El gran libro de las rosas
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Description

La bella historia de las rosas se remonta a la más lejana Antigüedad. Esta magnífica flor, cultivada en China desde tiempos inmemoriales, es el símbolo de la belleza de la mujer y del amor que inspira. Los autores nos guían a través del inventario de las rosas, describiendo su belleza, sus caprichos, sus necesidades y sus cualidades. Asimismo, nos revelan la historia de estas maravillosas flores.
Encontrará aquí toda la información necesaria para cultivarlas con éxito: suelos más adecuados; plantación; mantenimiento; reproducción; parásitos y otros enemigos; enfermedades más frecuentes y tratamientos.
Una obra ilustrada en color con fotografías inéditas, que constituye una guía sencilla y accesible, gracias a su organización en forma de fichas. Un libro que, en definitiva, disfrutarán todos los amantes de estas maravillosas flores.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 10 mai 2019
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644616154
Langue Español
Poids de l'ouvrage 11 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0350€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Chantal de Rosamel - Christophe Lorgnier du Mesnil




EL GRAN LIBRO DE LAS
ROSAS




EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
A VISO AL LECTOR
La prodigiosa multiplicidad de las rosas hace que su clasificación resulte a veces delicada, pese a que el nombre de origen dado por quien las obtuvo sirve de referencia. En las páginas siguientes, se menciona el nombre oficial, a veces con su sinónimo (o sinónimos) cuando se conoce.
El autor y el editor desean agradecer a Meilland International y a «Au nom de la rose» su aportación a la iconografía de esta obra.
Traducción de Nieves Nueno Cobas.
Fotografías del interior de © Antoine Lorgnier, salvo donde se indica otra procedencia.
Fotografías de la cubierta de © ADJ/P. Fernandes (rosal «vert d’été») y © ADJ/Ph. Ferret (rosa «Toque rouge»).
© Editorial De Vecchi, S. A. 2019
© [2019] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-615-4
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Í NDICE
INTRODUCCIÓN
LA HISTORIA DE LAS ROSAS
Las rosas antiguas
Las rosas modernas
PANORAMA BOTÁNICO DE LOS ROSALES
De la flor al fruto
Una gran familia
Una multitud de colores
EL CULTIVO DE LAS ROSAS
El emplazamiento
La preparación de la tierra
La selección de las plantas
La plantación
La poda
La colocación en espaldera
Los cuidados estacionales
Los tratamientos contra las enfermedades y las plagas
La multiplicación de los rosales
ARTE FLORAL
Los ramos
¿Qué más puede hacerse con las rosas?
FICHAS DE VARIEDADES
LAS PRINCIPALES VARIEDADES DE ROSAS ANTIGUAS
HACIA LAS ROSAS MODERNAS
A MODO DE CONCLUSIÓN
ANEXOS
DIRECCIONES ÚTILES
G LOSARIO
B IBLIOGRAFÍA
© A. Lorgnier para «Au nom de la rose»
I NTRODUCCIÓN
La rosa fascina por su belleza, aroma y formas desde muy antiguo.
Así pues, no es de extrañar que sea sinónimo de amor y feminidad, que simbolice a la mujer y que inspire las más bellas páginas de los poetas.
No es posible declarar de mejor forma el amor por una mujer y la admiración por su belleza que Richard Sheridan cuando escribe: «Venid al jardín. Quisiera que mis rosas os viesen».
Cuando todo es hermoso y tenemos ideas alegres, vemos la vida de color rosa. No hay rosas sin espinas como no hay placer sin pena.
Existen numerosas especies y variedades de rosas, pero la más interesante resulta la rosa de Damasco, llevada a Europa hacia 1250, al regreso de la séptima cruzada (dirigida por San Luis) a Tierra Santa, por Teobaldo I de Champagne, llamado «el Trovador». La rosa de Damasco sustituyó entonces en la ciudad de Provins a todas las rosas existentes. Rebautizada como Rosa gallica (nombre que le dio Linneo y que ya le daban los romanos), rosa de Francia o rosa de Provins, fue ampliamente cultivada; una variedad se utiliza para la obtención del aceite de rosa y de diversos perfumes.
Es esta misma rosa la que los ingleses, a causa de un error de traducción, denominan «rosa de Provenza». En 1277, el conde de Lancaster, enviado para reprimir una revuelta contra el rey de Francia, se llevó esta rosa a Inglaterra; se convirtió entonces en el emblema de su casa. Más tarde se hizo ilustre en la Guerra de las Dos Rosas, que opuso a los Lancaster y a los York, cuyo emblema era la rosa blanca. Monardes, en 1551, simboliza la reconciliación de estas dos casas durante mucho tiempo rivales agrupando en los pétalos de una rosa nueva el blanco de la rosa de York y el rojo de la rosa de Lancaster.


© A. Lorgnier para «Au nom de la rose»
La rosa de Provins, de un bello color rosa intenso (o rojo aterciopelado), de un aroma exquisito, mil veces más bella que las sofisticadas rosas de los floristas, rústica y resistente, fue objeto de un verdadero culto y de un importante comercio. De las rosas frescas, los expertos sabían extraer un perfume tenaz utilizado para los ungüentos, las pomadas, las esencias y las lociones. Una vez secos, los pétalos conservaban su perfume, que se volvía incluso más suave. Tratadas de la forma conveniente, estas rosas se conservaban más de un año. Se adquirió la costumbre de hacer con ellas coronas y cojines que se utilizaban para perfumar los armarios.
Estas flores entraron en la composición de repostería, confituras, conservas de carne y jarabes. Hicieron así la fama de la ciudad, donde abundaban los laboratorios de boticarios, y realzaron con su esplendor todas las grandes ceremonias civiles y religiosas. Así, podía verse a las muchachas con la frente ceñida por una corona de rosas y las calles cubiertas de pétalos durante la procesión del Santo Sacramento; a los reyes y personalidades que entraban en la ciudad antigua, los notables ofrecían como obsequio, además del vino y las especias, cestas de rosas, perfumes o cojines de pétalos secos.
La rosa de Provins de hoy vive de su pasado. Sigue existiendo la rosaleda, pero la mayoría de los productos vendidos proceden de Turquía o del Líbano.
Hoy en día, la multitud de rosas (más de 40.000 variedades) no debe ocultar la recuperación del interés por las rosas antiguas que se inscribe en la actual corriente de «regreso a los buenos y viejos tiempos». En un momento en que las personas de la sociedad de consumo se ven inundadas por la afluencia creciente de maravillosas rosas modernas —cuyos nombres difieren a menudo de un país a otro—, renace de forma inevitable el cultivo de los rosales antiguos.
En nuestros jardines, ninguna rosa ha sido creada por la naturaleza; todas han nacido de la mano del ser humano después de numerosos tanteos, pruebas, mutaciones y casualidades. Hemos recorrido un largo camino entre los escaramujos de nuestros setos y las rosas que adornan nuestros jardines, protegidas por patentes y marcas registradas.


Decorativo arriate en los jardines de la rosaleda de Val-de-Marne (Francia)
L A HISTORIA DE LAS ROSAS
Las rosas antiguas
El origen de la rosa se pierde en la noche de los tiempos, pero se supone que es originaria de China, donde se conoce desde hace cinco mil años, y de la India; desde allí, alcanzó Persia y Egipto, cuya reina Hatseput apreciaba mucho las rosas. Más tarde, desde Arabia, los jardineros andalusíes la habrían introducido en Europa occidental.
En aquella época, era habitual traerse de los países visitados esquejes o semillas de las plantas interesantes. Era una tradición entre los árabes, que entre los siglos X y XV habían creado en Andalucía jardines y huertos, verdaderas obras de arte, donde aclimataban plantas ornamentales y alimenticias traídas de las regiones conquistadas durante su expansión emprendida a partir de 622 en dirección oeste.
Pero, sin duda alguna, la rosa existía mucho antes en el conjunto de la cuenca mediterránea; se encuentran rosas en todo el hemisferio norte. Los rosales silvestres están especialmente difundidos en los setos naturales. Son, entre otros, el escaramujo (5 pétalos), R. canina (entre 30 especies) en Europa. Francia cuenta con un total de 32 especies silvestres y en particular algunos de los principales antepasados de los rosales cultivados, entre los que se encuentran R. sempervirens, los Gálica , R. majalis y el rosal de follaje decorativo R. glauca (R. rubrifolia) . En el siglo VI a. de C., el rey Midas, exiliado en Macedonia, tuvo la precaución de llevarse sus rosales llamados de las Cuatro Estaciones (R. × damascena bifera) para instalarlos en su nuevo jardín. El naturalista griego Teofrasto, aproximadamente en el 300 a. de C., ensalza ya los encantos de nuestro escaramujo (R. canina).
En Inglaterra, 14 especies se consideran indígenas, sin contar R. rugosa , a menudo implantada en las dunas de la orilla del mar. América del Norte sólo cuenta con 25 especies indígenas, entre ellas las Hesperhodos , un grupo de plantas semidesérticas que se encuentra en los estados de Arizona, California y Nuevo México. Otras especies se distribuyen en los grupos Cinnamomaea (R. californica) y Carolinae ( R. carolina y R. virginiana ).
Se encuentran rosales en estado silvestre en Yemen, la India y Tailandia, así como una gran variedad en el oeste de China. De allí procede por ejemplo R. sinensis .

La rosa, mejorada a consecuencia de intercambios comerciales y culturales, era muy apreciada por los griegos y los romanos, que la utilizaban en abundancia en las fiestas y festines. Según la mitología romana, el primer rosal habría surgido el día en que Venus nació de la espuma de las olas. Ovidio cuenta que la rosa brotó de la sangre de Adonis herido. No es de extrañar que la rosa en Roma estuviese estrechamente vinculada a los cultos de Venus y Baco, al lujo e incluso al desenfreno. Ello sólo podía disgustar a la Iglesia naciente, que la había prohibido en las ceremonias.
¿Qué latinista en ciernes no ha balbuceado « rosa, rosae, rosam »?
Tras el derrumbamiento de Roma, fue en los jardines de los monasterios donde se conservó la rosa en Europa, probablemente debido a las virtudes medicinales que le atribuían los médicos de la Antigüedad, en particular Dioscórides, cuyo De Materiae Medica fue abundantemente copiado y aplicado por los monjes, que constituyeron los primeros médicos europeos. Cultivaban las «simples», nombre dado a las plantas medicinales (el jardín Ninfa en Italia presenta aún colecciones de ellas). De forma progresiva, las rosas se empezaron a utilizar con fines medicinales, cosméticos y aromáticos. La escasez de las flores en aquella época y su uso esencialmente utilitario no les impedían ser contempladas y admiradas por los poetas, mucho antes de serlo por los pintores. En el Renacimiento, el agua de rosas había alcanzado un uso tan corriente que, según dicen, sirvió para bautizar a Pierre de Ronsard. Con la Edad Media, la rosa se había cargado de un contenido simbólico, e incluso esotérico, con la Rosacruz. El Romance de la Rosa , del siglo XIII , fue sin duda alguna la obra más leída de la literatura medieval, y cuenta con numerosas variantes y reediciones; era una especie de búsqueda de la rosa, símbolo de la mujer ideal, llevada a cabo a través de terribles pruebas. El sufismo, por su parte, veía en la rosa un símbolo de expansión. El poeta Schraverdi puso a todo el mundo de acuerdo en una obra que constituye una síntesis del Corán, la filosofía de Aristóteles y la gnosis cristiana: Los secretos de la rosa .
De forma más sencilla, nuestra rosa se había convertido en el símbolo de la belleza, la pureza (muy asociada desde entonces al culto mariano) y de la brevedad de la juventud. Pierre de Ronsard escribe:
Preciosa, vamos a ver si la rosa
que esta mañana había abierto
su vestido de púrpura al sol
no ha perdido esta tarde
los pliegues de su vestido purpúreo
y su color igual al vuestro.
Y corteja así a las mujeres:
Vivid, si me dais crédito, no esperéis a mañana,
coged ya hoy las rosas de la vida.
Malherbe consuela a su amigo Dupérier de la muerte de su hija:
Mas ella era del mundo
en que las más bellas cosas
tienen el peor destino.
Y rosa, ha vivido lo que viven las rosas,
el espacio de una mañana.
Pero la rosa no era sólo belleza, placer del espíritu y de los sentidos. Era buena para el cuerpo humano. En la Edad Media, la esencia de rosas, el agua de rosas y toda mezcla a base de rosas se consideraban un remedio universal. Se atribuía verdadera eficacia contra la tuberculosis a una conserva de rosas inventada por los médicos árabes, el djelendjoubin , que Avicena consideraba específico de la tisis y que siguió teniendo éxito entre los médicos hasta el siglo XIX , pues el Dr. Roques la recomendaba todavía. El valor tónico de este remedio lo hacía útil para las personas fatigadas y debilitadas.
La rosa, tónica y astringente, se recomendaba asimismo en numerosos males y tenía tanta fama que los médicos militares de los ejércitos de Napoleón acudían en persona a Provins para abastecerse de pétalos secos y preparados.


Apetitosa confitura de rosas
La esencia de rosas contiene una sustancia de gran poder anestésico que explica la utilización del agua destilada de rosas como colirio para calmar el dolor y la inflamación; además, su valor antiséptico es considerable. Diversos estudios han demostrado que una maceración acuosa de estas rosas estaba dotada de potentes propiedades antibióticas contra enemigos tan temibles como el estafilococo y el colibacilo. Hoy en día forma parte de numerosos preparados farmacéuticos y aromáticos: colirios, pomada rosada, agua destilada de rosas, vinagre de rosas, jabón, etc., perfuma innumerables productos de uso habitual y ocupa un lugar importante en toda la repostería oriental.
A partir de los siglos XVII y XVIII , los holandeses, y también los franceses, empezaron a multiplicar las rosas y a venderlas en toda Europa. En 1790, en Francia, François, «jardinero del rey», publicaba un catálogo que abarcaba un total de 83 rosas botánicas (rosales antiguos) y 112 variedades hortícolas. Efectivamente, fue durante el primer Imperio cuando el cultivo de las rosas tuvo su verdadero auge; la emperatriz Josefina en la Malmaison tuvo mucho que ver en ello. Rodeada de científicos —entre ellos botánicos de fama— y jardineros, adornaba sus arriates con múltiples rosales. Jacques Louis Descemet fue el gran creador de la época; su padre suministraba ya a los boticarios rosas de Provins y escaramujos, astringentes, así como rosas pálidas y rosas de almizcle, purgantes. De las colecciones de Descemet, diezmadas por la ocupación de las tropas de coalición y de los ingleses a partir de 1815, queda poco; se observan aún unos rosales Centifolia, Alba y Gálica (rosa de Provins). Arruinado por estos acontecimientos, acabó su carrera de experto horticultor en Odessa, Rusia.
Los rosales antiguos importados de Extremo Oriente son de forma arbustiva. El final del siglo XVIII y el siglo XIX son los del perfeccionamiento de las plantas ornamentales que se conocen hoy en día, de porte más modesto pero vigoroso. Gracias a la selección y a la hibridación se encuentran rosales en miniatura, trepadores, de tallo alto, tipo Floribunda, arbustivos, tapizantes, etc. Se considera que la mitad del siglo XIX marca un hito entre las rosas antiguas y las rosas modernas; a esta época corresponde la creación y vulgarización de las primeras rosas «nobles».
Un rasgo particular de la historia de las rosas aparece en las festividades de la Rosa del valle marroquí del Dadés, donde el cultivo de la R. × damascena adquirió a partir del siglo pasado un auge considerable. Su floración, en mayo, es una pura maravilla que termina con grandes festejos: «el Moussem de la rosa».


Rosa damascena


En el valle de las rosas marroquí donde se amontonan las R. damascena...


... todo el mundo es sensible a los encantos de esta variedad


En Marrakech se halla también la magnífica rosaleda de la Koutoubia
El valle del Dadés, ya célebre por el áspero esplendor de sus gargantas, así como por las casbahs defensivas que jalonan su recorrido, ofrece en primavera un extraordinario placer visual y olfativo: la rosa. Nacido de los deshielos glaciares del Alto Atlas, el uad Dadés ha tallado profundamente su camino a través de las rocas color ocre hasta Boumalen, donde fatigado, pero siempre hinchado en esta época del año, frena su carrera en meandros, desviándose según su caudal, dejando crecientes de tierra limosa y fértil que los habitantes de las casbahs cultivan sin perder una pulgada, además de extender sus jardines por todo el valle del M’Goun gracias a una multitud de pequeños canales de riego: las saguias . En estos huertos brotan los cereales y las verduras que aseguran su subsistencia. En el pueblo de El Kelaa des Mgouna, están rodeados de unos setos espinosos muy particulares: los habitantes han decidido plantar rosales de la especie más apreciada, que complace y prospera hasta 1.500 m de altitud. Esta rosa, la R. × damascena , habría sido traída de Damasco por los peregrinos.
Con el Atlas aún nevado como trasfondo, el paisaje ocre bajo el cielo azul y el verde vivo de los cultivos están salpicados por 3.000 km de setos cubiertos de miles de luminosas flores. Los habitantes han decidido explotarlas; en 1938, se creó allí la primera destilería situada en la carretera de Boubiano. La cosecha comienza al amanecer, cuando las flores están húmedas de rocío. De ella se encargan las mujeres y las chicas más jóvenes. Con un gesto rápido, agarran la rama y cortan limpiamente las flores, que ponen en sus pañuelos atados a la cintura, sin apretarlas para no ahogarlas. Cuando tienen los pañuelos llenos, los vacían en grandes sacos de yute que los hombres recogen y llevan a la destilería.
Incansablemente, cosechan hasta que el sol en su cenit y el calor sofocante las detienen un poco antes del mediodía, pues las flores podrían deshidratarse y estropearse. Reanudarán su trabajo al día siguiente. La cosecha dura todo el mes de mayo y produce unas 20 toneladas al día a razón de algo más de 1 kg por metro de seto, cuando el tiempo lo ha permitido. Una vez pesados y pagados, los sacos derraman su olorosa cosecha en una amplia y sombreada zona de hormigón. Se separan las flores de las hojas y a continuación los hombres ventilan la pila de ligeros pétalos levantándolos con la ayuda de unas horcas.
Se cuentan 3 toneladas de pétalos frescos para obtener un litro de aceite esencial, y una tonelada para 3 kg de «concreto», extraída con cera y preparada con un disolvente, que se usará en la perfumería local en jabones y leches de belleza. El resto se enviará hacia Grasse.
La destilación se lleva a cabo en grandes cubas modernas, en la destilería local, que recuerda una casbah igual a las demás construcciones de adobe del país, con sus torres almenadas. Permanece abierta durante la destilación y todo el mundo puede ir a ver cómo se trabaja y embriagarse con ese tenaz perfume que allí lo impregna todo. Una vez acabada la cosecha, comienza la mayor fiesta del año para El Kelaa des Mgouna, la capital de la rosa, fiesta que es ocasión de un vasto zoco donde se apiña toda la población de los alrededores que también ha acudido a hacer sus compras, reunirse, parlotear y también exhibirse. Las mujeres llevan joyas y vestidos tradicionales de suntuosos colores que siguen constituyendo una de las riquezas étnicas del Alto Atlas.
Allí se suceden unas fiestas comerciales animadas con manifestaciones folclóricas.
El romántico poema de Marcelline Desbordes-Valmore, titulado «Las rosas de Saadi», describe a la perfección este cuadro campestre:
He querido esta mañana traerte unas rosas
pero había cogido tantas en mis ceñidores cerrados
que los nudos demasiado apretados
no han podido contenerlas.
Los nudos han estallado. Las rosas volando
al viento, al mar se han marchado todas.
Han seguido el agua para no volver jamás.
La ola ha aparecido roja y como inflamada,
esta noche mi vestido todavía huele,
respira en mí el aromático recuerdo.
Las rosas modernas
Las rosas modernas, consideradas productos de la horticultura occidental, no existirían sin las variedades llegadas de Oriente Medio y de Extremo Oriente. Los «rosales botánicos» (silvestres) sólo se encuentran en el hemisferio norte y, de los 120 tipos diferentes conocidos, únicamente 15 o 20 han contribuido a la creación de las rosas de cultivo. Las especies botánicas recogidas en su medio natural ocupan aún en nuestros días un lugar importante en los setos cultivados. Su tamaño varía de 15 cm a más de 12 m, necesitan pocos cuidados estacionales y, además, son rústicas y prácticamente insensibles a las enfermedades.
Existen desde siempre en estado silvestre y han llegado hasta nosotros tras numerosas mejoras realizadas con maestría por las generaciones anteriores que, antaño, plantaban los aquenios esperando una transformación o una mutación, injertaban, replantaban, desquejaban, obtenían algunas veces nuevas variedades, volvían a empezar, etc. Pero ¿quién tendría hoy paciencia para esperar, cuando puede conseguir en un vivero o una floristería lo que se desee entre la inmensa gama de variedades listas para florecer ya el primer año?
El final del siglo XVIII se benefició de la conjunción de dos importantes factores: el primero es el entusiasmo de la emperatriz Josefina por los rosales. El segundo es el resultado de la introducción de rosales reflorecientes (es decir, que dan flores en otoño) y de rosales híbridos de té, todos ellos originarios de China.
El sucesor de Descemet, Vibert, fundó su vivero cerca de París en 1815. Muchas de sus creaciones se cultivan todavía. Dos híbridos espontáneos entre rosales europeos y chinos aparecieron fuera de Europa y constituyeron, cuando se introdujeron, la cabeza de casta de dos nuevas razas: los rosales Bourbon, originarios de la isla Bourbon (hoy en día isla de Reunión), y los rosales Noisette, originarios de Charleston, en Carolina del Sur. En Francia, este entusiasmo por las rosas no dejó de aumentar en el siglo XIX y se extendió al resto del mundo a lo largo del siglo XX .
Para tomar un punto de referencia, se suele calificar de modernas a las rosas obtenidas a partir de 1867, fecha en la que J. B. Guillot creó «La France», procedente de un híbrido refloreciente y de una rosa de té. Hacia 1900, los primeros en obtener nuestros rosales actuales no procedían por polinización cruzada meticulosa, sino que seleccionaban plantas entre los semilleros al azar, por lo que los vínculos de parentesco de los rosales obtenidos antes de este periodo acostumbran a ser desconocidos.


Flores y capullos de «Bella Rosa»


Cascada de rosas, la rosaleda de Val-de-Marne (Francia)
P ANORAMA BOTÁNICO DE LOS ROSALES
De la flor al fruto
Las Rosáceas son vegetales herbáceos, arbustivos o arborescentes que pueden alcanzar grandes dimensiones.
Las hojas son alternas, simples o compuestas, acompañadas en su base por dos estípulas persistentes, a veces unidas con el peciolo.
Las flores se componen de un cáliz con sépalos que forman una sola masa (concrescentes o gamosépalos), de 4 o 5 divisiones; la corola está compuesta por 4 o 5 pétalos. Los estambres suelen ser numerosos; el pistilo está formado por uno o varios carpelos.
La floración tiene lugar una vez al año en primavera, o también en verano y otoño; en este caso, se habla de rosal refloreciente .
El fruto es sumamente polimorfo; a veces es una drupa (fruto con hueso como la cereza o el albaricoque), y otras, una manzana (pepónide), mientras que en otros casos se compone de uno o varios aquenios, fruto seco, indehiscente, uniovulado y cuyo pericarpio no está unido con la semilla.
El fruto del rosal es un cinorrodón, especie de copa o de tomate pequeño de un rojo vivo que contiene numerosos aquenios y atrae a los pájaros en otoño. A veces se preparan con él confituras o conservas; es un producto ligeramente tónico y astringente. La multiplicación de los rosales puede efectuarse recogiendo los cinorrodones y conservándolos durante el invierno en un medio fresco y húmedo (turba); este periodo de latencia o «estratificación» es necesario para inducir la futura germinación. Un breve periodo de heladas también la favorece. Al final del invierno, es conveniente extraer los aquenios y sembrarlos en una mezcla de arena y tierra. La germinación requiere varias semanas.


Rosales trepadores en los jardines de Île-de-France


Escaramujo, rosal de flores simples en los jardines de Île-de-France


Rosal de flores simples
Una gran familia
Los rosales naturales o silvestres crecen de forma espontánea en distintas regiones del hemisferio norte. Se les llama rosales botánicos . Su aspecto difiere de los rosales hortícolas . Son unas plantas de flor simple, hijas de la naturaleza, que presentan 5 pétalos y que forman arbustos o árboles de pequeño tamaño, demasiado altos para hallar su lugar en los jardines del medio urbano. Su interés reside en su sencillez y en la elegancia de su porte, la delicadeza de su follaje y sus frutos, a menudo de vivos colores. Es una belleza algo secreta que hay que buscar, en particular en los setos y los bosques claros. Necesitan pocos cuidados, a no ser la supresión de los tallos viejos para favorecer la aparición de brotes nuevos. Su origen natural da lugar a desarrollos diversos según su ubicación y el suelo en que se encuentran; no son estándar. Numerosos rosales botánicos se caracterizan por largas ramas (sarmientos) que se agarran a un soporte natural; se ha observado que el gen trepador es dominante con respecto al gen del enanismo (arbusto). Por ello, se encuentran numerosos híbridos de té y Floribunda trepadores.
Se conocen varios miles de variedades de rosas y sin cesar se crean otras nuevas, pues la rosa apasiona a los jardineros. La familia de las Rosáceas, además de las flores, ofrece un gran número de árboles de frutos sabrosos y refrescantes durante casi todo el año. Entre ellos, cabe citar el albaricoquero, el cerezo, el membrillo, el melocotonero, el peral, el manzano, el ciruelo, etc. La madera de algunas especies es apreciada en la ebanistería y las artes. Por último, esta familia incluye un gran número de otros vegetales ornamentales o utilizados en farmacia.
La clasificación de las plantas comprende la familia, el género, la especie y la variedad; su nombre científico, de consonancia latina desde Linneo, está formado por el del género (con mayúscula) seguido del de la especie, eventualmente completado por el de la variedad. La rosa de Damasco, por ejemplo, es Rosa × damascena , con diversas variedades, entre ellas Celsiana, Madame Hardy u Omar Khayyam. No obstante, la gran cantidad de híbridos complica la nomenclatura; por ello, es habitual completar el nombre con el de los padres cuando se conoce. A título de ejemplo, el albaricoquero pertenece también a la familia de las Rosáceas, pero al género Prunus ; su nombre es Prunus armeniaca , indicando que los griegos y los romanos lo importaron de Oriente Medio. Por su parte, el ciruelo de Damasco se llama Prunus damascena .


Bellas rosas rojo oscuro


Bello ejemplar


Rosal sarmentoso muy vigoroso «Bobbie James», híbrido de multiflora
Una multitud de colores
Hay que decir una palabra de los tonos y los colores. Los matices de las rosas provienen de la combinación de diversos pigmentos presentes en los pétalos. Las rosas antiguas sólo contienen dos pigmentos, el rosa y el rojo, que vienen de las antocianidinas, mientras que el amarillo viene de los flavonoles. Los primeros colores rojo oscuro observados por Kordes, que aparecieron hacia 1925, contenían pelargonidina (tono contenido en los geranios de jardín). El verdadero azul no existe en las rosas por falta de delfinina.
Algunos rosales se califican de «azules», como el miniatura «Mr Bluebird», el Polianta enano «Baby Faurax», el híbrido refloreciente «Reine des Violettes», el sarmentoso «Veilchenblau», «Mamy Blue» de Delbard, «Charles de Gaulle» de Meilland y el multiflora «Bleu Magenta», que en realidad son más bien lavanda o malva-violeta.


Rosal trepador que decora una reja de jardín


Ramo compuesto con rosas «Papa Meilland» y «Charles de Gaulle». © A. Lorgnier para «Au nom de la rose»


© A. Lorgnier para «Au nom de la rose»
E L CULTIVO DE LAS ROSAS
El cultivo de las rosas no presenta ninguna dificultad importante; son unos vegetales llenos de buena voluntad. Simplemente requiere un poco de buen sentido, paciencia, un mínimo de tiempo y atentos cuidados.


Unos tonos bien diversificados en este macizo compuesto

ALGUNOS PRINCIPIOS BÁSICOS
Los rosales más rústicos, como los Alba y los Gálica, y también los Centifolia y los Damasco, al ser de origen mediterráneo, se desarrollan bien en las regiones cálidas. Soportan perfectamente la sequía y la aridez, pero también resisten muy bien el frío e incluso las heladas, debido a su capacidad de hivernación. Ni las subidas momentáneas de temperaturas ni los primeros rayos de sol harán subir su savia antes de que llegue su hora. Dicho esto, hay que tener en cuenta que todos los rosales se desarrollan mejor al sol. Entre los que soportan la sombra, los Alba y los Gálica, que también se conforman con un suelo pobre, se sienten bien y florecen de forma maravillosa en un terreno bien enriquecido y regado, pero al menos calentado por un mínimo de sol…
Los híbridos, más evolucionados, y los Floribundas exigen un suelo rico y húmedo, con un aporte de potasio y magnesio más que de estiércol, que actúa también en el vigor del color, e incluso en la fuerza del perfume para las rosas que lo llevan.
El abono (estiércol, compost) sólo debe aportarse en el momento de la plantación. Para los rosales ya plantados, es bueno proporcionar, en febrero, un abono orgánico descompuesto que se absorberá de forma progresiva, del tipo polvo de huesos, que se distribuye en una dosis de dos puñados por metro cuadrado en los suelos pesados, y sulfato de potasio para los suelos ligeros. Luego, justo antes de la entrada en vegetación, un abono completo especial para rosales en forma de gránulos. Es importante utilizar un abono equilibrado, pues los ejemplares bien nutridos son más resistentes a las enfermedades. Hay que saber que una buena preparación del suelo es una inversión a largo plazo, puesto que la duración de vida de un rosal supera bastante la década... A continuación, vendrán la poda y el mantenimiento corriente: acolladura del punto de injerto, acolchado, riego, lucha contra las enfermedades y las plagas... Al fin y al cabo, nada demasiado complicado a cambio del placer y la satisfacción que proporcionan las rosas.


Rosa alba
El emplazamiento
Si las consideraciones estéticas son esenciales al elegir el emplazamiento de un rosal, el sentido común dicta algunas leyes sencillas para que se dé bien y florezca al máximo.
En primer lugar, este emplazamiento debe elegirse mucho antes de la compra, después de decidir la orientación que se dará al futuro rosal y teniendo en cuenta el clima de la zona; es adecuada la orientación sudeste o la sudoeste, que les evita el sol directo cuando está en el cenit a mediodía pero que les permite aprovechar todo su calor; la elección se produce también después de imaginar los colores de los rosales con respecto a los de las demás plantas cercanas. En general, los rosales trepadores se plantan a lo largo de un muro que se desea ocultar o destacar, sobre un cenador o un arco; los rosales de mata sobre un césped; los rosales de tallo o llorones en un arriate limitado por otros rosales de mata, o asociados con otras flores de altura suficiente. Se pueden plantar en forma de seto bordeando una calle, o reunirlos en rosaleda, con los rosales trepadores como tapizantes. Lo esencial es darle al rosal el lugar y el espacio que le convienen y que necesitará para sentirse bien y crecer a gusto. No hay que olvidar que crece a la vez en altura y en anchura.
La insolación es imprescindible. Los rosales en general aprecian poco la media sombra. Entre los que la soportan, los rosales Alba y los Gálica son bastante rústicos y poco difíciles. También se conforman con una tierra pobre. Sin embargo, hay que tener en cuenta que todos los rosales, para florecer de la mejor forma posible, necesitan sol y un suelo bastante profundo, de buena composición y bien drenado. Tampoco hay que elegir un lugar próximo a los árboles, pues a los rosales les perjudica la competencia de las raíces y las gotas de agua que caen de las ramas; a excepción de los rosales trepadores, que gustan de apoyarse encima. En general, conviene esperar a que los rosales plantados sean bastante altos para rodearlos de arbustos de tamaño más modesto que no les estorben. Hay que recordar que tampoco aprecian las corrientes de aire… Protéjalos al máximo de los vientos.


La profusión en un rayo de sol naciente
La preparación de la tierra
Esta preparación es muy importante y debe cuidarse de forma especial, pues de ella sola dependen el buen arranque y el éxito de sus rosales.
Si piensa en crear una rosaleda, prevea varias semanas antes de la plantación una limpieza del suelo, preferiblemente de forma mecánica o bien mediante un herbicida de efecto poco duradero, que le permitirá trabajar en un suelo limpio.
El suelo no se escoge. Si su composición es buena —lo mejor es una buena tierra franca (tierra de trigo) un poco arcillosa, que retiene un poco de humedad y de alimento—, todo irá bien. La acidez o la alcalinidad de un suelo se expresa mediante su pH; neutro, es de 7; por encima, de 7,5 a 9, es alcalino; por debajo de 7, es ácido. Un buen suelo para rosales debería tener un pH de 6 o 6,5. Si no, como el rosal se adapta a casi todos los tipos de suelo, aunque vegeta en un suelo demasiado ligero, un abono adecuado le permitirá dar su máximo rendimiento.


Humidificación del agujero de plantación para un rosal
E L SUELO ARCILLOSO
El suelo arcilloso, y por lo tanto demasiado pesado y húmedo, deberá drenarse y ventilarse antes de la plantación con una buena cavazón; a continuación, se añadirá arena, cal y, sobre todo, gran cantidad de materia orgánica, como compost bien descompuesto o mantillo de hojas. Y es que, aunque el rosal necesita mucha agua, no aprecia la humedad estancada que asfixia sus raíces, ni una tierra demasiado compacta que frene la penetración de las raicillas. Un aporte de cal proporciona flexibilidad a la tierra, pero tiene el inconveniente de que aumenta su alcalinidad.
E L SUELO ARENOSO
El suelo arenoso, y por lo tanto poroso, se corregirá mediante aportes importantes de materias orgánicas (compost, estiércol o mantillo) o de arcilla bien incorporada al sustrato, al que dará más consistencia. Y es que en los suelos ligeros poco profundos arraigan mal las plantas, que un golpe de viento puede descalzar. Por ello, conviene escoger, si es posible, rosales de escaso desarrollo.
E L SUELO CALCÁREO
El suelo calcáreo o yesoso (alcalino, pH superior a 7) —cosa que los rosales no aprecian demasiado— debe mezclarse con grandes cantidades de humus, sobre todo en torno a las raíces. El humus neutraliza la alcalinidad y además mantiene la humedad.


Aporte de mantillo para enmendar la tierra antes de la plantación
E L SUELO CON EXCESO DE TURBA
La única posibilidad para este tipo de suelo es una aportación masiva de buena tierra en una profundidad de 30 cm como mínimo.
Sin abono, los rosales se muestran endebles. Necesitan nitratos (materias nitrogenadas), fosfatos, potasio, cal y magnesio, así como oligoelementos, incluso en trazas ínfimas para evitar la clorosis: hierro, manganeso, boro, cobre, molibdeno y cinc. Por fortuna, todos estos elementos se hallan combinados en los abonos granulados, fáciles de difundir en primavera, especialmente concebidos para ellos, y que se hallan en el mercado.
La selección de las plantas
¿ Q UÉ TIPO DE ROSAL?
El emplazamiento está escogido, el suelo preparado. Falta la elección del pedido o la compra, que no se efectúa de cualquier manera, sino tras una madura reflexión. ¿Rosales trepadores para ocultar un muro, subir al asalto de un árbol o decorar una reja; reflorecientes o no reflorecientes?
¿Rosales para ramos, rosales de grandes flores (híbridos de té) o rosales de flores agrupadas (Floribunda) para arbusto ornamental? ¿Rosales de tallo o rosales enanos? No es sencillo…

Rascado del terrón en el momento de la plantación

La plantación de un rosal después de la preparación de la tierra
Los rosales reflorecientes tienen una floración que va de mayo a las heladas. La mayoría son rosales de mata y trepadores. Los rosales no reflorecientes florecen una sola vez, pero en abundancia, en primavera (abril-mayo hasta comienzos del verano). Los rosales se venden con las raíces desnudas o en tiesto.
1. La compra con las raíces desnudas suele efectuarse por correspondencia a partir de catálogos.

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