El setter ingles
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Description

¿Por qué escoger un setter? Porque no es un perro de caza, sino «el» perro de caza por excelencia; es fruto de una larguísima selección que ha conseguido exaltar al máximo las características venatorias.
Un espléndido cazador que, además, sabe ser un gran compañero en la vida diaria.
Afectuoso y muy tranquilo, tiende a establecer con las personas unos fuertes lazos afectivos. Así, por su docilidad y sensibilidad, se transforma fácilmente en un amable perro de compañía.
Dulce e inteligente, es un animal sociable, activo y vigoroso, que reacciona muy bien al adiestramiento. Por su predisposición innata al movimiento y su agilidad es un perro ideal para vivir en el campo y pasear por espacios abiertos.
Esta práctica guía le permitirá conocer esta espléndida raza y le ayudará a escoger el cachorro más adecuado —aquel que responda a sus necesidades—, acogerlo en casa y proporcionarle la educación correcta.
Asimismo, el autor le ofrece consejos para mantener en forma a su perro, gracias a una alimentación adecuada, y le proporciona indicaciones útiles para evitar o tratar pequeñas afecciones y determinar los síntomas de las enfermedades.
Los consejos del veterinario permitirán afrontar cuestiones específicas sobre la salud, el carácter, la gestación, el parto y el cuidado del cachorro.
Además, encontrará todas las características del estándar, consejos sobre la higiene, el cuidado del manto e información para aquellos que quieren introducir a su perro en el mundo de la caza, así como los rudimentos básicos de esta práctica.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 22 octobre 2018
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644615843
Langue Español
Poids de l'ouvrage 14 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0015€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

F. Cattaneo



EL SETTER
INGLÉS
Elección del cachorro, estándar, educación,
alimentación, salud y reproducción





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
ADVERTENCIA
Este libro es sólo una guía introductoria de la raza. Para criar un perro es necesario conocer a fondo su temperamento y tener nociones generales de psicología y comportamiento animal, que no están contenidas en la presente obra. Se advierte que si se orienta mal a un perro, este puede ser peligroso.
Por otra parte se recuerda que, lógicamente, sólo un profesional acreditado puede adiestrar a un perro y que cualquier intento de hacerlo por cuenta propia constituye un grave error.
Es obvio que bajo ningún concepto debe permitirse que los niños jueguen con un perro si el propietario no está presente.
Agradecemos la colaboración de Rafaello Monciatti, propietario del criadero de Leonilda, en Monteroni D’Arbia (Siena), en la realización del reportaje fotográfico.
Los consejos de veterinario son de Florence Desachy.
Traducción de Gustau Raluy Bruguera.
Fotografías del interior de Gianni Balistreri (Fotoimmagine, Génova).
Dibujos de Alberto Marengoni.
Diseño de la cubierta: © YES.
Fotografía de la cubierta: © Fleury/Arioko.
Fotografías de la contracubierta: © Français/Cogis y © Le Gall/Biosphoto.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2018
© [2018] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-584-3
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice

Introducción
Descubrir Y Conocer Al Perro
Perro De Muestra. Orígenes
Elegir Un Setter Inglés
El Cachorro
El Setter Ideal
La Educación Básica
La Alimentación
La Salud
La Gestación Y El Parto
El Setter Y La Caza
El Setter Y Las Exposiciones
El Estándar Y Los Consejos Del Veterinario
El Estándar
Los Consejos Del Veterinario
La Cinofilia Oficial
Notas
INTRODUCCIÓN
Por qué un perro de caza
A lo largo de su evolución, el hombre ha ido conociendo la naturaleza y los diferentes seres que la integran. Cuando en los albores de la historia pasó de ser recolector de bayas a cazador, observó atentamente el comportamiento de sus presas (igual que había hecho con sus posibles depredadores), como hace cualquier animal cazador.
Sin embargo, al no poseer zarpas ni dientes afilados para atacar, y al no tener tampoco un pelaje grueso para defenderse, el hombre se ha encontrado a veces en situaciones delicadas, pero ha podido sobrevivir gracias a sus facultades intelectuales en constante evolución. Utilizando una piedra dura (sílex), fabricó cuchillos, hachas, lanzas, flechas y armas que le servían para atacar a sus semejantes y defenderse de ellos. También se dio cuenta de que algunos animales podían ayudarlo a sobrevivir.
Uno de estos era un animal esquivo, difícil de atrapar, que vagaba alrededor de los asentamientos humanos para robar los restos de la caza. El hombre no tuvo dificultades para aprender y asimilar las técnicas que utilizaba este animal para cazar. Tampoco le fue difícil quedarse con la presa recién cazada por una manada de lobos gracias a las armas que había construido.
La primera vez que un lobezno entró en su campamento, el hombre vio que este animal enseguida se volvía confiado y que podría integrarlo en el grupo, como si siempre hubiera formado parte de él. La receptividad del lobezno permitió al hombre enseñarle a trabajar para él, ofreciéndole como premio un plato de comida en sustitución de la presa. El primer trabajo que el hombre encargó al cachorro de lobo, —que con el tiempo se convirtió en perro gracias al proceso evolutivo— fue hacer compañía a los niños. Más tarde, cuando ya fue un perro adulto, le asignó la protección del territorio y lo convirtió en ayudante para la caza. Las técnicas de caza propias del lobo se siguieron transmitiendo a través del instinto en un animal que a partir de entonces ya había aprendido a vivir «en manada» con los hombres.
Por eso, quizá, la compañía de un perro de caza puede significar dar un salto atrás en la historia del hombre y en su relación con este animal, y recorrer todo nuestro proceso evolutivo a través de siglos, desde la prehistoria hasta nuestros días.
Hoy en día, la caza ya no es una necesidad, sino más bien una distracción, aunque no todo el mundo comparte esta opinión.
Tener un perro de caza no implica forzosamente ser o querer ser cazador: quizá supone un deseo de hacer que emerja de nuevo el espíritu de cazador que llevamos dentro, el cazador que el hombre fue por necesidad durante siglos. Esto también sirve para no olvidar esta magnífica obra de domesticación que convirtió al lobo en perro, ese animal que ha acompañado al hombre durante toda su evolución.
DESCUBRIR Y CONOCER AL PERRO
PERRO DE MUESTRA. ORÍGENES

Nuestro estudio sobre los orígenes del perro de muestra (el tipo al que pertenece el setter inglés) nos lleva hasta el siglo XIV , y nos pone sobre la pista de un animal que se utilizaba para cazar con red. El trabajo de este perro consistía en oler la caza de pluma, indicar su posición, luego acercarse al máximo e inmovilizarse frente al pájaro, hasta que el hombre lanzaba una red sobre los dos animales para capturar la presa. «En cuanto vea a los volátiles, debe quedarse quieto», escribía Piero de Crescenzi en 1304. Pero, de hecho, todo parece indicar que los romanos ya cazaban de una forma parecida.
La historia del perro de caza también hace referencia a la existencia de un can que indicaba la presencia de la pieza de caza y era un valioso auxiliar para caza de volatería. Una vez localizada la pieza, el perro permanecía inmóvil hasta que el cetrero enviaba a su rapaz. Sin embargo, a pesar de los estudios realizados, de las descripciones conocidas y de los descubrimientos efectuados, el origen de este perro tan antiguo sigue siendo incierto. La teoría más comúnmente aceptada lo presenta como un descendiente del chien d’oysel , un braco español para cazar becadas, de donde derivarían los sustantivos spaniel , en inglés, y épagneul , en francés. Difundido en Francia, Alemania e Inglaterra, este perro habría dado origen al épagneul bretón, al braco alemán y a los spaniel ingleses.
En contra de esta teoría, algunos autores sostienen que el antepasado cazador de becadas fue de origen asiático, y para ello se basan en el grabado de una joya que había pertenecido a Felipe II de Macedonia, que representa un perro muy parecido.
Otros afirman que no se ha encontrado en España ningún dibujo o pintura suficientemente antiguo que permita defender la teoría del origen español de este perro.
Naturalmente, la misma incertidumbre que hay respecto a los orígenes del épagneul bretón y de los spaniel modernos la encontramos también en el setter, que, no obstante, deriva de los spaniel. ¿Esta evolución se debe a la cría francesa o a la inglesa? El debate sería largo y no es el propósito de este libro. En cambio, sí es importante conocer el papel preponderante de los criadores ingleses en la mejora y la implantación de las características del setter tal como lo conocemos y admiramos actualmente. El perro inglés para cazar pluma se criaba en el siglo XVI con diferentes líneas de sangre en los castillos anglosajones, y se utilizaba principalmente para cazar faisanes y perdices, en cetrería y caza con red. Pero hubo que esperar hasta 1800 para encontrar los indicios del sistema de cría que originó el setter inglés. El mérito corresponde a sir Edward Laverack, que al ser un rico heredero pudo dedicar su tiempo y toda su energía a la mejora del perro de muestra inglés. De hecho, este ya había iniciado su mutación en el siglo XVIII , puesto que de simple épagneul «buscador» se había convertido en perro «de muestra». En aquella época recibía el nombre de setting spaniel y se utilizaba en las cacerías con red o con halcón.
Setting es el participio del verbo inglés to set , uno de cuyos numerosos significados es «fijar», mientras que set , adjetivo, significa «parado», «inmóvil» o «apuntado» (para un perro de caza). «It was originally called a setting spaniel, used for finding and setting birds» (English Setter Association), una frase que se puede traducir así: «Al principio se llamaba setting spaniel , y se usaba para encontrar e inmovilizar a los pájaros».
Tal como afirma el propio Laverack, era un perro de muestra que sólo hubo que perfeccionar a partir de una línea ya existente. «De todos los perros de caza, no hay otro que sea más útil, más bonito y que tenga un olfato más fino que el setter». Útil , es decir, un magnífico perro de caza; bonito en el sentido de funcional, porque «posee una resistencia superior a la de los otros perros, y se adapta a todo tipo de terreno y a todos los climas». Y, sobre todo, su olfato le permite captar tanto los efluvios del aire como los del suelo.
ELEGIR UN SETTER INGLÉS
El setter en la ciudad
Este libro no está dirigido a los cazadores. Su propósito es dar a conocer el setter inglés como perro de compañía y aportar unas nociones sobre técnicas venatorias a todas aquellas personas que, aunque no irán nunca a cazar, desean redescubrir con esta raza de perro el sentido de su función originaria. En las páginas siguientes se pretende exaltar las cualidades del setter inglés en tanto que compañero, a pesar de que este uso del perro horroriza a los más acérrimos defensores del empleo exclusivo del animal para la caza, porque temen que con el tiempo el hábito del sillón pervierta las cualidades venatorias del setter. Los dueños de cada perro son los responsables de evitar este riesgo, y para ello deben respetar la necesidad que tiene este animal de vivir y correr en la naturaleza.



■ NORMAS PARA UNA CONVIVENCIA FELIZ
La elección de un setter inglés no puede ser el fruto de un capricho o el deseo de hacerse un rega lo que cause sensación. Es una elección importante que debe sopesarse, porque la tenencia de un perro cambia por fuerza la vida de sus dueños, que van a pasar muchos años con el animal.

1. Tiene necesidad de moverse
Todos los perros, y el setter en concreto más, necesitan hacer ejercicio: aparte de los paseos matutinos y vespertinos para hacer «sus necesidades», tiene que poder correr cada día y, por lo menos una vez por semana, realizar un paseo largo en donde pueda dar libre curso a su exuberancia.
2. No está hecho para vivir solo
El perro es un animal sociable que necesita su manada, que ahora es la familia en la que vive. Puede estar solo unas horas, mientras estamos en el trabajo, pero a la vuelta debe encontrar en su dueño a un amigo dispuesto a compartir momentos de alegría y diversión.

3. Necesita que se le dedique tiempo
Correr, jugar, socializar con los otros perros y realizar los ejercicios de adiestramiento son actividades que requieren tiempo: un tiempo que deberemos restar a las actividades que se practicaban antes para poder estar con el perro. Un setter feliz y bien adiestrado da muchas satisfacciones.

4. Puede condicionarnos las vacaciones
Durante las vacaciones hay dos posibilidades: dejar al perro en una residencia canina (solución a veces costosa), o bien llevarlo con nosotros si vamos a lugares en donde su presencia esté permitida, sin olvidar que el perro también tiene que divertirse. Si somos capaces de enseñarle a comportarse correctamente en el medio en donde vive el ser humano, no causará problema alguno.
Dónde y cómo comprarlo
El punto de venta más recomendable, por profesionalidad y conocimiento de la raza, es un criadero especializado. Podemos solicitar un listado de criadores en la delegación del club de la raza más cercana o a través de Internet. Si no encontramos cachorros disponibles o no nos convence plenamente el animal que nos ofrecen, esperaremos con paciencia hasta que el criador disponga de cachorros más interesantes. El hecho de que el criadero esté plenamente reconocido y tenga un afijo nos garantiza que los animales que allí encontraremos serán de raza pura. Dicho de otro modo: en un criadero reconocido se venden cachorros con pedigrí.
Si realmente queremos tener un setter inglés de pura raza, no debe importarnos hacer unos kilómetros de más para ir a un criadero que nos hayan recomendado especialmente o que nos inspire una completa confianza. De hecho, puede ser una buena excusa para tomarnos unos días de vacaciones y hacer un pequeño viaje. Todo lo que hagamos para conseguir nuestro deseo merecerá la pena porque conseguiremos un cachorro criado por manos atentas y expertas, y nos relacionaremos con un criador que, a buen seguro, nos solucionará todas las dudas que puedan surgir durante el crecimiento del perro.
También puede darse el caso de que demos con un particular, propietario de una hembra que haya tenido una camada recientemente. No es una opción que deba ser descartada, pero no hemos de olvidar en ningún momento que esta persona no es un profesional. En este sentido, deberemos informarnos sobre la genealogía del padre y de la madre, sobre el criterio seguido para la elección del semental, así como sobre el programa de crecimiento del cachorro, especialmente en lo que respecta a su alimentación.
En algunas tiendas de animales también se venden cachorros. En el caso de que alguno nos interese, habremos de comprobar su procedencia y estado de salud.

¿Cachorro, joven o adulto?
El cachorro de setter inglés es muy gracioso pero requiere mucha paciencia, porque cuando se queda solo, roe todo lo que tiene a su alcance. Educar a un cachorro es una experiencia estimulante y fascinante, sobre todo porque podemos ver cómo crece condicionado por nuestras propias costumbres.
Elegir un perro de entre 6 y 15 meses ofrece más garantías en cuanto al temperamento y aspecto físico. Por otro lado, ya está completamente acostumbrado a la correa. Habida cuenta de su largo tiempo de estancia en el criadero, un cachorro de estos meses a menudo se reagrupa con sus congéneres y ve al ser humano como la figura que lo alimenta y lo adiestra, más que como un amigo. En este caso, elegiremos un ejemplar que manifieste un deseo particular de encontrar en el hombre nuevos estímulos. El cachorro se reconoce de una forma sencilla por la cresta occipital (apófisis) que todavía se encuentra muy pronunciada.
Por el contrario, si queremos estar seguros del temperamento, del aspecto estético y no queremos tener ningún problema al adiestrarlo, es preferible elegir un ejemplar adulto. Preferiremos un ejemplar con la morfología correcta y sin defectos redhibitorios si tenemos intención de llevarlo a exposiciones de belleza, o ya bien adiestrado si queremos tener un buen perro de caza.




¿Macho o hembra?
Una vez se ha seleccionado la raza —en nuestro caso un setter inglés— y la edad del animal, se debe decidir el sexo. Ante la duda, es conveniente atender a los consejos del criador, quien, gracias a su experiencia y a la observación directa de la camada, sabrá qué cachorro es el más adecuado para nuestra familia.


1. La hembra setter es muy afectuosa, más independiente que el macho, pero también más sumisa y, por esta razón, más capaz de adaptarse al ritmo de vida de una familia moderna. Físicamente es más menuda y tiene el pelo menos vistoso. En pareja, acepta sin problemas que el macho «crea» que es el líder. El principal problema son los periodos de celo: dos veces al año sufre pérdidas de sangre bastante abundantes, que quedan compensadas con la satisfacción de hacerla procrear.
2. El macho es muy cariñoso, pero más infantil que la hembra, lo que le hace reclamar más atenciones que esta. No le gusta estar solo y puede seguir a su dueño por toda la casa. Cuando vive en pareja, está convencido de ser el que manda y se pelea fácilmente con otros machos, aunque en general es fácil de adiestrar. Es un poco más distraído que la hembra porque está ansioso por controlar el territorio. Físicamente es un poco más alto y más pesado.


CONOZCÁMOSLO DE CERCA
El setter inglés es un perro bueno y alegre, un amigo excepcional, una compañía que todos los miembros de la familia apreciarán.
Cuando es joven no soporta estar solo durante mucho rato, de modo que se llega a transformar en una máquina destructora de todo lo que tiene a su alcance.
Incluso cuando es adulto desobedece por instinto, pero esto se debe probablemente a su exuberancia incontrolable. Se le debe tratar con mano firme y enseñarle claramente las reglas del juego. Hay que vigilar su cola, porque al estar en continuo movimiento golpea los objetos que se encuentran en su radio de acción y los derriba inexorablemente.
La vida en un piso
El setter puede vivir perfectamente en un piso, porque su ambiente idóneo es aquel en donde están sus dueños, sin los cuales sería un animal infeliz y triste.

El jardín
Tener un jardín no es pues una condición inevitable, ya que incluso podría convertirse en una cárcel dorada si el perro se quedara solo en él, sin una persona que lo quisiera suficientemente para querer adiestrarlo con un mínimo de constancia.
La curiosidad innata y el fino olfato del setter pueden hacer que el jardín se convierta en «terreno de caza». Es evidente que no se le puede obligar a pisar la hierba con cuidado, pero el hecho de no dejarle hacer lo que le venga en gana y enseñarle lo que está prohibido y lo que no le aportará seguridad, porque se dará cuenta de que tiene un dueño.


La jaula
Una jaula en la que poder encerrar al perro a la vuelta de un paseo, cuando está lleno de barro o mojado, o para encerrar a la perra cuando está en celo, no es ningún hecho traumático para el setter. Si le colocamos su cama dentro y dejamos la puerta abierta, la jaula se convertirá en el lugar de descanso en donde el animal se refugiará siempre que quiera estar tranquilo.

La relación con los niños
Al setter inglés le gustan mucho los niños, quizá porque él mismo es como un niño, exuberante, un poco travieso, pero afectuoso y bueno. El setter es el compañero de juegos perfecto, siempre y cuando se haya enseñado a los niños una serie de normas fundamentales de respeto por el perro, para que no lo traten como un simple peluche. Si el niño es muy pequeño, pongamos entre uno y tres años, es conveniente que un adulto le vigile siempre, porque el trato dispensado por el niño a la larga podría influenciar negativamente a un perro como el setter, que suele aceptar todo tipo de travesuras. El setter no es nada agresivo y, cuando es adulto, es muy dócil y sociable con los niños, con quienes le divierte jugar. Pero esto no es una razón para que los niños le tiren impunemente de las orejas, o le metan los dedos en los ojos o en la nariz. La cola del perro tampoco es un agarradero ni una cuerda para tirar de ella.
Una vez se hayan establecido claramente estas prohibiciones, el niño podrá subirse a su lomo, jugar a pelearse, correr y saltar hasta agotarse, ya que el setter inglés sabe perfectamente lo que son juegos de niños y adapta sus fuerzas a ellos.




■ LA RELACIÓN CON OTROS ANIMALES
A pesar de ser un perro de caza, el perro se lleva bien con los demás animales domésticos. Como no es agresivo, no se echa encima de los animales con los que se encuentra casualmente, aunque inevitablemente tendrá el insti nto de perseguir al gato del vecino.

■ NORMAS QUE EL NIÑO DEBE APRENDER
Nunca se debe mirar al perro fijamente a los ojos, ni soplarle en la nariz, porque podría pensar que se le está provocando.
No se lo debe molestar mientras come, porque el perro sabe que un niño no está autorizado para tocarle el plato.
En ningún caso se puede acercar sigilosamente al perro por la espalda, porque podría creer que se le prepara una trampa y podría volverse desconfiado de cara al niño.

EQUIVALENCIA ENTRE LAS EDADES DEL PERRO Y DEL SER HUMANO
Perro
Hombre
Perro
Hombre
2 meses
14 meses
8 años
54 años
6 meses
5 años
9 años
60 años
8 meses
9 años
10 años
65 años
12 meses
14 años
11 años
70 años
18 meses
20 años
12 años
75 años
2 años
24 años
13 años
79 años
3 añ os
28 años
14 años
83 años
4 años
32 años
15 años
86 años
5 años
37 años
16 años
88 años
6 años
42 años
17 años
90 años
7 años
48 años

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■ UNA IMPRONTA POR PARTIDA DOBLE
Cuando un cachorro de unos dos meses entra en contacto con su dueño, no sabe q ué significa vivir en compañía de los seres humanos. Conoce al hombre porque le ha dado de comer desde que dejó de mamar y porque le ha propuesto algunos estímulos en los primeros juegos con sus hermanos. Confía en él por la simple imitación del comportamiento de la madre, pero nada más.
Nuestro objetivo es hacer que no pierda la confianza en los seres humanos, en quienes, dada su posición subordinada, busca compañeros de manada y sobre todo un punto de referencia seguro.
Para él todo es bastante fácil, porque, pese a ver que somos diferentes de sus congéneres, no nos considera distintos. El perro nos ha catalogado como similares, casi como si perteneciéramos a la misma especie y con una psicología parecida a la suya.
Para que pueda establecerse una comunicación, para que podamos saber cuáles son sus estados de ánimo y sus necesidades, tenemos que aprender su código, es decir, hemos de asimilar sus modelos de comportamiento para poder percibir sus reacciones y actuar de manera que el animal entienda lo que le pedimos.


El lenguaje del setter inglés
El setter no nació para asustar. Por eso, en lugar de ladrar agresivamente, de gruñir y erizar el pelo, él prefiere ladrar obsesivamente cuando está contento, cuando quiere mimos, o abrir los ojos y levantar las orejas para ver qué pasa a su alrededor. A continuación podemos ver una serie de ejemplos de expresión y actitudes específicas de la raza, acompañadas de los comentarios «humanos» respectivos.

«¡Ya iba siendo hora de descansar después de tanto correr!».


«¡Tengo miedo, necesito unas caricias!».


«Aquí detrás hay algo que se mueve…».


«Qué ruido más extraño... ¿Quieren algo de mí?».


«¿Quién me está molestando?».
EL CACHORRO
Durante las ocho primeras semanas de vida, el cachorro descubre poco a poco el mundo que lo rodea: los pezones, la leche, la madre, los hermanos —con quienes se apiña y se empuja para poder mamar—, la mano del hombre —que lo manipula para comprobar su estado de salud—, y por último, a los 25 o 30 días, las primeras papillas.
Son descubrimientos que el animal va haciendo gradualmente, y que tienen que haber finalizado antes de ir a vivir con una familia.
Hasta el segundo mes de vida el cachorro no tiene suficiente seguridad en sí mismo para transformar el miedo a la novedad en curiosidad y capacidad de aprendizaje.
En efecto, en estos dos primeros meses se sientan las bases de la relación que cada animal tendrá con el mundo externo: la protección de la madre y la seguridad que le infunde el grupo de hermanos, con quienes aprende las primeras reglas de vida social, son fundamentales para afrontar cualquier novedad con tranquilidad.

La psicología del cachorro
Los primeros cuatro meses de vida son muy importantes, porque representan un periodo de tiempo muy corto en el que se concentran distintos momentos del desarrollo psicofísico del pequeño. Este periodo debe ser controlado con atención y profesionalidad para, más adelante, poder adiestrarlo satisfactoriamente.
El cachorro no sólo tiene que ser un animal sano desde el punto de vista fisiológico, también debe ser psicológicamente equilibrado.
Los cuidados durante los dos primeros meses de vida normalmente son competencia del criador. A continuación, veremos a grandes líneas esta rápida evolución, y a partir de ahí entenderemos por qué es conveniente que el cachorro viva con su madre y sus hermanos durante los dos primeros meses de vida.

Periodo neonatal (hasta los 12 días)
Es una etapa fundamental en el desarrollo del cachorro. En primer lugar, porque ya en el momento de nacer podemos cuantificar, por medio del biotono, el grado de vitalidad del recién nacido. En segundo lugar, porque, mediante distintas modalidades de manipulación y estimulación podemos originar respuestas fisiológicas positivas en los cachorros.
Periodo de transición (de los 13 a 21 días)
El cachorro abre los ojos, empieza a oír y a mover la cola. Es conveniente tocar a los cachorros y, si la madre quiere, hacer que conozca otros perros adultos, y a ser posible al padre.
Periodo de la toma de conciencia individual (de los 22 a 28 días)
Los cachorros tienen ya todos los sentidos despiertos. Su hábitat debe mantenerse inalterado, y en ningún caso tienen que ser separados de la madre. Se les darán los primeros juguetes (pelotas, cajas y cilindros para entrar y salir) y en muchos casos se les puede enseñar a defecar sobre un papel de periódico, que deberá colocarse siempre en el mismo lugar y sustituirse cada vez que se ensucie.
Periodo de socialización canina (de los 29 a 55 días)
Los cachorros se reconocen como perros. Se ponen en marcha los primeros comportamientos específicos de caza y juego. Los pequeños aprenden de la madre los primeros rudimentos de disciplina canina. Esta impone orden y riñe cuando la situación se complica. También son receptivos a la educación impartida por el hombre: se les puede poner el collar y la correa por primera vez y acostumbrarlos al contacto con el cepillo. Los cachorros separados de la camada antes de los 55 días a menudo son agresivos, pesados y en algunos casos incapaces de reconocer a los otros perros como congéneres.
Periodo del miedo (de las 8 a 11 semanas)
Se denomina periodo del miedo porque el cachorro vive la época de máxima receptividad. Aunque parezca una contradicción, es el mejor momento para introducir un cachorro en un nuevo ambiente. Precisamente gracias a esta receptividad psicológica es el periodo en que el cachorro se relaciona mejor con el mundo exterior y con el hombre. Lo único que hay que hacer es tener conciencia de que se trata de un momento difícil, en el que habrá que evitar situaciones que pueden originar recuerdos traumáticos, como por ejemplo el corte de los espolones.

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