Regar sin malgastar - para regar el jardín de forma responsable y económica
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Regar sin malgastar - para regar el jardín de forma responsable y económica

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Description

El agua es una riqueza que hay que conservar, y en el universo del jardín se convierte en una importante preocupación. El reto del jardinero del tercer milenio es plantar, acondicionar y conservar el suelo con criterios ecológicos, teniendo en cuenta la elección de las plantas y la recuperación del agua de la lluvia.
Gracias a esta obra descubrirá todas las técnicas adecuadas para economizar agua y recuperar aquella que procede de fuentes naturales (pozos, charcas…).
Profusamente ilustrado, este libro presenta una cuidada y variada selección de plantas resistentes para terrenos secos, que adornarán su jardín y lo llenarán de agradables aromas. Además, la autora analiza con detalle cómo reaccionan las plantas y los jardines ante la falta de agua: crear un jardín resistente a la sequía está ahora al alcance de todos.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 04 mai 2020
Nombre de lectures 0
EAN13 9781646998043
Langue Español
Poids de l'ouvrage 1 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0012€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
Traducción de Cristina Sala Carbonell.
Diseño gráfico de la cubierta: © YES.
Fotografías de la cubierta: © NouN/Biosphoto (abajo a la derecha) ; © NouN/GPL/Biosphoto (arriba a la derecha) ; © J. Zielin s ka/Fotolia (a la izquierda) .
Fotografías de la contracubierta: © J. Wade/GPL/Biosphoto (a la izquierda) ; © A. Jordan/GPL/Biosphoto (abajo a la derecha) ; © M. Winw o od/GPL/Biosphoto (arriba a la derecha) .
© Editorial De Vecchi, S. A. 2020
© [2020] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64699-804-3
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Magali Martija-Ochoa



Regar sin malgastar
Todo lo que hay que saber para regar el jardín
de forma responsable y económica
Índice
Presentación
Prólogo
Introducción
Regreso al planeta azul
El agua y las plantas
El riego responsable: ¡conviene aprender!
La naturaleza del suelo
Regar menos y cuidar más las plantas
1. Redescubrir las fases del cultivo
Preparar el suelo
Favorecer el enraizamiento de las plantas: el riego profundo
Binar
Acolchar
Cuándo y cómo acolchar
2. Potenciar el uso de plantas resistentes o que se adapten a la naturaleza del suelo
3. Proteger el jardín del viento y favorecer la formación de setos
Los setos vivos
4. El césped
5. Contar con los minerales
6. Descubrir las ventajas del riego responsable
Suprimir el riego: ¿una utopía?
Lo que no debe hacerse
Lo que debe hacerse
Regar en el momento adecuado
El riego manual
El riego automático
La microirrigación
7. Recuperar el agua de lluvia
Mediante un colector de superficie
Mediante una cisterna subterránea
Las bombas de presión
Mantenimiento de las instalaciones de recuperación de aguas pluviales
8. Extracción de agua de fuentes naturales
Las balsas
Los pozos
Análisis de las plantas resistentes
Presentación
Las plantas, como sabemos, necesitan agua para vivir y crecer. Hay que regarlas de forma responsable, lo que significa que las raíces deben disponer de una cantidad suficiente. Por ello, los jardineros concienciados o deseosos de limitar el consumo de agua tendrán en esta obra, estoy convencido, un libro de referencia que ocupará un lugar preferente en su casa.
Recuerde que binar, escardar y cualquier otra acción destinada a airear el suelo supone realizar varios riegos, y que el tipo de terreno, el sustrato, los acolchados y las técnicas de cultivo influyen en la cantidad de agua disponible para las plantas.
Debemos aprender a regar sin malgastar, pero para ello hay que conocer el suelo y prepararlo a fin de favorecer que las plantas arraiguen profundamente. Conviene saber que el uso desmedido de abono —especialmente del muy nitrogenado, como el destinado al césped— obliga a realizar costosos riegos, y también que debemos regar, preferentemente con goteros o pequeños aspersores, el suelo y no el follaje, pero también hemos de utilizar acolchados y el riego manual. El ahorro de agua debe convertirse en uno de los principios rectores de la jardinería; por este motivo es necesario que forme parte de la concepción misma del jardín, de su estilo y su mantenimiento, así como de la elección de las plantas.
C LAUDE B UREAUX
Maestro jardinero
Prólogo
¿Existe algo más increíble que el hecho de saber que las aguas están suspendidas en el aire? […] y que cuando caen lo hacen para dar vida a todo lo que crece en la tierra: las aguas migran, mediante un proceso marav i lloso, hacia el cielo y, desde allí, conducen hasta las plantas el principio vital que permite a los cereales, árb o les y plantas venir al mundo…
Historia natural
Plinio el Viejo
El jardín, donde todo es posible, ofrece un espacio profundamente humano apto para la experimentación. Es decir, un lugar donde el hombre «aprende» constantemente, donde la poesía sustituye, a veces, a la certidumbre científica.
En efecto, la jardinería no es una ciencia exacta, siempre sucede algún acontecimiento imprevisto que convierte al jardinero en un filósofo. También es, por su gran dinamismo, un campo de experimentación inscrito en un ciclo incansable en el que el paso del tiempo va dejando su huella y pone de manifiesto su continua renovación: la recolección de la fruta y la cosecha de las verduras tan esperadas, las primeras hojas de otoño barridas por el viento… En el jardín, el transcurso de las estaciones nos recuerda nuestra propia condición: estamos de paso… y dependemos, para nuestra supervivencia, de elementos a menudo cambiantes.
Hoy día, la naturaleza nos llama al orden de forma implacable. Los grandes cambios propios de la era industrial supusieron, también para el jardín, el progreso y una innegable calidad de vida. Durante un tiempo, los hombres se creyeron capaces de inventar la eternidad y llegar a la felicidad absoluta, pero en su búsqueda del «siempre más allá», el hombre se ha ido olvidando de lo esencial. Ahora sabemos que los grandes progresos han provocado también importantes desórdenes de todo tipo, que nos llevan a pensar que nuestros hijos y nietos deberán vivir en un planeta más gris que azul: el agua, origen de la vida, comienza a faltar.
En estas circunstancias, hasta las más pequeñas acciones tienen mucha importancia. Es necesario reformular el concepto de jardín e ir hacia prácticas de cultivo más sostenibles. No se trata de volver al pasado, sino a la sencillez.
Introducción
Hoy día debería aflorar el jardinero ecológico que todos llevamos dentro. La era de la explotación total del suelo ha llegado a sus límites: el suelo se agota, las capas freáticas de agua están a menudo contaminadas y cada vez más se producen alarmantes desajustes climáticos.
Gestionar el jardín de manera razonable no es una moda, significa comprender que todo aquello que interviene en el crecimiento y desarrollo de las plantas responde a factores climáticos, hidrológicos, etc., cuyos ciclos siguen una escala más amplia que la suya. El jardín, que con frecuencia es un lugar de descanso y esparcimiento en el que podemos disfrutar de una naturaleza ordenada y de lo mejor que nos puede dar la tierra, debe considerarse como una unidad.
En numerosas regiones, el agua, aunque no llegue a escasear, se convierte en un bien precioso, y su coste es cada vez más elevado. Los veranos caniculares y la escasez de lluvias nos conduce necesariamente a una reformulación de la idea del jardín como lugar ideal, en el que abundan árboles y plantas poco adaptados al clima y que requieren riegos abundantes, para pasar a entenderlo como un espacio ecológico.
El objetivo de esta obra es que los amantes de la jardinería aprendamos que a través de pequeñas actuaciones podemos cuidar el jardín de una manera más ecológica, sustituir algunos malos hábitos por otros más sostenibles y utilizar sólo el agua necesaria, a fin de ayudar a mantener el equilibrio en la naturaleza.
Tener un hermoso jardín sin malgastar el agua, e incluso sin utilizarla, es posible: el riego responsable está al alcance de todos.
Antes de abordar propiamente lo relativo al uso del agua en el jardín, es imprescindible que analicemos ciertas nociones para comprender por qué, por ejemplo, las labores de cultivo son tan importantes como el riego en sí mismo.
Regreso al planeta azul
El agua es imprescindible para la vida. Todos los seres vivos, plantas, animales y hombres, y también el jardín, dependen de ella. Vista desde el espacio, la Tierra es completamente azul. Océanos y mares la cubren en sus tres cuartas partes, pero de estos miles de millones de kilómetros cúbicos de agua sólo una pequeña fracción es utilizable por el hombre. Las aguas dulces del planeta (es decir, las que contienen menos de tres gramos de sal por litro) representan menos del 3% (nueve mil millones de metros cúbicos repartidos de manera muy desigual en el planeta) del total que hay en la Tierra, y de este porcentaje aún hay que descontar el agua dulce retenida en los casquetes polares.
En determinados lugares del globo, el agua dulce escasea cruelmente (el 40% de las tierras emergidas están afectadas por procesos de desertización).


El ciclo del agua.
Ese volumen en continuo movimiento forma parte del llamado ciclo del agua, que sigue siendo el mismo desde hace miles de millones de años. En efecto, por la acción del calor del sol el agua de mares, lagos y ríos se evapora, al igual que la que se encuentra en el suelo y en las plantas (evapotranspiración; véase el apartado « El agua y las plantas »). Este vapor de agua experimenta un enfriamiento al ascender en la atmósfera y se condensa en pequeñas gotas que forman las nubes, hasta que vuelve a caer al suelo en forma de lluvia, granizo o nieve. El agua, que en su mayor parte cae sobre los océanos, llega también a los continentes, donde permanece durante un tiempo más o menos prolongado, que puede ir desde unos diez días hasta miles de años:
•   El 25% del agua se filtra en el suelo y desciende hasta alcanzar una capa impermeable, sobre la que se acumula en inmensos depósitos. Estos, denominados acuíferos, forman las grandes capas freáticas que afloran con frecuencia a la superficie en forma de fuentes y ríos.
•   El 15% alimenta directamente los cursos de agua, lagos y ríos: son las aguas superficiales de escorrentía.
•   El 60% restante participa de nuevo en el ciclo del agua.
Las plantas tienen una función importante en la evapotranspiración. Veamos cuál es.
El agua y las plantas
Las plantas están constituidas fundamentalmente por agua (del 80 al 95% de su peso total). Aquella que necesitan la obtienen del suelo a mayor o menor profundidad a través de las raíces. El agua circula constantemente por su interior y la eliminan mediante la transpiración debida al calor del sol.
El agua que queda en la planta participa en la fotosíntesis, un proceso químico diurno durante el cual la planta utiliza la luz del sol como fuente de energía para producir sus propios nutrientes. El agua forma la savia al ascender por la planta.
Las plantas, normalmente adaptadas al clima en el que se desarrollan, transpiran a través de los estomas, unos poros microscópicos que se encuentran en las hojas. Por ello, en un clima seco las crean más pequeñas a fin de reducir la evapotranspiración (el tomillo, por ejemplo) o almacenan mucha agua en sus tejidos (pitas); otras la toman del suelo a gran profundidad y desarrollan para ello un largo sistema de raíces.
A modo de ejemplo, diremos que un roble de gran tamaño evapotranspira unos 400 m 3 de agua al día, y que en verano, un metro cuadrado de superficie foliar expulsa al día varios litros de agua, aunque, en realidad, esa tasa está sometida a grandes variaciones según la temperatura del aire, la sequedad atmosférica y la intensidad de la luz.
Este proceso de evaporación no es el único que llevan a cabo las plantas, ya que el agua que se encuentra en el suelo también se evapora. Una de las primeras acciones que debe emprender el jardinero consiste en limitar y compensar esa pérdida (véase el capítulo « Redescubrir las fases del cultivo »).


Agua de rocío. (© V. Vanaga/Fotolia)


¿APROVECHAR EL ROCÍO?
El vapor de agua presente en la atmósfera se transforma en agua, por efecto de la condensación, cuando se deposita sobre una superficie fría. En climas áridos o en latitudes extremas, los animales y las plantas sobreviven gracias a este fenómeno. Los hombres, por su parte, han tratado de sacar provecho de este regalo del cielo: estanques de rocío en Inglaterra y terraplenes de piedras en la estepa de Turán, en Asia central, confi r man que desde siempre se ha intentado aprovechar el rocío.
Desde principios del siglo XX , numerosos investigadores se han centrado en buscar sistemas que permitieran r e coger el rocío a gran escala. En el año 1930, el condensador de Chaptal ya facilitó la recogida de un centenar de l i tros de agua durante los meses más cálidos. Sin embargo, después de algunos intentos, más o menos afortunados, de construir condensadores, los científicos se dieron cuenta, finalmente, de que el condensador ideal debía ser tan ligero como el mismo rocío… Esta fuente de agua resulta interesante para numerosos países que, como Arabia Sa u dita, estudian las posibilidades que les ofrece la utilización de condensadores atmosféricos. De hecho, el agua del rocío, obtenida por condensación, podría acabar siendo una alternativa a las actuales técnicas de desalación de agua de mar que resultan muy co s tosas.
También la niebla es una fuente de agua: en Chile, donde se encuentra el mayor número de captadores del agua de la niebla, se instalaron, a principios de la década de 1990, un centenar que permitieron a algunos pueblos rec u perar hasta 1000 litros de agua al día.
Estas innovaciones han alcanzado un gran éxito, pero parece que se enfrentan a problemas, tanto de índole pol í tica como de org a nización, que han llevado a desanimar a los más entusiastas y a buscar nuevos panteamientos.


(©J.-J. Alcalay/Bios)
El riego responsable: ¡conviene aprender!
Regar con criterios ecológicos supone ver el jardín como un lugar que dispone de una identidad paisajística en la que las características del suelo y del clima, así como la exposición y la zona en la que se encuentra, son condiciones que influirán en su tipología y en la elección de las plantas. ¡No adquiera una planta sólo porque le gusta, si no es adecuada para el suelo o el clima de su jardín! Por ejemplo, si el suelo es calcáreo no se obstine en cultivar hortensias.
Si conoce las características del suelo también podrá compensar sus carencias con abono o mejorar su capacidad de retención del agua. Cuanta más agua retenga más posibilidades tendrá la planta de sobrevivir en caso de falta de riego o precipitaciones.
La naturaleza del suelo
El suelo es la parte más superficial del terreno, que revela las características de la roca sobre la que se asienta.
•   El nivel más externo está formado por una capa cultivable cuyo espesor puede llegar a los 30 cm. Es esta la que el jardinero trabajará y enriquecerá con abonos.
•   El primer subsuelo puede alcanzar de 30 a 50 cm de profundidad.
•   El subsuelo más profundo ocupa entre 60 y 130 cm de profundidad.
Los diferentes materiales que lo forman pueden distinguirse por el tamaño de sus partículas (granulometría) y por su estado: algunas son sólidas y otras líquidas o gaseosas. Así pues, en el suelo se mezclan partículas minerales, elementos orgánicos constituidos por organismos vivos, sustancias orgánicas (materias frescas vegetales, humus, etc.), agua que contiene sales minerales y sustancias hidrosolubles, vapor de agua y gases, y elementos vivos.
Los componentes sólidos, como la arena, la arcilla, los limos o incluso el humus, están presentes en mayor o menor cantidad y determinan el espacio que queda para ser ocupado por agua y otros constituyentes.
•   Las arenas o sílices incluyen desde la arena más fina hasta las piedras. Facilitan la circulación del aire por el suelo.
•   La caliza (carbonato de calcio) es una sustancia blanca que puede presentarse granulada o en polvo.

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