Interpretar el tarot
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Description

Las cartas del tarot, una por una y en combinación: qué significan y qué predicen. Los arcanos mayores ilustrados y descritos, con sus valores positivos y negativos, el tiempo y el lugar adecuados y los consejos específicos. Los arcanos menores analizados según el palo y el número, con los significados de la carta del derecho y del revés y los consejos para interpretar cada uno de ellos. Las reglas de la cartomancia, los distintos juegos de adivinación, los oráculos, etc. También podrá descubrir los deseos, las oportunidades, los peligros, los problemas, los afectos, la salud, los intereses y las relaciones sentimentales. Una guía de gran utilidad, completamente ilustrada en color, que le permitirá indagar el pasado, el presente y el futuro.

Sujets

Informations

Publié par
Date de parution 09 juillet 2020
Nombre de lectures 3
EAN13 9781646998685
Langue Español
Poids de l'ouvrage 1 Mo

Informations légales : prix de location à la page 0,0012€. Cette information est donnée uniquement à titre indicatif conformément à la législation en vigueur.

Exrait

A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
Las figuras de los arcanos se han sacado de una preciosa baraja de la colección de «II Meneghello», de Milán, impresa en el año 1845, pero se han traducido los nombres de las cartas.
Proyecto gráfico de la cubierta: Design Simona Peloggio
Traducción de Maria Àngels Pujol i Foyo
© Editorial De Vecchi, S. A. 2020
© [2020] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-64699-868-5
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
Laura Tuan



INTERPRETAR
EL TAROT
Índice
Introducción
Una Historia Tan Vieja Como El Mundo
Los Usos Del Tarot
El Tarot Y La Psicología
Las Buenas Cartas No Mienten Nunca
Empezar Con Buen Pie
Las Reglas De La Cartomancia
La Baraja
El Cartomante
El Consultante
El Ritual
El Juego
La Posición De Las Cartas
Las Cartas Y El Tiempo
La Consulta
Análisis De Los Arcanos Mayores
Análisis De Los Arcanos Menores
Historia, Orígenes, Simbolismo Y Significado
Métodos De Adivinación
Oráculo Del Sí Y Del No
Oráculo Con Dos Cartas
Oráculo Cifrado
Oráculo Rápido
Oráculo Seguro
Las Cinco Cartas
Oráculo Del Espejo
La Estrella De Salomón
El Juego De Las Doce Casas
La Cruz Celta
Juego Sólo Para Los Negocios
Oráculo Para La Pareja
Juego Planetario
Juego De La Herradura
Juego De La Semana
Juego Completo Para Una Sola Pregunta
INTRODUCCIÓN
Todo el mundo ha oído hablar alguna vez del tarot, y tal vez alguien incluso lo haya consultado personalmente o haya podido ver una demostración. A primera vista, se trata de una baraja de cartas común, llamadas arcanos , que hoy en día se utilizan para predecir el futuro, si bien tiempo atrás se empleaban para jugar. Las setenta y ocho cartas que componen la baraja, llena de representaciones alegóricas, conforman uno de los más antiguos y completos sistemas adivinatorios: un conjunto de símbolos en los que apoyarse para ejercitar las dotes paranormales de clarividencia y precognición que todos poseemos, en cierta medida, pero que pueden ser aumentadas y potenciadas gracias a la práctica constante.
A pesar de que casi todos los cartomantes se sirven de toda la baraja, al principio suele cortarse una vez y emplearse sólo los arcanos mayores (llamados también triunfos o atouts , del francés bons à tout ) por ser los que poseen una mayor carga simbólica.
De hecho, los arcanos mayores representan los puntos clave, los símbolos más clarividentes que hablan al intérprete a través del lenguaje primordial de los arquetipos y los significados universales, interpretables por cualquier persona, sea cual sea su época y su cultura, pues se refieren a experiencias compartidas por toda la humanidad.
A modo de ejemplo, el rojo en cualquier cultura evoca la sangre, la vida; la oscuridad pone siempre en alerta porque de noche los grandes predadores, enemigos del hombre prehistórico, salían de caza; el agua se pone siempre en relación con lo materno porque la primera sensación es la del líquido amniótico.
Pero hay más: el complejo tejido simbólico de los arcanos mayores, relacionado con todas las demás disciplinas esotéricas, como la cábala, la alquimia y la astrología, demuestra cómo el saber misterioso, la ciencia oculta, es en realidad una, y todas las disciplinas que la componen se complementan entre ellas.
En la parte restante de la baraja, los cincuenta y seis arcanos menores, formados por cuatro series de catorce cartas cada una (diez numeradas y cuatro con figuras), sirven para matizar los significados simbólicos de los mayores. Indican, por ejemplo, los tiempos de realización de los acontecimientos, las edades, el estatus social o las características físicas de las personas a las que el juego hace referencia.
Dicho esto, la baraja del tarot, vista en conjunto, se presenta por sí sola. Se trata de un libro sagrado iniciático, un instrumento creado especialmente para pensar, muy parecido, por lo menos en lo que a intencionalidad y estructura simbólica se refiere, a la famosa «máquina para filosofar» aventurada por el filósofo medieval Ramón Llull. De hecho, tanto la máquina como el tarot trabajan sobre el mismo principio: la asociación de palabras y de ideas universales.
El tarot funciona como una síntesis de todas las doctrinas, las experiencias humanas, las etapas, los acontecimientos, las situaciones que constituyen la vida misma y, precisamente en virtud de este sincretismo, de esta familiaridad, su utilización y correcta interpretación son muy sencillos.
Toda la historia del hombre se concentra en este carrusel de cartulinas de colores donde se hallan el nacimiento, la muerte, el amor, el triunfo, la caída, la tentación y la recompensa entrelazados en la vivencia de cada persona.
Todo está escrito en una especie de proyecto evolutivo que desde la fase inicial y juvenil de la experiencia, eficazmente representada por el Villano, conduce hasta el momento de rendir cuentas, el balance final del arcano del Juicio. Y desde aquí se vuelve atrás, a través de la carta del Loco, sin número, todavía en el punto de partida pero a un nivel distinto de conciencia, en una espiral evolutiva que recuerda desde cerca la rueda del renacimiento: una nueva encarnación sobre la tierra, para aprender una nueva lección y enfrentarse a una nueva forma de conocimiento y a un nuevo destino.
UNA HISTORIA TAN VIEJA COMO EL MUNDO

El origen del tarot, prácticamente desconocido, se pierde en la noche de los tiempos, allá donde nacen los mitos. A mediados del siglo XVIII y en el XIX , con el triunfo de la filología y de la arqueología, la supuesta «invención» del tarot empezó, de hecho, a desplazarse hacia atrás, hacia un origen iniciático muy antiguo, accesible sólo a unos pocos y sólo después de la superación de pruebas muy duras.
Algunos estudiosos, como el filólogo Court de Gébelin, creían que procedían del antiguo Egipto; otros, como el abad esoterista Eliphas Levi, lo atribuían a los israelitas, mientras que otros creían que provenían de la India, donde ya mil doscientos años antes de Cristo se empleaba una baraja de cartas redondas en las que figuraban las diez reencarnaciones del dios Visnú.
También había quien lo consideraba una herencia de antiguos oráculos, un juego de origen gitano, e incluso una huella de la perdida civilización de la Atlántida.
Pero sea cual sea la cultura que lo creó, lo que realmente cuenta en el tarot es el evidente significado religioso y simbólico que hace que cada arcano se integre en una especie de poema iniciático que se crea a través de un largo proceso de purificación y de evolución interior.
En efecto, en el simbolismo más profundo de la baraja no es difícil reconocer los pilares del esoterismo occidental, las leyes mágicas de los antiguos saberes sintetizadas en la conocida Tabla de esmeralda atribuida a Hermes Trismegisto: «como en el cielo, así en la tierra; como en lo alto, así abajo; una parte representa el todo; todo posee dos polos, uno masculino y el otro femenino; los extremos se tocan, etc.».
Existen dos acercamientos distintos al saber esotérico, dos vías iniciáticas distintas: una «seca», o intelectual, racional, activa y de corte, por decirlo así, occidental, y otra «húmeda», interiorizada, receptiva, intuitiva, de carácter oriental.
En el tarot, estas dos formas complementarias de vivir la relación con el universo forman una vía única que sintetizan los dos arcanos que abren y cierran la serie de los veintidós mayores.
El primer arcano, el Villano o el Mago, representa al joven activo, emprendedor, preparado para dominar el mundo con los instrumentos de la magia.
El rojo, el color de la acción, predomina en su ropa, mientras que el sombrero, en forma de ocho tumbado, alude al universo y a la eternidad.
El arcano que cierra la serie es, en cambio, el Loco, símbolo del conocimiento pasivo.
Es muy probable que se trate del mismo joven que abre la serie pero que, a diferencia de este, está preparado para deshacerse del propio saber, recogido con negligencia en un petate.
El Loco da la espalda a la vía racional a favor de la del corazón. Por esta razón se ríe de los valores que dominan la sociedad: ha abandonado el grupo y ahora continúa completamente solo por el camino de la irracionalidad, del mundo del revés.
Sin el camino del corazón, sintetizado por la figura del Loco, la investigación racional y científica del Villano no conduciría a nada, así como, sin la iniciativa y el empuje de este, el vagabundeo irracional del Loco sería sólo una pérdida de tiempo, una locura.
Sólo en la conciliación de los opuestos, en el matrimonio de la acción y la racionalidad con la intuición y la fe, puede nacer la verdadera perfección: la experiencia de lo absoluto que el asceta busca con sus prácticas y el alquimista en el secreto del laboratorio.
El valor iniciático de la baraja parece confirmarse incluso por la etimología: tar rog en árabe significaría literalmente «camino real». De todos modos, no pocas ideas y étimos se malgastan con estas cartas tan cargadas de significado y tan sugestivas: tarot deriva, según algunos estudiosos, del griego etairos («compañeros») o del latín terere («batir»), del hebreo tarah («echar la suerte»), o incluso del árabe tar («revancha»), hasta llegar a tara , la voz que se utilizaba en el Renacimiento para designar el sistema de impresión del reverso, del que tal vez derive el nombre actual.
Pero quizá la propuesta de Guillaume Postel es más sugestiva, ya que se identifica con el término taro (tarot) un anagrama de rota , con una alusión evidente a la imparable rueda del destino.
A pesar de la exótica terminología y el exagerado arcaísmo, el tarot apareció en Europa bastante tarde —en el siglo XIV , aproximadamente— y se consideró un juego de azar.
Entre los orígenes míticos, simbólicos, iniciáticos y la historia existe por lo tanto un vacío. Además, es bastante probable que los arcanos mayores y los arcanos menores tengan un origen y una historia distinta.
De hecho, los arcanos mayores parecen estar estrechamente unidos a los naibi , una baraja de carácter didáctico reservada a la enseñanza de los jóvenes: una síntesis sumaria del saber medieval que incluía a las musas, los planetas, las artes liberales, los vicios, las virtudes y las condiciones de la vida.
Los arcanos menores parecen derivar, en cambio, por lo que se refiere a las cartas numeradas, del dominó y, por lo que se refiere a las figuras, del ajedrez (rey, reina, caballo y sota).
Tal como hemos visto antes, la historia se remonta al 1200 a. de C. para las primeras cartas y las sitúa en China, donde estaba de moda un juego muy curioso llamado «mil veces diez mil», y en India, donde se divertían con las cartas redondas que representaban las diez encarnaciones divinas.
El periodo de más de dos milenios que media entre estas cartas y las actuales permanece vacío. ¿Cómo y cuándo llegaron hasta nosotros?
¿Quién las introdujo en Europa primero, a pesar de las fuertes tasas y de las prohibiciones legales, sobre las mesas de juego y más tarde en los salones y en los misteriosos antros de adivinación?
Se pueden formular dos hipótesis, ambas igualmente aceptables.
Según la primera, habrían sido los cíngaros, que a juzgar por la proximidad de su lengua con el sánscrito, es muy posible que procedan de la India.
Alrededor del año 1300, una fuerte oleada migratoria de parias empezó a remontar el valle del Indo y, cruzando el centro de Asia, se dividió en dos troncos: el primero se dirigió hacia los Balcanes y el otro llegó hasta Egipto (de ahí el término inglés gipsy , que significa «cíngaro», «egipcio»), donde entró en contacto con las tradiciones esotéricas del lugar, actualmente perfectamente reconstruibles, como sostiene Court de Gébelin, a través de la implantación simbólica de nuestra baraja. Además, entre las profesiones más típicas de los cíngaros (caldereros, bailarines, criadores de caballos) se encuentra también la adivinación, hasta tal punto que la lectura de las cartas y de la mano, desde la Edad Media y el Renacimiento hasta la Modernidad, era uno de sus oficios más característicos. El simbolismo esotérico del tarot podría proceder, pues, de Egipto a través de la cartomancia gitana.
Una segunda hipótesis se refiere a los templarios, también conocidos como Caballeros del Santo Sepulcro, que habitaban los lugares sagrados para defender a los peregrinos, y que tal vez conocieron las tradiciones esotéricas hebreas, tan eficientes en sus interpretaciones de la Torá.
La orden de los templarios no vivió durante mucho tiempo, si bien antes de su supresión habían acumulado un buen número de propiedades y riquezas.
Que los templarios fueran esoteristas lo testimonia también el complejo simbolismo de las catedrales góticas, de las que fueron sus inspiradores, y la alquimia, ya que una de sus reglas prohibía tajantemente la transmutación en oro ante personas ajenas a la orden.
El simbolismo del tarot, empapado de esoterismo, llegó de esta forma a Europa, proveniente de Israel, a través de los templarios, los cuales no sólo hicieron de vehículo, sino que se ocuparon de codificar estos conocimientos y de transmitirlos en el críptico lenguaje reflejado en la arquitectura y la escultura góticas.
Presentamos ahora, sólo para los enamorados de las fechas, algunas piedras miliares de la historia del tarot:
—   1377: el monje Johannes atestigua la presencia del tarot en Suiza;
—   1379: las crónicas de Covelluzzo se refieren a la difusión del juego en Viterbo;
—   1393: se funda la compañía de los pintores de cartas en Italia;
—   1432: Bonifacio Bembo pinta el famoso tarot vizcondal;
—   1582: en Francia, el tarot se tasa para limitar su utilización.
Cabe destacar, entre los tarot de la época, las tres barajas pintadas por Jacquemin Gringonneur para distraer a Carlos VI, rey de Francia, de las crisis depresivas en las que había caído (probablemente las primeras que se conocen).
Algo posterior a este es el Tarot de Bolonia, compuesto de sesenta y dos cartas, en las que faltan el dos, el tres, el cuatro y el cinco de todos los palos. A continuación encontramos la baraja del Mantegna, de cincuenta cartas, y las minchiate florentinas, que se componen, en cambio, de noventa y seis, añadiendo a los veintidós arcanos mayores y a los cincuenta y seis menores los cuatro elementos y los doce signos zodiacales.
LOS USOS DEL TAROT

El tarot representa un sistema rápido, manejable y muy eficaz para aprender los símbolos y desarrollar una cierta sensibilidad hacia la interpretación del futuro.
Naturalmente, sólo dará buenos resultados a aquellas personas que crean en la adivinación, en la existencia de un sexto sentido y en las señales misteriosas del universo antes de cumplir una elección importante. Sólo aquellas personas que intenten sondear el futuro y quieran saber qué es lo que sucederá podrán encontrar una respuesta.
No obstante, la cuestión es mucho más compleja de lo que parece a primera vista, ya que nos lleva al difícil debate, del que san Agustín fue el portavoz más cualificado, sobre la relación entre predestinación y libre albedrío.
El hombre lucha para sondear el futuro: el ansia, el temor, la curiosidad frente a lo que será, la conciencia de la inevitabilidad del destino y la intrigante tentación de desafiarlo y cambiarlo, la necesidad de esperar y de continuar creyendo en un futuro mejor constituyen uno de los hilos conductores de toda la historia humana. Los antiguos griegos con el oráculo de Delfos, los romanos con la Sibila de Cuma, los babilonios con las posiciones de los astros, los chinos con los brotes de milenrama o los caparazones de tortuga, aunque con técnicas y modalidades distintas, han buscado en los signos del universo una confirmación, una respuesta, precisamente porque, como señala el contenido de la Tabla de esmeralda , cada elemento del cosmos está conectado con todo el resto y lo que se encuentra en el pensamiento, en el deseo, en el símbolo, se encuentra ya virtualmente presente en la realidad. Nada en el universo es, por lo tanto, casual y el tarot, como el alfabeto de las estrellas o las líneas de la mano, conoce o habla ese lenguaje misterioso, entretejido con señales y con símbolos. El cartomante, confiándose a esta sutil inducción, a través del significado del número, del color, del palo, de las alegorías que siempre unen el cielo con la tierra, las cartas con las estrellas, activa a través de las imágenes del tarot las propias capacidades extrasensoriales que le permiten bucear en el propio inconsciente, leer hacia delante y hacia atrás en el tiempo, en la raíz de las cosas. Pero también es verdad que (y aquí volvemos al debate sobre la predestinación) si el futuro puede ser leído, interpretado y previsto, esto implica que desde alguna parte, en algún lugar misterioso, tiene que estar necesariamente escrito y si algo está escrito, no se puede hacer nada para cambiarlo.
Efectivamente, el razonamiento no pierde fuerza.
Sin embargo, tal como prueba la nutridísima casuística recopilada por el parapsicólogo americano J. Rhine y su mujer Louise, no son tan raros los casos en los que el fenómeno paranormal, como una comunicación telepática, una visión, un sueño, en definitiva, un preaviso obtenido con medios que eluden los sentidos físicos, ha sido suficiente para cambiar el destino y salvar a alguien de una desgracia.
Además, aunque para una persona normal y corriente es muy difícil cambiar de forma voluntaria su propia suerte —algo que sólo se concede a los sabios conocedores de la alta magia— no se puede negar que conocer de forma preventiva las propias condiciones futuras, aunque no puedan cambiarse, represente ya de por sí una ayuda válida para afrontarlas mejor, controlando la intensidad emotiva y el riesgo de eventuales traumas.
La crítica que se oye pronunciar con más frecuencia contra la previsión del futuro se basa precisamente en este punto: saber de forma anticipada impide la sorpresa, limita la libertad de elección y permite prever con mayor fiabilidad lo que sucederá.
De todos modos, los hechos y no sólo la casuística del matrimonio Rhine, prueban exactamente lo contrario: conocer de forma anticipada amplifica por lo menos las posibilidades de elección y ofrece además un razonable intervalo de tiempo para reflexionar y decidir con mucha calma, lo que resulta prácticamente imposible cuando los acontecimientos se ponen en marcha.
Pongamos el ejemplo de una previsión meteorológica, que por otra parte no tiene nada de mágico o misterioso: todo el mundo, el día antes de una excursión por la montaña, se apresura a consultarla. Supongamos que se anuncian lluvias torrenciales e imprevistas para el día siguiente: la realidad (mojarse hasta los huesos) reservada a quien se haya ido sin tenerla en cuenta, confiando solamente en el aparente color azul del cielo, puede cambiar para quienes, en cambio, las hayan seguido: se puede aplazar la excursión en espera de un clima más favorable; se puede salir como estaba previsto, pero con botas e impermeable, o ir con sandalias y camiseta porque de esta forma es más divertido, etc. En lugar de limitar la libertad de elección, en este caso la previsión puede ahorrar muchos problemas: un resfriado fastidioso o una pérdida inútil de tiempo que habría podido emplearse de otra forma.
Naturalmente, cuando la puesta en juego es más importante y comprometedora que una excursión, es necesario que la persona que adivine tenga mucha sensibilidad, lo que, por otra parte, no significa que sólo unos pocos puedan hacerlo.
El riesgo es particularmente grande para aquellas personas psicológicamente débiles, que a menudo acaban convirtiéndose en esclavos de la previsión, sobre todo si es negativa, hasta el punto de comportarse inconscientemente de la forma menos adecuada para evitarla.
Otros, en cambio, caen en manos de la ansiedad y crean verdaderos lazos de dependencia con el adivino sobre el que proyectan mecanismos de transferencia afectiva hasta el punto de no saber dar un paso adelante sin consultarlos previamente.
Todo esto ya es suficiente para hacer comprender por qué la adivinación no puede improvisarse y exige una responsabilidad y una preparación notables.
Un buen cartomante, un quiromántico o un astrólogo es, en la práctica, un profesional que actúa como psicólogo, estudioso, sacerdote y consejero, por lo que precisamente tiene que responder a numerosos requisitos: un gran conocimiento de las leyes esotéricas del universo; un sincero interés por los demás para evitar la manipulación psicológica; una profunda sensibilidad que le indique cuándo el consultante estará preparado para conocer, y una pasión por el propio oficio que sobrepase el interés meramente económico.

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