La siembra de flores
97 pages
Español

Vous pourrez modifier la taille du texte de cet ouvrage

Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus

La siembra de flores

-

Obtenez un accès à la bibliothèque pour le consulter en ligne
En savoir plus
97 pages
Español

Vous pourrez modifier la taille du texte de cet ouvrage

Description

La reproducción de plantas con semillas supone una enorme satisfacción, igual que ver crecer y cuidar las propias plantaciones. Además, desde el punto de vista económico supone un ahorro importante. Sin embargo, deben respetarse una serie de normas básicas. Esta es una obra técnica y práctica, muy útil para tener las máximas posibilidades de éxito en la delicada operación de la siembra. Se explican los diferentes términos técnicos sobre la multiplicación de las plantas (semillas, división, esquejes, acodos…) y todos los términos específicos que guardan relación con este tema (endosperma, estróbilos…). Además, le enseñará, paso a paso, cuándo y cómo actuar, qué parte de la planta debe extraerse, qué mezcla de tierra es la más adecuada para que la planta arraigue, cómo favorecer su desarrollo, qué cuidados necesita: agua, luz, calor, abono, etc. Gracias a esta instructiva guía, usted aprenderá las diferentes clasificaciones (órdenes, géneros, familias) que le permitirán orientarse entre las distintas especies de plantas (crucíferas, balsamináceas, borragináceas…); y también descubrirá algunas rarezas de la naturaleza (por ejemplo, los conos que contienen los granos de la secuoya, una de las especies de árboles más grandes del mundo, miden ¡apenas dos centímetros de longitud!).

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 27 février 2019
Nombre de lectures 0
EAN13 9781644616192
Langue Español
Poids de l'ouvrage 14 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0015€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

A. Colombo




LA SIEMBRA
DE FLORES






EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
Traducción de Gustau Raluy Bruguera.
Fotografías del autor salvo donde se indica otra procedencia.
Dibujos de M. Maganzini.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2018
© [2018] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64461-619-2
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Í NDICE
I NTRODUCCIÓN
P RINCIPIOS DE LA MULTIPLICACIÓN POR SEMILLAS
Reproducción sexual
Del fruto a la semilla
Frutos carnosos
Frutos secos
Formas, tamaños y colores de las semillas
Sustancias de reserva
Estructura de la semilla
Embrión
Endosperma
Tejidos protectores
Diseminación
Anemocoria
Barocoria
Autocoria
Zoocoria
Hidrocoria
Latencia
Condiciones que obstaculizan la germinación
Doble latencia
¿P OR QUÉ SE ELIGE LA MULTIPLICACIÓN POR SEMILLAS ?
Ventajas
Inconvenientes
¿Cómo se consiguen las semillas?
Recolección de las semillas en las plantas
Después de la recolección
P RODUCCIÓN INDUSTRIAL DE SEMILLAS
¿Qué semillas deben comprarse?
Germinabilidad
Energía germinativa
Pureza
Las empresas semilleras
Creación de nuevos cultivar
M ODALIDADES DE SIEMBRA
Siembra en el terreno
Siembra en cajón
Siembra en semilleros
Siembra en contenedores individuales o múltiples
Placas alveoladas
Tiestos individuales
Vasos
Soportes de turba
Siembra en invernaderos en miniatura
¿Cuándo se siembra?
Humedad y temperatura
S USTRATOS PARA LA MULTIPLICACIÓN
Materiales naturales
Arena
Turba
Otros materiales
Perlita
Vermiculita
Arcilla expandida
Poliestireno expandido
Lana de roca
L A GERMINACIÓN
Escarificación
Estratificación
L UGARES PARA LA MULTIPLICACIÓN
Invernaderos y otras estructuras
Construcción de un miniinvernadero
Agua y control de la humedad
Nebulización
Fog system o nebulización fina
Cubiertas
Temperatura
Luz
P REVENCIÓN DE LAS ENFERMEDADES
Síntomas
Medidas preventivas
C UIDADOS DE LOS CULTIVOS POR SEMILLAS
Trasplante y repicado
Procedimiento
Después del trasplante
Aclimatación
T ABLA RECAPITULATIVA DE LAS SEMILLAS Y SU GERMINACIÓN
G LOSARIO
I NTRODUCCIÓN
La reproducción por semillas es casi exclusivamente la única forma que tienen las plantas para reproducirse en la naturaleza. Los otros métodos —esquejes, injertos, amugronamiento, acodos y división— los ideó el hombre para acelerar el proceso de multiplicación y obtener así grandes cantidades de una misma especie de planta. La multiplicación por semillas es la reproducción sexual de los individuos, la única en la que los genes de dos padres se combinan, lo que hace posible la variabilidad genética.
En el colegio, todos hemos realizado experimentos con semillas: las hemos envuelto en algodón húmedo para hacerlas germinar, y también las hemos cortado en diferentes secciones para observar el embrión de la planta.
Las páginas que vienen a continuación están dirigidas a todos aquellos que desean profundizar sus conocimientos sobre las semillas y crear las condiciones para que puedan germinar y desarrollarse de la mejor manera posible.

Un recurso muy valioso
Las semillas de las plantas constituyen un recurso para el hombre desde tiempos remotos: se utilizan, lógicamente, para la reproducción de las plantas, pero también en la alimentación, humana y de los animales, y en la industria.
Así, por ejemplo, algunas fibras textiles se obtienen de ciertas semillas tal cual, sin que sea necesario trabajarlas. Es el caso del algodón, o de ciertas vainas que contienen semillas, como las de Ceiba pentandra , de donde se obtiene el kapok , que se utiliza como relleno de algunas prendas. De las semillas del lino y la colza se extraen aceites industriales, y a partir de las semillas del maíz, el girasol o el sésamo se elaboran aceites alimentarios. Los residuos de semillas oleaginosas y de otras semillas que no interesan para la conserva (por ejemplo, las pepitas del tomat e) componen parte de los alimen tos para animales. En la alimentación humana se utilizan principalmente semillas de cereales y de muchas leguminosas, las nueces y las avellanas. Las semillas reservadas a la alimentación animal son las bellotas y los fabucos. También son comestibles las semillas de algunas plantas ornamentales.


Semilleros con diferentes especies ornamentales
P RINCIPIOS DE LA MULTIPLICACIÓN POR SEMILLAS
Reproducción sexual
La base de la reproducción sexual (gámica) de las plantas es la meiosis celular, que es el estadio esencial de la formación de las células reproductoras. En el curso de la meiosis, el patrimonio genético de los padres queda reducido a la mitad por la separación de los genes homólogos de cada una de las parejas de cromosomas; así, una célula de polen (masculina) o un oocito (femenina) contienen sólo la mitad del patrimonio genético de su progenitor. Al término de este proceso se forma un huevo maduro, que podrá ser fecundado y dar una semilla. La fecundación se produce gracias a la polinización, por obra del viento, de los animales (insectos, pájaros...) o del hombre. Esta se realiza casi siempre entre plantas de la misma especie, más raramente entre plantas del mismo género y casi nunca entre plantas de géneros diferentes. A través de la fecundación, los genes de las plantas, contenidos en los gametos, forman una nueva combinación. Un carácter únicamente se encontrará con toda seguridad en los descendientes si los padres son homocigóticos en un carácter determinado; si no es así, que es lo que pasa la mayor parte de las veces, es decir, si los padres son heterocigóticos o genéticamente diferentes en un carácter determinado, su descendencia podrá manifestar este carácter de forma distinta según la manera en que se han combinado los genes y según sea el carácter dominante o recesivo.
Los individuos provenientes de la unión de plantas de la misma especie pero que tienen caracteres diferentes, o los que provienen de especies diferentes del mismo género, se denominan híbridos . Los híbridos con padres de la misma especie (híbridos interespecíficos) generalmente son fértiles, mientras que los híbridos de especies diferentes del mismo género (híbridos intergenéricos) suelen ser estériles. Por consiguiente, la reproducción por semilla, que es la reproducción sexual por excelencia, permite que los padres transmitan a su descendencia infinitas variables del genotipo. En el plano estético, las plantas hijas pueden parecerse más o menos a uno u otro progenitor. Cuando, gracias a esta variabilidad, las plantas nuevas presentan unas características totalmente diferentes de los padres, se obtiene una nueva variedad.
Las variedades nuevas pueden aparecer en la naturaleza o creadas por el hombre por hibridación, en cuyo caso reciben el nombre de cultivar (del inglés cultivated variety ). Pero si quisiera diseminarse esta nueva variedad (este cultivar ), no podría recurrirse a la reproducción sexual y utilizar las semillas (a excepción de los híbridos de primera generación provenientes de líneas puras: véase el párrafo sobre la creación de híbridos), sino que debería emplearse la multiplicación vegetativa (esquejes, injertos, acodos, amugronamiento, etc.). El origen de este proceso no es la meiosis, sino la mitosis.
La mitosis es el modelo usual de división de célula viva que asegura el mantenimiento del mismo número de cromosomas. En la mitosis, los cromosomas se reproducen dividiéndose longitudinalmente, pero no se combinan; por lo tanto, el patrimonio genético de la planta progenitora, con todas sus características estéticas y morfológicas, se transmite en su totalidad a las células hijas.


Plantas provenientes de semillas de brezo ya seleccionadas por los «hibridadores». A partir de estas plantas se eligen nuevos cultivar que ampliarán o completarán la gama de plantas existentes. En el caso del brezo, una planta de cada 10.000 se convierte en un nuevo cultivar
Del fruto a la semilla
En las angiospermas (plantas que tienen un ovario floral), cuando la flor ha sido fecundada, el óvulo se modifica, aumenta de tamaño y da la semilla. A partir de entonces, el ovario que la contiene se transforma, de modo diferente según las especies, en fruto.
El conjunto de la semilla y la evolución del ovario recibe el nombre de «fruto verdadero»; por ejemplo, la cereza es un fruto verdadero. Pero en ciertos casos los tejidos del receptáculo también se transforman y se hacen carnosos, y dan lugar a un «falso fruto»; la manzana es un ejemplo de ello. A veces, lo que se presenta como un fruto en realidad es una infrutescencia, formada por varios frutos agrupados; es el caso de la frambuesa.
En las gimnospermas (plantas cuya flor no posee ovario), la situación es totalmente diferente: los «frutos» de las coníferas (las bayas, las piñas o, para emplear el término exacto, los conos, etc.) están hechos de escamas, que se han desarrollado y lignificado después de que las flores hayan sido fecundadas con la función de proteger los óvulos.
En las angiospermas se distinguen los frutos carnosos y los frutos secos.
Frutos carnosos
En los frutos carnosos se distinguen tres partes: el epicarpio, es decir, la parte externa (la piel); el mesocarpio, que es la parte intermedia, carnosa y jugosa, y el endocarpio, en el interior, que contiene la semilla.
Los frutos carnosos propiamente dichos son las drupas, como las cerezas o los melocotones (que tienen una sola semilla), y las bayas, como la uva (con varias semillas). Los falsos frutos son los piridiones (manzanas, peras), las hespérides (cítricos) y los compuestos (moras y frambuesas).
Frutos secos
Se dividen en frutos monocárpicos, que contienen una sola semilla, y frutos policárpicos, con varias semillas. Pueden subdividirse en frutos indehiscentes (que se mantienen cerrados) y frutos dehiscentes (que se abren al madurar).
Entre los indehiscentes están los aquenios (de la familia Asterácea, antes denominadas «compuestas»), las sámaras (olmos, arces, fresnos), las cariopsis y las nueces (robles, nogales, castaños). Los frutos dehiscentes son las legumbres (leguminosas), las cápsulas (amapolas, Impatiens ), los folículos (eléboros, ranúnculos) y las silicuas (de la familia Brasicácea, antes llamada Crucífera). En las cápsulas, las semillas se liberan de varias maneras: Impatiens , en este sentido, es característica porque proyecta sus granos a distancias considerables; en otras especies, como las amapolas, las semillas salen por unos orificios. Los folículos contienen una sola semilla, mientras que las legumbres tienen varias. Estos frutos pueden tener formas muy diferentes: rectas, en espiral, con una cavidad única o con secciones que separan las semillas.


A. Aquenio de alcachofa; B. Aquenio de valeriana; C. Fruto alado de angélica


A. Legumbre de loto; B. Cápsula de violeta


C. Silicua de Brasicácea; D. Cápsula de eucalipto

Semillas no comestibles
Las semillas de algunas plantas son venenosas o, en cualquier caso, resultan tóxicas cuando se ingieren. Entre las plantas ornamentales se encuentran la glicinia, el codeso, Delphinium y el tejo; del resto de las plantas, el ricino es particularmente tóxico.
Las semillas de ciertos frutos, ingeridas en gran cantidad, también pueden tener efectos mortales: es el caso de las semillas de la manzana, del melocotón, de la ciruela y de la cereza.
En todos los casos, se aconseja no dejar las semillas al alcance de los niños.
Formas, tamaños y colores de las semillas
Las semillas son de formas y tamaños muy variables. Hay semillas redondas, ovoides, oblongas, reniformes, en forma de disco, etc.
El tamaño de las semillas no siempre es directamente proporcional a las dimensiones de la planta que originarán. Por ejemplo, las semillas de una de las especies de árbol más grandes del mundo, Sequoia sempervirens , son pequeñas, estrechas y están en unas piñas (estróbilos) de apenas dos centímetros de largo, formadas por 15 o 20 escamas, que contienen, cada una de ellas, de 3 a 7 óvulos. Un kilo de estas semillas equivale a unas 230.000 semillas; en cambio, un kilo de semillas de Pinus pinea contiene unas 1.250 semillas (piñones).
Algunas semillas tienen colores muy bonitos; por ejemplo, la semilla naranja vivo de Cycas revoluta , la semilla vellosa de color azul cielo de Ravenala madagascarensis o la semilla negra y brillante de Paeonia delavayi. Las vainas también pueden ser de colores llamativos, como las bayas rojo vivo de Erythina crista galli.



Hay tantas formas y colores de semillas como variedades de flores se pueden admirar en la naturaleza. (Fotografías de E. Benary Samenzucht)


Semillas de Gomphrena «Orange Flashing Light» . (Fotografía de E. Benary Samenzucht)
Sustancias de reserva
En la mayor parte de los casos, las semillas tienen una reserva de sustancias nutritivas que sirve para que el embrión se mantenga vivo durante la fase de germinación. Sin embargo, hay semillas que no poseen ninguna reserva: son semillas muy pequeñas, con un tegumento muy delicado, y se producen en grandes cantidades. Son ejemplos de este tipo las semillas de las orquídeas, de las bromeliáceas o del brezo.
En las dicotiledóneas, las sustancias de reserva se encuentran en las hojas cotiledóneas, que son las primeras que se desarrollan después de la germinación. Estas hojas son, por forma y tamaño, muy diferentes al resto de las hojas. En las monocotiledóneas, el cotiledón tiene la función de absorber las sustancias nutritivas. El embrión de estas plantas es muy pequeño y hundido, y las sustancias nutritivas están en la semilla.

El cocotero de las Seychelles
La semilla más grande del mundo es la que produce una palmera parecida al cocotero, Lodoicea maldivica . Sus gigantescas semillas, grandes como dos cocos, aparecían a menudo varadas en la arena de playas bañadas por aguas del Índico, pero al tratarse de semillas no vitales, no podía comprobarse de qué árboles procedían; incluso se creía que el árbol que las daba crecía bajo las aguas del océano. De ahí que recibiera el nombre de cocotero de mar.
Hasta finales del siglo XVIII no se supo que estas semillas provenían de una palmera que crece en una región muy delimitada de las islas Seychelles. Se trata de un árbol que puede alcanzar los 30 metros de altura, con el tronco recto y liso. Sus hojas tienen forma de abanico cerrado y pueden medir hasta 6 metros. Es una especie dioica, es decir, tiene flores masculinas y flores femeninas en plantas separadas. Los individuos hembra son más grandes y producen cocos que pesan hasta 20 kg, que tardan casi siete años en madurar. Los ejemplares masculinos son más pequeños y dan inflorescencias en forma de espiga, de color chocolate.
Estas semillas tienen la pulpa llena: esto explica por qué, a diferencia de los cocos normales (Cocos nucifera) , que son huecos por dentro, los cocos de Lodoicea no flotan y acaban muriendo en las aguas saladas. Por esta razón, mientras el cocotero ha aumentado su área de difusión gracias a que sus semillas flotan y ello les permite recorrer largas distancias, Lodoicea ha permanecido en una zona muy limitada.
Estructura de la semilla
Las semillas de formas y tamaños diferentes tienen en común que están divididas en tres partes distintas: embrión, endosperma y tejidos protectores.
Embrión
Es la parte que dará lugar a una nueva planta. El embrión proviene de la fusión de los gametos masculinos y los gametos femeninos. Durante la formación de la semilla, el embrión crece hasta un cierto estadio, hasta que alcanza la fase «durmiente». En muchas especies, esta fase puede prolongarse mucho tiempo: se ha descubierto que ciertas semillas eran vitales incluso después de miles de años de haberse formado. En un embrión es fácil ver las diferentes partes que originarán la nueva planta: la radícula, que generará todo el sistema radical; la plúmula, que formará el eje del tronco o del tallo, y las hojas primordiales, llamadas cotiledones.
Las gimnospermas poseen un número muy variable de hojas cotiledóneas, mientras que las angiospermas sólo tienen una o dos. Se dan las monocotiledóneas (las más extendidas son las de la familia Graminácea, que son las hierbas que se encuentran comúnmente en los prados) y las dicotiledóneas (que forman la mayor parte de las latifolias).
La parte situada entre la radícula y los cotiledones se llama hipocótilo; en cambio, después de la germinación, la parte que se encuentra entre los cotiledones y las primeras hojas verdaderas recibe el nombre de epicótilo. En los brotes jóvenes, los cotiledones permiten la fotosíntesis y constituyen una reserva de alimento. Una vez han cumplido su función, marchitan y dejan su lugar a hojas verdaderas.

Semilla de planta dicotiledónea

Semilla de monocotiledónea


En una semilla de judía en fase de germinación, los cotiledones se aprecian claramente
Endosperma
Su función principal es convertirse en una reserva de alimento. Contiene las sustancias que permiten la germinación de la semilla y el desarrollo de las plántulas (plantas muy jóvenes) mientras la fotosíntesis y la absorción de las sustancias nutritivas que aporta el suelo todavía están limitadas. El origen del endosperma es diferente entre las gimnospermas, en las que proviene directamente del gametofito femenino, y las angiospermas, en las que sus tejidos nacen de la fusión de los gametos masculinos y femeninos. La evolución de los vegetales hace que, en las semillas de las plantas que están consideradas evolucionadas, el endosperma sea muy pequeño, o incluso no exista. En este caso, la función de reserva alimentaria está asegurada principalmente por los cotiledones.
Tejidos protectores
Envuelven el embrión para protegerlo. Provienen casi siempre de los tegumentos del óvulo y, a veces, de los del ovario. Su principal función es impedir que el embrión se seque y también evitar que el agua penetre en la semilla antes de que ésta se encuentre en condiciones aptas para germinar. Los tejidos protectores sufren varias transformaciones: pueden lignificarse, volverse carnosos o coger color y transformarse en comestibles para incitar a los animales a que tomen las semillas, a fin de favorecer su diseminación. En algunas plantas, incluso, como en el tejo (Taxus baccata) , los tejidos tegumentarios pueden resistir los efectos de los jugos gástricos de los animales que ingieren los frutos.

Tantas formas, tantas necesidades
La forma, el tamaño y las características de las semillas influyen, tal como se verá más adelante con detalle, en las modalidades de diseminación.
Las semillas muy finas (orquídeas, begonia, tabaco ornamental, etc.) disponen de pocas sustancia nutritivas y corren el riesgo de perder rápidamente el poder germinativo; es por ello por lo que deben sembrarse en la superficie y debe vigilarse mucho el riego durante las primeras fases de germinación, para no dispersarlas. Las semillas con plumas ( Gerbera , Gazania , Erigeron , etc.) tampoco tienen que sembrarse en profundidad, ya que la parte plumosa debe emerger del suelo.
En general, las semillas con un tegumento particularmente duro necesitan un tratamiento (escarificación o estratificación) antes de poder germinar. Para evitar que se sequen, debe prestarse una particular atención a las semillas oleaginosas (como las de la magnolia) durante la fase de conservación; si no pueden sembrarse de forma inmediata, deben conservarse en turba húmeda a baja temperatura. Las semillas carnosas (como las del roble y del castaño) han de ponerse en agua durante 24 horas, sobre todo si son semillas viejas. En cuanto a las semillas con alas (semillas del arce y del fresno), deben «desalarse para así repartirlas mejor durante la siembra y reducir el riesgo de marchitamiento.
La mayor parte de las semillas de plantas acuáticas deben conservarse en agua, a excepción de aquellas que no se sumergen después de la maduración (por ejemplo, la flor de loto), que se conservan en turba húmeda.

Semillas de Bellis. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

Semillas de Viola x wittrockiana «Fama». (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

Semillas de Catharanthus hybrida (Vinca). (Fotografía de E. Benary Samenzucht)
Diseminación
Las plantas que poseen semillas (espermatofitas) han adoptado, en función del medio en el que viven, «técnicas» particulares para distribuirlas y colonizar un territorio, según unas modalidades que a veces son realmente ingeniosas y espectaculares. Algunas se entregan a la acción del viento (anemocorias); otras, a la intervención de los animales (zoocorias), y otras propulsan directamente su descendencia a gran distancia. Por último, las hay que se sirven del agua como medio de distribución (hidrocorias). En general, las modalidades de transporte corresponden a comportamientos diferentes según las semillas: las especies anemófilas normalmente no tienen periodo durmiente, o si lo tienen, este es ligero. Cuando, por el contrario, el transporte se realiza por medio de animales, el periodo durmiente es profundo y prolongado. Hay que señalar que ciertas plantas no «quieren» que su progenitura se disperse: han encontrado un lugar donde se sienten bien y «creen» que su descendencia también estará bien allí. Sus flores, después de la fecundación y la desfloración, enrollan el pedúnculo y llevan al suelo sus frutos y sus semillas, que de este modo germinarán en la tierra donde la madre había encontrado un terreno idóneo. Esto es lo que ocurre con los cacahuetes o, dentro del grupo de las plantas ornamentales, con los ciclámenes.
Anemocoria
Las semillas (o los frutos) que dispersa el viento deben ser muy ligeras o tener una forma que favorezca el «vuelo». De este grupo pueden citarse las semillas del tabaco (incluido el tabaco ornamental) y las de las orquídeas, que se producen en abundancia, a veces incluso varios millones de semillas por pie.
Las semillas de Dendrobium pesan menos de una centésima de miligramo; son semillas minúsculas que no contienen sustancias nutritivas de reserva para la germinación. Tienen formas especiales: los vilanos, característicos de las compuestas (por ejemplo, Taraxacum o diente de león), son en forma de plumas o de pequeños paracaídas; las sámaras de los arces, los fresnos o los olmos recuerdan a las hélices de un helicóptero, o los frutos de los carpes, los tilos y los abedules. Transportada por el viento, a veces a alturas vertiginosas, la descendencia de estas plantas puede aterrizar a varios kilómetros de distancia.


El diente de león es el ejemplo por excelencia de planta que se sirve del viento para diseminar sus semillas
Barocoria
El caso contrario es el de ciertas plantas que producen semillas pesadas, que caen verticalmente al pie de la planta. Se dice que son barocorias, del griego baros , «peso», y khoreo , «desplazarse». Las semillas más grandes del mundo son las de Lodoicea maldivica, que, como ya se ha visto, pueden llegar a pesar veinte kilos. En general, este tipo de diseminación tiene puntos débiles: la planta madre da sombra a las plantas jóvenes que están en su pie, y la acumulación de estas hace que la competencia entre ellas sea muy grande. Algunas de las plantas con esta característica son los nogales, los robles y muchas plantas frutales.
Autocoria
Otras plantas han desarrollado un mecanismo que les permite proyectar sus semillas, una vez maduras, a distancias notables: es la autocoria o diseminación activa. Un ejemplo es Impatiens balsamina , también llamada «brinco», que precisamente debe su nombre a esta característica. Al menor contacto, sus frutos en forma de porra se enrollan y expulsan con fuerza las semillas que contienen.


Impatiens walleriana «Carnival Rose», Marca de Calidad Fleuroselect 2004
Zoocoria
Las plantas zoocorias se subdividen entre las que «viajan» en el interior del animal portador y las que se adhieren a él por el exterior. En el primer caso, los frutos de las plantas sirven de alimento a los animales; sus semillas, que poseen un tegumento resistente a los jugos gástricos del animal, se expulsan junto con los excrementos a una distancia y en unos lugares adonde difícilmente hubiesen podido llegar de otro modo.
Son zoocorias las plantas con bayas de vivos colores (acebos, tejos, Cotoneaster, Euonymus , etc.) que atraen a los pájaros en periodos en los que empieza a escasear la comida. Un caso particular de zoocoria es la mirmecocoria, es decir, el transporte de semillas por medio de hormigas. Una de las plantas que utilizan estos insectos es la celidonia o hierba verruguera (Chelidonium majus) : sus semillas tienen unas crestas oleaginosas que gustan mucho a las hormigas.
Otra forma de zoocoria es aquella de las semillas que, dotadas de aguijones o ganchos, se adhieren al pelo de los animales. Algunas de estas plantas son la bardana o lampazo (Arctium lappa) y el amor de hortelano (Galium aparine) . El hombre también puede contribuir al transporte de las semillas adheridas a su ropa; es el caso de Circaea lutetiana o Bidens tripartita . También se han registrado casos de semillas pegadas a paquetes transportados de un continente a otro, como ocurrió con Erigeron annuus y Solidago canadensis .


Verbena speciosa «Snowy River», Marca de Calidad Fleuroselect 2004
Hidrocoria
Por último, está el grupo de plantas que confían sus semillas al agua. Ya se ha citado el ejemplo de algunos cocos que pueden navegar centenares de millas marinas por el océano. Las semillas de otras especies recorren distancias más cortas en cursos de agua o en lagos; por ejemplo, Iris pseudoacorus tiene frutos en forma de banana que, cuando maduran, se abren y liberan cantidades considerables de semillas planas, apiladas unas sobre otras. Estos granos tienen, en el interior de los tegumentos, una bolsa de aire que les permite flotar y, llevadas por la corriente, colonizar otras zonas.
Latencia
Es el fenómeno por el cual las semillas, ya maduras y sanas, no germinan durante un determinado periodo o, en cualquier caso, no germinan hasta que han pasado, de forma natural o artificial, ciertas fases concretas.
La latencia, cuyas causas físicas o fisiológicas son intrínsecas a la semilla y están programadas de forma genética, impide temporalmente el desarrollo de esta para evitar que se encuentre en unas condiciones ambientales (agua, oxígeno, luz, temperatura) desfavorables para su germinación. Es necesario que a lo largo de la primera fase de germinación, que recibe el nombre de imbibición, haya suficiente agua y calor para que puedan darse un cierto número de reacciones químicas que originan la germinación. Por otro lado, numerosas reacciones son de tipo oxidante y, por tanto, no pueden producirse si no hay oxígeno.
En otros casos, la planta adulta podría encontrarse en dificultades si la semilla germinara demasiado pronto. Las semillas de las plantas tropicales, típicas de regiones con clima constante, raramente presentan estado de latencia; por el contrario, esta se suele manifestar en las especies de los climas templados, que se caracterizan por unos marcados cambios estacionales.
Condiciones que obstaculizan la germinación
Muchas semillas, cuando llegan a la madurez, tienen un tegumento totalmente impermeable al agua; es el caso de las semillas de Camellia . En la naturaleza, la permeabilidad aumenta con el paso del tiempo: los tegumentos se ablandan y acaban siendo permeables, con mayor o menor rapidez, debido a la acción de los microorganismos presentes en el suelo. También puede pasar al revés: cuando el hombre recolecta el grano, puede aplicarle un tratamiento para modificar la permeabilidad de los tegumentos.
En muchos casos, la rigidez del tegumento es lo que impide el crecimiento del embrión; un ejemplo de ello son los huesos de melocotón. Esta situación puede modificarse por la acción del agua y de los microorganismos, o gracias a la intervención del hombre. En otros casos, el crecimiento del embrión es muy lento y, cuando las semillas se sueltan de las plantas, los embriones todavía no han alcanzado la madurez, de modo que la semilla no puede germinar hasta que el embrión no está listo.
Sin embargo, el caso más corriente es el de un embrión perfectamente desarrollado, cuyo crecimiento está inhibido por unas sustancias químicas contenidas en la semilla, que no podrá germinar hasta que dichas sustancias desaparezcan o hasta que el equilibrio entre estas y las sustancias promotoras se haya inclinado a favor de las segundas.
Puede ocurrir que todas estas condiciones se hallen en una única semilla; el fresno, por ejemplo, tiene tegumentos impermeables, un embrión inmaduro y sustancias inhibidoras en los cotiledones.
Doble latencia
Algunas semillas presentan una característica denominada «doble latencia», en cuyo caso la latencia debe finalizar en el momento adecuado para que pueda producirse la germinación. Entre las plantas que presentan doble latencia está Lilium , los acebos, los tilos y el tejo. Al inicio se requiere un periodo de tres meses de temperaturas elevadas (entre 20 y 30 °C); durante esta fase se desarrollan las raíces. Seguidamente se necesitan tres meses más pero de temperaturas bajas para interrumpir la latencia de los gérmenes antes de que la planta brote y sobresalga del suelo. Otras plantas, como Trillium , precisan primero un periodo de tres meses de frío seguido de tres meses de calor, y de nuevo tres meses más de frío antes de germinar.
¿P OR QUÉ SE ELIGE LA MULTIPLICACIÓN POR SEMILLAS ?
Algunas plantas se prestan fácilmente a la reproducción por semillas; dentro del grupo de las plantas ornamentales, es el tipo de reproducción de la mayor parte de las anuales. En cambio, en otras la producción de semillas resulta mucho más difícil; es el caso de muchos árboles y arbustos, cuyas semillas muchas veces tienen periodos de latencia o doble latencia, o están envueltas en tegumentos muy protectores, leñosos y, en cualquier caso, muy duros. Es difícil que estas semillas germinen incluso en la naturaleza, y con frecuencia se secan o se pudren antes de haber germinado. La multiplicación por semilla puede presentar también problemas de otro orden: a veces las semillas no dan plantas con las características deseadas, es decir, a partir de una semilla recolectada de una planta que da flores de un color determinado no siempre se obtiene una planta con flores del mismo color. Por ejemplo, a menudo, con semillas de rododendros rojos se obtienen rododendros de flores azul lavanda pálido, y las semillas de Cornus de flores rojas dan casi siempre plantas de flores blancas. Pero también se da el caso opuesto: existen plantas que sólo tienen una descendencia idéntica si se multiplican por semillas; por ejemplo, Taxus capitata , una especie de tejo de forma piramidal, únicamente tiene esta forma si se multiplica por semillas, mientras que las plantas obtenidas con esquejes son totalmente diferentes, más erguidas (en tal caso, si se desea darles forma piramidal, deben podarse).
Ventajas
Comparada con otras formas de reproducción de plantas, la que se obtiene a través de semillas presenta varias ventajas, sobre todo para los jardineros aficionados: en un principio, la semilla es una técnica simple, que no requiere particulares conocimientos teóricos o prácticos; además, es una técnica económica, ya que con especies que dan muchas semillas se pueden obtener cantidades considerables de plantas nuevas a partir de una sola; por otra parte, muchas plantas son más vigorosas cuando se multiplican por semilla que cuando lo hacen por esqueje.
Gracias al sistema de arraigo fuerte de la reproducción por semillas, pueden utilizarse las plantas jóvenes como portainjertos para multiplicar posteriormente por esqueje unas variedades, la mayor parte ornamentales, que poseen un sistema radical más débil.
Otra ventaja de este tipo de reproducción es que las enfermedades provocadas por virus y micoplasmas no se transmiten prácticamente nunca a través de las semillas. Además, pueden multiplicarse por semillas plantas difíciles de encontrar en tiendas. Es fácil enviar semillas de una punta a otra del mundo, lógicamente si se respetan las leyes fitosanitarias, a veces bastante rígidas, de los diferentes países. En efecto, introducir especies que no sean autóctonas puede presentar riesgos: ciertas plantas que pasaron de un continente a otro, aunque su transporte fuera azaroso, originaron auténticas invasiones en el nuevo territorio ocupado por carecer de enemigos naturales.

Una semilla muy apreciada
El término quilate utilizado en joyería para indicar el peso de las piedras preciosas, viene del árabe kirat , que designa la semilla del algarrobo. La forma, el tamaño y, sobre todo, el peso —aproximadamente un quinto de gramo (0,2 g)— de las semillas de esta planta son constantes. Es por ello por lo que los joyeros de antaño las utilizaban como unidad de referencia en el pesaje de las piedras preciosas.
Inconvenientes
En el capítulo de inconvenientes, suele citarse la diferencia entre las plantas madre y la descendencia obtenida por semilla. Esta diferencia se explica por el hecho de que los genes de los dos padres se combinan y esto hace que las plantas hijas nazcan con características diferentes (es lo que se denomina variabilidad). Este problema concierne casi exclusivamente a los profesionales, que deben poder garantizar a sus clientes una variabilidad regular. Este mecanismo es realmente fundamental para los profesionales de la hibridación, los creadores de variedades nuevas que juegan con las leyes genéticas que dan lugar a la variabilidad dentro de una especie para obtener así nuevos cultivar , más vigorosos, cultivar de diferente porte, con flores y hojas todavía más bonitas, más resistentes a las enfermedades y a los parásitos, que se adaptarán más fácilmente a unas condiciones climáticas difíciles…
Debe señalarse que, en la naturaleza, la variabilidad es precisamente lo que ha permitido, entre otras cosas, que las especies se adaptaran poco a poco a las transformaciones del entorno, y aparecieran, primero por selección natural y luego gracias a la selección realizada por el hombre, variedades derivadas de lo que se conoce como «especie tipo». Otro inconveniente de este tipo de reproducción es que, en general, las plantas surgidas de semillas atraviesan una primera fase juvenil a lo largo de la cual exhiben características totalmente diferentes de las que tendrán cuando sean adultas.
¿Cómo se consiguen las semillas?
Hay dos formas de procurarse las semillas: comprándolas o recolectándolas uno mismo.
El mercado presenta una amplia oferta de semillas de plantas herbáceas, anuales, bianuales y vivaces. El capítulo siguiente está dedicado a la producción y comercialización de las semillas.
Actualmente en Internet se ofrecen semillas de todos los tipos de plantas, desde las más comunes a las más raras. Es aconsejable empezar por pedidos de poca cantidad, para comprobar la seriedad del proveedor.
Otra posibilidad es el intercambio de semillas con otros aficionados a las flores y las plantas.
Obtener una planta a partir de semillas que ha recolectado uno mismo es un auténtico placer. Sin embargo, estas plantas a veces son menos vigorosas y su floración es menos espectacular que las plantas nacidas de granos comprados.

Atención al clima
Antes de recolectar las semillas de una planta de exterior hay que asegurarse de que se adaptará al clima. En el caso de las plantas plurianuales, deberá tenerse en cuenta su capacidad de resistencia a las bajas temperaturas invernales y también al calor y a la sequía del verano.
Recolección de las semillas en las plantas
La cantidad de semillas que pueden recolectarse varía según las especies: algunas plantas, y también ciertas flores, producen miles de semillas (normalmente son semillas pequeñas), y otras producen cantidades mucho menores. Las plantas cuyas semillas van a recolectarse deben estar perfectamente sanas, exentas de parásitos y deben vivir en condiciones climáticas favorables.
Las modalidades de recolección cambian según el tipo de fruto, carnoso o seco, dehiscente o indehiscente.
Se aconseja siempre recolectar las semillas cuando los frutos están en pleno periodo de maduración. Inmediatamente después, estas empiezan a perder vitalidad (más o menos rápidamente, según las especies). Un indicador del grado de madurez de los frutos es el cambio de color (envero) o de consistencia (ablandamiento) de la pulpa.
Constituyen una excepción las especies con frutos dehiscentes (por ejemplo, Impatiens ), cuyas semillas deben recolectarse antes de que estén completamente maduras, para evitar que se dispersen.
Pueden colocarse en bolsitas los frutos que producen semillas muy ligeras, antes de que se abran y de que el viento las disemine; las semillas voluminosas de muchos árboles y arbustos, en cambio, pueden recolectarse en el suelo, teniendo en cuenta que ya pueden haber sufrido ataques de enfermedades causadas por hongos o parásitos.
En las especies con inflorescencias en cabezuela, las semillas más vigorosas son las que están en el exterior, en el perímetro de la inflorescencia. Si se rompe esta para recolectar las semillas, se corre el riesgo de comprometer su limpieza y de dañar las semillas más vigorosas.
No siempre es fácil escoger la planta ornamental de la que van a recolectarse las semillas. Esto se debe en parte a que, para prolongar la floración de muchas plantas, se eliminan las flores en cuanto se marchitan, o sea, antes de que puedan recogerse sus semillas. Por esta razón es aconsejable cultivar algunas plantas sólo para la producción de semillas en un lugar adecuado, de modo que queden a la vista las plantas más hermosas, de las que se eliminarán las flores marchitas.
Cuando en una misma especie hay plantas de colores diferentes, es preferible recolectar por separado las semillas, para que posteriormente puedan mezclarse como se quiera. Así se evita que, tal como ocurre a menudo en la naturaleza, un color más «competitivo» pueda imponerse a los demás con el paso de los años.
Si se eligen las semillas provenientes de las flores aparecidas en primer lugar podrá mejorarse la precocidad.

Semillas de Impatiens walleriana «Candy». (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

Semillas de Rudbeckia . (Fotografía de E. Benary Samenzucht)
Después de la recolección
Desecación
Una vez recolectados, se disponen los frutos o las semillas en una tela o en papel de periódico, y se colocan en un lugar seco y bien ventilado para que se sequen. Previamente se eliminan todos los residuos de pulpa en los frutos carnosos, porque pueden provocar podredumbre, moho o atraer a los insectos. Los frutos pueden abrirse con un cuchillo, o dejarlos madurar y luego aplastarles la pulpa dentro del agua con las manos. A veces también deben eliminarse las vainas o las cápsulas.
La primera fase de secado de las semillas puede realizarse asimismo a pleno sol, pero al abrigo del viento para que no se diseminen. De hacerlo así, hay que vigilar atentamente que no se sequen demasiado, por lo cual se aconseja terminar el proceso de desecación en un local cerrado.
Después del secado, si se cree oportuno, puede realizarse una especie de trilla, con un tamiz o soplando con cuidado sobre las semillas, para eliminar los residuos de los frutos.
Conservación
La capacidad de conservación de las semillas depende de varios factores: en primer lugar, la longevidad de la especie en sí misma; luego, el índice de humedad de los granos y la temperatura a la que se conservan, y finalmente, el grado de humedad del lugar donde se guardan.
Algunas plantas tienen semillas que se conservan varios años; por ejemplo, las semillas de algunas especies de Acacia y de Eleagnus pueden guardarse entre 15 y 20 años, y las semillas de Petunia, de Zinnia , de Calendula o de Koelreuteria , entre 2 y 15. Al contrario, las semillas de los olmos y de algunas magnolias sólo se conservan unas semanas, un año como máximo.
Para guardar las semillas perfectamente secas hasta el momento de sembrarlas, y para evitar la formación de moho y podredumbre, deben guardarse en recipientes (sobres, botes o cajas). Es preferible no utilizar recipientes totalmente aislados, sino que en ellos debe circular el aire; para ello los botes pueden cerrarse con papel o con tela.
Todos los botes deben etiquetarse con la información relativa a su contenido: especie, variedad de las plantas padres, fecha de recolección y cualquier otro dato que pueda ser útil en el momento de la siembra.
Las semillas se conservan en un lugar muy seco, fresco y alejado de toda fuente de calor y de la luz directa del sol. Deben mantenerse una temperatura y un grado de humedad constantes, con lo cual se evita que las semillas entren en lo que se denomina «latencia profunda» (un riesgo que se corre con ciertas especies) o pierdan vigor (esto también puede ocurrir con las semillas que germinan muy fácilmente).
Durante la fase de conservación, las semillas pueden perder del 20 al 30 % de su peso en agua cuando están frescas. Una pérdida más importante puede dañar a los embriones.
La temperatura de conservación más adecuada se sitúa entre 1,5 y 7 °C, pero las semillas de algunas plantas tropicales pueden estropearse si se guardan a una temperatura inferior a 4,5 °C.
El porcentaje de humedad debe situarse entre el 20 y el 30 %. Puesto que con el paso del tiempo la humedad del aire y la del interior del recipiente tienden a equilibrarse, el aire debe ser más bien seco y las semillas no deben almacenarse cuando están demasiado húmedas.

La vitalidad de las semillas
Se considera que una semilla es viable cuando posee todas las características morfológicas, fisiológicas y bioquímicas esenciales para su germinación. El embrión que contiene debe estar vivo y completo, y debe ser capaz de germinar cuando se encuentre en las condiciones adecuadas. Para controlar la vitalidad de un lote de semillas pueden utilizarse productos colorantes, como el cloruro de tetrazol (CTC). Se cortan por la mitad algunas semillas y se les aplica el producto en los embriones; si los tejidos están vivos, viran al rojo.
En algunas especies pueden separarse las semillas vivas de las que no lo están metiéndolas en el agua: las primeras se hunden porque los tejidos del embrión y del endosperma ocupan toda la semilla; las que no están vivas flotan porque el aire ocupa un cierto espacio en su interior.
P RODUCCIÓN INDUSTRIAL DE SEMILLAS
Si desean obtenerse ciertos tipos de plantas, especialmente las anuales y las bianuales, se aconseja comprar las semillas. De este modo, por un lado se aprovechan las variedades más recientes y más espectaculares, y por otra parte se evita que las plantas, a causa de la polinización cruzada con otras variedades, degeneren y pierdan vigor y pureza.
Las semillas que se encuentran a la venta suelen presentarse en prácticas bolsitas, que contienen semillas de una sola especie o variedad, o una mezcla de semillas elegidas atendiendo a diferentes criterios, como el uso, el tamaño (plantas enanas, medias o grandes, etc.), los colores, etc.
¿Qué semillas deben comprarse?
En el envoltorio de las semillas figuran varios datos: fecha de producción y de acondicionamiento, características de la variedad e información sobre la germinabilidad, la energía germinativa y la pureza de las semillas.
Antes de comprar cualquier semilla, conviene tener en cuenta los siguientes datos.


Expositor de bolsitas de semillas
Germinabilidad
La germinabilidad, también llamada facultad germinativa, indica el porcentaje de semillas puras contenidas en un lote capaces de germinar en las condiciones definidas por las normas establecidas por los organismos reconocidos (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria [INIA]). Un porcentaje más elevado, de especie y variedad idénticas, indica una calidad superior de las semillas.
Cuando se indica una capacidad germinativa del 90 %, esto significa que, si se siembran 100 semillas y se sigue escrupulosamente los consejos de cultivo, puede esperarse razonablemente la germinación de 90 semillas, ya que esta cantidad es el resultado de ensayos llevados a cabo por el productor. Los análisis de germinabilidad se realizan en el laboratorio en unas condiciones estándares en lo que respecta a temperatura, humedad y luz. La duración de la prueba también está codificada, así como sus posibles tratamientos.
La capacidad germinativa es una de las características de la especie: algunas germinan con gran facilidad (por ejemplo, las violetas y Tagetes ) y otras son plantas «difíciles» (como Meconopsis , la magnífica amapola azul).
Varios factores influyen en la germinabilidad:
•   la época de la recolección: si la semilla no se ha recolectado en el momento adecuado, la facultad germinativa disminuirá con toda seguridad;
•   las condiciones medioambientales: el clima o los parásitos en el momento de la germinación de las semillas puede debilitar la capacidad germinativa;
•   la edad de la semilla.
Si germina un porcentaje de semillas muy inferior a lo esperado (expresado por el valor de germinabilidad) o no ha germinado ninguna semilla (algo que puede ocurrir), las razones pueden ser las siguientes:
•   la técnica de las semillas no era la adecuada;
•   las condiciones de higiene y salubridad del lugar donde se sembraron las semillas no eran las correctas;
•   las semillas utilizadas eran viejas, estaban deterioradas o habían sido suministradas por un proveedor poco competente.
Debe leerse atentamente la información del envoltorio o cambiar de proveedor.

¿Por q ué es preferible usar semillas del lugar de origen?
A veces es preferible utilizar semillas recolectadas en sus regiones de origen porque tienen un poder de germinación superior. Por ejemplo, Davidia involucrata , originaria de China: las semillas recolectadas en este país germinan mejor.
Energía germinativa
La energía germinativa designa el vigor de la semilla, es decir, la rapidez de germinación. Generalmente está determinada por el porcentaje de semillas que germinan en un tiempo concreto, medido en relación con la germinabilidad total. Las semillas de algunas especies, si se guardan demasiado tiempo, pueden conservar la germinabilidad pero con una energía germinativa menor, es decir, la cantidad de semillas que germina es la misma pero la germinación tiene lugar en un periodo de tiempo mucho más largo.
Pureza
La pureza designa, en un lote de semillas, el porcentaje de semillas de una misma especie en relación con posibles impurezas: residuos vegetales, materias inertes o incluso semillas de otras especies. Evidentemente, cuanto más elevado es el porcentaje expresado sobre el valor total, más calidad tiene el lote.


Trabajos de cultivo en una empresa para la producción seleccionada de semillas. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)
Las empresas semilleras
Las semillas de plantas ornamentales las producen empresas especializadas. Casi siempre son empresas multinacionales, si bien todavía queda un cierto número de empresas familiares. Algunas pueden jactarse de tener más de un siglo de experiencia. Las plantas con las que trabajan de forma mayoritaria son plantas «de macizo», principalmente anuales o bianuales, sin olvidar las vivaces, las plantas para jarrón y las plantas para flores cortadas. Las empresas semilleras ofrecen semillas tratadas.
Semillas listas para la siembra: en las que la fase de latencia ya ha terminado.
Semillas pregerminadas: en las que el tegumento está roto y la radícula aparece de forma muy evidente. De este modo se aumentan las posibilidades de obtener buenos resultados y disminuye la duración del ciclo de cultivo. Sin embargo, los granos pregerminados no pueden conservarse mucho tiempo, y por esto deben sembrarse lo más rápidamente posible.
Semillas en cápsula: se envuelven las semillas con diferentes cápsulas (materiales inertes, productos fungicidas, antiparasitarios, etc.), lo que les confiere una forma esférica y un tamaño idéntico.


Comparación entre las semillas de Begonia semperflorens «Super Olympia» en cápsula y normales. (Fotografías de E. Benary Samenzucht)


Cajón de semillas de Begonia semperflorens
La cápsula tiene diferentes funciones: disminuye la rugosidad de algunas semillas y permite una siembra más regular; además, si contiene sustancias fungicidas, sirve para combatir el problema de la mortalidad, a veces muy elevada, de las plantas jóvenes.
La cápsula es un envoltorio compactado con colas hidrosolubles: cuando se moja el sustrato, la cápsula se disuelve o se resquebraja, y la semilla puede germinar. Las semillas con cápsula son particularmente adecuadas para la siembra mecánica, porque son muy homogéneas. En todos los casos, las empresas semilleras garantizan a sus clientes semillas de muy alta calidad en términos de pureza, vitalidad, germinabilidad y energía germinativa. Para ello es necesario realizar pruebas constantemente, que son llevadas a cabo por las propias empresas, por laboratorios independientes y por clientes importantes de las empresas semilleras (los llamados «difusores»).


Todos los productores de semillas efectúan controles por medio de pruebas estándares. Aquí se garantiza, para Begonia semperflorens , que por lo menos un 87 % de las plantitas podrán trasplantarse 42 días después de la siembra, aunque las dos variedades probadas alcanzan valores superiores al 97 y al 94 % de las plantitas trasplantables. El porcentaje de fracaso se sitúa entre el 2 y el 3 % de las plantas demasiado pequeñas, y entre el 1 y el 3 % de las semillas que no germinan. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)


Control de calidad de las semillas en el laboratorio. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)


Selección de las semillas de begonia. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)
Creación de nuevos cultivar
La creación de nuevos cultivar es una actividad importante de las empresas semilleras. Esto exige años de trabajo de hibridación y selección, seguidos de una labor constante de mejora y perfeccionamiento. Los cultivar suelen agruparse en series de colores que pueden armonizarse o en función de criterios que tienen en cuenta tanto el tiempo de germinación como el tiempo de cultivo, así como el tamaño o la capacidad de resistencia a las enfermedades. Los cultivar deben cumplir unas normas de calidad tanto para quienes los comercializan como para el usuario final.
Técnica de hibridación
Para llevar a cabo la hibridación, se toma con la ayuda de un pincel el polen de las anteras maduras de la planta padre y se deposita en el pistilo del ovario de la planta madre (a la que, en ciertos casos, se le habrán cortado las anteras para evitar la autopolinización). En este estadio, se coloca la flor hembra en un sobre o una bolsa de modo que los óvulos que se encuentran en el ovario únicamente puedan ser fecundados por el polen que aporta el «hibridador».
A continuación, el «hibridador» valora por medio de pruebas comparativas las características de las nuevas variedades, y sólo selecciona las que presentan mejoras con relación a las ya existentes. Los «hibridadores» también explotan determinados fenómenos naturales, como por ejemplo el llamado «vigor de los híbridos» (heterosis). El ejemplo clásico es el maíz, aunque este mismo fenómeno se produce también en diferentes plantas ornamentales. Se ha comprobado que cuando se cruza repetidamente una planta de maíz a partir de semillas de una misma cepa (inbreeding) , el vigor (y en particular la talla) de su descendencia disminuye progresivamente durante las 8 o 10 primeras generaciones. A partir de entonces, el tamaño se estabiliza, ya que se ha obtenido una línea pura con un patrimonio genético estable. Una línea pura reproduce exactamente los caracteres de los padres, porque es homocigótico, es decir, las células de los individuos tienen doblados los genes de un carácter determinado. Esto se da siempre en las plantas autógamas, aquellas en que la fecundación se realiza entre el polen y el óvulo de la misma planta. Para lograr el mismo resultado en plantas heterógamas (aquellas en las que la fecundación en estado natural se realiza entre polen y óvulos de plantas diferentes), debe procederse manualmente a repetidos cruces.
Este fenómeno se invierte cuando se cruzan líneas puras: los híbridos surgidos (híbridos F1) son muy vigorosos y prolíficos, y también muy uniformes porque todas las semillas obtenidas tienen el mismo genotipo. Siguiendo con el ejemplo del maíz, la productividad del híbrido es más del doble que en las líneas puras genitoras. El reverso de la moneda es que las semillas F1 son mucho más costosas que las semillas obtenidas por «polinización abierta». Para reducir los costes de las semillas puestas a la venta, se utilizan híbridos F1 para otros cruces con líneas puras. Los híbridos de tres vías son los que utilizan el híbrido F1 como madre y una línea pura como padre: las semillas son más baratas y poseen un importante vigor híbrido.


Toma del polen de una flor de begonia en laboratorio. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

De la semilla al injerto
La hibridación concierne a las plantas herbáceas, las arbustivas y las arborescentes, pero mientras que las plantas herbáceas continúan reproduciéndose por semillas, la mayor parte de las plantas arbustivas y arborescentes, después de haberse obtenido el cultivar , se multiplican por vía vegetativa, principalmente por esquejes. Una excepción es la producción a gran escala de las plantas con semillas que se utilizan como portainjertos para las variedades, ya sea porque no poseen un sistema radical sólido y pueden estar sujetas a problemas fitopatológicos, ya sea porque la floración puede verse considerablemente anticipada en las plantas multiplicadas por vía vegetativa.
En los híbridos de cuatro vías, los híbridos F1 se utilizan como madre y como padre. Los híbridos obtenidos de este modo tienen menos vigor que los F1, ya que el vigor menos importante de un inbreeding se encuentra también en un cruce entre híbridos, pero el coste disminuye gracias a la mayor disponibilidad de semillas. En todos los casos, los híbridos F1 son mucho más útiles para los profesionales, debido a sus características en términos de uniformidad (también de las semillas para siembra), que para los jardineros aficionados.
La nueva etapa que los profesionales de la hibridación deben superar es la de las biotecnologías, que permiten obtener organismos genéticamente modificados (OGM). En lo que se refiere a las plantas ornamentales genéticamente modificadas, el mercado muestra menos temor que respecto a las plantas alimentarias, ya que se considera que sólo las segundas pueden presentar riesgos para la salud humana. En los institutos de investigación públicos y privados de todo el mundo, se trabaja para obtener flores con colores que no se encuentran en la naturaleza, como las rosas y los claveles azules. En estos casos concretos se utiliza el gen que da el pigmento azul «delphinide», que se encuentra en Delphinium . Otra característica objeto de estudio es el perfume, que se desea reintroducir en ciertas especies y modificar en otras.

Una cita importante
Los concursos packs trials que se celebran todos los años en Europa en el mes de mayo tienen una especial importancia para el mundo del cultivo floral (el pack es la maceta cuadrada en la que se vende una variedad). En estos certámenes, las empresas semilleras hacen la presentación oficial a sus clientes de sus nuevos cultivar , que exponen junto a los cultivar de referencia.


Concurso reciente donde se presentan las novedades. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

Fleuroselect
Es una asociación internacional que agrupa a empresas semilleras, «hibridadores , productores y distribuidores de variedades ornamentales. La actividad de la asociación comprende la organización de pruebas y la promoción de nuevas variedades, así como la protección comercial (patentes y derechos de los productores).
Las pruebas de Fleuroselect se desarrollan anualmente en todos los países de Europa, en invernadero y en pleno suelo. El objetivo es controlar que las nuevas variedades sean realmente innovadoras y verificar sus modalidades de utilización y su calidad. Se premian las mejores calidades: la Medalla de Oro premia las variedades innovadoras que aportan realmente un plus en el ámbito de la hibridación; el Premio de Calidad recompensa las variedades que, por el contrario, aportan una mejora visible con relación a las variedades existentes.


Celosia plumosa «Fresh Look Red» y Coreopsis grandiflora «Rising Sun», variedades ornamentales que merecieron la Medalla de Oro Fleuroselect 2004. (Fotografías de Fleuroselect)


Objetivos de la hibridación
La hibridación es un proceso muy largo y complejo que exige un conocimiento perfecto de las especies y de las variedades con las que se trabaja. Los objetivos de la hibridación son diversos: puede trabajarse para obtener nuevas formas y nuevas coloraciones; también pueden mejorarse la precocidad, la facilidad del cultivo y la reducción de los tiempos de cultivo, que implica forzosamente una disminución de los costes del cultivo.
La adaptación a diferentes climas es otro factor fundamental, porque en muchas ocasiones las plantas que se desarrollan bien en climas templados pero con poca luminosidad pueden «sufrir» en las regiones donde la temperatura y la luminosidad son altas, y viceversa.
Los cultivar deben ofrecer buenas características, especialmente tienen que estar presentables durante mucho tiempo en los puntos de venta ( garden centers , floristerías, viveros, centros comerciales, etc.).
Otro aspecto importante es que el periodo durante el cual las plantas están puestas a la venta se ha alargado mucho en comparación con las variedades que se vendían antes; las variedades precoces son cada vez más precoces, y las variedades tardías son cada vez más tardías.
Por último, la hibridación genera unas características, no menos importantes, que suponen una mejora para el cliente final: floración espectacular y duradera, resistencia a las enfermedades, a los parásitos y a la intemperie, buena adaptación al cultivo en macizo y en seto (en plena tierra) o en tiestos y jardineras en balcones y terrazas.
M ODALIDADES DE SIEMBRA
Pueden sembrarse las semillas según modalidades muy diferentes, variables según las especies, el tipo de semilla, la precocidad deseada, etc. Para no fracasar, hay que considerar unas normas básicas: en general, las semillas disponen de reservas nutritivas suficientes para un cierto tiempo, pero si se plantan a una profundidad excesiva, dichas reservas se agotan antes de que las hojas cotiledóneas hayan podido emerger del terreno y empezar a producir, a través de la fotosíntesis, las sustancias nutritivas necesarias para el crecimiento. Deben seguirse escrupulosamente los consejos de los envoltorios o, en caso de utilizar semillas recolectadas, deben efectuarse varias pruebas antes de decidir la profundidad a la que tienen que enterrarse las semillas.
Una regla básica, que siempre debe comprobarse, es que la semilla se entierra a una profundidad igual a su diámetro.
En un sustrato demasiado húmedo, la circulación de aire es insuficiente, lo que aumenta considerablemente el riesgo de enfermedades de origen micótico, que tienen un índice de mortalidad muy alto en las plántulas. Por el contrario, un sustrato demasiado seco puede causar la desecación de las semillas y la muerte de los brotes jóvenes.
Finalmente, hay que recordar que las modalidades de semillas que se presentan más abajo pueden asociarse; nada impide, por ejemplo, sembrarlas en vasos o en placas alveoladas, y a continuación colocarlas en cajones o en el invernadero.


Las pequeñas semillas de Bellis perennis ( a la derecha , las semillas en cápsula) se siembran en la superficie. (Fotografía de E. Benary Samenzucht)

Cuidado con la orientación
Algunas semillas de tamaño y forma particular requieren un poco de atención porque tienen «orientación , es decir, no pueden plantarse de cualquier modo. Si se siembran al revés, tienen dificultades para germinar. Si se ve la radícula, la semilla tiene que colocarse en la tierra de modo que apunte hacia abajo. En ocasiones la única solución es realizar varios intentos y dejar que nos guíe la experiencia.
Siembra en el terreno
Es la siembra en el exterior, donde quieren tenerse las plantas. Evidentemente esto sólo es posible durante el periodo de germinación natural de la especie que se quiere obtener y siempre que las condiciones climáticas lo permitan.
La siembra en el terreno requiere una buena preparación del suelo: despedregar y escarbar la capa superficial de la tierra, a mano o con un motocultor.
Es fundamental combatir las malas hierbas con las herramientas adecuadas o con la ayuda de productos químicos selectivos, así como la posible invasión de parásitos (insectos, babosas…).
Puede sembrarse a voleo, en línea o en hoyos. La primera técnica se utiliza cuando se quiere formar manchas de colores con plantas anuales mezcladas o para sembrar césped, y la siembra en línea o en hoyos en caso de que se desee que los diferentes tipos de plantas estén bien separados.


Diferentes modalidades de siembra: a voleo, en líneas paralelas y en hoyos a distancias regulares
Siembra a voleo. Las semillas quedan repartidas uniformemente en la superficie; seguidamente, se cubren con una ligera capa de tierra o de arena. Se pasa suavemente el rastrillo y se riega cuidadosamente. No debe exagerarse la cantidad de semillas utilizadas, para evitar el gasto inútil y también la competencia excesiva entre los brotes jóvenes.
Las semillas muy finas (como las de las petunias, las begonias o los dragones) no deben cubrirse con tierra; simplemente se distribuyen en la superficie del suelo y se riegan con sumo cuidado para que el agua no las arrastre. Un truco para sembrar uniformemente las semillas pequeñas consiste en sembrar la mitad de las semillas en una dirección y la otra mitad en la dirección opuesta. Otro truco es mezclar las semillas con arena o con otro material inerte, y extender la mezcla por el terreno, con o sin la ayuda de un tamiz.
Siembra en línea (o en surcos). Una vez preparado el terreno, se trazan unos surcos con el mango de una herramienta cualquiera (puede tenderse en el suelo una cuerda que sirva de referencia).
Se colocan las semillas en los surcos, respetando una distancia en función del tamaño (poca separación si las semillas son pequeñas; más separación si son grandes), y según la densidad deseada. Se cubren los surcos con un rastrillo. Si posteriormente se observa que la siembra ha resultado demasiado densa, tendrá que procederse a un aclareo. En comparación con la siembra a voleo, la modalidad en línea presenta algunas ventajas, como, por ejemplo, la mejora de las condiciones de luminosidad y la circulación de aire. En caso de mortalidad de las plantitas, las enfermedades se transmiten menos fácilmente. El etiquetaje es más sencillo y, en caso de realizar trasplantes, la manipulación también es más fácil.


Cuando se siembra en línea, debe respetarse una distancia entre las semillas igual a su tamaño
Siembra en hoyos. Se cavan hoyos pequeños a una distancia regular y a una profundidad variable según el tamaño de las semillas. Se disponen una a una, en pequeño número, en los hoyos, que seguidamente se cubren con la ayuda de un arado o un rastrillo.
La ventaja de poner varias semillas en un mismo hoyo es que las plantitas salen más fácilmente, ya que la primera que lo hace marca el camino para el resto. El principal inconveniente es que casi siempre debe realizarse un aclareo para evitar la superpoblación. Al hacerlo, se deja la plantita más vigorosa, y el resto puede trasplantarse a otros lugares, con el terreno previamente preparado.


La siembra en hoyos se realiza cavando hoyos en el terreno. Las semillas se colocan aisladas o en pequeños grupos

Un recordatorio útil
Sea cual sea el método usado, se necesitan unas etiquetas especiales (se venden de varios tipos, hechas de materiales resistentes al agua) en las que se marcan los datos principales: nombre de la especie y de la variedad, fecha de la siembra, etc. Para que esta información no se borre, se utilizan rotuladores especiales y se procura que las etiquetas queden siempre por encima del suelo.
Siembra en cajón
Es un método clásico que los profesionales prácticamente han abandonado debido sobre todo a la mano de obra que exige. Permite, no obstante, anticipar el ciclo de cultivo de las plantas y obtener así floraciones más precoces.
En primer lugar, debe prepararse un cajón de madera con tapa de cristal o de plástico, que se dispone preferiblemente junto a una pared con buena exposición pero en un lugar resguardado. En el fondo del cajón se coloca un estrato de grava para favorecer el drenaje; encima, un estrato de tierra buena de jardín mezclada con turba y arena. Una variante de ello es el denominado «lecho caliente», que consiste en disponer en el estrato inferior estiércol fresco, que en su proceso de maduración desprenderá una gran cantidad de calor. En este caso, la capa de tierra que se coloca encima debe ser gruesa para evitar que las plantitas se quemen. Existen otros métodos de calentamiento más modernos, como las resistencias eléctricas en el suelo o en la estructura del cajón. Sin embargo, hasta los cajones fríos ofrecen una cierta protección durante el invierno, ya que conservan, gracias a la tapa, una temperatura un poco más alta que la temperatura ambiental.
En este caso también puede sembrarse a voleo, en línea o en hoyos, siguiendo las mismas modalidades que la siembra directa en terreno.
En primavera, en las horas más cálidas, quizá sea necesario levantar la tapa para evitar que las plantitas sufran demasiado calor.
Las plantas ornamentales para las que se utiliza la siembra en cajón son los árboles y los arbustos, que posteriormente se trasplantan en plantarios.
Siembra en semilleros
Es otra técnica clásica, que también han dejado de usar los productores profesionales de flores. Se procede del siguiente modo: a partir del momento en que las plantas jóvenes empiezan a desarrollarse, las protecciones se retiran gradualmente; cuando por fin aquellas alcanzan un tamaño correcto, puede realizarse el trasplante (cuyas modalidades se explican más adelante).

Se llena el semillero con un buen sustrato, ligeramente húmedo. Se nivela cuidadosamente la superficie

En la siembra en línea se forman leves surcos en el sustrato en los que se reparten las semillas a la misma distancia unas de otras

Cuando se siembra a voleo, se reparten las semillas, mezcladas con arena u otro material inerte

Las semillas de algunas plantas se cubren entonces con una capa ligera de sustrato tamizado


El semillero se protege con una tapa de cristal o una lámina de plástico, pero si no se necesita luz, es suficiente con una lámina opaca
Siembra en contenedores individuales o múltiples
La siembra en contenedores, que casi siempre se efectúa en invernadero o, en cualquier caso, en un medio protegido está sustituyendo los métodos de siembra tradicionales. Sembrando en estos contenedores se reducen al mínimo los riesgos para las raíces para la continuación del cultivo, trasplante y trasplante final. Existen diferentes tipos de contenedores, individuales o múltiples. En cuanto a estos últimos, las placas alveoladas están teniendo mucho éxito por su excelente combinación de utilidad y precio (especialmente porque pueden reutilizarse después de haberlas esterilizado). Para esterilizar los contenedores, una vez lavados para eliminar todos los residuos, se sumergen en una solución de lejía (una parte) y agua (nueve partes). Se dejan en remojo unos cinco minutos. Luego se dejan secar en un lugar donde no puedan contaminarse de nuevo. Por lo que respecta a los contenedores individuales, existen las pastillas de turba y los vasos de turba redondos o cuadrados, de fibra de vidrio y de otros materiales.


Máquina sembradora: las semillas contenidas en la tapa superior con orificios caen en las placas alveoladas
Placas alveoladas
La gran ventaja de sembrar en este tipo de contenedores es que simplifica las siguientes fases (trasplante). Las hay de medidas y materiales diversos (las más corrientes son de poliestireno y de material plástico). Sus alveolos se adaptan a las semillas de formas y tamaños más variados. Pueden utilizarse tanto para semillas en el exterior como para las semillas en invernadero o en lecho caliente-frío.
Las placas se rellenan con el sustrato más adecuado, que se nivela y se comprime ligeramente. Se riega este ligeramente, para no retener el agua. En este caso también, si se riega demasiado la siembra, se corre el riesgo de desplazar las semillas o, incluso, si son muy pequeñas, de perderlas con el agua.
Según el tamaño de las semillas (que depende de la especie) y de los alveolos, pueden colocarse en estos una o más semillas. Se cubren con un ligero estrato de mantillo, de un espesor equivalente al grosor de las semillas. Atención: determinadas semillas necesitan luz para germinar (por lo general las semillas pequeñas). Para las semillas grandes, que se siembran individualmente, se marcan los agujeros con un lápiz o con el dedo. En cuanto a las especies que necesitan oscuridad para germinar, se cubren las placas con una hoja de papel de periódico o un retal. Para evitar que se sequen, puede utilizarse una lámina de plástico o una placa de cristal.

Actualmente hay placas alveoladas de formas, tamaños y materiales de todo tipo para responder a las exigencias más diversas

Plantas de una variedad de col ornamental en placas alveoladas
Tiestos individuales
Se utilizan para las semillas de árboles o arbustos, y para todas las semillas grandes. El tamaño del tiesto varía dependiendo del de las semillas, de la futura planta y de la rapidez de crecimiento. También debe tenerse en cuenta si deberá o no trasplantarse la planta. El tiesto se llena con el sustrato más adecuado y se prepara un pequeño hoyo en función del tamaño de la semilla. Una vez colocada esta, se cubre con más o menos tierra, según tenga más o menos necesidad de luz para germinar. También puede cubrirse con arena, perlita u otros materiales inertes para mejorar el drenaje. Se riega con cuidado, evitando los excesos.
Cuando se siembra en tiesto, pueden darse a todas las plantas las condiciones de vida idóneas, por ejemplo desplazándolas inmediatamente después de la germinación o durante la fase de aclimatación.
Vasos
Es una solución entre la siembra en placas alveoladas y la siembra en tiestos individuales. Los vasos pueden ser de plástico u otro material, y pueden colocarse en placas o utilizarse por separado.
En cada uno de los vasos puede sembrarse una o varias semillas. En el segundo caso, se realizará un posterior aclareo. Los vasos son adecuados para semillas de un cierto tamaño para evitar el trasplante precoz.
Soportes de turba
Pastillas. Son discos hechos de turba seca y comprimida. Cuando se humidifican, adoptan la forma de un cilindro y multiplican su altura por 7 u 8 (una rejilla las obliga a hincharse en una sola dirección). En estos cilindros se plantan las semillas. También se venden placas de poliestireno o de plástico que tienen exactamente las mismas dimensiones que estas pastillas después de humidificarlas. Aunque son más costosas, tienen la ventaja de ser totalmente biodegradables, y de que permiten, después del enraizamiento, colocar las plantitas directamente en un tiesto en plena tierra sin esfuerzo y reducir así, en gran medida, el impacto del trasplante.


Placa alveolada de plástico con pastillas de turba


Plantas de ciclamen en panes de turba. Obsérvese cómo se extraen las plantitas cuando el sistema radical todavía no está perfectamente formado. (Fotografías de Norcom/Jiffy)


Vasos de turba. Generalmente son de turba mezclada con otros materiales totalmente biodegradables. Permiten trasplantar directamente las plantitas con el vaso, con lo cual se reduce el impacto del trasplante. Son adecuados para las plantas que poseen un sistema radical débil o que tienen un crecimiento lento. Existen en varias medidas, y pueden insertarse en placas o bandejas.
Panes de turba. Están hechos con sustratos de gran calidad, con un aglomerante especial que les da estabilidad, permeabilidad al aire y buen nivel de humedad.
Estos panes de turba permiten incluso retirar de las placas las plántulas que tienen muy pocas raíces, lo cual hace posible un trasplante anticipado. Pueden escogerse los sustratos en función del tipo de planta. Su elevada porosidad garantiza un mejor desarrollo del sistema radical. Los panes están disponibles en diferentes formas y medidas, y se adaptan a distintos tipos de placas y contenedores de plástico o poliestireno.
Siembra en invernaderos en miniatura
Los invernaderos en miniatura son pequeñas «incubadoras» que permiten tener las semillas a la temperatura idónea para la germinación. Son particularmente útiles para las semillas de especies que necesitan temperaturas elevadas para germinar (semillas de plantas tropicales, por ejemplo). Existen diferentes modelos, desde los más sofisticados, equipados con un sistema de calefacción controlado con un termostato, hasta sencillas bandejas con una tapa de plástico transparente y que pueden colocarse encima de una fuente de calor, de manera que reciban por debajo el calor necesario. También los puede fabricar uno mismo con cajas de fruta, láminas de poliestireno y otros materiales reciclados.

  • Accueil Accueil
  • Univers Univers
  • Ebooks Ebooks
  • Livres audio Livres audio
  • Presse Presse
  • BD BD
  • Documents Documents