al cabo de unas horas.


Cómo saber si el cachorro es típico
Las indicaciones generales que se dan a continuación nos ayudarán a saber si el cachorro que estamos observando es un bulldog de verdad, aunque no nos permitirá apreciar si será bello. Para esta segunda cuestión podemos recabar la opinión del criador, aunque sin exigirle garantías de que el cachorro que tenemos delante sea un futuro campeón. Nadie, ni tan siquiera la máxima autoridad mundial en la materia, podría asegurarlo.
Los cachorros, al igual que los niños, cambian de modo imprevisible y no tiene ningún sentido insistir a este respecto. Sólo hay una forma de tener un campeón de belleza «garantizado»: comprar un adulto que haya sido campeón en un certamen.
Si no es así, sólo podremos tener la certeza de que se trata de un cachorro sano, típico, de buena genealogía, bien criado y cuidado, que ya es mucho. Pedir más a un perro de tres meses es pedir algo imposible.


1. El cráneo del cachorro puede ser ligeramente puntiagudo y no plano como determina el estándar. Normalmente esto no constituye ningún problema, porque la forma del cráneo cambia al crecer
2. El color de los ojos no cambia demasiado. Si en el cachorro son demasiado claros, lo seguirán siendo en el adulto, y esto constituye un defecto grave
3. La mandíbula ya debe ser fuerte y bien arqueada
4. El cachorro es más rugoso que el adulto, pero no debe tener tantas arrugas como para que le cubran totalmente la cabeza (posible adulto hipertípico)
5. Si las orejas son demasiado gruesas, grandes y sobre todo demasiado caídas podría ocurrir que en el adulto no adoptaran la posición correcta


El cachorro de bulldog debe ser corto. Al crecer, el cuerpo se alarga: por lo tanto, un cachorro que ya sea un poco largo a los dos meses, cuando sea grande será excesivamente largo
Observar el comportamiento
Observar el juego de los cachorros nos da una idea bastante precisa de su papel en la manada y del que intentará asumir cuando viva con nosotros. Si un cachorro tiende a dirigir a todos los demás podemos estar seguros de que tendrá un carácter muy fuerte y tal vez sea demasiado dominante. Por el contrario, el cachorro que permanece en un rincón y que no juega con sus hermanos podría sufrir algún trastorno de carácter. ¿Y el que gruñe, ladra o incluso intenta mordernos? Es evidente que no será una buena mascota y no debemos quedárnoslo. Tendremos que descartarlo desde el principio porque podría ser demasiado nervioso y poco equilibrado, un riesgo enorme cuando se habla de perros de presa, por mucho que con el paso del tiempo se hayan convertido en perros de compañía.
No nos dejemos llevar por las ganas de tener el cachorro en casa. El pequeño bulldog no debe ser separado de la madre y de sus hermanos hasta que haya cumplido dos meses y medio o tres. Ningún criador competente nos entregará un cachorro de menor edad, pero en cambio sí podría hacerlo un particular cuando empiece a tener problemas y desee «colocar» a sus simpáticos pero revoltosos animales.
El hecho de que el cachorro sea capaz de comer solo no significa que esté preparado para separarse de la madre. Esperar a la edad adecuada evitará problemas físicos y psicológicos.


La elección del color
Una de las frases más repetidas en los criaderos por las personas que compran por primera vez un perro son las que hacen referencia al color: «Quiero un cachorro moteado» (o leonado o atigrado). Al criador le gustaría responder «¡pues aquí lo tiene!», y endosarle el peor «monstruo» de la camada, con defectos estructurales flagrantes, pero, eso sí, del color deseado. El color debe ser el último detalle en el que un comprador debe fijarse. Es mucho más importante que el cachorro goce de buena salud, sea bueno y tenga buen carácter. Una vez se hayan valorado todos estos aspectos, y en caso de que persista la duda entre dos cachorros, se puede aceptar el criterio del color. No deja de ser una cuestión de gusto personal. Tiempo atrás, el estándar del bulldog daba preferencia a algunos colores, pero hoy en día ya no es así. Lo único que el comprador debe tener claro en cuanto al color es que, al menos si se quiere participar en exposiciones, hay que rechazar los cachorros de color hígado y totalmente negros, porque no están admitidos en el estándar.

Las preguntas que deben hacerse al criador
Cuando se compra un cachorro es normal formular cientos de preguntas al criador. Procuremos que sean pertinentes. Recordemos que las características físicas y psíquicas del cachorro dependerán en su mayor parte de las características de los progenitores. Por tanto, no podemos preguntarle si el cachorro será un campeón.
En cambio, debemos pedirle información sobre el padre y la madre. Si es posible observaremos ambos animales para apreciar su belleza y su carácter.
Si el padre no vive allí (circunstancia que resulta bastante frecuente), pediremos que nos muestre un vídeo o una fotografía en los que puedan apreciarse todas sus cualidades.
Es importante averiguar si son perros convencionales o si son ejemplares que ostentan algún resultado en pruebas de belleza o de trabajo.
Otro aspecto fundamental sobre el que deberemos indagar son las enfermedades hereditarias (displasia de cadera, malformaciones genéticas del ojo, etc.) de ambos progenitores.
El hecho de que los padres no padezcan ninguna no garantiza por completo que el cachorro no los tenga, pero reduce enormemente las posibilidades.
No olvidaremos pedir información detallada sobre la alimentación. Si es posible, solicitaremos un poco de la comida con la que se ha alimentado el cachorro. También conviene llevarse un trapo o una manta utilizada por el cachorro en el criadero. De este modo conservaremos un objeto con un olor familiar que será de gran ayuda para la primera noche.



■ ¿MACHO O HEMBRA?
Acerca del sexo circulan muchas creencias infundadas. Antes de decidir si queremos un macho o una hembra, conviene tener en cuenta las siguientes aclaraciones.
•   Aunque la hembra suele ser más dulce y dócil que el macho, h ay que tener en cuenta que cada animal posee un carácter propio. El trato cariñoso, la docilidad y la obediencia dependen más de la habilidad del dueño que de las características innatas del perro. El cualquier caso, el sexo puede influir como mucho en un cinco por ciento.
•   No es cierto que la hembra deba tener obligatoriamente una camada en la vida.
•   En el caso del bulldog, la diferencia de talla, corpulencia y sustancia es bastante marcada, aunque nada de ello influye en la vida cotidiana. Si bien la hembra babea bastant e menos que el macho, no debemos hacernos demasiadas ilusiones: si no podemos soportar las babas, es mejor buscar otra raza.
•   Los machos son más vistosos y tienen más posibilidades de ganar el «mejor de la raza» en una exposición. En realidad, una buena hembra típica no debería perder nunca en la comparación con un macho por cuestiones de peso, como ocurre en algunas ocasiones.
•   Es cierto que la hembra tiene dos periodos de celo al año y que pierde una cierta cantidad de sangre (este inconveniente puede paliarse con unas braguitas higiénicas); también es cierto que mientras le dura el celo atraerá a los perros del vecindario. Pero no es difícil contener los ardores de los pretendientes: normalmente basta con una severa regañina. El apareamiento requiere tiempo, libertad y una serie de preliminares: nunca se ha dado el caso de que un macho haya montado a una hembra mientras el dueño la llevaba a pasear de la correa.
•   No es cierto que la hembra se escape de casa cuando está en celo: no le hace falta, porque siempre son los pretendientes los que se acercan. En cambio, es posible que el macho se escape si percibe el olor de una hembra en celo (y en determinados casos lo nota a kilómetros de distancia).
•   En el caso del bulldog, la hembra es más amistosa con los otros perros, y el macho, más conflictivo.
•   No es cierto que el macho sea mejor guardián que la hembra. El macho defiende el territorio, pero la hembra defiende la guarida en donde vive o podría vivir su camada (aunque no haya tenido ninguna). El resultado es que ella defiende valerosamente la casa del dueño y en muchos casos se muestra más atenta y aguerrida que el macho.
•   No es cierto que el macho represente una buena inversión económica. Es verdad que algunos sementales cobran importantes sumas por las montas, pero son muy pocos. En el caso de una raza poco difundida como es el bulldog, es absurdo pensar que se puede ganar mucho dinero. La mayor parte de los propietarios de machos se ven obligados a rogar a amigos, parientes y conocidos para conseguir que su perro haga por lo menos una monta en la vida.
Y, por el contrario, una hembra mediocre podrá producir una camada al año, y si el dueño se conforma con una cifra módica podrá venderla sin grandes problemas. Con una hembra no se hará rico, pero podrá contar con una entrada asegurada; en cambio, es muy difícil ganar dinero con las montas de un macho.


EL TEST DE CAMPBELL
Este famoso test es poco indicativo para el bulldog. Como todos los molosoides, es una raza poco jerárquica (todos tienden a ser bastante dominantes, pero sin «demostraciones de poder», de manera que en una camada cada animal hace lo que quiere).
Sin embargo, los expertos en psicología canina pueden obtener alguna información útil. El test debe efectuarse entre la sexta y la octava semana de edad, por una persona que el cachorro desconozca, en un lugar que no le ofrezca posibilidades de distraerse. Un espacio cercado puede ser adecuado, pero si los cachorros todavía no están vacunados, también se puede llevar a cabo en una habitación cerrada. A lo largo de todo el test no hay que hablar en ningún momento al cachorro, ni tampoco acariciarlo. Previamente habremos preparado una tabla como la para marcar las respuestas de los distintos miembros de la camada.
El test se divide en cinco fases.

1. Atracción social. Apenas hayamos entrado en el recinto, nos alejaremos del cachorro en la dirección opuesta a la que hemos llegado, nos agacharemos y daremos una palmada para atraer su atención, pero sin llamarlo.


2. Facilidad para el seguimiento. Partiendo de un punto próximo al cachorro, nos alejaremos de él a un paso normal, sin hacer nada que pueda incitarlo a que nos siga.


3. Respuesta a la obligación. Nos arrodillaremos, colocaremos el cachorro boca arriba y lo mantendremos en esta posición, aguantándolo suavemente por el pecho con una mano, durante 30 segundos.


4. Dominio social. Nos agacharemos para acariciar tranquilamente al cachorro, empezando por la cabeza y avanzando hacia el cuello y el lomo.


5. Consentimiento a ser levantado. Nos agacharemos, sujetaremos el cachorro por debajo de la barriga con los dedos entrelazados y lo levantaremos a un palmo del suelo durante medio minuto aproximadamente.



■ TEST DE CAMPBELL
FICHA DE CALIFICACIONES
Prueba y comportamiento obtenido
A
B
C
D
E
F
Atracción social






Viene rápidamente - cola alta - nos salta encima - muerde las manos
md
md
md
md
md
md
Viene rápidam ente - cola alta - nos rasca las manos con las patas
d
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Viene rápidamente - cola baja
s
s
s
s
s
s
Viene indeciso - cola baja
ms
ms
ms
ms
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