Budismo tibetano
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Description

Esta guía explica las bases de una de las filosofías que hacen madurar el espíritu; contempla las principales técnicas de trabajo con el karma y la naturaleza de la iluminación y el nirvana. El autor ha combinado conocimientos ancestrales con ejercicios prácticos y meditaciones que permiten experimentar la sabiduría del budismo. Con esta obra descubrirá cómo llevar a la práctica los conceptos esenciales del budismo tibetano en su vida cotidiana, las prácticas iniciales y los compromisos necesarios para la maduración espiritual.

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Date de parution 17 novembre 2017
Nombre de lectures 0
EAN13 9781683255628
Langue Español

Informations légales : prix de location à la page 0,0272€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

Stephen Hodge




BUDISMO
TIBETANO





EDITORIAL DE VECCHI
A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2017
© [2017] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-68325-562-8
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Índice
Introducción
Las enseñanzas básicas del budismo
El budismo en el Tíbet
Los Cuatro Inconmensurables
Meditación básica
La aspiración a la iluminación
Devoción y ofrendas en budismo tibetano
Lo esencial del tantrismo
Iniciaciones tántricas
Conclusión
Glosario
Direcciones útiles
Lecturas recomendadas
Introducción
El budismo es una religión extraordinariamente rica y sofisticada. Básicamente examina por qué la vida de la mayoría de la gente suele estar oscurecida por la infelicidad y qué se puede hacer para solucionarlo.
Este libro pretende ser una breve guía de las características esenciales del budismo tibetano, especialmente en su aplicación práctica. No nos inclinaremos aquí por la información relativa a ninguna escuela de budismo tibetano, sino que intentaremos describir lo que se enseña y se practica en la mayoría de los grandes centros.
Los ejercicios prácticos que hay al final de cada capítulo tienen el objetivo, principalmente, de ayudarle si no dispone de un acceso fácil o regular a un maestro, y deben considerarse un instrumento secundario si se recibe apoyo de un maestro cualificado. Si usted ya está asistiendo a un centro de enseñanza, encontrará algunas de las explicaciones de esta guía útiles durante los primeros meses de su contacto con el budismo tibetano, cuando todo parece extraño y confuso. Cuando se encuentre con algo que no es mencionado en este libro, no dude en buscar a alguien a quien pedir más información. ¡Pasar un momento embarazoso es mejor que permanecer toda la vida en la ignorancia!
La creación del budismo tibetano
El Buda, un maestro noble y religioso que vivió entre el 563 y 483 a. de C. en el norte de la India, descubrió la clave de la felicidad y enseñó a la gente cómo encontrar el camino hacia la iluminación. Describió este enfoque directo como el Camino Medio, porque es libre desde los extremos del rígido sacrificio y de la poco estricta concesión de caprichos hacia uno mismo.
El Buda reconoce que todo el mundo está sujeto a los mismos funcionamientos del karma y a la falta de conciencia espiritual, pero que sus necesidades específicas difieren de forma natural. Si bien la base racional es siempre la misma, el Buda enseñó una amplia gama de técnicas y doctrinas de complejidad y sofisticación variable para permitir a la persona alcanzar la iluminación sean cuales sean sus requerimientos.
Las enseñanzas del Buda habían sido rigurosamente exploradas y desarrolladas en el momento en que alcanzaron su madurez total en la India en el siglo VIII . Muchas cosas originariamente implícitas en las enseñanzas adquirieron una gran importancia en las escuelas del budismo. A diferencia de muchas otras religiones, en las que salirse de la estricta ortodoxia es perseguido como herejía, diversas escuelas de budismo coexistieron en la India y en otros lugares. Las enseñanzas y las prácticas modernas eran aceptadas como auténticas y merecedoras de atención a condición de que fueran acordes con los pocos principios básicos del budismo.
Debido a su estrecha proximidad con la India, todos los linajes principales de la época se dirigieron hacia el Tíbet. Esto, por otra parte, llevó excepcionalmente al desarrollo de varias formas tibetanas de budismo. Los maestros de estas escuelas nativas de budismo fueron extremadamente activos durante muchos siglos, refinando constantemente las enseñanzas a través de sus propias prácticas meditativas y sus escritos sobre doctrina y filosofía.
El budismo tibetano en la actualidad
Cuando me interesé por primera vez en el budismo, hace mucho tiempo, a los 13 años de edad, todavía no había disponible demasiado material traducido. Sólo conseguí encontrar enfoques de meditación sobre el budismo del siglo XIX , a menudo pasados de moda. Además, la mayoría de los libros sólo trataban del budismo zen o de la forma del budismo del sudeste asiático, conocido como theravada . No había prácticamente nada sobre budismo tibetano. La situación empezó a cambiar con la dispersión de los maestros tibetanos, que huían de los trágicos acontecimientos ocurridos en su tierra tras la invasión china y la represión del budismo y la cultura tibetanos en los años cincuenta.
Todas las escuelas de budismo del Tíbet son ahora custodias de grandes cantidades de textos que tratan hasta el mínimo aspecto del budismo. En cierta manera, es una suerte que estos textos sigan mayoritariamente sin ser traducidos.
Mucha gente de Occidente suele acceder a las enseñanzas del budismo a través de los libros. Como profesor de budismo siempre me han preocupado los problemas a los que se enfrenta el lector interesado. Una persona puede ir a una gran librería y adquirir libremente aquello que le interese, sin tener en cuenta si el contenido es apropiado o si tiene el nivel adecuado para ser comprendido. A menudo he enseñado a gente cuyas ideas sobre el budismo constituían una confusa amalgama de toda una variedad de formas de enseñanzas derivadas de las diferentes escuelas de budismo, pero que seguían sin entender los principios básicos de la práctica. Este acercamiento indisciplinado al sendero budista no puede llegar a dar ningún fruto.
Las exigencias del Camino Medio se encuentran dentro de las capacidades concretas de cada persona. Sin embargo, estas suelen quedar ocultas por un acercamiento casual a la amplia gama de métodos posibles de desarrollar el espíritu. Por un lado, puede esperar encontrar una serie de prácticas que se combinen con su temperamento u objetivos, pero al mismo tiempo puede sentirse confuso por la gran cantidad de material que hay a su disposición.
Para el primer encuentro con el budismo puede ser una buena idea mirar a nuestro alrededor para ver qué estilo de budismo responde mejor a nuestras necesidades. Esta guía explica las enseñanzas y las prácticas esenciales del budismo tibetano. Combina conocimientos ancestrales con ejercicios prácticos y meditaciones para ayudarle a experimentar la sabiduría de una de las filosofías que hacen madurar el espíritu de forma más rápida. También debería leer algunos libros básicos sobre las demás formas principales de budismo actualmente practicadas en Occidente — theravada y zen— así como visitar varios de los numerosos centros que se han establecido recientemente, preferiblemente los que posibilitan el acceso a profesores residentes o visitantes. Pasado un tiempo, se dará cuenta de cuál es la forma de budismo que va mejor con sus necesidades y su personalidad.
Quizá prefiera la austeridad espartana del enfoque zen; o quizá desee encontrar la simplicidad sosegada del theravada , más tranquilizador. Tal vez se sienta más cercano a la riqueza exuberante del budismo tibetano, que cuenta, por su parte, con diferentes escuelas, cada una con su propio ambiente característico. Si le resulta posible, debería intentar experimentar un poco con cada una de estas escuelas antes de comprometerse.
Cabe recordar que cualquier implicación en el budismo es consecuencia de una elección personal. No hay castigos, ni divinos ni humanos, para quien decida cambiar de una escuela o linaje a otro. Algunos maestros equivocados, normalmente occidentales, intentarán que nazcan sentimientos de obligación, dependencia y culpabilidad, pero estos no son auténticos representantes del budismo. El propio Buda siempre animó a la gente a crearse sus propias ideas sobre su senda espiritual, sin presiones o coacciones de los demás. Sin embargo, una vez que se sienta atraído hacia una forma u otra de budismo y esté en disposición de hacer un juicio razonable, es mejor permanecer en ese particular enfoque durante un tiempo, aceptando la valiosa orientación del maestro.
Mi propio viaje
Como medida preventiva, quizá le guste saber que he intentado proporcionar aquí la información básica que me habría gustado leer cuando me interesé por primera vez en el budismo a mediados de los sesenta. Siendo muy joven, descubrí que la cristiandad convencional no daba respuestas a mis preguntas. Leí mucho, y de manera indiscriminada, sobre otras religiones y filosofías, desde el Islam hasta el Neoplatonismo. Cuando descubrí el budismo me sentí atraído por su tranquilo mensaje de paz y compasión, pero mi comprensión fue confusa durante años, y me faltaba orientación práctica. Sólo unos años más tarde —cuando tenía unos veinte—, en una de esas extrañas situaciones de serendipidad, me vi a mí mismo en una parte del sur de Londres donde había un centro theravada tailandés con monjes residentes que enseñaban meditación de una forma adecuada. Durante los meses siguientes, realicé muchos viajes en autobús cruzando Londres para asistir a las sesiones de meditación de los domingos.
Sentí también un interés paralelo por las lenguas japonesa y tibetana en la Universidad de Londres, donde aprendí también chino clásico. Fuera de la universidad mantuve mi primer contacto con maestros tibetanos nativos, que abrieron mis ojos hacia un nuevo universo. Gracias al amable ánimo del doctor Hisao Inagaki, que entonces era profesor de estudios budistas, decidí ir a Japón para proseguir mis estudios sobre budismo.
Llegué a Japón pocos días después de mi vigésimo cuarto cumpleaños, y me quedé allí casi diez años. La mayor parte de ese tiempo lo pasé en la Universidad Tohoku de Sendai, donde seguí hurgando en los misterios del budismo yogachara y los tantras mientras mejoraba mi chino y aprendía sánscrito. Pasado algún tiempo, me di cuenta de que sólo sería posible comprender y traducir textos tántricos llevando a cabo unas prácticas básicas y unas iniciaciones. El budismo shingon de Japón tiene puntos muy semejantes a muchos aspectos del budismo tibetano, y por ello decidí entrar en un monasterio en Kyoyasan como monje, en la sede principal del shingon , en medio de unas tranquilas montañas de bosques. Todavía hoy puedo recordar la fragancia de los pinos y los cedros del ambiente de la montaña. Cuando finalicé el entrenamiento básico allí —fui el primer occidental que lo había hecho—, regresé para estudiar unos años más y después me dirigí de nuevo a la Universidad Tohoku.
Finalmente, llegó el momento de abandonar Japón y regresar a Gran Bretaña. Mientras yo estuve fuera, la presencia budista en el país había hecho grandes progresos, se había expandido desde los pocos grupos de estudio de centros y universidades a un amplio movimiento con varios y florecientes centros monásticos, como el Samye Ling, en Escocia, y el Chithurst, cerca de Londres.
Desde mi regreso invertí mucho tiempo en enseñar budismo y traducir textos del tibetano y del chino. No puedo decir que todo esto me aportara gran fama, ni siquiera fortuna, pero sé que gracias a mis pequeños esfuerzos las enseñanzas de Buda hicieron mella en las vidas de varias personas: entre quienes asistieron a mis clases llegué a ver a dos que se hicieron monjes, tres parejas que se conocieron y se casaron, y dos personas que habían pensado en suicidarse y cambiaron de opinión.
Soy consciente de mi deuda con las personas que me enseñaron, y quizá me haya sido posible en alguna ocasión transmitir algo del eterno mensaje del Buda a los demás de forma útil. Espero que este libro pueda inspirarle también a usted y, quizá, dar a su vida una nueva y mejor orientación.
Las enseñanzas básicas del budismo
La senda budista comienza y finaliza con la iluminación, y todo lo demás está en medio, sea cual sea la forma de budismo que se elija. Para comprender las enseñanzas y las prácticas básicas del budismo tibetano debemos hacer referencia a los orígenes del budismo en la India (los maestros del budismo tibetano no suelen defender que haya algo especialmente tibetano en la forma tibetana de budismo).
Los orígenes del budismo
A pesar de que no se conocen las fechas precisas, alrededor del siglo V a. de C., nació en el clan Shakya de Lumbini, en el actual Nepal, una persona llamada Gautama. Los textos budistas de la época dicen que se trataba de un príncipe, hijo del rey Shuddhodana. Sin embargo, se cree que el padre de Gautama no era un rey en el sentido en que se entiende en las creencias budistas posteriores. En aquel tiempo, la India estaba formada por numerosos Estados pequeños gobernados por consejos aristocráticos de ancianos, uno de los cuales era elegido como una especie de presidente vitalicio. Es posible que Shuddhodana fuera este. Más tarde, cuando esta forma de gobierno ya había sido olvidada, era normal que los budistas glorificaran la memoria de Gautama exagerando la importancia de su familia. Sin embargo, Gautama nació, sin duda, en una vida de comodidad y seguridad.
Cuando nació, un hombre santo profetizó que Gautama se convertiría en un gran emperador que gobernaría el mundo o en un iluminado sabio. El padre de Gautama, que no deseaba que siguiera la senda asceta de los aspirantes a sabios, intentó protegerlo del contacto con el mundo introduciéndolo en un sofisticado paraíso de riquezas y placer.
Gautama, en esta vida de apartado privilegio, fue educado por los mejores maestros de la época. Se casó con Yashodhara a los veinte años y tuvo un hijo llamado Rahula. Todo parecía suceder según lo planeado por su padre. Pero, a menudo, quienes son bendecidos con una vida de comodidades y lujuria se sienten pronto insatisfechos y aburridos de lo que tienen. Piensan que les falta algo o poseen un creciente sentimiento de vacío y de falta de sentido. Sin una madurez espiritual, pueden caer dentro de un ciclo incesante de creciente autosatisfacción en un intento por recuperar la felicidad que una vez creyeron tener.
Quizá pensemos que si estuviéramos en una situación similar no cometeríamos esos errores y utilizaríamos nuestra rica inteligencia. Tal vez. Sin embargo, incluso el futuro Buda sentía insatisfacción con su vida en la corte real, aun cuando probablemente su padre lo había consentido de la manera más completa.
Gautama, cada vez más miserable y aburrido, empezó a preguntarse acerca de las vidas de las demás personas, las que vivían fuera del palacio… ¿Eran sus experiencias tan insatisfactorias y aburridas como las suyas?
La verdad del sufrimiento humano
Gautama encontró al azar la respuesta a su pregunta. Antes de cumplir los treinta años, salió en secreto con su conductor de carruaje en varias ocasiones, y todo lo que vio le afectó profundamente. Por primera vez observaba esas realidades de la existencia humana que todos intentamos olvidar y evitar. Cada uno de los viajes al exterior del palacio revelaba algún aspecto nuevo y aterrador. Primero vio a un anciano decrépito tambaleándose, después a alguien enfermo abandonado por su familia y sus amigos, y después un cuerpo llevado por un cortejo fúnebre al crematorio. Aturdido, preguntó a su cochero acerca de esas escenas. ¡El mundo de Gautama debió de desmoronarse cuando descubrió que esos hechos eran inevitables en la existencia humana! Pero entonces realizó su viaje final al exterior y vio algo diferente que le devolvió la esperanza: un renunciante buscando serenamente la liberación total de la condición humana.
Gautama, una persona de inteligencia excepcional, se dio cuenta de que su vida de lujuria también había resultado ser insatisfactoria y que incluso él también acabaría anciano, enfermo y muerto. Tal vez la senda del renunciante le daría la paz de espíritu que tanto ansiaba. Una noche, se cortó el pelo, se quitó sus bonitas ropas y se puso unos harapos, y entonces abandonó su casa para siempre en busca del conocimiento y la paz verdadera. Como era costumbre entonces, visitó a muchos maestros y aprendió todo lo que pudo de ellos. Estos le enseñaron que todos los seres vivos están limitados a un ciclo de vidas y muertes repetidas, y que la libertad y la paz vendrían si se cerraba este ciclo. Cuando se dio cuenta de que todavía no había encontrado la verdadera paz o liberación, pensó que ya le habían enseñado todo lo que sabían, y los abandonó para buscar su propio camino. Viajó a veces solo, y a veces con un reducido grupo de compañeros. Gautama probó sin éxito varios métodos para conseguir su objetivo. Seis años después de dejar el palacio, Gautama se encontró en un pequeño bosque cerca de la orilla del río Nairañjana, un afluente del Ganges. Se sentó y juró que no se levantaría hasta que encontrara la liberación y la iluminación.
El primer iluminado
Pasó la noche en profunda meditación, y sufrió tentaciones similares a las que experimentó Jesús en el desierto. Alcanzó la iluminación cuando llegó el alba, al siguiente día. En lo sucesivo se le conocería como Buda, el Iluminado. Debido a que el contenido de la iluminación trasciende el alcance del pensamiento conceptual, nosotros no podemos entender o imaginar qué significa ser iluminado, y es inútil intentarlo; por esta razón, el mismo Buda renunció a hablar del tema. No obstante, sabemos por sus propias palabras que hubo dos hechos que provocaron su transformación. En primer lugar, el Buda eliminó las huellas de sus arraigados modelos de ignorancia y apego que nos impulsan normalmente a través de los repetidos nacimientos y muertes. Así, su visión espiritual era lo suficientemente pura y libre como para mirar en la verdadera naturaleza de todos los fenómenos como si fueran realidad. Por esta razón, los primeros traductores tibetanos decidieron que una traducción literal de la palabra Buda no podía hacer justicia al significado implícito de la palabra, y por ello, en su lugar, adoptaron la palabra sang-gyé , una combinación de dos palabras tibetanas. Sang significa «purificado» y gyé significa «expandido». Como corolario de estos logros, el Buda percibió también las Cuatro Nobles Verdades y el Alzamiento Interdependiente, que constituyen las bases de la senda budista.
A pesar de que el Buda utilizara esta perspicacia para enseñar a los demás el camino hacia la iluminación y la liberación, nunca declaró que sus enseñanzas fueran en ningún sentido una revelación única y especial de sí mismo. El Buda dijo que lo que él enseñaba seguiría siendo verdadero y aplicable en todo el universo aun cuando no hubiera Budas. Las enseñanzas del Buda suelen ser conocidas con el nombre de Dharma , palabra sánscrita que comporta una serie de principios existentes en todas las estructuras del universo, igual que las leyes básicas de la ciencia. Las enseñanzas del Buda son una presentación de estos principios, estructuradas específicamente para permitir que nos liberemos de nuestras limitaciones, impuestas por nosotros mismos, y llegar a la iluminación. En otras palabras, la iluminación del Buda le permitió enseñarnos cómo podíamos también nosotros llegar a iluminarnos.
Las Cuatro Nobles Verdades
Las Cuatro Nobles Verdades resumen todo lo que necesitamos saber acerca del budismo. Fueron presentadas por el Buda en la línea de la evaluación tradicional de un paciente por un doctor indio: hay una enfermedad; existe una causa de esa enfermedad; hay un pronóstico para una cura; y hay una cura. Partiendo de las Cuatro Nobles Verdades, enseñó que existe la condición humana general, que es sufrir; hay una causa para este sufrimiento; existe la posibilidad de una alternativa; y hay un sendero que lleva a la desaparición del sufrimiento.
La Primera Noble Verdad
Esta nos dice que una característica universal de cualquier vida, no sólo de la vida humana, es experimentar sufrimiento, y que, en un análisis final, el sufrimiento es mayor que cualquier placer que se pueda tener. Aquí, la palabra sufrimiento tiene un significado muy amplio, ya que implica no sólo el simple sufrimiento del dolor, sino de manera más importante la infelicidad que experimentamos cuando nuestras circunstancias cambian y sentimos inevitablemente malestar y pérdida. Además, el sufrimiento también implica la frustración y la insatisfactoria naturaleza de la vida en sí, que intentamos olvidar aun cuando va royendo lo más profundo de nuestra mente. El Buda no decía que nunca experimentamos felicidad o placer en nuestras vidas, pero sí afirmaba que predominan las experiencias insatisfactorias y frustrantes. Un elemento importante de la práctica budista en el Tíbet comporta un cuidadoso examen de nuestras vidas para cerciorarnos de que se trata efectivamente de eso. Hasta que no aceptemos que el sufrimiento es una característica clave de la existencia, no sentiremos ninguna necesidad de emprender la senda budista para liberarnos de este sufrimiento.
La Segunda Noble Verdad
La siguiente pregunta que debemos hacernos se contesta con la Segunda Noble Verdad. ¿Cuál es la causa de nuestro sufrimiento? Simplifiquémosla: es el apego. ¿Qué es el apego y cómo aparece? Si observamos cuidadosamente el mundo, nos daremos cuenta de que todo es efímero y cambiante. En particular, las cosas a las que estamos estrechamente unidos —nuestros pensamientos, nuestros cuerpos, nuestras posesiones, nuestra familia y amigos—, que definen nuestra existencia, son todas cambiantes, se deterioran y, al final, desaparecerán; sin embargo, puesto que nuestras vidas están estructuradas en torno a ellas, nos negamos a aceptar que son sólo transitorias. Sabemos que nos entristecemos cuando esas cosas cambian, y por eso intentamos conservarlas tratando de convencernos de que no son efímeras. Construimos elaboradas murallas defensivas para evitarnos malestar y sufrimiento, pero no nos damos cuenta de que esas mismas defensas y expectativas al final nos causan más sufrimiento del que estamos intentando evitar. En el proceso llegamos incluso a olvidar que la mayor parte del tiempo nosotros mismos somos efímeros y pasajeros, y estamos destinados a morir. Como no deseamos hacer frente a esa realidad, nos aferramos fuertemente a nuestra vida presente y a nuestra identidad, adoptando una serie de estrategias para mantener la ilusión de la permanencia. Según la visión budista, la energía generada por estas estrategias, modelada por nuestras acciones, nos impulsa de una vida a otra en un repetido ciclo de existencias conocido como samsara .
A pesar de que karma es un término budista clave, hasta ahora he evitado utilizarlo debido a la confusión que existe en Occidente acerca de su significado, pero lo que he estado describiendo es el funcionamiento del karma. Si bien se cree que significa «destino», esto no es en absoluto cierto. El karma tiene tres aspectos: la motivación que subyace debajo de una acción, la acción que surge tras esa motivación y el residuo de energía generado por esa acción. Enormes cantidades de esta energía van acumulándose en nuestras mentes durante nuestra vida presente. Si morimos sin haberla descargado o eliminado, renaceremos o nos reencarnaremos en otra vida en la que tengamos la posibilidad de eliminarla.
Nuestra siguiente vida será una forma apropiada a nuestro nivel de desarrollo. Cualquier vida, tanto si es afortunada como si es desgraciada, debería ser vista como una oportunidad para desarrollarse, más que como un castigo o una recompensa por acciones pasadas. En otras palabras, tenemos que aprender unas lecciones de las pautas de nuestras experiencias vitales que han sido moldeadas por el karma. Podremos entender esto si consideramos el caso de un hombre que ha tenido un ataque al corazón. El ataque al corazón no es un castigo, sino un aviso para que cambie su estilo de vida, ya que de lo contrario sufrirá las consecuencias.
La Tercera Noble Verdad
Desgraciadamente, solemos acumular más energía kármica de la que eliminamos y por ello estamos condenados a repetir nuestros errores una vida tras otra. Sin embargo, no tiene por qué ser así. La Tercera Noble Verdad indica que hay una alternativa. Resulta posible vivir sin experimentar el sufrimiento y la frustración resultantes del apego, y romper con el ciclo del renacimiento. Algunas escuelas de budismo en la India no comprendieron totalmente que tenemos la capacidad potencial para conseguir más que un mero cese del renacimiento y el sufrimiento.
Cuando el budismo llegó al Tíbet en el siglo VIII d. de C., mucha gente lo entendió de otro modo: las enseñanzas del Buda implicaban que la ignorancia y los sentimientos negativos que suelen embargarnos y llevarnos al sufrimiento no son realmente intrínsecos a nuestras mentes que, de hecho, son originariamente puras en el nivel más básico de la existencia, y simplemente están cubiertas, si bien de forma densa, por la ignorancia y la negatividad. Esta inicial pureza es denominada condición de Buda. En otras palabras, somos potenciales Budas, es decir, en lugar de limitarnos a un objetivo de alguna manera limitado, todos tenemos la posibilidad de convertirnos en Budas completamente iluminados. Esta opinión fue adoptada por todas las escuelas de budismo del Tíbet.
La Cuarta Noble Verdad
Por último, la Cuarta Noble Verdad subraya la senda que conduce a este estado alternativo de quedar libre del sufrimiento. Tiene ocho elementos: correcto entendimiento, correcto pensamiento, correcta locución, correcta acción, correcta forma de vida, correcto esfuerzo, correcta conciencia, correcta concentración. Una equivocación común en Occidente es creer que uno adopta cada elemento de esta senda en secuencia, y no es así: deben cultivarse simultáneamente. Aplicados de esta manera, todos los aspectos de la vida de un individuo se refinan gradualmente, dirigiéndose hacia la iluminación. Cada elemento está designado para fomentar un estilo de vida ético y moral que reduzca las acciones y los sentimientos negativos, una tranquilidad mental centrada y alejada de los sentimientos, y una perspicacia que perciba la verdadera naturaleza de las cosas.
Alzamiento Interdependiente
El otro rasgo característico de la comprensión que nos lleva a la iluminación de Buda es el concepto del Alzamiento Interdependiente. En cierto sentido, esto ya está implícito en las Cuatro Nobles Verdades, pero constituye un aprendizaje útil a título propio para que podamos entender la dinámica del samsara , el ciclo de la existencia, así como la liberación de él. La formulación básica del proceso es la siguiente: en dependencia con respecto a esto, eso crece; en dependencia con respecto a eso, algo más crece. Esto indica la comprensión de que cualquier acontecimiento o fenómeno del universo es una consecuencia de la interacción de algunas causas y condiciones que, a su vez, son causas o condiciones que llevan a otras cosas. Esta enseñanza elimina la necesidad de postular la existencia de un dios responsable de la creación del universo.
Esta comprensión es importante porque hace referencia a los procesos personales internos mediante los cuales creamos para nosotros mismos un ciclo repetido de existencia con toda su diversidad de experiencias. También nos demuestra que nosotros mismos somos responsables de nuestras vidas en el mundo. Nosotros creamos nuestros propios cielos e infiernos.
El punto final de todas las vidas que vivimos en el mundo es la muerte. El Buda examinó este hecho y percibió que hay un proceso que nos lleva hasta ese punto. Trazando hacia atrás cada uno de los pasos de ese proceso, el Buda vio que la raíz que causa nuestra existencia iluminada en samsara es la ignorancia espiritual relativa a la verdadera naturaleza de la realidad. En total, hay doce pasos en el proceso que va desde la ignorancia hasta la muerte: la ignorancia; las propensiones kármicas ; la conciencia; el nombre y la forma; las seis bases de percepción; el contacto; la sensación; los anhelos; el apego; la existencia; el nacimiento; la ancianidad y la muerte. Para comprender este proceso con detalle, debería leer uno de los diversos libros que tratan esta teoría budista, como el manual Ways of Enlightenment , mencionado en la sección de «Lecturas recomendadas».
El Buda se dio cuenta de que si se interrumpía el proceso, uno podía liberarse de sus efectos y del samsara . Para llegar a este final, observó en particular diversas conexiones con las que esto podía realizarse más fácilmente: (1) la ignorancia, el estado fundamental de no comprender que todos los fenómenos son efímeros, es una fuente de sufrimiento y produce la falta de una existencia independiente; (2) los anhelos, el deseo de tener cosas agradables y de evitar lo desagradable; y (3) el apego, la poca independencia con respecto a esos objetos de deseo. El cultivo de la senda de los ocho aspectos tiene como objetivo debilitar y, finalmente, romper estas conexiones. Puede resultar útil darse cuenta de que esto puede ayudarnos a comprender el proceso del Alzamiento Interdependiente tanto a gran escala, en toda nuestra vida, como en cualquier momento del proceso psicológico que constituye las bases de nuestras experiencias diarias.
Durante su vida, el Buda presentó muchos tipos diferentes de enseñanzas, aparte de las que acabamos de ver. Como enseñó a gente de estilos de vida diferentes y con diversos grados de inteligencia y habilidad, el Buda tenía cuidado de adaptar estas enseñanzas a sus necesidades. Para algunos, estas eran muy simples, pero para otros eran profundas y complejas. Esto suele provocar la confusión en los principiantes que leen al azar libros sobre budismo, porque sus enseñanzas pueden parecer en ocasiones contradictorias. No obstante, fueron difundidas a través de una cadena de transmisión de maestro a maestro, para diseminarse finalmente por el Tíbet y ser llevadas a la práctica. Después de su iluminación, el Buda atrajo muy pronto a varios seguidores. Según iba aumentando el número, estipuló diversas reglas para controlar su comportamiento como individuos y como parte de un grupo. Los monjes y las monjas que constituyeron la comunidad de seguidores que habían dejado sus hogares para seguir la senda de Buda de forma permanente fueron denominados colectivamente como los Sangha , si bien formas posteriores de budismo ampliaron el sentido del término para incluir a aquellos que tenían cualidades, aunque no fueran monjes o monjas. Cuando el Buda murió, los Sangha actuaron como guardianes de sus enseñanzas, asegurándose de que se conservarían y se transmitirían a las generaciones siguientes.
El auge del budismo
En las décadas posteriores a la muerte de Buda, cuando todavía se le recordaba intensamente entre la gente que lo había conocido en persona, los miembros de los Sangha se dedicaron ellos mismos a una meditación tranquila y al cultivo de una vida virtuosa.
Según fue pasando el tiempo, los Sangha prosperaron, atrayendo cada día a un mayor número de seguidores y devotos. Comunidades independientes crecieron, a menudo alojadas en imponentes recintos monásticos construidos por ricos mecenas y reyes. Se enviaron misiones para que establecieran comunidades budistas por toda la India y por los países vecinos.
Las enseñanzas del Buda y de los Sangha no eran inmunes al cambio. Los primeros años, los monjes y monjas parecían haber invertido mucho tiempo en viajar lentamente de un lugar a otro, permaneciendo en pequeños asentamientos monásticos en temporada de lluvias. Según fueron pasando los siglos, los miembros del Sangha empezaron a adoptar una vida más sedentaria. En estos alojamientos estables, algunos monjes empezaron a codificar y reorganizar las enseñanzas del Buda.
Los monjes con capacidades intelectuales se dedicaron en un principio a extraer y resumir esas enseñanzas en listas para hacer más fácil a los demás miembros del Sangha la memorización y el uso de estas para sus prácticas meditativas. Las listas se divulgaron con la inclusión de más detalles, análisis, definiciones y comentarios, dando origen a la clase abhidharma de literatura cuasicanónica. Las comunidades Sangha , localizadas en diferentes regiones de la India, solían hacer sus propias y específicas interpretaciones de las palabras del Buda y de los textos abhidharma basados en ellas. Este proceso dio lugar, finalmente, a las denominadas Dieciocho Escuelas de budismo, que florecieron a partir del siglo II a. de C. y durante varios cientos de años. Unas pocas sobrevivieron a la transmisión del budismo en la India alrededor del siglo XII d. de C.
Diferentes sendas
El éxito de los Sangha presentaba un problema mayor. La sed inicial de iluminación y el deseo de transmitir las enseñanzas del Buda a toda la gente que les escuchara parecían haberse reducido. Los monjes se concentraron más en su propia actividad intelectual, una cómoda vida en un monasterio o su propia salvación.
De entre las filas de algunas de esas iniciales escuelas, otros monjes comenzaron a criticar esas opciones tan egocéntricas, a las que llamaban Hinayana … el Camino Menor. Para ellos, este enfoque iba en contra del mensaje original de compasión y sabiduría del Buda. Para contrarrestar esto, desarrollaron nuevos ideales, aunque para ellos eran un retorno a los viejos ideales que había enseñado y ejemplificado el propio Buda. A estos se les llamó los Mahayana … el Gran Camino. Estos monjes, junto con laicos practicantes marginados por el enfoque del estilo Hinayana , expusieron el ideal bodhisattva .
Por dar una definición sencilla, diremos que un bodhisattva es una persona tan llena de compasión y amor por los demás que dedica una gran parte de sus energías a beneficiar a los demás. Un bodhisattva pretende alcanzar no un objetivo limitado de autoliberación, sino una iluminación total, como el mismo Buda, para beneficio de todas las criaturas. Se convirtió en algo normal para los seguidores Mahayana el hecho de jurar que ni siquiera intentarían alcanzar el estado final de iluminación y nirvana hasta que hubieran liberado a todos los demás seres que sufrían.
Muy pronto, después de que se iniciara el movimiento Mahayana como un movimiento separado, sus seguidores emprendieron un criticismo mordaz de las tendencias doctrinales y filosóficas de los estudiosos Hinayana . Si bien el término es mencionado en escritos muy anteriores, fue en esta época cuando shunyata —el concepto de vacío — apareció con fuerza gracias a los Mahayana . El Buda había enseñado que nada existe de forma autónoma o independiente por derecho propio, ni el individuo ni el mundo. Esto significa que el yo, el ego, o el alma no existe.
Para ayudar a acabar con la falsa creencia en el yo permanente, el Buda enseñó unas formas especiales de análisis para percibir la auténtica naturaleza del fenómeno. Al igual que los físicos modernos pueden descomponer una mesa aparentemente sólida en sus partes constituyentes, y en sus moléculas y átomos y, por último, en sus partículas subatómicas, el Buda recomendó llevar a cabo un proceso similar para observar al individuo y su mundo. Mediante una esmerada técnica meditativa de análisis, es posible romper la aparente unidad de la existencia contenida de un individuo en partes cada vez más pequeñas, llegando finalmente a la conclusión de que no existe ningún yo intrínseco. La menor de esas partes, tras la cual no puede hacerse ya ningún análisis, es denominada dharma . (Cabe señalar que no debe confundirse este término con el Dharma en el sentido de las enseñanzas del Buda.)
El Buda pretendía usar las diversas categorías y listas de

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