Jardines de Rocalla
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Description

Si está pensando en crear un jardín de rocalla, en esta obra encontrará la información necesaria para identificar y seleccionar las plantas más adecuadas para este tipo de jardines. Se ofrecen también algunos consejos para disponerlas en el lugar adecuado, protegiéndolas del viento y ofreciéndoles una exposición privilegiada. Podrá ordenar los diversos elementos que componen el jardín de rocalla (rocas, musgos, plantas vivaces…). Además, aprenderá a prevenir y tratar las principales enfermedades (cochinillas, parásitos, etc.). Una obra imprescindible para los aprendices de jardinero y los amantes de los jardines alpinos o mediterráneos, que incluye sugerencias sobre composiciones para jardines, macizos, etc.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 22 octobre 2018
Nombre de lectures 3
EAN13 9781644616062
Langue Español
Poids de l'ouvrage 20 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0250€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

P. Notoristefano



J ARDINES
DE ROCALLA
DISEÑO Y MANTENIMIENTO





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
Colección dirigida por A. Vavassori.
Traducción de Nieves Nueno Cobas.
Fotografías de la cubierta y del interior de ©Maxi Media Italia - 2000, salvo donde se indica lo contrario.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2018
© [2018] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-606-2
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice

Introducción
Orígenes e historia del jardín de rocalla
El jardín de rocalla en Inglaterra
El jardín de rocalla en América
El jardín de rocalla contemporáneo
Consideraciones agronómicas
La localización
La elección de la piedra
La preparación del suelo
El mantenimiento del jardín de rocalla
El riego
El acolchado
El desherbado
La fertilización
Cuidados y protección de las plantas
La multiplicación de las plantas de rocalla
La reproducción por siembra
La multiplicación por esquejes
La multiplicación por división
Las técnicas de construcción
La rocalla tradicional
Muros de piedra y arriates elevados
Piedras huecas, pilones y otros recipientes
La plantación
La elección de las plantas
Glosario de términos técnicos
Saxifraga × arendsii «Blutterpich»


Rudbeckia fulgida sullivantii «Goldstrum»
Introducción
La realización de jardines de rocalla ha sido siempre una de las formas de jardinería más interesantes y estimulantes. La característica más interesante de los jardines de rocalla es que pueden realizarse en cualquier parte. Para construir una rocalla no es necesario disponer de grandes espacios ni aplicar criterios demasiado rígidos. Se puede dar rienda suelta a la imaginación incluso cuando sólo se dispone de una pequeña superficie. La mayoría de las plantas adaptadas a la vida entre las rocas se distinguen por un porte compacto: gracias a sus pequeñas dimensiones, se integran perfectamente en espacios reducidos. Por ello, en todos los jardines es posible encontrar suficiente espacio para cultivarlas. El otro interés del jardín de rocalla es que se presta a la reconstrucción, a escala reducida, de un verdadero hábitat natural. La reproducción doméstica de un medio silvestre no impide la presencia de floraciones abundantes y de muchos colores, como las que ofrecen las plantas anuales tradicionales. Las especies de rocalla, en general vivaces, proporcionan colores intensos y perfumes embriagadores que se perpetúan de año en año a pesar de sus reducidas dimensiones. En la primera parte de este libro describiremos los principales aspectos agronómicos que deben tenerse en cuenta para formar un jardín de rocalla, así como las técnicas de construcción más habituales. En la segunda parte hemos preparado una lista de algunos de los vegetales particularmente adecuados a las rocallas, clasificándolos según sus necesidades climáticas, dimensiones, color y época de floración.
Esperamos que esta obra ayude a los lectores que estén interesados en descubrir el maravilloso y cautivador mundo del jardín de rocalla. ¡A todos les deseamos hermosos resultados!


Dendroanthemum hybridum selección «Minoprio»
Orígenes e historia del jardín de rocalla
El jardín de rocalla en Inglaterra
El jardín de rocalla nació en Inglaterra hacia finales del siglo XVIII . En aquella época, había un gran interés en Inglaterra por las colecciones y el cultivo de especies botánicas exóticas. Estas plantas procedían de las colonias, de donde eran traídas por exploradores a la vuelta de sus expediciones alrededor del globo. En la misma época empezó a desarrollarse la práctica del montañismo, y un número creciente de turistas visitaba las regiones alpinas, en particular Suiza. Este contacto con la espléndida flora alpina provocó una irresistible atracción para numerosos aficionados ingleses que empezaron a cultivar en su país las primeras plantas de rocalla. Al principio, el cultivo se efectuaba en maceta y en invernadero, en lo que se denominaba alpine house , pero desde la primera mitad del siglo XIX comenzaron a realizarse auténticos esfuerzos por reproducir en el entorno urbano el medio alpino, y surgieron los primeros jardines de rocalla propiamente dichos. La práctica de la construcción de rocallas se fue consolidando y, a partir de 1870, puede considerarse un fenómeno habitual. Aquel año, William Robinson publicó un libro titulado Alpine Flowers For English Gardens , en el que daba consejos a los aficionados y los coleccionistas acerca del cultivo y el uso de las especies alpinas.
Durante los primeros veinte años del siglo XX , otras muchas publicaciones siguieron a la de Robinson. Entre estas destacó, por su éxito editorial, My Rock Garden de Reginald Farrer, propietario de un famoso jardín en Yorkshire. Durante el mismo periodo, el interés por el cultivo y por la colección de las especies de montaña se difundió también en Irlanda, la patria de Lewis Meredith, autor de Rock Gardens . En 1930, el suizo Henry Correvon escribió en inglés Rock Garden And Alpine Plants , un libro importante en la literatura dedicada a los jardines de rocalla. Por otra parte, Correvon fue uno de los pioneros suizos del cultivo de plantas alpinas. Ya en 1877 había participado en la exposición floral de Ginebra con una pequeña colección de plantas obtenidas por siembra: algunos miembros del jurado lo tomaron por un joven apasionado que no conocía las verdaderas exigencias del mercado de la época. ¿Quién iba a imaginar que estas plantas alpinas obtendrían semejante éxito durante los años siguientes, incluso desde un punto de vista económico, y que serían consideradas las especies idóneas para adornar los jardines de rocalla?



Muchos jardines de rocalla de estilo inglés están inspirados en los jardines botánicos


En este jardín de rocalla de estilo inglés, es evidente la variedad de especies vegetales
El jardín de rocalla en América
En Estados Unidos, el interés por el cultivo de especies alpinas se inició más tarde. Aunque desde 1890 había ya en suelo americano importantes jardines de rocalla inspirados en el modelo británico, el verdadero entusiasmo por esta forma de jardinería no se difundió hasta los años veinte. La publicación de obras como The Rock Garden (1923), de Louis Beebe Wilder, contribuyó notablemente a aumentar el interés por el cultivo de las plantas de rocalla.
A los americanos les corresponde el mérito de haber renovado las concepciones inglesas. El clima que caracteriza las vastas extensiones de América del Norte dificultaba el cultivo de algunas plantas alpinas, y muchos jardineros empezaron a introducir en sus rocallas plantas que no eran alpinas sino típicas de la vegetación montañosa americana. Fue entonces cuando se perfiló una concepción más moderna, vinculada a la idea de colección botánica y dotada de interés paisajístico propio.


Jardín de rocalla de estilo americano: el uso de la piedra tiene una importancia estética fundamental


Las zonas donde se han producido desprendimientos de rocas son lugares privilegiados para las especies herbáceas pioneras. (Fotografías del autor)
El jardín de rocalla contemporáneo
En la actualidad, para dar una definición de «jardín de rocalla» sólo podemos recurrir a una expresión general que haga alusión a la utilización de un material pétreo, sin más precisiones.
Según la concepción americana, el jardín de rocalla contemporáneo no sólo está compuesto por especies alpinas. En algunas realizaciones inspiradas en la escuela japonesa (jardines zen), la presencia de agua se ha hecho habitual. Aunque los anglosajones aficionados a los jardines de rocalla siguen definiéndose en la actualidad como alpinerist (cultivadores de plantas alpinas), creo que les resulta difícil responder a la siguiente pregunta: ¿Qué es una planta de rocalla (a menudo definida en inglés con el término alpine )? Para responder a esta pregunta ya no es posible usar un criterio geográfico o fitosociológico. Si hoy queremos componer una rocalla podemos comprar con facilidad plantas originarias de las más diversas regiones del mundo, que no tienen nada que ver con los Alpes o que no poseen las características vegetativas de las primeras plantas que se usaron para ello, las difundidas por las laderas alpinas. Gracias a la imaginación de los jardineros y los propietarios de viveros, es posible reproducir sin dificultades los medios rupestres más variados en miniatura. Por ejemplo, podemos recrear el monte bajo mediterráneo de la Costa Azul o bien utilizar sólo plantas aromáticas; incluso podemos concebir el uso de la piedra como objetivo arquitectónico básico y escoger, en una segunda fase, los vegetales adecuados para su decoración en función del medio específico en el que nos encontremos.
Por último, el jardín de rocalla no sólo hace alusión a un medio árido y soleado, únicamente adecuado para plantas suculentas, que toleran condiciones de fuerte sequía. Si se escogen correctamente las plantas se pueden diseñar espléndidas rocallas, incluso en jardines situados en sombra o semisombra, situación cada vez más habitual debido a la tipología de construcción de las viviendas actuales.


El agua y la piedra forman una asociación fascinante


Si se seleccionan bien las especies, se pueden acondicionar lugares que no son especialmente adecuados, como las orillas pedregosas de un arroyo
Consideraciones agronómicas
La localización
La elección del lugar destinado al jardín de rocalla es uno de los factores más importantes para obtener resultados satisfactorios y duraderos. Sin embargo, no siempre es posible elegirlo; a veces nos vemos obligados a situar la rocalla en lugares que no son los idóneos. Pero no hay que desanimarse, ya que mediante algunas intervenciones podremos limitar el efecto de las circunstancias desfavorables y crear las condiciones adecuadas para las especies vegetales. No obstante, para determinar y realizar las mejoras, primero hay que conocer las necesidades de las plantas de rocalla.
La primera cuestión inevitable es que gran parte de las especies adecuadas para jardines de rocalla se ve mucho más perjudicada por la humedad excesiva que por la sequía. Por ello, es indispensable evitar los lugares un poco pantanosos, sujetos a estancamientos de agua, muy sombreados o situados demasiado cerca de setos o arbustos. Si nuestra intención es introducir en la rocalla especies alpinas, endémicas de las morenas de los Alpes, también hay que tener en cuenta su sensibilidad a las condiciones de elevada humedad ambiental. Los que ya han practicado el cultivo de estas especies saben bien los efectos nefastos que puede tener una mala ventilación (aire húmedo estancado) en su crecimiento. Por consiguiente, hay que dar preferencia a los lugares que dispongan de un buen drenaje y una buena exposición al sol y que estén ubicados en una zona abierta, bien ventilada.


Los lugares abiertos, soleados y aireados son los idóneos para obtener resultados satisfactorios y duraderos
Todas estas condiciones suelen cumplirse en los lugares soleados, alejados de construcciones o de grandes árboles que puedan dificultar la circulación del aire. También es el caso de las pendientes naturales con rocas que afloran, o de las cimas de los pequeños taludes. Cuando el lugar se presta de forma natural, es fácil darle a la rocalla un aspecto agradable y menos artificial. No obstante, los lugares adecuados también pueden estar sometidos a factores desfavorables. Por ejemplo, una zona situada en un emplazamiento abierto y bien ventilado puede estar sujeta a fenómenos repentinos de deshidratación del suelo. La cantidad de tierra que utilizan las plantas de rocalla es poca, ya que se limita a los restos que se acumulan en los espacios entre las piedras o al sustrato con el que se han llenado las fisuras durante la construcción. En zonas particularmente expuestas al viento, las considerables pérdidas de agua que sufre el suelo reducen mucho las reservas hídricas a disposición de las plantas, lo cual obliga a efectuar riegos frecuentes. Además, el viento es el primer medio de difusión de las malas hierbas, que tienen un efecto nefasto en las rocallas, sobre todo cuando son rizomatosas o estolónicas. En casos extremos, se aconseja construir pequeñas barreras con las especies arbustivas apropiadas. Las situaciones que pueden presentarse son sumamente variadas y sería imposible tratarlas aquí todas. Por ello, debemos confiar en nuestro sentido común, sin olvidar nunca que el objetivo es la reproducción, a pequeña escala, de medios rupestres alpinos, mediterráneos o desérticos, respetando sus condiciones estéticas y climáticas.
Si los factores desfavorables son tan importantes que sentimos el deseo de renunciar a un jardín de rocalla, no hay que desesperarse. Podemos optar por introducir en el jardín pequeñas colecciones botánicas, realizadas en el interior de piedras huecas, o bien utilizar técnicas de construcción particulares que describiremos más adelante.
La elección de la piedra
La elaboración de un jardín de rocalla siempre debería llevarse a cabo usando piedras locales. La primera razón es que el empleo de piedras locales permite armonizar mejor la rocalla con el entorno; la otra razón, que también es importante, es la económica. Si se quieren obtener buenos resultados estéticos, es preferible escoger rocas de grandes dimensiones para que, cuando se encuentren parcialmente enterradas, reproduzcan el efecto de las rocas que afloran. Como el transporte de estos materiales supone un gasto considerable, es mejor comprarlos en la cantera más cercana a nuestro domicilio y escoger personalmente la forma de los bloques. Cuando se debe escoger una piedra, no hay que olvidar que todos los materiales no son idénticos. No vamos a explicar aquí las diferencias mineralógicas entre unas rocas y otras; nos limitaremos a recordar que las piedras pueden ser:
•   lisas (basalto, granito, pórfido o pizarra);
•   porosas (toba, piedra caliza).


Es fácil encontrar roca volcánica, bloques de toba y guijarros para construir un jardín de rocalla. (Fotografía del autor)


Sacos de grava de colores para el acolchado. (Fotografía del autor)
Las primeras son más adecuadas por su superficie lisa, poco favorable a la formación de musgo, y porque resisten mejor las alteraciones provocadas por los agentes atmosféricos. No obstante, si han sido extraídas recientemente, presentan una superficie angulosa poco estética, que no pierden hasta mucho tiempo después. Por lo tanto, es mejor colocar bloques con algunas marcas, es decir, que hayan experimentado los efectos del paso del tiempo.
Las piedras porosas, a diferencia de las piedras duras, son mucho más ligeras y capaces de retener la humedad. En algunos casos, pueden perforarse para acoger plantas (la toba se presta muy bien a esta técnica). Su superficie se recubre a menudo de musgo y, con el tiempo, su fragilidad puede representar un inconveniente que no hay que subestimar. Si se opta por usar rocas porosas, hay que recordar que retienen agua y es preferible comprarlas durante un periodo seco (no olvidemos que muchas veces se venden al peso). Para obtener buenos resultados estéticos no deben emplearse varios tipos de piedras en el mismo jardín, sino utilizar bloques de dimensiones variadas.
La preparación del suelo
Como se piensa que las especies de rocalla son poco exigentes y rústicas, se tiende a subestimar la importancia de la preparación del suelo que las acogerá. Sin embargo, ese paso es vital para que el jardín de rocalla se mantenga en buenas condiciones.
Existen buenas razones para que dediquemos tiempo y esfuerzo a la preparación del suelo. En primer lugar, a diferencia de otras formas de jardinería, la realización de una rocalla requiere intervenciones permanentes. Una vez que los bloques de piedra y los vegetales se han instalado según el estilo escogido, ya no es posible volver atrás. Entonces ya es demasiado tarde para corregir los defectos de la tierra que se encuentra entre las piedras. El otro factor que debe tenerse en cuenta es que las plantas que adornan la rocalla hunden sus raíces en los intersticios de las piedras, es decir, en volúmenes de tierra muy modestos. Cuando la cantidad de tierra disponible es limitada, aumentan los riesgos de carencias hídricas y nutritivas en las plantas. Para atenuar los efectos debidos a esta falta, es necesario que el terreno esté muy bien preparado. El último aspecto fundamental es la prevención contra las malas hierbas, sin duda el enemigo más temible de los jardines de rocalla. La rocalla, por su naturaleza y disposición, no permite eliminar fácilmente las malas hierbas, y si no queremos que se recubra rápidamente de herbáceas fuertemente arraigadas entre las piedras es imprescindible comprobar que no haya nada que pueda ayudarlas a propagarse (semillas, fragmentos de rizomas, etc.). Por consiguiente, antes de preparar el terreno es preciso distinguir los dos tipos de tierra que intervendrán:
•   la tierra en la que se realizará el jardín de rocalla;
•   la tierra en la que se plantarán los vegetales (el sustrato empleado en la construcción).


Pequeña rocalla construida con especies plantadas directamente en la piedra porosa


Herbáceas y arbustos enanos plantados en el sustrato que se ha colocado entre las piedras
En el primer caso, es importante verificar que la tierra esté bien estructurada y que el agua de drenaje no encuentre obstáculos. Las tierras muy arcillosas y plásticas tienden, durante la construcción (el transporte y la colocación de las piedras), a formar verdaderas balsas de agua impermeables. En estas condiciones, se producen frecuentes estancamientos o, si la rocalla está construida en una pendiente, el chorreo del agua de lluvia pone en peligro la estabilidad de toda la estructura. En tal caso hay que intervenir modificando las características físicas de la tierra, por ejemplo, mediante la aportación de arena o grava. Para comprobar la eficacia de la corrección, basta practicar un agujero de unos 30 cm de profundidad y llenarlo de agua. La tierra debe absorberla y evacuarla completamente más o menos en una hora. Si, por el contrario, la tierra está demasiado blanda, llena de materiales gruesos, y no retiene el agua, hay que efectuar una aportación de materia orgánica en forma de turba o de compost «verde», equivalente a un tercio aproximado del volumen de tierra removido. El análisis químico del suelo también permite comprobar si es necesaria una fertilización orgánica preliminar. Para combatir las malas hierbas hay que distribuir un herbicida de amplio espectro en toda la superficie de construcción del jardín de rocalla. Estos productos actúan también en los órganos de propagación subterráneos característicos de algunas malas hierbas. El principio activo más utilizado para estas intervenciones es el glifosato, que es más eficaz en primavera, cuando las malas hierbas están en fase de crecimiento activo. Para eliminar todas las malas hierbas, incluso las más agresivas, lo más adecuado es efectuar un segundo tratamiento a los 15 o 20 días.
Las características del sustrato utilizado para la plantación de las especies vegetales tienen asimismo una importancia fundamental. La tierra que echamos entre las piedras será la principal fuente nutritiva e hídrica de las plantas, por lo que influye directamente en su crecimiento. En el mercado podemos encontrar mantillos ya preparados que suelen ser mezclas de turba y materiales procedentes de un proceso de compostaje. Normalmente, no es conveniente usar estos materiales sin mezclarlos, ya que suelen tener características fisicoquímicas poco adecuadas para el desarrollo de las plantas: contienen demasiado abono o presentan una proporción de sales minerales demasiado elevada que pone en peligro la integridad de las raíces. Además, como están desprovistos de componentes coloidales (arcilla), tienden a secarse rápidamente, sobre todo en contacto con las piedras, que acumulan el calor. Sólo mezclando estos mantillos con arena, con grava fina y con la tierra presente en el lugar (en proporciones variables, según su naturaleza) se puede obtener un sustrato adecuado.
No obstante, igualmente hay que efectuar un análisis químico de la mezcla para comprobar su compatibilidad con las necesidades de las plantas; por ejemplo, algunas especies de rocalla necesitan un suelo ácido (pH bajo).
Es preciso que insistamos en la importancia que tienen los materiales orgánicos, pero no nos extenderemos en la noción de disponibilidad: si su aportación es correcta, las plantas tendrán una nutrición equilibrada, el sustrato tendrá una actividad microbiana intensa, la disponibilidad hídrica será la adecuada y los efectos de la erosión serán reducidos.
UN SUSTRATO IDÓNEO *
pH
5,5 – 6,5
Materia orgánica (en peso)
5 %
Fósforo disponible
25 %
Potasio disponible
60 %
* Según la asociación americana Perennial Plant Association <![endif]-->
El mantenimiento del jardín de rocalla
Antes de tratar las técnicas de construcción vamos a abordar el mantenimiento del jardín de rocalla porque todas las operaciones de mantenimiento necesarias en un jardín de rocalla dependen por completo de la forma en que este haya sido concebido y realizado. Resulta por completo equivocado pretender realizar un jardín de rocalla con la única intención de reducir los trabajos de mantenimiento. Para conseguir una magnífica rocalla, es obligatorio dedicarle cuidados y atención. Antes de emprender su realización tenemos que preguntarnos cuánto tiempo le podremos dedicar. Para algunas personas es totalmente normal dedicar una hora o dos al día a su jardín sólo por placer. En cambio, otras personas saben que ni siquiera podrán pasar en él una hora a la semana. Por lo tanto, hay que saber de antemano cuáles son las operaciones de mantenimiento imprescindibles. Las intervenciones preliminares descritas en el capítulo anterior, si son bien ejecutadas, permitirán que se reduzcan las necesidades posteriores de mantenimiento pero, de todas formas, en el jardín de rocalla deberán llevarse a cabo de forma periódica algunas operaciones básicas.


Trollius europaeus
El riego
Aunque las especies vegetales empleadas en los jardines de rocalla suelen ser rústicas, poco exigentes y adaptadas a las condiciones de vida de los climas secos, es absolutamente falsa la afirmación de que no es necesario regarlas. Es cierto que el principal enemigo del jardín de rocalla es el estancamiento del agua, pero también lo es que las plantas que ocupan este tipo de jardines tienen necesidades de agua específicas que debemos respetar si no queremos que mueran.
Las especies alpinas, por ejemplo, son plantas típicas de las morenas y los cascotes que pueden vivir en las fisuras de las piedras y resistir largos periodos sin lluvia. No obstante, esta ausencia de lluvia no significa que las plantas alpinas soporten la falta de agua. En estas regiones, las diferencias térmicas que se producen entre el día y la noche favorecen la formación diaria del rocío matinal, lo cual resulta suficiente para satisfacer las necesidades hídricas de las plantas.
Aunque muchas veces tengan un porte compacto y una superficie foliar reducida, las plantas de rocalla transpiran y consumen agua como cualquier otro vegetal. A la pérdida de agua por transpiración se añade la debida a la evaporación directa del suelo. En nuestros climas, durante el periodo estival, la suma de estos dos componentes puede alcanzar de 6 a 10 mm/día (equivalente a 6-10 litros/m 2 ). Si estas pérdidas no son compensadas por las lluvias, la falta de agua debe ser corregida con el riego.
Debido a que la frecuencia y la intensidad de las precipitaciones varían considerablemente de una región a otra, es bastante difícil cuantificar las necesidades hídricas de una rocalla. Sólo a título indicativo, la aportación de agua conveniente para una rocalla equivale, por término medio, a 30-60 mm cada 10 días, limitada pos supuesto al periodo de calor intenso, es decir, al verano. Si tenemos la intención de construir un jardín de rocalla de grandes dimensiones en un lugar seco o barrido por el viento, es necesario que tengamos presente, desde el momento en que diseñamos el proyecto, la posibilidad de instalar un sistema automático de riego.
Tanto si se riega de forma manual, con la regadera por ejemplo, como si se utilizan sistemas automáticos, es importante comprobar que el sustrato se humedezca de modo uniforme. Es preferible efectuar riegos abundantes y espaciados que intervenir con mucha frecuencia pero aportando al suelo un pequeño volumen de agua. El riego abundante estimula la penetración de las raíces que, de otro modo, tenderían a permanecer en las capas superficiales, humedecidas con mayor frecuencia, y a utilizar sólo parcialmente los recursos del suelo.
El acolchado
El acolchado consiste en colocar sobre la superficie del suelo materiales de naturaleza diversa que reduzcan las pérdidas de agua por evaporación, los riesgos de infestación por malas hierbas y la dureza del suelo después de lluvias intensas.
En las rocalla no es aconsejable usar corteza, como se hace en arriates o al pie de los arbustos. Son más adecuadas las gravas naturales, de color y dimensiones diversas. Además, la disposición de estos materiales entre los bloques de piedra da al jardín un aspecto agradable y natural. No obstante, hay que renovar periódicamente la capa de materiales de acolchado porque los insectos, los pájaros y las lluvias provocan su progresiva penetración en el sustrato, que tiende a su vez a hundirse y empobrecerse. El mejor periodo para la colocación del acolchado es la primavera, antes de la reanudación vegetativa. Al comienzo de la primavera, al mismo tiempo que se efectúan el desherbado y la fertilización, que describiremos más adelante, es preciso:
•   retirar la capa superficial de sustrato deslavazado, agotado y degradado;
•   renovarla con una aportación de sustrato fresco;
•   extender o añadir el acolchado.


Acolchado de grava entre las matas de plantas


La grava se emplea como revestimiento de los s enderos y las zonas de paso
Por desgracia, el problema que se intenta solucionar con la renovación del sustrato no se limita a su capa superficial. Las cavidades, formadas durante la construcción de la rocalla gracias a una buena disposición de las rocas, tienden, con el tiempo y a causa del fenómeno de la erosión (escorrentías), a vaciarse del sustrato que las llenaba al principio. En todos los casos, el sustrato en el que se encuentran introducidas las raíces de las plantas más vigorosas tiende a empobrecerse, lo que hace necesaria su sustitución periódica y completa. Si no queremos tener que rehacer toda la rocalla al cabo de unos años, cada primavera es necesario renovar una parte del sustrato.
Volviendo al acolchado, los materiales más adecuados para realizarlo, desde el punto de vista estético, son la grava y los guijarros que presentan la misma naturaleza que los bloques de piedra que han servido para construir la rocalla. La grava debe escogerse con granulometría variada para evitar una uniformidad artificial. Si el aspecto estético de la rocalla es secundario respecto al placer de coleccionar especies, se pueden escoger materiales distintos de los utilizados para los bloques, tanto en coloración como en naturaleza. Por ejemplo, es fácil encontrar en el mercado piedras volcánicas, como la piedra pómez o el lapilli, cribadas a un centímetro aproximado. Como estos materiales son porosos, también retienen la humedad, pero esta particularidad, muy útil en medios secos, puede ser un inconveniente para algunas plantas sensibles a la podredumbre del cuello de la raíz. Por último, cuando se cultivan especies acidófilas, que no toleran los suelos alcalinos, es imprescindible evitar el empleo de arenas y gravas calcáreas, ya que provocan un rápido aumento del pH del suelo.
El desherbado
Entre las ventajas del acolchado se encuentra el freno de la difusión de las malas hierbas. Gracias al acolchado, las semillas de las malas hierbas transportadas por el viento difícilmente alcanzan el sustrato, y cuando lo logran encuentran condiciones hostiles para su germinación. No obstante, a pesar del acolchado y las otras precauciones citadas en el apartado dedicado a la preparación del suelo, hay que resignarse a la idea de que la rocalla será invadida con el tiempo por las malas hierbas. No hace falta recordar que, debido a la particular conformación de un jardín de rocalla, es difícil extirpar las plantas indeseables sin dañar las cultivadas. Por ello, hay que mostrarse aún más vigilante con respecto a las malas hierbas que en otras formas de jardinería. Una rocalla bien mantenida debe inspeccionarse periódicamente; los brotes de mala hierba deben extirparse en cuanto aparecen. Sólo así es posible mantener la situación bajo control.
Si la rocalla es muy grande, hay que prepararse para pasar varias horas inclinado sobre las piedras, ya que muchas especies son particularmente sensibles a la aplicación de herbicidas químicos y sólo es posible eliminar las herbáceas invasoras mediante una operación manual. El uso de herbicidas en los jardines de rocalla requiere una buena dosis de experiencia y mucho cuidado. Sólo es aconsejable emplearlos cuando las superficies que deben tratarse son muy grandes y el desherbado manual es demasiado prolongado. En tal caso, para eliminar las malas hierbas salidas de semillas más prudente usar productos antigerminativos que presenten una selectividad estratigráfica.
El empleo de herbicidas se puede realizar durante la plantación de la rocalla, cuando se construye y al realizar las operaciones de mantenimiento cotidiano, pero es preciso no considerar estos productos como una solución milagrosa. Si su empleo no es suficiente y vuelven a aparecer zonas de gramíneas u otras malas hierbas, el último recurso químico del que disponemos es el empleo localizado de glifosato (se distribuye con un pincel o un algodón empapado directamente en las matas de malas hierbas), que ya hemos descrito.
El uso de medios químicos debe limitarse a los casos de necesidad absoluta. Tomar las precauciones elementales suele dar resultados más satisfactorios y duraderos. Por ejemplo, cuando se compra una pequeña planta de rocalla, siempre hay que comprobar que la capa superficial de su tierra no lleve ni malas hierbas, ni musgo ni pátina verde. Si existen terrenos sin cultivar cerca del jardín, hay que cortar las herbáceas antes de su floración, si es posible, o bien construir pequeñas barreras contra el viento para limitar la difusión de sus semillas. Estas sencillas precauciones permiten evitar numerosos problemas. Por último, no debemos tomar la limpieza de la rocalla como un trabajo enojoso sino más bien como una interesante ocasión de pasar unos minutos entre las plantas que nos gustan, momentos que nos permitirán observar sus particularidades y tratar de comprender sus secretos.

LOS HERBICIDAS MÁS DIFUNDIDOS
Los dos principios activos adecuados son el oxadiazón y el isobaxén. El primero es un principio activo que se encuentra en forma de granulados, es fácil de distribuir pero no es selectivo, lo cual significa que actúa igualmente en las especies cultivadas (¡hay que tener mucho cuidado al usarlo!). Este producto debe repartirse con prudencia sobre el acolchado, en los huecos entre las plantas de la rocalla. Los brotes de las malas hierbas sufren graves daños y se secan por completo al entrar en contacto con los gránulos del producto. Las dosis recomendadas son de 100-120 g/m 2 . Por su parte, el isobaxén es un producto selectivo y eficaz únicamente contra las malas hierbas dicotiledóneas (de hoja ancha). Este herbicida está disponible en forma de líquido y debe aplicarse sobre un suelo no infestado. Se fija en las capas superficiales para ejercer una acción antigerminativa. Por experiencia podemos afirmar que una aplicación generalizada del principio activo (incluso sobre el follaje de las plantas) raramente conlleva efectos tóxicos, a condición de que la distribución se efectúe de forma correcta. Este producto afecta a las raíces de las malas hierbas que se encuentran en fase de germinación. Salvo en caso de suelos muy sueltos en los que puede producirse una fuerte escorrentía, jamás entra en contacto con los aparatos radicales de las plantas cultivadas, por lo que no las daña. Las dosis recomendadas en este caso son de 0,10-0,15 g/m 2 .
La fertilización
Aunque sean rústicas, las especies de rocalla tienen necesidades nutritivas específicas. Si el suelo sobre el que se realiza el jardín de rocalla está bien abonado y el sustrato empleado en la construcción está bien equilibrado, las plantas pueden crecer durante varias temporadas si necesitar más aportaciones de abono. Debe evitarse el uso abusivo de abono porque numerosas especies reaccionan de forma negativa ante su administración produciendo una vegetación excesiva, retrasando la floración y reduciendo el desarrollo de raíces. Por esta razón, no es aconsejable utilizar de forma indiscriminada abonos minerales tradicionales en un jardín de rocalla. Para favorecer la fertilidad, es más prudente mezclar pequeñas cantidades de abono orgánico con el sustrato que se renueva en primavera. Los cuernos y pezuñas tostados son excelentes para ello, ya que aportan no sólo nitrógeno en forma orgánica, sino también valiosos oligoelementos. El empleo de abonos minerales debería limitarse a una intervención cada dos o tres temporadas vegetativas.
El abono utilizado que debe emplearse tiene que ser ternario (NPK), para aportar todos los elementos de la fertilidad (nitrógeno, fósforo y potasio). Las proporciones de estos elementos deben ser iguales (por ejemplo, 15-15-15) y una dosis de 50 g de abono por m 2 es más que suficiente. La elección debe orientarse siempre hacia abonos de liberación lenta, es decir, aquellos capaces de suministrar de forma progresiva los elementos nutritivos. En comparación con los abonos minerales tradicionales, estos productos, que ahora se encuentran fácilmente, reducen la pérdida de las sustancias nutritivas por escorrentía y respetan más la fisiología de las plantas. El abuso de fertilizantes provoca daños irreparables en los aparatos radicales, que soportan mal el exceso de sales minerales solubles en el suelo. Para reducir los riesgos provocados por el uso de abonos minerales sólo hay que evitar su empleo cuando el suelo está muy seco.
El mejor periodo para la fertilización es el comienzo de la primavera, antes de la reanudación vegetativa de la rocalla.
Cuidados y protección de las plantas
La mayoría de las especies que se cultivan en los jardines de rocalla requieren pocos cuidados. Su porte compacto es el resultado de un fenómeno de adaptación debido al desarrollo en medios difíciles; esto las hace poco invasoras y ordenadas. Los cuidados que precisan se limitan a la eliminación de las partes verdes secas o de las flores marchitas, una vez ha terminado la fase de floración. No obstante, podemos mejorar el aspecto estético y la salud de estas plantas mediante operaciones precisas de poda. Esta intervención no sólo tiene una finalidad estética, la de eliminar las partes secas, sino que también permite aumentar el vigor y la duración de las plantas. Gracias a la poda es posible devolver las plantas más invasoras a unas dimensiones aceptables y limitar la difusión de parásitos y enfermedades. Las plantas que pertenecen a los géneros Aubrieta y Arabis , por ejemplo, se benefician de una poda primaveral posterior a la floración bastante enérgica, que consiste en eliminar casi la mitad de su vegetación. La supresión de las yemas apicales estimula la aparición de nuevas yemas y la planta se desarrolla de forma compacta, sin espacios vacíos en el centro de las matas. En algunos casos, la poda primaveral también puede provocar una floración estival. Para describir los cuidados y las técnicas de poda que requieren las plantas de rocalla necesitaríamos todo un libro, y por lo tanto no nos extenderemos en el tema, pero es imprescindible que recordemos, al comprar las plantas, informarnos sobre las operaciones de mantenimiento que necesita y las precauciones que nos conviene adoptar.


Las coníferas enanas, por sus características (dimensiones y porte), constituyen a menudo el elemento complementario idóneo de un jardín de rocalla
Afortunadamente, el jardín de rocalla está poco sujeto a las enfermedades y las precauciones necesarias para mantenerlo sano son bastante sencillas. En cuanto a las enfermedades criptogámicas (patógenas de naturaleza fúngica), los únicos riesgos que justifican el recurso a los productos fitosanitarios son la podredumbre gris (Botrytis) , activa en las hojas, y otras podredumbres producidas por los géneros Peronospora y Pythium , activas en el cuello y las raíces.
La podredumbre gris puede provocar la aparición de extensas manchas de moho, sobre todo en las especies de follaje denso. Esta enfermedad se ve favorecida por los ambientes húmedos y la ausencia de ventilación, por lo que es fácil prevenirla si mantenemos la higiene de la rocalla, si eliminamos los residuos vegetales en descomposición, respetamos la densidad de plantación correcta y efectuamos ligeras operaciones de poda para ventilar la parte aérea de los ejemplares más vigorosos.
Los Peronospora y Pythium también pueden combatirse adoptando las mismas medidas preventivas. No obstante, cuando se realizan grandes plantaciones de especies sensibles a estas patologías, como la Lavandula spp . (lavanda), es preferible mezclar pequeñas dosis de fungicidas activos en el sustrato para prevenir y curar estas enfermedades.
Por otro lado, contra las patologías víricas no hay mucho que hacer, pero dedicaremos unas palabras a la descripción de los artrópodos, los insectos más dañinos para las rocallas. Entre ellos, el más temible es sin duda el otiorrinco (Otiorrhynchus spp.) . Se trata de un coleóptero de la familia de los Curculiónidos que puede causar daños muy importantes. Posee hábitos nocturnos y tiene la costumbre de alimentarse de las hojas de plantas herbáceas y arbustivas. No obstante, los daños más graves son los provocados por sus larvas, que se encuentran en el suelo puesto que se alimentan de las raíces. Estas larvas tienen un ciclo de desarrollo muy largo y son muy difíciles de eliminar porque están profundamente hundidas en la tierra. Además, muchos insecticidas que antes se aplicaban al suelo para combatir estas larvas están prohibidos en la actualidad debido a su gran toxicidad. La única posibilidad concreta de combatir estas infestaciones se refiere a los insectos adultos, contra los cuales se pueden aplicar tratamientos insecticidas al anochecer, tan pronto como se manifiestan los primeros síntomas (limbo foliar roído a partir del borde). Como medida preventiva, hay que intentar no introducir el parásito cuando se realiza la plantación. Por esta razón es preferible comprar las plantas en viveros especializados que respeten las condiciones de higiene y prevención.
Las infestaciones ocasionales de pulgones pueden eliminarse con tratamientos insecticidas ordinarios poco tóxicos (piretrina). En algunos casos, las babosas también pueden provocar daños. Es posible eliminarlas colocando cebos específicos envenenados o disponiendo en círculo, alrededor de la rocalla, sustancias repelentes como la ceniza o la sal.
Pero los peores enemigos de un jardín de rocalla son los pájaros, al menos durante el periodo invernal, cuando el alimento escasea. Actualmente, incluso algunas especies típicamente migratorias se han vuelto completamente sedentarias y pasan el invierno en los jardines y parques urbanos. Durante la estación fría, los pájaros no se resisten a la tentación de hurgar con el pico entre las piedras en busca de algún insecto y, en algunos casos, incluso se alimentan de las plantas. No se conoce ningún remedio verdaderamente eficaz contra los pájaros, salvo quizá recubrir la rocalla con ramas o redes. Pero no hay que olvidar que los pájaros son nuestros aliados cuando se alimentan de larvas y de otros insectos nocivos; por eso, lo mejor es poner «al mal tiempo buena cara».


Linum arboreum
La multiplicación de las plantas de rocalla
Para sobrevivir en regiones de altitud o latitud elevadas, las plantas de rocalla han creado estrategias reproductivas compatibles con inviernos rigurosos, vientos fuertes y estaciones vegetativas cortas. Por ejemplo, algunas plantas alpinas producen semillas que no pueden germinar de inmediato: esta estrategia evolutiva obliga a la semilla a atravesar un periodo de bajas temperaturas (necesidad de frío) antes de poder dar origen a la nueva planta. En caso contrario, la germinación inmediata de estas semillas tras la dispersión estival produciría plantas jóvenes muy sensibles y delicadas, que no estarían en absoluto preparadas para la llegada de los rigores del invierno. Gracias a este sistema de latencia invernal, la germinación de las semillas puede esperar a producirse cuando pasa el frío y llega la primavera, un periodo bastante más favorable.

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