Mi gato, mi coach
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Description

Cuando el gato aparece, nuestra cara se ilumina; sonreímos y aplaudimos todas sus gracias como si con un solo movimiento de bigotes hubiera hecho desaparecer todas nuestras pequeñas miserias.
¿Por qué?
Al gato le ha costado mucho acercarse a los humanos. Sin embargo, cuando lo ha hecho, ha conseguido no sólo atravesar el umbral de nuestras casas, sino también el de nuestra intimidad.
¿Cómo?
Mudo, pero a la vez radiante, asiste a nuestros conflictos con la vida cotidiana. Mientras solicitamos consejos que luego no seguiremos, él nos ofrece con humor los trucos de su «kit de supervivencia del gato».
Este es su manual de adiestramiento: ¡una guía para curar a su humano de compañía de la tristeza y el desánimo, y enseñarle a aliviar las preocupaciones!
¿Filosofía o sabiduría? Su humano lo decidirá.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 30 mars 2020
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644615898
Langue Español
Poids de l'ouvrage 1 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0300€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Odette Eylat



Mi gato,
mi coach

Superar las dificultades
gracias a su «kit de supervivencia»





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
DEL MISMO AUTOR
Sobre el gato
Le psy-chat, coll. «Réponse», París, Robert Laffont, 1981.
L’Adaptation du chat sauvage en captivité, artículo aparecido en la revista SFF de la escuela veterinaria de Maison Alfort.
Vous et votre siamois (1984), Vous et votre chat tigré (1988), Vous et votre chat persan ( bajo el nombre de Sol Gadi) (1985), Vous et votre chat de gouttière (bajo el nombre de Anie Mamzer), Éditions de l’Homme, Montreal, (Canadá).
L’Éphéméride de Kouki, chat de kibboutz, Estrasburgo, Éditions du KKL.
Sobre la psicología
La Relaxation psychomotrice du cardiaque. Self-training, Masson, 1981.
Le stress de l’autre ou comment vivre avec un stressé, Artulen, 1992.
Qui es-tu ... grand-mère? Et toi ... grand-père? Tout ce que vous devez savoir sur les grands-parents d’aujourd’hui, Éditions de l’Homme, Montréal (Canadá), 1983.
Traducción de Begoña Pons.
Fotografías: © Florence Groff.
Diseño gráfico de la cubierta: © YES.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2019
© [2019] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-589-8
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice
Sólo unas palabras de asombro
PRIMERA PARTE La vida rocambolesca del gato
CAPÍTULO 1 El primer enigma de la vida del gato: su salida de la sombra
ANTES DE AYER PARA EL GATO
AYER PARA EL GATO
AYER POR LA NOCHE PARA EL GATO
El gato juguete
El gato salvador
El gato estratega
El gato comandante de a bordo
CAPÍTULO 2 El segundo enigma de la vida del gato: su sentido del movimiento
Los primeros pasos del gato
El podio de la victoria
La evolución del gato: de él a nosotros
SEGUNDA PARTE La obra del gato
CAPÍTULO 3 El programa de modelado a medida del gato: observar y hacer ver
El cansancio y sus manifestaciones
El estrés cotidiano entre líneas
Bienvenidos a la depre
El sufrimiento en compañía
¿El compromiso? ¡Una soga al cuello!
La herida de la dependencia
Cuando la separación desune
La dolorosa ruptura
El drama del rechazo
La ausencia invasora
Solo en su propia soledad
Cuando llega la soledad
¡Deprisa! ¡No hay tiempo para reflexionar!
CAPÍTULO 4 Los trucos del gato y sus herramientas de intervención en el afecto de su humano
Cuando el gato estimula la compasión
La astucia del gato: la paciencia
EL MÉTODO DEL GATO: LA IMPREGNACIÓN
Los secretos de la impregnación
El don de la impregnación
EL «TRUCO» DEL GATO: EL ARTE DE COGER, DAR Y RECIBIR
El arte de coger
El arte de dar
El arte de recibir
EL DON DEL ESPACIO EN EL GATO
La invitación a jugar
La medicina de la alegría
LA ESTRATAGEMA DEL GATO: EL DON DEL TIEMPO
La pereza aparente del gato
EL PODER DEL GATO: LA ESTÉTICA
La seducción inocente
La gracia y la actitud
EL «TRUCO» DEL GATO: EL RITUAL
Las barreras de seguridad del gato
¿Tu recompensa? Mi «ronroneo»
MI DISCIPLINA ES LA TUYA: EL GATO BIEN EDUCADO
CAPÍTULO 5 El juego de las emociones en la comunidad híbrida que forman el gato y su humano de compañía
La química de las emociones
La clasificación de las emociones en el humano y en el gato
Los factores que influyen en la emoción, tanto en el humano como en el gato
TERCERA PARTE El gato : ¿un sabio o un filósofo?
CAPÍTULO 6 La eterna cuestión y el eterno desafío: ¿el gato encarna mejor a la diosa Sabiduría o la diosa Filosofía?
¿Sabiduría o filosofía?
En resumidas cuentas…
Para ir más allá
Agradecimientos
A Voyou , tan adorable como su nombre, y a Yéshé («sabiduría» en tibetano), por su fiel compañía mientras escribo.
A sus compañeros gatos, por su acogida tan cálida: Pu Yi el magnífico , Ling la triunfadora , Néfertari la faraona , Jade la comadrona , Shao el travieso . Dgeni , Médea y Lidia , los gatos de la familia, lejanos pero presentes.
A todos aquellos que se han unido al paraíso de los gatos después de haber dado mucho amor: nuestro Kip Kip, que tanto ha viajado; Max Caramel, que seducía a las azafatas de avión; Bérélé; Finou, que pedía en la mesa con tanta gracia «sólo un trocito de algo», y Adonis el majestuoso , el cercano compañero que Voyou todavía sigue buscando.
Sólo unas palabras de asombro


La naturaleza del gato es maravillosa.
La naturaleza del humano también lo es, aunque, si bien puede alcanzar siempre «lo máximo», lo mejor, a veces también ocurre que el pensamiento y la razón, cualquiera de las dos cosas, de repente, empiezan a fallar. Y, en ese momento, es muy poco lo que puede lograr.
Se trata de algo por lo que todo el mundo ha pasado en algún momento de su existencia.
Pero este no es el caso del gato.
A nuestro alrededor, muchos se asombran: ¿Qué ocurre? ¿No podemos arreglárnoslas solos, mientras que el gato sí?
¿No éramos nosotros quienes habíamos dado tantos consejos prudentes a aquellos que no los querían recibir, ni siquiera cuando tropezaban? ¿Y resulta que ahora nos vemos también en esa tesitura? ¿Adónde se han ido nuestras palabras de ánimo?
¡Estamos dormidos! ¡En letargo momentáneo! ¡Desconectados por apagón!
Es el momento adecuado para que un entrenador venga en nuestra ayuda. ¿Hará milagros? ¿Conseguirá reactivar nuestra dinámica debilitada para que consigamos reanimarnos?
¿Tenemos los medios para permitirnos contratar a un auténtico coach ?
En los malos momentos, también podemos recurrir a un amigo que escuche, valore y busque las palabras-medicina que servirán para reactivar nuestra vitalidad, momentáneamente en declive.
Pero, ¿está disponible este amigo? ¿Hemos sabido cultivar la amistad? Esta no es ni un producto de supermercado ni una obligación.
¿Qué podemos hacer entonces? ¿Hemos de abandonar y ver cómo nos hundimos? ¿Quién nos puede ayudar a reanimarnos?
¡Mira por dónde! ¡Nuestro gato!
¡El más disponible de los entrenadores!
Con él tendremos garantizado afecto, fortaleza, escucha, discreción y un ejemplo de saber vivir. ¡Vamos a sacarle partido a su kit de supervivencia!
No nos sorprendamos ya más y vayamos a su encuentro, ¡él lo está deseando!
P RIMERA PARTE La vida rocambolesca del gato

C APÍTULO 1 El primer enigma de la vida del gato: su salida de la sombra


¿Se ha fijado que, cuando el gato irrumpe en una estancia, todos los rostros allí congregados se iluminan de repente? Sonríen y aplauden cada una de sus gracias como si con un golpe de bigotes hubiese barrido todas las pequeñas miserias humanas.
A veces me pregunto si es esta la razón por la que medimos nuestros gestos, bajamos el volumen de nuestra voz, mientras que él, con soberbia, va de uno a otro o, al contrario, cruza el salón ignorando a todos para dirigirse hacia una minúscula migaja de cualquier cosa, casi imperceptible para nuestra vista. ¿Por qué hemos de quedarnos boquiabiertos ante tal demostración de arrogancia, más propia de un rey que mira a sus súbditos por encima del hombro? Esto roza lo escandaloso.
¡Parece haberse olvidado de que precisamente esta convivencia con los humanos ha sido la que le ha proporcionado un espacio cómodo, la seguridad asociada a este y un plato siempre rebosante!
En realidad, puede que la historia que haya almacenado en su memoria de especie no haya sido así exactamente, a pesar de los descubrimientos científicos realizados al respecto (por cierto, ¡el último de los efectuados hasta la fecha todavía se antoja más desconcertante!).
A NTES DE AYER PARA EL GATO
Los humanos tienen en común que intentan descubrir el enigma de su vida y, por extensión, de la vida, incluida la de su propio gato: «¿De dónde vengo? ¿De dónde viene él? ¿Cuándo tuvo lugar el primer encuentro? ¿Quién dio el primer paso?».
Todo el mundo sabe algo sobre los helechos gigantes y los dinosaurios, pero ¿qué sabemos del gato en esos tiempos tan remotos que se calculan en millones de años? ¿Bajo qué forma vivía entonces el mamífero que ha acabado convirtiéndose en el gato que acariciamos?
Cualquier internauta puede encontrar en la red datos sobre el pasado prehistórico de cualquier ser viviente en la Tierra, las apariciones y desapariciones de especies, las evoluciones de las formas y las adaptaciones de los seres a un entorno cambiante y caótico. En efecto, se puede constatar que estos pequeños mamíferos habrían coexistido con dinosaurios pero que, debido a su tamaño (más parecido al de una musaraña). debían ser prácticamente invisibles para los gigantes con los que compartían el entorno. Por tanto, no eran el desayuno de nadie ni el tentempié de los monstruos carnívoros de la época. Además, dado que no jugaban en el patio de los grandes, no molestaban a nadie.
Los gigantes se habrían impuesto, pero no por ello los pequeños habrían dejado de existir...
De todo esto se percibe algo sorprendente. Esos pequeños mamíferos poseían una ventaja que, a la larga, les iba a venir bien: una sangre caliente que podía desafiar las variaciones climáticas, una posibilidad física de producir leche para alimentar a sus pequeños y un organismo capaz de adaptarse a todo tipo de alimentos.
No hay nada que nos impida pensar que el gato, o al menos un ser similar, ya formase parte de este mundo...
Entonces, resulta que hace 65 millones de años –un número de generaciones inimaginable para nosotros, los humanos– los dinosaurios desaparecieron. No de la noche a la mañana, pero a esa escala de tiempo lo importante es su ausencia. Algo similar a lo que ocurre con nosotros los humanos hoy en día: el que se va deja una huella en el aire que respiramos, en los objetos que tocó, aunque se descubran mucho tiempo después. También nos deja una huella emocional que queda inscrita en el cerebro. Todos hemos conocido esa experiencia.
¿Por qué no podría haber pasado lo mismo con los pequeños seres de la Prehistoria? ¿Por qué el gato de hoy en día no podría conservar la huella de su miedo arcaico a los «gigantes»?
¿Por qué nuestro gato no habría de conservar, a pesar de las evoluciones sucesivas, el gusto por la desconfianza como medida de protección?
Sin duda, fue así como, paso a paso, el «antes de ayer» se convirtió y se convierte en el «ayer» para el gato.
A YER PARA EL GATO
Según los paleontólogos, los mamíferos, liberados de la supremacía de los dinosaurios, se diversificaron y evolucionaron.
Hacemos un salto hacia tiempos más recientes, y nos trasladamos a hace 25 o 30 millones de años. Según parece, existió un carnívoro que evolucionó hasta constituir la rama de los Viverravus , el ancestro común de las hienas, por un lado, y los Vivérridos, como la civeta y la jineta, por otro.
También existieron felinos del tamaño de un tigre y con unos dientes gigantescos, de 20 centímetros de longitud, con los cuales mataban a sus presas con la precisión de un sable. Habrían desaparecido hace unos 6 o 7 millones de años.
Los Viverravus se asemejaban, según parece, a los gatos-jineta, y tendrían unos dientes parecidos a los de la civeta y la hiena al mismo tiempo.
¡Menuda eclosión de felinos! ¿De felinos? Pero, ¿el gato está bien clasificado entre los felinos? ¿Entonces?
Aunque quien dice felino no dice forzosamente gato, ya no podemos excluir un animal que se le pareció.
El enigma permanece, aunque la nebulosa se haya difuminado un poco.
En efecto, desde hace algunos años, en EE. UU., los profesores Warren Johnson, Stephen O’Brien y Chris Wozencraft examinan el ADN de diferentes gatos y han llegado a la conclusión de que este animal, presente en Asia hace 11 millones de años, habría aprovechado las aguas bajas del estrecho de Bering para llegar hasta el continente americano hace 9 millones de años. Además, no se sabe por qué, algunos de ellos emprendieron, un poco más tarde, pero siempre en tiempos de aguas bajas, un viaje de retorno hacia Asia y África. Este retorno tiene algo de fascinante y de excepcional.
¿Acaso fue ese deambular errante lo que favoreció su especial psicología? ¿Quedó reflejado en sus comportamientos futuros? ¿Es eso lo que percibimos inconscientemente cuando nos sentimos fascinados por él?
Una historia que hay que seguir.
A YER POR LA NOCHE PARA EL GATO
Más cercanas a nosotros, hay dos fechas clave que parecen anunciar ya el gato actual que ronronea sobre cualquier cojín de nuestros salones: la primera se remonta a la llegada al mundo de los neandertales y, posteriormente, aunque no se tenga constancia por ahora, de los sapiens, hace menos de 80.000 años. La segunda, mucho más reciente, corresponde a la época de los faraones en Egipto.
¿Y si nuestra relación con el gato se situase en el cruce de esos dos caminos?
¿Y si fue ese encuentro lo que memorizó y transmitió esa especie de gato «diferente»?
¿Y si, conjuntamente, una memoria humana hubiese registrado dicho encuentro y lo hubiese guardado en su patrimonio para transmitir?
En esa perspectiva, el gato y el humano habrían compartido un tramo de vida bajo diferentes aspectos…
El gato juguete
¿Por qué no imaginarnos a los niños neandertales, o más tarde a los niños sapiens, jugando cerca de sus padres, fisgoneando por los montes bajos durante las cosechas de bayas, divirtiéndose con un gato? Un gato no muy salvaje, pequeño también, que persigue una ramita. Imaginemos a esos niños riendo a carcajadas ante las piruetas de esos gatitos excepcionales, así como a sus madres que se divierten también al ver ese juguete viviente…
El gato salvaje de hoy en día no juega, se esconde. Tiene miedo. El gatito salvaje juega poco. Sin embargo, entre los felinos, los leones juegan y los cachorros se dedican a hacer cabriolas. Tenemos el ejemplo de leonas que se han acercado a humanos y no precisamente para comérselos. Los guepardos los aceptan y viven con ellos… pero no todos, sólo algunos.
¿Por qué estas diferencias no se habían dado en el pasado?
Uno no se come aquello que le distrae.
¿Por qué no imaginar, entonces, una relación lúdica de complacencia, excepcional, entre niños, gatitos y madres neandertales o sapiens?
Lo único que conocemos de nuestros antepasados más lejanos nos llega a través de los fragmentos de huesos que los paleontólogos nos proporcionan, fragmentos que no nos pueden transmitir la risa.
Sin embargo, hace muy poco esto ha cambiado: las nuevas tecnologías nos han permitido animar estas reconstituciones, volver a dotarlas de los movimientos que las caracterizaban cuando vivían. Y, entonces, se plantea la posibilidad de la risa. Se intenta teñir a esos antepasados de todo el aspecto comunicativo posible. Y más cuando se ha constatado que la risa funda la sociabilidad.
El gato salvador
La segunda fecha que puede marcar los primeros pasos del gato actual podría corresponder a la época del Egipto de los faraones.
En tiempos de los faraones, incluyendo a todas las dinastías, los graneros de trigo, controlados por los sacerdotes, atraían a ratones y serpientes.
Si bien es cierto que las serpientes cazaban a los ratones, representaban un peligro mortal para aquellos que manipulasen los cereales.
Al ser la protección y el peligro un binomio indisociable, los humanos tenían todas las de perder: se corría el peligro de que fortuna, poder y hambre del pueblo convivieran de forma agitada.
Fue entonces cuando los gatos, llegados del desierto, encontraron su despensa natural: los ratones y las serpientes.
¿Qué hicieron? Comerse a los ratones y a las serpientes sin perjudicar a los humanos.
Es así como se salvaron los cereales de los ratones, los sacerdotes de las serpientes y el pueblo del hambre. Al menos eso es lo que la historia permite suponer, en otros términos, eso sí.
Los sacerdotes no fueron desagradecidos, puesto que sacralizaron al gato. Según la iconografía, se trataba de un gato montés.
Esta sacralización del gato, montés o no, lo convirtió en tabú, y quizás eso le permitió continuar frecuentando los aposentos humanos, sin acabar convertido en ragú en cualquier comedor popular (una hipótesis que, no obstante, no ha confirmado ningún antropólogo ni ningún zoólogo).
Sekhmet, la diosa con cabeza de leona, tuvo el buen gusto de transformarse en gata con cuerpo de mujer, durante un baño en Philae en el que acudía a socorrer a su hermano para protegerlo de las serpientes nocturnas. Esta nueva apariencia de gata tranquilizó a las poblaciones de la ciudad de Bubastis, víctimas del apetito de los leones, los cuales, desde el anochecer hasta el alba, merodeaban por el desierto que rodeaba la ciudad. Y eso supuso el triunfo.
Esas son las primeras épocas, coronadas de gloria, del «gato-atrapa-ratas» y del «gato-divino» o adivino.
Uno no se come aquello que le es útil.
El gato estratega
La anécdota es muy conocida. En el año 525 antes de nuestra era, los persas decidieron recuperar la ciudad fortificada de Pelusa, que se encontraba en la desembocadura del Nilo; se trataba de una ciudad ferozmente defendida por los soldados egipcios, que montaban guardia sobre sus fortificaciones. El rey persa, que conocía la leyenda de Bastet, dio la orden a cada soldado persa de acometer contra el enemigo llevando un gato bajo el brazo.
Esa artimaña de guerra le hizo conseguir la victoria: ¡los egipcios, adoradores de Bastet y de todos los gatos, se vieron condenados a dejar sus flechas en la aljaba por miedo a herir a alguno!
¿Es ese recuerdo el que hace que los gatos tengan un agudo sentido de la estrategia?
El gato comandante de a bordo
Más tarde, la marina del reino de Francia recurrió al gato para proteger las jarcias y las infraestructuras de los barcos de los dientes incisivos de las ratas, puesto que era obvio que más jarcias y más velas significaban más barcos y, por tanto, más comercio. ¡La ruina! Las leyes de Colbert de 1647 pusieron orden al estipular que cada buque de la marina real que bogase hacia el levante debería llevar, al menos, un gato a bordo. El gato, esta vez con galones, salvó de esta manera la fortuna y el poder de los humanos, y la benefactora ley… ¡todavía existe! Hubo gatos que recibieron una pensión después de sus buenos y leales servicios. Y, según dicen, la costumbre perdura…
¡Gracias a la bolsa, la vida del gato alcanzó la estabilidad!
¡Los botes salvavidas ahora estaban bien cuidados!
C APÍTULO 2 El segundo enigma de la vida del gato: su sentido del movimiento


Lo curioso del gato es que podría haber sido testigo, probable (dado que los paleontólogos encuentran dificultades a la hora de aportar pruebas concluyentes al respecto), de la epopeya de la aparición y la desaparición de los «gigantes» —es decir, los dinosaurios—, ya fueran carnívoros o herbívoros. Además, no deja de ser menos curioso que podría haber sido el espectador prudente de la aparición de los «gigantes» felinos, así como también de su desaparición.
En resumen: el segundo enigma de la vida del gato es que habría sido testigo de la evolución de los seres vivos y de la evolución de los animales prehistóricos, así como de los homínidos y de su transformación en los actuales humanos.
Si estuvo ahí, no fue muy acaparador. Se limitó a observar desde una distancia prudente, aunque últimamente ha atravesado la barrera de la prudencia para adueñarse del interior de nuestros hogares, desde los cojines del salón hasta las fundas nórdicas de los dormitorios.
Los primeros pasos del gato
Pasar de ser un aventurero de los bosques a un ciudadano es una proeza que pocos animales han logrado. No basta con deslizarse como un ladrón por una ventana o por una puerta entreabiertas, sino que hay que agradar, seducir… Es decir: ser deseado, y no sólo desear. Al igual que ocurre con los humanos: amar y ser amado.
En los tiempos del «gato útil» se toleraba su presencia en el granero y en los cobertizos de la casa, siempre y cuando no estropease nada. El exterior seguía siendo su terreno, y su relación con el humano se limitaba a un escobazo por haber hurtado en la cocina o, en el mejor de los casos, a una caricia disimulada si había sabido engatusarlo.
Durante mucho tiempo, la piel del gato fue muy valorada porque, debido a su magnetismo, se consideraba que curaba los reumatismos a los humanos que tenía cerca.
No cabía preguntarse si se trataba de un milagro debido a la rima con – ismo , o si una piel curtida era capaz de conservar el magnetismo de un ser vivo.
En cualquier caso, el término magnetismo se asoció a gato , y ya no éramos nosotros quienes lo observábamos a él, sino que era él quien miraba fijamente al humano.
El podio de la victoria
¡Maldito gato!
¿Con qué truco de magia dio la vuelta a la tortilla?
No se puede negar que se trata de un animal de lo más extraño, ya que no sólo ha logrado vivir cerca de nosotros, sino que también ha conseguido hacerlo en nuestra proximidad más íntima.
¡Nosotros, unos seres ruidosos, escandalosos, imprevisibles y, proporcionalmente, inmensos como los dinosaurios!
De defraudador, el exiliado de los graneros se ha convertido en el invitado de gala de cualquier salón en el que se encuentre.
De pronto, su vida ha cobrado relevancia y, ahora, este viejo merodeador flacucho cruza nuestras alfombras con paso ligero y nos obsequia con su vagabundeo gracioso.
Se detiene y nos mira fijamente a los ojos como una esfinge. Se ha convertido en gato de compañía.
¡Magnetismo en estado puro! El animal no sólo seduce, sino que magnetiza a «su» humano.
Hay que reconocer que todo el mundo ha debido sacar provecho, porque millones de gatos se han colado en todos los hogares.
Al mismo tiempo, el número de quejas sobre nuestra supuesta mala vida también ha aumentado en la misma proporción.
Se ha establecido un vínculo sólido basado en esta doble asistencia.
Este hecho ha traspasado nuestras fronteras geográficas, ya que su Santidad el dalái lama decidió aparecer en la cubierta de su obra Le Sens de la vie (El sentido de la vida) sosteniendo un gato entre las manos. Un gato que mira fijamente el objetivo, como diciendo: «Fijaos: independientemente de quiénes seáis, existe un camino para todos, que va desde aquí hasta allí».
La evolución del gato: de él a nosotros
¡Qué astuto es! ¡Ni nos hemos enterado! No nos hemos percatado de que, si bien no tenía habilidad para formular, tenía habilidad para seducir, y que, siendo consciente y constante en su naturaleza de gato, como quien no quiere la cosa, nos iba a obligar, por su resistencia a nuestros caprichos, a reflexionar y a aceptar.
En efecto, el gato nos fascina. Al menos, fascina a la mayoría de los humanos.
¿Cómo es posible que ese deseo de amor que conduce hasta el gato pueda metamorfosear a su humano de compañía?
¿Cómo el hecho de llegar a comprender su naturaleza puede hacernos descubrir lo mejor que tiene la nuestra, y ayudarnos a solventar los efectos negativos que causan nuestras pequeñas miserias en nuestra dimensión afectiva?
En resumen, la vida del gato es una bella historia de amor.
Su obra es producto de un buen programa de moldeado a medida, y no de un moldeado industrial.
S EGUNDA PARTE La obra del gato

Al mirarnos tanto el ombligo, terminamos dando vueltas en círculo sobre nuestra propia vida.
¿Qué es lo que nos impide ampliar nuestros horizontes?
¡Esta cultura del ombligo, por supuesto!
Resulta difícil escapar de la fascinación que ejercen en nosotros nuestras pequeñas miserias: nos van clavando astillas en el corazón, pero al mismo tiempo dan consistencia a nuestras vidas.
Nos hacen existir a los ojos de los demás, puesto que inspiran compasión.
¡Por fin! Sin embargo, a menudo nos gustaría sentirnos liberados de ellas, y con gusto se las pasaríamos a los demás. Pero, ¿quién nos ayudaría? ¿Con quién podemos encontrar la senda correcta para cruzar las corrientes agitadas de nuestras pequeñas miserias?
¿Los amigos? Ellos también tienen los mismos problemas que nosotros, y ya andan lo suficientemente ocupados en buscar las mismas soluciones insatisfactorias como para…
¿Los libros? Cuando la pena se convierte en sufrimiento, las cosas ya no se ven lo bastante claras como para dejar que las palabras nos iluminen…

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